Discurso de Fidel Castro ante la ONU
Chapter 3
La deuda de los países en vías de desarrollo ha alcanzado ya la cifra de 335 000 millones de dólares. Se calcula que el pago total por concepto de servicios de la deuda externa asciende a más de 40 000 millones cada ano, lo que representa más del 20% de sus exportaciones anuales. Por otro lado, el ingreso per capita promedio de los países desarrollados es ahora catorce veces superior al de los países subdesarrollados. Esta situación es ya insostenible.
Los países en vías de desarrollo necesitan que se establezcan nuevos sistemas de financiamiento, mediante los cuales reciban los recursos financieros necesarios para el desarrollo continuo e independiente de sus economías. Estos financiamientos deben ser a largo plazo y a bajo interés. El uso de esos recursos financieros debe estar a la plena disposición de los países en desarrollo, para que estos puedan establecer en sus economías el sistema de prioridades que corresponda con sus planes de desarrollo industrial y no sean absorbidos esos fondos financieros, como hoy ocurre, por las empresas transnacionales, que se benefician adicionalmente, aprovechando la supuesta contribución financiera al desarrollo para agravar la deformación de sus economías y obtener de la explotación de los recursos de los países máximas ganancias.
Los países en vías de desarrollo y, en su nombre, el Movimiento de Países No Alineados, demandan que una parte importante de los inmensos recursos que la humanidad hoy dilapida en la carrera armamentista sean dedicados al desarrollo, lo que contribuirá, simultáneamente, a alejar el peligro de guerra y facilitar el mejoramiento de la situación internacional.
Los Países No Alineados, expresando las posiciones de todos los países en vías de desarrollo, demandan un nuevo sistema monetario internacional, que impida las fluctuaciones desastrosas que hoy sufren las monedas que prevalecen en la economía internacional, en particular el dólar norteamericano. El desorden financiero golpea adicionalmente sobre los países en vías de desarrollo, los cuales aspiran a que en la elaboración del nuevo sistema monetario mundial ellos tengan palabra y decisión como representantes del mayor numero de países de la comunidad internacional y de más de 1 500 millones de hombres y mujeres. En resumen, Señor Presidente y Señores representantes:
El intercambio desigual, arruina a nuestros pueblos. !Y debe cesar!
La inflación que se nos exporta, arruina a nuestros pueblos. !Y debe cesar!
El proteccionismo, arruina a nuestros pueblos. !Y debe cesar!
El desequilibrio que existe en cuanto a la explotación de los recursos marinos, es abusivo. !Y debe ser abolido!
Los recursos financieros que reciben los países en desarrollo, son insuficientes. !Y deben ser aumentados!
Los gastos en armamentos, son irracionales. !Deben cesar y sus fondos empleados en financiar el desarrollo!
El sistema monetario internacional que hoy predomina, esta en bancarrota. !Y debe ser sustituido!
Las deudas de los países de menor desarrollo relativo y en situación desventajosa, son insoportables y no tienen solución. !Deben ser canceladas! (APLAUSOS)
El endeudamiento abruma económicamente al resto de los países en desarrollo. !Y debe ser aliviado!
El abismo económico entre los países desarrollados y los países que quieren desarrollarse, en vez de disminuir se agranda. !Y debe desaparecer!
Tales son las demandas de los países subdesarrollados.
Señor Presidente, señores representantes:
La atención a esas demandas, algunas de las cuales han sido presentadas sistemáticamente por los países en vías de desarrollo, en los foros internacionales, a través del Grupo de los 77 y del Movimiento de Países No Alineados, permitiría un cambio de rumbo en la situación económica internacional, que ofrecería a los países en vías de desarrollo las condiciones institucionales para organizar los programas que los situarían definitivamente en el camino al desarrollo.
Pero aunque todas estas medidas fueran llevadas a la practica, aunque se rectificaran los errores y vicios del presente sistema de relaciones internacionales, los países subdesarrollados carecerían de un elemento decisivo: el financiamiento externo.
