Part 2
- Que constituido este gobierno de transición se elija por votación popular una Asamblea Constituyente u otro organismo auténticamente representativo de todas las corrientes de opinión nacional, como fue en 1925, que tendrá a su cargo la elaboración de un proyecto de Constitución. Este proyecto se someterá a plebiscito, bajo un sistema que dé absolutas garantías, y con opciones claramente definidas y plena libertad de expresión.
- Que progresiva y rápidamente se restablezcan las libertades públicas, el derecho de asociación, la libertad de opinión e información, el derecho a reunión, el regreso de los exiliados, la derogación del estado de emergencia.
- Que se dicte de inmediato y se ponga en vigencia una Ley Electoral que defina los requisitos para ser ciudadano, que regule las inscripciones electorales, los sistemas de votación y escrutinios, los organismos y Tribunales, autónomos del gobierno provisional, que tendrán a su cargo asegurar la corrección de los procedimientos electorales.
En Chile, por lo demás, rigió un sistema electoral que fue elogiado por todos los partidos sin excepción, bajo el amparo de la ley y con la presencia de las Fuerzas Armadas en el acto electoral. - Que se dicte un Estatuto de los Partidos Políticos que regule su función y participación en la vida política del país durante el período de transición y hasta que se dicte la nueva Carta Constitucional.
Durante este período de transición la acción de los partidos quedaría limitada a su colaboración en el organismo que elabore el nuevo proyecto constitucional, a la estructuración de sus dependencias internas, y a los trabajos de sus equipos técnicos y políticos para la elaboración de los programas que deberán proponer a la ciudadanía cuando se restablezca la normalidad institucional.
- Que en el orden social se deroguen las limitaciones impuestas a las organizaciones sindicales, juntas de vecinos y demás instituciones sociales intermedias. Los estatutos definitivos se dictarán cuando asuma el futuro gobierno democrático.
- Que se dé término a la intervención de las universidades mediante un procedimiento dirigido por académicos de gran prestigio e intachables antecedentes, que den plena garantía a toda la comunidad universitaria.
- Que se geste un consenso nacional o pacto social que garantice la convivencia democrática, en paz y sin violencias, y que hagan posible su desenvolvimiento posterior.
Un acuerdo nacional
Estoy cierto que estas bases generales permitirán la posibilidad de un gran acuerdo en que participe el pueblo chileno y también las Fuerzas Armadas, instituciones que pertenecen a Chile y que no deben comprometerse con determinadas fórmulas políticas o económicas. Nunca en la historia se parcializaron, y por ello es que siempre gozaron de respeto.
Un ilustre general escribió en Recuerdos de un Soldado: “Legal o ilegal, la dictadura deprime el espíritu de los ciudadanos, sobre todo el espíritu de los ciudadanos que tienen una conciencia limpia” .
Este camino es el que conviene a los trabajadores, a los jóvenes, a los intelectuales que requieren un horizonte; también a la mujer chilena que quiere paz y seguridad, y a los empresarios cuyo aporte es indispensable.
Todo el país cree que es una tarea inmediata crear ocupaciones y terminar o disminuir la cesantía que abruma y desespera a miles de hogares.
Todo el país ve con preocupación cómo se está destruyendo la clase media.
Todo el país cree que es necesario defender la industria, la minería y la agricultura nacionales. Nadie ignora los cambios operados en el mundo económico, la necesidad imperiosa de exportar y abrir nuestra economía, los están haciendo los países socialistas, capitalista o de economía mixta, y terminar con el exceso de proteccionismo y de los monopolios.
Pero otra cosa es lanzar a un país como el nuestro a una competencia en condiciones que no acepten ni resistan las más poderosas naciones.
Siempre se está diciendo que hay que temer al cambio.Este país sabe bien que las condiciones de la economía mundial son hoy muy diferentes a las de hace años, y su pueblo señores no está compuesto por insensatos incapaces de medir las nuevas realidades, sino por hombres responsables que durante decenios manifestaron su buen sentido común.
