Discurso de Cristina Fernández en el acto de asunción de su segundo mandato como Presidenta de la Nación

Part 1

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Muchas gracias, muy buenos días a todos y a todas.

Señores jefes y jefas de Estado que nos acompañan; señores jefes de delegaciones representantes de gobiernos extranjeros; señor Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; señoras y señores legisladores; pueblo de mi patria: como todos se imaginarán, hoy no es un día fácil para esta Presidenta. Pese a la alegría y la contundencia del voto popular, falta algo y falta alguien; alguien que hace exactamente ocho años y cinco meses, en este mismo lugar que hoy estoy ocupando yo, y yo sentada frente a él, venía a decirle a todos los argentinos que él venía y pertenecía a una generación diezmada, que 30 años antes de ese 25 de mayo, había estado junto a cientos de miles en esta misma Plaza de Mayo vitoreando y festejando también la llegada de otro gobierno popular luego de 18 años de proscripciones.

Cuando hoy me levanté y como todas las mañanas leí los diarios, en un ejercicio militante, leer los diarios es también un ejercicio militante, y leí que, a raíz de una iniciativa de la Universidad Nacional de La Plata, una joven, que estudiaba en los años ’70, en la Facultad de Astronomía, en el Observatorio como le decíamos nosotros, los que somos de La Plata, y que desapareció el 25 de septiembre de 1976, este último 25 de septiembre, el Decano de esa Facultad y la Universidad, se presentaron ante la Unión Astronómica Mundial, que es la organización que le da el nombre a las estrellas en el universo, y que por primera vez, hace 5 días apenas, el 5 de diciembre, a 5 días también de hoy, que además les recuerdo de ser la asunción de esta Presidenta el nuevo período gubernamental, es el Día Internacional de los Derechos Humanos, esa asociación internacional, que da la nomenclatura del universo, algo así como el catastro del universo, impuso el nombre de Ana Teresa Diego, a un asteroide.

Ustedes dirán por qué esta mención. Porque en la tapa estaba la fotografía congelada de una joven a sus veinte y pico de años. Ahora está en un asteroide su nombre.

Por un momento me hizo acordar a una fotografía muy linda que apareció hace unos días de nuestra querida compañera, amiga y Presidenta de la República Federativa del Brasil, Dilma Rousseff, muy jovencita también, cuando estaba encarcelada y yo pensé por un minuto que hoy Dilma ocupa el sillón de uno de los países más importantes del mundo. A lo mejor, esta joven podría haber estado sentada en este mismo lugar en donde estoy sentada yo.

Y creo que es bueno que reflexionemos sobre estas cosas porque los derechos humanos, de los cuales me enorgullezco de ser Presidenta de un país líder y ejemplo en materia global, pudo rescatar por la fuerza, el coraje y la voluntad de ese hombre, con el acompañamiento de este Parlamento, por la decisión de nuestros más altos tribunales de justicia, precisamente, el fin de la impunidad.

Y yo decía, tengo acá una frase del discurso que pronunciara con motivo de la asunción en el 2007 que, si me permiten, lo voy a leer textualmente, referido, precisamente, a los juicios de derechos humanos: “Yo espero que en estos cuatro años de mi mandato- me refería obviamente al mandato que se iniciaba el 10 de diciembre del 2007-, estos juicios que han demorado más de treinta años en ser iniciados, puedan ser terminados”. Si bien se registra un gran avance en los mismos, lo único que sueño y lo único que le pido a la Justicia de mi país, es que el próximo presidente que tenga que prestar juramento el 10 de diciembre del 2015, no tenga que volver a pronunciar esta frase y hayamos dado vuelta definitivamente una página tan trágica de nuestra historia.

Ese hombre también dijo en este mismo lugar una frase que, tal vez, ni él mismo siquiera pudo develar cuán de profética tendría. Creo que terminó entre sus últimas frases diciendo: “Cambio es el nombre del futuro”. ¡Y Dios mío, si han cambiado las cosas desde aquel 25 de mayo del año 2003, no solamente en la Argentina, sino también en el mundo!

