Discurso de Gustavo Díaz Ordaz en su Sexto Informe de Gobierno

Chapter 8

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Sereno me someto a su juicio inapelable.

ANEXOS

NOTA INTRODUCTORA

Con el propósito de ampliar la información sobre las inversiones del Sector Público Federal, se presentan los siguientes anexos:

1. Inversión Pública Federal.

Contiene dos cuadros, uno relativo a las cifras programadas y otro a las realizadas en el periodo 1965-1970, por principales conceptos.

2. Principales obras realizadas 1965-1970.

Incluye las principales obras que se han ejecutado en el sexenio, su costo, fecha de terminación y síntesis de los beneficios que de ellas derivan.

Por tratarse de una selección de obras no se incluyen sumas totales ni parciales.

3. Inversión Pública Federal 1969-1970.

Resume en un cuadro el programa autorizado para 1970 y la inversión realizada en 1969, según rubros principales.

4. Principales obras terminadas y en proceso, 1 de septiembre 1969 - 31 de agosto de 1970.

Incluye dos cuadros, uno sobre obras terminadas y otro para las que se encuentran en proceso, agrupadas en cinco apartados: Industrial, Bienestar Social, Transporte y Comunicaciones, Fomento Agropecuario y Pesquero y Equipos e Instalaciones para Administración y Defensa.

Cabe subrayar que este último anexo se refiere exclusivamente a la inversión realizada en el período que comprende el VI Informe Presidencial.

Asimismo, por tratarse de una selección de obras, no se presentan sumas totales ni parciales.

Para facilitar la interpretación y manejo de los datos contenidos en los anexos, conviene tomar nota que las cifras contenidas en el anexo 4 no corresponden al costo total de las obras (dato que se consigna en el anexo 2), sino que se refieren exclusivamente a la inversión realizada en el período comprendido entre el 1 de septiembre de 1969 y el 31 de agosto de 1970.

Por ello, tampoco son comparables con las sumas programadas para los años antes citados.

Contestación del Dip. Octavio Sentíes Gómez, Presidente del Congreso.

Ciudadano Presidente de la República:

La representación nacional ha escuchado con el más vivo interés el veraz y emotivo Sexto Informe que sobre el estado que guarda la Administración Pública se ha servido usted rendir en acatamiento a las disposiciones que para el caso establece la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Estamos ciertos, plenamente ciertos, que con el mismo interés el pueblo entero de México ha escuchado tan trascendental mensaje.

Corresponde a esta representación formular algunas consideraciones generales acerca del Informe de referencia, como constancia de la forma en que este Congreso valora, en sus más relevantes dimensiones, la muy importante gestión administrativa, política y social llevada a cabo por usted durante el mandato que el pueblo le confiara.

Destaca en primer término el celoso patriotismo que ha inspirado todos sus actos y que, mediante el respeto absoluto a nuestras normas constitucionales, ha generado el acrecentamiento de la dinámica estabilidad política de México y revitalizado la vigencia y el balance de sus instituciones.

Ello ha permitido, señor Presidente, que México sobresalga como una nación democrática y progresista, en donde pueblo y gobierno, armoniosamente integrado, saben conjugar el difícil pero imprescindible binomio de la libertad y el orden.

El impresionante desarrollo económico del país, estimulado a los más altos niveles por el Gobierno Nacional a su cargo es otro renglón relevante de su atinada gestión administrativa: el incremento tan notorio que ha tenido el producto nacional bruto duplica la tasa correspondiente al crecimiento de la población y asegura la continuidad de los esfuerzos del pueblo por su superación material.

Una sabia, pertinente y decisiva coordinación de la conducta administrativa de su gobierno, ha aliviado las descompensaciones que pudiera generar dicho desarrollo económico si no se vigilase que el mismo corra paralelo a los ideales de justicia social y de crecimiento equilibrado y estable que la Revolución viene demandando a fin de que la economía pública sea instrumento generador de mejores ingresos para las capas sociales con menor capacidad de defensa.

En este punto, señor Presidente, debe reconocérsele una penetrante conducta de estadista que con previsión, sensibilidad y patriotismo ha podido evitar el espectro de un desarrollo espectacular pero desarticulado.

La mejor prueba de ello es que, simultáneamente, se ha elevado el promedio de ingreso de los mexicanos, se ha ensanchado el ahorro público y se ha mantenido la solidez y paridad de nuestra moneda.

Ningún estado moderno puede disociar la función política de la economía y es en la justa coordinación de estos dos conceptos que usted se acredita ante los mexicanos como un gobernante de su tiempo.

