Part 4
¿Cómo se hace todo esto y cómo se hizo todo esto? ¿Qué le pasaba a la Argentina? Yo estaba sentada en una de estas bancas en el año 2001, como senadora nacional, cuando se declaró el default en la República Argentina. Bueno es decir que el endeudamiento argentino no era un endeudamiento que viniera recién del 2001, del 2002. En realidad, si uno mira los ciclos de endeudamiento a nivel internacional, desde Baring Brothers para aquí, siempre los endeudamientos en los países emergentes o subdesarrollados han coincidido con los grandes ciclos de expansión económica de los países desarrollados con gran cantidad de liquidez, que cuando vienen las crisis se retiran de los países emergentes y van provocando ellos mismos, primero con la colocación unas grandes burbujas y luego, con el retiro inmediato ante la crisis del país que colocaba, el default. Historias más, historias menos, esto ha sido la historia del mundo y la historia de la Argentina no ha sido diferente.
La última etapa de endeudamiento se vio agravada por dos fenómenos: el del golpe del 24 de marzo de 1976, con lo que significó en materia de rompimiento de la matriz económica industrial que tenía la Argentina por una matriz de servicios y financiera y el tema de la convertibilidad que fue financiada, primero, con la venta de los activos fijos del Estado y, luego, con el endeudamiento permanente para mantener el 1 a 1.
Ese endeudamiento, que cuando llegó Kirchner siempre le decía “tenés más desocupados y más deuda que votos”, fue un largo plazo de regularización. Normalizar todos los depósitos a plazo fijo, los Boden 2005, 2007, 2012 y 2013 pagados íntegramente por el gobierno del presidente Kirchner y esta Presidenta.
Luego se liberaron los depósitos a plazo fijo pesificados y ajustados por CER y por la diferencia con la cotización del dólar libre, con los Bodenes 2013. Luego se compensó a las entidades financieras con la pesificación asimétrica; luego fue el rescate de las cuasimonedas con Boden 2011 y 2013 por 6.246 millones y 743 millones respectivamente.
Hago esto porque cuando uno lee todo esto parece un enjambre de títulos y de endeudamiento… La reestructuración de la deuda pública, la primera reestructuración, el primer canje realizado por el presidente Kirchner, la cancelación total al Fondo Monetario Internacional de 9.530 millones de dólares, la reestructuración de la deuda contraída con el Reino de España por 1.000 millones de dólares, el Club de París, que también fue asumida por Decreto 268 del año 2007, el monto reestructurado eran 1.000 millones de dólares y se preveía su cancelación en un plazo de 6 años, con lo cual creo que este año…no sé dónde está Lorenzino, ¿terminamos este año? Terminamos, bien.
Reestructuración de los avales otorgados a la provincia de San Juan, porque también había avales otorgados para la construcción de los complejos hídricos Los Caracoles y Punta Negra, los avales originales cayeron, también default y también la provincia tuvo que hacerse cargo.
La reestructuración de los PGs en corto plazo ajustados por CER; la reestructuración de las Letes y, finalmente, este último canje que hizo quien está a mi izquierda, entonces ministro de Economía y hoy Vicepresidente de la Nación que, finalmente, englobó al 93 por ciento de los acreedores de la República Argentina, con la quita de deuda y con los plazos que, como Kirchner decía, nos permitieran crecer para poder pagar. Porque todavía tengo presente su primer discurso en la Asamblea de las Naciones Unidas refiriéndose al tema de la deuda externa, pidiendo que nos dejaran crecer porque los muertos no pagan. Recuerdo aquella frase como si fuera hoy.
Y realmente la Argentina, sin acceso al mercado de capitales, y después de haber hecho todo esto y todo esto que me falta contar todavía más acá que es cultura, que es todo lo que estamos haciendo en otras áreas, en BACUA por ejemplo, la inversión con que hemos logrado por primera vez que dos artistas argentinos, como Darío Grandinetti y como María Cristina Banegas tengan el Premio EMI. ¿Vieron que también somos buenos en el sector público haciendo arte? Los actores son privados, pero la inversión es pública, estatal.
