Discurso de Adolfo López Mateos en su Tercer Informe de Gobierno
Chapter 6
Estamos seguros que, al recorrer de los años, se ha establecido, en estos tres países, el sentimiento de que todos los problemas pueden ser resueltos, sí así se desea, por medio de entendimientos justos, celebrados dentro de la mutua consideración hacia la personalidad del otro Estado, como es propio de relaciones entre verdaderos amigos y vecinos.
Con los Estados Unidos de América celebramos, por conducto de las agencias competentes, importantes arreglos financieros a los que ya me he referido; se suscribió un acuerdo que adopta las recomendaciones de la Comisión Internacional de Límites y Aguas sobre la construcción de la Presa de la Amistad; se prorrogó hasta el 31 de diciembre de este año el Convenio sobre trabajadores agrícolas migratorios y se ratificó el Convenio de radiodifusión en la banda normal.
En junio fue inaugurada en Guaymas, Son., la estación rastreadora del Proyecto Mercurio que, por un acuerdo, en cooperación con el Gobierno de los Estados Unidos, y sin otras finalidades -debe insistir en esto-, que las estrictamente científicas y humanitarias, permitirá a nuestros hombres de ciencia participar hasta el término del acuerdo, a fines de 1963, en observaciones directas sobre la exploración del espacio exterior.
Los ataques de algunos órganos de la prensa norteamericana en contra de México y de sus gobernantes, en nada ha afectado las relaciones entre ambos Gobiernos.
Inciden, eso sí, sobre actitudes particulares en uno y otro país, pero no deben desviarnos del propósito de mantener intercambios provechosos para las dos repúblicas, ya que no constituyen sino manifestaciones pasajeras de una libertad de expresión que México sostiene denodadamente con orgullo democrático.
Nuestras relaciones con Guatemala han mejorado.
Representantes de ambos países han debatido problemas de interés mutuo en materia de salubridad, de aprovechamiento de las aguas del Suchiate y de intercambio comercial. Guatemala canceló el impuesto de ciento por ciento sobre importaciones mexicanas.
El 23 de julio tuve la oportunidad de encontrarme, personalmente, sobre la línea divisoria, con el señor Presidente Ydígoras Fuentes.
Nos satisfacen estos hechos, y confiamos en que, con igual ánimo constructivo, México y Guatemala estrecharán sus vínculos amistosos.
Se registró un incidente de menor importancia, que consignó, únicamente porque reafirma la sinceridad de la política mexicana de no intervención.
El Gobierno de Guatemala, por causa de un mal entendido evidente, se dirigió a la Organización de Estados Americanos afirmando que en nuestro territorio se adiestraban mercenarios para invadir ese país.
Congruente con el invariable respeto hacia los tratados y normas de la convivencia internacional, mi Gobierno solicitó a la Comisión Interamericana de Paz que procediera de inmediato a realizar en México una investigación tan minuciosa como juzgara conveniente.
El Gobierno de Guatemala manifestó que no tenía reclamación directa o velada contra nuestro Gobierno, y la Comisión de Paz llegó a la conclusión de que, no existiendo duda alguna sobre la forma clara en que México cumple sus obligaciones, no procedía visitar el territorio nacional.
Con este motivo reitero el firme propósito de no permitir que nuestro territorio sea utilizado para el tráfico de armamentos destinados a fomentar subversiones en otros países, ni para organizar expediciones contra sus gobiernos.
Nuestra adhesión a estos principios nada tiene de circunstancial, ni obedece a contingencias políticas que aconsejan aplicarlos a veces, e ignorar en ocasiones su calidad rectora.
Si acudimos a la Comisión Interamericana de Paz, fue para acentuar la solidez de ésta postura ante la opinión pública de México y del mundo, ya que, justamente porque atravesamos una época atormentada, precisa que la voluntad de recurrir los Estados a los expedientes del Derecho, se ponga de manifiesto con actos positivos.
En diversas ocasiones, particularmente durante mi viaje a Sudamérica, he expresado el convencimiento de que la cultura es vehículo insustituible para la comunicación de los pueblos; mejor que ningún otro, favorece la comprensión de los hombres que, cualquiera sea su nacionalidad o su postura política y religiosa, se reconocen comprometidos por igual con todos sus semejantes en las grandes empresas del pensamiento humano.
Por esto hemos procurado, hasta donde los recursos lo permiten, acentuar la presencia cultural de México en el extranjero, multiplicando exposiciones, conferencias, giras artísticas, intercambio de personas, donaciones de libros y materiales audiovisuales, que han tenido gran resonancia.
