Discurso de Lázaro Cárdenas en su Sexto Informe de Gobierno

Chapter 6

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El Informe Presidencial relata algunos aspectos, de la importante función social llevada a cabo por el Ejército, al cooperar en la construcción de carreteras, escuelas y obras de irrigación; y la Representación Nacional cumple con su deber, al rendir a nuestros soldados un homenaje de profundo reconocimiento, tanto por esta obra como por la actitud de lealtad inflexible a las instituciones de la Revolución, demostrada de modo irrefutable en el caso de la tentativa reaccionaria cedillista, fallida gracias al alto sentido de responsabilidad y de cumplimiento del deber del Ejército, a la atingencia del señor Presidente y a la fortaleza de nuestro Régimen revolucionario.

La Representación del pueblo consuma un acto de justicia, al hacerse solidaria de la afirmación del Ejecutivo, que asegura que así como el Ejército ha cumplido con su deber en el pasado, lo cumplirá sin defecto en el futuro, impidiendo de este modo toda posibilidad de alteración de la paz.

Marina Nacional.

Las condiciones geográficas del país, requieren la existencia de una marina mercante y de guerra capaces de cubrir las necesidades nacionales.

La creación del Departamento Autónomo de Marina Nacional, realizada por el Gobierno, constituye, a juicio del Congreso, el primer paso en firme hacia la obtención de la importante finalidad señalada.

El funcionamiento del nuevo órgano del Estado, justifica tal creación y las fundadas esperanzas de que ello contribuya, de manera eficaz, al desenvolvimiento económico de México.

Política de Comunicaciones.

Es justificada la preocupación del Gobierno del Presidente Cárdenas, para aumentar y mejorar los medios de comunicación, pues ellos constituyen importante factor del desarrollo económico del país.

El Congreso encuentra un motivo de satisfacción en la obra realizada a este respecto, entre la cual resaltan la terminación del tramo que corresponde a México de la Carretera Panamericana, la carretera México-Guadalajara y la construcción de líneas férreas en el Noroeste y Sureste de la República, el ensanche de las comunicaciones aéreas y la ampliación de los servicios de correos y telégrafos y de las comunicaciones por radio.

Consecuente con su política de consolidación de nuestra independencia económica, el Régimen de la Revolución, realizó la nacionalización de los ferrocarriles, recuperando así para el país uno de los medios más eficaces para su engrandecimiento; y congruente con sus definidas convicciones obreristas, entregó la administración de las líneas a los trabajadores, a quienes, no obstante los desajustes y trastornos provocados, por el radical cambio de organización de la industria del transporte ferrocarrilero, se consideran capaces de cumplir la responsabilidad, que junto con tan importante reivindicación proletaria, les ha entregado la Revolución.

A este propósito, es debido hacer hincapié en que se confía en la existencia de un gran sentido de responsabilidad en los trabajadores ferrocarrileros, y que por ello, se espera fundadamente que no omitirán esfuerzo ni sacrificio, para evitar el fracaso de la administración que se les entregó, pues esto significaría, a más del desprestigio de la clase obrera, que así demostraría su incapacidad para dirigir industrias, un serio quebranto en nuestra economía nacional.

Distrito y Territorios Federales.

La Representación Nacional toma nota, complacida, de que el Departamento del Distrito Federal ha cumplido eficientemente, las funciones administrativas que le están encomendadas, y realizado obras materiales de verdadera importancia y utilidad sociales; que ha incrementado el volumen de su economía y que su eficaz funcionamiento contribuye a la ampliación de la ciudad y al aumento de la población.

Por lo que se refiere a la obra realizada en los Territorios de Baja California y Quintana Roo, es motivo de satisfacción constatar, que en aquellas distantes regiones del país, la acción benéfica del Gobierno se hace sentir, con resultados palpables, que evidencian la constante preocupación del Régimen de Cárdenas, para llevar a todas partes del país, los beneficios del progreso de la Revolución.

Suprema Corte y Procuradurías de Justicia de la Nación y del Distrito.

El Congreso de la Unión se ha enterado, satisfecho, de que ambas Procuradurías de Justicia han cumplido sus funciones, con estricto apego a las disposiciones legales que rigen su actuación, en la esfera de sus respectivas jurisdicciones.