Las inversiones llevadas a cabo por el sector público -que ascienden a más del doble de las aplicadas en el sexenio anterior-, han sido instrumento decisivo para el impulso y equilibrio del desarrollo económico y han abierto nuevos campos de acción para el sector privado, ya que generaron grandes obras de infraestructura y el fortalecimiento de una capitalización interna que amplía las perspectivas de la actividad empresarial de nuestros connacionales.

La reforma agraria se ha acelerado y profundizado, y es así como a su gobierno debe acreditársele la mayor suma de tierras repartidas durante un solo sexenio en todo el decurso de nuestra historia.

Bajo la administración a su cargo, se han entregado más de veintitrés millones de hectáreas, unidas a la mejor distribución de agua, crédito, semillas, fertilizantes, organización y ayuda técnica, todo lo cual le distingue como un gobernante eminentemente agrarista que ha sabido recoger, con empeño revolucionario, la gran demanda de nuestros campesinos para que se satisfagan sus viejos y justificados ideales de tierra y libertad.

Durante su gobierno y por su iniciativa, se promulgó la nueva Ley Federal del Trabajo que vino a sustituir a un ordenamiento vigente por cerca de cuatro décadas que evidentemente ya había cumplido su función como regulador de las relaciones entre las fuerzas de la producción.

Este solo hecho, por las dimensiones históricas que guarda, lo consagra a usted, señor Presidente, como un celoso defensor de la clase trabajadora y como un estadista previsor de las descompensaciones que nuestra sociedad puede sufrir no sólo por el puro paso del tiempo sino por las presiones de un desarrollo social y económico tan acelerado como el que ha correspondido a nuestro país en los últimos años.

Su política social ha sido congruente con el innegable humanismo que se contiene en la Revolución Mexicana y que proclama nuestro texto constitucional como uno de sus más firmes principios.

No es solamente, pues, un rasgo distintivo de su gobierno el que corresponde al fortalecimiento de los cuadros productivos de la Nación, sino el que ve a la custodia del hombre y de la familia, como protagonistas del progreso de México.

En múltiples tareas, especialmente en la encaminada a proteger a la infancia, contó usted, señor Presidente, con la tierna compañía y la muy generosa colaboración de su distinguida esposa.

Vaya desde aquí, el más justo, sincero y respetuoso de los homenajes a la señora doña Guadalupe Borja de Díaz Ordaz.

Toda la obra pública ha tenido un profundo sentido social durante su mandato.

Desde aquella que forma el basamento mismo del desarrollo, como la de energéticos, petróleo y electrificación, pasando por la que estimula la producción y los vínculos entre los mexicanos, como la obra de riego, los caminos, las telecomunicaciones, los aeropuertos y terminales, hasta aquella otra que tiende a satisfacer las necesidades más elementales del pueblo, como la introducción de agua potable, la erección de clínicas, hospitales y centros de salud o la construcción de viviendas higiénicas y decorosas.

Desde que era candidato de las fuerzas mayoritarias a la Presidencia, que educar era sembrar la mejor de las semillas.

Y en este aspecto, como en todos los de su fecunda administración, ha sido usted un gran sembrador.

Es excepcional la obra educativa realizada por el Ejecutivo a su cargo en todos los niveles.

Hizo usted de la construcción incesante de aulas y del aumento de personal docente para las mismas, una de las más apasionantes tareas revolucionarias.

La democratización de la enseñanza, la absorción del aumento de la población escolar, y la aplicación ascendente de grandes recursos económicos al financiamiento de todos los escalones educativos, desde el elemental hasta el superior, tanto en las zonas urbanas como en las rurales, constituyen otra arista luminosa de su gestión al servicio de los mexicanos.

Señor Presidente:

La obra general de su gobierno, que acusa realizaciones tan singulares como las ya referidas, no hubiera sido posible -como usted lo ha aseverado- , sin la existencia, vigencia y la dinámica de las instituciones con las que la Revolución dotó al pueblo de México y que fluyen de nuestra Ley Fundamental.

Sin vida institucional, México no podría superar las más impresionantes de sus carencias.

Usted ha sido un sereno custodio y un apasionado defensor de las instituciones nacionales, a las que ha preservado de todo género de asechanzas con valor, con visión profunda de estadista y con vigoroso temperamento revolucionario.

Ahora y en lo porvenir los mexicanos le habremos de reconocer esa virtud distintiva de su conducta de gobernante, de su pasión de patriota y de responsable celoso del cumplimiento del mandato que le confirió el pueblo justamente para encauzar, para fortalecer y para acrecentar su vida institucional.

