Didacticidades

Chapter 3

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Las tendencias modernas en el aprendizaje de la gramática parten de un postulado muy sencillo: reflexionar sobre la lengua en uso e ir observando sus realizaciones concretas como son textos, párrafos, enunciados, oraciones, conectores, partes oracionales, palabras y partículas con que se forman las palabras, en sus diversos ámbitos de práctica y describir sus interrelaciones sistémicas para explicarlas e incrementar la práctica eficaz. De esta manera, al vincularlas con los procesos de significación que emanan de la mente, comprender el mecanismo cognitivo del ser humano para fortificar sus competencias comunicativas. Esto es, desde un “corpus" extraído de la realidad sociocultural cotidiana en donde los usuarios de una lengua se encuentran inmersos interactuando en negociaciones de significados, transacciones conversacionales e interacciones simbólicas o reales emprender la comprensión de los fenómenos lingüísticos, sus estructuras y su variación. Así podemos hablar de dos acciones de los gramáticos actuales: Una, describir y explicar una gramática textual y otra, perfeccionar la gramática oracional. Una gramática textual se ocupa de abordar la realidad comunicativa de los hablantes y de los escritores a partir de las unidades mayores de comunicación lingüística denominadas textos e intenta abarcar sus clases y sus estructuraciones. Una gramática oracional continúa centrada en la unidad de la comunicación lingüística denominada oración. Una gramática oracional posee dos campos de estudio exclusivos de ella: Uno: Estudia las oraciones y sus partes. Otro: Estudia las palabras y sus partículas. Al lado de la gramática coexisten dos ciencias independientes, pero que la complementan: Una: la semántica: Estudia las relaciones de significado que obtienen las palabras al conectarse unas con otras. Otra: la fonología: Estudia las relaciones que se dan entre los sonidos de las palabras y de las oraciones, para distinguir los significados enviados. Y aún más, dos ciencias recientes vienen ayudando a precisar sus explicaciones: Una: la pragmática; estudia los usos que los hablantes hacen con sus producciones lingüísticas. Otra: la hermenéutica; guía en la adecuada interpretación de los contenidos semánticos que subyacen en las interrelaciones de los enunciados oracionales y textuales. Reflexionar sobre las prácticas sociales del lenguaje-lengua constituye así, un acto de observación, análisis, descripción y explicación de cómo se han manejado, se manejan y pueden manejarse las palabras de todos los días en la construcción de textos y sus enunciados: frases, oraciones simples y oraciones complejas. El resultado de esa reflexión será el descubrimiento de las reglas funcionales que se ponen en acción para comunicarnos lingüísticamente de modo adecuado y eficiente, esto es, la toma de un conciencia gramatical de la lengua materna que hablamos desde los, aproximadamente, tres años de edad. Por tanto, conocer la gramática de la lengua española y sus mecanismos de construcción, nos permitirá emplear conscientemente todas las posibles combinaciones que pueden efectuarse por quienes hablan o escriben en español con el propósito de una comunicación eficaz. ¿Y desde cuándo y por qué se ha llegado a esta fase en la pedagogía de la lengua? Para responder a ello, se hace necesario que analicemos y reflexionemos en algo de lo que la tradición gramatical memorística hacía con el propósito de descubrir el porqué de sus desventajas y las razones de una nueva didáctica basada en la práctica reflexiva de la lengua. Su reincorporación en el sentido antiguo, memorización de reglas, debe ser totalmente desterrada. Nuestros abuelos, nuestros padres, la generación de la que formamos parte y la que hoy asiste a las escuelas, desde la primaria hasta la profesional, se han enfrentado con los avances impulsados por el desarrollo fenomenal que la lingüística ha adquirido en nuestro tiempo y la revolución que ha causado en las clases de Español, en otro tiempo, de Lengua Castellana, de Lengua Nacional, de Lenguaje o de Lengua y Literatura Españolas. Y sin embargo, parece que la violencia de estos cambios no ha producido muchas variantes en la práctica escolar, por lo que da la impresión