Todos los esfuerzos internos, todos los sacrificios que hacen y están dispuestos a hacer los pueblos de los países en vías de desarrollo, todas las oportunidades de incrementar su potencial económico que se lograrían al eliminar la desigualdad entre los precios de exportación y los de importación y mejorar las condiciones en que se realiza su comercio exterior no serán, sin embargo, suficientes. A la luz de su situación financiera real y actual, necesitan además recursos en tal cantidad que les permitan, a la vez, pagar sus deudas y emprender los enormes gastos que a nivel mundial exige el salto al desarrollo.
Aquí también las cifras son demasiado conocidas para que necesitemos repetirlas. La Sexta Cumbre se preocupo ante el hecho de que no solo la deuda de los países subdesarrollados es prácticamente insoportable, sino también que esta deuda creciera cada ano a un ritmo que podríamos considerar galopante. Y los datos que acaba de suministrar el reciente informe del Banco Mundial, emitido en los mismos días en que celebrábamos la Conferencia de La Habana, confirman que la situación es cada día más grave. Solo en el ano 1978 la deuda publica externa de 96 países en desarrollo aumento en unos 51 000 millones de dólares. Este ritmo eleva la deuda a las cifras astronómicas mencionadas.
!No podemos, Señor Presidente, resignarnos a este panorama sombrío!
Los más reputados economistas, tanto los occidentales como aquellos que se adscriben a las concepciones del marxismo, admiten que la forma en que funciona el sistema de endeudamiento internacional de los países en vías de desarrollo es completamente irracional y que su mantenimiento amenaza con una súbita interrupción, que pondrá en peligro todo el precario e inestable equilibrio económico mundial.
Algunos tratan de explicar el sorprendente hecho económico de que los centros bancarios internacionales continúen suministrándoles fondos a países que están técnicamente en bancarrota, aduciendo que se trata de una contribución generosa para ayudar a esos países a soportar las dificultades económicas. Pero no es así. Es, en realidad, una operación de salvamento del propio orden internacional capitalista. En octubre de 1978 la Comisión de las Comunidades Europeas admitia en forma esclarecedora:
"El equilibrio actual de la economía mundial depende en grado considerable de que continúe la corriente de prestamos privados a los países en desarrollo no productores de petróleo... en una escala sin precedentes antes de 1974, y cualquier impedimento a esa corriente pondrá en peligro dicho equilibrio".
La quiebra financiera mundial seria muy dura, en primer lugar, para los países subdesarrollados y para los trabajadores de los países capitalistas desarrollados. Afectaría también a las más estables economías socialistas. Pero el sistema capitalista dudosamente podría sobrevivir a semejante catástrofe. Y seria difícil que la terrible situación económica resultante no engendrara, inevitablemente, una conflagración mundial. Ya se habla de fuerzas militares especiales para ocupar los campos petrolíferos y las fuentes de materias primas.
Pero si es deber de todos la preocupación por este panorama sombrío, es deber, primero, de los que poseen una mayor suma de riqueza y bienestar material. A los revolucionarios, al fin y al cabo, la perspectiva de un mundo sin capitalismo no nos asusta demasiado (APLAUSOS).
Se ha propuesto que en lugar del espíritu de enfrentamiento utilicemos el sentido de la interdependencia económica mundial que permita conjugar las fuerzas de todas las economías para obtener beneficios comunes, pero el concepto de la interdependencia solo es aceptable cuando se parte de admitir la injusticia intrínseca y brutal de la actual interdependencia. Los países en vías de desarrollo rechazan el que se les proponga como "interdependencia" la aceptación de la injusta y arbitraria división internacional del trabajo, que el colonialismo moderno les impuso a partir de la revolución industrial inglesa y que el imperialismo profundizo.
Si se quiere impedir la confrontación y la lucha, que es el único camino que aparece abierto para los países en vías de desarrollo .un camino que ofrece largos y difíciles combates cuyas proporciones nadie podría ahora predecir., es necesario que todos busquemos y encontremos formulas de colaboración para resolver los grandes problemas que, si bien afectan a nuestros pueblos, no pueden resolverse sin afectar de alguna forma a los países más desarrollados.
No hace muchos años expresamos que el derroche irracional de bienes materiales y el consiguiente despilfarro de recursos económicos de la sociedad capitalista desarrollada era ya insostenible. .Cual ha sido si no la causa de la dramática crisis energética que estamos viviendo? .Y quienes tienen que soportar las peores consecuencias, sino, los países subdesarrollados no petroleros? Estos criterios sobre la necesidad de poner fin al despilfarro de las sociedades de consumo son hoy una opinión generalizada.