Estamos en una nueva Argentina, pero también estamos en un nuevo mundo que implica mayores desafíos y mayores decisiones comprometidas con los intereses de nuestro pueblo y de nuestra sociedad.

La Argentina ha dado un salto fenomenal desde aquella Argentina en la que él asumiera con el 22 por ciento de los votos, el 25 por ciento de desocupación, un cuarto de la población argentina, 11.000 millones en el Banco Central de reservas, más del 140 por ciento de nuestro Producto Bruto Interno comprometido en deuda, con más del 54 por ciento de nuestra población sumida en la pobreza y más del 25 sumida en la indigencia, con una desindustrialización formidable que hacía, por ejemplo, obreros de la Unión Obrera Metalúrgica marcharan junto a los propietarios de las empresas reclamando la industrialización del país, hoy tenemos un país que ha tenido el período de crecimiento más largo de sus 200 años de historia. Que además, su Producto Bruto ha sido per cápita uno de los más importantes, sino el más importante del mundo, en materia de crecimiento, superado por el nivel de industrialización. Porque el nivel de actividad económica, que ha crecido a tasas chinas, sin embargo, ha sido superado por el nivel de crecimiento de la industria y una cosa no está desligada de la otra, al contrario, está perfectamente articulado. Porque a partir del valor agregado de la industrialización de nuestras materias primas, es que hemos podido generar más de 5 millones de puestos de trabajo. Hemos logrado más de 2.500 convenciones colectivas de trabajo que han retornado nuevamente a la Argentina porque antes no se negociaban, las convenciones colectivas de trabajo, habían dejado de existir.

Porque además, hemos alcanzado el mejor salario mínimo, vital y móvil de toda la región. Porque además, tenemos el índice de cobertura previsional para nuestros viejos más alto, el 96 por ciento de los argentinos en condiciones de jubilarse, hoy tiene cobertura. Porque además, de 80 parques industriales que teníamos apenas en la República Argentina, hoy tenemos más de 280 y estoy segura que vamos a alcanzar los 300 en muy pocos días más. Porque además, como todavía nos falta, porque también dije que mientras haya un solo pobre en la Argentina, no estará cumplimentado el proyecto nacional y popular……Por eso también hemos creado la Asignación Universal por Hijo para embarazadas que representa el programa social más importante a nivel global con el 1,2 por ciento de nuestro Producto Bruto Interno.

Y en tren de lectura, también estaba leyendo hoy el artículo que publicó en un diario local, un compañero de bancada oficialista, por supuesto, Calcagno. ¿Dónde estás? No hace falta que levantes la mano, no soy la maestra. Leí algo que me pareció muy interesante y que eran las tres aperturas que habíamos hecho: el ingreso o la distribución –hablabas de distribución exactamente- la distribución del ingreso, lo que mejoraba todo esto que está hoy señalando y he señalado en reiterados mensajes yo, la distribución de la palabra, donde mencionabas a este proyecto colectivo y plural que significó la sanción de Ley de Servicios de Medios Audiovisuales por este Honorable Parlamento ……y señalabas también la distribución del conocimiento que, como le gusta decir a nuestro exministro de Economía y actual Vicepresidente, significó que pasáramos de una Argentina que en el año 2002 destinaba el 5 por ciento de su PBI al pago de la deuda y apenas el 2 a la educación, hoy haya invertido esa ecuación trágica y estemos destinando 6.47 a la educación y solamente 2 por ciento al pago de la deuda externa.

Hay una distinción que no hiciste, me voy a permitir completarte el artículo, no puedo con mi genio: hay una diferencia en esas tres distribuciones. La distribución de la palabra, a través de la Ley de Servicios de Medios Audiovisuales, fue una distribución construida colectivamente con coraje, con valentía, con el acompañamiento de grandes sectores de nuestra sociedad y también de otras fuerzas de este Parlamento que no son oficialistas y a las cuales agradezco que hayan acompañado este instrumento formidable que permite distribuir la palabra y dar pluralidad a las voces para que no sean las voces monocordes.

