Discurso de Adolfo López Mateos en su Sexto Informe de Gobierno
Chapter 1
Sexto Informe de Gobierno del presidente Adolfo López Mateos. 1 de septiembre de 1964.
Discurso del Lic. Adolfo López Mateos, al abrir el Congreso sus sesiones ordinarias, el 1 de septiembre de 1964.
Honorable Congreso de la Unión:
México, en su dramático peregrinar por los caminos de su historia, ha disfrutado de pocos, breves períodos de paz constructiva.
Antes de la conquista ibérica, la crónica es de permanentes luchas internas; luego, trescientos años de agobiante coloniaje.
Conquistada la Independencia, un siglo trágico de guerras fratricidas, de invasiones extranjeras, de dictadura.
Hecha la revolución armada y consolidada en el poder por su eficacia gubernativa, no es sino desde hace seis lustros que el país goza de una paz institucional, firmemente asentada sobre la libertad y la justicia que establecen y garantizan las leyes que el pueblo se ha dado, desde su sabia Constitución de 1917.
Pero el pueblo ha ido acendrando en sus luchas seculares los principios de independencia, de libertad, de soberanía, de justicia, de democracia, que forman parte de su ser nacional, que enmarcan su trayectoria histórica, rigen su presente y señalan cada vez mayor claridad de porvenir.
El pueblo halló en su revolución social -la Revolución Mexicana-, con la síntesis de la Independencia y la Reforma, su camino, el claro camino de su hacer.
Por eso, desde hace treinta años, labora denodadamente en el mantenimiento irrestricto de sus libertades y derechos y en la firme, paulatina conquista de nuevos estudios, más amplios cada vez, de justicia social.
También labora, sin pausas ni desmayos, para crecer con el patrimonio de la nación, los recursos que permiten el desarrollo económico acelerado que, a su vez, crea nuevos recursos indispensables para satisfacer las necesidades siempre crecientes de una población, que aumenta más de 1.000,000 de habitantes por año -cerca de 9.000,000 en el sexenio-.
El pueblo es consciente de la necesidad, de la urgencia y de la utilidad de multiplicar su esfuerzo y lo hace.
Sabe que debemos realizar una triple tarea constructiva: enjugar las graves deficiencias seculares; atender a los requerimientos actuales y crear, con sentido de previsión, bases para satisfacer necesidades futuras.
Conociendo la magnitud de que es capaz el esfuerzo del pueblo, emprendimos audazmente, pero con una meditada planeación de recursos y metas, tareas que en otra época hubieran parecido desmesuradamente ambiciosas.
He afirmado, desde que protesté como candidato, que la suma de lo alcanzado por el país, en cada sexenio, es, ha sido y deberá ser punto de partida para los mejores logros.
En cada sexenio, el pueblo conducido por el Gobierno en sus tareas, se esforzó en hacer todo lo que los recursos humanos y financieros, de que pudo disponer, le permitieron.
Sin otro propósito que el de apuntar -breve y parcialmente, por razones de espacio - algunos aspectos sobresalientes de lo alcanzado por el país en los seis años de gobierno, daré más adelante algunas cifras comparativas de lo existente cuando me hice cargo del Poder Ejecutivo y de lo que actualmente existe.
Quiero hacer hincapié, señores diputados, señores senadores, en que me esforcé, desde mi campaña electoral y durante todos los días de mi gobierno, en ser absolutamente veraz con el pueblo, honesto en la palabra empeñada, honesto en la conducta, honesto en el diálogo ininterrumpido con la ciudadanía.
Nunca me aparté de los caminos y metas de la Revolución Mexicana; por lo contrario, hice más expeditos los unos y más accesibles las otras.
Nunca me desvié del camino del pueblo, al que procuré interpretar y servir con lealtad y verdad, y al que por ilustrado conducto de vuestra soberanía rindo el Informe correspondiente del estado que guarda la Administración del país, tras un ejercicio anual de fructíferos esfuerzos nacionales y de fecundas realizaciones alcanzadas por el empeño tenaz de todos los mexicanos.
