Discurso de Gustavo Díaz Ordaz en su Quinto Informe de Gobierno

Chapter 7

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Ponga la juventud su rebeldía, su espíritu innovador, sus energías creadoras al servicio de las causas más elevadas de México.

Aportemos nosotros la experiencia adulta, no para imponernos, sino para imbuir el espíritu de ponderación y tolerancia con que los hombres deben juzgar siempre los actos de los demás hombres.

Las tareas nacionales reclaman la cooperación de todos y será preciso no estorbarlas con odios y rencores estériles.

Como cualquier otro pueblo de la Tierra, tenemos discrepancias y contradicciones; pero precisamente porque las hay y las habrá siempre, debemos reforzar nuestra capacidad de diálogo, de comprensión recíproca, de inteligencia, para hacer de la sociedad mexicana una comunidad de intereses superiores, a cuyo amparo podamos crecer y prosperar, como individuos y como pueblo.

Esforcémonos en que no se repitan hechos dolorosos como los que contemplamos el año pasado.

Es urgente vigorizar la armónica convivencia de nuestra comunidad nacional.

La paz y la tranquilidad sirven al progreso de la Patria; la zozobra y el temor lo estorban.

El orden justo beneficia a todos; del desorden sacan provecho unos cuantos, los más descalificados.

Un pueblo que se desangra en luchas estériles, se estanca o retrocede; un pueblo unido va hasta donde quiere ir: alcanza metas y realiza ideales.

Convoco una vez más a la concordia, que no es uniformidad de ideas o sentimiento servil, sino confluencia de energías creadoras, honestamente entregadas a acelerar el progreso de la Patria común.

Sólo en la unión y la concordia podremos conjugar el orden con la libertad y así conquistar el derecho a una paz basada en la justicia.

Con fe inquebrantable en México y sus instituciones y con la confianza cada vez mayor en nuestras propias capacidades, sigamos los mexicanos fraternalmente unidos en el esfuerzo inacabable de engrandecer a nuestra Patria.

Contestación del Dip. Luis M. Farías, Presidente del Congreso.

Señor Presidente de la República:

"A través de sus Informes los Presidentes de México escriben la historia del país, al indicar su progreso, la obra realizada, señalar necesidades y apuntar soluciones.

Los integrantes del Congreso de la Unión, hemos escuchado con singular interés la reseña que ha hecho de los actos de su Gobierno y nos complace saber que en cada una de las ramas de la administración se han dado firmes pasos adelante.

A lo largo de los casi cinco años de Gobierno se han entregado al trabajo de los campesinos más de nueve mil hectáreas por día.

Ha logrado ampliar los canales de crédito, proporcionar asistencia técnica, realizar investigación para mejorar semillas y cultivos, hacer más vasto el seguro agrícola, construir silos y extender la educación y la seguridad al campo.

Este hecho hace resaltar su interés por los trabajadores agrícolas y su propósito de realizar la reforma agraria integral.

Las obras hidráulicas que se efectúan en toda la nación permitirán un más alto rendimiento de la agricultura y mejores condiciones de salud para todos.

Particularmente satisfactorio es para la representación nacional confirmar que se logró la rescisión voluntaria de contratos que se habían celebrado con empresas particulares para exploración, perforación y explotación de hidrocarburos en tierra sumergida, lo que significa el rescate, a favor de la nación de una importante faja de nuestro territorio y plataforma continental.

Nos alienta saber que se negocian rescisiones similares con otras tres empresas.

También resulta grato conocer los esfuerzos que realizan Pemex y su Instituto Mexicano del Petróleo para la preparación técnica de trabajadores y la formación de científicos que nos harán autosuficientes en la tecnología de las industrias petrolera y petroquímica.

El proceso de mexicanización de la minería tiene un ritmo saludable y el aumento de las reservas de azufre que, como se sabe, es esencial para la elaboración de los fertilizantes necesarios al aumento de la productividad de la tierra, nos confirman en la convicción de las posibilidades del desarrollo.

La generación de energía eléctrica crece a paso acelerado, sentando bases sólidas para la urgente industrialización y, por otra parte, está sacando de una 'edad oscura' a cientos de poblados que habían carecido siempre de los beneficios de la luz eléctrica.

No podemos menos que subrayar aquí el hecho de que este Régimen ha logrado aumentar la generación de energía eléctrica, 54% más de kilovatios que el total en operación al inicio de su ejercicio.

El crecimiento de la producción nacional es satisfactorio como índice del ininterrumpido desarrollo del país, y como prueba de la eficacia de la legislación y las medidas administrativas que el Gobierno ha adoptado para propiciarlo.

El incremento del turismo nos coloca ya en un lugar importante en el panorama mundial de esta actividad.

