Discurso De Jesus Reyes Heroles Con Motivo Del 61 Aniversario D
Chapter 2
Los escollos que habrá que vencer no se nos ocultan: un cacicazgo que a pesar de todo perdura, sea cual fuere su naturaleza, primitiva o sofisticada; una ambigüedad entre función pública y negocio privado; un exceso de poder; una administración pública mandarinesca que pone trámite sobre trámite, albarda sobre aparejo, que enmaraña y empapela procesos, reserva decisiones intrascendentes y produce laberintos con aparatos paralelos; una burocracia de abejas con horror a la responsabilidad, que no queremos que, desbordando sus limites, se sirva de sus fuerzas, levante su propio poder, alimentado por su posibilidad de nombramientos y prebendas, por la fuerza de las rutinas, que podría burocratizar la política misma; una deshonestidad que aparece en un cuerpo extremadamente poroso y sediento. Constituyen vicios que se oponen al fortalecimiento del federalismo mexicano, muchos de los cuales está combatiendo la Reforma Administrativa, que si a algo aspira es a simplificar.
Asimismo, militan contra nuestro federalismo las tendencias, desgraciadamente no incipientes, a un desarrollo monopólico en lo industrial, en lo comercial y en lo financiero, con localizaciones arbitrarias en el país y enclaves centralizadores muy precisos. Frecuentemente, la concentración impide la concertación, norma de entendimiento en una economía mixta dirigida por el Estado, como la nuestra.
La concentración del saber técnico o humanista, con vanidosa exclusión del resto del país, va contra el auténtico federalismo.
EI autoritarismo en todas sus formas y en cualquier parte es antifederalista. EI poder ciego y sordo, aun eficiente, es ciego y sordo. Condenamos todo autoritarismo a nombre de la eficiencia. La Reforma Administrativa es democrática y el poder democrático sabe escuchar y ver, está consciente de que actuar obliga a errar y que es un orgullo rectificar y reconocerlo. Estamos lejos de cualquier dictadura tecnoburocrática; ni nuestros expertos la quieren ni nuestro presidente y el régimen la permitirían; contamos con medidas que nos preservan de deslizarnos hacia ella; pero seria monstruoso intentar justificar la ineficacia a nombre de la democracia.
Son las anteriores algunas de las prácticas que debemos combatir con el propósito de fortalecer intereses en los poblados, en los municipios, en los estados, para ampliar expectativas que hagan más activo el federalismo y lo robustezcan.
Simultáneamente a la Reforma Administrativa. el presidente López Portillo ha emprendido la Reforma política. No ignoramos que implica riesgos; sin embargo, estamos ciertos que hubieran sido mayores y más profundos de no haberla iniciado. Son situaciones inexorables. De permanecer parados se corren los riesgos; al caminar se corren los riesgos; es preferible correr riesgos caminando que permaneciendo parados. Recordemos una ley histórica nacional: porque traemos una velocidad hemos podido correr; porque hemos podido correr podemos seguir avanzando.
Con la Reforma política se pretende que en un país de mayorías constantes las minorías tengan en la vida política el peso que como tales les corresponde. Ante las realidades nacionales, mediante el sistema de mayorías relativas de la mitad más uno, éstas resolvían por el todo, sin escuchar ni conocer políticamente el pensamiento, los propósitos y las decisiones de las minorías. Si democracia es el gobierno del pueblo por el pueblo, en nuestra práctica la democracia podía consistir en el gobierno de todo el pueblo exclusivamente por su mayoría. Teníamos que encontrar un sistema en que, sin caer en la democracia disolvente, las minorías, expresando sus puntos de vista, pudieran ser consideradas en su justa fuerza numérica.
EI proceso espiritual y político que supone la Reforma política apenas se inicia. En su primer momento se comprobó que no pretendía favorecer o perjudicar a uno u otro partido, a uno u otro grupo ideológico o de interés; se comprobó que intentaba acelerar la evolución política nacional. La Reforma política no va en contra de nadie ni de nada, está en favor de México. Se perfila como medio de hacer más sólida y fecunda la estabilidad política, sobre la base de que estabilidad política no es sociedad en descanso, no es quietud; es movimiento y transformación.
