Discurso de José López Portillo en su Sexto Informe de Gobierno
Chapter 7
No hemos pecado, ni como gobierno ni como país, y no tenemos por qué hacer actos de contrición.
No confundamos realismo con el hipócrita puritanismo de ortodoxias simplistas.
Nuestra estructura productiva, fortalecida y ensanchada, continúa intacta.
No la dejemos hundir en el pantano de la inmovilidad.
México tiene aún muchos empleos por crear; mucha justicia que cumplir; mucha riqueza que producir; mucha libertad que ejercer.
No nos abandonemos ni a la inercia ni al temor.
Contamos ya en el exterior.
Se nos oye y observa.
Es un caso ilustrativo del desequilibrio e injusticia del orden internacional, nuestro agobio no es indiferente al mundo y lo compromete económica y políticamente.
No estamos solos: con nosotros, están muchos, los más.
Tendrán que suceder cosas y estamos en la batalla.
Lo importante viene ahora.
Hemos identificado los grandes males:
Primero los externos: un desorden económico internacional que castiga a los países en desarrollo, con factores monetarios, financieros, comerciales, tecnológicos, alimentarios y energéticos expresados muy claramente en la reunión de Cancún, y que tienen, forzosamente, que ser resueltos en negociaciones globales, como está propuesto a las Naciones Unidas.
Es urgente.
De otro modo los problemas se agravarán a extremos impredecibles.
Después los internos.
Aquí adentro fallaron tres cosas fundamentalmente:
La conciliación de la libertad de cambios con la solidaridad nacional;
La concepción de la economía mexicanizada, como derecho de los mexicanos sin obligaciones correlativas;
El manejo de una banca concesionada, expresamente mexicanizada, sin solidaridad nacional y altamente especulativa.
Ello significó que en unos cuantos años, sustanciales recursos de nuestra economía generados por el ahorro; por el petróleo y la deuda pública, salieran del país por conducto de los propios mexicanos y sus bancos, para enriquecer más a las economías externas, en lugar de canalizarse a capitalizar al país conforme a las prioridades nacionales.
Nuestra debilidad, por el camino de la desconfianza y ambición, nos hizo más débiles, y más fuertes a los fuertes.
Puedo afirmar que en unos cuantos, recientes años, ha sido un grupo de mexicanos, sean los que fueren, -en uso, cierto es- , de derechos y libertades pero encabezados, aconsejado y apoyados por los bancos privados, el que ha sacado más dinero del país, que los imperios que nos han explotado desde el principio de nuestra historia.
Todo esto se nos ha hecho evidente en la crisis, hemos identificado colectivamente el problema y vamos a corregirlo con grandes remedios.
Pero quisiera hacer un llamado a serenidad y objetividad.
No se trata de cazar brujas; sino de remediar situaciones que se han derivado de nuestra organización jurídica que, por no precipitar males mayores, no corregía lo que individualmente parecía inocuo y consagrado como libertad de cambios.
Ahora el mal mayor ya nos ocurrió: se nos fue el ahorro de estos años.
Lo estamos viviendo.
Ese es el significado y la importancia de las crisis, que entre otras cosas, son fenómenos de conciencia colectiva frente al peligro.
Que la conciencia que de esta crisis derivamos nos sirva para evitar que vuelva a suceder.
Quiero ser muy insistente en ello: quienes usaron de una libertad para sacar dinero del país, simplemente no demostraron solidaridad.
Nada más.
Lo que hay que corregir es el sistema, y que a partir de ello la actitud de todos sea distinta.
Se trata de corregir el gran mal y no del esfuerzo estéril de identificar villanos.
Constituyen, eso sí, una minoría cuyas acciones sumadas, dañaron la seguridad nacional y por ende la de todos.
Por eso, ahora afirmo: como siempre en nuestra historia, en los momentos críticos, el Estado está con las mayorías.
Es el imperativo que lo justifica.