Venturosamente somos más conscientes cada vez, más responsables de la tarea de construir todos los días a la patria; a la patria generosa que crece con el mayor bienestar de sus hijos, quienes más seguros de su propio destino y del destino de México, lo afirman con el fervor con que lo aman, con la conciencia vigilante de su soberanía y de su decoro nacional y con el limpio trabajo de sus mentes y de sus brazos.
Dos circunstancias hacen para mí más trascendente este Informe que rindo a mi pueblo: la primera, es que será el último, durante mi ejercicio constitucional como Presidente de la República; la segunda, que por primera vez en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión existen, además de quienes obtuvieron mayoría de votos en los distritos electorales, los diputados correspondientes a la proporción de sufragios que alcanzaron, en los últimos comicios, los partidos políticos legalmente constituidos.
Como Jefe de la Nación, doy la más cordial bienvenida a los diputados de partidos a las lides parlamentarias de la República.
Al hacerlo así, no dudo en manifestar lo que considero que constituye el anhelo de nuestro pueblo, respecto de la misión que les corresponde y la esperanza que tiene el país en la fecundidad de su actuación política.
Ningún gobierno puede trabajar con renovada eficiencia por mucho tiempo, sin crítica y vigilancia constantes.
El derecho de opinar sobre las determinaciones de la autoridad o de controvertir las de la mayoría está en la naturaleza de toda la democracia.
El Gobierno del pueblo debe reflejar, en la escala de la representación, la diversidad de criterios que pueda haber sobre los problemas nacionales.
Un gobierno auténticamente democrático no es ni puede ser dogmático; la razón es propia de todo hombre y en las diversas mentes humanas pueden encontrarse puntos de vista distintos sobre una misma cuestión.
Sean la autoridad o la mayoría las que al final deban decidir, conocer y considerar los diferentes aspectos de un problema, hará su resolución mejor fundada y más firme.
La existencia, en esta Legislatura, de los diputados de partido, que representan sectores de la ciudadanía que no fueron mayoritarios en sus distritos electorales, debe convertirse en un factor más de nuestra estabilidad política y de la concurrencia de todos los sectores del pueblo mexicano, en la realización de su destino.
Pensemos como pensamos unos y otros; creamos como creemos, sintamos como sentimos, todos somos hijos del mismo país y en su grandeza, dignidad y prosperidad, estamos igualmente interesados.
Por ello, nos sentimos orgullosamente mexicanos.
La presencia, entre los diputados de partido, de quienes han sido jefes nacionales de sus organizaciones políticas, precisamente de dos de las tendencias que se presentan más diversas y opuestas, hace que aumente la confianza en la actuación parlamentaria de esos grupos.
El país reconoce en ellos -yo el primero- las virtudes ciudadanas de quienes han sabido luchar por sus ideas y, dentro de los términos que las leyes establecen, han mantenido sus principios ideológicos en la lucha electoral, ampliando el panorama dentro del cual la ciudadanía concurrió a escoger hombres y programas.
Nuestro pueblo, espera que la actividad de su Congreso se diversifique aún más.
Si el país todo es ámbito de libertades, el recinto del Congreso ha de ser, por excelencia, el de la libertad para hablar, pensar y debatir.
Puesto que la libertad no es concebida sin la responsabilidad, en la medida en que aquélla impere en el Congreso, ha de existir la más honda responsabilidad en todos y en cada uno de sus miembros.
Conjugadas así libertad y responsabilidad, harán tangible la esperanza del pueblo de que ahora se inicia una etapa nueva, en la vida institucional y democrática de México.
Señores diputados y señores senadores:
Presididas nuestras tareas por el principio de que libertad sin orden es anarquía, y orden sin libertad es dictadura, hemos obtenido la paz y la armonía interiores, al amparo de la Constitución.
