Discurso de José López Portillo en su Sexto Informe de Gobierno

Chapter 3

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- Primero, utilizar los recursos del petróleo para la importación de los alimentos y los productos industriales cuya producción interna se reduciría como consecuencia de una apertura drástica e indiscriminada del mercado externo.

Con eso se contribuiría a la recuperación de la economía de los países avanzados deprimidos.

Nos negamos a ello.

No ingresamos al GATT.

Los transnacionalizados nos imputan ese grave pecado.

Después y en consecuencia, frenar aquí la expansión de la planta industrial y de aquellos productos agrícolas abundantes en el mercado internacional.

Se pretendía que contribuyéramos así a utilizar la capacidad ociosa existente en los países avanzados, lo que concurriría al fortalecimiento de un mercado neutro, calificado como más racional y no a que fortaleciéramos nuestra producción interna, agrícola e industrial, calificada de ineficiente, se llama por los poderosos, favorecer "mezquinos intereses nacionales".

- Por último, reducir al máximo la acción pública sacrificándola al concepto de equilibrio pasivo de finanzas públicas.

Lo anterior afectaría principalmente los servicios de Salud, Educación y Combate a la Marginación y se reducirían, entre otros, los subsidios a los alimentos básicos y al transporte colectivo urbano.

Nos opusimos a ello.

Ortodoxas tecnocráticas nos imputan este grave pecado: se llama gasto público romántico, orientado al absurdo de combatir la pobreza, la marginación, la ignorancia, la insalubridad y el desempleo.

Como si éstas no fueran las justificaciones finales de nuestro proyecto nacional.

Es cierto, aquella opción alternativa "fácil" que hubiera seguido la línea de menor resistencia a los intereses de poderosos y reaccionarios y que ha sido adoptada por otros países, tal vez habría moderado algunos de los desequilibrios financieros que hoy día enfrenta México.

En contrapartida, difícil hubiera sido la apertura política consagrada en la reciente contienda electoral; la elevación del nivel de vida material y cultural de la población basada en una expansión rápida del empleo; los avances logrados en el establecimiento de una estructura capaz de generar un crecimiento de largo plazo, que nos garantizará el futuro, una vez superadas las actuales restricciones financieras y, el merecido respeto que se ha ganado México con su acción solidaria y constructiva a nivel internacional.

Autodeterminándonos, seguimos nuestro Proyecto Nacional.

Resistimos las presiones.

Ahora sufrimos consecuencias y tenemos que hacer una pausa; pero con la certeza tangible de que tenemos una base productiva creada y una posición respetable en el mundo.

Muy grave hubiera sido que los obstáculos que se generaron y prevalecen para impulsar un Proyecto Nacional Autónomo en condiciones internaciones adversas, nos hubieran llevado, por temor a abandonarlo.

Luchamos al límite de nuestras fuerzas.

Estamos detenidos.

Aprovechamos el tiempo para consolidar lo que en oportunidad y prisas, dejamos suelto.

No nos abandonemos ni a la inercia ni al miedo.

Entendamos para ello, lo que ha ocurrido en el mundo.

Ciertamente, la falta de concordancia entre un adelanto industrial cuya tecnología avanza a saltos cada vez más impresionantes y una estructura financiera mundial que sólo ha respondido al reto tecnológico con el impulso primario de detenerlo, se hace cada vez más aparente.

Y nos ha dificultado nuestro proceso.

La peste financiera hace estragos crecientes en todo el orbe.

Como en el medievo, arrasa país tras país.

La transmiten las ratas y su saldo es desempleo y miseria, quiebra industrial y enriquecimiento especulativo.

El remedio de los curanderos es privar al paciente de alimentos, someterlo a descanso forzoso.

Quien proteste debe ser purgado y quien sobreviva atestigua su virtud frente a los doctores de dogmas añejos y prepotentes y egoísmos hegemónicos ciegos.

La recesión económica se acentuó a nivel mundial de 1977 en adelante.