Las obras que se realizan con el fin de traer mayor cantidad de agua potable al Distrito Federal, para el indispensable desagüe de la ciudad y para lograr el transporte masivo, satisfacen a todos los mexicanos.

La red carretera nacional, los caminos vecinales y la vasta red de microondas van integrando, cada vez más sólidamente a la nación.

El Estado no es dueño del medio de propagación de la radiodifusión; pero sí es, como principio universalmente aceptado en la doctrina y la práctica, su regulador exclusivo.

Es por ello que al Estado corresponde vigilar que esos servicios, de evidente interés público, contribuyan a fortalecer la solidaridad social y sean respetuosos de la moral pública.

Las relaciones obrero patronales se mantienen armónicas merced a la intervención conciliatoria de las autoridades del Trabajo.

Esto satisface al Congreso, puesto que significa la continuidad en el proceso productivo para bien de la nación.

Ambos cuerpos colegisladores han revisado -durante el receso- la iniciativa de nueva Ley Federal del trabajo que en este período habremos de discutir.

Se trata de un proyecto generoso que busca mejorar las condiciones de los trabajadores y, al mismo tiempo, estimular la economía del país, y ha propiciado importantes puntos de vista y aportaciones fecundas de miembros de ambas Cámaras y de todos los sectores interesados.

Por ello tendrá -puedo asegurarlo- nuestra aprobación.

Nos complace conocer de las tareas que se realizan en bien de la salud, ya que sin ella el hombre no es cabal y se reduce su eficacia social.

Mientras haya quienes no tengan los recursos suficientes para atender a todas las necesidades de los suyos, será preciso que se proporcione asistencia a los menores.

Esa tarea que demanda emoción humana, calor materno, generosidad y nobleza, la realizan con eficacia creciente el Instituto Nacional de Protección a la Infancia y la recientemente creada Institución Mexicana de Asistencia a la Niñez.

Reciba el alma y motor de la benemérita obra, Doña Guadalupe Borja de Díaz Ordaz, el reconocimiento sincero del congreso de la Unión.

La incorporación de los trabajadores mineros al régimen de seguridad social merece nuestro aplauso.

El interés del Régimen en la educación, en todos sus niveles, es notorio.

Sigue siendo el renglón individual en que se hace una inversión mayor.

Y así debe ser, ya que sin una adecuada preparación de cada uno es imposible la tarea de crecer como nación en la libertad y la justicia y, muy por el contrario, corremos el riesgo de quedarnos atrás en un mundo que camina demasiado de prisa.

La inversión en escuelas, maestros, laboratorios, equipos y libros es la más sana.

Equivale a la colocación de cimientos para una sólida edificación.

Los mexicanos todos nos congratulamos de la forma feliz en que se llevaron a cabo los Juegos Olímpicos el año pasado en nuestro país.

Era un compromiso ante el mundo que la nación había contraído, y a los ojos del mundo se cumplió.

Fue una gran competencia atlética que tuvo por escenario excelentes instalaciones y que puso de relieve un ejemplar sentido de organización.

Especial mención merece el acierto de haber restituido el sentido cultural que tenía en la antigua Grecia.

La respuesta popular fue digna de admiración y, de todo ello, puede usted, señor Presidente, estar legítimamente satisfecho como Patrono de los Juegos Olímpicos realizados en México en octubre de 1968.

El que la producción agropecuaria haya superado los índices del pasado, es una noticia grata a todos los mexicanos.

Las tareas de investigación para incrementar la productividad, son esfuerzos que se realizan, pensamos, para asegurar la alimentación de un pueblo cuyo número crece a ritmo acelerado.

La inversión pública del año que el Informe abarca -y es la más elevada en la historia del país- traerá saludables y benéficas repercusiones en la economía.

El levantamiento aero-fotogramétrico de nuestro suelo, será base eficaz para el necesario inventario de nuestros recursos, que permitirá un adecuado aprovechamiento de la riqueza patria.

Lo incierto de la Economía mundial, nos permite ver de manera más clara el mérito de haber logrado la estabilidad de nuestra moneda.

Las reservas monetarias, superiores a las de años anteriores, crean el clima de confianza necesario a la inversión, el trabajo y el progreso.

Estimamos sanas y oportunas las medidas adoptadas para resistir las presiones inflacionarias.

No caigamos en el sopor de la autocomplacencia que debilita la fibra de la vigilancia y el ardor del esfuerzo.

Sigamos siempre activos y vigilantes.

La política internacional se mantiene incólume, firmemente asentada en los principios de autodeterminación y de no intervención.

Los esfuerzos de su Gobierno en favor de la paz y por frenar la carrera armamentista, satisfacen el sentir popular.

