Part 1
Muy buenos días a todas y a todos.
Vengo a dar cumplimiento a lo establecido por el artículo 99, inciso 8º, de nuestra Constitución Nacional que es venir, ante el período inaugural de las sesiones ordinarias de la Asamblea Legislativa, esto es Cámara de Diputados y Cámara de Senadores, a dar cuenta del estado de la Nación.
Dar cuenta del estado de la Nación, presupone tres ejercicios básicos. El primero, saber de dónde venimos; segundo, cómo estamos y, tercero, hacia dónde vamos y cómo definiendo sus instrumentos operativos.
¿De dónde venimos? Venimos, todos lo sabemos, de una sociedad desequilibrada, con fuertes crisis, de una Argentina volátil, de un pasado volátil. Desde el año 1900, de cada tres años, uno había sido de recesión. En los últimos 24 años, antes de la crisis, la Argentina había tenido 9 recesiones que le costaron el 38 por ciento de su Producto Bruto Interno. A título meramente comparativo, en ese mismo lapso Chile tuvo una sola recesión y Brasil tres recesiones con una notable diferencia en la pérdida de Producto Bruto Interno en relación a nosotros.
¿Cómo estamos hoy? Estamos por primera vez en cien años en cinco años ininterrumpidos de crecimiento económico a tasas superiores al 4 y 5 por ciento. Si este año volvemos a crecer, habremos completado en toda nuestra historia, desde 1810 a la fecha, el mayor período de crecimiento de toda nuestra historia. Por lo pronto, lo que hemos logrado hoy hasta aquí, es lo más importante hecho en los últimos cien años. No es poca cosa.
Lo hicimos con un modelo, como yo lo definí aquí mismo el día 10 de diciembre, un modelo de acumulación, de matriz diversificada con inclusión social, donde pudimos articular, por primera vez, sectores que parecían antagónicos como la industria y el campo, pero donde además logramos, frente a un comportamiento virtuoso de estos sectores, el comportamiento primero virtuoso del Estado que permitió el comportamiento de estos sectores: la administración fiscal correcta, superávit fiscal primario, el superávit comercial producto del sesgo claramente exportador del modelo, lo que constituye uno de los pilares básicos que es el de los superávit gemelos, con un tipo de cambio competitivo que ha permitido, precisamente, reposicionar a la Argentina en el mundo. El resultado, también con un claro proceso de desendeudamiento que pasó de la renegociación de la deuda externa a la cancelación total y definitiva con el Fondo Monetario Internacional.
Esto se tradujo en números sociales también. Pudimos llegar, por primera vez en trece años, a una desocupación de un dígito, que el último trimestre medido fue del 7,5 frente a aquel 22 por ciento de desocupación que deshonraba la historia de todos los argentinos, sobre todo, de aquellos que creemos que el trabajo, el esfuerzo y la producción son los que deben ser la columna central de crecimiento y desarrollo de la sociedad.
Pudimos también hacer una notable reducción de la pobreza y de la indigencia, pero seguimos también con una pobreza de dos dígitos.
Creo, entonces, que se nos plantea a todos los argentinos, independientemente del lugar o del sector político en el cual militen o al cual pertenezcan, porque creo que además de la ratificación electoral por parte de la sociedad a este modelo de crecimiento, hay por sobre todas las cosas resultados concretos y objetivos que también podemos exhibir.
Hay un compromiso entonces de todos de poder decidir entre todos, acordar entre todos, a escasos dos años del Bicentenario, lo que yo defino como el acuerdo de los argentinos en torno al modelo de país, a los instrumentos a adoptar, "acuerdo del Bicentenario", que debe tener objetivos, como todo acuerdo, no hay acuerdo que no tenga objetivos. Y si nos propusimos hace casi cinco años dar el combate por el trabajo y llegar a la desocupación de un dígito, creo que uno de los objetivos sería llegar también a la pobreza de un dígito en este Bicentenario de nuestra construcción como país y de nuestra independencia en el 2016, un pensar estratégicamente en la Argentina.
Yo dije aquí, el 10 de diciembre, que mientras haya un pobre, nadie podrá estar conforme. Pero tenemos que fijarnos objetivos y metas en la gestión de gobierno que también nos permitan reducir aún más el nivel de desocupación para llegar a un 5 por ciento, que estaríamos casi al borde de un régimen de plena ocupación considerando al 5 por ciento, entendido como la rotación simple de empleo.
