Part 1
TRATADO DE LIBRE COMERCIO DE AMERICA DEL NORTE Y DE LOS ACUERDOS DE COOPERACION AMBIENTAL Y LABORAL DE AMERICA DEL NORTE
(Dictamen de primera lectura)
-El C. Secretario Soberanis Nogueda: (Leyendo)
"COMISIONES UNIDAS DE COMERCIO Y FOMENTO INDUSTRIAL, DE RELACIONES EXTERIORES, DE HACIENDA, DE DESARROLLO ECONOMICO Y SOCIAL, DE PLANEACION DEMOCRATICA DE DESARROLLO, DE PUNTOS CONSTITUCIONALES DE ASENTAMIENTOS HUMANOS Y ECOLOGIA, Y DEL SECTOR SOCIAL DEL TRABAJO
H. ASAMBLEA:
Con fecha 17 de diciembre de 1992, se turnó de las Comisiones Unidas que suscriben el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, suscrito en las ciudades de México, Ottawa y Washington, D.C. el día 17 de diciembre de 1992 entre los Gobiernos de México, los Estados Unidos de América y Canadá. Posteriormente, por conducto de la Comisión Permanente, con fecha 15 de septiembre de 1993, se turnaron a las Comisiones Unidas de referencia y a las Comisiones de Asentamientos Humanos y Ecología y del Sector Social del Trabajo, respectivamente, los Acuerdo de Cooperación Ambiental y laboral de América del Norte, suscritos en México, Ottawa y Washington, D.C. el 14 de septiembre del presente año por los Gobiernos de México, los Estados Unidos de América y Canadá.
Con fundamento en lo que disponen los Artículos 86, 87, 97, 102 y demás aplicables de la Ley Orgánica del Congreso General de los Estados Unidos Mexicanos, así como los correspondientes Artículos 65, 87, 88, 90 y demás relativos aplicables del Reglamento para su Gobierno Interior, nos permitimos someter a la consideración de los miembros de esta Asamblea el presente dictamen.
FUNDAMENTO CONSTITUCIONAL
El Presidente de la República ha celebrado el Tratado de Libre Comercio del Norte que aquí se dictamina, con base en lo dispuesto por le Artículo 89 fracción X de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, ordenamiento que le concede la facultad de dirigir la política exterior y celebrar tratados internacionales, siempre que los someta a la aprobación de esta Soberanía.
Por su parte, el Senado de la República, con fundamento en el Artículo 76, fracción I de la misma Constitución Federal, está investido de la Competencia necesaria para aprobar o rechazar los tratados internacionales y convenciones diplomáticas que celebre el Ejecutivo de la Unión.
Del análisis y meticuloso estudio que este órgano colegiado ha llevado a cabo, se desprende que el Tratado sometido a su consideración cumple con los lineamientos constitucionales en materia de autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de las controversias, la prescripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales, la igualdad jurídica de los Estados y la cooperación internacional par el desarrollo.
En el marco de los principios antes señalados, el contenido del Tratado se adecua a los preceptos constitucionales que otorgan a la nación y al Estado mexicano el dominio inalienable e imprescriptible sobre sus recursos naturales fundamentales. Quedan también salvaguardadas otras actividades que nuestra Constitución reserva al Estado y a los mexicanos, de acuerdo con los Artículos 27, 28 y 32 de la Carta Magna.
En relación con lo anterior, también se reafirma la disposición constitucional que faculta al Estado para contar con los organismos y empresas que requiera el eficaz manejo de las áreas estratégicas a su cargo, y para realizar las actividades de carácter prioritario donde, de acuerdo con las leyes, participe por sí o con los sectores social y privado.
El Tratado se ajusta al principio de legalidad que establece el artículo 16 de la Constitución, en virtud de que sus 22 capítulos y anexos se apegan a las normas nacionales e internacionales aplicables. Se respeta igualmente la disposición constitucional establecida en el Artículo 27, fracción I, referente a la obligación que contraen los extranjeros de considerarse como nacionales con respecto a la adquisición de ciertos bienes y de no invocar para ellos la protección de sus gobiernos; lo anterior, en virtud de que para solucionar controversias se definen mecanismos sustentados en diversas formas procesales ampliamente aceptadas y reconocidas en el derecho internacional público y privado, y de que se respeta la competencia de los tribunales nacionales de acuerdo con lo establecido en le Artículo 104 de la Constitución.
El derecho que el Artículo 17 constitucional consagra en beneficio de todas las personas, referente ,al acceso pronto y expedito a la justicia, queda garantizado al determinarse que las partes establecerán y mantendrán los tribunales y procedimientos que sean adecuados para revisar y corregir en forma expedita los diversos actos jurídicos, lo que redundará en beneficio de la certeza legal en la operación del Tratado y, por lo tanto, en el de las relacione comerciales sustentadas sobre bases jurídicas firmes y ciertas.