Pero hablando del endeudamiento quiero referirme en esta audiencia a lo que ha sucedido hace unos días en Nueva York, en donde le pedí también al Vicepresidente que por favor asistiera porque quiero que todo el mundo entienda, todo el mundo y cuando me refiero a todo el mundo no me refiero a nosotros, a veces, vieron que los argentinos nos comportamos como si Argentina fuera un planeta en lugar de un país, ¿no? Yo tengo esa sensación muchas veces, que nos comportamos como si las cosas sucedieran solamente acá y nos pasaran solamente a nosotros. Pero afortunadamente no somos un planeta, afortunadamente somos un país dentro del planeta Tierra. Pero yo le pedí que fuera porque quería que todo el mundo viera la importancia que Argentina le adjudica a este tema. Y me atrevo a decir la importancia que debiera adjudicarle la totalidad del mundo a este tema, porque somos un país que reestructuró su deuda soberana en un 93 por ciento.
Ustedes saben que no hay una ley de quiebras a nivel internacional, pero todo país tiene una ley interna de quiebras, cuando una empresa quiebra, cómo hace para pagarle a sus acreedores. Y cuando reúne una determinada masa crítica de acreedores que están de acuerdo con su propuesta de pago, el juez de la quiebra, ¿qué es lo que dice?, “está bien, esto es lo que va a pagar.” En nuestro país es el 66 por ciento. Cuando una empresa quiebra, si el 66 por ciento de los acreedores está de acuerdo con la propuesta de pago del quebrado, el juez homologa esa quiebra y se paga esa oferta que ha hecho el quebrado.
Nosotros tuvimos una situación similar en el año 2001: un quebrado, pero sin ley internacional, el único quebrado, el más grande, el default más grande de la historia, 166 mil, 170 mil millones de dólares, pero hoy no somos los únicos quebrados, hoy no somos los únicos fundidos, es muy posible –y no lo digo con alegría, porque parte de eso también nos impacta negativamente en nuestra propia economía-, es muy probable que muchos países del mundo más temprano que tarde, pese a que se niegan, pese a reestructuraciones, a salvatajes que me hacen acordar al blindaje, al megacanje y a todas esas cosas, van a tener que reestructurar su deuda con quitas importantes y con plazos largos.
¿Cómo van a pagar si no determinados países como Grecia o como España o como se está descubriendo ahora en Italia, donde además tenemos el drama del no gobierno? Entonces, esta situación de Argentina es un leading case, un auténtico leading case. Pero no solamente un leading case económico, como algunos quieren hacernos creer, o financiero, es un leading case político. Porque significa que si el mundo, si los principales dirigentes mundiales, los que integran el G-20, los titulares de los grandes organismos multilaterales, si los gobiernos de los distintos países del mundo van a permitir que un puñado, que puede cabernos en esta mano, arruine a todo el mundo, a las sociedades, con millones de desocupados, de desahuciados, de gente que se suicida, que pierde el trabajo, que no tiene estudio, que no tiene casa o van a privilegiar a sus sociedades, a sus pueblos, a sus países, a sus historias, a sus patrimonios.
¡Eso es lo que está en juego hoy en el mundo! ¡Tienen que entenderlo!
La Argentina, los 40 millones, hemos hecho un esfuerzo descomunal, ¡descomunal!, sin acceder al mercado de capitales, siendo hoy pagadores netos de los organismos multilaterales de crédito como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y CAP. Estamos pagando regularmente nuestras deudas. Desde diciembre de 2002, hemos pagado con reservas 32 mil millones de dólares. Hemos destinado parte de nuestras reservas al pago de la deuda, sin acceder al mercado de capitales. Hemos pagado rigurosamente todo lo que nos hemos comprometido a pagar en 2004, 2005, en 2010, le hemos pagado al Fondo Monetario Internacional.