de que tales transformaciones en la didáctica de la lengua que hablamos, sólo son meros cambios de nombres. Sin embargo, en lo profundo, el cambio hacia un enfoque sistémico, es totalmente distinto. Si recordamos los textos escolares utilizados durante mucho tiempo por nuestros abuelos, nuestros padres y nuestra propia generación (nacidos de 1950 para atrás), retrotraeremos esos momentos en los cuales se nos hacía memorizar puras definiciones en abstracto, acaso con algunos ejemplos aceptados a priori. Jamás obtenidos de la práctica lingüística diaria ni resultantes de acciones conversacionales, de discusión o de investigación. ¿Quién que no tenga edad para recordar, ha olvidado las gramáticas de Bruño, de Rafael Ángel de la Peña, de la Real Academia Española, de Carlos González Peña, de Miguel Salinas y muchas más que repetían lo que estas “gramáticas fundamentales” daban por sumo conocimiento? Y si retrocediéramos un poco hasta nuestros bisabuelos y tatarabuelos del siglo XIX, descubriríamos las “gramáticas” que antecedieron a las ya mencionadas: ediciones anteriores de la Gramática de Andrés Bello (avanzadísimas en su tiempo), la Arquitectura de las lenguas de Eduardo Benot, el Curso de Lengua Castellana de Longinos Cadena, a Miguel del Toro, a Caro y Cuervo, a Robles Dégano, etc. Todas las gramáticas mencionadas, desde la primera y remota llamada Arte de la Lengua Castellana de Elio Antonio de Nebrija, allá por 1492, constituyen al arduo desfilar de conceptos y definiciones semejantes, donde las palabras y los hechos lingüísticos son considerados de manera aislada y su enseñanza era fundamentalmente nominalista, nocional, subjetiva, preciosista, memorística y exageradamente normativa, tanto, que la definición de esa gramática lo dice todo: arte de hablar y escribir correctamente. Con algunas variantes: “La Gramática es el arte de expresarse con claridad, propiedad, pureza y elegancia”. Rafael Ángel de la Peña, (1905). “La Gramática de una lengua es el arte de hablar correctamente, esto es, conforme al buen uso, que es el de la gente educada” Andrés Bello. (1847). “La Gramática es la colección de reglas especiales a que se sujeta la lengua castellana de por sí, sancionada por el uso de los doctos”. El nuevo Quirós, Antigua imprenta de Murguía, (1904). Ante esta tradición rutinaria, surgida por imitación de las Gramáticas latinas, y más, griegas, ¡tiempos distintos a los nuestros!, poco a poco, en determinadas épocas y por autores específicos, fue desarrollándose una especie de “disidencia” y hasta “subversión”. Recordemos que así pasa en todas las transformaciones de la historia. Una ideología se va haciendo fuerte hasta estallar en prácticas concretas que logran el triunfo de la nueva realidad, donde a su vez, surgirá un punto de quiebre que, como piedra de futuro alud, impulsará el futuro cambio. Y la historia de la Gramática no iba a hallarse exenta de tales leyes dialécticas, aunque no se quiera. Todo cambia para perfeccionarse. De este modo, paralelamente, fueron publicándose otras “gramáticas” que se separaban rechazando y atacando a la venerable rutinaria. Nombremos, por ejemplo, la “Minerva” de Francisco Sánchez de las Brozas, El Brocense, quien por 1587 levanta su rebeldía en contra de los preceptos ilógicos de la tradición gramatical grecolatina; o más antes, Tomás de Erfurt, en su “Gramática Especulativa”, allá por 1350, intenta realizar, siguiendo la filosofía escolástica, una obra donde se observe la relación que existe entre el entendimiento humano y la capacidad de “captar la expresividad o el poder de significar que hay en la cosa”: “especular”, reflejar, cual espejo, hasta descubrir su figura real, sin empañamientos. Claros antecedentes del Círculo de Viena y de la Filosofía lingüística o analítica. En este breve ensayo tratamos, pues, como lo hemos reiterado tantas veces, de aclarar cuentas con la gramática tradicional y poner los puntos sobre las íes sobre la enseñanza gramatical actual, pues pocos fundamentos teórico-prácticos de la gramática tradicional resisten el análisis que la crítica lingüística moderna le ha hecho y resulta tan superado, que es algo vergonzante insistir en una labor que de tan obvia, parece bizantina. Hoy la nostalgia debía ser para construir lo futuro. A) La definición de gramática. Comenzamos nuestra reflexión con el análisis de una definición llena de contradicciones que durante mucho tiempo se manejó en libros de texto apoyados en la Gramática tradicional, esto es, el concepto de Gramática. Como se ha leído anteriormente, la Gramática era definida de tal manera que podemos desmenuzarla en los siguientes presupuestos semánticos: 1. La Gramática es un arte. 2. La Gramática enseña a hablar. 