Discurso de Gustavo Díaz Ordaz en su Quinto Informe de Gobierno
Chapter 5
Si a éstos se suman informadores, observadores e invitados especiales, el total se eleva a 16,158, de quienes 1,353 fueron mexicanos.
La Oficina de Control de Alojamiento vendió certificados de garantía de alojamiento y boletos a más de 50,000 personas provenientes del exterior.
Contábamos con algunas instalaciones, que hubo necesidad de ampliar o adaptar, y construimos otras más hasta completar las requeridas para las pruebas olímpicas, en el plazo apremiante a que nos obligamos y a escala con la magnitud de nuestro compromiso. En todas ellas jugó brillantemente la capacidad de los más calificados equipos nacionales de ingenieros, arquitectos, artistas, administradores y trabajadores en general.
La inversión directa en instalaciones deportivas ascendió a $ 670.000,000.00 y el Departamento del Distrito Federal erogó, en obras viales, $ 207.000,000.00.
El costo de la Villa Olímpica 'Libertador Miguel Hidalgo', fue de $ 201.000,000.00 y el de la parte utilizada en la Villa de Coapa 'Narciso Mendoza', fue de $ 159.000,000.00.
Estos conjuntos habitacionales están siendo vendidos al público.
El 93.9% del monto total de los gastos fue erogado en México y sólo el 6.1% restante en el extranjero.
El gasto total fue de $ 2,198.000,000.00, rebasando en $ 283.000,000.00 a las cifras que señalé en el Informe del año pasado.
El aumento se debió, fundamentalmente, al mayor gasto corriente que tuvo necesidad de realizar el Comité Organizador.
Según estimación al 31 de agosto, sus erogaciones ascienden a $ 961.000,000.00, financiados con $ 250.800,000.00 de ingresos derivados del propio evento y $ 710.200,00.00 de subsidio otorgado por el Gobierno Federal.
Se han recuperado diversos activos fijos por valor de $ 130.000,000.00.
Fueron pagados $ 159.600,000.00 a empresas del sector público o dependencias del propio Gobierno, por pasajes de avión, primas de seguro, lubricantes y combustibles, arrendamiento de villas, impuestos y otros.
El costo material de la Olimpiada fue necesariamente elevado, y compleja y ardua su organización.
Hubo, incluso, que resolver problemas derivados de los avances de la ciencia y de la tecnología, que por primera vez se habían presentado en la historia de estas competiciones.
Tanto los Juegos como el programa cultural fueron ejemplares por su previa organización y la precisión con que cumplieron los programas.
Contra los pronósticos de que la altura de la ciudad de México sería factor adverso para el resultado deportivo, en estos Juegos se superaron más marcas mundiales y olímpicas.
En Tokio se superaron 42 veces las marcas mundiales, y en México 96; en Tokio se rompieron 354 veces las marcas olímpicas, frente a 483 en México.
La actuación de nuestros atletas fue relevante.
En la historia deportiva del país, nunca se había logrado igual número de victorias olímpicas.
En el programa cultural participaron 97 países; se ofrecieron 2,255 funciones y 4,455 proyecciones de películas, presentándose, además, 85 exposiciones.
Gracias nuevamente a las naciones amigas por esta importante colaboración.
Los Juegos de la XIX Olimpiada constituyeron el acontecimiento quizá más difundido en la historia de las comunicaciones modernas.
Se calcula que, tan sólo por televisión, 600.000,000 de personas siguieron su desarrollo en todo el mundo.
La prensa, el radio y la televisión nacionales merecen especial mención por su magnífico y eficaz desempeño en la transmisión de los juegos deportivos, eventos atléticos y actos culturales.
'Ofrecemos y deseamos la amistad con todos los pueblos de la Tierra'.
Con este espíritu recibimos a nuestros visitantes y bajo este lema se desarrollaron los Juegos Olímpicos.
Desde que aceptamos formalmente el compromiso éste se constituyó en reto para nuestro pundonor, capacidad, imaginación creadora y eficacia.
Significó también el dilema de si se cumpliría o no la voluntad popular expresada en todos los ámbitos de la nación, sobre todo cuando se pretendió contrariarla y se irguió más recia y arrolladora para imponerse a la mezquindad.
¡Qué frustrados, qué tristes, qué dolidos nos sentiríamos millones de mexicanos si no hubiésemos podido, por cualquier circunstancia, cumplir el compromiso que habíamos contraído ante nosotros mismos y ante el mundo!
El estallido emocional de la clausura de los Juegos fue el natural desbordamiento de júbilo de un pueblo que se había señalado una tarea y ya podía decir: 'misión cumplida'.