Hemos generado 3.700.000 puestos de trabajo que nos han llevado de los 13 millones del año 2002, a estos 16 millones y medio de hoy, pero necesitamos más. Una de las metas también de este acuerdo es llegar a los 19 millones y medio de puestos de trabajo en la República Argentina.
Este acuerdo tiene participación de los distintos sectores, con distintos grados de intervención y tiene también distintos capítulos. El primero, el capítulo económico; el segundo, el capítulo de la infraestructura económica y social; el tercero, el capítulo del conocimiento, comprendido en la educación, en la ciencia y en la tecnología, y, el cuarto capítulo del acuerdo, el de la salud y del desarrollo social.
La armonía de estos cuatro acuerdos básicos en la sociedad, permitirá alcanzar los objetivos y también definir cuáles son los roles de cada uno de los actores del sector público y del sector no gubernamental, del Estado y del mercado. Porque también, bueno es definirlo, en todo acuerdo todos tienen que poner algo, no puede haber acuerdos cuando solamente se demanda de un solo sector y del otro se suma y se recoge y el resto pone. El acuerdo en una sociedad presupone definir estas cuestiones básicas.
El acuerdo económico, en su capítulo nacional, impone el compromiso por parte del Estado de mantener los pilares básicos que son una administración correcta de los recursos con los dos superávit. Presupone también, la necesidad de seguir en la política de desendeudamiento y acumulación de reservas que, bueno, dicho sea de paso, en estos tres cortos meses de gestión, hemos llegado a los 49.289 millones de reserva en el Banco Central, lo que ha significado un crecimiento, en estos casi tres meses de gestión, de 4 mil millones de dólares que significan un fuerte escudo contra las crisis internacionales que en otras oportunidades nos sacudían en forma despiadada, pero que en esta oportunidad hemos podido sortearla gracias a la solidez que exhibe el modelo de crecimiento y de acumulación.
Los números también en materia de exportaciones de diciembre y enero: un 34 por ciento de diciembre a diciembre y un 67 por ciento de crecimiento de las exportaciones de enero a enero, con un crecimiento del superávit fiscal primario del 107 por ciento de enero a enero y de casi el 200 por ciento en el superávit comercial de enero a enero, revelan que seguimos en el camino que debemos tener.
Digo entonces que en este compromiso económico del capítulo nacional, el Estado debe garantizar la subsistencia de estas dos columnas que significan el superávit comercial, producto de nuestras diferencias en materia de exportaciones, y del superávit fiscal primario, política de desendeudamiento y acumulación de reservas. Pero esto también presupone una política en materia de financiamiento. Los sectores productivos que estamos dispuestos a encarar desde la banca pública y de las bancas privadas se resiste como hasta ahora y solamente sigue dando fundamentalmente para el consumo y no para la producción.
En la próxima semana, la señora presidenta del Banco de la Nación Argentina, una ex legisladora y ex compañera de ustedes en las bancadas, Mercedes Marcó del Pont, presentará a todos los argentinos un plan de financiamiento para pymes, micro y medianas empresas donde la tasa y el plazo puedan tornar accesible el crédito a sectores que hasta ahora no lo han tenido.
También, hemos estado charlando con el señor presidente del Banco Central y vamos a tratar de establecer el sistema de SWAPS, pero no como algunos querían para el sector privado, como un seguro de cambio, sino fundamentalmente también para sostener a la banca pública para que pueda intervenir también en el mercado de las medianas empresas para también otorgarle financiamiento. Es clave que los sectores vinculados a la producción y a la exportación obtengan financiamientos, no solamente a una buena tasa, que inclusive podría estar subsidiada por el Estado para aquellas actividades que realmente tienen una altísima productividad y un alto contenido y sesgo exportador, sino también el plazo que es otra de las características que más está aquejando al sector en la demanda del crédito. Esto presupone también acuerdos sectoriales, como los he definido.
Algunos creían que el acuerdo económico era un acuerdo de estabilización de precios y salarios como tantas veces hemos conocido y que finalmente han terminado inequívocamente siempre en recesión. Aquí no; aquí queremos hacer acuerdos sectoriales, ir actividad por actividad agregando valor y construyendo las cadenas de valor de modo tal de que agregando valor a cada sector podamos generar más productividad, más trabajo para los argentinos y más saldos exportables.