Y digo coraje, porque se debió enfrentar un formidable, tal vez, el más formidable aparato mediático en épocas, donde todos los sabemos, si no aparecés en la televisión o en el diario, no existís. Y tomar una decisión de levantar la mano frente a esas amenazas, bien vale que esta Presidenta reconozca, a propios y ajenos, el esfuerzo de esos legisladores que no se fueron, aunque estaban sometidos a presiones, y votaron con convicción. Me refiero, por supuesto, a los que tenían incluido en su plataforma eso. Porque claro, el que, por ejemplo…

- Suena el timbre en el recinto.

¡Julián, qué cosa…! ¡Cobos no hacía esas cosas; Dios mío…!

Y las otras dos distribuciones, la del ingreso y, fundamentalmente, la de educación, para esas no solamente hacen falta coraje y decisión. Para eso hizo falta gestión, administración y una clara definición de privilegiar a los intereses de nuestro pueblo por sobre todo cualquier otro interés.

Por eso, y en esto uno de los puntales fundamentales, precisamente, ha sido el desendeudamiento de la Argentina, como todos ustedes lo saben y hoy lo sabe además dramáticamente el mundo. Y aquí está el punto de unión en ese cambio: en el cambio de la Argentina y en el cambio del mundo.

Lo que nosotros vivimos como un drama, el default, esa deuda que representaba el 140 por ciento de nuestro PBI, que era una cadena que nos impedía crecer y que generaba miseria y tragedia y que nos arrojó fuera del mundo como mal hijo, como los peores alumnos del grado, hoy la enfrentan otros países en otros lugares que estamos viendo lo que está sucediendo. Es casi un espejo de esa Argentina del año 2001.

¿Qué hicimos en aquella oportunidad? Yo recuerdo como si fuera hoy, lo veo parado ante la Asamblea General de Naciones Unidas planteando el eje central de nuestra política en materia de desendeudamiento y pago de la deuda, que era que los muertos no pagan las deudas, que necesitábamos que nos dejaran crecer, que necesitábamos que nos dejaran desarrollar económicamente para hacer honor a lo que habíamos debido. Pero que además, cada uno debía hacerse cargo en esa deuda de la participación que había tenido.

Por eso, cuando reestructuramos la primera vez la deuda en el 2005, durante su gestión, claramente tuvo en claro este principio de que el esfuerzo debía ser compartido por quienes se habían endeudado pero por quienes también, aprovechando las condiciones que tenía el cepo de la convertibilidad, habían cobrado tasas usurarias que no se pagaban en ninguna parte del mundo. Ese fue el eje central del planteo de Argentina ante el mundo.

Luego vino la otra gran decisión soberana de pagar la deuda con el Fondo Monetario Internacional, de modo tal que ya nadie pudiera ser jefe de la economía argentina, que el jefe de la economía argentina se sienta acá y por decisión del pueblo.

Y llegó ya, durante nuestra gestión, y bajo la égida del exministro de Economía y del actual ministro de Economía, por instrucciones de esta Presidenta, la segunda parte de la reestructuración de la deuda, que nos llevó a cubrir ya el 93 por ciento. El resto los fondos buitres que siguen, como en todas partes del mundo, tratando de aletear para ver sobre qué cadáver pueden carroñar. No va a ser sobre la Argentina, se los puedo asegurar.

Otro de los ejes fue finalizar con esa dicotomía de mercado interno o exportación. Y gracias a duplicar nuestro comercio exterior respecto de la década de los 90, que era del 17 por ciento, hoy estamos entre el 34 y el 35 por ciento, más que duplicando, pudimos generar superávit comercial que este año ya, al mes de noviembre, llevamos más de 10 mil millones de dólares de superávit comercial.