Un renglón de suma importancia en la vida del país, es la correcta administración de justicia, cuya vigilancia está encargada a las Procuradurías, tanto en materia penal como civil y de derecho público; una demostración de que esta obligación ha sido atendida eficientemente, lo es el hecho de la disminución de la criminalidad que el Informe señala, y la realidad del estado de derecho que es visible, y que garantiza el normal desarrollo de la Nación, por derroteros de estricta legalidad.

Aun cuando no es materia del Informe, la actividad del Poder Judicial, porque de acuerdo con nuestro sistema constitucional, la independencia y soberanía de los Poderes es absoluta, el Congreso aprovecha esta ocasión para subscribir las apreciaciones del Ejecutivo, sobre la patriótica e intachable actitud de la Suprema Corte de Justicia, normada de modo inflexible por la ley y el derecho, y puesta de manifiesto en el caso de la expropiación del petróleo.

Extranjeros e Inmigración.

La firmeza con que México ha sostenido la tesis, moral y de derecho de que los intereses de la colectividad prevalecen sobre los aislados de los individuos nacionales o extranjeros, y el principio de que la ley que beneficia a las colectividades, no puede subordinarse, en su aplicación, a reclamaciones de extranjeros que carecen de título legal, para exigir mejor tratamiento que los nacionales, ha provocado la más amplia solidaridad del pueblo para el actual Gobierno; en realidad, es inadmisible que el extranjero residente en el país, acepte las ventajas que obtiene con su inversión y se ponga al margen de los riesgos a que pudiera estar expuesto; aceptar que el capital nacional o extranjero, sólo persigue utilidades sin correr la suerte del país en su desenvolvimiento de emancipación, equivale a supeditar el desarrollo de la Nación, al interés de unos cuantos, que en esta forma se convierten en obstáculos para ese desarrollo y en elementos de penetración disolvente que provocarían grave malestar interior, por su desprecio a la ley y al sentido evolutivo del pueblo, planteando pugnas diplomáticas y agresiones del imperialismo.

Es también inobjetable el principio sostenido por el Régimen, que establece que a medida que son mayores los beneficios que en los países de inversión obtiene el capital, es mayor su responsabilidad y su obligación, sin que sea válido que aspire a un tratamiento privilegiado, en perjuicio de los nacionales.

La actitud adoptada en cuanto se refiere a la inmigración de elementos españoles, entre otros exiliados políticos, es una ratificación de la política humanista, y una confirmación de las convicciones democráticas del Régimen; en efecto, razones de similitud de pensamiento y de solidaridad humana, abrieron las puertas de nuestro país, país de libertad, a los contingentes desplazados por la agresión fachista que destruyó, transitoriamente, la República Española.

Además de los indiscutibles méritos que en orden a las circunstancias anteriores, esta actitud tiene, ella significa una gran conveniencia social y económica para México, pues los republicanos españoles recientemente radicados en nuestro territorio, son una inyección de vitalidad nueva a nuestra raza y una aportación valiosa, por la preparación técnica y la buena voluntad de estos elementos, con los cuales el pueblo de México se siente identificado también por razones étnicas.

Las labores desarrolladas por los refugiados españoles, sin que ellas hubiesen significado ninguna distracción económica del Gobierno, son estimadas como de alta utilidad social.

Las consideraciones expuestas, bastan para justificar el hecho, de que México hubiese tomado bajo su protección a los republicanos españoles, residentes en Francia; ello habla de la alteza de principios humanitarios del Gobierno de la Revolución, que en cuanto a los asilados residentes en el territorio, se traduce en leal respeto a su vida y a su pensamiento, al extremo de haber levantado enérgica protesta contra el reciente atentado consumado en contra de uno de ellos.

El Congreso Federal se solidariza con esa protesta, por cuanto que el atentado de referencia, es un acto que lesiona los sentimientos humanitarios que determinan la concesión del asilo y frustra la protección otorgada al refugiado político de que se trate; y más reprobables aún son tales actos, si en ellos intervienen manos extrañas, que sin consideración alguna faltan al respeto que nuestra Nación merece.

Y al mismo tiempo que proclama la necesidad, de que una sanción enérgica vindique en lo posible el acto cometido, declara que es indispensable que los asilados en nuestro territorio y bajo nuestra bandera, actúen en consonancia con la noble conducta de nuestra patria, que les abrió sus puertas.

Política Exterior.

El panorama mundial, en medio del cual México ha desarrollado su anterior sexenio administrativo, no puede ser de mayor significación para la humanidad.