En un reciente documento de la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial se afirma que:
"Las modalidades de vida actuales, especialmente en los países industrializados, tal vez tengan que experimentar un cambio radical y doloroso".
Claro esta que los países en vías de desarrollo no pueden esperar, ni esperan, que las transformaciones a que aspiran y los financiamientos que requieren puedan llegarles como una dadiva derivada de meros análisis sobre los problemas económicos internacionales. En este proceso, que implica contradicciones, lucha y negociaciones, los países No Alineados tienen que depender, en primer termino, de sus propias decisiones y esfuerzos.
Esa convicción emerge con claridad de la Sexta Cumbre. En la parte económica de la Declaración Final, los Jefes de Estado o de Gobierno reconocen la necesidad de realizar en sus países los cambios estructurales necesarios de índole económica y social, considerando que es esta la única forma de eliminar la vulnerabilidad actual de sus economías y de convertir el simple crecimiento estadístico en un verdadero desarrollo. Solo así lo reconocen los Jefes de Estado., los pueblos estarían dispuestos a pagar el precio que les exigiría ser los protagonistas principales del proceso. Como dijimos en aquella oportunidad: "Si el sistema es socialmente justo, las posibilidades de supervivencia, y desarrollo económico y social son incomparablemente mayores". La historia de mi país es un ejemplo irrefutable de ello.
La necesidad emergente e impostergable de dar solución al subdesarrollo, nos hace volver, Señor Presidente, al problema que hace un momento abordáramos, y que quisiera que fuese el ultimo presentado por mi ante esta XXXIV Asamblea General de las Naciones Unidas. Me refiero al financiamiento internacional.
Uno de los fenómenos más graves que acompaña al endeudamiento acelerado de los países en vías de desarrollo lo constituye, según dijéramos, el hecho de que la mayor parte del dinero que reciben del exterior esos países se ven forzados a emplearlo para cubrir sus balances comerciales y de cuenta corriente negativos, renovar deudas y pagar intereses.
Si tomamos el ejemplo de los países en vías de desarrollo no exportadores de petróleo, a cuya situación me referí en la Conferencia de La Habana, solo en los últimos seis años han acumulado déficit en sus balanzas de pagos que sobrepasan los 200 000 millones de dólares.
Frente a eso, las inversiones que realmente necesitan los países en vías de desarrollo son enormes. Y las necesitan, precisamente y en primer termino, casi sin excepción, en ramas y producciones de escasa rentabilidad, que no atraen a los inversionistas y prestamistas privados extranjeros.
Los países socialistas no participaron en el saqueo del mundo ni son responsables del fenómeno del subdesarrollo. Pero la obligación, sin embargo, de ayudar a superarlo, la comprenden y la asumen partiendo de la naturaleza de su sistema social, en el cual la solidaridad internacionalista es una premisa. De la misma manera, cuando el mundo aguarda que los países en desarrollo productores de petróleo contribuyan también a la corriente universal de recursos que ha de nutrir el financiamiento externo para el desarrollo, no lo hace en función de obligaciones y deberes históricos que nadie podría imponerles, sino como una esperanza y un deber de solidaridad entre países subdesarrollados. Los grandes países exportadores de petróleo deben estar conscientes de su responsabilidad. Incluso los países en desarrollo con mayor nivel deben hacer su aporte. Cuba, que no habla aquí en nombre de sus intereses y no defiende un objetivo nacional, esta dispuesta a contribuir en la medida de sus fuerzas con miles o decenas de miles de técnicos: médicos, educadores, ingenieros agrónomos, ingenieros hidráulicos, ingenieros mecánicos, economistas, técnicos medios, obreros calificados, etcétera.
Es, por ello, la hora de que todos nos unamos en la tarea de sacar a pueblos enteros y a cientos de millones de seres humanos del retraso, la miseria, la desnutrición, la enfermedad, el analfabetismo, que les hace imposible disfrutar a plenitud de la dignidad y el orgullo de llamarse hombres (APLAUSOS).
