Discurso de José López Portillo en su Sexto Informe de Gobierno

Chapter 4

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Las exportaciones aumentaron de 8 mil 350 millones en 1977, a 16 mil 740 en 1981, habiendo contribuido el sector, en los últimos cinco años con cerca de 2 mil 500 millones de dólares en divisas y sustitución de importaciones.

En la captura, para finales del presente año, alcanzará 1 millón 900 mil toneladas, más de tres veces el volumen de captura obtenido en 1976.

También, esfuerzo sin precedente en el desarrollo pesquero de cualquier país.

El consumo directo, con una tasa media anual de crecimiento de 28%, alcanzó en 1981 el millón 383 mil toneladas, propiciando que el consumo directo per cápita se elevara de 3.7 a 11.2 kilogramos, y el consumo indirecto vía harinas para aves y cerdos de 4.8 a 8.7 kilogramos.

La pesca produce en la actualidad una tercera parte de las proteínas derivadas de carne, y una quinta parte de la producción nacional de proteínas de origen animal, incluyendo leche y huevo.

El producto interno bruto del sector, a precios de 1970, creció a una tasa media anual de 17%, entre 1977 y 1981.

Nuestro país ocupa ya el décimo cuarto lugar como productor y se ubica entre las veinte naciones que producen más de 1 millón de toneladas al año, con la ventaja de que su captura se integra por una rica variedad de especies.

Claro, nuestra repentina y ambiciosa irrupción en una actividad antes exclusiva de los poderosos, ha causado turbulencias que estamos afrontando afuera e incomprensiones y escepticismos, que estamos aclarando adentro.

Fue un logro.

Con la prioridad alimentaria y su sistema, hemos querido satisfacer el imperativo de convertir las necesidades básicas de la población en demandas que puedan ser satisfechas, mediante una gran tarea complementaria, para cubrir principalmente las demandas de capas sociales con ingresos familiares de hasta tres veces el salario mínimo.

Para ese efecto ordenamos las acciones de dependencias y entidades de la Administración Pública Federal de los Estados de la República y del sector Privado y Social en función de la estrategia prioritaria de productos básicos.

Hemos iniciado así un proceso de reorientación del aparato productivo para satisfacer principal y primeramente las demandas de la mayoría de la población, asociando el incremento de los precios al aumento de los salarios mínimos, de modo que éstos mejoren su proporción.

Estimo que esta estrategia abre una relación muy constructiva entre precios- salarios y puede ser la fórmula de eficiencia que evite su carrera viciosa.

Está comprobado que puede establecerse.

Ya está funcionando en parte.

Queda como importante precedente.

Los compromisos pactados dentro del Programa de Productos Básicos, suman inversiones de 40 mil millones de pesos con una generación del orden de 29 mil empleos.

Nuestra meta ha sido incrementar en 42% la oferta de alimentos industriales; 83% la de productos pesqueros procesados y 40% la de manufacturas básicas.

Más de 400 certificados de registro y con ellos financiamiento y subsidios se ha otorgado a productores de básicos.

Impulsaremos estos programas de modo prioritario y preferente.

Al decretar los incrementos ya inaplazables, hemos sido cuidadosos del poder adquisitivo de la clase trabajadora.

De ninguna manera, este razonamiento y cualquier cifra demostrativa de esa afirmación, será o es un elemento de presión o fórmula de contención de las justas demandas obreras.

Reiteramos que todos los trabajadores de México tienen derecho a un salario remunerador y a mejorar su nivel de vida.

El Estado debe salvaguardar ese derecho como prioritario.

El movimiento obrero por su parte, ha sido especialmente sensato, generoso y patriota.

Las cifras que a continuación se exponen, buscan tan sólo confirmar que a pesar de la crisis, hemos avanzado en el imperativo de darle mayores seguridades y capacidad de compra a los trabajadores en lo que respecta a bienes y servicios básicos.

Básicos, los subrayo.