Esto nos permitió el comercio exterior, apuntalado por un mercado interno creciente y pujante, que no hace falta que les lea las estadísticas de consumo, basta salir a la calle, en cualquier lugar, en cualquier pueblo, en cualquier provincia, basta ver este fin de semana nomás, volcarse a nuestra sociedad a las playas, a disfrutar, a estar con alegría para saber que el mercado interno fue, precisamente, el que nos permitió sortear la brutal crisis que en el 2008 y en el 2009 se desplomó sobre todo el mundo pero que permitió, gracias a las políticas activas del Estado argentino, que ningún argentino tuviera que sufrir y, fundamentalmente, que pudiéramos volver a crecer como lo hicimos en el año 2010 y lo estamos haciendo en el año 2011, donde ya llevamos el 9 por ciento en materia de actividad económica de crecimiento.

Pero también permitió otro de los puntales del modelo, la acumulación de reservas. Acumulación de reservas que al día de hoy ascienden a 46.368 millones de dólares, después de haber pagado, a través del FONDEA, años 2009 y 2010, a tenedores de títulos privados y organismos multilaterales de crédito, la suma de 26.316 millones de dólares. Y también, soportar cinco corridas cambiarias que las corporaciones hicieron creyendo que este Gobierno iba a ceder. Que se den por notificados: yo no soy la Presidenta de las corporaciones……soy la Presidenta de los 40 millones de argentinos.

Y para entrar en detalles, porque saben que soy fanática de los números y ya que tanto a las corporaciones les gusta hablar de números a mí también me gusta hablar de números, pero de los números de todos, no solamente de los de ellos, esta es la gran diferencia.

En las cinco corridas cambiarias que mi Gobierno…y ahí sí no me voy a referir al año 2003, sería que el susto de lo que nos había pasado en el 2001 los tenía a todos calmados y tranquilos y esta cosa que nos pasa muchas veces a los argentinos que cuando empezamos a mejorar, es como que empezamos a hacer cosas para volver para atrás. Esa cosa que el titular de la UIA decía el otro día del péndulo y que yo lo corregí porque le dije: “Mirá que si el péndulo va muy fuerte, termina convirtiéndose en maza como fue en el 2001 y termina estrellándose contra la pared y derrumbando el edificio”. Y lo recuerdo muy bien, porque yo estaba sentada en ese lugar que están ustedes aquí cuando el edificio se derrumbó, cuando me opuse a la derogación de la Ley de Subversión Económica, porque sostenía que quienes habían vaciado el país tenían que ser castigados. Lamentablemente, no pudimos tener los votos para también, enjuiciar a los que son responsables, en definitiva, de ser siempre los ganadores, les vaya como les vaya a los argentinos.

En estas cinco corridas cambiarias, el Central vendió 15.897 millones de dólares, casi 16.000 millones de dólares. Nos querían obligar a devaluar o a fijar las marcas en la cancha.

Si yo sumara lo que hemos pagado en materia de deuda, más estos casi 16.000 millones de dólares, hoy el Banco Central tendría 88.684 millones. Por eso le pido a todos los sectores que no escupamos al cielo, porque no es buen método y nunca nos ha dado resultado a los argentinos escupir al cielo. Cuidemos lo que hemos logrado en estos años, donde pequeños empresarios se convirtieron en medianos; donde medianos empresarios se convirtieron en grandes y donde los grandes se cansaron de ganar dinero y que está bien, no me quejo de los que ganan dinero; simplemente les pido la contribución sensata e inteligente, ni siquiera patriótica, sensata e inteligente de seguir colaborando con un modelo virtuoso de economía que ha producido pingües ganancias y que les permite hoy a muchos de ellos, inclusive y tenemos el orgullo, de que se conviertan en verdaderos ejemplos de empresas que trascienden las fronteras.

