Discurso de Adolfo López Mateos en su Tercer Informe de Gobierno
Chapter 8
Renovando sus métodos de consulta nacional, coordinando sus actividades e interpretando el sentir popular, las Cámaras del Congreso emprendieron diversas y constantes tareas nacionales e internacionales.
La administración de justicia está servida por funcionarios honorables y dirigentes, a pesar de las críticas destructivas con que algunos quieren desviar las determinaciones judiciales.
La falta de respeto a la actividad judicial, a que recurren quienes anhelan torcerla, no tiene justificación.
La ley establece medios para consignar y castigar a los funcionarios que no cumplan con sus deberes, y el acatamiento a esos procedimientos es una garantía para todos.
El funcionario judicial debe atender serenamente a las críticas o a los halagos, sin deformar su conducta ni alterar su invariable respeto a las leyes.
Querer influir o atemorizar con la calumnia de una publicidad intencionada sobre los funcionarios judiciales no es sin duda un método positivo para el perfeccionamiento de la función judicial.
En las últimas elecciones que originaron la Cámara de Diputados de la XLV Legislatura a la que tengo el honor de dirigirme, el pueblo demostró una alta preparación ciudadana e hizo, con su cooperación, más señalados los caminos de perfeccionamiento de nuestros sistemas, que debemos seguir para superación de nuestra democracia.
Nos hallamos casi en la mitad del ejercicio de nuestro mandato y han pasado los primeros 50 años desde el inicio de la Revolución Mexicana, en muchos aspectos, asistimos a la culminación de un proceso nacional y a los albores de una época nueva.
Tomando en cuenta los resultados que arroja el desarrollo del país, sólo tenemos sentimientos optimistas y decisiones firmes de alcanzar las metas que el pueblo se ha fijado; México tiene fe y confianza en su propio destino, en su ideario político- social, y en el sistema de vida que ha querido crear para el bienestar de todos sus hijos.
En la permanente grandeza de la patria, ante el esfuerzo continuado del pueblo debemos sentirnos orgullosos de pertenecer a él y de servirle. Limpiamente orgullosos de ser mexicanos.
Contestación del Dip. Joaquín Noris Saldaña, Presidente del Congreso.
Señor Presidente de la República: Hemos escuchado, con marcado interés, los conceptos y las cifras que integran su tercer informe de labores, con el firme convencimiento de que en ellos se concreta, no sólo su obra progresista, sino el claro perfil, el gesto y el carácter de una nación en marcha, que es la nuestra.
Las líneas esenciales de su pensamiento enmarcan, con admirable claridad y precisión, la política de gobierno sustentada por usted, y hacen coherente el cuadro completo de sus realizaciones.
Descubren los trazos definidos en que se manifiesta y se fija su estilo espiritual y su organizada simetría.
No en vano obedecen a una superior fórmula de equilibrio, que, a cada paso, parece reflejar la continuidad de la tarea ejecutada por la Revolución, cuya doctrina, esencialmente Mexicana, nos indica que la verdadera democracia sólo es posible en un régimen de justicia social y que la justicia social sólo puede alcanzarse por el camino de la democracia.
Cada uno de sus actos administrativos, Sr. Presidente, nos conduce a la presencia de México; al nuevo concepto de la patria que ha consagrado nuestra gesta revolucionaria, a su nueva verdad: la democracia social que auspicia sistemas proteccionistas del débil frente al poderoso; a su nueva política, inspirada en el servicio a la comunidad y en la mejor capacitación ciudadana; a su nuevo criterio económico de tipo distributivo, que procura colocar en un plano de igualdad al capital y al trabajo; a su nueva estructura moral, cuya norma es el esfuerzo productivo de los hombres y la unidad del pueblo y el Gobierno; y a su nuevo derecho, cristalizado en nuestra Carta Magna de 1917, tendiente a conciliar el progreso y la libertad con la justicia social, ya que todo progreso es ilusorio si no va acompañado de una equitativa distribución de la riqueza, y la libertad misma se desvanece, cuando una economía injusta oprime al pueblo con las pesadas cargas de la ignorancia, del hombre y el desamparo.
Dentro del marco de las ideas expuestas, su régimen viene cumpliendo sus tareas con tenaz empeño, dedicando especial atención a aquellas que favorecen a las clases de escasos recursos, y contribuyendo a la satisfacción de sus exigencias económicas y morales.