Cada año es menor el crecimiento, cada año son menores los flujos de comercio entre países, pues requieren menores cantidades de mercancías, de materias primas para una actividad declinante.

Cada vez más grande la deuda de los países pobres.

En ese estancamiento cada vez más extendido, el crecimiento de la economía mexicana durante el período 1977- 1981 despierta, primero, asombro, luego envidia y la ambición de compartirlo canalizándonos sus productos excedentes.

México surge como figura mundial.

Esto finalmente preocupa e induce a frenarlos.

Por eso, es importante ubicar con precisión el contexto internacional y la posición relativa de México.

No para excusar nuestra responsabilidad en los males de muchos; sino para entender, saliéndonos del campanario.

Recordemos que somos un país en desarrollo que se esfuerza por crecer en un mundo desordenado.

Hostil, crucificado por los cuatro rumbos cardinales.

Lo malo no es haberlo hecho bien entonces, sino no hacerlo bien ahora.

Para cumplir nuestros planes sectoriales, compatibilizados en el global, teníamos que gastar y pedir prestado para comprar afuera lo que necesitábamos - maquinaria, equipos, insumos- , que para eso sirven las divisas.

Ahora gasto público y deuda externa, satanizados, se convierten no sólo en acusación, sino en condena del esfuerzo nacional cumplido.

Se ponen en una sola columna como "debe" y se ignora, olvida u oculta, la otra, la del "haber".

Porque no hemos contraído deudas a lo loco, sino para hacer cosas que ya están hechas o se están haciendo y que se quedan en México.

A ellas voy a referirme.

Veamos a grandes rasgos, pero indicativos, lo que con fisco y crédito hemos gastado y logrado y que está en el país materialmente, como pozos, plataformas, ductos, fábricas, transportes, caminos, escuelas, hospitales, hoteles, planta para trabajadores, maestros, médicos, técnicos, etc.

Del cuadro de lo claroscuro, es la parte luminosa, después veremos la sombra.

Empecemos por el petróleo, prioridad expresa y fundamento de confianza que nos permitió impulsar el país.

En 1976, las reservas probadas eran de 6 mil 338 millones de barriles; hoy son de 72 mil 8 millones.

Lo que nos hace pasar del décimo octavo, al cuarto lugar, después de la URSS, Arabia Saudita e Irán.

La relación reserva producción es de 55 años, mientras que en 1976 era de 19 años.

Las reservas probables son de 90 mil millones de barriles, y las potenciales son de 250 mil millones de barriles.

Como lo demuestran las estadísticas del mundo petrolero, México ocupa la cuarta posición en reservas probadas a partir de 1982 y en gas natural el séptimo lugar.

Nuestra meta de exportación promedio en este año será de alrededor de 1 millón 500 mil barriles diarios, con un ingreso de más de 14 mil millones de dólares. Hace seis años, no exportábamos prácticamente nada.

En los últimos años México hizo un esfuerzo sin parangón en el mundo.

Recordamos que en 1976 la producción nacional de petróleo era de 800 mil barriles diarios, que aumentó tres veces y medio hasta llegar a 2 millones 850 mil en 1982.

La del gas se duplicó, logramos subir de la décima tercera posición a la cuarta, rebasando después de la URSS, Arabia Saudita y Estados Unidos.

Dentro de los países en desarrollo tenemos el segundo lugar.

La participación de nuestra producción petrolera en el mercado mundial creció dos veces y media.

La producción de gas se duplicó al pasar de 2 mil 100 barriles en pies cúbicos en 1976 a 4 mil 300 millones en 1982 y su aprovechamiento es casi del 98%.

Ya no lo quemamos ni en tierra ni en mar como era nuestra preocupación hace cinco años.

En petroquímica, la capacidad instalada se eleva de 4 millones de toneladas en 1976, a 14 millones en este año.

En los últimos cinco años han iniciado sus operaciones 23 plantas petroquímicas y 21 unidades de apoyo.

El último año, entró en servicio el complejo "la cangrejera", el complejo unitario más grande del mundo, que incluye veinte plantas industriales.