La crisis del régimen económico capitalista que en algunos países ha originado, para salvarse, los regímenes fachistas y totalitarios, se expresa también en forma de disputa violenta interimperialista para la conquista de los mercados y de las fuentes de producción de materias primas.

Tal disputa alcanza, a la fecha, las proporciones de una tragedia como jamás había vivido el mundo; en ella, la libertad de los hombres ha sido brutalmente violada, la soberanía de los pueblos destruida sin miramientos, y una guerra en la que todo principio de humanidad, toda ley, todo derecho, sucumben ante la realidad de la fuerza, que se presenta y esgrime como argumento supremo.

Ante esta situación, nuestro joven continente ejemplifica con su laboriosidad, con su dedicación al trabajo, con su definida adhesión a los principios de libertad y democracia; y México resalta, por una actitud invariablemente observada de reprobación de los atentados internacionales, cometidos en Abisinia, España, Finlandia, Francia, Holanda, Bélgica, etc., por su afirmación de respeto a la soberanía de los pueblos; por el desconocimiento sistemático de las conquistas armadas y de los regímenes emanados de la violencia; por el sostenimiento vigoroso de sus ideales de paz y de justicia; por su afán de estrechar las relaciones internacionales, reconociendo las realidades de proximidad geográfica, solidaridad económica y similitud de instituciones que lo ligan con los demás pueblos del Continente.

Esta conducta de la Nación Mexicana, que se traduce también en el auxilio a los refugiados políticos, víctimas del expansionismo imperialista, en el respeto a las instituciones legítimas de otros países y en la vigorosa defensa de nuestra soberanía, acreditó a México una alta respetabilidad internacional y ameritó para el Gobierno un amplio respaldo popular.

Debe ser mencionada la actitud de nuestro país en la Sociedad de las Naciones, porque ella es valioso ejemplo de honestidad y lealtad a los principios que crearon la Sociedad Ginebrina, principios a los cuales México sigue fiel, no obstante que causas extrañas a nuestra voluntad, hayan ocasionado el fracaso, aunque sea temporal, de aquella Asamblea.

La Representación Nacional ratifica la política exterior del Gobierno y suscribe los valiosos principios que la inspiran, entre los cuales surgen con vigorosos perfiles, los que establecen que la victoria no concede derechos, ni es lícito reconocer la adquisición de territorios por medio de la fuerza.

Uno de los aspectos esenciales de esta política, sobre todo por lo que al interés de América se refiere, es el de la imposibilidad de permitir que otros Estados se apoderen de las colonias, que por razones de orden histórico, pero no moral, aún subsisten en el Continente.

Y la importancia de esta posición se acrecienta frente al peligro cada vez más cierto, de que la tragedia de Europa se aproxime a nuestras tierras.

Ante esta posibilidad, como lo asienta el informe del señor Presidente, precisa coordinar la acción de los países americanos, incluso en los renglones de carácter económico, pues esta coordinación, en la que toda posibilidad de absorción imperialista debe ser eliminada, resulta indispensable para la mejor defensa del Nuevo Mundo.

Estas tareas han sido abordadas con éxito y con beneplácito del país, en la reciente Conferencia Panamericana de La Habana, a la que México concurrió prestando una colaboración que se reconoce como valiosa y eficaz.

Política Educativa.

Un interés vital, esencial para la Nación, radica en la política seguida por el Gobierno en materia educativa, pues es evidente la enorme trascendencia que para la mejor integración de la nacionalidad tiene esta materia.

El Documento Presidencial expone, con elocuencia y elevado espíritu patriótico, los principios fundamentales que animan su gestión a este respecto; la exposición sobre los propósitos que inspiran las reformas del Artículo Tercero Constitucional, y la relación de las medidas encaminadas a la aplicación de la reforma, partiendo de la base de la trascendencia de los sistemas educativos en nuestra vida económica, política y social, entrañan una plena justificación de la conducta del Régimen a este particular; precisándose la circunstancia de que la reforma educacional, profundamente constructiva, se cimienta sobre el carácter eminentemente social de la ciencia, como producto colectivo y de la injusticia que por lo tanto, significa el disfrute de los beneficios de la cultura por una sola clase social; el estudio de las dificultades que implica el choque de la Reforma con las tradiciones y los perjuicios: la determinación del valor de la escuela como factor de unificación y creadora de una conciencia colectiva; la necesidad de una escuela de capacitación, para el mejor servicio de la sociedad, y la obligación historia de que la Reforma no se quede en simple tarea legislativa, sino que se realice en beneficio de la colectividad.

