Discurso de Adolfo López Mateos en su Primer Informe de Gobierno

Chapter 6

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Hoy, que se cumplen apenas nueve meses de aquella fecha memorable, 1 de diciembre de 1958, en que, exaltado por la voluntad popular, expresada en los comicios más limpios de nuestra historia, asumió usted la Jefatura del Poder Ejecutivo de la Nación, recordamos que en presencia de esta Representación Nacional, al rendir la protesta de ley como Presidente de la República y exponer los lineamientos de su naciente administración, anunció en el aspecto internacional, el ejercicio de una conducta de respeto recíproco, de autodeterminación, de solidaridad común en la independencia y en la justicia, encaminada a preservar la paz, la concordia, la cooperación y la irrestricta vigencia del principio de no intervención entre todos los pueblos de la tierra.

Dejó entonces claramente establecido, el propósito inquebrantable de su Gobierno de no aceptar nada que vulnerase nuestra soberanía y sí, en cambio, contribuir al acrecentamiento de los medios de asistencia recíproca y de real solidaridad entre las naciones.

Consecuente con esos principios, que definen la adhesión respetuosa de nuestra patria a las normas que rigen el Derecho Internacional, el Congreso de la Unión estuvo atento y preocupado ante el penoso incidente que usted menciona, suscitado por la incomprensión del gobierno guatemalteco.

Conflicto tan lamentable, que pusiera en peligro nuestra tradición pacifista y que tras de agotarse los recursos legales y amistosos, culminara con el rompimiento de las relaciones diplomáticas con esa nación hermana, motivó la unidad, la adhesión y respaldo decidido del pueblo, a su patriótica determinación encaminada a salvaguardar la dignidad, el decoro y la soberanía de la patria.

Semejante medida, tomada por usted en ejercicio de su investidura, como director de la política internacional del país, nos da una idea clara de las virtudes cívicas, la entereza y el profundo sentido de responsabilidad del gobernante, que con clara conciencia de su deber histórico, se siente depositario del honor, la tradición, el orden, la responsabilidad y la autonomía de la patria.

Y satisface constatar, cómo un acto negativo dentro del escenario internacional, como lo fuera la injustificada agresión de que se hizo víctima a inermes compatriotas, sirvió para convocar, en soberbio ejemplo de solidaridad, a todos los sectores de nuestro pueblo.

Las rencillas, las ambiciones bastardas, los egoísmos, los propósitos personalista e inclusive, las pasiones de partido, cedieron ante el empeño generoso, noble y limpio, de respaldar la política exterior del señor Presidente de la República.

En esa forma, como Jefe de la Nación, interpretó usted la indignación y la cólera de nuestro pueblo y al encarnar la dignidad del país, el poder del derecho y el predominio de la razón sobre la fuerza, comprobó una vez más, que si en 1810 fue posible realizar la unidad para alcanzar la Independencia, en 1959 los mexicanos, en torno suyo, se unen también para defenderla y preservarla.

Y no desaparecían aún los efectos producidos por el fervor, el entusiasmo y la entrañable emoción que México entero se alzó en apoyo de su Política Exterior, cuando el país se conmovía de nuevo ante la presencia alentadora de un suceso de extraordinaria significación histórica: su entrevista de Acapulco con el señor Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica.

Dicha reunión, celebrada a invitación suya en medio de la mayor cordialidad, constituyó un ejemplo más del esfuerzo que dos pueblos, respetuosos de su tradición y de sus libertades, realizan por resolver sus problemas dentro de un plan amistoso de justicia, de concordia y cooperación,

Desprendemos del texto de su Informe, lo que representa planeación, señalamiento e inicio de realización, de las metas administrativas que se ha propuesto su Gobierno.

Creemos que no será el México de hoy, sino el de mañana, más grande, más redimido en lo material y superado en lo espiritual, el que habrá de dar la respuesta definitiva al móvil y a la intención que inspira su conducta frente a los grandes problemas que hoy confronta.

Sabemos que es usted un convencido de que lo único que perdura en el alma de las generaciones, es lo que se les deja para hacerlas más aptas, más dignas y más venturosas.

Ello nos explica la dedicación, el empeño y la voluntad con que está planeando la superación de los obstáculos que se oponen a nuestro desenvolvimiento y la conveniente solución a nuestros problemas ancestrales.

Entre ellos destaca el relativo a la educación, problema que por su gravedad y trascendencia, constituye, sin duda alguna, la más grande y poderosa preocupación nacional.