Entre las grandes inversiones efectuadas en este sector destacan la línea troncal del sistema nacional de gas, el conjunto de 58 plataformas marinas instaladas en la sonda de Campeche; la red de oleoductos submarinos, en esa misma zona, con una longitud de 673 kilómetros, además de las refinerías de Cadereyta y Salina Cruz, las grandes obras portuarias en dos bocas, Cayo de Arcas, Salina Cruz y Lázaro Cárdenas- Las Truchas.

El programa de inversiones de Pemex en Petróleo y Petroquímica en el periodo 1977- 1981, de 27 mil millones de dólares, equivale a casi tres veces el programa de la nave espacial Columbia, que se ha desarrollado durante diez años.

En términos de inversión casi triplica el gasoducto europeo actualmente en discusión y su magnitud prácticamente duplica los préstamos que el Banco Mundial ha efectuado a América Latina en un periodo equivalente de tiempo.

Debemos decirlo, para saber lo que hemos hecho, y con qué lo hemos hecho.

Un programa de la magnitud y complejidad técnica como el cumplido por parte de una empresa pública nacional, debe hacer reflexionar respecto a la enorme capacidad de realización que existe en la sociedad mexicana.

Fue un logro.

Avanzamos.

Sin duda que es posible identificar errores y omisiones y esto debe hacerse y las correcciones deben introducirse en el futuro; pero tal vez la lección más importante que el país puede extraer, se refiere a la comprobación de que la voluntad política de defensa del interés nacional, la organización de nuestros trabajadores y técnicos, unidos a la movilización del conjunto de la sociedad, puede permitirnos realizar tareas de las cuales podrán legítimamente enorgullecerse las próximas generaciones.

Cuando haya perspectiva y no irritación.

En la rama eléctrica casi doblamos la oferta entre 1977 y 1982, con lo que se cubrió la demanda y se alcanzó a las dos terceras partes de la población rural.

Nos comprometimos a dejar una capacidad de 8 millones 500 mil kilowatts en proceso de construcción.

Superamos la meta y están en proceso 9 millones 600 mil kilowatts.

Se terminaron impresionantes obras con alta y creciente tecnología, equipo y piezas de fabricación nacional.

Gracias a ellas ampliamos, de 1977 a la fecha, en 63% la generación termoeléctrica, en 44% la hidroeléctrica y en 240% la geotérmica.

La red de líneas de transmisión creció más de 60%, se aumentó en casi la mitad las subestaciones de transformación, se concluyo el cambio de frecuencia de 50 a 60 ciclos por segundo y el número de usuarios aumentó en 42%.

Hemos diversificado las fuentes de generación.

Especial atención ha recibido aquella que utiliza carbón y energía nuclear.

En Río Escondido, Coahuila, y en Laguna Verde hay ejemplos de lo que con imaginación, esfuerzo y capacidad de adaptación puede hacerse para ir transitando de la época del petróleo a la de otras fuentes más permanentes de energía.

De mi parte, a los técnicos, a los administradores y a los trabajadores petroleros y electricistas, mi emocionado agradecimiento.

Una vez más este sector afirmó la fuerza y el destino nacional.

Un abrazo.

En 1977, se comercializaron 3 millones de toneladas de fertilizantes y ahora son 4 millones 500 mil.

Estamos, además, por triplicar la capacidad instalada.

En cuanto al acero, el sector público ha elevado su participación al 60% de la oferta nacional.

En 1981, se produjeran 4 millones 300 mil toneladas y están en proceso importantes obras de ampliación.

El país en su conjunto ha pasado de 5 millones 300 mil toneladas en 1976, a 7 millones 600 mil en 1981.

Los programas de fomento del Estado se han extendido a casi todas las actividades industriales a lo largo de todo el sexenio.

A través de esos programas, el 52% de la nueva inversión del sector manufacturero, se ha ido ajustando de manera creciente a las prioridades establecidas: agroindustria, bienes de capital e insumos estratégicos para el sector, como el cemento y el acero.