3. La Gramática enseña a escribir. 4. La Gramática enseña lo correcto. 5. La Gramática atiende a lo que dicen los doctos, la gente educada. Refutando el punto uno, diremos que hoy se define al arte como un lenguaje poseedor de una finalidad de expresión, comunicación e información estéticas (del griego aesthetos: sensibilidad) con el cual se construye un universo de mundos virtuales, manifestado en un objeto concreto (una escultura, una pintura, un filme, un poema, etc.) que genera en quien lo percibe (receptor o perceptor) múltiples posibilidades interpretantes. Esto es, un emisor, a través de un canal o medio o soporte determinados, utilizando códigos específicos de características plurisignificativas, envía un mensaje o visión del mundo, a un perceptor ideal con el propósito de impresionar, y hasta conmover, su sensibilidad y de tal enfrentamiento o relación o interacción, incrementar en él su mundo de experiencias sensibles que lo hagan captar la visión y las connotaciones que ese determinado emisor-autor tiene del mundo que ha vivido y que el perceptor, al apoderarse de tal constructo, lo reinterpreta imaginativamente según sus propias vivencias y puede diseminarlo. Lo “bello”, lo “bonito”, resultan conceptos subjetivos y poco rigurosos, pues lo que para una determinada persona o para una determinada cultura es bello, para otra no lo es. Ahora bien, si la gramática fuera un arte, cuando el alumno memorizaba la definición de sustantivo y sus clásicos ejemplos: casa, perro, árbol, etc., debía haber vibrado estéticamente, lo cual, evidentemente es risible. El concepto arte utilizado en la gramática latina se refería a una traducción del tecné griego, con equivalente aproximado de producción, de práctica. El arte así, era una práctica, en tal concepto y aunque esto pudiera parecer contradictorio, se refería mejor a técnica, en el sentido contemporáneo. Hoy sabemos que la Gramática no es un arte, sino una de las grandes ramas de la Lingüística que se ocupa de estudiar las relaciones que contraen los elementos lingüísticos en la formulación de enunciados, sin importarle cómo “suenan” ni lo que “significan”, de manera central. Los “sonidos” del enunciado los estudia la rama de la Lingüística denominada Fonología y su auxiliar, la Fonética; los significados y sus significaciones, es decir, las direcciones posibles que adoptan los significados según sus itinerarios contextuales e intertextuales, la Semántica. La Gramática sólo estudia las funciones estructurales, generativas y transformacionales que organizan sonidos y sentidos. De este modo, estudiar gramática no es estudiar el sonido ni las relaciones del sonido en el habla; tampoco es estudiar el mundo de experiencias que se envía como mensaje ni el mensaje mismo ni los significados que porte o las significaciones que surgen por las propias interrelaciones pragmáticas de los hablantes o escritores. Hacer o estudiar gramática no es reflexionar ni en la sustancia de la expresión lingüística como lo es el sonido; ni en las funciones de ese sonido al sistematizarse; tampoco es la descripción de las sustancias del contenido. Esto constituye, como se ha mencionado, el objeto de la Semántica, así como el de la Fonología, es estudiar las funciones del sonido en un determinado sistema lingüístico. Tampoco detenerse en los usos que de ella efectúan los hablantes o escritores como lo hace la Pragmática ni en las posibles interpretaciones que los textos diseminen. Esto lo efectúa la Hermenéutica. A la Gramática sólo le interesa describir, clasificar, explicar y aplicar las relaciones y correlaciones estructurales, generativas y transformacionales de los signos lingüísticos constituidos de formas sonoras solidarias a sustancias de contenidos. No le importa primordialmente, como nivel de pertinencia, lo que significan ni cómo suenan. Tampoco le interesa estudiar cómo se escriben, cómo