La idea central que preside su política en esta materia, de acentuar la enseñanza en los grados primario y medio, buscando como meta que la primera llegue a todos integralmente gratuita y la segunda al mayor número, nos parece sumamente encomiare.

Nadie se atreve siquiera, a discutir la bondad y la nobleza de un propósito que busca la solución de un problema del que depende, en gran parte, la felicidad y el progreso del pueblo mexicano.

Un conocimiento elemental racionalmente impartido, adaptado a nuestra realidad, que lleve al espíritu de la niñez y de la juventud una concepción multiforme de la naturaleza y de la vida, contribuirá a formar ciudadanos libres en la más amplia acepción de la palabra, libres de la ignorancia y de la miseria, de la insalubridad y de la injusticia social.

Creemos que ésa y no otra es la misión del artículo 3 de la Constitución General de la República.

Forjar al través de la enseñanza, al hombre nuevo de México, un hombre despojado de sectarismos, de pasiones, de fanatismos y prejuicios, un hombre libre de servidumbres mentales que mutilan a la razón y que falsean la ciencia.

Creemos que ésa debe ser la orientación ideológica de la educación; una educación nacionalista, que congruente con el texto de la Constitución, dé al educando una recia conciencia de la mexicanidad.

Ni el jacobinismo rabioso que caracterizara a épocas pasadas, ni la educación confesional anterior a 1875.

Ambas concepciones son igualmente inoperantes.

No se avienen ni a la libre estructura de la conciencia humana, ni al espíritu abierto de nuestras instituciones democráticas.

Sabemos que independientemente de que el analfabetismo ha decrecido en forma considerable, por insuficiencia presupuestaria un gran porcentaje de la población infantil no recibe aún los beneficios de la educación.

Ello nos preocupa seriamente a todos los mexicanos.

Sin la instrucción obligatoria y gratuita para todos, no podemos decir que nuestra democracia sea completa.

Ya se ha dicho que al sufragio universal debe corresponder una educación universal. Una democracia analfabética, no es democracia porque ésta supone el libre y razonado ejercicio de los derechos ciudadanos.

Por ello es que vemos con agrado los perseverantes esfuerzos del régimen por integrar al esfuerzo común a todos los sectores sociales de la República, buscando satisfacer la insuficiencia de escuelas y maestros que den cabida e instrucción, a nuestra cada día creciente población escolar.

La sociedad, el gobierno, las instituciones, la iniciativa privada, todas las fuerzas activas del país, deben contribuir y responder al deseo de no dejar sin cultivo la inteligencia de las nuevas generaciones.

Abstenerse, hacerse el desentendido, desoír el llamado de la patria, es tanto como convertirse en cómplice, en responsable de las faltas, del retraso y de los grandes males que podrían evitarse mediante la debida capacitación de las masas.

Ponderamos con especial énfasis, el capítulo del Informe relativo a la política económica de la administración.

Consciente de que no puede haber auténtica libertad política donde no hay equidad económica, el régimen ha establecido como norma, lo que al respecto fuera divisa y promesa de la campaña electoral del Primer Magistrado de la Nación:

Que la riqueza que el pueblo forme, sea para bien del pueblo mismo.

Justicia social e igualdad política son formas concomitantes del pensamiento y del ser mexicano.

Por eso la Revolución, en esta etapa feliz de nuestra historia, crea y realiza sistemas apropiados para distribuir mejor los resultados del esfuerzo común.

Las ideas rectoras de su política en esta materia, sus posibilidades inmediatas de aplicación y sus realizaciones concretas, que se manifiestan en la planeación tendiente a conseguir, por encima del crecimiento de la población, el aumento y la justa distribución del ingreso nacional, la integración económica, merced a un desenvolvimiento equilibrado en el que se utilicen juiciosamente todos nuestros recursos productivos; la coordinación, ajustada a nuestra capacidad real, de la inversión pública y privada y las certeras medidas para fortalecer el valor de nuestra moneda equilibrando el presupuesto del sector público, impulsando la exportación, restringiendo las importaciones y apoyando toda actividad de mejoría de nuestra balanza comercial, nos indican claramente el propósito del Ejecutivo, de tutelar los intereses generales mediante el desarrollo de una economía que eleve el nivel de vida de todos los sectores de nuestro pueblo. Así no podrá decirse ya que el ingreso nacional se distribuye injustamente, haciendo más ricos a los ricos y más pobres a los pobres.