En el período 1977- 1981, se pusieron en marcha 42 proyectos de bienes de capital con una inversión aproximada de 45 mil millones de pesos.

Entre 1981 y 1985, deberán entrar en funcionamiento, plantas productoras de bienes de capital e industria naval que representan aproximadamente 90% de esa inversión.

Este esfuerzo notable, es base de consolidación.

En un área estratégica, representa un salto de la industria nacional en la integración del aparato productivo y en el nivel tecnológico.

Lo alcanzado confirma la potencialidad empresarial nacional, pública y privada y la importancia de articular internamente las demandas de las empresas públicas, los productores nacionales, las empresas de ingeniería y la infraestructura tecnológica de apoyo.

México está intentando, en esta área de bienes de capital, como en muchas otras, realizar en unos cuantos años lo que los países industrializados han logrado en más de dos siglos.

Era eso, o abandonar el proyecto nacional.

Estamos en el camino de producir los bienes de capital que contribuyan a aumentar nuestra capacidad de autodeterminación.

Tiene un costo.

Lo sabemos.

Pronto nos beneficiará.

Fue un logro.

La distribución regional del empleo generado por esas inversiones acusa también un nuevo equilibrio.

El 50% de las nuevas plazas generadas por los compromisos de inversión, se asientan en los cuatro puertos industriales, en las ciudades de mayor prioridad para el desarrollo urbano industrial, y en los municipios destacados por los ejecutivos estatales para ordenar su propio desarrollo regional.

Fue otro logro.

Las empresas maquiladoras, han aumentado en el volumen y valor de sus ventas y ocupan ya a 132 mil personas.

Dentro de este gran esfuerzo nacional desplegado en materia industrial debe resaltarse el realizado por las empresas estatales.

La inversión realizada por el sector paraestatal durante 1977- 1981, alcanzó la suma de 875 mil millones de pesos.

Así, durante los últimos cuatro años, el producto interno bruto de la industria nacional en su conjunto, se elevó a una tasa casi del 9%.

Es decir, creció a un ritmo similar al previsto para ese periodo en el Plan Nacional de Desarrollo Industrial.

Es más, todavía en 1981, excedió en casi un punto dicho promedio.

El crecimiento de la ocupación industrial volvió a superar en 1981 el 7%, lo que viene a consolidar los logros de un quinquenio que se caracterizó por una tasa anual promedio de aumento del empleo del 5.5%, cifra sin paralelo en la historia del país.

Fue un logro.

Satisfacer la creciente demanda de transportes y de comunicaciones que se hizo crítica en el auge, hasta convertirse en cuello de botella, ha requerido ampliar y modernizar los sistemas utilizados en la prestación de los servicios, dentro de un marco de congruencia con las necesidades del país.

En esta forma hemos enfrentado tanto las deficiencias de corto plazo, como las necesidades de rehabilitación y desarrollo del sector.

Entre 1977 y 1981 el autotransporte público de pasajeros mostró un incremento promedio de 12.1% anual, mientras que el de carga lo hizo al 10.0%.

En materia ferrocarrilera se procedió a la fusión administrativa de las cinco empresas para aprovechar racionalmente los recursos disponibles al mismo tiempo que se les dotó de fuerza tractiva y equipo de arrastre.

Se construyeron 200 kilómetros de tramo Coróndiro- Lázaro Cárdenas, de tramos de vía doble y el inicio de electrificación.

Se logró un rápido crecimiento de las dos grandes líneas aéreas nacionales que culminó en su reunión administrativa y operativa para atender con la máxima eficiencia la demanda nacional y extranjera.

Se amplió notablemente la infraestructura de telecomunicaciones a través de la extensión de la red telefónica de microondas, télex y facsímil.

Especial atención merece la creación de un centro de cómputo y comunicación que permitirá en el largo plazo, generar eficientes avances en la integración de Sistemas Públicos Bancarios, Comerciales y Económicos en general, así como el mejor control y registro de fondos y su utilización más eficiente, sustituyendo con mayores seguridades y confiabilidad, papeleo, burocracia y gastos.

