Discurso de José López Portillo en su Tercero Informe de Gobierno
Chapter 2
Por lo que hace a los instrumentos de la hacienda pública, el imperativo de adecuarlos a los grandes propósitos nacionales no admite excepciones.
Este Honorable Congreso votó para este año avances dentro del proceso de la Reforma Fiscal que pretende elevar la capacidad de respuesta del sistema tributario, para aumentar su participación en el ingreso nacional, contribuir a resolver las necesidades financieras del Gobierno Federal y hacerlo más equitativo.
Asimismo aprobó el impuesto al valor agregado, que empezará a aplicarse a partir del próximo año.
Es una medida clave de esta reforma, que actualiza y proporciona procedimientos y contrariamente a lo que dicen quienes no quieren entenderlo, no tiene otras implicaciones ni efectos inflacionarios.
También se aprobó la ley de coordinación para dar a entidades federativas y Municipios una mayor participación en las recaudaciones globales, eliminar la doble imposición y evitar impuestos contrapuestos entre los tres niveles de Gobierno.
Se redujo el régimen impositivo para los ingresos menores y se dedujo de manera general en el equivalente al salario mínimo de cada zona.
De este modo, se fortalecen los ingresos más bajos, que no se gravan con los aumentos porque no pasan a la siguiente categoría, pues antes los aumentos podían llegar a ser contraproducentes.
La recaudación total en este año se calcula en 322 mil millones de pesos, lo que representa un 18 por ciento más que el año pasado y 53 por ciento más que en 1977.
El resto de las cifras relativas y los números exactos se ofrecen a los especialistas en los anexos.
En los últimos tres años se ha reducido a 2.6 por ciento, casi la mitad, el peso de la balanza de pagos, dentro de nuestro producto interno bruto, de más de 2 millones y medio de millones de pesos (2 billones 683 mil millones).
El saldo de la deuda externa del sector público al próximo pasado 30 de junio, era de 27 mil 939 millones de dólares.
En términos relativos, se estima para este año una tasa de crecimiento cercana al 13 por ciento, y su coeficiente de relación con el producto interno bruto disminuirá, en este año, hasta un 26 por ciento.
Se avanza en mejorar la estructura de la deuda pública y en abatir sus costos.
Se ha logrado reducir drásticamente la de corto plazo.
Todo esto ha fortalecido nuestra reserva internacional, que al día de ayer alcanzó la suma de 2 mil 638 millones de dólares, sin considerar la secundaria.
Lo anterior ha permitido mantener flotante el tipo de cambio, asegurando plenamente tanto la libre convertibilidad como la transferibilidad de nuestra moneda, que durante los últimos 12 meses experimentó variaciones mínimas, tanto al alza como a la baja, manteniéndose a un nivel promedio de 22.50 pesos por dólar a la compra y 23 pesos a la venta, lo que facilitó el pago oportuno de nuestras deudas con el exterior.
Adicionamos la oferta de petrobonos y, en razón de que subieron también en el extranjero, se aumentaron las tasas de interés a corto plazo para recompensar a los ahorradores y evitar la dolarización de la economía.
En suma, la política financiera concurre con los planes sectoriales a hacer descansar el proceso de desarrollo en actividades localizadas preferentemente fuera de las grandes ciudades.
Los sectores más dinámicos tenderán a fabricar bienes de producción, otorgándoles en cualquier parte de la República, a excepción hecha del área regulada del centro, los estímulos fiscales previstos.
La rentabilidad de las empresas, en vez de depender del proteccionismo se sustentará en el aprovechamiento de ventajas comparativas, y su productividad en la asimilación de tecnologías apropiadas.
Sector Industrial
La gran variante que se ha introducido en estos tres últimos años a las perspectivas y expectativas del país, y no en forma casual, sino como prioridad planeada y anunciada, tiene un dinamismo transformador del que no todos se dan cuenta y muchos se resisten a creer.
Tener abundancia de petróleo en un mundo ávido de energéticos y económicamente desordenado, nos coloca en posición prominente para impulsar nuestro crecimiento económico y social independiente y autosostenido y, por primera vez y quizá la única en nuestra historia, nos permite delinear un modelo de país factible y a la altura de nuestra más ambiciosa filosofía política.
Con ello no intento transferir realidades por esperanzas, ni quiero adormecer inconformidades de ahora, por ilusiones del mañana.
Quiero en esta materia, que es mi más alta responsabilidad con México frente a la historia, ser particularmente objetivo y realista.
Planear, generar proyectos y trabajar, toma tiempo.
Antes de 20 años, aunque muchas realidades mejorarán sensiblemente, no habrán madurado todas nuestras probabilidades.