La promoción del desarrollo agrícola e industrial del país con nuestros recursos, manteniendo al mismo tiempo el poder adquisitivo y la estabilidad de nuestro peso, restablecerá la confianza en este último al eliminarse cualquier riesgo posible de desequilibrio, desajuste o inflación.

Aceptamos las medidas del régimen, porque en su esencia propenden a fortalecer nuestro desarrollo económico dentro del marco de la realidad, evitando censurables excesos de inversión en desacuerdo con la capacidad generadora del país.

Claro está, que como se afirmara por los órganos del régimen, el ritmo de crecimiento será tal vez más lento, pero más seguro.

Sin embargo al cristalizar las metas planificadas, que aspiran a conseguir un desarrollo con estabilidad, México y la Revolución se habrán justificado, porque demostrarán ante todos que el progreso económico, aparejado a la justicia social, viven y prosperan entre nosotros al amparo de la democracia y a la luz de la libertad.

La imparcialidad y el respeto con que el Ejecutivo ha visto los problemas obrero-patronales, manteniendo incólumes las garantías y derechos que la Constitución otorga a trabajadores y empresarios, revela el deseo superior de que las relaciones entre ambos factores de la producción se lleven por cauces de entendimiento, armonía y cordialidad.

Dentro del marco amistoso de la comprensión, tanto los derechos del que presta el servicio, como los del que lo recibe, se conjugan en la convicción de que sus respectivas actividades son parte fundamental en la tarea común de mejorar y engrandecer a México.

Vinculado estrechamente con este aspecto de la administración, la representación nacional recuerda y encomia el pensamiento del Ejecutivo, cuando al señalar a nuestro movimiento obrero los senderos nacionalistas de su responsabilidad, precisara la exigencia del patriotismo de sus guías y afirmara textualmente que dejarse llevar por una falsa demagogia, anteponiendo los intereses de un grupo a los intereses nacionales y a los de la colectividad; arrastrar a las masas por los caminos de la ilegalidad y la violencia, ignorar la circunstancias históricas del mundo actual y las particulares de México, abandonar los hondos cauces de la Revolución y pretender hacer de nuestro pueblo y de nuestro suelo, campo de batalla de intereses ajenos, es también una forma de traicionar a la clase trabajadora.

Todos los grupos sociales del país se sienten fraternalmente ligados al sector obrero.

Ven con simpatía sus anhelos y sus justas demandas de mejoramiento; pero nadie que en verdad se precie de mexicano, puede solidarizarse con quienes emboscados en las propias garantías que la Constitución otorga, pretenden convertirlas en instrumentos de anarquía, de desorden y de caos.

Los partidarios del desorden, los perturbadores que agitan para crear un estado negativo de tranquilidad nacional, son malos compatriotas que no aman a México.

Un movimiento obrero responsable, consciente y patriota, debe aspirar a la existencia y formación de un sindicalismo auténtico; un sindicalismo que al mismo tiempo que sea limpio, libre y recio, sea también, ante todo y sobre todo, auténticamente mexicano.

Por ello justipreciamos la postura del Régimen.

Ni demagogia de izquierda, ni mucho menos actitudes derechistas de retroceso a situaciones históricamente superadas. Simplemente, el acento del patriotismo y la mexicanidad; el respeto a la ley y a la Constitución General de la República, norma fundamental que consagra los anhelos del pueblo y que constituye la mejor defensa de los intereses legítimos de los trabajadores mexicanos.

Además, en la probada convicción obrerista y revolucionaria del Ejecutivo, encuentran nuestros obreros, no sólo la comprensión y la simpatía para sus problemas, sino también al mejor y más decidido promotor de sus justas aspiraciones de bienestar y de progreso.

Franco, decidido y manifiesto apoyo ha recibido de usted, lo que representa reconquista de nuestro suelo, acto justiciero y postulado fundamental de la Revolución Mexicana: el exterminio del latifundio y la afirmación vigorosa de la Reforma Agraria.

Conscientes de que el evangelio y los episodios violentos de la Revolución se escribieron principalmente en las provincias de México, sabedores de que es en el campo, habitado por las dos terceras partes de nuestra población, con ínfima percepción del ingreso nacional, donde más faltan por cumplirse los principios reivindicadores de nuestro movimiento social, el Congreso de la Unión simpatiza con la política agraria de la Administración que, al expropiar y repartir viejos latifundios, algunos como el de Cananea, enquistados contra la Ley en zonas prohibidas del territorio nacional, satisface el anhelo de desconcentrar la propiedad rural y de entregarla, en gran acto de justicia histórica, a quienes la trabajan: los campesinos desposeídos de México.