Nada de eso tampoco hubiera sido posible si no hubiéramos virado estratégicamente la dirección de nuestra economía y de nuestra mirada. La volvimos casa, la volvimos al continente, a la América del Sur, al MERCOSUR, porque sabemos que aquí, que en la integración regional, está una de las mejores defensas que podemos tener contra un mundo difícil y plagado de desafíos que debemos enfrentar.

Afortunadamente, los jefes y jefas de Estado de la América del Sur, más allá de las diferencias que es notable y que además es normal que tengamos en todos los gobiernos, sabemos que nuestro futuro está en estar tomados de la mano, brazo con brazo, codo con codo, como quería Mario Benedetti.

Y quiero también agradecer la ayuda de la hermana República Bolivariana de Venezuela en los momentos difíciles allá de Néstor, y desearle a su Presidente, Hugo Chávez Frías, su restablecimiento. La verdad que lo vi bastante reestablecido, pero más restablecimiento todavía.

Pero quiero terminar diciéndoles que en la Argentina –terminar en cuanto a la deuda, tengo un poquito más para decir-, la disminución de la deuda total pública más privada en relación al Producto Bruto llegó al 32,2 por ciento. Creo que desde el empréstito de la Baring Brothers, de Londres, no teníamos una relación tan baja entre deuda y PBI.

También decirles que la deuda pública en moneda extranjera, se redujo a 27,5 del PBI, era el 106 en moneda extranjera en el año 2003. Y estimamos que cuando paguemos ahora en diciembre, la deuda pública en moneda extranjera, que estará en manos del sector privado, será solo del 8,7 por ciento. El resto es todo deuda sector intrapúblico.

También, el crecimiento de una industria que no ha dejado de invertir. Si uno compara la capacidad instalada de los diez principales bloques industriales, de octubre del 2010 a octubre del 2011, estamos en octubre de 2010 en un 79.2 y en octubre de 2011 un 80.1. Esto, sumado al formidable crecimiento en el consumo y también en el crecimiento formidable de las exportaciones, revela claramente el nivel de inversión privada y pública que hubo aquí, porque tenemos que contar también que materia de infraestructura, otro de los pilares fundamentales, la obra pública no se considera más gasto público, se considera inversión económica y social……, estamos en más de 5 puntos del PBI en materia de inversión pública. Que por cierto también ha tenido, no la inversión pública, sino la inversión en sí en el Banco de la Nación Argentina, un puntal importantísimo, casi el 30 por ciento de nuestra economía real, está representada por nuestro Banco Nación de Fomento.

Yo quiero decirles que en diciembre del año 2003, de la torta del sector privado en cuanto a préstamos, el 45 por ciento era para las grandes empresas; para la banca minorista el 29; para las cooperativas el 8; para las empresas vinculadas el 10 por ciento y para las PYMES, el 8 por ciento. Hoy, a 8 años y medio de que ese hombre se sentara aquí, las grandes empresas tienen el 19 por ciento del 45 que tenían; la banca minorista el 19 por ciento, del 29 que tenía, porque necesitamos seguir prestándole a la producción; de las empresas vinculadas del 10 al 2; las cooperativas al 3, porque han tenido un formidable desarrollo y el 57 por ciento de la cartera de préstamos del Banco Nación, va a la pequeña y mediana empresa, verdadera generadora de trabajo y de valor agregado en la República Argentina.

Turismo: hoy casi el 7 por ciento de nuestro PBI. Turismo que también bueno es reconocerlo, proviene fundamentalmente del turismo regional, de los hermanos brasileros, de los hermanos chilenos, uruguayos y del resto de la región que constituyen en conjunto casi el 70 por ciento o más de los turistas que vienen a nuestro país.