La cuestión de fondo, la alternativa vital, se establece entre una economía progresivamente dominada por el ausentismo, por la especulación y el rentismo y otra vigorosamente orientada a la producción y al empleo.
La especulación y el rentismo se traducen en una multiplicación de la riqueza de unos pocos sin producir nada, y proviene necesariamente del simple despojo de los que producen.
A la larga conduce inevitablemente a la ruina.
En efecto, nuestro país, dadas sus carencias acumuladas y su dinamismo social, no tiene margen para permitir el desarrollo de las actividades especulativas.
Tiene el imperativo de destinar la totalidad de sus recursos a la producción.
A la producción en toda medida que le permitan limitantes insalvables, como pueden ser, en determinado momento, sus disponibilidades financieras internas y de divisas.
Cuanto más estrechos sean esos límites, como ahora, más necesario es impedir la especulación.
México, al llegar al extremo que significa la actual crisis, no puede permitir que la especulación financiera domine su economía sin traicionar la esencia misma del sistema establecido por la constitución: la democracia como constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo.
Tenemos que cambiar.
Decisión siempre dura; pero no puede seguir entronizada la posibilidad de sacar recursos cuantiosos al exterior, y después pedirle prestado migajas de nuestro propio pan.
Todo ello propiciado y canalizado por instituciones y mecanismos especulativos.
Esta crisis que hemos llamado financiera y de caja, ya amenaza seriamente la estructura productiva, que no sólo en los últimos años, sino a lo largo de varios decenios de esfuerzos de todos los mexicanos, hemos logrado levantar.
La producción, agobiada por los resultados de los fenómenos exteriores que acabamos de describir y por el manejo que se ha hecho de nuestros propios recursos, no encuentra la forma de financiarse.
Se está sofocando.
Para salvarla requerimos de toda la concentración posible de los medios para que las empresas públicas y privadas, agrícolas e industriales, puedan continuar con las actividades que dan empleo y sustento a los mexicanos.
No podemos seguir arriesgando que esos recursos sean canalizados por los mismos conductos que han contribuido de modo tan dinámico a la gravísima situación que vivimos.
Tenemos que organizarnos para salvar nuestra estructura productiva y proporcionarle los recursos financieros para seguir adelante; tenemos que detener la injusticia del proceso perverso fuga de capitales- devaluación- inflación que daña a todos, especialmente al trabajador; al empleo y a las empresas que lo generan.
Estas son nuestras prioridades críticas.
Para responder a ellas he expedido en consecuencia dos decretos: uno que nacionaliza los bancos privados del país, y otro que establece el control generalizado de cambios, no como una política superviniente del más vale tarde que nunca, sino porque hasta ahora se han dado las condiciones críticas que lo requieren y justifican.
Es ahora o nunca.
Ya nos saquearon.
México no se ha acabado.
No nos volverán a saquear.
Los decretos respectivos se publican hoy en el Diario Oficial.
Como complemento someto a consideración de esta soberanía, iniciativa de ley que convierte al Banco de México en organismo público descentralizado del Gobierno Federal.
Dejará de ser sociedad anónima.
Con la nacionalización de la banca, se termina la concesión a los particulares, para incorporar el servicio directamente a la Nación.
Obviamente, la nacionalización irá acompañada de la justa compensación económica a los actuales accionistas, conforme a derecho.
Lo importante, es urgente.
Cuidaremos también con particular esmero la situación y los intereses de los depositantes y clientes de la Banca Mexicana, así como los del público en general.
El dinero y valores de cada depositante en un banco mexicano, se han mantenido siempre seguros, porque el gobierno ha estado detrás de todos y cada uno de los bancos para garantizar esa seguridad.
Con mayor razón estarán ahora seguros los depósitos en los bancos de México.
Que quede claro: y aquí pedimos de modo muy especial el entendimiento y la solidaridad de los medios de comunicación.
