Discurso de Adolfo López Mateos en su Primer Informe de Gobierno
Chapter 5
Unidos los gastos de construcción con los de reconstrucción y conservación ascienden en este capítulo a $ 11.000,000.
Obras hidráulicas que han tenido preferencia para su aprovechamiento más inmediato son los drenes en los Distritos de Riego de los ríos Colorado, Mayo, Culiacán y Bajo Bravo; prosigue la construcción de las presas de El Humaya en Culiacán, del Marqués en Tehuantepec, El Tunal en Durango, Guadalupe en Papigóchic, Chihuahua, Tepecoacuilco y la Calera en Guerrero, La Estancia en Tacámbaro y las derivadoras de Anzaldúas en el Bajo Bravo y de Peñitas en el Valle del Colima, que proyectan poner bajo riesgo 150,000 hectáreas.
Quedó terminada y en servicio la presa de Tacotán, Jal.
En pequeña irrigación el programa en proceso comprende 226 obras, de las cuales 120 quedan terminadas a la fecha, destacándose las Presas de Peña Blanca en Calvillo, Aguascalientes, y la de Altanga en Tlaxcala.
Quedó ya informada la reparación urgente de obras afectadas por el anterior temporal de lluvias; también se dio cuenta de las obras de ingeniería sanitaria.
En el presente ejercicio fueron abiertas al riego 41,546 hectáreas y mejoradas 17,496.
El orden de inversiones a partir del 1 de diciembre es el siguiente: Grande Irrigación, $ 119.000,000; Pequeña Irrigación $ 44.000,000; Ingeniería Sanitaria $ 58.000,000; Distritos de Riego, $ 62.000,000; Valle de México $ 13.600,000; Papaloapan, $ 34.200,000; Tepalcatepec, $ 16.000,000; Río Fuente, $ 13.700,000; Lerma Chapala, $ 12.000,000, cantidades que no incluyen gastos de estudios ni de administración.
Electrificación: las plantas eléctricas de mayor importancia puestos en servicio recientemente son las dos primeras unidades de Temaxcal, Oax. con 77,000 kilovatios; la ampliación de La Laguna, Dgo., con 33,000; Las Cruces, Gro., con 18,000 y Mocúzari, Son., con 9,600 kilovatios. Otras 24 plantas están construyéndose; figuran entre ellas las de Apulco, Pue., para generar 156,000 kilovatios; El Novillero, Son., 90,000; dos unidades más de Temaxcal, Oax., 77,000; ampliación de Monterrey N. L., 75,000; Cupatitzio, Mich., 73,000 kilovatios.
La inversión durante el periodo de este Informe en estas construcciones fue de $ 450.000,000.
Obras marítimas: se realizaron en 18 puntos litorales: figuran entre ellas las del astillero y muelle de metales en Tampico; el canal de navegación Tampico-Tuxpan en el tramo Tampamachoco-Tanhuijo; el edificio para el astillero de Coatzacoalcos; las escolleras de Tuxpan, Frontera, al noroeste de Veracruz y al este de Salinas Cruz; en Progreso, los muelles de cabotaje y de pesca; el muelle de altura y el coronamiento de rompeolas de Ensenada.
Fueron terminados el escolladero de protección en Veracruz, el muelle de Minatitlán y el de pesca en Progreso; la escuela Virgilio Uribe, el edificio para hombres rana y obras varias en la base naval de Icacos; los edificios para la Secretaría de Marina en Topolobampo, y en Guaymas se dragó un total de 3.000,000 de metros cúbicos.
Dentro del período se inició la construcción de faros en San José del Cabo y Cabo Falso, de balizas en San Lorenzo y El Explorador, Baja Californio, y la Corbateña en Jalisco; el hospital naval en Acapulco; las escolleras de Boca del Río; la avenida del puerto en Mazatlán.
La inversión en obras marítimas a partir del 1o. de diciembre es de $ 58.000,000.