El haber dado cima a la obra, por muchos considerada superior a nuestras fuerzas, rompió para siempre y de manera enérgica algunas de nuestras limitaciones de pueblo escaso o ayuno de muchas satisfacciones materiales y culturales; ese pueblo nuestro olvidó frustraciones y supo demostrar su valía. Independientemente de otros muchos aspectos, éste es uno inapreciable del balance de la justa internacional a la que México dio el espléndido escenario de su suelo.
Las medallas de oro, plata y bronce que cobramos en leal competencia con los mejores atletas del mundo, están en el corazón de los mexicanos y nos estimulan para alcanzar nuevas marcas en ese y otros órdenes de la vida; ya nos probamos a nosotros mismos que podemos conquistarlas.
Declaramos nuestra gran satisfacción y legítimo orgullo por los magníficos resultados del esfuerzo colectivo del pueblo mexicano para salir airoso, brillantemente airoso y hacer realidad la bella Jornada de Octubre de 1968, en la que México puso, al abrir sus brazos a la juventud del mundo entero, calor humano y sentido de la hospitalidad como nunca se habían dado en la historia de esos eventos.
A la desbordante participación de nuestro pueblo se debió que México se hiciese notoriamente presente en el mundo y que nuestro esfuerzo mereciese el aplauso que nos saludó en todas las altitudes.
Nuestra patria llenó el mundo, durante aquellos días, con su ardiente y conmovedora emoción.
Pruebas físicas y manifestaciones del concierto universal de la cultura fueron el marco de algo que nos es consustancial: nuestra voluntad de sobreponer a todo género de intereses los intereses permanentes del espíritu; la voluntad de afirmar la paz en la confraternidad de todos los hombres, en el convencimiento de que, sin ella, la humanidad no podrá sobrevivir a las grandes pruebas que tendrá que afrontar en el futuro.
CAPÍTULO IV.
Política exterior.
Relaciones Exteriores.
Ante la asamblea general de la Organización de las Naciones Unidas, México reiteró que el mantenimiento de la paz mundial es el imperativo primario y que, para ser firme, duradera y justa, ha de fincarse en el respeto a los derechos de todos los pueblos, especialmente el de su libre determinación.
Agregó que la libre determinación, a su vez, exige el cumplimiento por parte de todos los Estados del principio de no intervención.
México ha insistido sobre la urgencia de que cuanto antes se inicien las negociaciones entre las potencias atómicas, para limitar y reducir la carrera en la producción de armamentos nucleares, ya que, además de constituir un serio peligro para la paz mundial, distrae recursos que deberían destinarse a aliviar las carencias que afligen a dos terceras partes de la humanidad.
En fecha todavía reciente, señalamos ante el Comité de Desarme la urgencia y la oportunidad de que los Estados Unidos y la Unión Soviética reanuden las negociaciones sobre la materia.
Propusimos concretamente que tanto el propio Comité como la asamblea general de las Naciones Unidas podrían y deberían dirigir un llamado apremiante a esas potencias para que aceptaran una moratoria de dos o tres años, en su caso renovables, sobre la adopción de cualesquiera nuevas medidas capaces de alterar el precario equilibrio que ahora parece existir.
Dado el incesante desarrollo de la tecnología, es particularmente cierto que, en cuestiones de desarme, el no avanzar es retroceder.
Por ello, deterioros circunstanciales de las relaciones políticas entre los dos interlocutores no deber ser causa suficiente para posponer el proceso de negociación.
Aunque reconocemos que afecta directamente a las mencionadas potencias, no podríamos aceptar que el problema sea puramente bilateral.
En efecto, si numerosos países no nucleares han renunciado al derecho de poseer armas atómicas, tienen derecho a su vez a verse librados del peligro de una confrontación nuclear directa, que abrasaría a todo el mundo, peligro que contiene en sí misma la carrera armamentista.
Nuestro país reiteró su posición en favor de la pronta, conclusión de un Tratado para la Prohibición Total de los Ensayos Nucleares, incluso los subterráneos.
La delegación mexicana ante la Conferencia del Desarme, presentó un documento en el que se define la posición de nuestro país con respecto a la utilización, con fines pacíficos, de los fondos marinos y oceánicos fuera de los límites de la jurisdicción nacional.
Al abordar este tema precisamente que, si bien el asunto más importante y urgente sigue siendo el del desarme nuclear, el de la desmilitarización de los fondos oceánicos permite a los ocho países no alineados, que forman parte de la Comisión de Desarme, ejercer una acción conciliadora que sirva de apoyo y estímulo a nuevas actitudes de las dos grandes potencias nucleares.