La Representación del pueblo toma nota de las importantes erogaciones hechas en el ramo de Educación Pública, principalmente en escuelas rurales, educación primaria urbana, prevocacional y vocacional, educación profesional de los maestros, escuelas centrales agrícolas, escuelas regionales campesinas, educación primaria para hijos de campesinos, subsidios a la Universidad Nacional Autónoma, Universidad Obrera y otros institutos de cultura superior, etc., y hace resaltar la importancia de la lucha contra el analfabetismo, de la campaña pro educación popular, de la federalización de la enseñanza mediante convenios con algunos Estados de la Unión, de la labor de acción social y cultural de la secretaría del Ramo y del establecimiento de institutos especializados, para el mejor desarrollo de la inmensa tarea educativa de la Revolución, entre los cuales sobresale por su importancia el Instituto Politécnico.

Las generaciones del presente y las del porvenir recogerán sin duda muy pronto, el fruto de este esfuerzo que se realiza en México, como un capítulo trascendente de nuestra lucha libertaria y de nuestro afán de integrar una nacionalidad inconmovible.

Señor Presidente:

El pueblo de México se ha enterado, por nuestro conducto, del Informe de Gobierno que ha rendido usted a la Representación Nacional y que nos hemos permitido glosar someramente.

El pueblo siente en su propio mejoramiento económico y moral, cuál es la patriótica y efectiva labor que usted ha desarrollado.

Cumple a nosotros, como genuinos representantes de este pueblo, que clamorosamente le respalda, otorgar la sanción constitucional a los actos del Gobierno que usted ha realizado.

El sentido de nuestra respuesta, es un sentido de resumen y síntesis de los juicios políticos, de las enseñanzas y experiencias que engendraron los actos de su Gobierno, durante un período de seis años que culmina en esta solemne ceremonia.

La Representación Nacional pasa revista a toda su labor gubernativa, a todos los Informes que usted ha rendido al congreso de la Unión, los reúne como un todo coherente, les otorga su más franca aprobación y hace votos porque el pensamiento político que usted ha establecido y su saber y su experiencia, continúen con nosotros para el más firme y mejor desenvolvimiento de la Revolución.

No son precisamente los hechos de mayor trascendencia nacional, los que dibujan con los más nítidos perfiles la transformación política que usted a operado para México, sino esa constante y perpetua voluntad de actuar, reflejada incluso en los detalles nimios y pequeños, y la probidad y firmeza de carácter con que usted ha sabido gobernar, durante estos seis años, al pueblo mexicano.

En el desplazamiento progresivo que los pueblos siguen a través de su trayectoria histórica, se registra en esta época una decadencia de los valores de la cultura política en todo el mundo.

En orden a las ideas sociales, viven los hombres actualmente dentro de un abismo de confusiones.

El proletariado de todo el mundo se encuentra en un estado tal de desconcierto, frente a la insolencia agresiva de las fuerzas de regresión representadas por el fachismo, que no se sabe cuánto tiempo tardará en reorganizarse para alcanzar la más auténtica democracia al servicio de los intereses populares.

Mientras tanto, la burguesía asustadiza de todos los países, incluso la de México, sin más doctrina que la que le ofrece su imaginación, y sin más táctica que la del alarmismo, intenta hacer más confuso el caos,

Sin embargo, en el más importante y fecundo ciclo histórico de México, durante el cual se arremolinaron en el mundo las pasiones y los intereses económicos, haciendo llegar hasta nuestro país oleadas de mezquindad y de odio, usted, señor Presidente, con una inquebrantable fe en los destinos de la patria, y con la firmeza que proporciona el conocimiento racional de las rutas a seguir, ha conducido a la Nación entera, hacia metas de mejoramiento real y no ficticio y a etapas de superación política con el más puro sentido revolucionario.

Usted ha destruido la desmedida ambición de poderío de quienes se sintieron eternamente indispensables, y ha desvanecido o reducido a sus normales proporciones, los impulsos mesiánicos, de quienes han pretendido presentarse ante el pueblo como salvadores de una situación cuyas contradicciones tienen su raíz en el pasado; porque con perversidad y mala fe, confundieron los efectos con las causas, los síntomas con la enfermedad, y para decirlo de manera inequívoca y directa, porque confundieron el bienestar personal y el provecho propio con la felicidad del pueblo.