Petróleos Mexicanos hizo inversiones capitalizables estimadas en $ 1,433.000,000.
Se terminaron las siguientes obra: gasoducto Monterrey - Monclova de 175 kilómetros de longitud y capacidad de 30.000,000 de pies cúbicos diarios; en la refinería 18 de Marzo, las unidades de carga por destilación al vacío, la desintegradora catalítica, la de polimerización, y las plantas de tratamiento de kerosinas y de recuperación de azufre; en la refinería de Minatitlán, la unidad combinada de lubricantes y las plantas de estabilización y de prefraccionadora de gasolinas; en la refinería Madero, la planta termoeléctrica.
En proceso de ejecución se hallan obras tan importantes como la nueva refinería de Ciudad Madero con capacidad de 100,000 barriles diarios, dotada con desintegración catalítica; los gasoductos Ciudad Pemex - Minatitlán y Monterrey - Torreón; el muelle de lubricantes y productos en Minatitlán; ampliaciones y nuevas plantas en Azcapotzalco, Poza Rica, Reynosa, Salamanca, Nogales, Minatitlán y Ciudad Pemex.
Con 41 brigadas se hicieron exploraciones en la costa del Golfo, entre el Río Bravo y la Laguna de Términos y en los Estados de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, territorio de Baja California y Península de Yucatán, habiéndose descubierto 5 nuevos campos; se perforaron 91 pozos de exploración y 288 de desarrollo, de los cuales 203 son productores; la producción en crudo alcanza promedio diario de 300,000 barriles; la de gas, 9,024.400,000 metro cúbicos al año; la de productos elaborados, 161,082.800,000 barriles al año; la reserva de hidrocarburos se estima a la fecha en 4,000.046,600 barriles de aceite, lo que comparativamente al 31 de agosto del año pasado representa incremento neto de 582.700,000.
Al finalizar la redacción de este Informe, la región sur del Estado de Veracruz sufrió las consecuencias de un macrosismo del que tenemos que lamentar la pérdida de algunos compatriotas y los daños materiales que produjo en las poblaciones de la zona.
El Gobierno puso en marcha de inmediato las medidas que la emergencia requería, y ya se procede de acuerdo con las autoridades locales y los damnificados para la reconstrucción en el menor tiempo posible de los poblados dañados por el sismo.
Honorable Congreso de la Unión:
Desde que asumimos la Presidencia de la República, se inició la tarea de poner en vigor los principios y el programa de gobierno expuestos durante la campaña política, el demandar el voto que los hombres y las mujeres de México nos otorgaron limpia y generosamente.
Lo que entonces prometimos señala el deber de trabajar con el pueblo por la justicia y el progreso.
Ofrecimos gobernar con los principios de la Revolución Mexicana y en todo momento los hemos reafirmado con nuestros actos: prometimos mantener el clima de paz, libertad y concordia que en las últimas décadas ha hecho posible nuestro desarrollo, y lo hemos logrado mediante el imperio de las leyes.
Expresamos entonces, y repetimos hoy, que el orden sin libertad es dictadura, y que la libertad sin orden es anarquía.
El Gobierno respeta y garantiza todas las libertades que consagra nuestra Constitución; entre ellas las de pensar y creer en materia política o religiosa, económica o social.
A nadie se persigue por sus ideas; pero el Gobierno tiene la ineludible obligación de proceder, con todo el rigor de la ley, contra quienes con sus actos la violen por deliberada intención, o por inconsciencia lesionan gravemente el patrimonio nacional, atentan contra su economía o tratan de alterar el orden y la tranquilidad de la República, tan necesarios para el ininterrumpido progreso de México.
Con satisfacción comprobamos que todos los sectores del pueblo se hallan prestos a cooperar en las tareas fundamentales del país.
Los mexicanos son patriotas y entregan su energía sin cesar a la creación de las mejores condiciones que la nación demanda.