Con especial cuidado se atiende a fortalecer los vínculos culturales con los mexicanos residentes en el extranjero.
La actividad de México en los organismos internacionales fue particularmente intensa.
El agravamiento de las tensiones a que antes me referí , se ha hecho sentir con fuerza en esos organismos, aún en los de carácter técnico, pero de modo más agudo en la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Las posturas jurídicas de países que, como México, desean mantener su libertad de criterio, se han hecho más delicadas y azarosas, expuestas a ser mal interpretadas o desnaturalizadas en cuanto a su fondo mismo.
México concurre a las reuniones internacionales con espíritu de sincera cooperación.
Su línea invariable tiende a ayudar al encuentro de soluciones conciliatorias que, según su leal entender, podrían contribuir al progreso de las relaciones interestatales.
México carece de posesiones fuera de sus fronteras; sus armamentos se limitan a los indispensables para garantizar su seguridad interna; no pertenece a ningún bloque organizado para los fines de la guerra fría.
¿Qué puede perseguir, entonces, sino la conservación de los principios de Derecho, que hacen posible la amistad internacional, como el de la autodeterminación de los pueblos y el de no intervención consagrados en la propia Carta de las Naciones Unidas?
En estas circunstancias es necesario dejar constancia de la preocupación con que vemos el riesgo de que la comunidad internacional se aleje de los principios y propósitos de la Carta, y deje de cumplir sus fines: el principio de la seguridad colectiva quedaría expuesto a un segundo y más peligroso fracaso, con las graves consecuencias que esto acarrearía.
México se propone mantener inalterable su bien conocida fidelidad a este principio básico de la moderna organización internacional -queremos que no exista la menor duda al respecto-, ya sea que surja como finalidad de las Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos, o bien que resulte de tratados y convenciones voluntariamente aceptados por nuestro país, en ejercicio de su soberanía, y celebradas para garantizar la seguridad colectiva.
México asistió al IV período extraordinario de la Asamblea de las Naciones Unidas, y a su XV reunión ordinaria.
La primera tuvo por objeto la cuestión del Congo.
En la segunda se examinaron numerosos problemas de interés y, entre otros, el tema presentado por el Gobierno de Cuba.
Dentro de este tema, nuestra Delegación sometió un proyecto de resolución por el que se hacía un llamamiento urgente a todos los Estados para que evitaran que sus territorios o recursos fueran utilizados para fomentar la guerra civil en Cuba; se les instaba a evitar cualesquiera actividades que redundaran en continuar el derramamiento de sangre; y se les pedía cooperar en la busca de una solución pacífica a la situación existente.
El proyecto mereció los votos afirmativos de una gran mayoría de los Estados en la Comisión Política de la Asamblea; pero en la reunión plegaria no obtuvo los dos tercios necesarios para ser adoptado; en cambio, se aprobó una proposición de 7 países latinoamericanos por la que se exhortaba a tomar medidas pacíficas en el caso.
Es oportuno, a este respecto, precisar una vez más nuestra posición en la cuestión de Cuba.
México ha podido invariablemente en éste, como en muchos otros casos, que se aplique el principio de no intervención; pero nunca ha sugerido, ni podría hacerlo, que ese principio sea observado únicamente por un grupo de Estados, ya que el vigor de la doctrina depende de la universalidad de su aplicación.
Por otra parte, quiero recordar que hace un año, en igual ocasión que la de hoy, al reiterar los sentimientos de simpatía por las aspiraciones revolucionarias del pueblo cubano, los situé claramente en la esfera de la solidaridad interamericana, cuando expresé que nuestras repúblicas constituyen una familia de naciones formada en la historia y para la historia, y que nuestra misión, la de cada una de estas naciones, consiste en mantenerse unidas, en paz y en concordia, dentro de las grandes causas que les han sido siempre comunes.
México concurrió, en el lapso del presente Informe, a no menos de 30 conferencias internacionales.
En la esfera de la Organización de Estados Americanos hubo dos acontecimientos de excepcional interés.
El primero, la reunión de la Comisión Especial para estudiar la Formulación de Nuevos Medios de Cooperación Económica, celebrada en Bogotá, en septiembre de 1960, de donde surgió el Acta de Bogotá, que reconoce que el progreso social y económico de los países de América Latina es de importancia para todos, y que sus deficiencias en cualquiera de ellos repercuten en los demás; asimismo declara que el objeto primordial de todo desarrollo económico es la promoción de la justicia social.