Miren, contamos con una ventaja incomparable en la historia reciente. Yo he definido muchas veces que este va a ser el siglo de los alimentos, la energía y el conocimiento. Somos un país que estamos en condiciones de producir alimentos para más de 500 millones de personas, pero al mismo tiempo, por el alto grado de competitividad que hemos adquirido y tecnología en la producción de esos alimentos y una población que no alcanza a los 40 millones, podemos sostener precios internos que permitan calidad de vida a nuestra sociedad, a nuestro pueblo y, al mismo tiempo, con fuertes saldos exportables que deben ser incrementados en el valor agregado, porque si el valor de la soja, del trigo tiene un valor hoy muy calificado adentro de un pollo o de un cerdo triplica y quintuplica el valor.
Estuve hace muy poco en Entre Ríos viendo lo que es la cadena avícola, el crecimiento que ha tenido y fundamentalmente la gran cantidad de valor agregado y mano de obra que toma el sector, donde entonces en un círculo virtuoso el grano que se exporta a un valor, adquiere quince veces el valor en el pollo trozado, manufacturado con gente que trabaja. Esto es lo que tenemos que lograr, ir identificando. Por eso hablo de los acuerdos sectoriales y por eso hablo de la demanda de comprensión a los sectores productores, porque hay una gran esfuerzo de todo el pueblo argentino y de la administración del Estado de mantener el tipo de cambio competitivo y los precios internos que le permiten ser muy rentable a la exportación. Bueno es entonces que esos sectores a través de acuerdos sectoriales podamos combinar en círculo virtuoso el sostenimiento y crecimiento del mercado interno con calidad de vida para los argentinos y aumento en la exportación. Este es el modelo que les estamos proponiendo, es un modelo de profunda racionalidad e inteligencia, porque tenemos la posibilidad de hacerlo.
Creo también que el tema del financiamiento es muy importante, por eso hablaba de la línea de crédito que va a ser lanzada la semana entrante en el Banco Nación y exhortamos a la banca privada que tiene altísimos niveles de rentabilidad y que está muy líquida, a reorientar su cartera de créditos no solo al consumo sino también a la inversión productiva, hace al crecimiento del sistema y una banca en un país que crezca va a ser también una banca importante.
Creo que si podemos entender esta sinergia de los distintos sectores en este momento histórico tan particular que vive la Argentina y el mundo, estamos ante la oportunidad histórica en serio, de que este ciclo de crecimiento inédito de cinco años, pueda transformarse en un ciclo de crecimiento de 10, 15 y 20 años que sean los que nos permitan entonces alcanzar las metas de radicación de la pobreza y de la indigencia. Esa es la clave; está como siempre lo estuvo en la economía, no en ninguna otra cuestión.
En este marco también, debemos abordar el tema de la integración regional que es el capítulo económico. Nosotros tenemos que entender -y cuando hablo de nosotros hablo de nosotros y de nuestros socios principales, la República Federativa del Brasil con quien hoy tenemos un déficit comercial de 4.317 millones de dólares, que se ha incrementado en un 17 por ciento respecto del año pasado- cuál es la solución para abordarlo, lo hemos charlado con el presidente Lula y lo estamos haciendo permanentemente. Tenemos que lograr un equilibrio de balanza comercial razonable a través de mayor integración y de mayor grado de complementariedad entre todas las industrias, fundamentalmente, el sector automotriz es el que explica casi el 50 por ciento del déficit de la balanza comercial.
Por eso tengo muchas esperanzas y mucha confianza de que podamos abordar con mucha racionalidad la nueva discusión del nuevo plazo que vence ahora el 30 de junio del corriente año, porque la integración tiene que ser vivida por todos los sectores que la conforman de una manera equitativa para que, entonces, se entienda que es beneficiosa para todos los sectores y no solamente para una. Esta ha sido la clave de integración en la Unión Europea y sabemos que esta debe ser la clave de integración aquí, en América latina, aquí, en América del Sur, aquí, en el MERCOSUR.
Por eso también la incorporación de la República Bolivariana de Venezuela al MERCOSUR para cerrar finalmente la ecuación energética que es el segundo capítulo, el de la infraestructura, en donde lo vamos a abordar, es clave. No es una cuestión de simpatías personales o amiguismos políticos. Es, simplemente, un ejercicio de racionalidad para integrar y cerrar definitivamente la ecuación energética en América latina.