Anunciamos, en su oportunidad, que los ingresos excedentes del petróleo aparecerían hasta 1982.
Hemos rebasado los planes y empezaremos a tener excedentes en 1980.
Hasta ahora lo que ha habido son inversiones fuertes.
Recomiendo consultar los anexos.
El petróleo es nuestra potencialidad de autodeterminación, porque nos hará menos dependientes del financiamiento externo y mejorará nuestras relaciones económicas internacionales.
Pero no sólo eso: las posibilidades de explotación, transformación, inducción y asociación, que a partir del petróleo podemos lograr, nos permiten trazar una sólida estrategia de energéticos; actuar con una demanda asegurada de bienes de capital y, por ende, facilitar la planeación de la industria y sus asociaciones con el transporte, los asentamientos humanos, la educación, la capacitación, el desarrollo social y principalmente la agricultura.
El Plan de Desarrollo Industrial, ya en ejecución, es el resultado de los esfuerzos para establecer metas, dentro de un marco de coherencia macroeconómica y sectorial, a corto, mediano y largo plazos, indicando prioridades por ramas de actividad, en función de su contribución a los objetivos generales.
La política diseñada ofrece al país opciones de superación y nos está permitiendo absorber gran cantidad de mano de obra, aprovechar el potencial de recursos naturales sin menoscabo de la aplicación de tecnologías avanzadas, lograr un desarrollo industrial más equilibrado entre regiones e impulsar la exportación y diversificación de manufacturas, y superar una indiscriminada sustitución de importaciones.
Para los efectos de operación del plan, se creó la Comisión Nacional de Fomento Industrial, foro de discusión y concertación de acciones que busca influir expresamente en las decisiones de inversión, evitar la indefinición y la burocratización, impulsar únicamente lo importante, apoyar a la pequeña empresa, localizar mejor las industrias y elevar la productividad del sector paraestatal.
La coexistencia de grandes, medianas y pequeñas empresas nos lleva a buscar que las primeras no tengan la exclusividad del mercado, el financiamiento y la técnica.
La mecánica a seguir consiste en otorgarle a las segundas financiamiento y estímulos fiscales, y en que las grandes canalicen al exterior una mayor proporción de su producción y operen mediante subcontratos con las pequeñas y medianas.
Con ello se facilitará tanto la difusión de tecnologías como un control de calidad más apto, además de permitir la aplicación intensiva de mano de obra en procesos que la gran empresa tiende a mecanizar.
Las paraestatales, si bien se agrupan por clasificación, contable y oficial, son muy distintas por su naturaleza.
No son monolito.
Unas fueron creadas intencionalmente para producir bienes, proporcionar servicios públicos o de seguridad social, o para concurrir a la redistribución del ingreso.
Otras se han ido incorporando por agregación no planeada, ya por decisión propia, al estar en áreas críticas, ya porque los fracasos de sus promotores obligaron al Estado a absorberlas, o ya porque no se podía consentir el cierre de fuentes de trabajo ya establecidas.
Aunado a esto, los subsidios, la inmovilidad y rigidez en las tarifas y las deformaciones en los costos o el financiamiento, han suscitado la descapitalización y operación defectuosa de muchas de ellas.
Al final de cuentas, alguien paga estas ineficiencias: la empresa, la entidad que la financia o el Estado y, en todo caso, la economía en su conjunto.
Por ello se ha realizado un notable esfuerzo para aumentar la productividad de las empresas públicas, mejorando su administración, finanzas y operación.
Vale la pena destacar que los rendimientos de las del sector industrial subieron de 28 mil a 50 mil millones de pesos, sin considerar gastos financieros ni impuestos.
Ya son muchas las que están en números negros.
Otras han dejado de existir.
Convendría la consulta en los apéndices.
En general el problema es que los juicios que se hacen sobre las empresas públicas, incluyendo PEMEX, son parciales y con criterios propios de las privadas.
Seamos objetivos y entendamos que un poco más de la mitad de los excedentes potenciales del petróleo se destinan mediante subsidios monstruosos a estimular la economía, a aumentar la capacidad de competencia de nuestras actividades y a reducir los gastos personales de los mexicanos, para aliviar la inflación.
Todo esto representa recursos que se dejan de ganar.
Pero, con frecuencia, con los subsidios a los precios de estos productos estamos financiando el consumo y la inversión de sectores sociales y económicos, a veces incluso extranjeros, que quizás no ameriten este apoyo, diseñado como función social, porque no rinden en proporción a lo que reciben o porque sacan ventaja de una disposición que no se pensó para ellos.