La paz interior no ha sido sólo ausencia de convulsiones o hechos que la perturben, sino paz activa, propicia al trabajo, a la producción, al ahorro y al fomento de la solidaridad patria, que ha hecho posible disfrutar la libertad de vivir y de pensar, de expresar y crecer, de reunirse, de trabajar y de criticar al gobierno, en los términos más amplios, que apenas pueden ser concebidos en otras naciones y en esta hora del mundo.
Demostración irrefutable de la vigorosa vida cívica alcanzada por la República, es el reciente proceso electoral para la renovación de los Poderes Legislativo y Ejecutivo de la Federación.
Al pie de la letra quedó cumplido el compromiso que hace un año produje en este mismo sitio, relativo a garantizar a la ciudadanía y a los partidos políticos la plenitud de sus derechos, y a facilitar hasta el extremo que la voluntad popular se manifestara libremente.
El radical descenso de incidente, quejas y protestas no deja lugar a duda sobre la fiel observancia de las leyes respectivas.
El esfuerzo del Gobierno para obtener la máxima limpieza en los comicios, fue correspondido con creces por la ciudadanía y por los partidos políticos, que mantuvieron sus actos y procedimientos dentro de las propias leyes, en dignificación superada; quedó proscrito todo género de destemplanzas y se registraron plausibles rasgos de civismo entre los contendientes.
Sobre todos los precedentes, tanto en números absolutos como relativos, empadronáronse 13.589,594 ciudadanos que fueron: 7.399,368 hombres y 6.190,226 mujeres.
Tampoco tienen precedente el entusiasmo y la alegría que dieron a las elecciones verdadero aspecto de fiesta civil.
En pleno ambiente de libertad sufragaron los electores en 28,906 casillas instaladas en la amplitud del territorio nacional; más de 600,000 ciudadanos integraron el personal de esas casillas, donde la presencia acuciosa de representantes de candidatos y de partidos cuidaron que el acto resultara irreprochable.
En efecto, los más encontrados sectores de la opinión pública y los mismos contendientes coinciden en calificar como ejemplares a los comicios del 5 de julio.
Sea para bien de México.
Desde sus principios hasta su feliz culminación, el proceso electoral ha hecho evidentes la solidez y el eficaz funcionamiento de las instituciones políticas alentadas por la Revolución Mexicana, cuyos principios, normas y metas han recibido la irrevocable, indiscutible confirmación del pueblo, en forma de votación arrolladora.
El camino ascendente de nuestra democracia que denotan las últimas elecciones, en la integración de la H. Cámara de Diputados, asegura la representación proporcional de todas las opiniones de las diversas corrientes políticas de la nación.
Con igual sentido democrático y con igual apego a nuestras leyes, en Nayarit, Yucatán, Morelos, Chiapas y Tabasco se hizo la elección de gobernadores; en Nayarit, Chiapas, Colima, Querétaro, Sonora, Nuevo León y Coahuila, de diputados locales; en Coahuila, México, Nayarit, Hidalgo, Nuevo León, Morelos Guanajuato, Querétaro y Sonora, de ayuntamientos.
Tomaron posesión los ciudadanos gobernadores constitucionales de México, Coahuila, Nayarit, Yucatán y Morelos.
Tarea de singular importancia, cuya responsabilidad incumbe por igual a los Poderes de la Unión, a cada uno de ellos en la esfera de sus atribuciones constitucionales, es establecer y hacer vigentes las leyes y decretos que va exigiendo la buena marcha del país, bien para adecuar las normas legales a las nuevas realidades, bien para abrir nuevos y mejores cauces al quehacer nacional.
Múltiples leyes y decretos fueron puestos en vigor en el lapso de este Informe, pero por su trascendencia en la vida de la nación, deseo recapitular aquellos que en el sexenio han abierto nuevos ámbitos a las tareas gubernativas o han representado más amplios derechos para el pueblo.
El carácter de mi gobierno queda definido en el espíritu de las leyes expedidas en el período.