El segundo capítulo, el de la infraestructura. En pocos días más presentaremos el plan de la intervención estatal, de la planificación estatal para la inversión pública en todo el territorio de la República.
Ustedes saben que el Decreto 1.824, del año 2004, creó la Subsecretaría de Planificación Territorial para la Inversión Pública; tenía por objetivo recorrer el país con especialistas para reunir consensos básicos en torno a cada provincia y a cada región en cuanto al diseño de cómo iba a intervenir el Estado de acuerdo con los intereses de cada región y de cada provincia en materia de desarrollo, de servicios, de turismo, de zonas de producción, de hábitat, de cada uno de los habitantes de las provincias.
El avance del 2008 está listo y va a ser presentado posiblemente el día 18 de marzo en el cual a través de consensos por primera vez en la República Argentina abordamos la planificación estratégica del desarrollo de la inversión pública en todas y cada una de las provincias argentinas. Esto es clave y forma también parte de lo que yo llamo el "Acuerdo del Bicentenario". En estos cuatro años y medios a través de soluciones habitacionales para un millón y medio de argentinos, a través de innumerables obras que todos ustedes tienen en esos libros celestes que están en sus bancas, para quienes no lo saben, ustedes sí lo saben todos, cada uno de los legisladores, es un detalle pormenorizado con cifras, con datos de todo lo que es la gestión puntual y en cada una de las áreas del Estado con suficientes detalles con números, estadísticas y porcentajes. Pero la idea fundamentalmente de la infraestructura que queremos presentar en este plan, es precisamente el desarrollo estratégico e inteligente de cada una de las regiones, sumándole a toda la obra que se ha venido haciendo en materia de infraestructura, una proyección que ya no sea producto de la buena gestión de un gobierno, sino de la decisión de todos los argentinos a través de todos los Poderes de los estados provinciales y del Estado Nacional en la planificación de esa estrategia.
También AySA, la empresa que fue sancionada por ley de este Parlamento, ha desarrollado su Plan Quinquenal para los años 2007-2011 donde el objetivo donde el objetivo es llegar con más de 5.700 millones de inversión a agua potable para el ciento por ciento de los argentinos, otro de los objetivos que debemos tener en este acuerdo y el 80 por ciento de desagües cloacales.
También en materia energética vamos a incorporar este año un 11 por ciento en materia de expansión de la generación de energía eléctrica, como yo lo decía hace unos días en una de las intervenciones que he tenido en la Casa Rosada, y también vamos a incorporar el 8 por ciento en materia de gas para este año 10 millones de metros cúbicos, lo que nos permitirá junto a dos centrales que estaban fuera de servicio durante el invierno pasado, poder afrontar, sin riesgos para nuestra producción, sin riesgos para nuestros inversores, la producción durante todo el año. A esto se incorpora el Plan de Energía Plus que también incorpora con la planificación del Estado, 280 megavatios más para este año 2008.
Quiero también abordar el tema del acuerdo regional en materia energética. En Olivos, durante la semana pasada, nos reunimos con los presidentes de Bolivia y del Brasil precisamente para la creación de un grupo coordinador integrado por los ministros de Energía -la próxima reunión tiene lugar en La Paz y será presidida por Evo Morales- no solamente para la administración y el uso racional, porque estamos absolutamente interconectados. Del mismo modo que Bolivia nos vende gas a nosotros y al Brasil, nosotros lo devolvemos en garrafas a Paraguay y a Bolivia. Del mismo modo, Brasil nos vende energía eléctrica, nosotros le damos gas a través de Uruguayana que ellos convierten en energía eléctrica. Del mismo modo que le damos electricidad a la República Oriental del Uruguay, la República Oriental del Uruguay nos devuelve también energía y nosotros gas a Chile, porque, tal vez, no sé si por cuestiones electorales o por lo que fuere no importa los motivos lo importante son los resultados, quiso instalarse tal vez que el problema de la energía era una cosa que sucedía únicamente en la República Argentina y esto no es así; el problema de la energía, lo he dicho sustancialmente en muchas oportunidades, es un problema del mundo y de la región y nosotros estamos en el mundo y en la región. Por lo tanto, debemos abordar la cuestión con seriedad y con mucha tranquilidad además, porque esta preocupación no es producto de que se cayó el producto y tampoco tenemos energía.