Por eso, todo esto no ha sido tampoco fácil, porque pareciera que contado así como lo cuento yo, es un cuentito que la abuela le cuenta a los nietos antes de dormirse. Pero acá no hubo ni abuela, sí hubo y hay nietos, pero lo que es más importante es que hemos podido hacer esto en un período -el que le tocó gobernar a él- con un mundo en contra, fuera del mercado de capitales, que para nosotros, paradojalmente, fue una bendición porque impidió que se inyectara a nuestro sistema financiero activos tóxicos como pasó. Dice Dios que no hay mal que por bien no venga, viejo refrán. Bueno, lo que parecía una desgracia, finalmente constituyó una ventaja muy importante para que la Argentina no formara parte hoy de ese grupo de naciones en donde se inyectaron activos financieros tóxicos que, para que ustedes tengan una idea de lo que le está pasando al mundo, que es lo que nos pasó a nosotros.

En el año 1980, la relación entre el producto bruto global, todo lo que produce el mundo en bienes y servicios, y el stock de activos financieros, llámese bonos, derivados, lo que fuere, era del 1,1. En el año 2010, llegó a 3,4 habiendo tenido una punta en el 2006 de 3,6 veces. ¿Qué significa esto? Algo muy simple: el dinero, que es el elemento fungible por esencia para comprar bienes y servicios, hay casi 4 veces más dinero que bienes y servicios para comprar. ¿Y después nos quieren contar a nosotros que ellos gobiernan con metas de inflación? Gobiernan con metas de crecimiento pero del sector financiero y yo quiero notificarles que nosotros gobernamos con metas de crecimiento del trabajo y del empleo. Estos son los ejes de nuestro Gobierno y estos van a seguir siendo.

¿Qué pasó? Muy simple: cuando uno ve simplemente gráficos como los McKinsey-Fondo Monetario Internacional, para los que confían tanto en ellos, veo a algunos desde aquí, que se queden tranquilos y para Boreau of Labor Statistics también, y estadísticas argentinas, ¿dónde se produce uno de estos problemas brutales? Es, entre la productividad y el salario.

Si uno pudiera ver una línea, el salario real y el nivel de endeudamiento de las familias de las naciones desarrolladas, verían que el salario es prácticamente una línea horizontal que no se mueve y la productividad de las empresas, esto es el PBI dividido por cada uno de los trabajadores, es prácticamente casi vertical. Ese spread de diferencias, es el endeudamiento y parte de lo que está pasando junto a los imbalances mundiales hoy en la economía mundial. Una economía que no se basa en la economía real, sino en una economía financiera.

Y no es porque no nos interesen los bancos. Sabemos que los bancos son una parte fundamental, pero no pueden ser el fundamento de la economía; tienen que ser el instrumento, la palanca para que la economía real se mueva y produzca más bienes y servicios.

Y fíjense ustedes, que tiene que ser así, porque poca veces los bancos han demostrado balances con la rentabilidad que han tenido durante estos años los bancos en la República Argentina.

Quiere decir que el hecho de que los trabajadores tengan buenos salarios, que haya industrias, que haya cobertura social, que la actividad sea regulada, porque pocas cosas están reguladas como la actividad monetaria, no son óbice para la rentabilidad y para la utilidad. Que, al contrario, cuando la sociedad crece en su conjunto, todos crecen con ella. Debemos aprender esta lección y seguir apostando a la economía real.

Quiero también, en estos tiempos que vienen, en los que hablamos de sintonía fina, que cuando me tocó dar el mensaje ante la Unión Industrial Argentina, en la cual vamos a tener y para ello les he recomendado…”Recomendación” es un eufemismo en realidad, le he ordenado, eso para que mañana no digan que soy autoritaria, porque parece ser que los que dan órdenes a los ministros, son autoritarios, es una cosa muy extraña, yo no sé si quieren un presidente que le den órdenes los ministros a él o…no sé. Pero bueno, yo siempre viví en un país donde los presidentes elegidos por el voto popular daban orden a los ministros y los ministros que no estaban de acuerdo, por supuesto, tenían siempre la opción de la renuncia, como todo el mundo.