El otro acontecimiento fue la reciente reunión extraordinaria del Consejo Interamericano Económico y Social en Punta del Este, Uruguay, en la que por primera vez las repúblicas americanas han considerado la posibilidad de impulsar vigorosamente su desarrollo hacia metas necesarias, sobre la base de un programa que asegura una corriente de ayuda crediticia sustancial a los países latinoamericanos, en condiciones ventajosas y con absoluto respeto a sus soberanías.
Como las demás repúblicas de Latinoamérica, México cifra esperanzas en este desarrollo que, de llevarse adelante con decisión y sabiduría, permitirá multiplicar los recursos propios, base insustituible de cualquier expansión económica nacional, y proveer al creciente bienestar de sus poblaciones.
Antes he informado de la participación de nuestro país en la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, que el día de hoy iniciará negociaciones sobre los productos para los cuales diversos Estados miembros solicitan exención o reducción de importación.
Como he informado, México fue sede de algunas conferencias internacionales.
Consigno la Reunión Parlamentaria México-Norteamérica, celebrada en Guadalajara, aunque atañe al campo de acción de Vuestra Soberanía, porque me permito felicitar a los legisladores mexicanos por el ambiente de sinceridad en que se desenvolvieron las conversaciones, y por las luces que aportaron para el mejor entendimiento, de problemas mutuos.
Concedemos señalada importancia a la asistencia técnica, factor moderno necesario para acelerar el progreso de las naciones, y nos proponemos participar en ella, cada vez más, conforme nuestros recursos lo permitan.
La política exterior de un país es producto de la combinación de muchos elementos.
Entre éstos se cuentan preferentemente la situación geográfica, la historia, la potencia relativa, los intereses nacionales, los compromisos contraídos conforme a tratados y convenios libremente celebrados, el deseo mundial de superación y el noble concepto de la colaboración entre los pueblos.
La conjugación de todos estos elementos está dominada por el orden, muy endeble todavía, de la ley internacional.
La fuerza, por desgracia, continua siendo preponderante en la marcha del mundo.
Dentro de esta situación, la política exterior de México persigue objetivos concretos.
Históricamente es resultado de experiencias dolorosas que su pueblo -sus dignos varones y sus mujeres abnegadas- recuerda sin amargura, pero con la objetividad que una dura lección imprime a la memoria.
No es posible, desde el punto de vista histórico, dejar de tomar en cuenta la experiencia de este pueblo, en una estimación imparcial de nuestra política exterior.
México jamás ha hecho guerra alguna de agresión, ni representado una amenaza para nadie, ni ha tratado de imponer sus ideas políticas y sociales a ningún otro país.
La Revolución Mexicana es de México y para México.
La geografía nos coloca en un mismo continente junto a países que nacieron casi al unísono con nosotros, a fines del siglo XVIII y principios del XIX, dentro del molde de las revoluciones democráticas y republicanas de la época.
Tenemos con estos países, además, estrechos lazos políticos, jurídicos, económicos y culturales, que concurren a dotar el conjunto de todos, de una unidad sólo alcanzada en esta región del planeta.
América -como dije en otra ocasión- es nuestro ámbito natural.
Esto no impide que estamos vinculados a los demás países del mundo tanto por relaciones específicas como por los compromisos que ligan a todos en su calidad de miembros de las Naciones Unidas.
En consecuencia, no somos neutrales ni como partes del sistema interamericano ni como miembros de la organización mundial.
Hemos sido, somos y seguiremos siendo absolutamente independientes: pero lo independencia, que no es neutralidad, esperamos que sea respetada en donde quiera que se manifieste, como una de las más altas expresiones de la dignidad de una nación.
El Gobierno de México no puede contemporizar con movimientos internacionales de tipo imperialista, ni de extrema derecha ni de extrema izquierda.
La voluntad del pueblo mexicano es integrar una república representativa, democrática y federal, y el deber primordial de todos sus mandatarios, que hemos protestado el cumplimiento de la Constitución de la República -yo el primero-, es cumplir y hacer cumplir el orden constitucional.
Las tareas fundamentales de México se hallan claramente ubicadas dentro de su territorio.
No hemos alcanzado todavía un grado de desarrollo que nos permita pensar en el futuro sin honda preocupación, y los mexicanos de varias generaciones por venir tendrán que dedicar sus mejores esfuerzos a elevar cada vez más los niveles de vida que aún retrasan el progreso de grandes sectores de nuestra población.
México - debemos decir sin ambages- no es un país rico y además formamos parte de un mundo cada día más pequeño, pero más complejo, en donde no es posible desentenderse de la creciente interdependencia que hoy en día acerca unos Estados a otros, incluso a los más lejanos.