Con usted la representación nacional se duele del conflicto de dos repúblicas hermanas, Honduras y El Salvador; y también creemos que prevalecerán el derecho y el buen juicio.

Puede usted tener la seguridad de que todos los mexicanos estaremos en torno a su Gobierno en la defensa del derecho y la razón en que se funda el Decreto del año anterior, que declara mar territorial la parte norte del Golfo de California.

¡La Justicia habrá de vencer!

Es grato constatar que su Administración ha sostenido a lo largo de su servicio una continua preocupación, traducida en incesante esfuerzo, por lograr la justicia social, buscando acortar la distancia entre la opulencia y la indigencia, entre los menos y los más.

No es sólo lo que se realiza por los órganos encargados de la seguridad y la asistencia sociales, no es únicamente lo que se efectúa en el terreno de las relaciones laborales, sino que todo el empeño del gasto público tiende a dar satisfacción a los principios de esa justicia: la electrificación de poblados y rancherías; el agua potable que se lleva a las pequeñas comunidades; el camino vecinal y la carretera que permiten el tránsito de personas y el transporte de mercaderías; las obras de riego, grandes y pequeñas, para asistir a comuneros, ejidatarios y pequeños propietarios en su labor de hacer producir la tierra; el crédito y la asistencia técnica al campo; el seguro agrícola; los precios de garantía; la escuela que se construye y el maestro que se envía aun a las comunidades más modestas.

Todo esto, que sólo enumeramos a guisa de ejemplos, se hace para mejorar las condiciones de quienes tienen menores recursos y hacer así su vida más llevadera.

Reconocemos que aún es mucho lo que falta por hacer; pero salta a la vista el esfuerzo realizado y los avances logrados.

Usted ha procurado siempre interpretar los anhelos del pueblo, del auténtico pueblo, de las grandes mayorías, sin dejarse desviar en la acción por las ruidosas manifestaciones de grupos organizados para la defensa de ajenos intereses, ni por las presiones de quienes se autocalifican como intelectuales y defensores del pueblo.

Entre la cómoda actitud de ganar el aplauso momentáneo y hacer lo que se debe para bien del país, siempre ha optado por lo último, con la serenidad de quien sabe que cumple su deber.

En usted, señor, destaca su carácter humanista.

Cada discurso que pronuncia, cada declaración ante la prensa, cada Informe rendido ante los legisladores, las charlas informales con quienes le visitan, y todos los aspectos de su obra, están preñados de ese espíritu.

Ya en su mensaje de toma de posesión afirmaba:

"Nuestro sistema democrático tiene como punto de partida al hombre, no como simple guarismo o pura abstracción, sino como sujeto intransferible de derechos, como persona cuyos atributos de dignidad y libertad consideramos fundamentales; estos atributos garantizan la solidez sagrada de la familia que, a su vez, forma y estrecha los lazos de lo que debe fundar inquebrantable solidaridad social. Hombre, familia, patria, humanidad, son conceptos esenciales e inseparables."

Esta es la idea central de su pensamiento y su exposición ampliada y reiterada, así como otros importantes conceptos van enriqueciendo la filosofía de la Revolución Mexicana de un hondo sentido nacional.

Con frecuencia quienes vivimos inmersos en la política vemos en el Presidente de la República únicamente al funcionario, olvidando que como nosotros mismos es también hombre, esposo y padre.

No así el pueblo, el que con su fina intuición se identifica con él y se llena de orgullo al saber que además de sus elevadas virtudes de estadista ha mantenido una intachable conducta en su vida privada.

Por otra parte, con su actuación ha sabido rescatar el valor real del término política, pues ha puesto en práctica lo que entiende por ese vocablo: "... la ciencia de servir con desinterés a los demás".

Tal pensamiento lo ha convertido usted en una tesis en plena acción.

Todo ataque a la ley ha de ser visto como una amenaza a toda la sociedad.

La violación intencional y sistemática a las leyes tiende a destruir la existencia política de la nación.

Creemos que cada hombre está obligado a defender el derecho.

Quien defiende el derecho propio defiende el derecho en general, y quien defiende al derecho todo, defiende su propio derecho.

Cuidémonos mucho del avance del monstruo de la anarquía, destructora del bienestar de todos.

El Estado tiene no sólo la facultad, sino la obligación de defenderse, en tanto que depositario y guardián del bien colectivo.

La libertad no puede substituir sino en el orden y el respeto a la Ley.

La paz, el sosiego, el orden público son bienes que al pueblo han costado sacrificios.

El Gobierno tiene la obligación de procurar su mantenimiento por todos los medios a su alcance.

El mexicano no quiere trastornos ni estériles agitaciones, lo que anhela es vivir en paz, tener un trabajo justamente remunerado, poder dar las satisfacciones elementales a los suyos y ver el crecimiento patrio con el esfuerzo de todos.