Es para mí particularmente dedicado al manejo de este tema.

Pero tenemos que partir de la verdad.

El esfuerzo nacional en cuanto a subsidios y salarios, no ha sido estéril.

No digo que hayamos logrado ser justos; pero sí que avanzamos.

Estamos acostumbrados por explicable tendencia, a hablar del aumento de los precios; pero no de los ingresos, salarios, prestaciones, subsidios que también han subido.

No hacerlo es frustrar el esfuerzo nacional.

No lo alego como mérito, sino como realidad.

En 1970, un salario mínimo diario en el Distrito Federal compraba 28 kilogramos de tortillas; en agosto de 1982, tras el alza de precios, podía comprar 33 kilogramos; 220 piezas de bolillo en 1970, 364 en 1982.

Igual sucede con otros productos básicos.

Haciendo la misma comparación, es decir, lo que un salario mínimo compraba en 1970 y en 1982, vemos que para el aceite las cifras son 4 y 6.5 litros; frijol, 9 contra 16 kilogramos; leche 12, contra 23 litros; azúcar, 20 contra 29 kilogramos; arroz, 8 contra 15.5 kilogramos; huevo, 3 contra 8.2 Kilogramos; y pasajes de Metro 32 contra 364, hay otros ejemplos, incluso en la línea blanca.

Por otro lado en México, el aumento de precios de combustibles, ha sido tan sólo del 9% respecto al salario, cuando en el mundo los precios de estos productos al consumidor, en relación a los salarios, se han duplicado o triplicado.

No cerramos los ojos ante la realidad; no hemos logrado de ningún modo que el salario mínimo compre todo lo que quisiéramos.

Debe reconocerse que muchos, muchísimos bienes que significan no lo básico, sino el nivel de vida que en los momentos del auge estuvo al alcance de muchos, ahora, a precios inflados, ya no lo está.

Lo reconozco; pero no reconocer por igual el esfuerzo en productos básicos, es negar el gigantesco impulso para aumentar la distribución del ingreso, tanto vía más trabajo, como, pese a lo que se diga, más salario y principalmente más ingreso familiar real.

En efecto, estos años, hemos consagrado constitucionalmente el derecho al trabajo como el más alto instrumento para la auténtica realización del hombre.

El trabajo es el umbral de la justicia y la dignidad.

A partir del trabajo se puede complementar; sin él es paternalismo, asistencia o populismo.

Para ser congruentes y demostrar que es posible, durante cuatro años creamos 4 millones 258 mil nuevos puestos de trabajo y logramos reducir el índice de desempleo abierto de 8.1 a 4.5%.

Cierto, aumentó el trabajo y también la demanda, lo que tiene un costo inflacionario.

El saldo es favorable para los trabajadores, para el país.

Tan sólo por el dinamismo en la generación de empleo, la clase trabajadora y las familias marginadas del país han podido aumentar de manera significativa sus ingresos reales, y con ello, reducir las distancias entre quienes ya tenían mínimos de bienestar y los marginados urbanos y rurales.

El 26% de los jefes de familia que recibían menos del salario mínimo se han integrado al sector moderno percibiendo, además, prestaciones en materia de salud, recreación, capacitación y apoyo económico.

Simultáneamente, se ha dado oportunidad a sus hijos o sus mujeres, que no tenían empleo y salario mínimo de ingresar a ese nivel.

Así, tan solo por la generación de nuevos empleos, la masa salarial, es decir, la totalidad de ingresos de la clase trabajadora, se ha expandido en términos reales.

Desde diciembre de 1980, se igualaron los salarios mínimos general y para los trabajadores del campo.

Y mientras que en 1976, la diferencia entre el salario mínimo más alto y el más bajo era de 232%, hoy ha disminuido a 40%.

Entre las garantías fundamentales de los trabajadores figura ya el derecho a recibir capacitación y adiestramiento 85 mil 350 comisiones mixtas han permitido capacitar a 2 millones 641 mil trabajadores mexicanos.