Yo leía el otro día en algunos diarios que algunos "expertos", así fueron calificados en algún medio, pronosticaban que íbamos a tener problemas en el invierno, los mismos que pronosticaban que íbamos a tener problemas en el verano y en el invierno pasado. Curiosamente, ambos expertos fueron protagonistas de los cortes en los años ´80 cuando el crecimiento del país era negativo. No era que no teníamos energía porque crecíamos o no nos alcanzaba por el tipo de crecimiento en la energía que teníamos. No, no, crecíamos a tasas negativas, decrecíamos y no teníamos energía. Los expertos, cuyas opiniones hoy se publican, eran los responsables institucionales y políticos en ese momento de darle energía a los argentinos y una buena economía. Ni lo uno ni lo otro, mala economía y nula energía. Sin embargo, pronostican, pontifican y, por supuesto, terminan generando comentarios que creo que no le hacen bien a los argentinos, porque yo creo que el deber que tenemos todos, cada uno en el rol que le cabe, es el de informar y no el de asustar. Me parece que la diferencia es notable entre informar, asustar y preocupar. La obligación es la de informar correctamente.
Por eso digo que el acuerdo al que hemos llegado y que luego, inclusive, en un cable que curiosamente no fue publicado ni pude verlo en letra de molde en ninguna parte, el titular, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, anunciaba que había dado instrucciones a las empresas productoras de gas en Bolivia, tal cual lo había dicho en la reunión de Olivos, que el mantenimiento de pozos no se hiciera durante la etapa invernal que es normalmente donde más se demanda gas tanto en Brasil como en Argentina y como en Chile, sino que el mantenimiento lo hicieran fuera de la temporada crítica, con lo cual permitiría aumentar la producción de 39 a 41 o 42 millones.
Esto, que apareció en cables, no apareció publicado en letra de molde. Sí, sin embargo, apareció publicado en letra de molde las palabras de algún otro titular, de alguna otra compañía energética que dijo, con un criterio poco feliz para la integración y la solidaridad latinoamericana, "ni una molécula de gas para la Argentina". Esto sí obtuvo una difusa publicación. No sé si será por pautas culturales de que siempre está todo mal o alguna otra pauta de alguna importante empresa.
Pero lo cierto es que la racionalidad y el acuerdo van a primar entre todos quienes tenemos altísimas responsabilidades en la dirección de los Estados que conforman la América del Sur. Confío plenamente en la responsabilidad de los presidentes de la República Federativa del Brasil, de la República de Bolivia, de nosotros, de la hermana República de Chile y del Uruguay, porque creo que más allá de la lógica representación de los intereses locales que cada uno de nosotros tenemos, hay una clara conciencia de que la integración es el único camino posible.
También en materia de infraestructura, ustedes han aprobado hace muy pocos días, creo que en el curso de la semana anterior, el diseño de un nuevo sistema de operatividad en materia de ferrocarriles, que va a significar una matriz diferente a lo que se ha tenido hasta ahora donde, por un lado, está la operación ferroviaria y, por el otro lado, lo que es la operación de infraestructura y construcción de infraestructura.
Esto, junto a las importantes inversiones en materia de soterramiento de una línea ferroviaria, del reposicionamiento prácticamente de toda la línea del San Martín, más la electrificación del Roca, más los trenes de alta complejidad y alta velocidad que estamos desarrollando. Permítanme un momento, algunos quisieron presentar como que todavía no habíamos solucionado algunas cuestiones básicas en el país y entonces cómo podíamos dedicarnos a trenes de alta velocidad.
El otro día me acompañaron periódicos españoles donde similares e idénticos comentarios se desarrollaban cuando España, hace muchos años, no la España de ahora, hace muchos años decidió instrumentar el tren de alta velocidad Madrid-Sevilla, y pude leer comentarios de diarios importantes de España y de otros analistas que replicaban casi con exactitud algunas de las críticas que hemos tenido aquí.
Yo pienso que, además de la importante inversión que estamos haciendo en todo lo que es red ferroviaria para abordar un problema que había sido dejado de lado en la agenda de los argentinos, casi clausurado el sistema ferroviario, dar un salto a la modernidad, es una señal muy importante hacia dónde va el país y hacia dónde queremos llegar.
Siempre tendremos algún problema que resolver, pero no abordar la modernidad por los problemas que aún no hemos resuelto, es una manera finalmente de no terminar haciendo ni lo uno ni lo otro. Creo que es hora que tengamos frente a estos problemas otra mirada.