Discurso de Gustavo Díaz Ordaz en su Tercero Informe de Gobierno

Chapter 6

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Sin embargo, la unidad sustancial en torno a los postulados fundamentales y a las grandes metas de nuestro movimiento emancipador, será siempre decisiva por sobre las discusiones que se susciten y las diferencias que surjan, por más que estás sean indispensables para aclarar muchos caminos concretos.

La unidad no es, pues, vinculación monolítica, sino coincidencia abierta y democrática de fines, propósitos y principios; no es imposición de criterios, sino diálogo permanente y fecundo entre hombres que sienten por igual la pasión revolucionaria y la confianza en los destinos de nuestra Patria.

El Gobierno pone especial empeño en mantener abiertos todos los conductos que permiten el diálogo y la comunicación constante con los ciudadanos, porque sabe que asegurando la participación efectiva de los mexicanos en las cuestiones públicas, se consolida el contenido democrático de las instituciones emanadas de nuestro proceso histórico.

La Administración Pública es una responsabilidad que comparten, por igual, quienes desempeñan transitoriamente los cargos y quienes, fuera de ellos, son en última instancia sus beneficiarios.

La vigilancia del pueblo, su atención a la manera como se llevan a cabo los actos de Gobierno y su interés porque éstos no se aparten de sus legítimos lineamientos, es su mejor participación en la gestión pública.

Una expresión concreta la constituye la experiencia de la Legislatura cuyas funciones acaban de concluir, y que se integró con base en la reforma electoral.

Sirvió para que, institucionalmente, se expresaran en este recinto los diferentes criterios, planteamientos y puntos de vista de los partidos legalmente reconocidos: han ejercido su derecho de opinión y crítica aquellos que representan corrientes minoristas del país, confrontando sus convicciones ideológicas con las mayoritarias; han discrepado libremente en aquello en que, por sus distintas concepciones, pensaron que debían disentir y han coincidido, también en el ejercicio de esa misma libertad, en cuestiones que, por su propia índole, unen al mexicano por sobre las divergencias de menor entidad.

El proceso democrático de México es consistente, lleva rumbo preciso y ofrece firmes perspectivas.

Muestra la madurez del pueblo mexicano, que será mayor cada día, si nos esforzamos en hacer efectivo el respeto recíproco por las ideas, dentro del que debemos a nuestras instituciones.

Queremos un México en que no se levanten barricadas para que luchen violentamente hermanos contra hermanos, sino ágoras, donde pueda elevarse libremente la voz de los mexicanos, ennoblecida por los acentos de la razón y la justicia; en el que se fabriquen muchas urnas para votar y no féretros para sepultar a las víctimas de discordias fratricidas.

Nuestra divisa es y seguirá siendo siempre la concordia.

No fingida generosidad que se otorga como dádiva, sino concordia como obligación indeclinable del gobernante, concordia verdadera, en el más amplio y noble sentido de la palabra.

Determinemos nuestra conducta por la serena reflexión y no por la pasión insana, y que continúe la armónica convivencia de los mexicanos, sin importar su credo, ideología o filiación política.

Mientras estemos conscientes de que, por encima de las diferencias que nos separan, están las coincidencias que nos acercan, ninguna dificultad, ningún problema debe arredrarnos.

Dos males no padecemos: ni desconfianza en los destinos de México, ni dudas sobre la conducta que la Nación demanda.

Constituimos una colectividad reciamente integrada, que persigue elevados fines comunes, hermanada en su pasado y trabajando afanosamente en el presente por un mañana mejor.

La unidad nacional es indestructible porque se funda en la voluntad soberana del pueblo; manteniéndola y robusteciéndola proseguiremos hacia adelante, perfeccionando y no destruyendo, reforzando y no debilitando.

Este es el pueblo, es el México de hoy, a poco más de mil días, de mil largos, angustiosamente interminables días de haber comenzado el sexenio.

Este año 1967 hemos rememorado dos victorias fundamentales de nuestro pueblo: la de su autodeterminación, hace un siglo, y la de la creación, hace cincuenta años, de la Constitución General de la República que hasta ahora nos rige.

De Juárez, la pasada centuria, y de la Revolución, en la presente, aprendimos que la paz y la estabilidad internas sólo se ganan siendo intransigentes en la conservación de la independencia nacional, la supremacía de la Ley y la inviolabilidad y respetabilidad de las instituciones.

Con la fuerza de la razón y con la eficacia de los hechos alcanzaremos el México anhelado por los grandes constructores de nuestra nacionalidad: un México donde la colectividad siga pugnando, sin descanso, por el respeto a todas las Naciones, por la independencia y soberanía de nuestra Patria, por la equitativa distribución de la riqueza, por la justicia sin distinciones, por la libertad para todos, por la vigencia del Derecho como supremo regulador de la pacífica y armoniosa convivencia de los hombres y de los pueblos.

Anexos.

"Inversión Pública Federal.

A. Programa autorizado para 1967.

B. Principales Obras terminadas y en proceso."

"Nota introductoria.