También estamos dispuestos a pagar a estos fondos buitres, pero no en mejores condiciones que al 93 por ciento que confió y apostó por la Argentina, porque estaríamos cometiendo, primero, un delito, un gran delito porque estaríamos estafando y defraudando al 93 por ciento de los acreedores de distintos países del mundo que creyeron en la Argentina. En el último canje de deuda, entraron 450 mil bonistas italianos jubilados que habían sido engañados por los bancos italianos que les colocaban los fondos, que sabían que iban a ser “defaulteados” en la Argentina, como buenos. Porque esta también es la otra historia: cómo han engañado a la gente.
Entonces hemos estado pagando y vamos a seguir haciéndolo, porque estamos dispuestos también a pagar, pero en las mismas condiciones que al 93 por ciento. Si no estaríamos no solamente violando dos leyes argentinas como son la del primer canje y la del segundo canje. Estaríamos estafando y defraudando a los que apostaron por nosotros, y estaríamos estafando y defraudando a la economía y a las finanzas argentinas, porque les estaríamos sustrayendo sumas que luego nos serían demandadas por el resto y que serían impagables.
Porque lo peor de toda la historia es que, de triunfar esta postura absurda de un 7 por ciento que quiere condicionar a un 93 por ciento –algo que ni siquiera entra en una cuestión lógica, más allá de la economía, más allá de la política, más allá de las finanzas–, si realmente la Argentina tuviera que volver a pagar 170 mil millones de dólares, volvería a quebrar y tampoco podría pagar. Sería como el cuento de la Cándida Eréndira, de Gabriel García Márquez.
En realidad, lo que quieren es que nos sigamos endeudando, porque lo que no le perdonan a la Argentina no es –como algunos dicen– la expropiación de Aguas Argentinas o de YPF. Miren: hay un gran amigo nuestro, Evo Morales, que ha expropiado hasta el pasto y, sin embargo, consigue dinero al 4,4 por ciento anual. ¡El problema es que no hemos vuelto a pedir prestado, que no hemos vuelto a hacer negocios financieros! ¡Ese es el problema! ¡Nos quieren volver a endeudar! ¡Nos quieren volver a endeudar!
Y no es que uno esté en contra de los endeudamientos, porque si uno consigue un endeudamiento para una obra de infraestructura a una tasa aceptable, el endeudamiento no es en sí mismo el crédito, porque la contraparte del endeudamiento es el otorgamiento de un crédito. Pero el endeudamiento para pagar deuda financiera es realmente como endeudarse para pagar gastos corrientes. Realmente, cuando uno se endeuda es para capitalizarse, no para gastos corrientes. Entonces, creo que éste es el verdadero problema: que no nos volvimos a endeudar y que, fundamentalmente, hemos tenido éxito sin seguir sus políticas. Es más, hemos ido a contramano de todas y cada una de las cosas que nos decían que teníamos que hacer y nos fue bien. Eso es lo que no nos perdonan, y por eso nos quieren castigar.
Pero yo quiero decirles lo siguiente. Miren: tengo aquí algo para entender, porque hay que entender. Invierno del 82: esta deuda que hablábamos. En ese entonces era presidente del Banco Central el doctor Domingo Cavallo. Voy a hablarles ahora –dijo Cavallo– a los empresarios, industriales, agricultores, comerciantes que están altamente endeudados con el sistema financiero. Quienes estén endeudados en pesos y han estado pagando tan altas tasas de interés, a partir de ahora, pagarán como máximo el 6 por ciento. Les hablaba a los empresarios grandes, no le hablaba al pyme ni al quiosquero de la esquina de tu casa ni al que tiene el taller mecánico a la vuelta de tu casa. ¡Olvidate! No quiero decir los nombres de las empresas porque no quiero entrar en polémicas. Pero no son pymes, ni minipymes ni medianas, son muy grandes, y todavía están…
Continuaba diciendo que pagarían como máximo el 6 por ciento por el mes de julio y, luego, el nivel que se fije mensualmente. El plan económico contiene los mecanismos necesarios para asegurar que esta tasa de interés se fije por debajo del ritmo de crecimiento de los ingresos de las empresas. Esta limitación de intereses se fija a todas las deudas. Voy a explicar las medidas que se han implementado para ayudar a las empresas privadas que seguían teniendo deuda financiera en moneda extranjera, especialmente en dólares, y no estaban cubiertas con el seguro de cambio. La mayor parte de las empresas están endeudadas en moneda extranjera porque invirtieron en equipos para modernizar plantas industriales.