Se extendió la cobertura de televisión de la República Mexicana antes Televisión rural, de 9 a 90% de la población, con lo que se proporciona señal para telesecundaria a 300 mil niños y se apoyan los programas de alfabetización, educación primaria y superior; capacitación a campesinos, y programas de alto contenido social y cultural.

El turismo receptivo de internación y fronterizo, segunda actividad generadora de divisas en el país, de 1976 a la fecha ha captado por ese concepto más de 6 mil millones de dólares, con lo que nuestra balanza, aunque ha disminuido, es favorable.

Por lo que se refiere al turismo interno, éste aumentó en 2 millones 400 mil respecto al año anterior, llegando a más de 22 millones, en su mayoría trabajadores que ejercen su legítimo derecho al descanso creativo.

Como un apoyo al financiamiento del turismo social se creó Bantur y el Fideicomiso para el turismo obrero.

La oferta de hospedaje ha pasado en esta administración de 192 mil cuartos a casi 250 mil, que junto con el sistema nacional de reservaciones, la empresa multimodal de servicios turísticos, el programa nacional de asistencia técnica y el de capacitación, contribuyen a establecer el equilibrio entre la oferta y la demanda de servicios turísticos.

En este sector se generaron casi 160 mil empleos, es decir. 30% más que hace 6 años.

Razones de justicia social y soberanía nacional nos impulsaron a dar prioridad a la producción de alimentos.

El propósito era acabar con la dependencia del exterior en granos básicos, riesgosa para nuestra autonomía económica y política, y acortar el creciente rezago de la población rural frente a la urbana, provocado por las características del desarrollo del país.

Los resultados obtenidos han sido alentadores y justifican ampliamente nuestra decisión.

La alianza para la producción, entre estado y campesinos, permitió que el volumen de los diez principales cultivos, que en 1977 era de 19 millones 987 mil toneladas, se elevara en 1980 a 23 millones y medio y que en el ciclo agrícola 1981 el país lograra producir 28 millones 600 mil toneladas de granos y oleaginosas, es decir, 60% más que hace 6 años.

A partir de marzo de 1980, propuse a la nación el Sistema Alimentario Mexicano, en diciembre de ese mismo año, este honorable Congreso de la Unión aprobó la ley de Fomento Agropecuario.

Ambos instrumentos han vigorizado nuestras tareas en el campo, de manera que pudimos llegar a la meta que nos propusimos: ser autosuficientes en maíz, frijol, arroz y trigo.

Así, la alimentación de un pueblo que ha crecido a más de 11 millones de personas de 1976 a la fecha, está garantizada.

En trigo, durante el ciclo invernal 1981- 1982, se logró una extraordinaria cosecha sin precedente de 4 millones 300 mil toneladas, con lo cual logramos con amplitud la autosuficiencia en este cereal.

Durante el período que se informa, se batieron registros en la producción de maíz, frijol y arroz, con 14 millones 766 mil toneladas, 1 millón 469 mil y 644 mil toneladas, respectivamente.

Los incrementos fueron del orden de 19, 51 y 41% en relación con el año anterior.

Al conseguir la autosuficiencia en estos productos, echamos abajo lastres que pesaban sobre la conciencia nacional.

Ahora el país cuenta con las reservas de granos más elevadas de su historia.

Nuestros campesinos desmintieron así a los fatalistas; a aquellos escépticos que siempre han puesto en tela de duda la capacidad de la nación para seguir avanzando en la independencia y la justicia.

Nuestra frontera agrícola se amplió en la presente administración, en 3 millones 350 mil hectáreas, 2 millones 387 de temporal y 963 mil de riego, la mayor superficie abierta al cultivo durante un sexenio en la historia de México.

El esfuerzo fue totalizador y así el sector agropecuario reconquistó su dinamismo y superó el abandono, al mantener una tasa promedio anual de crecimiento de 4.5%.

