Discurso de Gustavo Díaz Ordaz en su Segundo Informe de Gobierno
Chapter 9
El Mandatario -séame permitido insistir nuevamente, porque en esa conciencia de obediencia al mandato colectivo he tratado de fundar el más profundo sentido del Gobierno- , el Mandatario es el que responde a la voluntad, al profundo llamamiento de los suyos, y lo cumple honradamente.
En la medida de mis fuerzas me alcanzan, he tratado de corresponder a ese latido del pueblo, he hecho lo posible por interpretar con lealtad y sentimiento y por acatar la voluntad que lo anima; y en las horas difíciles he buscado aliento y apelado a su honda voz ancestral.
Esta gran familia mexicana constituye una clara y recia comunidad de destino. Para seguir siéndolo cada vez con mayor reciedumbre, es indispensable conservar y tonificar la unidad nacional.
Respetando la libertad de autodeterminación de los mexicanos, las distintas ideas, por contradictorias que sean, pueden manifestarse sin lesionar el respeto a las instituciones y sin dañar la conveniencia bajo una bandera común.
Por encima de las diferencias de criterio y de los intereses parciales, hay ideales e intereses superiores y objetivos que demandan el esfuerzo de todos; ellos deben aglutinar las esperanzas y las voluntades y orientar la acción generosa que reclama la patria de sus hijos.
Contrastemos nuestras ideas, discutamos los problemas, sostengamos nuestras convicciones, aportemos datos y argumentos, propongamos soluciones; pero no rompamos la armonía que tan laboriosamente hemos labrado.
Disputando ásperamente entre nosotros no habremos de llegar a metas importantes ; unidos en lo más esencial la tarea será menos ardua y los logros más
fecundos. ¡Vamos todos juntos a trabajar afanosamente en beneficio de todos!
Para eso, pedimos a los hombres y mujeres de nuestra Patria: voluntad indeclinable de seguir siendo Nación independiente y soberana, acatamiento al mandato de la Ley y a las decisiones de las mayorías, elementos consubstanciales de la democracia; cumplimiento de las obligaciones en correlación al ejercicio de los derechos; respeto a las libertades de los demás, base para el disfrute de las propias libertades; esfuerzo colectivo y permanente para dotar de medios de bienestar al mayor número; tolerancia, como esencia de la concordia; afán de justicia para alcanzar la paz.
Unidad por México.
Contestación de la Dip. Luz María Zaleta de Elsner, Presidenta del Congreso.
Ciudadano Presidente de la República:
En mi carácter de Presidenta del Congreso de la Unión me corresponde dar respuesta a su informe.
Al señalar que por primera vez en la historia de nuestra patria una mujer desempeña esta misión, usted ha proyectado el singular hecho, en un emocionado elogio a las mujeres mexicanas.
Así he entendido, desde el primer momento, el honor y la responsabilidad que se me ha otorgado: no como una distinción personal, sino como un acto de reconocimiento a las Mujeres de México, a todas ellas, por su contribución de nobleza, dignidad y abnegación en el seno de la familia, en el trabajo y en las grandes empresas patrióticas de nuestro pueblo.
He de hablar a nombre de la Representación Nacional, es decir, del organismo que constitucionalmente representa al pueblo todo de México; pueblo formado por hombres y mujeres, iguales en la plenitud de la ciudadanía, que sin distingos nos otorga derechos y obligaciones.
Por tanto, con los únicos pero muy honrosos títulos de ciudadana y de representante del Congreso de la Unión, procuraré abarcar brevemente, la perspectiva general del mensaje presidencial que el país acaba de conocer.
Como lo establece el artículo 189 del Reglamento para el Gobierno Interior del Congreso de la Unión, he de concentrarme a responder el Informe en términos generales. Dentro de esos límites, me referiré a los rasgos sobresalientes de este documento, a sabiendas de que tanto la Cámara de Senadores como la de Diputados, siguiendo una tradición parlamentaria, habrán de analizarlo más detenidamente.
El lenguaje claro y directo empleado por usted, se acentúa, no sólo cuando se refiere a metas alcanzadas por el Gobierno, sino cuando señala dificultades, defectos o problemas.
El pueblo de México quiere la verdad, y ésta se forma de un todo, en el que se conjugan lo realizado y lo que está por hacerse, los problemas resueltos y los pendientes.
Su mensaje señor Presidente, está formulado con el lenguaje de la verdad. El documento que hemos escuchado contiene dos partes que quiero distinguir sin separarlas arbitrariamente: una, es aquella en que el Titular del Poder Ejecutivo informa en detalle sobre su gestión en el año que hoy se cumple; la otra, en que se prevén las necesidades nacionales a largo plazo, y se expone toda una concepción general sobre el desarrollo de la nación mexicana en nuestro tiempo, y sobre los medios para impulsarlo.