Los recursos del fondo de los mares, apenas empezados a explorar, resultarán seguramente de inmenso valor.
Pensamos que si ese ámbito pertenece a la humanidad entera, debe ser empleado en beneficio de todos los países.
Nos pronunciamos claramente por la prohibición de toda actividad militar en los fondos marinos, en vez de que sólo se prohíba el emplazamiento de armas nucleares y otras de destrucción en masa.
La razón básica en que se apoya la proposición de este principio general, consiste en sustraer por completo los fondos marinos de la carrera armamentista.
Creemos que el factor tiempo es capital en este asunto.
Hasta ahora, el fondo de los mares está libre o casi libre de todo uso militar.
Si desde el principio se permite su militarización parcial, con el tiempo se producirá el conocido proceso de reforzamiento de los intereses creados y de consolidación de las posiciones asumidas.
El momento más propicio para un acuerdo total es ahora, no en el futuro.
De conformidad con lo previsto en el Tratado de Tlatelolco, el Gobierno de México convocó a la reunión preliminar destinada a constituir el Organismo para la Proscripción de las Armas Nucleares en la América Latina. La reunión tuvo lugar entre el 24 y el 28 de junio.
Participaron en ella delegaciones de los trece Estados que ya para entonces eran parte del Tratado.
El 6 de septiembre de 1968 suscribimos con el Organismo Internacional de Energía Atómica un acuerdo por el que, en cumplimiento de las disposiciones del artículo 13 del Tratado, aceptamos la aplicación del Sistema de Salvaguardias de dicho Organismo a las actividades nucleares de nuestro país.
Es este el primer instrumento de esta naturaleza que se firma en el mundo.
Por otra parte, el 21 de enero del año en curso depositamos el instrumento de ratificación, por parte de México, del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares, que habíamos firmado el 26 de julio de 1968.
Asimismo formulamos una declaración destinada a salvaguardar plenamente los derechos y obligaciones de nuestro país en su carácter de Estado Parte en el Tratado de Tlatelolco.
La conferencia General del Organismo para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina inaugurará mañana su primera reunión; participarán en ella delegaciones de los 14 Estados Partes en el Tratado de Tlatelolco, y asistirán como invitados especiales el Secretario General de las Naciones Unidas y el Director General del Organismo Internacional de Energía Atómica.
Nuestra más cordial bienvenida anticipada a tan distinguidos visitantes , y para U Thant, el reconocimiento público por su incansable entrega a la causa de la paz.
Se celebraron diversas reuniones de la Comisión Especial de Preferencias, a efecto de dar cumplimiento a la resolución adoptada unánimemente durante la Segunda Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, en Nueva Delhi, que fija la conveniencia del pronto establecimiento de un sistema general de preferencias, sin reciprocidad ni discriminación para los productos manufacturados y semi-manufacturados que exportan los países en desarrollo.
De acuerdo con el calendario aprobado, dicho sistema deberá estar en operación en 1970.
El llamado Primer Decenio de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo distó mucho de satisfacer las aspiraciones de los países no industrializados, aunque en general se lograron los avances.
Por lo que se refiere a América Latina, a pesar de los adelantos evidentes en muchos aspectos, los cambios institucionales y estructurales indispensables han marchado con lentitud.
Con la mira de definir mejor los problemas del subdesarrollo económico y social, fijar objetivos más concretos y especificar medios convergentes para la acción, tanto de países en desarrollo como industriales, la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció una Comisión Preparatoria del Segundo Decenio de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Esta Comisión, de la que México forma parte, tiene además el mandato de hacer sugerencias sobre un mecanismo de evaluación y ejecución de la estrategia internacional para el desarrollo.
México comparte la convicción de quienes piensan que la clave de la paz mundial, para esta generación y seguramente para la que la suceda, está en hallar fórmulas capaces de satisfacer las aspiraciones elementales de pueblos a los que no ha llegado, sino de manera muy deficiente, el beneficio que la asombrosa tecnología contemporánea hace posible.
La integración económica de la América Latina sigue confrontando graves problemas difíciles de resolver, como el de agrupar en una sola asociación a países en etapas distintas de desarrollo económico y lograr avanzar firmemente en la liberación de los intercambios, principalmente respecto a productos agropecuarios.
No obstante las dificultades, las negociaciones de desgravación, las reuniones sectoriales y de grupos de asesores han continuado normalmente.
Como en carne propia sufrimos el reciente conflicto entre las hermanas Repúblicas de Honduras y El Salvador.