Con el fin de dar a conocer la actividad del sector público en materia de inversiones, se presentan estos Anexos:

A. Resumen del programa autorizado para 1967, con monto de 22 mil millones de pesos, que se encuentra en ejecución, y

B. Selección de las principales obras terminadas y en proceso.

Las obras seleccionadas se agrupan en cinco capítulos: fomento agropecuario, industrial, transportes y comunicaciones, bienestar social y administración y defensa.

Como ellas únicamente representan parte de los proyectos que realiza el sector público, no se incluyen sumas totales ni parciales.

Para facilitar la interpretación de estos datos, cabe señalar que las cifras que aparecen en los cuadros no corresponden al costo total de las obras, sino sólo al ejercicio registrado entre el 1 de septiembre de 1966 y el 31 de agosto de 1967, razón por la cual tampoco son comparables con las sumas autorizadas en los programas anuales respectivos.

Contestación del Dip. Víctor Manzanilla Schaffer, Presidente del Congreso.

Señor Presidente de la República:

Este Congreso, en el que se encuentran representadas las más diversas corrientes políticas del país, ha escuchado la lectura de su Tercer Informe de Gobierno, por medio del cual, y en cumplimiento de un mandato constitucional usted da cuenta al pueblo del estado que guarda la Administración.

Especial interés posee el documento presentado, por comprender un periodo que tuvo como marco dos importantes y trascendentales fechas históricas que fueron celebradas este año: por una parte el centenario del Triunfo de la República sobre las fuerzas invasoras, y por otra, el cincuentenario de la Constitución de 1917.

Ha quedado fija en nuestra memoria no sólo la coincidencia de las fechas, sino la solemnidad, pasión y fervor cívico que usted y su Gobierno imprimieron a estos grandes acontecimientos, que dan valor actual al caudal de experiencias obtenidas en las luchas de nuestro pueblo por su libertad y autodeterminación.

Efectivamente, el desbordamiento emocional que nos poseyó al marchar con usted y junto al pueblo que lo rodeaba tras el viejo coche del Benemérito Benito Juárez, reafirmó nuestras convicciones colectivas.

Es cierto, en nuestro país, a cien años del triunfo de la República, nadie puede pensar en ninguna forma de intervención. Usted y su Gobierno, señor Presidente, han dado claras pruebas de ello, demostrando fehacientemente en diversas ocasiones que en México somos y seguiremos siendo dignamente soberanos.

La celebración del cincuentenario de la Carta Constitucional que nos rige, hace que el Congreso de la Unión se sume a usted en el homenaje de administración, veneración y respeto hacia todos aquellos diputados constituyentes que, adelantándose a su tiempo, tuvieron la gran intuición de interpretar las esperanzas y anhelos de nuestro pueblo, creando en nuestra Carta Magna las nuevas instituciones que nos permiten vivir como una nación con un estilo propio de vida.

Su Gobierno, señor Presidente, ha mantenido un constante homenaje a nuestra Constitución al ceñir sus actos a los marcos estrictos de sus postulados y de sus normas, y al manifestar usted, en forma constante, adhesión sincera y entrañable apego a los principios medulares y postulados rectores de nuestras instituciones revolucionarias.

Las cifras, realizaciones y conceptos que escuchamos en el Informe, nos revelan su firme e indeclinable propósito de fortalecer día a día, el principio de justicia social, reafirmando con ello la doctrina y las leyes emanadas del movimiento social de 1910.

Cuando usted señala que el desarrollo económico no es un fin en sí mismo, sino instrumento para elevar el nivel de vida de los más y no para aumentar los privilegios de los menos; cuando advierte que el lucro no debe ser el propósito único del empresario; cuando afirma que la riqueza no debe ser medio de opresión, sino de progreso y bienestar social; cuando dice que la democracia política sólo se realiza plenamente en la democracia económica; cuando indica que el crecimiento de un país no debe tener como factor determinante exclusivo la elevación de su ingreso, sino primordialmente la mejoría de las condiciones sociales, de educación, de salubridad y la justa distribución del ingreso nacional; y cuando, finalmente, con plena convicción ideológica señala usted que la consolidación de nuestra moneda -si bien importante- pasa a segundo plano si no trae consigo más beneficio para los humildes, más pan para nuestro pueblo, mejor abrigo y mayores oportunidades para todos, está usted, señor Presidente perfeccionando la justicia social y encaminando a nuestra Patria por los verdaderos senderos trazados por las instituciones revolucionarias.

Esta Representación Nacional estima de gran trascendencia histórica, y así lo destaca, la mexicanización de las empresas azufreras que operan en el país lograda durante el período que comprende su Informe de Gobierno, pues con ello se da un paso más en la recuperación de nuestros recursos naturales.

El azufre es la base esencial para el desarrollo de la industria del ácido sulfúrico, a partir del cual se obtiene la mayor parte de los otros ácidos que son el fundamento de la industria química; y además, es de importancia esencial para la producción de fertilizantes, sin los cuales no se concibe la explotación tecnificada de la tierra y el aumento de su productividad, necesarias para dar satisfacción a las demandas alimenticias de un pueblo en constante crecimiento.

El control de esta preciada materia prima por sociedades extranjeras, había bloqueado el desarrollo de la industria química básica y ocasionando demoras en el crecimiento de otras industrias complementarias.