Los datos y los hechos concretos que usted proporciona en su informe, demuestran que han sido superadas las condiciones de reajuste en el crecimiento económico, a que obligó la sucesión de un gobierno por otro.
Este año registra la inversión del sector público más cuantiosa en la historia de la nación.
Está asegurada, para largo plazo, la estabilidad del peso mexicano cuya garantía descansa en la mayor reserva monetaria de que ha dispuesto el país.
No hay inflación, y el Gobierno se esfuerza por impedir alzas de precios injustificadas.
Sobre cuestión tan vital como es la de defender la economía de los hogares mexicanos -constantemente amenazada por la especulación con los artículos de amplio consumo-, quiero decir, interpretando el sentir mayoritario, que está usted en lo justo al expresar la seguridad absoluta de que, si llegare el caso, el Honorable Congreso de la Unión dictará las medidas legislativas para dotar al Ejecutivo de mayores poderes jurídicos, a fin de que pueda sancionarse con la máxima energía a quienes pretendan ganancias excesivas a costa de la miseria del pueblo.
La defensa de la salud, el pan, el vestido y el techo de los niños, las mujeres y los hombres del pueblo, es el supremo mandato que debe guiar a los gobernantes de nuestro país; y si no hay leyes suficientemente eficaces para defenderlos, debemos crearlas sin vacilación alguna.
Recibimos con fundada satisfacción, los datos sobre el desenvolvimiento de la industria, los servicios públicos y la agricultura; especialmente, los relacionados con la petroquímica, -cuya perspectiva es grandemente promisoria-, la extensión de la red de caminos, el aprovechamiento de los recursos hidráulicos, el incremento de la electrificación, la ampliación de las telecomunicaciones; y, por otra parte, el surgimiento de centenares de nuevas empresas, promovidas por la iniciativa privada, en campos que el Estado señaló como propicios a una inversión en que se combina el interés particular con el nacional.
Es alentador que la producción agropecuaria se haya elevado al punto de que nuestras exportaciones respectivas arrojen un saldo favorable, de más de 7 mil millones de pesos, sobre las importaciones.
Tal hecho demuestra que el campo mexicano aprovechando y coordinando todos los medios de acción y los recursos de diversas instituciones gubernamentales privadas, es capaz de satisfacer las necesidades del consumo interior y de convertirse en una muy importante fuente de divisas.
Ninguna obra pública iniciada en administraciones anteriores ha dejado de proseguirse; se asegura así una estricta e indispensable continuidad en el esfuerzo constructivo de la nación, ya que en un país como el nuestro no tenemos derecho a despilfarrar tiempo, ni energías ni dinero, que son patrimonio nacional.
La resuelta orientación agrarista del régimen que usted preside, tiene expresión concreta en el reparto de más de 4 millones de hectáreas en menos de dos años de gobierno; en el acuerdo de informar a la nación, de una manera precisa, a qué centros de población se adjudican dichas tierras, con señalamientos concretos de las superficies afectadas y del número de campesinos beneficiados; en la extensión de la seguridad social en el campo en la decisión de no prorrogar ninguna concesión ganadera; en hacer
que los sistemas de riego sean para auténticos campesinos, eliminando a traficantes y latifundistas disfrazados; y en procurar que los fondos del crédito oficial sirvan para los miles de compatriotas a quienes la banca privada niega refacción, en su pobreza no alcanzan el carácter de sujetos de crédito.
Los niños campesinos, y las mujeres que trabajan en el campo al lado del hombre, encontraran en esta política agraria un aliento solidario, para superar condiciones de vida que en muchos lugares de nuestro México son verdaderamente angustiosas.
Estamos de acuerdo en que es preferible una reforma agraria no exenta de problemas y quizá de defectos, a la falta de reforma agraria.
¡Si la reforma agraria se detuviera, también se frustraría la Revolución!
Ha sido evidente, en los gobiernos de origen revolucionario, el propósito de preparar con la mayor celeridad posible a las nuevas generaciones, con la plena conciencia de que ellas constituyen el necesario relevo histórico, para el cumplimiento de las tareas de gran magnitud que el país reclama.
Este continuado esfuerzo se acentúa en el presente año, por el hecho de que más de la cuarta parte del presupuesto federal está destinado a la formación y superación de la niñez y la juventud.
Nuestra educación tiene un sentido nacional, democrático y de justicia social. por eso plausible que al mismo tiempo que se hacen los esfuerzos necesarios para extenderla en sus tipos elemental y medio, a todos los niños y a los jóvenes en edad escolar, se procure que las cargas de la educación superior recaigan proporcionalmente entre quienes la reciben, con la finalidad de que, como lo expresa el señor Presidente, sólo los estudiantes pobres o los muy dedicados obtengan de la nación el derecho a la escuela superior, sin más requisito que el de su capacidad.