Que no se vaya a desvirtuar esta decisión.
Que quede claro.
Que quede claro: no serán afectados de ningún modo el dinero, ni los valores propiedad de los usuarios del servicio público de la banca; ni los fondos o fideicomisos administrados por ésta; ni lo depositado en las cajas de valores.
La banca extranjera, sus representaciones, las organizaciones auxiliares de crédito y el Banco Obrero no son sujetos de expropiación o afectación alguna.
Quiero aprovechar esta ocasión en que me está oyendo el pueblo de México para insistir: sus depósitos, sus derechos en los bancos de ninguna manera serán alterados.
Estarán ahí las mismas personas que los atienden.
Su dinero estará garantizado.
No va a pasar nada.
Lo único que vamos a cambiar es de dueño.
Los que nos traicionaron...
Los derechos de los trabajadores del sistema bancario serán respetados.
El viejo anhelo de crear un sindicato bancario podrá fructificar, como ocurre en la mayor parte de los países del mundo.
El Estado no teme al sindicalismo.
Apoya e impulsa el recio sindicalismo nacional.
Por eso los trabajadores de los bancos podrán sindicalizarse.
La banca seguirá funcionando normalmente.
Su administración sólo ha revertido a las manos de quien la concesionó, el Estado Mexicano.
Primero lo que a todos conviene.
Después, lo demás.
En este caso, el gobierno no sólo está eliminando un intermediario, sino a un instrumento que ha probado más que suficientemente su falta de solidaridad con los intereses del país y del aparato productivo.
La banca privada mexicana -mexicana y mexicanizada, eso es lo más doloroso- ,la banca privada mexicana y mexicanizada ha pospuesto el interés nacional y ha fomentado, propiciado y aun mecanizado la especulación y la fuga de capitales.
Frente a los daños de la especulación y falta de apoyo a las actividades productivas, sería incongruente poner las medidas correctivas, en manos de sus defensores y de quienes tienen intereses creados en torno a ellas.
Se dirá que se ha repetido ya mucho que el gobierno tenía los instrumentos sobrados para controlar la banca privada.
Hoy hemos de confesar que así lo creímos, pero que no fue así.
Una dolorosa historia nos ha enseñado.
Por ello llegamos a la situación financiera caótica y contradictoria en la que nos encontramos.
En suma, nacionalizamos la banca porque no es admisible que el instrumento domine o condicione al propósito.
Con la nacionalización de la banca privada, y con el control de cambios, se programará mejor lo que el trabajo y el ahorro de los mexicanos, el petróleo, otras exportaciones y el financiamiento, nos significan.
La nación se beneficiará.
Culminaremos estrictamente nuestros compromisos nacionales e internacionales; se importará sólo lo necesario; se viajará lo indispensable.
Con esta medida, combatiremos a la especulación abierta y hasta institucionalizada.
Le quitaremos a la inflación los abundantes impactos especulativos que hemos venido padeciendo, tan sólo porque los márgenes de intermediación bancaria y la demanda de dólares fue brutal, envenenando nuestra economía.
Cortemos de raíz el mal.
Ni los trabajadores, ni las empresas productivas del país, deben ser las sacrificadas en este proceso de ajuste.
Todo lo contrato.
El sentido de esta medida es la de apoyarlos en estos difíciles momentos.
Hay que salvar nuestra estructura productiva.
Es imperativo reorientar la demanda hacia el mercado interno e incrementar la producción nacional, así como también dotar a las empresas de liquidez y de capacidad de pago para hacer frente a la difícil situación por la que atraviesan.
De ese modo, sin que nuestra moneda compita artificialmente con el dólar- especulación, podremos manejar más racionalmente las tasas de interés y orientar el crédito a fortalecer a las empresas productivas.
Son éstas, decisiones de gravísima importancia.
Hemos roto los tabúes.
La Revolución se libera de temores y acelera su paso.
Muchas decisiones pendientes podrán tomarse.