Con lo formación de los ejidos ganaderos y forestal, fórmulas emancipadoras de la población rural, ensayos ventajosos que entrañan el rescate del patrimonio de México para el dominio de mexicanos, se abren dos nuevos e importantes capítulos de realización y cumplimiento de la Reforma Agraria.

La expedición del Reglamento para la Planeación, Control y Vigilancia de las Inversiones de los Fondos Comunes Ejidales, obra y propósito del Ejecutivo, representa igualmente provechosa medida que amen de resguardar el ejido y ponerlo a cubierto del abuso, la injusticia y la explotación lo convertirá, para bien de todos, en diversificada unidad de producción económica, vinculada al desarrollo general del país.

En esa forma, México reconquista su suelo, aniquila los últimos vestigios feudales, acaba con los privilegios y el monopolio de la tierra y lo substituye con un nuevo sistema que hace del agro mexicano, un instrumento de libertad y una norma indeclinable de justicia social.

Constatamos con beneplácito, el hecho de que el pueblo de México alcanza cada día, un mayor grado de madurez cívica y de educación política.

La conducta del Régimen, que da cumplimiento riguroso a la Constitución, respetando las libertades que consagra sin más restricciones que las autorizadas por la propia Ley fundamental, viene creando un clima de orden y cordialidad interior que hace valedero y vigente el principio constitucional que proclama la presencia de un Poder Público, instituido por el pueblo para beneficio del pueblo.

La forma en que se han planteado y resuelto los problemas políticos de las Entidades, con sujeción a reglas democráticas en las que no ha habido más denominador común que el propio pueblo, ha despertado en el alma de la ciudadanía la conciencia de sus deberes y de sus derechos cívicos. Ciudadanos y Partidos, en libre juego democrático, han ejercido esos derechos con amplitud, merced a la garantía que ha otorgado el Régimen del más amplio disfrute de las libertades y del más absoluto respeto a la expresión genuina de la voluntad popular.

Ello ha determinado un perfeccionamiento progresivo del nivel democrático de nuestro pueblo que, en cada ocasión, interpreta con mayor sinceridad la imperiosa exigencia de que en las luchas políticas, ante todo y sobre todo, prevalezca el principio de la verdad electoral.

En el empeño de cumplir con los deberes históricos más elementales, moldeando la conciencia de las generaciones en la enseñanza y la ejemplaridad moral de nuestros mayores, destaca el fervor patriótico y el entusiasmo con que el Régimen recordó este año, dos centenarios jubilosos: el de la expedición de las Leyes de Reforma y el del natalicio del ilustre varón de Cuatro Ciénegas, don Venustiano Carranza.

Ambos sucesos, al través de sus respectivas celebraciones, convocaron de nuevo a nuestro pueblo frente al altar de sus más entrañables libertades.

Los proyectos legislativos enviados por el Ejecutivo y aprobados con algunas enmiendas por las Cámaras, entre los que destaca el relativo a las Reformas a la Ley de Secretarías de Estado, que creara las secretarías de la Presidencia, del Patrimonio Nacional y del departamento de Turismo y que diera nueva estructura a otros departamentos y secretarías ya existentes, fueron aceptados por la Representación Nacional que vio en ellos, el sano propósito del Ejecutivo de poner la Administración Pública en consonancia con las necesidades y con la realidad actual del país.

Por lo que hace a las demás actividades realizadas durante los nueve meses que de iniciada tiene la administración, el Congreso de la Unión reconoce la manifiesta importancia del trabajo desplegado en pro de la justicia y la moralización, por las Procuradurías de Justicia y el Poder Judicial, la tenacidad con que los distintos departamentos, organismos descentralizados y secretarías de Estado prolongan su acción para dotar de valiosas obras y servicios, a los sectores mayoritarios de nuestro pueblo, y finalmente, la preocupación especial del Ejecutivo por mejorar, con la realización de significadas obras materiales y de fomento general, la condición política, económica y social de los territorios federales de Baja California y Quintana Roo.