Hay que organizar, pues, los recursos para el desarrollo, y esa es nuestra obligación conjunta. Existen, Señor Presidente, tal numero de fondos especiales, multilaterales, públicos y privados, cuyo objetivo es contribuir a uno u otro aspecto del desarrollo, ya sea agrícola, ya sea industrial, ya se trate de compensar los déficits en los balances de pagos, que no me resulta fácil, al traer ante la XXXIV Asamblea los problemas económicos discutidos en la Sexta Cumbre, formular una proposición concreta para el establecimiento de un nuevo fondo.
Pero no hay duda de que el problema del financiamiento debe ser discutido profunda y plenamente, para encontrarle una solución. Además de los recursos que ya están organizados, por los distintos canales bancarios, por las organizaciones concesionarias, los organismos internacionales y los órganos de las finanzas privadas, necesitamos discutir y decidir la manera de que, al comenzar el próximo decenio para el desarrollo, en su estrategia se incluya el aporte adicional de no menos de 300 000 millones de dólares, a los valores reales de 1977, distribuidos en cantidades anuales que no deben ser menores a los 25 000 millones ya desde los primeros años, para ser invertidos en los países subdesarrollados (APLAUSOS). Esta ayuda debe ser en forma de donaciones y de créditos blandos a largo plazo y mínimo interés.
Es imprescindible movilizar estos fondos adicionales como aporte del mundo desarrollado y de los países con recursos, al mundo subdesarrollado en los proximos 10 años. Si queremos paz, harán falta estos recursos. Si no hay recursos para el desarrollo no habrá paz. Algunos pensaran que estamos pidiendo mucho; yo pienso que la cifra es todavía modesta. Según datos estadísticos, como exprese en el acto inaugural de la Sexta Cumbre de los Países No Alineados, el mundo invierte cada ano en gastos militares más de 300 000 millones de dólares. Con 300 000 millones de dólares se podrían construir en un año 600 000 escuelas con capacidad para 400 millones de niños; o 60 millones de viviendas confortables con capacidad para 300 millones de personas; o 30 000 hospitales con 18 millones de camas; o 20 000 fabricas capaces de generar empleo a más de 20 millones de trabajadores; o habilitar para el regadío 150 millones de hectáreas de tierra, que con un nivel técnico adecuado pueden alimentar a 1 000 millones de personas. Esto despilfarra la humanidad cada año en la esfera militar. Considérese, además, la enorme cantidad de recursos humanos en plena juventud, recursos científicos, técnicos, combustible, materias primas y otros bienes. Este es el precio fabuloso de que no exista un verdadero clima de confianza y de paz en el mundo. Solo Estados Unidos gastara en el decenio 1980-1990 seis veces esta cifra en actividades militares. Pedimos para 10 años de desarrollo menos de lo que hoy se gasta en un ano en los ministerios de Guerra y mucho menos de la décima parte de lo que se gastara en 10 años con fines militares.
Para algunos puede parecer irracional la demanda: lo verdaderamente irracional es la locura del mundo de nuestra época y los riesgos que amenazan a la humanidad. La enorme responsabilidad de estudiar, organizar y distribuir esta suma de recursos debe corresponder enteramente a la Organización de las Naciones Unidas. La administración de esos fondos debe hacerla la propia comunidad internacional, en condiciones de absoluta igualdad para cada uno de los países, ya sean contribuyentes o beneficiarios, sin condiciones políticas y sin que la cuantía de los donativos tenga nada que ver con el poder de voto para decidir la oportunidad de los prestamos y el destino de los fondos.
Aunque el flujo de recursos debe ser valorado en términos financieros, no debe consistir solo en ellos. Puede estar formado también por equipos, fertilizantes, materias primas, combustible y plantas completas, valoradas en los términos del comercio internacional. También la asistencia de personal técnico y la formación de técnicos debe ser contabilizada como una contribución. Estamos seguros, estimado Señor Presidente y Señores representantes, que si el Secretario General de Naciones Unidas .asistido por el Presidente de la Asamblea, con todo el prestigio y el peso de esta organización, apoyada además, de inicio, por la influencia que los países en vías de desarrollo y, más aun, el Grupo de los 77, le prestarían a esa iniciativa., convocara a los distintos factores que hemos mencionado para iniciar discusiones en las cuales no habría lugar para el antagonismo llamado Norte-Sur ni para el denominado antagonismo Este-Oeste, sino que allí concurrirían todas las fuerzas como una tarea común, como un deber común y una esperanza común, esta idea que presentamos ahora a la Asamblea General puede ser coronada por el éxito. Porque no se trata de un proyecto que beneficie solo a los países en vías de desarrollo, beneficiaria a todas las naciones.
