Part 2
Es curioso cómo la polémica inversión del Estado-inversión privada se resucita con una regularidad casi cronométrica cada principio de sexenio. Hay aquí una paradoja: a los grandes inversionistas les gusta invertir donde por reglamentación no pueden. Parece ser el típico antojo del fruto prohibido. México tiene una tradición de empresa de Estado: para el control de los recursos naturales, renovables o no; para los servicios públicos concernientes al Estado; para inversiones convenientes al país, pero de redituabilidad a largo plazo, que el sector privado no apetece; para desarrollar zonas deprimidas; para crear polos de desarrollo económico y social; para suplir omisiones; para promover actividades privadas complementarias de la inversión pública.
Vengo de la empresa pública. He puesto todo lo que he podido a su servicio. En ella he creído encontrar un factor transformador de la realidad nacional para el bien, que sólo los ciegos pueden negar. Toca a la empresa de Estado o paraestatal ser modelo en sus relaciones con los trabajadores, crear conciencia en éstos de su trabajo, de lo que con él se produce para la nación. En nuestra acción transformadora, la empresa de Estado desempeña un papel decisivo.
La militancia política la inicié en 1939 como modestísimo ayudante del gran revolucionario Heriberto Jara en el Partido de la Revolución.
Porque tenemos un pensamiento económico y social, estamos convencidos que Revolución y poderío económico personal no son conciliables. En este partido no tienen lugar los económicamente poderosos ni aquellos que los sirven.
México dispone de una amplia clase media, en ciertas capas pujante en el crecimiento; en otras, incierta todavía en su función social y atemorizada. Tradicionalmente se pensó que las clases medias eran estabilizadoras. En la actualidad, en los países en vías de desarrollo o subdesarrollados, las clase medias son inestables e inestabilizadoras. Queremos que la clase media mexicana sea levadura para el progreso integral de México. Trataremos de dialogar con todas las capas de esta clase media. Su participación creciente en la vida política asegurará sus legítimas aspiraciones y contribuirá al futuro común de los mexicanos. Singular importancia tendrá la mujer en las actividades de nuestro Partido. Ejerciendo sus derechos ciudadanos, contribuirá con su especial enfoque el análisis de las situaciones políticas y podremos aprovechar su concurso decisivo.
Cuidémonos de los a prioris, de lo preestablecido. Bienvenido todo lo que de dentro de nuestro Partido o de fuera ayude a la renovación permanente en que vamos a vivir. Lejos estamos de ser una organización inmutable. No tenemos ataduras. Creemos que la palabra revisión es clave para la acción revolucionaria.
Lo hemos dicho y lo reiteramos: somos partidarios de reformas revolucionarias, no reformistas; reformas rápidas y profundas, pero armonizadas entre sí y con el todo social, de modo que su adopción no resulte contraproducente al objetivo de justicia social y libertad personal que perseguimos.
Nuestra Revolución es nacional, popular, social, democrática y liberal. Liberal exclusivamente en el sentido ético-político, en cuanto cree en la alta estirpe de la libertad espiritual del hombre, en cuanto para ella, desde sus orígenes, restringir o lesionar la libertad de un hombre es restringir o lesionar la libertad de todos los demás hombres. Nuestra Revolución es democrática porque cree que el pueblo es el autor y actor de su propio destino. Es social porque cree que no puede haber auténtica libertad individual si no se garantiza el justo reparto de bienes. Es popular porque nació del pueblo mismo y es éste quien la sigue realizando. Es nacional porque nació de ingentes realidades propias y de ideas universales debidamente asimiladas, con el método de incorporar y desechar.
Es nacional porque tiene su propia línea independiente. Esta línea nacional independiente no nos excluye del mundo. Todo partido nacional y revolucionario debe tener una posición internacional. Nosotros la tenemos: somos antiimperialistas; estamos con los pueblos que luchan por su libertad, que se oponen a la intervención, que intentan romper las cadenas de su opresión. Con particular calor y afecto estamos con las causas de los pueblos hermanos de Latinoamérica.
Todas las causas justas en el mundo contarán con nuestra simpatía y solidaridad. Estamos con las causas de los pueblos oprimidos y, en primer lugar, con la de los oprimidos de México. Somos independientes de las directrices de otros países, sean revolucionarios o no. Nunca deberemos estar sujetos a consignas externas. Ni emblemas, ni símbolo, ni nominalismos nos obligarán a seguir líneas que no correspondan a nuestra línea nacional de independencia, solidaridad con los pueblos oprimidos, antiimperialismo, frontera abierta a todas las ideas y libertad para seleccionarlas y practicarlas. Lo que no queremos que nos hagan, no queremos que se lo hagan a ningún pueblo. Juárez dio un ejemplo de validez universal. A todos aquellos que luchen por la independencia de su pueblo, como Juárez, nuestra solidaridad.
Apoyaremos a los pueblos en sus contiendas; condenaremos a gobiernos que, por potencia nacional u otras causas, sigan políticas contrarias a la independencia de las colectividades, a su autodeterminación; a las pugnas de cada pueblo por forjarse su destino y su modelo a alcanzar, acorde con su propia peculiaridad. Defenderemos los derechos de todos los pueblos para obtener su modelo nacional y por seguir su vía nacional.
La política demanda pasión, pero, a la par, mesura, sosiego interno, dominio de sí mismo, para no intentar dominar a otro u otros; aspirar a dominar las cosas y no los hombres. Estamos al servicio de la libertad de todos: queremos hombres libres en los sindicatos, en las ligas campesinas, en las organizaciones populares; hombres libres en los partidos, hombres libres en la sociedad.
Vamos a hacer política. La política -"difícil pero preciosa" - abarca muchas cosas, pero si en algo hay consenso, éste consiste en que es educación, empezando por la propia y la autoeducación colectiva. Hagamos, pues, política en todas partes: en el hogar, en el ejido, en la fábrica, en las escuelas, en los municipios, en los clubes y asociaciones; política en todas partes y a todas horas.
Tenemos mucho que hacer, pues perseguimos un enorme propósito: que nuestro Partido sea el pueblo -revolucionario por antonomasia- unido y organizado. Para cumplir nuestras tareas todo nos podrá faltar, menos esperanzas. Estamos obligados a emprender numerosas acciones, pero con realismo, sin el enervante pesimismo ni el ingenuo optimismo. Con decisión, audacia y cautela, con un optimismo saludable, por realista, iniciamos una nueva etapa en la vida de nuestro Partido.
Categoría:Discursos de Jesús Reyes Heroles