Sin detrimento del principio de autoridad, que descansa en el prestigio moral y la confianza absoluta de los mexicanos, usted ha conservado irrestrictas las libertades inherentes a la persona humana:
Libertad de vivir, para que cada ciudadano sienta el orgullo legítimo de haber nacido dentro del territorio nacional; libertad de pensar, para que las ideas sean fecundas, generosas y creadoras; libertad de expresarse, para que la palabra contribuya a enriquecer nuestra vida democrática; libertad de trabajar, para que la faena diaria sea un estímulo para las capacidades y un acicate para la lucha; libertad de creer, para que un clima de tolerancia proteja la fe de todos y hagan para cada uno, intocables y dignas las creencias de los demás.
Pero ante la posibilidad de que alguien se exceda en el ejercicio de sus derechos, con el natural quebrantamiento del orden y la tranquilidad colectivos, su gobierno ha declarado categóricamente, su determinación indestructible de defender y hacer respetar las leyes que nos rigen, evitando, todo acto realizado, en contra, por encima o al margen de las leyes.
Esta representación nacional reconoce, que una de las preocupaciones capitales de su régimen, ha sido la de alcanzar una mejor distribución de la riqueza.
Ante la necesidad de perfeccionar nuestra vida económica, ha encaminado las actividades de su gestión, hacia metas de justicia social consistentes en proporcionar a nuestro pueblo más pan, mejor habitación y una vida más decorosa y digna.
Al propósito antes aludido, obedecen las medidas adoptadas en materia de seguridad social, introducción de los servicios públicos a poblaciones y colonias proletarias y construcción masiva de la vivienda popular.
Los programas gubernamentales que usted postula, están apegados en todos sus aspectos a la realidad que vivimos y a las posibilidades con que contamos.
Parece natural que así sea, puesto que sólo en la medida en que tengamos una visión exacta de nuestras carencias y necesidades, y un conocimiento preciso de los medios disponibles para lograr su progresiva satisfacción, es factible ejecutar con acierto una labor eficaz y provechosa.
A ello se debe, el interés permanente manifestado por usted, para reiterar - a través de sus giras de trabajo- su facundo diálogo con el pueblo, para que la acción de su gobierno reciba sin interrupción, la corriente, fluida y palpitante de la opinión pública, alimentando cada una de sus determinaciones con la savia de los anhelos y las demandas colectivas.
Es preciso destacar el positivo acierto con que su administración ha formulado programas de planeación apoyados, en todos sus aspectos, en estudios técnicas suficientes y bien meditados.
Si somos un país que lucha por alcanzar su prosperidad dentro de la limitación de sus posibilidades materiales, debemos aprovechar al máximo la energía humana y los recursos naturales existentes en nuestro territorio; afirmar la industria nacional, canalizar correctamente nuestras inversiones, contrarrestar el incremento demográfico con un ritmo creciente de la producción, extender las obras públicas realizadas y construir escuelas y trazar programas educativos, en la forma y en las condiciones más prácticas y convenientes.
Suscrita nuestra atención el interés preferente destinado por usted a fin de elevar el nivel social y cultural de los campesinos, para cuya protección está en estudio un proyecto de Código Agrario más avanzado que el vigente.
En su empeño por defender sus ideales democráticos y mantener intacta la pureza de sus doctrinas internacionales, nuestro país ha seguido escribiendo páginas de entendimiento, cordialidad y buena fe hacia todos los pueblos de la tierra.
Asimismo, ha seguido sosteniendo su tradicional actitud, en lo que concierne a los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos.
En esta materia, es saludable recordar, que solamente el Poder Ejecutivo tiene facultades constitucionales para expresar el criterio de la nación.
La consolidación de su régimen institucional va cobrando perfiles definitivos y auténticos.
Para ellos se ha invocado la unidad nacional y el fortalecimiento de los principios democráticos.
Pero toda obra de gobierno requiere de los esfuerzos mancomunados de la administración pública y la ciudadanía entera; esfuerzos que deben tender al logro de una nacionalidad cimentada en el bienestar popular, en la conservación de la libertad y en el incremento de las tareas productivas.