Las que hemos tomada van a significar muchos, muchísimos problemas; pero ninguno tan grave como la certidumbre garantizada y premiada de que la especulación seguirá sumiendo al país en un vórtice ruinoso.
Nos libraremos de los ciclos perversos que periódicamente cada 6 años vacían nuestros excedentes.
El Estado ya no estará acorralado por los grupos de presión.
Hago un llamado a patriotismo y comprensión.
Algunos, transitoriamente sufrirán más molestias.
Fundamentalmente nuestros compatriotas en las fronteras.
Lo sabemos y nos organizaremos para que sean las menos y pasen pronto.
Cuidaremos la situación particular de la economía y los habitantes de la frontera, así como de las plantas maquiladoras.
Por razones meramente operativas y de relevo en los altos mandos de las instituciones afectadas, permanecerán cerradas las oficinas bancarias sólo un par de días: jueves y viernes.
Todos los servicios bancarios se normalizarán a partir del próximo lunes 6 de septiembre.
Habrá molestias.
Serán mínimas.
Las molestias sin embargo, no se originarán en el control.
Esta medida no hace más que aclarar y ordenar una situación que de hecho ya existe: tenemos muy pocos dólares.
A partir de ahora, lo asumimos con toda responsabilidad, para dar lo que haya, a las prioridades establecidas.
Adelanto que, muy probablemente, el control de cambios sufrirá pronto modificaciones y adaptaciones.
No hay experiencia de un país frontera con la economía más poderosa de la tierra, extensa frontera norte- sur.
Nos costará mucho trabajo.
Habrá probablemente corrupción; pero confío en que tendremos el talento político y los tamaños para defendernos.
No podíamos dignamente, hacer otra cosa, ni quedarnos con los brazos cruzados, mientras nos vaciaban las entrañas.
El control de cambios es uno de los grandes remedios, al gran mal.
Es deseable que sea transitorio.
Depende de que el mundo organice su economía de modo más justo para países como el nuestro.
Los tenedores de mexdólares que abrieron ese tipo de cuentas para proteger sus ahorros, no sólo lo habrán logrado, sino que ahora al tenerlos en pesos habrán consolidado ya una muy considerable ganancia.
Desde luego menor que la de los especuladores; pero dejar de ganar exorbitantes beneficios especulativos, no es perder.
Quienes establecieron ahorros en mexdólares en previsión de verdaderas necesidades de dólares, con el equivalente que ahora tienen en pesos podrán adquirir las divisas necesarias conforme a las prioridades y reglas establecidas en el decreto correspondiente.
Ya ha de estar publicado en el Diario Oficial.
Los ahorradores en moneda nacional, encontrarán en esta medida la protección para no volver a ser traicionados por la especulación, como les ha sucedido.
El país ya no puede admitir que salgan dólares para pagar inmuebles adquiridos en el extranjero.
Debemos hacer todos los esfuerzos para que eso concluya.
El ejecutivo a mi cargo dispone de muestreos generales y datos y listas iniciales de lo que significan estas operaciones.
Los pongo a disposición de esta soberanía y propongo se integre una comisión que los estudie y concluya soluciones.
Sería aconsejable una reunión interparlamentaria con los legisladores de los Estados Unidos.
Para nosotros es más, mucho más grave este problema, dólares allá, inmuebles allá en dólares, que el del tráfico de drogas para ellos.
Además:
¿Cómo no vamos a exportar brazos si los capitales que podían darles empleo aquí, allá están?
Poco podemos hacer desgraciadamente en lo que se refiere a los depósitos de mexicanos en los bancos extranjeros.
Claro, sería un gesto hermoso el que tanto ellos como los adquirientes de inmuebles se solidarizaran con su Nación y convinieran con la Banca Mexicana, no mexicanizada, sino nacionalizada, algún sistema para reciclar en nuestra economía los recursos que son tan necesarios para México.