¡En este, como en otros campos un trato igual para los económicamente desiguales, es injusta desigualdad!
Una labor cada vez más importante, la atención y el auxilio a los niños y a los menores, es la que viene realizando, sin arredrarse ante dificultades ni contratiempos, el Instituto Nacional de Protección a la Infancia.
Hacemos votos porque esa labor, profundamente humana y patriótica, se extienda y fortalezca sin cesar.
Los pronunciamientos que en materia internacional contiene el Informe, no por ser los que tradicionalmente ha sostenido nuestro país, dejan de tener singular importancia.
¡Son más que una ratificación!
En un mundo agobiado por los temores, en el que las formas de presionar e intervenir en la vida de las naciones son cada día más sutiles y por ello más difíciles de contener; en un tiempo en que la dimensión de los conflictos y lo enconado de los antagonismos inclinan a los poderosos a aplicar toda su fuerza en el empeño de consumar sus designios; en este mundo y en este tiempo, digo, mantener en alto la bandera de la autodeterminación y la no intervención representa la voluntad inquebrantable de no dar pasos atrás y seguir avanzando en el camino de la independencia nacional.
El Congreso de la Unión aplaude la decisión del pueblo de México, - mantenida con firmeza por usted - , de no aceptar la creación de la llamada "Fuerza Interamericana de Paz" que no sería más que una fuerza de intervención extranjera, en los asuntos de la competencia soberana de cada una de nuestras naciones.
¡Qué importante resulta y qué espontánea solidaridad despierta en todos los mexicanos, y en particular entre las mujeres - hijas, hermanas, esposas y madres -(y yo soy una de ellas), la terminante declaración de que México, bajo ninguna circunstancia, gastará un solo centavo en experimentar o producir armas nucleares, pues los escasos recursos del pueblo mexicano se dedican a la vida y no a la muerte!
En su viaje a los países de Mesoamérica, la Representación Nacional lo acompañó espiritual, moral y políticamente, como lo expresaron desde esta tribuna todos los partidos políticos nacionales. Nuestro pueblo profesa una amistad limpia y sincera hacia sus pueblos hermanos que al abrir los brazos de la más fervorosa hospitalidad al Presidente Díaz Ordaz, los abrieron a la patria mexicana.
Satisfechos de los frutos alcanzados a partir del memorable viaje del señor Presidente, hacemos votos porque ellos perduren y acrecienten los viejos y nuevos motivos de fraternidad que hay entre nuestras naciones; hermandad que, como lo puntualizó el mismo Primer Mandatario al referirse al caso de Belice, está, para los mexicanos muy por encima de cualquier pretensión territorial; que por lo demás no tenemos.
Señor Presidente de la República:
A lo largo de su mensaje, tanto en la parte meramente informativa como en la doctrinaria, se observa una constante y apasionada preocupación: la de coordinar las voluntades de todos los mexicanos, para lograr el desarrollo más rápido de la nación.
Un desarrollo equilibrado, con independencia nacional y con justicia social; en condiciones de paz interior, de armonía y comprensión entre nuestros compatriotas y, naturalmente, de paz y respeto internacionales.
Estoy segura de que la Representación Nacional sustenta, sin reservas la idea de que el desarrollo que todos los mexicanos anhelamos tiene dos objetivos superiores y sagrados: la independencia de la patria mexicana, que según las propias palabras de usted, debemos "consolidar lo antes posible", y el bienestar del pueblo, que es la esencia de la justicia social.
¡Queremos ser siempre una patria con territorio, economía y bandera propios, y a ningún precio enajenaremos nuestra personalidad nacional!
Estamos también enteramente de acuerdo en que el desarrollo en que nos empeñamos debe ser equilibrado en dos aspectos: el geográfico, y el de los sectores sociales a los que debe favorecer preferentemente.
Si el desarrollo no se distribuyera equitativamente en las diversas regiones de la República, se harían insalvables en nuestro territorio las desigualdades regionales y estatales, y pronto tendríamos, junto a metrópolis orgullosas y satisfechas, verdaderas colonias interiores, poseídas de resentimiento e inconformidad.
La Federación se propone evitar esos riesgos cuando toma su cargo la tarea de redistribuir los ingresos fiscales, con una visión de las necesidades de conjunto y determinado que el grueso de la
inversión federal se canalice hacia la provincia, lo cual es justo.
Por otra parte, compartimos con el Titular del Poder Ejecutivo la tesis de que el país, no sólo debe crecer en fábricas y producción, sino que debe crecer también en bienestar y felicidad para sus habitantes.
La Política de desarrollo independiente que postula su gobierno, establece de manera rotunda, el papel complementario de las inversiones extranjeras y las condiciones a que deben sujetarse; en el entendido, de que el progreso nacional ha de basarse primordialmente en nuestros propios recursos.
