Didacticidades

Chapter 2

Chapter 21,745 wordsPublic domain (Wikisource)

La globalización de la enseñanza siempre ha causado polémicas discusiones en los medios educativos afincados en una concepción tradicionalista de la pedagogía. Muchos opinan que ya pasó su tiempo y otros aún insisten lo imposible de su realización, pues se carece de recursos para lograr éxito en esta modalidad de la “nueva” educación. Y si en los inicios del año 2000 hemos entrecomillado la palabra nueva, es porque la propuesta de aplicación de una práctica educativa más acorde con los intereses y necesidades tanto de los educandos como de la sociedad, tiene varios siglos de antecedentes; desde Quintiliano hasta Freinet, pasando por Comenio, Fröebel, Pestalozzi o Decroly, con lo cual, la novedad deviene encanecido propósito o el eterno descubrir del hilo negro de los recién llegados al poder educativo. Apoyándome en la famosa expresión del psicométrico francés Alfred Binet: “En psicología todo está dicho, sólo falta ser medido.”, me atrevo a decir que lo mismo acontece en pedagogía, donde todo está dicho, lo que sucede es que no se ha hecho. Por tanto, todavía a principios del siglo XXI apenas como que comienza a comprenderse la necesidad de su aplicación cotidiana en nuestras escuelas, desde el jardín de niños hasta el bachillerato, si es que en verdad se desea elevar la calidad de los aprendizajes del alumnado en las mismas, sobre cualquier tipo de interés económico o político. Lo importante es la grandeza humana que se siembre en nuestros educandos y ésta sólo puede ser entendida como el acrecentamiento cognitivo integral de los significados de la vida y del mundo; de la cultura y de la sociedad. No despedazada en inconexos rompecabezas. Esto es, lograr que fluyan los niños, los adolescentes y los jóvenes en un entorno de creatividad que los vaya haciendo conscientes de la importancia de la voluntad personal para el logro del perfeccionamiento social. El arte, la ciencia, la técnica, y por qué no, las actitudes filosóficas, al servicio de sus constructos intelectivos, sensibles y pragmáticos. Hoy, con las aportaciones de un Piaget, de un Vygotski o de un Bruner, o los antecedentes de un Ferriére o un Wallon, entre la pléyade de investigadores psicopedagógicos derivados de ellos, los postulados nucleares de la globalización de la enseñanza para un mejor aprendizaje han recuperado nueva fuerza, aunque en ocasiones sean otros nombres los que la designan. Algunos han criticado la idea de globalización didáctica porque su concepción rutinaria de la clase cotidiana, vista desde un magister dixit; discipulus credit, no alcanza a percibir relaciones entre los conocimientos, las habilidades, las capacidades, los valores, en fin, la vida real, y piensan que puede volverse caótico el proceso de enseñanza-aprendizaje. Creen que podría caerse en una dispersión tal, que impediría impartir los contenidos de un programa específico, de modo sistemático. No se detienen a pensar que los temarios obligatorios, siempre terminan por ser inútiles y para nada servirles al alumnado tanto en su realidad cotidiana como acaso en la futura, cuando se separan del mundo de experiencias y de significaciones del escolar, pues ¿quién puede predecir lo que cada alumno requiere y desea fervientemente saber? Las variaciones son múltiples y heterogéneas. El gusto de aprender se rompe en vocaciones. Por otro lado, cierto profesorado burocrático, quiere continuar centrándose en las asignaturas totales, como si nuestros estudiantes fueran a ser expertos en ellas y parecen no comprender que la escuela ha de ubicarse en las necesidades emergentes que brotan ante los distintos problemas que suelen enfrentar las nuevas generaciones en la vida común de la sociedad y en su propio crecimiento personal. Se argumenta también que se distrae demasiado al educando de un determinado interés específico y que con el desmesuramiento asociador que se fomenta, llega un instante en el cual ya no se sabe, o de dónde se partió o hacia dónde se va. Como todo puede redificarse con todo, sea semejante u opuesto, los vuelos que remontan al alumno llegan a hacerse inasibles y difíciles de aterrizar, según comodinas opiniones. Otros, por lo contrario, afirman que las técnicas globalizadoras son las adecuadas, porque con ellas, los conceptos, los hábitos, las actitudes, los procedimientos, las estrategias, etc., se adquieren con mayor naturalidad, funcionalidad y hasta facilidad y son retenidos por los educandos en forma perenne, porque los aprendizajes encuentran significación para el alumnado al ser obtenidos en situaciones comunicativas reales y se vuelven constructos mentales estructurados por variados esquemas que afloran en potencia sígnica o de lenguaje, pues sólo así el pensamiento adquiere su cauce expresivo. La escuela, por lo antes expresado, no debe dedicarse ya a la exclusiva información, en épocas donde la internet lo sabe todo y los datos crecen aterradoramente. Los sistemas educativos, hoy, se encuentran transformando su función y se proponen incrementar las inteligencias múltiples del ser humano para que aprendan a aprender y sean capaces de seleccionar en la libertad de sus requerimientos y gustos, lo que una situación de índole problemática plantea. Es decir, aprendan también a pensar y a argumentar. Subrayan, por consecuencia, que con las experiencias directas e indirectas logradas en tal acción psicodidáctica, logran un aprendizaje reflexivo, dinámico, unitario y nunca espurio, pues debido a su gran potencial significativo, las redes conceptuales se afianzan en la mente de los escolares