La acción legislativa ha sido intensa e invariablemente inspirada en el interés nacional por los principios de la justicia social.
Promovimos la reforma de los artículos 27, 42, 48, 52, 54, 63, 107 y 123 de la Constitución, para proveer a la nacionalización de los recursos eléctricos; a la declaración del dominio de la nación sobre la plataforma continental, los zócalos submarinos y el espacio aéreo; a establecer con la suplencia de la deficiencia de la queja en materia agraria, mayores garantías a ejidos y núcleos de población en los juicios de amparo; a la designación de diputados de partido con la misma categoría e iguales derechos y obligaciones que los de elección directa; a hacer efectiva la participación de los trabajadores en las utilidades de la empresas; a dar nuevas bases a la fijación de salarios mínimos; a incorporar constitucionalmente los derechos de los trabajadores al servicio del Estado y a robustecer otras diversas garantías del Derecho Obrero.
Entre las leyes promulgadas cabe recordar la Reglamentaria del artículo 27 constitucional en materia de aprovechamiento de recursos minerales; la que adiciona el artículo 58 del Código Agrario y deroga la Federal de Colonización y la que creó la Comisión Nacional de Colonización; la Reglamentaria del párrafo segundo del artículo 131 constitucional en materia de control sobre comercio internacional en relación con los recursos económicos del país; la que incorpora al Régimen del Seguro Social Obligatorio a los Productores de Caña de Azúcar y a sus Trabajadores; la Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado y la que crea el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los propios trabajadores; la de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas; la del Seguro Agrícola Integral y Ganadero; la de producción, certificación y comercio de semillas; la Federal de Turismo; la de la Tesorería de la Federación y la de Vigilancia de Fondos y Valores de la Federación; la del Instituto Mexicano del Café; la que crea el Patronato del Maguey; la del Impuesto sobre Tenencia o Uso de Automóviles.
Se reformaron: la Ley Orgánica de Secretarías de Estado, para crear las de la Presidencia, del Patrimonio Nacional, de Obras Públicas y el Departamento de Turismo; la Ley Orgánica de los Tribunales de Justicia del Fuero Común del Distrito Federal y Territorios en lo relativo al servicio médico forense; la Ley Federal del Trabajo, el Decreto de reformas a la Ley del Seguro Social; el Código
Fiscal de la Federación; las leyes del Impuesto sobre la Renta, de Ingresos Mercantiles, del Timbre, de Títulos y Operaciones de Crédito, de las Instituciones de Crédito y Organizaciones Auxiliares y de Cámaras de Comercio y de Industria.
Mediante decretos, con base en la fracción I, del artículo 89 constitucional, se pusieron en ejecución el Plan Nacional destinado a resolver el problema de la educación primaria y el Plan Nacional de Turismo; el Instituto Nacional de Protección a la Infancia; el servicio social de los maestros; la Comisión del Río Balsas; los bancos agrarios regionales; el Impuesto del uno por ciento para fomento de la enseñanza media, superior, técnica y universitaria; se reorganizó el Instituto Nacional de la Investigación Científica; se otorgaron facultades al Ejecutivo para suscribir el convenio sobre el Fondo Monetario Internacional y para la ejecución en México del Convenio Constitutivo del Banco Interamericano de Desarrollo; se autorizó la emisión de Bonos de los Estados Unidos Mexicanos para Fomento Económico, de Bonos de Tesorería y del Ahorro Nacional; se derogaron los impuestos de herencias y legados; se declararon Beneméritos de la Patria a los ciudadanos Francisco I. Madero y Venustiano Carranza y se declaró este año como el de la Amistad Filipino mexicana, en conmemoración del cuarto centenario de la expedición de López de Legaspi, a tierras de aquel archipiélago.
La República puede enorgullecerse de tener por capital una de las más pobladas y extensas ciudades del mundo que un sostenido y eficaz empeño gubernativo y una amplia colaboración ciudadana, han logrado hacerla también de las más cómodas y hermosas del orbe.