Esto explica las reservas de casi todos los partidos o grupos políticos. Enfrente estuvieron aquellos que confiaban en asistir a la rendición o entrega de una revolución; los ingenuos que creen que el poder se recibe y no se gana; los que deseaban futuras y oscuras complicidades con el gobierno y, por último, quienes esperaban ver ensanchado en exclusiva su derecho o patente para la oposición.
Todos ellos manifestaron estar decepcionados, pero un poco, no demasiado. Saben, y apenas si lo disimulan, que la Reforma Política en su primera etapa alienta la evolución del país. Los intereses pequeños no logran ocultar el gran interés nacional.
Téngase presente que una mayoría puede dejar de serlo, pero nunca por renuncia; hasta el presente, ninguna mayoría ha renunciado a serlo y no creo que ello pueda ocurrir en el futuro.
La Reforma política empieza. Nuestro primer mandatario dará nuevos pasos oportunamente. Al gobierno de la República no lo precipitarán los impacientes ni lo detendrán los quietistas o inmovilistas; no lo desbocarán los audaces en su irracionalidad, ni lo estacionarán los timoratos en su miedo al cambio.
La Reforma política alcanzará efectos multiplicadores en lo económico y en lo social y tendrá su paso. Una sociedad no se compone de segmentos aislados, de compartimientos estancos; todo esta en todo, todo deriva de todo.
Nuestra Revolución abrió cuestiones que aun no resuelve; no obstante, por sus impulsos, por sus grandes objetivos, nos facilita el encontrar soluciones. Se han desmantelado posiciones ideológicas contrarias, se han encuadrado fuerzas revolucionarias y se ha podido, contando con ellas, abordar problemas y afrontar situaciones.
Estamos ante nuevas circunstancias y distintos problemas. Es indiscutible que vamos. dentro de la idea de representación adecuada de las minorías, hacia un sistema mixto de dominante mayoritario y representación proporcional.
Esto dará lugar a un mayor juego de los partidos. Sin embargo, es conveniente precisar: la nación no es para los partidos; los partidos son para la nación. La nación está por encima de cualquier partido. No hay un botín a repartir y dentro de nuestro sistema de grandes mayorías se tiene que determinar también que el partido mayoritario es para el régimen, no éste para el partido. Entiéndase que es una relación complicada dialéctica, no lineal, evitando así interpretaciones simplistas. Definir una y otra cosa resulta esencial, a la luz de lo que viene.
Se ha escogido el camino del respeto a la autonomía de los partidos y asociaciones políticas, sin desconocer los posibles inconvenientes que tal cosa puede acarrear, y si sostenemos esta autonomía frente a los que al régimen se oponen, no la limitaremos ante los que al régimen apoyan.
Creemos que en un partido de sistemas nacionales éstos deben estar en toda la nación, no en una u otra de sus partes. Dándose en la nación, justifican su carácter nacional; de no hacerlo, moralmente pierden este carácter y reducen su representatividad. Toca a los partidos impedir que opere en ellos la llamada ley de hierro de la oligarquía en los partidos, la perpetuación en los puestos de dirección, la formación de pequeñas oligarquías que deciden candidaturas y representaciones sin consulta. Toca también a los partidos evitar la centralización en las decisiones e implantar sistemas de consulta con militantes y adherentes para las resoluciones fundamentales.
Para la democracia nacional es muy importante la democracia interna de los partidos; pero respetuosos de su autonomía a ellos exclusivamente concierne determinar la ruta a seguir, los métodos a adoptar, sobre la base de que aquellos que caigan en la centralización y en las oligarquías dirigentes, en el pecado llevan la penitencia
Estamos conscientes de que la vida política del país toma un nuevo curso. AI presidente López Portillo no lo ha devorado la dura coyuntura, no se ha plegado pasivamente a ella; ante ella y en ella ha planteado una política a largo plazo en lo económico, en lo administrativo, en lo social y en lo político. Con audacia y realismo ha creado condiciones para futuras victorias del pueblo de México.