Haremos un vigoroso esfuerzo para garantizar y racionalizar estos subsidios como estímulo a la producción de bienes social y nacionalmente necesarios, para beneficiar a los desprotegidos.
Las reservas de hidrocarburos -sextas del mundo- confieren a México nuevas responsabilidades a las que no estábamos acostumbrados.
Tenemos un recurso no renovable, real, valioso y deseado por todos.
Es patrimonio exclusivo de la Nación.
Ello entraña compromisos y obligaciones con nosotros mismos, pero también solidaridad con una humanidad lesionada por una crisis energética sin precedente.
En un mercado perturbado hemos mantenido la política de solidaridad con los países en vías de desarrollo, que quieren darle trascendencia económica y social a sus recursos no renovables.
Por ello nuestras ventas de petróleo al exterior se hacen y harán al mejor precio, mediante contratos a plazos convenidos y condiciones periódicamente ajustables.
Pensamos en relaciones equitativas y por ello no entraremos, jamás a mercados ocasionales y especulativos, que desorganizan todavía más la economía mundial y que más tarde nos afectaría negativamente.
De igual modo, el gas, después de satisfacer nuestro consumo, se venderá al exterior considerándolo como el limpio combustible que es, ligando su precio al corriente del que desplace o sustituya y revisándolo cada tres meses.
Más que la cifra nos importa el principio: revalorar nuestras materias primas.
México no quiere pensarse como en un país cuyas relaciones con el resto del mundo sean sólo de carácter petrolero, sino amplias y ricas en todos los órdenes, de recíproco respeto y mutuo beneficio.
Sería dramático que un país que necesita recursos financieros para proyectos específicos, muchos de ellos ya elaborados, tuviera, por congestión, que convertirse en un país exportador de capitales y de hombres.
Los ejemplos mundiales son trágicos y México no está ni en condiciones ni en disposición de imitarlos.
En unos cuantos meses han variado nuestras reservas certificadas y autentificadas, en forma extraordinaria -increíble para muchos-.
No obstante, nuestra política petrolera no está determinada en función de ellas, sino de las necesidades del desarrollo integral y duradero de nuestro país.
En 1979, las reservas probadas de petróleo, líquidos y gas natural equivalente, ascendieron a 45 mil 800 millones de barriles, las probables a 45 mil y las potenciales a 200 mil.
Explotadas en forma racional y prudente, nos permiten predecir que México tiene asegurado petróleo para los próximos sesenta años, periodo que seguramente se ampliará con los trabajos de exploración que se efectúan en las cuencas sedimentarias de nuestro territorio nacional.
Las posibilidades de producir petróleo en el mar a corto plazo y costo reducido son superiores a las de tierra, puesto que nos encontramos con yacimientos en su mayor parte someros y abundantes y donde las maniobras de trabajo no interfieren con nadie.
La producción del día de hoy fue cuatro veces mayor a los cálculos más optimistas de hace poco más de una década; millón 626 mil barriles, de crudo, condensados y líquidos; 2 mil 320 millones de pies cúbicos de gas asociado y 630 millones de pies cúbicos de gas no asociado.
Es necesario destacar que la explotación de este producto no se ha impulsado, debido a la política de máximo aprovechamiento del que se obtiene, asociado, al extraer el petróleo.
El volumen de exportaciones de crudo durante lo que va de este año registró un promedio diario de medio millón de barriles, cercano a la tercera parte de lo que producimos.
Sin embargo, permítaseme ofrecer algunas consideraciones adicionales.
El precio al que se venden las gasolinas y derivados que se arman, que salen con un barril de petróleo crudo para consumo interno, es de 10 dólares con 60 centavos.
Por esos mismos productos obtenidos de un barril de crudo, si vendieran en el mercado normal internacional, podrían recibirse hasta 60 dólares; o sea, que si el petróleo que consumimos en un año, a 900 mil barriles por día, tuviéramos que comprarlo, sin considerar las alzas constantes de su valor, lo pagaríamos a 380 mil millones de pesos más, que el Gobierno absorbe como lo que he denominado subsidios monstruosos, para que el pueblo de México tenga energéticos baratos.
En poco más de un año, esa suma equivaldría a la deuda externa.
El 18 de marzo de este año inauguramos el ducto troncal de la Red Nacional de Gas, que conducirá 180 millones de barriles equivalentes, diariamente; si este volumen se quisiera transportar requeriría la operación continua de 2 mil 800 pipas.
Con esta magna obra consolidamos el abastecimiento del energético a las principales ciudades industriales del país, propiciando, al mismo tiempo, la creación de 21 mil empleos y de nuevos polos de desarrollo regional, principalmente a lo largo de la costa del Golfo de México.