Con ello enfrentamos la paradoja que en materia de empleo padece el país, que al mismo tiempo demanda y no encuentra mexicanos preparados y los que no lo están, demandan y no encuentran trabajo elemental.

En época de ajustes tan delicados como los que estamos viviendo, es importante subrayar que el derecho de huelga se ha respetado escrupulosamente.

Se solucionaron 12 mil 500 emplazamientos con mínimo de estallamientos, el 2.5%.

El cumplimiento de la norma acredita la excelencia del sistema en las condiciones más críticas.

La norma es normalidad.

La conciliación y el arbitraje permitieron el equilibrio entre los factores de la producción.

Enhorabuena.

Para fortalecer el poder adquisitivo del salario, se ha impulsado el establecimiento de 2 mil 32 organismos sindicales de comercialización destinados a abaratar los precios de los productos de consumo generalizado y a regular su valor en el mercado; y en el último año, se otorgaron 1 millón 600 mil créditos, por 20 mil millones de pesos.

No obstante, tengo conciencia de que la carrera precios- salarios es muy cerrada y de que la serenidad de los trabajadores merece todo el reconocimiento de la nación.

Por ello en condiciones de crisis como la que desde febrero hemos atravesado, antepusimos el interés de los trabajadores a esquemas teóricos de estabilización.

En la lucha por mantener una dinámica política social que garantizara mínimos de bienestar a toda la población, el Estado ha tenido que cargar con un peso creciente en lo político y particularmente en lo económico, y que ajustar y reajustar permanentemente un sistema económico que, dejado a su propia suerte, no sería capaz de avanzar hacia la justicia social y la democracia en todos sus aspectos construccionales.

En consecuencia, se han tenido que aplicar fórmulas como la de los subsidios que en algunos casos, se han enviciado, en el intento de asegurar rápida y eficazmente la elevación del nivel de vida de los marginados, campesinos y obreros.

Las crisis complican el panorama porque obligan al Estado por una parte, a proteger a clases populares y por la otra a fomentar o cuando menos mantener la inversión y la estructura productiva y comercial.

Ello, se transfiere a déficit, y de ahí alimenta presiones inflacionarias.

En fin, la política de transferencias y subsidios se ha desarrollado a contrapelo, pero con el claro propósito de generar bienes y servicios nacional y socialmente necesarios; de asegurar el poder adquisitivo de las clases populares permita disponer de los bienes y servicios básicos.

Como la medida está ya incorporada al sistema desde hace años, se vuelve costumbre, se olvida su importancia y se critica su modificación.

Veamos si no el caso de la tortilla, particularmente dramático por sus implicaciones psicológicas; me atrevería a decir que mágicas.

Como maíz -ya lo hemos dicho- es el alimento básico, moneda, costumbre, religión, seguridad del campesino.

Pero también salario, porque la mayor parte de ellos no tiene patrón.

Es de justicia pagar un precio justo; de conveniencia, porque si no, no se cultiva para venderlo y habría que importarlo de todas suertes al mismo o mayor precio.

Porque se olvida o no funciona en el entendimiento de los fenómenos y por ello, las decisiones razonables se convierten en culpas graves.

Repetimos, lo que en otras ocasiones: cuando subimos el precio del maíz hay aplausos.

Pero no olvidemos que el maíz sirve para hacer tortillas.

¡Ah!, pero las tortillas significan consumo y si sube el precio, hay protesta.

Considérese que deben pagarse, por lo menos, al costo del maíz del que están hechas.

Una, otra y otra vez ha subido el precio del maíz y el Estado, para cuidar ese consumo, ha subsidiado el precio para que no suban las tortillas.

Hasta que se llegó a un extremo inmanejable.

En efecto, hasta antes del alza, el kilo de maíz en el mercado libre, estaba entre 10 y 11 pesos.