Con especial relevancia destacan los miembros del Ejército y de la Armada, como guardianes de nuestra soberanía, de nuestras instituciones y garantía de la convivencia pacífica de todos los mexicanos.
Hemos reiterado el propósito de fomentar el debido aprovechamiento de los recursos del país por los mismos mexicanos y en su beneficio; y en tal sentido hemos proyectado nuestras actividades, con nuevos objetivos en utilizar las tierras, aguas, bosques, pastos y todos los recursos del suelo, del subsuelo y del mar; con la planeación, incremento y solidez de los medios financieros requeridos, con el mejoramiento de los procedimientos y la mayor capacitación de todos para la tarea común.
Seguimos creyendo que la enseñanza y la preparación técnica, tanto como la proporcionada y conveniente inversión de capitales, y el creciente empleo de nuestra población, son las bases primordiales para el acelerado desarrollo nacional, alentando por los principios de la Revolución Mexicana.
Donde los procedimientos aplicados no rindan resultados óptimos, sea por irresponsabilidad humana o por organización inconveniente, corregiremos las deficiencias.
Es inaplazable nuestra decisión de moralizar los ambientes y las actuaciones públicas y políticas del país.
México vive con rapidez e intensidad la presente etapa de su historia, y quienes lo servimos desde el Gobierno, o fuera de él, debemos ajustar nuestro trabajo y conducta a las exigencias de la nación.
El desarrollo nacional debe ser encauzado.
Para hacerlo equitativo y extenderlo a todos, necesitamos que sea general, equilibrado, y que, sin perder dinamismo, elimine los privilegios de minorías.
Asimismo, conviene empeñarnos en que sea sólido y permanente.
La necesidad de ampliar el desarrollo a todo el país se agudiza ante la fuerza que vamos alcanzando.
En cada una de las entidades federativas habrá de impulsarse; los municipios deberán fortalecer su economía para responder con más eficacia en los servicios a su cargo.
La federación, los estados y municipios concurren a la resolución de los problemas de la población entera, y es urgente que sus funciones administrativas concuerden con su finalidad.
Las tareas que requiere nuestro desarrollo, solamente pueden hacerse dentro del equilibrio de los factores productivos, y la equitativa distribución de los resultados.
Ambas circunstancias son correlativas de nuestro progreso; tenemos que vigilar que se conjuguen y evitar que un sector sobreponga su interés al de la nación entera.
No olvidemos que para nuestra Carta Magna la propiedad y la riqueza alcanzan la jerarquía de función social, y que ellas obligan a quienes las poseen a mayores responsabilidades.
La doctrina de nuestra Revolución permite que continuemos organizando una patria libre y próspera, sin pasar inadvertidas las experiencias que nos ha dado el siglo en que vivimos, y dentro de las realistas proyecciones de nuestra Constitución.
Los ideales de la Revolución Mexicana, nos permiten en el presente luchar por la justicia social sin sacrificar las libertades espirituales y políticas, y gozar de éstas sin mengua de la búsqueda incesante de la justicia social.
Con reforma agraria, derechos laborales, fomento y estímulo de la producción y estabilización de precios, elevaremos el poder adquisitivo de nuestra moneda y crearemos mejores condiciones de vida para el pueblo de México.
Hace cien años los reformadores lucharon por consolidar nuestra nacionalidad.
Una vez más, desde este lugar les rendimos fervoroso homenaje, con el respeto que se debe a los patricios, tal como el pueblo y los Poderes de la Unión lo han hecho en diferentes actos realizados durante este año.
Desde que realizaron su obra, ha sido un designio para los mexicanos que la nación está por encima de las personas o de los grupos.
Fortalecer la nacionalidad es obra común; todos somos responsables de su progreso, y estamos interesados en que dentro de ella también progresen todos.
Consideramos que esa obra es menos difícil si el pueblo y el Gobierno se mantienen unidos en los propósitos y en su afán de realización.