En el panorama de la hora presente, cargado de preocupaciones e incertidumbres que no podemos ignorar y cuyas repercusiones no siempre está en nuestras manos eludir, los mexicanos tenemos una obligación permanente: recordar que, para nosotros, México está primero que todo y por encima de todo.
El Ejecutivo a mi cargo está convencido que, en los presentes momentos, la política exterior de México, fundada en la limpia tradición de sus principios y en su conducta internacionales, debe concentrarse principalmente en estas tres finalidades:
Primera:
Mantener intactas la soberanía y la independencia del país.
Segunda:
Buscar cooperación entre nuestras amistades internacionales para acelerar el progreso económico, social y cultural de México sobre bases mutuamente ventajosas, y cooperar nosotros mismos, en la medida de nuestras posibilidades prácticas, al desarrollo de todos los países que pudieran requerir nuestra ayuda.
Tercera:
Contribuir sin límite al logro de toda buena causa que favorezca el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.
Estamos seguros que las naciones amigas acogerán, con interés, las definiciones que me he permitido formular sobre la política exterior de mi Gobierno y entenderán, con su elevado espíritu de comprensión y de respeto, que esas definiciones son congruentes con la urgente tarea de construir un México vigoroso para nosotros y para la humanidad.
VII. Mensaje.
Honorable Congreso de la Unión:
He resumido en apretada síntesis la obra gubernamental del último año, toda ella inspirada en el ideario de nuestra Revolución y apegada al programa general que ha sido la guía de nuestras actividades.
Me parece oportuno ahora reiterar que a pesar de las pruebas a que ha sido sometida la doctrina de la Revolución Mexicana, tanto por el mero transcurso del tiempo, como por la aparición de agudas crisis en otros países que repercuten en nosotros por la rapidez de las comunicaciones, han mantenido pleno el vigor y el significado social que tuvo desde que fue formulada.
Contra cualquiera argumentación, destacamos el hecho innegable: hemos crecido aceleradamente manteniendo y fundamentando nuestras libertades.
El desarrollo general para y hacia la justicia social sin sacrificio de la libertad, ha sido, es y será la orientación política, económica y social del pueblo mexicano.
Por eso mismo, siguen siendo nuestras tareas más importantes las que aceleran, sin deformarlo, el crecimiento nacional; las que tiendan a corregirlo para hacerlo más equilibrado; y las que difundan, geografía y socialmente, los beneficios de ese desarrollo.
En los casi 3 años que corresponden a nuestra gestión presidencial, el país ha trabajado intensamente.
Sólo el desconocimiento por verdadera ignorancia de esa obra, el ánimo deliberado de pretender distraerla o retardarla, o las superficiales inquietudes, la hacen desestimable para algunos; pero en lo extenso del país, el pueblo la conoce bien y la pondera ; y siendo en el primero de sus capítulos, el relativo a la tenencia de la tierra, a su equitativa distribución y a su mejor uso como factor de riqueza y de tranquilidad sociales, satisface registrar que las superficies entregadas a ejidatarios por nuestra Administración -6.674,000 Hs., según quedó dicho-, equivalen al 15.3%, o sea la sexta parte del total de tierras entregadas durante la vigencia de la Ley Agraria -43.500,000 Hs.-, entre el 6 de enero de 1915 y el 30 de noviembre de 1958.
En cuanto a las hectáreas beneficiadas con irrigación en el trienio, ascienden a 125,000 terminadas y con fertilización 482,000 más respecto a 1958.
Pasó de $ 15,621.000,000 el importe de la producción agrícola en 1958 a $ 20,123.000,000 en 1961 y el de la ganadera de $ 11,000.000,000 en 1958 a $ 14,000.000,000 en 1961.
La capacidad de almacenamientos nacionales aumentó en 1.215,850 toneladas, o sea poco más del ciento por ciento.
La primordial función de vigilar la salud pública y prevenirla contra las enfermedades, que es el objeto de los Centros de Salud, se ha reforzado con el establecimiento de otros 59 de estos nuevos centros, que el 1º de diciembre de 1958 eran solo 44.
En igual fecha los centros materno- infantiles a cargo de la Federación eran 925, y los construidos en los 3 años 689; los hospitales rurales hasta 1958 eran 152 y en 3 años se construyeron 178 más y 44 hospitales regionales.
La capacidad asistencial de las instituciones gubernamentales y descentralizadas, se aumentó en 9,100 camas.
Los índices de mortalidad descendieron de 12.5 a 11.06 por millar de habitantes, y el de la mortalidad infantil de 85.5 a 69.8 en igual proporción.