se llevan a la escritura. Para la gramática, tanto el sonido (y su escritura) como el significado, son interpretantes de esas relaciones y correlaciones que se adquieren al formular los enunciados, pues sin ellos, las abstracciones estructurales, “el esqueleto sin órgano ni carne” sólo servirían para teorizaciones taxonómicas, diletantes, especulativas, contemplativas e inútiles. Miseria de la razón, ha dicho un célebre filósofo. Únicamente son guía tales componentes fónico y semántico del enunciado. No son relevantes para una estudio gramatical, aunque puedan servir, según lo dijimos, de orientación para no quedarse en meros diagramas de cualquier índole. De ahí que definamos a la Gramática “nueva” como la explicación de los mecanismos generadores de enunciados a partir de la descripción de las estructuras que los constituyen y las transformaciones que pueden darse en ellos para una finalidad funcional de aplicación en la fluidez y claridad de la expresión y comunicación lingüísticas orales y escritas. Por lo anterior, toda Gramática tiene como características básicas de su sistema, las de ser: a) Estructural. b)Generativa. c)Transformacional. Todas ellas nos conducen a una explicación sistémica de una lengua, en este caso, el español. Así, una gramática sistémica toma en cuenta todo el entramado estructural, generativo y transformacional que se da en la formulación de enunciados E insistimos, a la gramática no le interesa ni las interpretaciones fónicas ni las semánticas, con lo cual no se afirma que al hacer un estudio gramatical no se tome para nada en cuenta las formas sonoras ni sus significaciones de manera absoluta. Cada lengua es un todo estructurado donde cada uno de sus elementos sólo puede ser estudiado por sus mutuas interrelaciones. No es posible concebir una forma lingüística, sin sus dos componentes integradores: la materia sonora y su intención de mensaje, de información, así como tampoco los usos que se hacen de ella ni sus posibles diseminaciones hechas por un componente interpretante. Las mínimas unidades lingüísticas (fonemas, morfemas, semas) no se utilizan aisladamente, sino en unidades mayores de comunicación denominadas discursos y textos, secuencias coherentes, cohesionadas, unitarias, adecuadas e intencionadas de enunciados que obligan a cada uno de los componentes a sistematizarse en planos: el plano de las materias sonoras, el plano de las intenciones de información, de mensaje y el plano de su manifestación, donde los dos planos anteriores se unen, se encuentran, se imbrican para construir el discurso o el texto para ser interpretado en su recepción por un oyente o un lector. En el discurso o en el texto queda plasmada la selección que un hablante o un escritor ha realizado de todas las opciones (paradigmas: códigos) cerradas y abiertas que la lengua le ofrece para efectuar la acción comunicativa a partir de sus propias leyes de combinación (sintagmática). Desde sus unidades mayores hasta las mínimas, quedan manifestadas funcionalmente en tales discursos o en tales textos: Párrafos, enunciados complejos (grupos oracionales: cláusula, período), enunciados mínimos (oraciones simples, frases). Reflexionar por tanto en la gramática de la lengua, y en sus demás componentes, fónico, semántico, gráfico, pragmático, no es un arte, sino una acción de carácter científico de gran peso teórico y meta-analítico. En cuanto al punto dos, la GRAMÁTICA no enseña a hablar. Si hay algo que un alumno, como ya lo advertimos al principio, trae como conocimiento bien aprendido a la escuela primaria e inclusive al jardín de niños, es su capacidad de dominar, en las estructuras de base, su lengua materna. El niño habla al escuchar constantemente lo que los adultos que lo rodean dicen. Crea en su génesis, su propia lengua y lenguajes, pero después, se amolda a la lengua materna y gradualmente intenta reproducir diversos enunciados que oye según el contexto sociocultural y va descubriendo cómo pueden combinarse de mil maneras las palabras. Percibe sincréticamente, pero poco a poco va discriminando los elementos del sistema lingüístico de modo intuitivo y de acuerdo con sus niveles de maduración cognoscitiva, afectivo-emocional y motriz, incrementado todo esto, por la potencia de las interactuaciones de los hablantes