¿Cuáles plantas industriales? Estamos hablando del 82. Estaba todo cerrado. No había nada. Y agregaba que, por lo tanto, para salir de la difícil situación por la que están atravesando, necesitaban y merecen ser apoyadas. Obtendrán el beneficio del seguro de cambio, que implica que cuando el Banco Central les entregue las divisas para atender esas obligaciones, lo hará a un precio equivalente a 15.700 pesos –miren lo que fue, todo lo que vino después en la Argentina– por dólar: es decir, el precio anterior a la devaluación recientemente dispuesta. La diferencia corre por cuenta del Banco Central. Claro: “Corre por cuenta del Banco Central”. ¡Corre por cuenta de todos los argentinos! El Banco Central no es de Mercedes Marcó del Pont ni de Cristina Fernández de Kirchner. Ahí están las reservas de todos los argentinos. Continuaba diciendo el doctor Cavallo que, por carácter transitivo, la licuación de la deuda externa privada se materializa de esta manera.
Estas fueron algunas de las cosas que sucedieron. ¿Y hoy cómo estamos? Hoy estamos, de haber pasado de un 138 o 140 por ciento del PBI de endeudamiento, en 41,5, del cual el 13 por ciento es deuda con el sector privado –un 9,4– y solo un 8 por ciento en moneda extranjera; la deuda con el sector privado es del 12,2, con un 8,7… Pero lo que es importante: de 1976 en adelante este es el único gobierno que produjo una sustancial reducción de la deuda pública con relación al tamaño de la economía.
Quiero que ustedes vean este gráfico hecho por el Banco Central. Aquí se ven todas las deudas: de la dictadura militar del 76 al 83, otro gobierno, convertibilidad, De la Rúa, Duhalde... No importa. No vengo acá a refregar nada a nadie ni a pedirle cuentas a nadie; simplemente a contar lo que pasó, que todos lo sabemos, además. Miren ustedes la reducción brutal que hizo él del 83 por ciento, del 2003 a 2007; y el 7 por ciento, que fue la reducción más chiquita, mía.
Pero fíjense ustedes que, también, similar situación pasó con el sector privado. No es que el sector privado se endeudó. Este es el problema. El sector privado también se endeudaba –y se endeudaba mal– porque el país iba mal y no producía. Cuando al país le va bien, también el sector privado puede endeudarse de una manera absolutamente manejable. Similar situación se presentó al analizar el nivel de endeudamiento externo total –público más privado– de la economía, lo mismo.
También es muy bajo el riesgo de refinanciación del sector privado. Esto es muy importante porque tenemos que saber que tenemos un montón de capacidad instalada ociosa. En enero, el promedio de la capacidad instalada en uso de la industria era del 66 por ciento, lo cual significa que tenemos capacidad instalada ociosa; que se puede seguir invirtiendo. Además, en cuanto al riesgo de refinanciación del sector privado, la deuda que éste mantiene con el resto del mundo es de solo el 3,8 por ciento del producto. Debe ser el momento de menor endeudamiento del sector privado. Además, van juntos.
Esta es la otra cuestión que nunca se entendió en Argentina y que sí lo entendieron otras burguesías u otros sectores: no les puede ir bien a algunos –o bien solo durante un tiempo– si les va mal al resto y al país. Tiene que irles bien al sector público y al sector privado, porque el sector público está representado en la gente, no circunstancialmente en los legisladores, legisladoras o en la presidenta de turno. El sector público representa al pueblo, a la sociedad. Por lo tanto, es básico que se entienda que lo público y lo privado van de la mano indisolublemente unidos.