Pero un conglomerado humano de 6.000,000 de habitantes plantea múltiples y complejos problemas.
A todos se ha atendido en titánica tarea.
La obra realizada en el Distrito Federal durante nuestra Administración, se refleja en los siguientes datos comparativos: el sistema de drenaje desarrollaba, en 1958, 340 kilómetros de colectores, 1600 kilómetros de subcolectores y atarjeas y 13 kilómetros de colectores, 2,700 kilómetros de subcolectores y 21.5 Kilómetros de canales entubados.
Este servicio esencial se incrementó, en sólo seis años, en más de un ciento por ciento de lo existente.
En 1958, para una población de 4.500,000 de habitantes, la dotación de agua era de 18 metros cúbicos por segundo; actualmente, la dotación es de 22.2 metros cúbicos por segundo; la red primaria de agua era de 114 kilómetros y aumentó en 139 más; la secundaria de 2,800 kilómetros creció en 1,600 más en este sexenio.
El alumbrado público en 1958 mantenía 68,635 lámparas; en el sexenio se instalaron 83,382 más.
En el curso de estos seis años se construyeron 196 escuelas, 88 mercados, 17 hospitales, 10 campos deportivos, 14 edificios para diversas dependencias, 3 museos, 13,000 casas populares, 33 kilómetros de viaductos y 185 de nuevas avenidas; 9.000,000 de metros cuadrados de pavimentos nuevos y otros tantos reconstruidos.
408 hectáreas en diversos lugares se destinaron a parques y jardines.
De ellos sobresalen, por su magnitud, la ampliación del Bosque de Chapultepec y el nuevo gran parque de San Juan de Aragón.
Es bien sabido que el Comité Olímpico Internacional aceptó la solicitud formulada a nombre de la Ciudad de México por el Jefe del Departamento del Distrito, para que en nuestra capital se celebre la Olimpiada de 1968.
Esta distinción significa una nueva forma de reconocimiento mundial al progreso del país y a la categoría de nuestra gran metrópoli, no sólo en el aspecto deportivo; implica también un compromiso del Gobierno y de los habitantes del Distrito Federal, de la nación entera, que nos obliga a organizar cuanto sea necesario para dar el mayor brillo al evento y para deparar inolvidable hospitalidad a quienes con este motivo, visiten el país.
Me asiste la convicción de qué el esfuerzo conjugado de gobernantes, deportistas, técnicos, empresarios y, en suma, de todos los mexicanos, hará honor a México.
Con el propósito de incorporar a nuestros territorios al ritmo de trabajo del país, en el sexenio se incrementaron los recursos presupuestales y de inversión pública.
En el sexenio que terminó en 1958, el territorio de Baja California disfrutó de un presupuesto de 78.500,000.00; en el sexenio actual alcanzó $ 117.000,000.00.
El territorio de Quintana Roo, en el mismo sexenio anterior, tuvo un presupuesto de $ 27.500,000.00; en nuestro sexenio se elevó a $ 84.000,000.00.
De inversión pública fueron destinados a Baja California $ 194.000,000.00 para escuelas, obras marítimas, caminos, agua potable, electrificación, fomento agropecuario e industrial y otros más.
A Quintana Roo se autorizaron $ 268.000,000.00 para agua potable, caminos, electrificación, edificios públicos, al fomento agropecuario e industrial, así como a importantes instalaciones de telecomunicación.
Tanto la Procuraduría General de la República como la del Distrito Federal y Territorios han actuado para salvaguardar los intereses del pueblo, en las funciones que nuestras leyes les confieren.
Factor de la más alta importancia en la vida del país, nuestras fuerzas armadas -ejército, aviación y marina - son ejemplo permanente de patriotismo, abnegación y elevada conducta.
Por ello mi Gobierno se ha esforzado en una constante tarea de su mejoramiento profesional, moral y material, así como de dotarlas de los elementos modernos necesarios al cumplimiento de sus deberes para con la nación.