que lo rodean y la sociocultura de los registros que estos le muestren. Jamás hemos visto que un niño de dos años aprenda su lengua materna a través de definiciones y memorizaciones; de listas de palabras sueltas. Por lo que toca al punto tres, la gramática no enseña a escribir; es la práctica constante y funcional, moldeada por un entorno interactivo y sociocultural, así como cuando aprendió a hablar, como mejoran el niño, el adolescente y el joven, sus capacidades de redacción y hasta de creación literaria. Los libros colectivos que he dirigido como profesor en mis grupos de educandos así lo han demostrado. Ahora bien, es indudable que tal práctica debe ser controlada con observaciones sistémicas apoyadas en el mecanismo estructural, generativo y transformacional que toda lengua contiene, esto es, operaciones lingüísticas que ayuden a desmontar los elementos lingüísticos de sus estructuras y permitan descubrir reglas de selección, combinación, generación y transformación. Tales operaciones experimentadas en la práctica reflexiva de la lengua y en multitud de mis grupos escolares con éxito desde hace tiempo, son 1º Segmentación: corte de la cadena hablada o escrita para descubrir unidades. 2º Permutación: cambios entre los elementos evidentes de la cadena hablada o escrita. 3º Conmutación: cambio entre los elementos que aparecen en el habla o en lo escrito y sus correspondientes que se hallan latentes en el sistema de la lengua, como ocultos, y que de esa manera se actualizan. 4º Conexión: Aceptación que se da entre lo elementos lingüísticos al unirse. 5º Expansión: Aumento de elementos léxicos adecuados en la cadena hablada. 6º Reducción: Disminución de elementos léxicos adecuados en la cadena hablada. 7º Incrustación: Intercalación de elementos lingüísticos en una cadena hablada. 8º Recursividad: Repetición hasta lo infinito de una operación lingüística. 9º Elipsis: Eliminación de algún elemento lingüístico por presuposición o sobre entendimiento. 10º Transformación: Cambios que se dan al formular enunciados para que la transparencia del mensaje se refuerce o, en pos de lograr poeticidad, se opaque y permita connotaciones o diseminaciones. 11º Modelo Generador: Estructura descubierta que subyace a un enunciado, a un discurso o a un texto y que ayuda a producir nuevos enunciados, discursos y textos a partir de ella. Ya la retórica antigua hablaba de estas operaciones con los nombres de: -Supresión. -Adjunción. -Supresión-adjunción. -Permutación. Los retóricos del grupo belga “Mi” las han aplicado al estudio de la gramática que se da en un discurso o en un texto literario, gracias a los avances de la lingüística. En cuanto a lo correcto y a los doctos, podemos decir que hoy la moderna sociolingüística no destaca la corrección en el habla, sino el registro que los hablantes revelan al comunicarse. Se denomina registro a la variación lingüística de un grupo de hablantes que ayuda a comunicar información con precisión y rapidez entre aquellos que lo conocen y lo utilizan, pero que confunden a los que no forman parte del grupo. Un registro lingüístico mantiene la identidad de los hablantes de una comunidad y los diferencia de otras comunidades o del resto de la comunidad. Cada registro es adecuado al nivel sociocultural de los usuarios y revela, eso sí, alteraciones leves o profundas de las relaciones sistémicas de una lengua. Cuando esta variación es fuerte y va transformando un sistema lingüístico se van produciendo fragmentaciones que originan primero formas dialectales, luego dialectos y concluyen por convertirse en otro sistema lingüístico diferente al que fue su origen, por ejemplo, el latín se fragmentó en las denominadas lenguas romances como el español, el italiano, el francés, el rumano o el portugués. Lo que importa es dominar el mayor número de registros para lograr una comunicación eficaz de acuerdo con el contexto sociocultural en el que nos encontremos, pero no descuidar el registro sistémico o estándar de una lengua. Esto es, tomar conciencia de los fenómenos de variación lingüística que se van dando, pero siempre procurar el nivel cuidadoso o estándar que indica sin duda los rasgos culturales del hablante. Por eso, hay que saber gramática, en específico, y lingüística, en general.

LA EDUCACIÓN A TRAVÉS DEL ARTE