Con la entrada en operación de este gasoducto y la utilización de volúmenes adicionales de gas natural, hemos logrado suprimir las importaciones de combustóleo, efectuadas durante los primeros meses del año, y reducir su trasportación por carretera y ferrocarril para aliviar el congestionamiento de estos medios.
De todas maneras, hubo necesidad de comprar en el exterior algunos productos petrolíferos y petroquímicos, por 8 mil 130 millones de pesos, en muchas ocasiones a precios muy altos, para venderlos, subsidiados, a precios más bajos.
En la industria petroquímica básica la operación de nuevas plantas nos ha permitido aumentar la producción total, de manera que estamos siendo autosuficientes en muchos casos y capaces de exportar en otros como el de etileno, metanol, gas licuado doméstico y amoniaco, en el que tenemos el primer lugar mundial.
En sólo dos años nuestra posición ha cambiado radicalmente y de acuerdo con el plan será cada vez mejor.
Durante 1979 el producto de la industria petrolera y petroquímica básica crecerá más de tres veces el del conjunto de la economía, contribuyendo a la integración del desarrollo nacional, tanto a través de su aprovisionamiento suficiente y oportuno como del subsidio a los precios de sus productos.
Para los albores del año 2000, se estima que el único sustituto importante del petróleo de hoy, será encontrar más petróleo mañana.
Esto es, sólo al final de este siglo se modificará en forma considerable la estructura de la oferta y la demanda de energéticos e irá creciendo la importancia de fuentes potenciales como la maremotriz, la geotermia, la solar y la nuclear.
En los últimos diez años el mundo no había encontrado yacimientos de los llamados supergigantes.
En los tres que llevamos, México ha encontrado tres: Chicontepec, Bermúdez y Cantarell. se perforaron 188 pozos de desarrollo, de los cuales prácticamente todos, 182, cumplieron su objetivo de verificación de hidrocarburos.
De ellos, 153 resultaron productores, lo que arroja un porcentaje de éxito de 84 por ciento.
Las nuevas instalaciones petroleras han puesto especial cuidado en la preservación de la ecología circundante.
No sólo mediante la degradación y tratamiento de sus desechos, sino rehabilitando zonas contaminadas con anterioridad.
A través de los trabajos exploratorios en la Sonda de Campeche, encontramos un enorme depósito de petróleo y gas con características de presión y composición inusitadas.
Eso fue una buena noticia.
Nunca fue una buena noticia el accidente de uno de los 150 pozos ahí perforados; el del Ixtoc I.
Pero tal vez los estragos del accidente no hayan sido ni el aceite derramado, ni el gas quemado, ni los posibles efectos en la ecología; sino algo informe que mana de lo más profundo de nuestra idiosincrasia y que nos debe hacer meditar.
Desde el fondo de ese pozo incendiado los mexicanos nos hemos visto en el espejo negro de Tezcatlipoca.
Todo nuestro fatalismo desgarrante emergió suspicaz y autodestructivo; nuestra incapacidad de sentirnos prósperos; nuestra falta de solidaridad frente a las derrotas; nuestra incredulidad ante nuestras certezas y nuestra ingenuidad ante la opinión e información extranjeras.
La Malinche salió a aullar, pidiendo sacrificios humanos, para apaciguar al dios del fuego.
Pero también, del fondo de nuestras mejores esencias, conscientes y esforzados trabajadores y técnicos mexicanos, a los que rindo mi tributo, apoyados por hombres de buena voluntad de muchas partes del mundo, aun a costa de su vida, sin doblegarse a la incertidumbre, firmes ante la adversidad están dando una hermosa batalla.
Para ellos, mi admiración y agradecimiento.
Para los otros, el olvido de los tiempos negros.
No quiero ni acordarme de los perversos que se regodean del tropiezo y de él hacen fortuna.
Y para los extraños que con fines aviesos desbordaron su ambición y su envidia, mi más profundo desprecio.
En un mundo de reacciones recias, los mexicanos tenemos que aprender a templarnos ante los desafíos.
Tenemos que aprender que la vida a la que estamos ascendiendo en importancia nos traerá siempre problemas y obstáculos, y que el ir venciendo cada uno de ellos nos dará la fortaleza que necesitamos para seguir haciendo del nuestro, un país mejor.
Que esto nos sirva para reafirmar la fe en nuestro futuro, nos una y nos engrandezca.
Estamos conscientes de que sería inconveniente y gravoso aplicar recursos para adelantarnos en ciertas áreas, desbocada e inútilmente.