Funesto empeño es el de destruir lo que se tiene, por aspirar a lo que no se define ni se conoce.

El pueblo quiere que sus leyes se respeten, y nadie ose alzarse en su contra, para ser sustituidas con caprichos de pequeños grupos de presión.

Entre ellos, por desgracia, jóvenes incautos que se dejaron deslumbrar por prédicas ajenas y llevar por el entusiasmo con los ejemplos de violencia.

Pero podemos afirmar que la juventud mexicana, en su inmensa mayoría, siente y quiere a México.

Bienvenida sea toda inconformidad, si es sana y constructiva.

Que no se desborde para arrasar sino que se encauce para fecundar.

El año pasado, el Gobierno escuchó con serenidad y sobrada paciencia las ofensas, los denuestos, las mendaces procacidades de los enemigos de la vigente conjugación de orden y libertad; agotó los medios de tolerancia y persuasión para reducir a los pocos que, por desgracia, extraviaron el camino.

Cuando la actitud de rebeldía tomaba caracteres de insurrección y era patente su terca intransigencia y su absoluta falta de respeto a los intereses populares, el Gobierno se vio en la necesidad de proceder con rigor, consciente de que es preferible un acto enérgico, a que el pueblo sufra malestar por tiempo indefinido.

'Contra la patria -como dijera un ilustre mexicano del pasado siglo- no hay razón.'

Las fuerzas armadas del país cumplen sus diarias tareas cada vez con mayor eficacia, siempre al servicio de las instituciones que el pueblo se ha dado, dando ejemplo de disciplina, honor, lealtad y respeto a la ley.

Es excelente y merecer aplauso su labor en el auxilio de damnificados en zonas afectadas por fuerza de la naturaleza.

Cuando usted ha considerado necesario limpiar la casa, lo ha hecho sin temor a la crítica y la incomprensión.

No exije de sus colaboradores sino lo que exije de sí mismo: lealtad, valor, trabajo tesonero, pasión por México y honradez en los procedimientos.

De la misma manera que ha resistido los embates del insulto y de la insidia, sin que el odio anidase en su pecho, así también ha sabido resistir el halago, la adulación y la lisonja, sin que la vanidad ocupe lugar alguno en su espíritu.

Ese espíritu que ha revitalizado su fuerza moral y física.

Reciedumbre en el carácter, decisión en el propósito, firmeza en la acción, son características de su personalidad.

Ha ejecutado obras por todos los rumbos de la geografía patria, sin autorizar propaganda ostentosa para ellas.

El Congreso tiene plena confianza en el buen sentido del pueblo.

En nuestro tiempo, la intuición popular ha sabido elegir al hombre que la época requiere para mejor servir a México.

Sabemos que a las urnas electorales irán los ciudadanos a depositar su voto en entera libertad y guardando el orden que al país conviene.

Anhelamos que todos, y muy particularmente aquellos que estén investidos de poder, dando cumplimiento a las leyes, logren que la nación marche por el sendero de la prosperidad y el engrandecimiento.

Los partidos políticos, que representan todas las corrientes ideológicas, tienen una seria responsabilidad en la realización de las campañas electorales y en la celebración de las elecciones.

Ellos deberán encauzar a sus miembros y simpatizantes a fin de que en los actos del proceso electoral se mantenga la altura que la democracia reclama.

Los mexicanos estamos y debemos permanecer unidos.

Unidad no quiere decir absoluta identidad de criterios y formas de ver los problemas, sino unión de propósitos y de anhelos con relación al bien de la Patria.

Que cada uno permanezca fiel a sí mismo; pero a la vez procure mayor unidad con sus semejantes en un esfuerzo continuado hacia arriba.

Así nos encontraremos unidos en la cima para bien de todos.

Esta es una aspiración que todos llevamos dentro.

Conciudadanos:

En torno a la austera figura del Presidente debemos unirnos todos los mexicanos en esta hora, para que con nuestra dedicación en el presente podamos construir el mañana promisorio en donde han de vivir nuestros hijos y, más allá, sus descendientes.

Señor Presidente:

Cuando haya usted terminado su gestión, podrá retirarse con la conciencia tranquila de quien ha procurado el bien de México y aguardar confiado el fallo de la posteridad. Fuentes:

1. Gustavo Diaz Ordaz Mexican Presidential Messages. Textos digitalizados por la Universidad de Texas: http://lanic.utexas.edu/larrp/pm/sample2/mexican/ordaz/index.html

2. http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/47/3er/Ord/19690901-I.html

3. http://www.diputados.gob.mx/cedia/sia/re/RE-ISS-09-06-13.pdf

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