A la industria se le entregaba a un peso para que la tortilla, procesada, se vendiera a cinco pesos cincuenta centavos.

Para hacer la tortilla, se necesita pagar costos industriales, entre otros el salario, que entre 1980, fecha de la última alza del precio de la tortilla, y en 1982, subió de 163 a 364 pesos diarios.

De no haberse autorizado el nuevo precio, hubiéramos tenido que comprar maíz a buen precio, y regalarlo no es una figura, señores, a los molineros y además pagarles por elaborar la tortilla.

Eso sin el riesgo que conlleva para la especulación, vender a un peso o aún regalar lo que vale diez.

Era ya inmanejable.

Ni podíamos bajar el precio del maíz, ni seguir subsidiando la tortilla en tan grandes proporciones.

Aún con el nuevo precio de once pesos el kilo de tortilla, el Estado seguirá subsidiando con cinco pesos, cada kilo.

Gastará 23 mil millones de pesos este año.

No es para que se agradezca; pero por lo menos que se entienda.

El precio del pan blanco, bolillo y telera, pasó de cincuenta centavos a un peso la pieza de 70 gramos.

Se nos olvida que el precio no cambiaba desde 1977, cuando la tonelada de trigo costaba 2 mil cincuenta y a la fecha cuesta 6 mil 930.

Esto significaba, con las mismas implicaciones que para la tortilla, que el

Estado comprara a 650 pesos el bulto de harina y lo entregara a 115.

También inmanejable.

Aún con el precio nuevo, el Estado subsidia cada bolillo o telera con 60 centavos.

Por lo que en 1982 erogaremos 12 mil 261 millones de pesos.

Que conste; sólo que conste.

Todo esto lo ignora la crítica qué se indigna con el alza, sin darse cuenta del esfuerzo público por mantener accesibles los alimentos básicos.

Y lo peor, tortilla y pan subsidiados no se destinan sólo a la clase necesitada, sino que se beneficia toda la sociedad, hasta los que pueden pagar mucho más.

Y ello sin hablar del frecuente mal uso que se hace del maíz y la harina subsidiados.

Por ello quiero afirmar, que si hubiera encontrado una fórmula para asegurar que los subsidios fueran a favorecer sólo a los pobres y no a ricos y especuladores, hubiera mantenido la decisión, como la mantenemos en el caso del Metro, que estamos seguros beneficia sólo a las clases populares.

El total de las transferencias y subsidios que se otorgaron a la economía durante 1981, ascendió a 813 mil millones de pesos, 15% del producto interno bruto, y 31%, del presupuesto de la Federación.

El monto presupuestado para 1982 se ha situado en el orden de un billón 270 mil millones de pesos, que significa una tasa de crecimiento del 56% respecto al año anterior, y una participación del 15% en el producto interno bruto y de 30% en el presupuesto de egresos de la Federación.

En apoyo a las actividades prioritarias, de un total de 430 mil millones de pesos canalizados en 1981, el 54% se asignó a alimentación, salud y vivienda, porcentaje que en el presupuesto de 1982 se elevó hasta el 60%.

Por su parte, los subsidios orientados a alentar las actividades productivas, se han expandido acusadamente de 138 mil millones en 1981, a 194 mil millones en 1982.

Relevante importancia en la transmisión de subsidios lo representa el sistema de incentivos fiscales (CEPROFIS).

En 1981 se otorgaron 11 mil 600 millones de pesos, de los cuales el 79% se destinó a la inversión y el empleo.

La política de trasferencias y subsidios ha venido acompañada además de una sólida política de gasto orientada a los mínimos de bienestar, es decir, a educación, salud, vivienda, alimentos y particularmente atención a marginados.

Como lo prometimos, hemos proporcionado educación primaria a todos los niños mexicanos, y secundaria al 90% de los egresados de primaria.