Por eso decía que esa audiencia que tuvo lugar hace apenas dos días en Nueva York –hace un día, en realidad– tiene una implicancia que excede a la Argentina, que excede al mundo de las finanzas. También quiero decir, como presidenta de todos los argentinos, que vamos a seguir pagando nuestras obligaciones en dólares tal cual lo venimos haciendo desde 2005; que no vamos a violar ninguna ley argentina, pero tampoco vamos a cometer ninguna defraudación contra el 93 por ciento de los acreedores que creyeron en la República Argentina. Ofrecemos a esos fondos denominados “buitres” que reciban de la misma manera que reciben quienes hoy están cobrando: con la misma quita y en los mismos plazos. Esto es equidad y esto es justicia. Ahora, si hay un país o una Justicia o un sistema que elige perjudicar a un 93 por ciento para beneficiar a un 7 por ciento y perjudicar las finanzas del mundo y el equilibrio –si se quiere– financiero del mundo, bueno, la verdad es que comenzaría a dudar si puedo tratarla de Justicia o si puede haber un sistema que se denomine de esta manera cuando se toman decisiones de esta naturaleza.
Quería hablar de esto porque es imprescindible hacerlo, como también es imprescindible hacer una reseña. Porque la política de desendeudamiento no ha sido solamente una política que haya tenido que ver hacia afuera. Tuvo que ver, también, hacia adentro. Tuvo que ver con el crecimiento de la economía; tuvo que ver con los recursos transferidos a las provincias, ya sea a través de coparticipación federal, de asistencia financiera, de programas sociales, de obras públicas. Lo cierto es que en 2003, en la República Argentina, las provincias recibían por todo concepto –gasto presupuestario, coparticipación automática– 24.971 millones de pesos. En 2012 han recibido 211.397 millones de pesos; ha habido un crecimiento de transferencias del 747 por ciento.
Pero no nos hemos quedado únicamente en la evolución de transferencias. También hemos querido desendeudar a las provincias, porque en la década del 90 hubo un gran endeudamiento y, también, un gran negocio financiero. ¿Cuál era el negocio?
Las provincias tomaban préstamos garantizados por coparticipación. En realidad, todos sabemos que la garantía de la coparticipación, más que un préstamo, es un adelanto en cuenta corriente porque sabés que "gotea" automáticamente y las tasas que se cobraban, realmente, endeudaron muy feo a muchas provincias. Nosotros teníamos compañeros gobernadores que nos hablaban de las dificultades. Por eso decidimos hacer un canje de deuda provincial. Las provincias ingresaron la suma de 33.586 en diciembre de 2002, que era el 53,5 por ciento de la deuda provincial. Lo convirtieron en bonos BOGAR 18 y estaban garantizados por el Tesoro nacional. Después hubo un programa de rescate de cuasimonedas de casi 4 mil millones y, posteriormente, asistencia financiera por 40 mil. En síntesis, a fines de 2009, las provincias debían al gobierno nacional 71.673 millones ?acuérdense de lo que había hablado de las transferencias de coparticipación?: prácticamente, un tercio o poco menos de un tercio.
¿Qué hicimos? Hicimos lo que teníamos que hacer: desendeudar a las provincias. Y, con firmes convicciones respecto de la necesidad de aliviar el peso, hicimos el Programa Federal de Desendeudamiento Provincial. Hicimos una quita de casi 10 mil millones. ¿Qué hicimos? Con lo que teníamos establecido presupuestariamente de ATN ?uno de los destinos de los ATN son las emergencias financieras?, destinamos esos 10 mil millones de pesos a hacer una quita. Con lo cual, pasaron a 55 mil millones de pesos, y las condiciones financieras fueron las establecidas en el decreto 660/10: se les prestó a 20 años, con un período de gracia hasta diciembre de este año, a una tasa fija anual del 6 por ciento capitalizable durante el plazo de gracia y con sistema alemán. O sea, la quita fue de 10 mil millones, y fue muy importante.