Estamos persuadidos de que seguimos avanzando con firmeza y de que las fórmulas de consagración al trabajo irán descubriendo ante nuestra vista, horizontes cada vez más dilatados y halagüeños.
Sólo la incomprensión, el egoísmo, la diferencia o el despecho, podrían retardar la consumación de las metas de justicia social que tanto anhela el pueblo de México.
Para conquistarlas se necesita: verticalidad en los actos, entereza en las actitudes, limpieza en los impulsos, integridad en la conducta, y sobre todo y ante todo, un inquebrantable deseo de amar y servir a México dignificándolo en todo momento.
Y esto, es indispensable que sea, más que nunca, una constructiva realidad en el presente, para que la verdad, el honor y la justicia, no sean falsa moneda en manos de impostores y mercaderes; para que quienes prediquen el patriotismo, no exploten el patriotismo de los demás; para que la incomprensión y la falta de escrúpulos morales, no sustituyan sin ningún recato a la discreción, la honradez y la hombría de bien.
En la etapa actual, en que la Revolución se está jugando sus destinos, bajo la presión de fuerzas hostiles y retardatarias que conspiran a la sombra de las instituciones, resulta necesario que todos los mexicanos sepamos cumplir con nuestros deberes, celosa y apasionadamente.
En esta época difícil y azarosa de la vida contemporánea, nadie tiene derecho a permanecer al margen de las preocupaciones de nuestro tiempo, de las angustias de nuestra generación o de los problemas de nuestra raza.
De otra manera, estaríamos faltando al más elemental y sagrado de nosotros compromisos.
Porque entonces todas las conquistas alcanzadas, toda la sangre derramada, todos los sueños de libertad, serían destrozados, y caerían en los abismos de la esterilidad y de la muerte, los mejores designios cívicos y los generosos ideales de la patria.
Esta es la hora del civismo y de la entrega patriótica.
Por eso es necesario decir a quienes han cerrado los ojos y conciencia a toda idea o sentimiento progresista; a quienes todavía no se percatan del momento dramático en que vivimos, que la Revolución es la doctrina de México, y fuera de la Revolución, ninguna teoría por seductora que sea, ninguna oposición por sincera que parezca, puede aceptarse como lícita.
Dentro de la Revolución, las divergencias de criterio político, deben ser fuente de superación democrática y nunca factores de disolución social que atenten contra la dignidad humana, la paz pública o el bienestar colectivo.
El ideario humanista de la Revolución ha colocado en nuestras manos una herencia cívica que debe hacernos: inaccesibles al desaliento y superiores a la adversidad.
Señor Presidente de la República:
No puede negarse que el ejemplo de usted excita abiertamente a la justa emulación de sus virtudes ciudadanas.
Su entrega incesante a las causas populares, ha sido capaz de despertar en el pueblo elevados ideales, y de orientar su fe y sus inquietudes, con la creciente voluntad de trocar sus esperanzas en realidades.
Puede usted estar seguro, señor Presidente, de que en este Congreso hallará solamente voluntades dispuestas a redoblar su esfuerzo para que las generaciones de mañana gocen sin sobresaltos de una vida mejor, pacífica y libre.
Para que la niñez aprenda con las letras del alfabeto la noción bendita y cordial de la patria que la cobija; para que la juventud reciba de nuestras manos una herencia de probidad y de honor; de pan y de justicia; y para que podamos ostentar nosotros con razón y con orgullo el augusto título de ciudadanos, porque no hay misión más alta que amar a México y luchar por su prosperidad y su grandeza. Fuentes:
1. Los presidentes de México ante la Nación : informes, manifiestos y documentos de 1821 a 1966. Editado por la XLVI Legislatura de la Cámara de Diputados. 5 tomos. México, Cámara de Diputados, 1966. Tomo 4. Informes y respuestas desde el 30 de noviembre de 1934 hasta el 1 de septiembre de 1966.
Los cinco tomos fueron digitalizados por la Universidad de Texas: http://lanic.utexas.edu/larrp/pm/sample2/mexican/history/index.html
2. http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/45/1er/Ord/19610901.html
3. http://www.diputados.gob.mx/cedia/sia/re/RE-ISS-09-06-12.pdf
Categoría:Documentos de Adolfo López Mateos