Reforma Administrativa y Reforma política son de aquellas que reconstruyen una sociedad y en que, de un modo figurado, se ha dicho que más que reconstruir una casa sobre sus cimientos, reponen las ruedas de un tren mientras esta en marcha (Karl Mannheim).
Nuestra disyuntiva es clara: no podemos, lisa y llanamente, mantenernos en la democracia que tenemos; o avanzamos en ésta, perfeccionándola, o retrocedemos. Pensemos precavida o precautoriamente que el México bronco, violento, mal llamado bárbaro, no está en el sepulcro; únicamente duerme. No lo despertemos, unos creyendo que la insensatez es el camino; otros aferrados a rancias prácticas. No rehuyamos la responsabilidad quienes formamos parte del Ejecutivo Federal -exclusivamente por confianza del presidente, entiéndase-; nos toca demostrar con hechos que México seguirá progresando dentro de los cauces de una revolución en evolución revolucionaria. Atengámonos a esta expectativa real y promisoria. Una pérdida no es una derrota; puede ser una victoria cuando ayuda globalmente a la evolución nacional. Todos seriamos derrotados si despertamos al México bronco.
No estamos ideológicamente ayunos o desarmados. Sin arrogancias, en la circunstancia de México, partiendo de nuestra Constitución, tenemos una ideología que no le pide nada a ninguna, que con firmeza y flexibilidad, ajena a cualquier esquematismo, de sí misma extrae fuerzas para afianzarse y continuar. Una ideología que es viable y lo ha demostrado; ni siquiera el ejercicio continuado del poder la ha desgastado. Quizás los hombres hayan estado o estemos por debajo de ella; pero la ideología persiste, se impone a pasadas y presentes resistencias, abre nuevos caminos.
Vamos a avanzar, reconstruyendo y construyendo al mismo tiempo, abordando los problemas desde su raíz, no quedándonos en el follaje. Vamos a avanzar con lo que de ayer nos viene y lo que el mañana nos reclama, con la verdad revolucionaria, sin halagos ni cohechos populistas adormecedores y cómodos. Hay un presidente que está dispuesto a sacrificar su popularidad si la razón de la patria lo exigiera. Vamos a avanzar sin esclavizarnos al precedente ni a los afanes enfermizos de innovación. Vamos a avanzar para llegar a una prosperidad que proporcione ayuda en sus necesidades a las mayorías y no añada opulencia sobre opulencia. Vamos a avanzar sin ufanarnos, afanándonos, sin caer en vanos espejismos; sin creer que a la vuelta de la esquina está la solución de los problemas de México.
Vamos a avanzar porque a mediano plazo se dispondrá de recursos financieros adicionales que nos permitirán diversificar y ampliar producciones, generar fuentes de empleo, dejando a un lado la encogedora penuria. Vamos a avanzar dentro de una Alianza para la Producción, produciendo más y mejor, distribuyendo más y mejor. La Alianza para la Producción es nada menos que el pueblo organizado para alcanzar objetivos sectoriales y nacionales. Ella está en marcha y no quebrantaremos el ayuno en el último minuto.
Desde la amplia perspectiva de México y su futuro, entendemos que las oposiciones dentro de la ley contribuirán a articular nuestro devenir, a mantener la unidad en lo sustancial y afirmar la continuidad en lo primordial.
Para progresar en un México ideológicamente plural debemos recurrir a la negociación, al entendimiento, al compromiso, sabiendo que éstos no suponen ambigüedad. Tenemos capacidad para negociar; podemos convencer y estamos dispuestos a ser convencidos; tratamos de comprender y queremos ser comprendidos; no pretendemos absolutos ni recurrimos a recetas. Desechamos formulas. nos conducen ideas.
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