Sólo en las condiciones antes propuestas será posible establecer un diálogo abierto que permita perfeccionar y adicionar otros planteamientos básicos a los que yo he hecho.
La inmensa mayoría de los chilenos quiere vivir en paz y en orden; que se respeten sus derechos; que desaparezca el temor que corrompe las almas.
Estamos igualmente ciertos de que esa gran mayoría comprende que es necesario un consenso fundamental que permita rehacer toda nuestra vida política. Ningún partido solo puede echarse sobre los hombros esta tarea. Bastarían tres ejemplos para fundamentar esta afirmación.
Una comisión, llamada de Los 24, en la que participan hombres de todas posiciones, elaboraron las bases de una Constitución democrática llegando a pleno acuerdo sobre sus disposiciones. Hace pocos días 120 personalidades, profesores universitarios, hombres de ciencia, literatos, políticos de intachable pasado, han expresado al país su pensamiento. Su prestigio y sus nombres son garantías de que hay chilenos capaces de asegurar el porvenir; y a ellos se están agregando nuevas y valiosas adhesiones.
Por su parte, dirigentes representativos del mundo sindical, en un manifiesto reciente, han expresado su predisposición para concurrir a la suscripción de un pacto político-social que permita hacer un gobierno en paz y tranquilidad.
Muchos países estarían envidiosos de poder tener entre ellos, signos tales de cordura.
La democracia no es el caos
Podemos afirmar en la forma más categórica que la democracia no es el caos.
Hay en Chile fuerzas morales y políticas que no lo aceptan, y ellas son la mayoría abrumadora de las mujeres y hombres de Chile. Existe, asimismo, la fuerza moral de la Iglesia Católica con su inmenso prestigio, y de otras confesiones religiosas dignas del mayor respeto. El pueblo no quiere trastornos y, repetimos, no hay por qué suponerlo incapaz de pensar y de actuar con buen sentido.
Tampoco las Fuerzas Armadas pueden querer el caos.
Nadie lo quiere.
En cambio, la fórmula que se propone de concentrar todo el poder en unas mismas manos, dígase lo que se quiera, es si que es la inestabilidad permanente.
Un país no puede vivir en el temor de lo que pasará si vuelve a su vida normal; el temor de unos a la represión y el de otros a la revancha no puede ser el fundamento de una sociedad pacífica y estable.
Sabemos que un retorno a la democracia significa riesgos e incertidumbres que son inevitables en todas las naciones y regímenes. Pero la continuidad del actual sistema, tarde o temprano, llevará al país a una situación realmente caótica.
Al formular esta alternativa no nos inspira ningún propósito partidista o personal. Algunos afirman que procedemos así por ambición y lo hacen quienes pretenden quedarse en el poder indefinidamente. No les seguiré en un debate estéril. Y sé que por plantear nuestra posición seremos víctimas de toda clase de ataques personales, falsedades y mentiras de quienes disponen de todo el poder.
Lo que sí puedo afirmar de la manera más solemne es que no aspiro a nada. He recibido ya todos los honores que un hombre puede alcanzar. Una vida entera la he consagrado a la defensa de mis ideas. Seguramente he cometido errores, pero he seguido una línea que puedo exhibir ante el país; y éste, a pesar de todas las argucias, sabrá formarse un juicio cabal. Declaro categóricamente que estoy dispuesto a apoyar, sin condiciones y sin ninguna pretensión personal, la forma de transición que he señalado o cualquier otra que reúna los requisitos indispensables para la causa de la democracia, que es la causa de Chile.
El general Pinochet ha hecho una propuesta. En nombre de miles de chilenos formulamos esta otra alternativa, porque queremos –lo repetimos-, una salida racional y pacífica para nuestra Patria.
No queremos para ella ni el odio ni ningún espíritu revanchista. No queremos ninguna forma de violencia.
Pedimos que no se nos juzgue con prejuicios, sino que se nos escuche antes de que sea tarde.