La Representación Nacional desea subrayar la necesidad de que se cumplan con máximo rigor las normas por usted señaladas; entre ellas: exclusividad de la nación en la industria básica; exigencia de una participación mayoritaria de capital nacional en industrias secundarias estrechamente ligadas a aquélla; ninguna garantía formal, ningún privilegio al capital extranjero, cuyos intereses están ya perfectamente garantizados dentro del régimen de oportunidades que priva en el país; y obligación de reinvertir aquí parte de las utilidades.
El crecimiento de nuestra fuerza de producción aumenta capacidad y nuestras posibilidades de crédito exterior.
Es y será una política sana obtener créditos, sin comprometer el patrimonio nacional, sino incrementándolo como se ha hecho.
Entre los medios que usted señala para acelerar nuestro desarrollo, sobresalen la planeación nacional y regional y la consecuente programación; la reforma y actualización de la administración pública y la honestidad y eficiencia en la aplicación de los recursos de que dispone el estado. Respecto de la planeación, es muy importante destacar su flexibilidad; que su función es la de coordinar a los sectores público y privado que en cuanto a la actividad de este último, el propósito es el de informar y orientar, recomendar y, sugerir, pero no imponer.
Señor Presidente Díaz Ordaz, es usted el gobernante de un país revolucionario demócrata y moderno.
La fuerza doctrinaria de su informe, su sentido de la previsión a largo plazo, el hecho de que se apoye en tesis que son producto de una aquilatada experiencia y de una madura reflexión, demuestran que la tarea de gobernar en México, y a México, ha dejado de ser, para siempre, una cuestión puramente práctica e instintiva.
Vale, por tanto, afirmar que las fuerzas políticas nacionales que tienen a su cargo el gobierno de la República, -y que son las de la Revolución-, están dotadas de la decisión de actuar; pero también de la videncia necesaria sobre el rumbo a seguir.
No sólo poseen capacidad práctica, sino aliento doctrinario.
Hay en el mensaje que hemos escuchado dos notas, dos acentos de profunda emotividad, que se funden en uno solo: la profesión de fe en la justicia social, que es adhesión hondamente sentida a la causa de los más débiles, de los pobres, de los que carecen de todo, de los que no tienen ni los medios elementales para hacerse escuchar; pero que son escuchados por el leal servidor de la nación, quien desde el Palacio Nacional vela por sus intereses, porque está unido a los pobres desde su origen y por sus convicciones más arraigadas; y el llamado apremiante, a todos los mexicanos, para que se unan en torno a los grandes intereses e ideales de la patria.
El tono conmovido del Presidente tiene un profundo significado, porque sólo quien no ama al pueblo puede hablar de los problemas del pueblo sin emoción.
¡Gobernar sin emoción popular, es gobernar de espaldas al pueblo!
Recogemos la exhortación a luchar sin descanso por la justicia social y el llamado a la unidad de los mexicanos.
Que se escuche bien fuerte la voz y la petición de los necesitados, y que se les haga justicia; y que México sepa ir adelante, unido por encima de todas las diferencias entre sus hijos, para consolidar su independencia y forjar su prosperidad y su grandeza.
Que haya mucha política, de la buena; y mucha administración, de la buena.
Que siga participando nuestro país de las corrientes del pensamiento universal y nutriéndose de ellas, sin abandonar nunca, ni olvidar un solo instante, sus propias fuentes tradicionales, inconfundibles, de inspiración y experiencia.
Que nuestra juventud, rodeada con la atención y el afecto de su pueblo, sepa también ser, con altivez, dignidad y audacia, responsable de la gran herencia que recibe; porque no recibe guiñapos de la patria sino una nación pujante, que asciende hacia los mejores destinos, entre los riegos de un tiempo tormentoso.
Que la paz interior sea cuidada y vigilada por el pueblo y por las instituciones; porque nadie tiene derecho a jugar con la seguridad de la nación.
¡Y ninguna gota de sangre del pueblo derramarse sino en defensa de su soberanía y su libertad!
Y que los campesinos, los obreros, la clase media, las mujeres de México, los mexicanos todos, tengan confianza en sí mismos, confianza en la patria, confianza en el progreso pacífico que es promesa inextinguible, renovada hoy, -en nombre de la Revolución Mexicana-, "por un patriota sencillo y fuerte, que habla el lenguaje de la verdad y la justicia". Fuentes:
1. Gustavo Diaz Ordaz Mexican Presidential Messages. Textos digitalizados por la Universidad de Texas: http://lanic.utexas.edu/larrp/pm/sample2/mexican/ordaz/index.html
2. http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/46/3er/Ord/19660901.html
3. http://www.diputados.gob.mx/cedia/sia/re/RE-ISS-09-06-13.pdf
Categoría:Discursos de Gustavo Díaz Ordaz