En 1981 el desarrollo fue extraordinariamente elevado con un 8.5%, es decir, crecimos 8 veces más rápido que en los seis años anteriores, lo que subrayamos con legítima satisfacción.

Fue un logro.

Es importante destacar también, que sin el esfuerzo del SAM hubiéramos requerido importar varios millones de toneladas de granos y oleaginosas y no hubiéramos alcanzado un aumento importante en el empleo y bienestar campesino, con lo que nuestras ciudades se verían más agobiadas.

Acreditar el mérito de este hecho a los campesinos del país es un acto de estricta justicia.

A ellos, que durante este tiempo se la jugaron por México, a despecho de sus carencias ancestrales, de la incomprensión de muchos y hasta de las condiciones climatológicas adversas, mi más sincero, caluroso y cabal reconocimiento.

El Sistema Alimentario Mexicano, ha dejado de ser un programa del Gobierno para convertirse en tarea fundamental de la nación; en el replanteamiento exitoso del papel de la agricultura en el desarrollo del país, con proyección a otras naciones que han aceptado sus principios básicos y que comparten con nosotros la prioridad de alimentar a su pueblo sin menoscabo de su soberanía nacional, dentro de un nuevo esquema de desarrollo, en el que se concilien producción, distribución y consumo de alimentos, con fortalecimiento del ingreso de los campesinos, soberanía, política y justicia, en un mismo y noble esfuerzo.

Quiero destacar que el éxito de la prioridad alimentaria, se dio dentro de las instituciones dinámicas de la reforma agraria, activada por la Ley de Fomento Agropecuario.

Los campesinos de México con el apoyo del Estado convirtieron la revolución, en producción eficiente.

Para eso se repartió la tierra, para trabajarla y hacerla producir, no para enriquecer estadísticas con qué calmar exigencias revolucionarias.

No es suficiente la igualdad, que se deriva del reparto.

Se puede repartir miseria igual.

Necesaria es la justicia que sólo se da si hay producción con qué mejorar.

De ahí nuestro recio esfuerzo en elevarnos del reparto, al fomento de la producción.

Está ya probado que, con las formas de tenencia de la tierra, aliadas entre sí y con el Estado, se puede llegar a formas superiores de organización del trabajo agrícola.

Esta es la real revolución que se inicia, claro, con la satisfacción del reparto; pero que sólo se conforma con la producción, que es la garantía real de justicia al campesino y la seguridad de la soberanía para la nación.

A lo largo del sexenio, se ejecutaron 3 mil 697 resoluciones dotatorias de tierras, a través de las cuales se entregaron físicamente 15 millones 720 mil hectáreas en beneficio de 304 mil 886 familias campesinas.

Se avanzó en el reparto.

Desahogamos 100 mil expedientes con los que prácticamente nos ponemos al corriente.

Se avanzó en el rezago administrativo.

Se entregaron 10 mil 570 carpetas de documentación básica a igual número de ejidos, que amparan una superficie de 35 millones de hectáreas.

Se entregaron 534 mil certificados de derechos agrarios y 375 mil de bienes comunales, así como 16 mil 340 certificados de inafectabilidad agrícola.

Ello, garantiza y acredita la posición y usufructo de la tierra y genera certidumbre y seguridad en casi un millón de familias campesinas.

Además, 305 mil 536 familias que vivían en asentamientos irregulares, que representan casi 2 millones de mexicanos en todo el país, fueron beneficiados con la entrega de títulos de propiedad.

Se avanzó en la documentación formal.

La Reforma Agraria está en marcha: es la de los ejidatarios, comuneros, pequeños propietarios, resueltos a llenar los graneros y ganar la tranquilidad alimentaria del país.

En apoyo del Sistema Alimentario Mexicano, la pesca pasó de ser, de mera expectativa, a un sector que constituye una fuente fundamental de trabajo, alimento y divisas para el pueblo de México.

Hasta 1981 generó 80 mil plazas permanentes, ofreciendo así ocupación indirecta a más de 200 mil personas.