Un debate necesario
Por eso insistimos, a pesar de la reciente negativa, que se nos permita presentar esta opinión a través de la Televisión Nacional que mi gobierno instaló a través de todo Chile para uso de todos los chilenos.
No la pedimos para cualquier ocasión. En las elecciones de 1970 todos los candidatos pudieron aparecer en los canales de televisión. Este plebiscito es tanto o más importante que una elección presidencial.
Más aun, pienso que sería extremadamente útil e ilustrativo un debate directo con el jefe del Estado. Estos debates son comunes en todas las grandes democracias. Ahora mismo el Presidente de los Estados Unidos ha ofrecido una controversia pública con su oponente.
Es cierto que soy un simple ciudadano, pero el pueblo me ha dado títulos: me eligió una vez con la mayoría absoluta para ejercer como Presidente de la República y, posteriormente, nuevamente con la primera mayoría nacional, llegué al Senado, el cual me designó su presidente.
Si se aceptara esta proposición que formulo se respondería a la tradición democrática de Chile y se contribuiría a esclarecer el significado de las distintas opciones que se presentan y la naturaleza del plebiscito a que se nos convoca.
El interés de Chile no es aplastar a los que disienten: es probar ante el país que se tiene la razón.
Un verdadero plebiscito y una verdadera alternativa
Chilenas y chilenos:
Todas las mujeres y hombres de Chile saben que estamos enfrentando un hecho que tendrá muy profundas consecuencias en el futuro de sus vidas, de sus hogares, de sus hijos.
Por eso hemos hablado con firmeza, con responsabilidad y con moderación. Nuestras palabras van dirigidas aun a los que nos combaten. Les pedimos que piensen en el país y que no los ofusquen consideraciones personales.
En estos últimos días el Episcopado ha planteado una serie de condiciones que permitirían asegurar la limpieza moral del plebiscito.
El Grupo de los 24 también lo ha hecho.
La semana pasada más de cien personas altamente calificadas han solicitado en parecidos términos que no se lleve al país a un pronunciamiento sin las suficientes garantías.
Igual posición han adoptado los dirigentes de las grandes corrientes sindicales.
Hoy expresan lo mismo miles de mujeres y hombres reunidos en este teatro.
¿Qué pedimos? Sólo dos cosas simples y claras:
Primero, que el plebiscito cumpla con todos los requisitos esenciales que ya hemos señalado para que tenga validez, requisitos que universalmente se reconocen como las condiciones sine quanon para ser estimados correctos.
Segundo, que se planteen claras alternativas.
Por nuestra parte, frente a la proposición del gobierno, formulamos una alternativa
manifiestamente definida: el regreso a la democracia a través de un gobierno de transición.
El país espera una respuesta.
Si estos planteamientos no se contestan o se rechazan, este plebiscito no será valido, y tampoco lo serán sus resultados.
Esperamos una respuesta que podría abrir un camino de paz.
No sigamos dividiendo al país entre patriotas y antipatriotas, entre buenos y malos. Eso conducirá indefectiblemente a una catástrofe.
Si por desgracia todas las puestas se cierran, el 11 de septiembre votaremos que No. Podrán imponer los resultados; pero como dijo un día un gran chileno refiriéndose a quien ocupaba el gobierno. “Usted puede hacer todo lo que quiera y como lo quiera: tiene la fuerza. Pero no que no podrá hacer es inspirar confianza” . Lo propio decimos hoy.
El pueblo tendrá obligadamente que ir a votar. No puede arriesgar 60 días de cárcel o pagar seis mil pesos de multa. Además, sin su carné marcado, corre el riesgo de perder su trabajo y arrostrar mil otros problemas.
Ese pueblo ya decidió votar que No, aunque sabe que no tendrá medios de control verdadero sobre los escrutinios. Por eso nadie se hace ilusiones sobre el resultado.
Su No será categórico: No al plebiscito mismo y a todo lo que significa.
Será así un testimonio ante su propia conciencia y ante su propia Patria.
Esa conciencia seguirá creciendo después del 11, y su marcha profunda no podrá ser detenida.
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