Gobierno y pueblo son dos aspectos de la vida nacional; el Gobierno sirve y fomenta y, sólo cuando lo imponen el interés social, limita y regula; el pueblo, siempre con entera libertad, realiza sus aspiraciones y debe hallar en el Gobierno comprensión, justicia y garantías.
No crecemos sin problemas; el crecimiento mismo es el primero de ellos.
Aumentamos en población, en necesidades de educación y técnica, en requerimientos de capital y en los demás aspectos de nuestra vida colectiva.
Nuestro crecimiento no es satisfactorio en todos los casos, y su tasa no siempre puede ser la más deseable.
Pero estamos obligados a procurar que su ritmo y su cuantía sean superados, para que los beneficios que han de producirse lleguen a la población en el menor tiempo posible.
Al comenzar nuestro Gobierno, advertimos como norma a seguir, el progreso nacional con estabilidad monetaria.
Hemos puesto nuestros más empeñosos esfuerzos en cumplir ese propósito para bien del pueblo.
El problema económico más importante sigue siendo el de dar ocupación amplia, retribuida y estable al mayor número de mexicanos.
Más fuertes de trabajo deben abrirse y planearse para que fortalezcan el consumo y estimulen la producción.
Los esfuerzos vigorosos que todos los mexicanos vienen realizando, necesitan redoblarse.
Ejidatarios y pequeños propietarios, comunidades de pueblos, agricultores, ganaderos, forestales, obreros de la industria y los trabajadores todos de tierra y mar, así como los empresarios pequeños, medianos y grandes, los profesionistas y artesanos y los trabajadores del Estado, todos los que ocupan un lugar en el sistema nacional del trabajo, empeñados en que sus rendimientos alcancen la proporción debida para impulsar la economía general.
La Constitución consagra los derechos tutelares agrarios y sindicales y pone a cargo del Gobierno su observancia.
Los campesinos y los obreros, con los demás sectores progresistas de nuestra población, constituyen el elemento humano afiliado, por origen y vocación, a la causa de la Revolución Mexicana.
Por esa gran causa continuaremos la reforma agraria, atendiendo a los caracteres actuales de la realidad que vivimos, sin descuidar el propósito constante de dividir las grandes propiedades y de multiplicar lo más posible el número de mexicanos propietarios y poseedores de la tierra.
Para los mexicanos la tierra y la libertad son representación de la noción de la patria y a las dos amamos por igual e intensamente.
Reiteramos nuestro propósito de entregar a los ejidatarios las nuevas extensiones que se beneficien o incorporen a la producción nacional con las obras que viene realizando el Gobierno de la República.
Igualmente, estimularemos las organizaciones sindicales de trabajadores que con autonomía y autenticidad se empeñen a la vez en la defensa de los intereses del trabajo y del interés superior de la nación.
La facultad para dirigir las organizaciones sindicales pertenece a los trabajadores mismos.
Tan desleal de su parte sería que torcieran el rumbo que les fijan las leyes constitucionales, como indebido que se intervenga en sus organizaciones para hacerlas dóciles y artificiosas, dejando de representar la voluntad verdadera de sus miembros.
Reconocemos y alentamos el anhelo popular de estudiar y meditar, con lealtad y patriotismo, los principios fundamentales de nuestra vida social a fin de actualizar y ahondar sus proyecciones.
Estamos viviendo casi a cincuenta años de la fecha en que se inició la Revolución Mexicana, y al proponernos rendir honores a los hombres que la concibieron y la realizaron, como debido tributo patrio, estimamos conveniente reafirmar y ampliar sus orientaciones para que México continúe con firmeza y seguridad la etapa que se avecina.
Sabemos cuáles han sido los aciertos de los hombres que crearon nuestras instituciones.
Tenemos conciencia clara de que en la armonía de los anhelos los individuales y de los principios sociales, se encuentra la característica singular de su obra.