Algunas de las provincias, por ejemplo la de Córdoba, fue desendeudada también. Su stock de deuda total al 31 de mayo de 2010 era de 6.200 millones. Se le realizó una quita de 1.300 millones, y la deuda a refinanciar fue de 4.900 millones. Esto le permitió a la provincia contar, por la quita, con 1.351 millones, lo que significó un gasto adicional por habitante de 1.600 pesos.
Lo mismo ocurrió con la provincia de Buenos Aires, que fue, obviamente, la que tenía mayor deuda: 27 mil millones. Se le refinanció 23 mil millones. De los 10 mil millones de quita, 4.134 millones fueron para la provincia de Buenos Aires. Doy este ejemplo un poco para desmitificar algunas cuestiones que uno por allí escucha.
Agricultura: les decía hoy que la agricultura pudo desarrollarse con el modelo de industrialización. Lo cierto es que se sembró un 78 por ciento más en el gobierno nuestro que en el de la convertibilidad, cuando no les cobraban retenciones. La verdad es que cuando no les cobraban retenciones estaban todos fundidos en el Banco Nación, con sus campos en remate. Me acuerdo de Lucy de Cornelis, una de las Mujeres Agrarias en Lucha. Por eso digo: muchas veces, hay que explicar las cosas porque hay gente que por ahí no te entiende, o no le explicaron, o no sabe o, en realidad, muchas veces, también, hay diferencias. Pero, en fin: yo no quiero venir acá por las diferencias sino por las coincidencias. Sí, hay buitres en todas partes; caranchos, acá. Hagámoslo más autóctono.
En cultura, recién les hablaba de los premios de BACUA. Pero quiero decirles que en infraestructura en cultura, me siento muy orgullosa de haber inaugurado el Museo del Bicentenario y de haber recuperado para la cultura argentina esa obra maravillosa que era el Siqueiros, como me comprometí con el pueblo mexicano cuando fui; el Museo del Libro y de la Lengua; la Casa Nacional del Bicentenario; el Centro Cultural Julio Le Parc ?que tengo que ir a conocer?, en Mendoza ?divino?; el Museo de Bellas Artes, en San Juan; Centro Cultural del Bicentenario y sus tres museos, en Santiago del Estero ?espectacular?; el Centro de Convenciones en la vieja estación de trenes en Santiago del Estero, que inauguré también ?maravilloso?; el Cine Teatro Renzi; casas de la Cultura; en fin… Ya tenemos más de cincuenta casas del Bicentenario terminadas y queremos llegar a las 200.
Debo mencionar los arreglos en el Museo Nacional de Bellas Artes y en el Museo Histórico Nacional del Cabildo. También hay una cosa con la que sueño que sea el Colón del Siglo XXI: el Centro Cultural “Presidente Kirchner” en el viejo Correo Argentino, que va a ser una maravilla arquitectónica y cultural para todos los argentinos.
En turismo: el otro día recibí una carta del Pato Urribarri, gobernador de Entre Ríos, que me decía con orgullo que el último fin de semana largo salían más autos por hora de Entre Ríos que de Mar del Plata. Lo cierto es que en la Argentina el turismo ha tenido una política de desarrollo muy importante. El turismo interno registró 28 millones de llegadas en 2003 y 46 millones en 2012. Esto resulta importante también porque es inclusión social: la cantidad de residentes que realizaron al menos un viaje en el año aumentó 9 por ciento del 2006 al 2011. O sea que antes se trataba solo del 35 por ciento; ahora, por lo menos, un 44 por ciento viajó una vez dentro de su país.
Durante el mismo período, el empleo de las doce ramas características del turismo aumentó 22 por ciento. Aumentamos las áreas protegidas en los parques nacionales en un 24 por ciento; es decir, 900 mil hectáreas más. En cuanto al turismo receptivo, pasamos de 2 millones de turistas a más de 5 millones y medio de turistas extranjeros, con un aumento del turismo brasilero –de nuestros hermanos brasileros– del 440 por ciento.