Se ha logrado al abatimiento de males que diezmaban a nuestro pueblo: paludismo, tuberculosis, tifo, y enfermedades de origen hídrico; este año el 82% de las áreas palúdicas del país están libres del padecimiento.
La dotación de agua potable en 30 meses beneficia a dos millones de habitantes más.
Consignamos la duplicación de la población puesta bajo el régimen de seguridad social y su extensión de 180 municipios en 1958 a 270 en la actualidad, con la significativa circunstancia de que cada día es mayor el número de campesinos amparados.
Al terminar 1958 se proporcionaban 150,000 desayunos escolares diariamente, y ahora se proporcionan 2000,000.
El presupuesto destinado a Educación Pública pasó de $ 3.700,000 diarios erogados en 1958, a $ 6.000.000 que actualmente se gastan cada día.
La acción federal ha aumentado en 3 años 11,616 plazas de maestros de primaria, y suman 11,455 nuevas aulas construidas; quedó instituido el servicio de proporcionar gratuitamente los libros de texto y cuadernos de trabajo para todos los grados de primaria; al terminar este año se habrán impreso 37.000,000.
El plan educativo de Once Años ha sido superado, ya lo dijimos en las estimaciones que corresponden al año 1963, en 40,000 inscripciones escolares.
La firmeza de nuestra moneda se ha mantenido inalterable y fortalecida.
El crédito de México crece y se vigoriza, merced al exacto cumplimiento de obligaciones, a la aplicación productiva de aprovechamientos y al pago de viejas deudas.
Todo esto, y el haber adoptado la planeación nacional y el control riguroso de inversiones como principio normativo de Gobierno, ha permitido el aumento considerable de disponibilidades ejercidas para mejorar el nivel general de vida.
El auge de la industrialización del país se revela en la cuantía de las nuevas inversiones a ella aplicadas en el trienio, que se estima en $ 34,000.000,000.
La producción industrial, calculada en 1958 era de $ 81,812.000,000 y ha pasado a $ 103,065.000,000 en 1960.
El alza de artículos de primera necesidad ha sido sensiblemente inferior a la de los años precedentes, y se han obtenido bajas de precios en artículos populares importantes como medicinas y vehículos de trabajo.
Han quedado reivindicadas por la nación varias fuentes determinadas de la economía nacional.
Desde luego, los recursos eléctricos.
Si al finalizar 1958 el país contaba con una capacidad instalada de energía eléctrica por 2.500,000 de Kw., hoy cuenta con 3.152,000 Kw., y en tanto el consumo era de 8,900.000,000 de Kw., ha llegado a ser de 12,500.000,000 de Kw.
De 1959 a la fecha, 2.410,000 habitantes más disfrutan de servicio eléctrico.
Se consolidó la situación financiera de Petróleos Mexicanos; aumentó su producción en 14.7% e inició en firme la industria petroquímica.
La producción anual de la industria del acero pasó de 1.115,000 toneladas en 1958 a 1.700,000 toneladas en la actualidad.
La red de carreteras federales por cooperación y vecinales aumentó durante el trienio en 6,930 Kms., cifra que representa la sexta parte del total de su extensión; todos estos caminos son permanentemente transitables.
En reconstrucción y conservación de carreteras y autopistas federales se hizo una erogación de $ 840.000,000; el ciento por ciento más del trienio anterior.
Las líneas de ferrocarriles crecieron en 337 Kms. y se rehabilitaron en 2,176 Kms., con una inversión de $ 864.000,000.
El tonelaje de la marina mercante pasó de 333,000 en 1958 a 395,000 toneladas en 1961.
Las comunicaciones han alcanzado mayor fluidez por la implantación de sistemas modernos como es el servicio de microondas; por el aumento de líneas y unidades aéreas y terrestres, y de redes telefónicas, telegráficas y postales.
Este recuento de realizaciones a mitad de la jornada, al iniciarse las tareas de la XLV Legislatura, tiene la finalidad de evaluar los resultados del esfuerzo colectivo en 3 años, y tonificar el ánimo de la ciudadanía para proseguir la tarea con mayores bríos.
Todas estas tareas primordiales, otras derivadas y muchas más complementarias, acrecientan aceleradamente el patrimonio del pueblo, y multiplican sus actividades productivas y consumidoras de bienes y servicios.
Creo indispensable destacar que esa labor ha sido realizada a pesar de las inquietudes y zozobras que nos han querido crear quienes hubieran deseado frustrarla o detenerla.
El pueblo mexicano comprenderá más claramente ahora, lo necesario que nos es la tranquilidad interior, la unidad y la concordia nacionales.