Las distintas áreas de la actividad económica y del intercambio comercial comprendidos en el Tratado encuentran correspondencia con los preceptos constitucionales que les son aplicables.
La negociación del instrumento jurídico sometido al Senado de la República se fundamentó también en la Ley sobre la Celebración de Tratados. Para los efectos de este dictamen, el concepto de tratado se entiende de acuerdo con lo definido por el Artículo 2, fracción I, de la mencionada Ley, es decir, como "el convenio regido por el derecho internacional público, celebrado por escrito entre el gobierno de los Estados Unidos Mexicanos y uno o varios sujetos de derecho internacional público".
También en el ámbito jurídico internacional, el Tratado se adecua a las disposiciones aplicables de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados. Esta Convención define los tratados como "el acuerdo internacional celebrado por escrito entre Estados y regido por el derecho internacional, ya conste en un instrumento único o en dos o más instrumentos conexos y cualquiera que sea su denominación particular". En virtud de los anterior, se considera que existe plena correspondencia entre el concepto del tratado utilizado por el derecho constitucional mexicano y la mencionada Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados.
La celebración del Tratado se adecua al Artículo 25 constitucional que otorga al Estado la rectoría del desarrollo nacional para garantizar que éste sea integral, que fortalezca la soberanía nacional y que, mediante el fomento del crecimiento económico y el empleo, y una más justa distribución de los ingresos y la riqueza, permita el ejercicio pleno de la libertad y la dignidad de los individuos, grupos y clases sociales, cuya seguridad protege la Constitución de la República. asimismo , los contenidos del Tratado se ajustan al principio constitucional que dispone que al desarrollo económico de la nación concurrirán el sector público, el sector social y el sector privado, sin menoscabo de otras formas de actividad económica que contribuyan al desarrollo nacional.
En virtud de los puntos anteriores y con fundamento en el Artículo 76, fracción I de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, las comisiones hemos encontrado fundamento constitucional para llevar a cabo el análisis respectivo del texto y alcances del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
FUNDAMENTO ECONOMICO Y SOCIAL
1. CAMBIO Y TRASICIÓN DE LA ECONOMIA INTERNACIONAL
El fin del sigo XX presencia cambios profundos en la configuración de la estructura económica del mundo. La liberalización económica y política de los antiguos países socialistas de la Europa Oriental, la desaparición de la Unión Soviética y el corolario político y estratégico de estos procesos, es decir el fin de la Guerra Fría, ha modificado en gran medida el equilibrio de poder que se instauró en el planeta después de la Segunda Guerra Mundial.
Uno de los dos polos que integraban el orden de la posguerra, el socialista, se desmoronó virtualmente al tiempo que los países de la alianza occidental experimentaban cambios no menos significativos en sus relaciones de fuerza dentro de los terrenos económicos, financiero, comercial y tecnológico.
La reestructuración de las relaciones económicas de poder ente los grandes países industrializados, que empezó en al década de los setenta y se acentuó en el transcurso del decenio que seguía modificó radicalmente el panorama económico internacional. La Europa Occidental y el Japón emergieron como nuevas fuentes de poder capaces de alternar con Estados Unidos, y disputar su antigua preeminencia, mientras que, en el llamado mundo en desarrollo, la consolidación de ciertos modelos de crecimiento en algunos países muy dinámicos produjo una notable diferenciación en materia de desarrollo y capacidad de competir en los mercados mundiales.
El orden internacional se precipitó entonces en un proceso de cambio y las nuevs estructuras han adoptado frecuentemente el carácter de una mera transición. La división tradicional entre el norte y el sur, y el este y el oeste dejó de ser operativa y no alcanzó ya a describir las nuevas realidades internacionales. Lograr que se consolide un orden multilateral más justo que sustituya el de la posguerra, aunque se ha revelado como tarea difícil, compleja y sujeta a muchos azares, representa un designio que ha empezado a producir enfoques nuevos con respecto a los grandes temas de la economía y la política en general, y ha dado también lugar a que se extiendan considerablemente y se profundicen los contactos y acercamientos económicos entre países y regiones. Si bien este proceso se registra prácticamente en todo el mundo, en le continente americano ha tenido un avances significativo gracias a que los esquemas políticos y económicos de apertura se han generalizado aquí. Del norte al sur del continente, casi todas las naciones americanas han impreso un vigor nuevo a iniciativas, negociaciones y proceso comerciales y de complementación económica destinados precisamente a incrementar la capacidad de respuesta de cada país ante la fracturación del orden internacional de la posguerra.
2. REFORMA ECONOMICA Y REINSERCION INTERNACIONAL DE MEXICO
De cara a las transformaciones del entorno internacional, México ha impulsado una profunda reestructuración de su economía con la doble finalidad de utilizar en forma óptima sus recursos productivos y participar más activa y eficientemente en la competencia internacional. El objetivo de la reforma económica mexicana a dar lugar a que, sobre bases firmes y que se sostengan en el plazo largo, mejore cada vez más el bienestar de la gente. La crisis económica nacional y general, junto con el hecho de que el modelo de crecimiento hacia adentro dejó de resultar viable, amenazaron peligrosamente ese objetivo.