La Representación Nacional, al refrendar su reconocimiento a la obra del régimen, afirma su fe en la convicción de que tanto lo realizado hasta hoy, como aquello que bajo la dirección del Ejecutivo se prosiga mañana, habrá de redundar en directo y equilibrado beneficio de todos los sectores sociales de nuestro pueblo.

Creemos que el adelanto material y espiritual de México, identificado como el Estado más progresista de la América Latina, no es sino la resultante de la feliz conjunción de la visión y el patriotismo de sus administraciones, sumado al esfuerzo y a la capacidad de trabajo de todos los mexicanos.

Ello es así, porque la mejor y la más grande lección que la patria ha recogido en la adversidad y en la experiencia de su Historia, es la de comprender que los obstáculos y dificultades que se oponen a su progreso y desenvolvimiento, sólo pueden salvarse con éxito merced al esfuerzo coordinado de pueblo y gobierno unidos.

Por ello, es que estimamos en su gran valimiento los términos de su mensaje en el que, consciente de que la mayor riqueza del país la representa el ímpetu y el esfuerzo creador de su pueblo, no tiene para nosotros más consigna, que la consigna del patriotismo, del trabajo y la unidad de todos los mexicanos. Con esa consigna están cumpliendo los sectores sociales de nuestro pueblo.

A ese llamado, que es el llamado de la patria, respondemos todos como un solo hombre.

Sabemos que al coadyuvar en las tareas de su Gobierno, estamos contribuyendo a enriquecer el acervo común y a elevar el nivel de vida de nuestro pueblo, que a la postre no es sino contribuir a realizar el codiciado anhelo de hacer de México lo que México debe ser: una patria libre para determinarse y fuerte y poderosa para hacer respetable su libertad.

Señor Presidente:

Al rendir su protesta como Primer Magistrado de la nación, ofreció usted emprender la tarea que el pueblo puso en sus manos, armado con los principios de la Revolución y con la fuerza de la ley, afirmando que nada haría ni permitiría que se hiciera en contra, por encima o al margen de ella.

A nueve meses de distancia de la iniciación de su mandato, la Representación Nacional advierte, con gran satisfacción, que no se ha apartado usted de la línea de conducta que se trazara en aquella fecha memorable.

Fiel a los elevados principios que alentaron su elevación a la Presidencia de la República, está usted gobernando por encima de pasiones personales, de compromisos políticos o de cualquiera otra índole que no se identifique con los intereses del país o con los objetivos de su programa, que es el programa de la Revolución Mexicana.

Desde el principio, sus esfuerzos se han visto encaminados hacia el incremento del progreso material y espiritual del país, con el aporte de un trabajo honrado y de una actuación limpia.

Es así que podemos decir que está usted gobernando para todos los mexicanos y que en corto tiempo, ha logrado unificarnos, con solidez de roca, en un solo pensamiento y en una sola voluntad: luchar de manera incansable, por el bienestar material y espiritual del conglomerado mexicano.

En todos los rumbos del país se palpa el optimismo, la seguridad y la confianza en un régimen que se perfila ya, como señalado amigo de los trabajadores, de los campesinos y de las grandes masas de nuestra población.

La Representación Nacional piensa que la fuerza popular, cada día mayor, del ciudadano Presidente Adolfo López Mateos, se viene dando en medida en que como gobernante ha estimulado, promovido y alentado las luchas de nuestro pueblo.

La labor relacionada en el Informe es sumamente importante, tanto por las realizaciones concretas, como por las amplias proyecciones que implica en el futuro de México.

Por la serenidad y energía de vuestra política exterior, por la implacable decisión de hacer efectiva para el campesino la reforma agraria, por la simpatía manifiesta hacia los problemas del obrero y de la clase media, por la revisión hecha a la política de inversión y del gasto público, proyectando un programa de austeridad sin precedente que pone a cubierto la estabilidad de la moneda por la

lucha por el abaratamiento de la vida y la moralización de las funciones públicas, y por las garantías que se vienen prestando para el desarrollo del comercio y la industrialización del país, consideramos, sin temor a error, que vuestro ejercicio, presidido por las divisas del patriotismo y la responsabilidad, habrá de encarnar la madurez del espíritu creador de la Revolución Mexicana.

Durante nueve meses ha planeado usted las proyecciones administrativas de su Gobierno, logrando además las positivas conquistas que en su propio mensaje se mencionan.

Podemos decir que el cimiento de lo que habrá de ser su gestión, está cabalmente concluido. Pero muchas y muy grandes realizaciones no esperan.