irradiando actitudes y habilidades adecuadas y dispuestas a aplicarse. Lo que se aprende arranca de un universo vivencial que siempre tendrá sentido para el estudiantado. Una clase que se apoya en la actuación, en lo teatral, en la expresión corporal, en la canción, en la lírica popular, en los juegos de palabras, en “jingles”, en carteles, en cómics, en videos, en la exploración de la internet y otras estrategias más, demuestra más permanencia en la mente del alumnado que una clase simplemente expositiva, aunque sea muy brillante y erudita. El que aprende más es el catedrático repasando sus saberes y modelando sus nuevas conclusiones y hallazgos. En cambio, si esto lo realizan los educandos… Sin embargo, como bien lo advertía el Infante Don Juan Manuel, escritor español del siglo XIV en su famoso libro de cuentos El libro de los ejemplos del Conde Lucanor, “quien aprender no quiere, no hay maestro que le enseñe.”, a lo cual suelo agregar la sabiduría pedagógica popular de “y quien quiere aprender, aprende con maestro, sin maestro y a pesar del maestro.” El motor de la voluntad siempre ha de encontrarse considerado en cualquier técnica globalizadora que permita la aproximación significativa al conocimiento. No obstante, hay que reconocer equilibradamente que la globalización de la enseñanza, como todo lo humano, tiene sus ventajas y sus inconvenientes, aunque en verdad éstos sean tan reducidos que no hacen mella alguna en quienes aprenden con tal metodología. Por otro lado, ¿quién ha sido capaz de retener toda la información que durante sus estudios básicos le fue proporcionada desde arriba y casi siempre por imposición de un currículo dixit? En el transcurso de este ensayo haré una exposición de virtudes y de fallas posibles de la globalización didáctica, con el propósito de dar a conocer los diferentes puntos de vista a los cuales la técnica aludida se sujeta. Mas por si acaso, esto no bastara, útil será recordar para los aún incrédulos rutinarios, que la globalización de la enseñanza ha sido experimentada en diversos lugares del mundo con gran éxito y se basa en principios psicológicos, pedagógicos y sociales. Psicológicos, porque atiende a las necesidades, intereses, rasgos personales y características evolutivas de los individuos y sus inteligencias, además de fomentar la activación global u holística, también suele decirse integral, de los hemisferios cerebrales, tan descuidada por la escuela tradicionalista. Pedagógicos, porque toma en cuenta los requisitos fundamentales tanto para una enseñanza guiadora como para el logro de aprendizajes dinámicos y creativos. Sociales porque la estructura de la organización humana exige respuestas unitarias a situaciones problemáticas unitarias. De nada sirve resolver algo de un todo, si el conjunto no se mejora. Un escolar puede saber la fórmula del agua, pero no cómo cuidarla y aprovecharla en bien del grupo humano donde conviva Con los fundamentos mencionados a grandes rasgos, la globalización didáctica cumple con el fin primordial e imperecedero de la educación: lograr la auto integración humanística del educando con el propósito de ubicarlo responsablemente en el medio donde vive para que perfeccionando su persona, contribuya a perfeccionar la comunidad, gracias al desenvolvimiento armónico, coherente, solidario, holístico, de su personalidad. La aplicación de una técnica globalizadora en prácticas sociales determinadas, como más tarde se explicará, debe acomodarse a los alumnos de tal manera que atienda a los intereses y necesidades de los mismos; esto es, a su mundo de significaciones. Da estupendos resultados en los niños pequeños, o sea, desde el comienzo de la segunda infancia hasta los nueve o diez años inclusive. Con esto no se quiere afirmar que en los años superiores de la escuela, secundaria o bachillerato, sea inútil e infructuoso aplicarla, sino que, más que globalizar, hay que lograr que los educandos establezcan las correlaciones semánticas y lógicas adecuadas a los contenidos por aprender, y sin forzarlas, embonarlas a la dialéctica de su mundo para encuadrarlas acertadamente con las características mentales, psicológicas, de los ya casi adolescentes de quinto y sexto grado o los plenamente en su adolescencia de la enseñanza media tanto básica como superior. La globalización didáctica asumida con la espontaneidad de lo cotidiano contribuye a que el alumnado acreciente sus afanes de saber, fomente sus deseos de investigar y haga crecer sus capacidades de pensar y comunicarse ante las interacciones que realiza con sus compañeros y compañeras de grupo. El crecimiento en su voluntad de aprender es algo muy observable en su aplicación. Al globalizar la enseñanza por medio de prácticas sociales que construyan objetos lenguaje de uso cotidiano y funcional, se arranca del mundo de significaciones del alumnado para ir embonando las temáticas programadas por el currículo escolar en el momento en el cual lo vayan requiriendo los propios educandos de acuerdo con sus necesidades e intereses en desarrollo. También al globalizar se incrementa la potencialización de la madurez estudiantil en pos de superar las distintas zonas de sus avances cognitivos, afectivo-emocionales y físicos. Saber mediar en la evolución individual, social y cultural es pauta fundamental de la globalización didáctica a partir de prácticas creativas. A través de ella, como les consta a muchos maestros y maestras que la aplican en la clase diaria, el estudiantado parece descubrir que la escuela puede ser muy atractiva por todo lo que gustosamente se logra hacer.

PARA REFLEXIONAR SOBRE LA LENGUA