Es doloroso, mexicanos, es doloroso que estemos arañando las paredes por unos cuantos miles de dólares, cuando los mexicanos tienen decenas de miles en los EE. UU.
Sé que es difícil que ello suceda que se solidaricen con su país por lo que tendremos que acudir a medidas posiblemente fiscales, y en todo caso al razonamiento internacional.
Desde aquí subrayo la urgencia que tienen muchos países en proceso de desarrollo, de evitar que sus economías, precarias ya por la relación Norte- Sur, agudicen más su problema por la fuga de capitales.
Como lo dije, la debilidad más nos debilita.
Una de las determinaciones, lo quiero subrayar muy enfáticamente, una de las determinaciones inaplazables que el nuevo orden económico mundial debe establecer, antes de que se derrumbe el actual en forma inconveniente y quizá catastrófica, es la de formalizar un sistema compensatorio para que los países de los que se fuga el capital, tengan acceso a un tipo de crédito originado en los recursos relativos, mediante algún vínculo especial de reciclaje.
Sé que la idea es de difícil concepción en un mundo librecambista.
Pero necesario es que los expertos en finanzas mundiales planteen y resuelvan este problema de salud internacional.
Hago una vez más un llamado a los países industrializados.
A nosotros nos gustaría discutirlo con el sistema financiero de los Estados Unidos, entre otras razones y también quiero subrayarlo, para convencer a su generoso pueblo, de que en la solución relativa de nuestros problemas no tratemos de afectar a sus contribuyentes, sino hacer accesible a México el crédito significado por cuantiosos recursos de mexicanos, que han salido del país en forma que nos crea problemas de salud económica y comercial a ambos lados de la frontera.
Las resoluciones de nacionalizar a la banca y de implantar el control de cambios, han costado mucho trabajo; no tendrán ustedes idea cuánto, pero creo que todos debemos estar convencidos de su imperiosa necesidad.
Espero que entre todos sepamos administrarlas.
Estas son las decisiones difíciles de mis últimos tiempos difíciles, tiempos que no elegí; pero en los cuales ejerzo mi responsabilidad.
No erijo en justificación de nuestros problemas y para quitarme responsabilidades, la crisis internacional que nos circunda.
Llamo a conciencia.
Tampoco incurro en el delirio persecutorio de hacernos víctimas de conjuras internacionales de cualquier signo.
No es hora de denuncias apocalípticas; pero sí de llamar a mi pueblo a mantenerse serenamente alerta contra toda forma de agresión y de injerencias extranjeras, así sean las más sutiles.
Que no ensombrezcan nuestro horizonte aquellos que concurren a fortalecer y dar cauce interior a las fuerzas externas interesadas en desunirnos y disolvernos y se pliegan a su designio en inconsciencia ingenua, lo que es lamentable; vanidad exhibicionista, lo que es triste; consentimiento mercenario, lo que es grave; o lo que es peor: malicia destructiva por impotencia.
Las decisiones tomadas son expresión vital de nuestra revolución y su voluntad de cambio.
Que nadie vea en ellas influencias de extremismos políticos.
Las circunstancias externas e internas, llevan una vez más al Estado, a sacar de la cantera de la constitución, inspiración y fuerza para progresar por el camino de la revolución nacional.
El Estado mexicano nunca ha expropiado por expropiar, sino por utilidad pública.
La que ahora resolvemos, libra, del libertinaje del cambio, a la libre iniciativa y al libre impulso productivo de los mexicanos, que la camisa de fuerza que un sistema parasitario le ha colocado.
He actuado siempre de buena fe, con total honestidad intelectual.
Nunca me propuse ni injusticia, ni daño, ni ofensa, ni fracaso.
Nunca supedité el ser al parecer; ni el hacer al halago o el aplauso.
Nunca sacrifiqué la sustancia a la forma, salgo y saldré con las manos limpias de sangre y de recursos mal habidos.