Se ha disminuido significativamente el índice de analfabetismo, hemos incrementado en una forma extraordinaria el número de centros de estudios tecnológicos, de 14 a 220, con lo que sus alumnos pasaron de casi 10 mil a más de 120 mil; hemos cuadruplicado la matrícula del sistema de educación terminal, duplicado de la educación terminal, duplicado la de educación superior que para el ciclo 1982- 1983 llegó a 1 millón 70 mil alumnos.

Creamos la Universidad Pedagógica Nacional que contribuye a la superación profesional de 104 mil maestros normalistas.

En el campo de la ciencia y la tecnología, hemos buscado la autodeterminación.

Ahora se dedican a esta materia, seis veces más recursos que hace seis años, y el número de becas otorgadas creció en 10 mil.

Se ha democratizado y ampliado, como nunca antes, las oportunidades y acceso a la cultura, con recursos y eventos multiplicados.

Con la reunión de prácticamente todos los países del mundo agrupados en la UNESCO para ocuparse de las políticas culturales, expresamos la importancia que a la materia otorgamos, considerando que de conformidad con nuestra constitución, la cultura, contra lo que la frivolidad crítica opina, no es lujo, sino la culminación de nuestra democracia y factor connatural de nuestra expresión nacional y de nuestra identidad.

Satisfechos estamos con el apoyo que otorgamos a los distintos aspectos culturales, incluido el deporte.

Estamos en lo dicho, la educación es el primer servicio al que se obliga la Nación.

Hace seis años, sólo el 60% de los mexicanos contaban con servicios médicos.

Hoy, el 85% de la población del país, es decir, casi 60 millones de mexicanos tienen acceso a la atención médica que prestan todas las instituciones de salud del país.

Se han mejorado las condiciones de vida de grandes núcleos de nuestra población, al desarraigar padecimientos, atacar a fondo el problema de la desnutrición y establecer sistemas de medicina preventiva que, por supuesto, incluyen el mejoramiento ambiental.

Parte importante de esta acción ha sido el desarrollo del Sistema Cartilla Nacional de Vacunación puesto en marcha hace tres años.

Los resultados son satisfactorios: contamos con 5 millones de constancias de registro y más de 14 millones de cupones de vacunación.

El número de dosis de vacunas aplicadas en el sexenio alcanza casi 105 millones.

El área metropolitana de la ciudad de México ha reducido su tasa de crecimiento, de 4.6% en 1977, a 4% en 1981.

Su población total ha quedado en un millón 500 mil por debajo de las proyecciones previas a la acción reguladora, lo que permite prever que al final del siglo, esta área no rebasará los 23 millones de habitantes.

El gasto corriente del Departamento del Distrito Federal se redujo de 92 a 30 centavos por peso fiscal.

Leyes y reglamentos actualizados sustituyen obsoleta legislación y desconcentran funciones que propician el acercamiento del Gobierno a nuestro pueblo, organizado en forma participativa y consultiva.

Trescientas veinticinco mil 152 familias recibieron el título de propiedad de sus hogares y con ello la seguridad para fincar su casa, el derecho a reivindicar su dignidad y a promover la paz y la integración social.

Tres mil 250 kilómetros de tubería para agua potable, abastecen a 4 millones de habitantes más.

Longitud de líneas mayor que la distancia de Cancún a Brasil o de París a Moscú.

Esfuerzo titánico.

Seis mil litros por segundo incrementan el volumen de agua potable de la ciudad gracias a las obras de Cutzamala y otras más.

El laboratorio de control de calidad garantiza la pureza del agua.

Siete plantas tratan aguas residuales para ahorrar la potable.

El drenaje profundo se prolongó en 22 kilómetros y se concluyó el entubamiento del río Churubusco, por 20 años anhelado.

El metro, que en 1976 tenía 37.3 kilómetros y 528 carros en que transportaba un millón 600 mil pasajeros al día, en 1982 tendrá 80 kilómetros de longitud y transportará, en noviembre, con mil 386 carros, 5 millones 500 mil pasajeros- día, casi 4 veces más que al principio del régimen.