El resto de actividades no podría apoyarlas, ni emparejarlas y, de hacerlo, no estaría en posibilidad de asimilar estos excesos.
También sabemos que si las inversiones requeridas no se hacen a tiempo, esto provocaría estrangulamientos difíciles y más caros de solucionar después.
Por eso la estrategia en materia de energía eléctrica también se ha diseñado para suministrar con suficiencia y oportunidad el fluido a una economía en desarrollo, previendo la demanda presente y a largo plazo.
Con tal motivo, se han formulado adecuaciones al programa eléctrico que involucran requerimientos adicionales durante 1979 y para el próximo decenio.
Este año duplicaremos el número de beneficiados con el servicio de electrificación rural y quedarán en servicio unidades que aumentan en casi un millón de kilovatios la capacidad global actual del país que es de 14, las plantas de Chicoasén, que permitirán un nuevo y vigoroso aprovechamiento de potencial hidráulico del Grijalva; la de Río Escondido, que usará carbón, y la de Laguna verde, a partir del uranio, simbolizan el esfuerzo abierto para utilizar fuentes alternativas
Para la extracción de energéticos distintos de los hidrocarburos, como carbón y uranio, la minería ha mostrado ser competente, así como para atender los requerimientos básicos industriales, salvo en aquellos casos en que se carece de reservas, o bien cuando su aprovechamiento resulta incosteable.
En todo caso, hemos promovido la desconcentración de actividades, el amplio concurso de la pequeña y mediana minería, la participación concertada y activa de los particulares y la coordinación de acciones con la siderurgia, la industria en general, el comercio exterior, las tareas de investigación y exploración geológica, el control de calidad y el financiamiento.
Las necesidades de acero manifiestan una tendencia ascendente, debido principalmente a los requerimientos del programa de energía, lo que nos ha obligado a incrementar la capacidad instalada para que en cinco años podamos abastecer una demanda dos veces más grande que la actual.
Para lograrlo, hemos tomado las decisiones correspondientes en las áreas de producción, transportación y comercialización.
Por ser un aspecto estratégico en nuestro desarrollo y para impulsar la industrialización, hemos concertado compromisos con el sector privado para aumentar la producción nacional de bienes de capital, de la industria automotriz y la del cemento, que constituye un serio cuello de botella, por lo que a esta última se le autorizó un aumento en los precios de 15 por ciento, la aplicación de una depreciación acelerada y un subsidio a la importación de maquinaria y equipo de tres cuartas partes de su costo, así como tratamiento preferencial a esta y otras actividades.
En las materias primas que utiliza la industria de los fertilizantes, vale la pena resaltar que México será el único país autosuficiente y exportador, por poseer los cuatro elementos básicos: amoniaco, fósforo, potasio y azufre.
Pesca
Una de las actividades primarias que no pueden seguir siendo primitivas por su potencialidad para la industria alimenticia, es la pesquera.
Podemos afirmar que en los últimos tres años hemos sostenido un ritmo estimado de crecimiento de 22 por ciento anual, lo que se ha traducido en que se haya pasado de alrededor de 600 mil toneladas a más de 900 mil, en el periodo que cubre este Informe. este incremento ha sido posible gracias al cumplimiento de los programas de construcción y rehabilitación para la pesca y su planta industrial.
Aun cuando el incremento se destinó, fundamentalmente, a abastecer el mercado interno, las exportaciones, así como la sustitución de importaciones de harina de pescado, lograron que el sector pesquero contribuyera, por segundo año consecutivo, con 11 mil millones de pesos a la generación de divisas.
Esto es reconfortante, no puede desdeñarse esta actividad por los abusos de la cuaresma, que reconocemos y desmembraremos.
Subrayamos la conveniencia de ver otras cifras y programas en los apéndices.
Es satisfactorio informar que, por primera vez, 250 embarcaciones camaroneras capturan pesca de escama en el Pacífico, en la temporada de veda de camarón.
Esperamos que esta práctica se generalice.
La cooperación internacional se ha traducido, en estos tres años, en la creación de 23 empresas mixtas de capital nacional mayoritario, que confirman la ventaja de la coinversión frente a la política de licencias o permisos con pago de derechos.
Esta estrategia permitió la creación de una flota mexicana de 31 barcos para la pesca masiva de altura.
Con este mismo criterio se revisan los convenios bilaterales en lo que se refiere a camarón, cuya vigencia termina este año.
En el presente período continuaron los trabajos tendientes a integrar el marco institucional del sector.
El esquema normativo de la pesca se adecuará a las condiciones reales de la actividad y a las necesidades de su desarrollo.