He combatido la corrupción hasta llegar al escándalo.
No me arrepiento.
La catarsis actual es su resultado.
He buscado el bien cuando por él pude optar y el mal menor cuando esa fue la alternativa.
Será el pueblo, será la historia, los que evalúen el ejercicio de mi responsabilidad.
Ahora me corresponde decirle al pueblo de México que me eligió, que ha sido un privilegio servirlo, que me dio su fuerza y su innata sabiduría; que no he defraudado su confianza y que si ahora sus esperanzas no están cabalmente cumplidas, no fue porque me faltara voluntad, que toda la que tengo he puesto en la sublime empresa de serle útil.
A mi esposa, gracias por el enorme esfuerzo y el éxito que obtuvo en las responsabilidades que libremente aceptó para dirigir y crear con brillante imaginación y trabajo agobiador, las instituciones por las que se responsabiliza.
A mis hijos, a mi familia, toda, gracias por su entrega, por su comprensión, por su trabajo, por compartir mis angustias, por su apoyo.
Hemos enfrentado juntos este reto y enfrentaremos también juntos lo que sigue, sea lo que fuere.
Lo importante es saber ser una familia mexicana, celular y recia en el amor y la solidaridad.
Creo en la familia y hago votos por que siga siendo la base de nuestra sociedad.
A mis colaboradores, a los que son y fueron, gracias, muchas gracias.
A quienes todavía están, el exhorto de que me acompañen en lo que falta como les dije a principios de año, de esta seca y dura jornada; a los que ya no están, si alguna ofensa les hice, mi protesta de que fue sin intención de dañar, buscando siempre el bien de la República.
A todos los que fueron la solución, gracias:
A las mujeres de mi patria que aportaron toda su entereza, su intuición de lo que es justo; las que avanzaron a nuestro lado y nos impulsaron a ser mejores.
A quienes vivieron su juventud en este sexenio y significación realidad de su esperanza y confiaron, entregaron su audiencia y pudieron mantener y engrandecer su libertad para inventar su futuro.
A los pesimistas que depusieron sus resentimientos y su cólera para no vaciar su inteligencia.
A los extremistas que renunciaron la violencia y superaron su conmovedora pasión por la impotencia, dándole fértil destino a su vocación de justicia y su voluntad de transformación.
A los críticos, incluso a los que yo critiqué y que con justicia nos ayudaron a luchar por las grandes causas, más que en contra de nuestros semejantes.
A los trabajadores del campo y la ciudad que con la nobleza y dignidad de su trabajo han construido la patria y con la voluntad de su sacrificio han mantenido su estabilidad.
A los empresarios que con su capacidad y riesgo crearon empleos y han generado prosperidad; a los que dieron función social a la riqueza.
A quienes demandando seguridad no la usaron como pretexto para ocultar injusticia, pasividad, ineficiencia, testaferrismo o abandono de los principios y los intereses comunes.
A los que no se dejaron arrastrar por rumores y chismes.
A los que comunicaron e informaron usando su libertad y respetando a la sociedad, especialmente a los que tantas veces a mi lado estuvieron.
A los intelectuales que avinieron su independencia con la necesidad de servir a las causas populares y no humillaron su talento frente al poder, ni lo sometieron al odio, ni lo sacrificaron al prestigio de la soberbia, ni lo hicieron estéril por egoísmo, ni lo vendieron o lo regalaron a turbios intereses extranjeros.
A los soldados de la nación que entregaron su hombría y su lealtad para salvaguardar a la patria de su integridad.
Solemnemente digo que jamás les pedí apoyo para arbitrariedad, encubrimiento o abuso.
Deben estar orgullosos porque significan la majestad de la fuerza constitucional, el honor de México que el pueblo les ha confiado.
A los desnacionalizados démosles un mes, septiembre, el mes de la patria, para que mediten y resuelvan sobre sus lealtades.
Después actuaremos nosotros.