Quedan en proceso de construcción 31 kilómetros y 742 carros.

En septiembre de 1981, por convenir así a la comunidad, fueron revocadas las concesiones del servicio de autobuses que quedó municipalizado.

Funcionaban 4 mil camiones.

En noviembre operarán 8 mil. Se habrá duplicado la oferta y acabado la anarquía.

Hay 34 ejes viales, con 500 kilómetros de longitud.

Constituyen la nueva traza de la urbe.

Ocho y medio kilómetros de anillo periférico ampliados, 8 kilómetros más de circuito interior y grandes puentes, mejoran la vialidad urbana.

El Colegio de Policía es piedra de toque de la transformación técnica y moral de quienes deben velar por la seguridad pública.

Emprendimos la recuperación del cinturón verde de nuestra capital con 119 millones de arbolitos sembrados.

La Central de Abasto se construye en 327 hectáreas, constituye el elemento regulador de la oferta y la demanda y el primer eslabón del Sistema Nacional de Abasto y la despensa operativa de la gran capital.

El Templo Mayor de los Aztecas emergió en nuestro tiempo como símbolo de una cultura superior.

Junto con el Centro Histórico restaurado en su primera etapa devuelven señorío y preservan la historia magnífica de Tenochtitlán, de la Ciudad de los Palacios y del México de nuestros días.

La tasa de crecimiento del área metropolitana de Monterrey disminuyó de 5.2% en 1970, a 2.5% en 1980, y la de Guadalajara de 5.2 en 1978 a 4.4% en 1982.

Importantes obras de suministro de agua y servicios básicos se cumplen en ellas.

Igual importancia se ha dado a la cobertura de servicios mínimos a las poblaciones dispersas.

Si bien ha aumentado el número de localidades con menos de 2 mil 500 habitantes, la construcción de infraestructura y la prestación de servicios rurales concentrados, permiten que varias pequeñas localidades se integren y funcionen como un solo centro de población.

Como complemento a estas acciones se han fortalecido las ciudades medias.

Ahora el país cuenta, además de las tres áreas metropolitanas, con 11 ciudades de importancia estratégica para el desarrollo del país.

Los mexicanos en busca de mejores oportunidades de vida, tienen ya nuevas opciones para su asentamiento.

Se construyen y funcionan parcialmente los puertos industriales, concepción fundamental que revolucionará nuestra demografía asociada a la producción para exportar, única estrategia capaz de generar los nuevos empleos que necesitamos.

Para avanzar en la tarea de darle vivienda digna a cada familia, se construyeron 807 mil nuevas viviendas, de las cuales 262 mil correspondieron al año en curso.

Se dio impulso a programas específicos de abastecimiento de materiales de construcción, el desarrollo de tecnología para los sistemas de autoconstrucción y la creación de un sistema de financiamiento de viviendas de interés social para los sectores de población de bajos ingresos.

Todo esfuerzo en este sector es, sin embargo, pequeño.

La magnitud del problema rebasa con mucho las posibilidades del Estado.

Será necesario avanzar en fórmulas compartidas de construcción y financiamiento y en crear y organizar más la industrialización de la vivienda.

En materia de agua potable, para el 30 de noviembre de este año, quedará atendido el 70% de la población.

El patrimonio histórico y cultural de un pueblo es la herencia más valiosa que un país puede dejar a sus hijos y debe considerarse como parte de los mínimos de bienestar.

En la presente administración, se han realizado 630 obras en sitios y monumentos de patrimonio cultural con una inversión de 2 mil 500 millones de pesos.

Además del de la ciudad de México, se realizan acciones en otros 7 centros históricos de la República.

Seis años no han bastado para saldar una deuda acumulada en siglos con los desposeídos y marginados, pero el país tiene conciencia del rezago y el Gobierno ha tenido la voluntad de conquistar la justicia.

Multiplicamos por 87 el monto de los recursos destinados al medio rural marginado.