Sabemos, también, que nuestra Revolución, en los próximos decenios, podrá ser ejemplar para muchos países que tienen problemas semejantes a los nuestros sobre todo, similares a los que teníamos cuando se inició.
La mente no cesa de pensar en los asuntos humanos, y la ciencia y la técnica mejoran los procedimientos y facilitan las tareas.
En los años que vienen, los ideales que hemos sustentado reafirmarán su significado ante nuevas y más complejas realidades, las que si multiplican las tareas no deben quebrantar el imperio de la justicia, merced al cual, el hombre compenetrado del respeto que se tiene a sus derechos y a sus calidades humanas se realiza mejor en lo individual y en lo social.
Nuestra democracia avanza en armonía con nuestro desarrollo social y económico.
El mejor nivel de vida y la mayor educación popular favorecen la autodeterminación de nuestras comunidades.
Es nuestro deber seguir luchando por eliminar las supervivencias de política rudimentaria que vienen de nuestro pasado.
Al ciudadano común le interesa más vivamente el comportamiento democrático de la autoridad que tiene más próxima.
Todos debemos luchar por el perfeccionamiento de las instituciones democráticas del país.
Los partidos políticos deben alcanzar una conciencia más depurada de su responsabilidad cívica.
Resultaría contradictorio que por una parte demandaran vivamente la abstención del Gobierno en la observación de la actividad electoral, y a la vez actuaran con insistencia provocativa hacia el desorden y la violación de las normas que rigen la convivencia pacífica de todos.
En ocasiones rechazan la vigilancia del Gobierno, pero solamente para realizar actos indebidos o ilícitos que la requieren.
Sin merma del cabal proceso electoral, la represión exclusivamente de conductas contrarias a la ley es obligación de la autoridad, así como la abstención de ellas imperativo de todo partido político.
Vivimos tiempos de inquietud internacional, y la zozobra invade a muchos pueblos.
Suelen tomarse medidas contrarias a los objetivos perseguidos; se quiere lograr la paz por medio de la guerra, imponer la democracia por la violencia y la anarquía, y crear la libertad por la opresión.
Nuestra política internacional es cada vez más positiva y congruente.
Deseamos establecer la libertad con procedimientos libertarios; organizar la democracia por medio de sistemas democráticos; crear la paz por caminos pacíficos.
Los principios de nuestra política exterior emanan de nuestra experiencia histórica.
Algunos de ellos fueron formulares de manera defensiva, porque necesitamos defender nuestro territorio, nuestra soberanía e integridad.
Con ellos ahora podemos llevar a los países amigos el espíritu de equidad, libertad y concordia que priva entre nosotros.
Postulamos la no intervención en la vida de los pueblos, no sólo para lograr que se nos respete, sino para que todos, débiles y poderosos, queden a salvo de amenazas, iniquidades y violencias; defendemos la paz y la cooperación internacionales, no solamente para vivir en armonía con los demás pueblos, sino para que ellos, grandes y pequeños, puedan desenvolverse y realizar mejor sus finalidades; sostenemos la libre determinación de cada pueblo, para que nos deje proyectar nuestro destino, y para que todos, fuertes y débiles, grandes y pequeños, puedan hacer lo mismo dentro de la convivencia pacífica.
Los principios internacionales de México, son aplicables a todos los pueblos de la tierra.
Con ellos se evitará que algunas zonas del mundo puedan convertirse en laboratorios de experimentación agresiva o destructora.
Muchos obstáculos tenemos los pueblos empeñados en alcanzar justicia y progreso, para que convirtamos en guerra contra los hombres el esfuerzo que debería ser siempre de lucha contra los factores del retraso general.
Nosotros debemos pugnar porque las naciones, por su bien y por el bien de todos, conviertan la tensión internacional en esfuerzo constructivo para mejorar la vida de todos los pueblos, especialmente de los menos favorecidos.