Hoy, como lo he hecho invariablemente en mis informes anteriores, pláceme anunciar un aumento del 10% en las haberes de quienes con las armas garantizan la paz, el trabajo y el progreso de la patria.
El presupuesto de la Defensa Nacional en 1958 fue de $ 591.000,000.00; este año es de $ 1.062.000,000.00, no incluidos los fondos movilizados por el Banco del Ejército y la Armada, la Dirección de Pensiones Militares y el fideicomiso para la construcción de casas habitación.
En el sexenio se gastó un total de $ 664.000,000.00 en instalaciones militares y en armamentos y equipo.
Comparado el haber mensual de 1958 con el de 1964, aquél se ha elevado en un porcentaje de ciento por ciento.
Las erogaciones por los servicios de seguridad, médicos y sociales, de nuestras fuerzas armadas -ejército, aviación y marina- alcanzaron en el sexenio la suma, sin precedente, de $ 645.000,000.00.
Las anteriores cifras son reveladoras del esfuerzo puesto en la superación del Instituto Armado.
Al asumir el Poder Ejecutivo, por mandato del pueblo, ofrecí a éste que me esforzaría en acelerar el desarrollo económico del país, con estabilidad monetaria y adelantos firmes en el terreno de la justicia social.
Ha sido tesis generalizada la que considera que un país en proceso de desarrollo, como el nuestro, no puede acelerar ese proceso sin caer en pérdida de la reserva y en devaluaciones monetarias.
Por eso nos empeñamos en una política económica prudentemente meditada, en la que se conjugarán el incremento de la producción agrícola, el desarrollo industrial, la ampliación de nuestros mercados internos y externos, una profunda reforma fiscal, un adecuado control del gasto público y un cauteloso uso del crédito.
Como consecuencia, a México ha podido mantener un coeficiente de desarrollo superior al de su incremento demográfico y nuestras reservas monetarias son, ahora, más elevadas que nunca: el día de ayer la existencia de oro y divisas en el Banco de México llegó a la cifra sin precedente de 549.000,000 de dólares.
La firmeza de nuestra moneda se ha conservado inalterada y podrá conservarse igual por mucho tiempo.
Tesis igualmente difundida -y no de buena fe- es la que estima que en el proceso de desarrollo deben limitarse las conquistas obreras y estancarse el progreso social, para facilitar la formación de capitales, ya que de otra suerte o ésta no se logra o se pueden presentar presiones inflacionarias inconvenientes para la estabilidad monetaria que, por otra parte, se dice, conducen fatalmente a espirales de salarios y precios que hacen nugatorio el progreso social.
Nada más contrario a las tesis de la Revolución Mexicana.
Como lo ofrecimos al pueblo, hemos mantenido vigentes y ampliados los derechos laborales; favorecimos el incremento de sueldos salarios y los precios de garantía del maíz y pudimos conservar dentro de límites modestos los aumentos de precios, de tal suerte que en tanto que el promedio de éstos sólo aumento 14.1% en el sexenio, el de sueldos y salarios se elevó a 96.7%, ya que, lo hemos sostenido invariablemente, la Revolución Mexicana propugna el desarrollo económico que conduzca a la justicia social.
Para avanzar en ambos senderos, el del desarrollo económico y el de la justicia social, aplicamos coordinadamente nuestros mejores esfuerzos: primero para planear, jerarquizar y controlar convenientemente el gasto público, y segundo, para manejar en forma adecuada las finanzas del país.
Las audaces tareas constructivas y las ampliaciones de servicios que emprendimos y realizamos, requirieron una cuidadosa estructuración económica y fiscal y un prudente ejercicio del crédito.
La programación del desarrollo económico y social ha obtenido realizaciones superiores a las previstas.
Basten como ilustración previa las cifras siguientes: en el sexenio 1952 a 1958 la inversión pública en pesos fue de $ 28.056.000,000.00 y la recaudación fiscal de $ 41 400 000 000.00.