Hermanas no nada más por el mismo barro que nos conforma y nos une en identidad orgánica singular en la historia, sino por tantas y tantas vinculaciones de todo orden que trascienden las simples fronteras territoriales.
El hecho inusitado de que los dos países determinasen depositar sus respectivos intereses en México, obliga nuestro reconocimiento que ahora reitero.
Nos esforzaremos en corresponder a tan alta distinción.
Acudimos a la reunión de Cancilleres convocada por la Organización de los Estados Americanos con la firme decisión de lograr la conciliación de hondureños y salvadoreños, sin presiones que seguramente hubiesen ahondado la querella.
La nobleza ingénita de ambas partes hizo posible que prevaleciese la supremacía del derecho.
El principio de solución del conflicto hondureño - salvadoreño es página de la que ya puede desprenderse una importante lección: para un mundo como el de nuestros días, en el que la violencia parece erigirse como ley irrebatible resulta insólito que dos familias nacionales que se enfrentan dispuestas a dirimir sus diferencias por la fuerza, hayan acatado ejemplarmente la majestad de la inteligencia.
Siempre es más fácil, aunque no sea lo debido ni lo conveniente, desatar la violencia que acatar los dictados del derecho.
Ojalá que en todos los conflictos que afligen al tormentoso mundo actual privara la disposición generosa y valiente que honra a Honduras y a El Salvador.
Con preocupación de hermanos, seguiremos presentes -como tenemos la seguridad que lo está toda la América Latina para cooperar a la resolución definitiva del problema, restañar las heridas y aliviar los males ocasionados.
El 13 de diciembre del año anterior me reuní nuevamente con el señor Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica para la inauguración del nuevo cauce del Río Bravo 'Adolfo López Mateos'.
En la ceremonia, me referí a la devolución a México del banco fluvial llamado 'Los Indios', desprendido de nuestro territorio en 1967, y lograda en aplicación de los mismos principios que sirvieron para resolver el caso de El Chamizal, para expresar el deseo de llegar a concluir una convención bilateral que prevea la solución de los problemas que puede suscitar la formación de bancos e islas en el propio río.
El señor Presidente Richard M. Nixon y yo acordamos reunirnos el próximo día 8 del presente para inaugurar la Presa de La Amistad.
Considero que es una grata oportunidad para reiterar de viva voz los sentimientos amistosos del pueblo mexicano hacia el pueblo norteamericano.
Con motivo de la visita de la Misión Ministerial Canadiense, en noviembre de 1968, se creó el Comité Conjunto México - Canadá que sin duda servirá para vigorizar las relaciones económicas entre ambos países.
Firmamos un convenio comercial con Japón, cuyo objeto es facilitar y desarrollar las relaciones comerciales existentes entre los dos países, a través del otorgamiento recíproco del trato de nación más favorecida en materia de intercambio de mercancías y de control de medios de pago o reglamentación sobre el cambio internacional.
Un intercambio de misiones comerciales entre México y Brasil tiene muy buenos auspicios para resultados positivos.
Con fecha 27 de septiembre de 1966, los ciudadanos diputados a la XLVI Legislatura, miembros del Partido Acción Nacional, formularon iniciativa para reformar el entonces artículo 17 (ahora 18) de la Ley General de Bienes Nacionales para aumentar a 12 millas el mar territorial.
Al ser discutida, los diputados del citado Partido estuvieron de acuerdo con el dictamen de la Comisión que sólo por consideraciones de oportunidad no aceptaba la propuesta en lo relativo a la anchura del mar territorial.
El Artículo 27 de la Constitución General de la República establece -desde 1917- que las aguas de los mares territoriales son propiedad de la Nación 'en la extensión y términos que fije el Derecho Internacional'.
Distinguidos internacionalistas mexicanos, tanto en reuniones interamericanas como mundiales, han venido luchando desde hace muchos años por que se reconozca que la extensión del mar territorial puede fijarla un Estado siempre que no exceda de lo 'razonable'.
Lo razonable, frente a la diversidad de legislaciones, se ha considerado, cada vez con el consenso de mayor número de Estados soberanos, entre las tres millas como mínimo y doce como máximo.
Por su precisión puede señalarse el Acuerdo, citado en la propia iniciativa, tomado por unanimidad en 1965, en Río de Janeiro, por el Consejo Interamericano de Jurisconsultos -no formado por representaciones estatales oficiales- que dice textualmente:
'Todo Estado Americano tiene el derecho de fijar la anchura de su mar territorial hasta un límite de 12 millas marinas, medidas a partir de la línea de base aplicable.'