Como revolucionarios, la confrontación no nos asusta. Tenemos fe en la historia y en los pueblos. Pero como voceros e intérpretes del sentimiento de 95 países, tenemos la responsabilidad de luchar por la colaboración entre los pueblos. Y esa colaboración, si ella se logra sobre bases nuevas y justas, beneficiara a todos los países que constituyen hoy la comunidad internacional. Y beneficiara en especial a la paz mundial. El desarrollo puede ser, a corto plazo, una tarea que entrañe aparentes sacrificios y hasta donativos que parezcan irrecuperables. Pero el vasto mundo que hoy vive en el retraso, desprovisto de poder adquisitivo, limitado hasta el extremo en su capacidad de consumir, incorporara con su desarrollo un torrente de cientos de millones de consumidores y productores, el único capaz de rehabilitar la economía internacional, incluyendo la de los países desarrollados que hoy generan y padecen la crisis económica. La historia del comercio internacional ha demostrado que el desarrollo es el factor más dinámico del comercio mundial. La mayor parte del comercio de nuestros días se realiza entre países plenamente industrializados. Podemos asegurar que mientras más se extienda la industrialización y el progreso en el mundo, más se extenderá también el intercambio comercial, beneficioso para todos.
Es por ello, que pedimos en nombre de los países en vías de desarrollo y abogamos por la causa de nuestros países. Pero no es una dadiva lo que estamos reclamando. Si no encontramos soluciones adecuadas, todos seremos víctimas de la catástrofe. Señor Presidente, distinguidos representantes:
Se habla con frecuencia de los derechos humanos, pero hay que hablar también de los derechos de la humanidad.
Por que unos pueblos han de andar descalzos para que otros viajen en lujosos automóviles? .Por que unos han de vivir 35 años para que otros vivan 70? .Por qué unos han de ser míseramente pobres para que otros sean exageradamente ricos? Hablo en nombre de los niños que en el mundo no tienen un pedazo de pan (APLAUSOS); hablo en nombre de los enfermos que no tienen medicinas; hablo en nombre de aquellos a los que se les ha negado el derecho a la vida y la dignidad humana. Unos países tienen mar, otros no; unos tienen recursos energéticos, otros no; unos poseen tierras abundantes para producir alimentos, otros no; unos tan saturados de maquinas y fabricas están, que ni respirar se puede el aire de sus atmósferas envenenadas (APLAUSOS), otros no poseen más que sus escuálidos brazos para ganarse el pan. Unos países poseen, en fin, abundantes recursos, otros no poseen nada. ¿Cuál es el destino de estos? .Morirse de hambre? .Ser eternamente pobres? .Para que sirve entonces la civilización? Para que sirve la conciencia del hombre?
Para que sirven las Naciones Unidas? (APLAUSOS) .Para que sirve el mundo?
No se puede hablar de paz en nombre de las decenas de millones de seres humanos que mueren cada ano de hambre o enfermedades curables en todo el mundo. No se puede hablar de paz en nombre de 900 millones de analfabetos.
El ruido de las armas, del lenguaje amenazante, de la prepotencia en la escena internacional debe cesar. Basta ya de la ilusión de que los problemas del mundo se puedan resolver con armas nucleares. Las bombas podrán matar a los hambrientos, a los enfermos, a los ignorantes, pero no pueden matar el hambre, las enfermedades, la ignorancia. No pueden tampoco matar la justa rebeldía de los pueblos y en el holocausto morirán también los ricos, que son los que más tienen que perder en este mundo (APLAUSOS).
Digamos adiós a las armas y consagrémonos civilizadamente a los problemas más agobiantes de nuestra era. Esa es la responsabilidad y el deber más sagrado de todos los estadistas del mundo. Esa es, además, la premisa indispensable de la supervivencia humana. !Muchas gracias!"
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