Hemos gozado de un período de unidad nacional.

Nuestro país en su incesante transformación se ha ido diversificando.

Vivimos una sociedad pluralista en la que una gran variedad de sectores da necesariamente origen a conflictos de intereses en una interrelación cada día más compleja.

Pero con base en la ley y en la moral revolucionaria, el Ejecutivo de su cargo ha logrado un sexenio de concordia orgánica, ha propiciado la integración del esfuerzo, la superación de todos los naturales antagonismos, en beneficio de los más altos intereses: los intereses de México.

Y México no es una ficción, sino un pueblo decidido a trabajar y desarrollar todas sus potencialidades bajo el principio de la justicia social.

Para la realización de esta unidad creativa usted ha sido, como lo prometió, el Presidente de todos los mexicanos.

El ejercicio del poder político exige valor.

La búsqueda del beneficio general obliga frecuentemente a poner coto a intereses particulares o ambiciones personales.

Cuando éstos no aceptan la preeminencia del bienestar colectivo, suelen acudir, en su aislada impotencia, a la calumnia y a la injuria, con redoblado rencor cuando conocen la firmeza del dirigente.

Tomar decisiones con pleno conocimiento de esas posibles consecuencias, aceptar las penalidades físicas y espirituales al enfrentarse a ellas, es lo que entendemos por valor cívico.

Este tipo de valor se apoya en la intensidad de las convicciones y en el origen democrático del cargo.

Ha gobernado usted, señor Presidente, con valor indiscutible.

Su irreductible devoción republicana le permitió afrontar los muy aislados y minoritarios ataques al orden institucional.

Al haber preservado la paz interior, apegado a las normas constitucionales, preservó el marco social indispensable para continuar nuestra persistente lucha de superación individual y colectiva: preservó usted, en una palabra, la libertad como forma de vida de los mexicanos.

La firmeza de nuestras instituciones permitió que el país pasara impecablemente la prueba suprema de una democracia que es el proceso electoral.

Con madurez cívica, de manera organizada, en un clima de absoluta libertad, México consumó las más representativas elecciones de nuestra historia.

El propio pueblo integró organismos electorales y las urnas recogieron catorce millones de sufragios, un cuarenta por ciento más que hace seis años.

Ningún incidente manchó los resultados.

Las elecciones de 1970 -primeras en las que, gracias a usted, señor Presidente, votaron los ciudadanos a partir de los dieciocho años- tradujeron fielmente la voluntad popular.

Este notable desempeño democrático, no es fortuito, ni expresión casual, es la clara consecuencia del sistema político de la Revolución Mexicana y de la acción de sus hombres.

La ciudadanía de México, al acudir masivamente a depositar su voto, refrendó su confianza en nuestra vida institucional y en la obra espiritual y moral de su Presidente.

A esta Representación Nacional le satisface comprobar, señor Presidente, que las fuerzas armadas no han sido solamente fiel sostén de las instituciones sino inapreciables auxiliares en diversas tareas de índole social, a través de las cuales se han mantenido vinculadas con el pueblo del cual surgieron.

Ha sido usted, señor Presidente, como corresponde a su cargo, el responsable de la dirección de nuestras relaciones exteriores; pero ha sido usted, además, digno y acertado embajador de la Nación, habiendo actuado personalmente en fructíferas negociaciones diplomáticas.

En este campo, debemos recalcarlo, ha mantenido incólumes los principios internacionales de la Revolución Mexicana, que sirvieron a la vez, para hacer valer nuestros derechos y para respetar los de las demás naciones.

Se participó en convenciones en favor del desarme; las armas nucleares fueron proscritas de América Latina; se mantuvo el derecho de asilo como instrumento libertario arraigado en nuestro sistema y ello frente a embates externos y a traiciones al propio derecho de asilo cometidos por falsos revolucionarios acogidos en nuestro país.

Ante ocasionales desplantes inamistosos, se buscó la cooperación; se luchó permanentemente por el establecimiento de relaciones comerciales equitativas, e incluso defendió usted la justicia de nuestras demandas en los más eminentes foros internacionales.

Gracias a su más reciente intervención, señor Presidente, hemos reivindicado una porción de nuestro patrimonio geográfico.

Será reintegrado a nuestro dominio el "Corte de Ojinaga", superficie que equivale a cuatro veces "El Chamizal".