Por las anteriores razones, resumen esencial de las mismas que fundamentaron la iniciativa de Acción Nacional, y estimando que, dados los pasos previos indispensables, resulta ahora ya oportuna, muy pronto enviaré a este honorable Congreso de la Unión una Iniciativa de Reformas a la Ley General de Bienes Nacionales para ampliar a 12 millas la anchura de nuestro mar territorial.
En el Informe anterior di cuenta a esta H. Representación de la firma del Decreto declarando mar territorial la parte del Golfo de California que se encuentra al Norte de la cadena de islas formadas por las de Tiburón, San Esteban y San Lorenzo, reconocido en la Convención sobre Mar Territorial y Zona Contigua, y con apoyo en la fracción V del artículo 42 de la Constitución General de la República.
Sólo los Estados Unidos de Norteamérica han objetado nuestra determinación y formulado reserva de derechos al respecto.
Decíamos hace un año, y ahora lo repetimos:
'Si nuestra decisión, a pesar de ser mero ejercicio de nuestra soberanía, fuere impugnada, nos esforzaremos por defenderla con la razón y el derecho, ya que la consideramos justa y acorde con los principios del Derecho Internacional, los preceptos de la citada Convención y los precedentes en la materia.'
Seguimos creyendo firmemente que nuestra resolución es justa y que está acorde con los principios jurídicos internacionales aceptados; nos esforzaremos por seguir defendiéndola con la razón y con el Derecho, seguros de que será reconocida la justicia que nos asiste.
CAPÍTULO V
Ciudadanos diputados;
Ciudadanos senadores;
Ciudadanos presidente y ministros de la Honorable Suprema Corte de Justicia de la Nación:
Este fue un año de inseguridad, falta de fluidez en los pagos internacionales, especulación con el oro, alza desproporcionada de las tasas de interés, grave deterioro de economías aparentemente vigorosas, caída o debilitamiento de monedas consideradas entre las más sólidas.
Todo ello, aparejado al lento crecimiento de la demanda mundial de materias primas y al aumento de la producción en los países altamente industrializados, plantea situaciones cada vez más difíciles, particularmente para los países en vías de desarrollo.
Dentro de este marco de incertidumbre internacional y no obstante las presiones internas, logramos equilibrio entre el producto bruto y el medio circulante; moderamos el aumento de precios; sostuvimos la firme solidez del peso mexicano y su libre convertibilidad, y alcanzamos un crecimiento del 7.1%, el mayor de lo que va del sexenio.
Decíamos en 1967:
'¡Qué bueno, qué satisfactorio para los mexicanos que nuestro peso se consolide! Pero la sola dureza de nuestra moneda, en la que descansa la economía, si no se traduce en más pan para los humildes, en techo, en seguridad social y en oportunidades de formación para sus hijos es logro totalmente secundario'.
El arrancar a la gran masa nacional de su pobreza es urgencia a la que no podemos, no debemos responder con la simple consolidación de estructuras económicas que no benefician a esa gran porción de la familia mexicana.'
Hoy reafirmamos que el mejoramiento de los grandes sectores de la población, el rural y el obrero, es condición real de progreso, a la vez que propósito normativo de justicia social.
El auténtico desarrollo depende, fundamentalmente, de una mayor y más extendida capacidad adquisitiva en los grandes núcleos populares.
Esto sólo es posible si todos los sectores laborales disfrutan de mejor preparación, conocimientos técnicos y culturales más amplios, y una mayor conciencia de la importancia de su propio esfuerzo.
Debemos aprovechar el más preciado de todos nuestros recursos: el hombre.
La creación de fuentes de trabajo debe ser propósito fundamental de toda inversión, pública o privada.
La riqueza producida debe ser compartida por todos.
Si en el esfuerzo conjunto nadie es ajeno ni insignificante, nadie tampoco debe ser excluido de los beneficios.
La meta es crecer y prosperar juntos.
Acelerar el desarrollo puede parecer relativamente fácil a quienes creen que todo es obra del mero progreso, resultado del simple paso del tiempo.
Pero el progreso verdadero, que tiene como propósito satisfacer las necesidades nacionales, dentro de un marco de respeto tanto a la persona como al interés social, exige una conciencia común que sólo se obtiene cuando el gobierno inspira sus actos en el mandato del pueblo, única manera de contar con la acción popular, fuerza en que se basa todo posible desarrollo.
Sería sumamente peligroso pretender acelerar el ritmo actual de crecimiento del país con apoyo principal en el financiamiento externo.
No sería justo, por otra parte, basarlo exclusivamente en recursos internos, porque implicarían un sacrificio excesivo de las generaciones actuales por el bienestar de los mexicanos del futuro.