Al debilitarse más y más entre las grandes potencias el espíritu de la guerra, los estadistas deben emplear la imaginación y canalizar los recursos vacantes, para mejorar las formas del progreso, de la paz y la concordia en el mundo, poniendo empeño especial en el desarrollo de aquellas zonas que solamente resurgirán con el concurso de todos.
De esa manera, las fuerzas de la destrucción podrán convertirse en instrumentos positivos de la creación para el bien de todos los pueblos.
La grandeza de una nación sólo se logra, como ya se ha reiterado, mediante la conjugación de ideales y trabajo de pueblo y Gobierno.
De ninguno de los dos por separado puede nacer el impulso creador que conduce a mejores metas; la colaboración de ambos es indispensable y el diálogo necesario.
Si el Gobierno tiene serias responsabilidades, el pueblo debe compenetrarse de las suyas, las cuales no se ubican en los ámbitos del egoísmo y de la sistemática crítica destructora.
Nada puede exigirse a un Gobierno, ni realizar éste, cuando los sectores privados y los hombres en general, nada conceden del mundo de sus intereses para el bienestar social.
Sólo mediante la unión armónica de todas nuestras fuerzas, la cual es posible por la calidad de los mexicanos y las orientaciones que hemos recibido de los creadores de nuestra nación al través de la Independencia, la Reforma y la Revolución, podremos firmemente dirigir en el interior y en el exterior la vida de nuestro pueblo, que hallándose en impetuoso crecimiento y acelerada transformación está empeñado en cumplir el recio destino que la historia le tiene deparado.
Del pueblo y sólo del pueblo, recibimos el mandato para servirlo y lo estamos haciendo con todas nuestras fuerzas y plena responsabilidad.
Nada nos estimula ni nos alienta más, que sentir que trabajamos con el respaldo decidido de nuestros compatriotas.
El pueblo mexicano debe saber que su Gobierno labora esforzado y vigilante para cumplir su voluntad y mejorar su desarrollo, y, fieles a los principios revolucionarios, reiteramos nuestra actitud inquebrantable de lograr su completa y efectiva realización, sin caer en transacciones temporales que desvirtúan su auténtico y propio contenido.
Pueblo y Gobierno luchamos juntos en bien del México que tanto amamos.
Contestación del Dip. Leopoldo González Sáenz, Presidente del Congreso.
Señor Presidente de la República:
Los integrantes del Poder Legislativo de los Estados Unidos Mexicanos, que en esta ocasión se expresan por mi humilde conducto, han escuchado con positivo interés, la lectura del Primer Informe de Gobierno, que por mandato constitucional, acaba usted de rendir al pueblo de México.
En términos generales, como lo manda el artículo 189 del Reglamento Interior del Congreso, hemos de producir nuestra respuesta haciendo el desapasionado enjuiciamiento de los actos de la Administración Pública, con la mayor objetividad, con el más escrupuloso realismo y a la luz del superior e impostergable interés de México, muy superior al de cualquier individuo o al de cualquier grupo por importante o numeroso que éste sea.
Después de escuchar la interesante relación de impulsos creadores y organizativos del régimen, que penetrando al panorama completo de la vida nacional, busca un nuevo encauzamiento de los factores productivos, bajo la orientación de un programa de austeridad que permita, el desarrollo progresivo del país con sus propios recursos, la Representación Nacional no puede menos que solidarizarse con la acción rectora del Ejecutivo que, en esa forma, deja en la conciencia nacional, la convicción de que el país vive y habrá de vivir durante su ejercicio, una etapa interesante de superación.
En ella habrán de conjugarse, para bien de la colectividad, los mejores esfuerzos de los mexicanos, empeñados en preservar y robustecer a la patria como hogar común, en hacer de ella un escenario donde todos podamos vivir en paz, al amparo de las libertades que otorga la Constitución, a la sombra de la justicia social que es objetivo y meta de la Revolución y teniendo como supremo propósito, como final y patriótica aspiración, la de servir y engrandecer a México.