Apoyado en el derecho internacional, batalló usted cinco años, argumentó en paz pero con tenacidad y firmeza y finalmente solucionó un conflicto añejo a medio siglo.

No contábamos con laudo o resolución favorable, sólo existía el planteamiento de la disputa.

México reclamó seiscientas cincuenta hectáreas y seiscientas cincuenta hectáreas regresarán a nuestra soberanía.

En la historia de la defensa de la integridad de nuestro territorio, ocupará usted, un lugar privilegiado.

Muy pronto -debidamente autorizado por la Comisión Permanente de este Honorable Congreso-, se dirigirá usted a los Estados Unidos de América en un viaje de reciprocidad internacional.

El pueblo de México lo acompañará, señor Presidente: es usted su legítimo representante.

De nuestra historia parten mensajes luminosos, valederos en todos los tiempos, que informan y nutren, día con día, nuestro estilo de vida pública:

Morelos, fue un supeditado a la causa suprema de la Nación incipiente, y entregó a los pósteros una lección positiva: la de la humildad como virtud necesaria en el cumplimiento de los mandatos soberanos del pueblo.

Juárez, es por antonomasia, el invicto moral.

Su lucidez de patriota corre paralela a su sencillez de hombre público, y el sereno y digno ejercicio de su magistratura.

Carranza, es el visionario, pero también, como justamente se le ha llamado, el varón, por la reciedumbre con la que se empeñó en dar un orden institucional a la República, con los imperativos de la Revolución del pueblo.

A estos próceres siempre se les concibe de pie, erectos espiritualmente ante los desafíos impuestos por sus horas aciagas, que fueron las de la nación.

Gobernar a México, país en el que todavía sobreviven angustias que calmar, pobrezas que redimir y demandas de justicia que satisfacer, es una encomienda reservada a los mejores, que no son para el pueblo de México, sino los que pueden resultar valederamente, depositarios de ese caudal de recursos éticos que nos legaron los creadores de la República, y los institutores de la Revolución como proceso abierto para continuar en la lucha por la justicia social, a fin de que ésta sea un fruto de alcance de todos los compatriotas.

Cumplir, desde las más altas cimas del poder, impone el desalojo de toda concepción de disfrute del cargo público.

Cumplir, desde todos los niveles de la función gubernamental, precisa conciencia clara de que se está al servicio del pueblo, cuyas urgencias no pueden ser satisfechas con soluciones diferidas.

Gobernar en México, es hablarle con franqueza, con sincera franqueza al pueblo, desterrando el engaño o el disimulo que crean confusiones, o que generan desconfianza y recelos; hacer uso del valor personal, de la entereza cívica, de la suprema decisión de no dudar cuando se trata de proteger el patrimonio más caro a México; sus instituciones de vida pública.

La historia juzgará su labor.

Desde la perspectiva del tiempo se analizarán los resultados obtenidos y la medida exacta en que éstos sirvieron para proyectar a la nación hacia las metas perseguidas.

Quedarán como pruebas constituidas para la emisión del veredicto: una obra material impresionante y un pueblo más unido en la acción, como producto de una dirección moral integradora, ejercida desde el seno del Poder Ejecutivo.

El presente, por lo pronto, ya ha dictado su sentencia.

El Presidente Díaz Ordaz ha sido juzgado por nosotros sus contemporáneos, por el pueblo que ha aprobado día a día sus orientaciones, por México que continuó su marcha laboriosa bajo la inspiración de un conductor progresista.

No es posible acometer grandes empresas cuando falta la confianza en quien ejerce el mando.

Sólo es posible lanzarse a la tenaz aventura de superar condiciones naturales adversas, romper viejos moldes de existencia, invertir caudales de energía en proyectos que reditúan a largo plazo, cuando se cuenta con una jefatura alerta y sensible.

Un amplio consenso nacional ha sido sólida base de su tarea gubernativa.

Ese es el juicio de sus contemporáneos: la aceptación entusiasta de sus directrices cotidianas.

Puede estar seguro, señor Presidente, que la misión a usted encomendada, la ha cumplido a satisfacción de México.

Fuentes:

1. Gustavo Diaz Ordaz Mexican Presidential Messages. Textos digitalizados por la Universidad de Texas: http://lanic.utexas.edu/larrp/pm/sample2/mexican/ordaz/index.html

2. http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/48/1er/Ord/19700901-I.html

3. http://www.diputados.gob.mx/cedia/sia/re/RE-ISS-09-06-13.pdf

Categoría:Discursos de Gustavo Díaz Ordaz