Por el inquebrantable propósito de hacer un México más próspero y dueño de sus recursos naturales, su Gobierno logró la mexicanización de cuatro de las cinco empresas azufreras que operan en el país, dando por resultado que el setenta y nueve por ciento de la producción y el ochenta y cuatro punto tres por ciento de las reservas comprobadas de azufre son propiedad de empresas con mayoría de capital mexicano.

A la conquista del petróleo se agrega ahora otro logro fundamental de los gobiernos de la Revolución en su decisión de asegurar nuestros recursos: la mexicanización del azufre.

No pasa inadvertido para el Congreso de la Unión el esfuerzo constante que realiza su Gobierno por resolver el problema educativo nacional y el lugar preferente que le da en la jerarquización de los problemas nacionales y del Gasto Público.

Es cierto, como usted afirma, que de la solución eficaz que se le dé depende nuestro futuro y el bienestar de todos los mexicanos.

Destacamos la firmeza de este propósito al destinar su Régimen más de cinco mil setecientos setenta y cinco millones de pesos, o sean quince millones de pesos diarios, que representan el veintiséis punto doce por ciento del Presupuesto total de la Nación, para llevar la luz del entendimiento y los beneficios de la cultura a todo nuestro pueblo.

La adecuada inversión de ese presupuesto ha permitido la construcción y funcionamiento de nueve mil trescientas veintiocho aulas, quinientos noventa y ocho talleres, ciento diecisiete laboratorios y mil setecientos sesenta y ocho anexos, es decir, más de un aula por cada hora de los trescientos sesenta y cinco días del año; más de tres talleres cada dos días y un laboratorio cada tres días, que se incorporan a la tarea educativa, en los diferentes niveles, para beneficio de más de ocho millones de alumnos que son atendidos por el Sector Público.

Esto justifica plenamente que la erogación en materia de educación haya sido aproximadamente tres veces más alta que hace seis años y cerca de dos veces superior a la de hace tres años.

El Congreso de la Unión hace especial señalamiento de la forma como su Gobierno ha puesto en vigor el principio de justicia social en el campo.

A nadie escapa la especial atención que usted ha dedicado a los problemas económicos y sociales de nuestra población rural y su honda preocupación por resolverlos, pues justamente los califica como el problema número uno de México y a su solución dedica sus mejores empeños.

El primero de ellos, consubstancial al mismo principio de justicia social es, precisamente, el reparto de la tierra.

En treinta y tres meses al frente de los destinos de la Nación, el reparto de la tierra entre quienes tienen derecho a recibirla alcanza ya la cifra de ocho millones y medio de hectáreas, como consecuencia de un plan agrario nacional técnicamente elaborado.

Si esta Representación Nacional considera fundamental el propósito de su Gobierno por llevar hasta su culminación el reparto de la tierra legalmente afectable, no menos plausible y digna de encomio es la actitud que usted ha asumido frente a los subterfugios de que se valen algunos propietarios.

Su firme propósito de acabar con las simulaciones en materia agraria y su enérgica advertencia de llegar hasta el cambio en el trazo de los canales de los sistemas de riego para evitar la especulación con la tierra, o bien negar el servicio de agua a las explotaciones agrícolas que no se reduzcan a límites justos y convenientes, dentro de esos sistemas realizados con dineros del pueblo, consolida y perfecciona el verdadero sentido de justicia social de la Reforma Agraria mexicana y el auténtico concepto de función social que la propiedad en nuestro país debe desempeñar.

Esto nos demuestra que para usted la Revolución no es un hecho consumado sino un quehacer constante, una tarea que cumplir y que, día con día es necesario ir limpiando la brecha mexicana para mantenerla sin los obstáculos, subterfugios y simulaciones de quienes se empeñan vanamente en negarle validez a nuestras leyes, en no apreciar el sentido común del derecho y el sentido de justicia social que inspira a todas nuestras instituciones.

En síntesis: el análisis de su Tercer Informe de Gobierno nos hace concluir que tanto en el aspecto interno como en el internacional, nuestro país continúa su marcha sin titubeo, en plena y acertada conjugación de la trilogía vital de tiempos: la correcta valoración de nuestro pasado histórico; la firme y decidida acción revolucionaria en el presente y la preparación de un futuro pleno de confianza ciudadana.

Todo ello debido no sólo a lo adelantado de nuestras instituciones jurídicas constitucionales; no sólo a la firmeza de nuestra doctrina revolucionaria; no sólo a la indestructible vinculación que existe entre el pueblo y el gobierno, sino también a las especiales características que se reúnen en su persona: es usted un mexicano que conjuga, sin antinomias, en su comportamiento, el ideal y la realidad, la razón y el sentimiento.

Fuentes:

1. Gustavo Diaz Ordaz Mexican Presidential Messages. Textos digitalizados por la Universidad de Texas: http://lanic.utexas.edu/larrp/pm/sample2/mexican/ordaz/index.html

2. http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/47/1er/Ord/19670901.html

3. http://www.diputados.gob.mx/cedia/sia/re/RE-ISS-09-06-13.pdf

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