En México, la conciencia política se encontraba adormecida.

El movimiento popular que se inició en 1910 y que se prolongó hasta 1917, agitó las conciencias con vivos ademanes de protesta, fue un agitado despertar de rebeldía.

El pueblo se lanzó a los campos y a la lucha en busca de sí mismo. Reorganizada la Nación, sobre bases constitucionales justas, justas porque fueron engendradas por el propio pueblo, México inicia el desenvolvimiento de sus instituciones, hasta el momento en que usted llega al Poder, para realizar la institución por excelencia: la democracia del verdadero pueblo, la del pueblo que sufre y que trabaja.

Y si el hombre es esencialmente un ser político; a partir del instante en que se vacía al Partido de la Revolución de su contenido puramente burocrático, para reconocerle su más valioso contenido de obreros, campesinos y soldados, se hace más humano al hombre, se le sitúa en el puesto social que le corresponde y se le hace despertar a la conciencia política que se le había negado.

A los políticos de profesión, parásitos de la buena fe del pueblo, les repugna este hecho, porque les resta posibilidades de éxito.

Más ambiciosos, más hábiles o mejor informados, ya que no más cultos, saben que el obrero, el soldado, el campesino, individualmente considerados, son moléculas aisladas que nada pueden ni nada significan en los movimientos políticos de la Nación; pero los políticos voraces saben que, unido el proletariado por sus comunes intereses y por sus comunes anhelos y esperanzas, en sindicatos, organizaciones y comisariados, constituyen la fuerza incontrastable que acabará con la estafa moral de las falsas representaciones populares, subvencionadas por las empresas capitalistas.

Y de la política humanista, que ha tratado de hacer más hombre al hombre, y que ha hecho de la tolerancia y de la generosidad una virtud que honra y enaltece a usted, como mandatario culto y probo, no sólo han usado ampliamente los enemigos de los intereses históricos del campesino y del obrero, sino que han abusado hasta extremos positivamente reprobables, desvirtuando así el sentido exacto de una conducta magnánima que emergió de la clara conciencia de la responsabilidad que la Nación ha puesto en manos de usted.

Vibra y se agita una voluntad perversa en nuestra patria, antítesis regresiva de nuestro devenir histórico, morbo que amenaza con la destrucción y el odio, y que aconseja sin embozo ser cautos como palomas y astutos como serpientes para asaltar el Poder en el momento más propicio, y sacia sus resentimientos y venganzas conforme a sus premeditadas listas negras; porque, torpes manoseadores de los fundamentos de la Revolución y de las reivindicaciones proletarias, que no entendieron ni sintieron, atribuyen a los llamados líderes, lo que no es sino la expresión de las angustias colectivas, lo que no es, sino la expresión de las contradicciones económicas de la sociedad actual, lo que no es, sino la expresión de un momento de la Historia.

No fue Hidalgo la traducción de un deseo personal de rebeldía, sino la resultante de una época de angustia colectiva.

No fue Morelos el exponente de una ambición personal de poderío, sino el desinteresado continuador de una lucha, que el pueblo reclamaba, y el iniciador de un sistema de instituciones que hacían falta a la Nación.

Ni Juárez fue el realizador de la Reforma por un puro alarde intelectual, sino el reparador de una injusticia intrínseca a su tiempo.

Tampoco Madero derrocó a la Dictadura, por un mero capricho personal, sino porque así lo reclamaban treinta años de opresión, que el pueblo había sufrido.

Así, no podrá nunca declararse válidamente, con la sensatez que los juicios políticos requieren, que Cárdenas ha dado a la Revolución el sentido económico de que carecía, por un simple y vano alarde, sino porque el pueblo todo de México, al respaldarlo en su gestión gubernativa, consciente de su posición en la historia, así se lo exigió.

Únicamente aquéllos que confunden la realidad actual de México con los trastornos de sus negocios personales, ignorando la situación económica del mundo, podrán volver la espalda a la verdad y condenar al Gobierno que más impulso ha dado al progreso de la Nación, y más tenazmente ha defendido la libertad del hombre.

Sólo aquéllos que se rehúsen a tomar sobre sus hombros la tarea de colaborar a el engrandecimiento de la patria, o los negociantes de la política, encontrarán más jugoso y conveniente socavar las bases de la sociedad que los sustenta, que cumplir con sus deberes en los puestos que la vida y la Revolución les deparó.