Las reformas económicas buscan imbuir en la economía mexicana un nuevo dinamismo, así como volverla más flexible para que el comportamiento de los agentes económicos (las empresas, los trabajadores y los inversionistas) pueda adaptarse más rápida y fácilmente a las condiciones cambiantes del mercado. De esta manera, la reforma consiste en: I) reestructurar ampliamente el Estado y las finanzas públicas; II) modernizar y liberalizar el sistema financiero; III) instaurar reglas económicas modernas para promover la producción y la competitividad; IV) adecuar y modernizar la legislación industrial y agraria, a fin de propiciar la reconversión productiva y facilitar que los sectores manufacturero y agropecuario se capitalicen, y V) practicar la apertura económica y favorecer el comercio exterior. Esta reforma ha hecho que nuestro país pase de una estructura de protección amplia y generalizada a otra caracterizada por una protección menor y más transparente, que ha permitido la intensificación de los flujos comerciales tanto de importación como de exportación.
Tales modificaciones de la política económica, junto con otras medidas importantes en materia de inversión y para eliminar subsidios, descentralizar, modernizar la educación y reformar la administración pública, expresan el sentido de la reforma estructural; lo que se busca y debe buscarse es, en todos los casos, que México se inserte en al economía internacional de un modo tal y con tal competitividad que, al cabo de un lapso lo más breve que se pueda, la mayoría de los mexicanos vean aumentar el bienestar de sus familias, y conserven y acrecienten ese bienestar.
En el contexto de este amplio proceso de reforma y modernización económica se inscribe el interés mexicano por negociar con el Canadá y Estados Unidos el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Para competir en el cambiante panorama económico internacional de este fin de siglo, es natural que México haya decidido asegurar, por medio de reglas explícitas y claras, su acceso al mercado externo, lo cual ha sido, históricamente, el designio crucial de su economía. Este objetivo es aún más pertinente si se considera que México, como resultado de su propia reforma y modernización, llevó a cabo por su cuenta y riesgo, en los años recientes, una apertura comercial generalizada. Así pues, en vista de la conformación y los avatares de la economía internacional de hoy en día, negociar le Tratado se convirtió en una opción estratégica para la economía mexicana. Tanto por nuestras propias condiciones económicas como por consideraciones relativas a los usos y formas que adopta ahora la competencia internacional, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte es un mecanismo que puede servir y obsequiar los dos grandes objetivos del desarrollo nacional: alcanzar una mayor eficiencia productiva y competitiva frente al resto del mundo y, en consecuencia, lograr que mejore constantemente y se consolide el bienestar para la población mexicana.
Los resultados de numerosos análisis que se han efectuado sobre la práctica, lo mismo que de estudios de pronósticos realizados por especialistas de las universidades, la industria y el gobierno, permiten esperar que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte produzca, en conjunto, efectos positivos para nuestro país, lo mismo que para las otras dos naciones contratantes e incluso para toda América.
Se estima que en efecto que, al entrar en operación este Tratado, aumentaría el comercio dentro de cada nación y entre los diversos países de Norteamérica, lo que favorecería que se abrieran más empleos remunerativos. Es de esperar que el Tratado permita también estimular y multiplicar la productividad y la capacidad de competencia, gracias a que se aprovecharía mejor el que las economías de México, Estados Unidos y el Canadá pueden complementarse para bien de todos. Este hecho permite además prever que la expansión comercial que se busca producir no daría lugar a que se desviaran ni se menoscabaran la importación y la exportación que nuestro país y toda la región realizan en la actualidad con otros mercados. En este sentido, puede adelantarse que el Tratado no entraña efectos nocivos sobre la economía internacional ni posibilidades de perjuicio económico contra otros países o regiones.
3. FUNDAMENTO ECONOMICO DEL TRATADO DE LIBRE COMERCIO DE AMERICA DEL NORTE
La reforma mexicana en pro del desarrollo requiere asegurar que funcionen los mecanismos con los que deben aumentar, de manera firme y sostenida, tanto la oferta de trabajos remunerativos como la capitalización del país y la modernización de la planta productiva. en las actuales circunstancias económicas internas y externas, para lograr esos objetivos es preciso cumplir con dos requisitos estrechamente relacionados: que se consolide, por una parte, la reforma económica y, por la otra, que se acreciente la competitividad internacional de nuestros productos y servicios.
Para la reforma económica marche con firmeza es necesario que la formación interna de capital crezca muy considerablemente, y ello aunque el mercado nacional todavía no éste en condiciones de atraer él solo todos los recursos financieros que una operación como ésa exige. México, como la mayoría de las naciones en este fin de siglo, está entonces obligado a competir por el capital que completamente nuestro esfuerzo de inversión (tales recursos de capital corresponderán, respectivamente y a grosso modo, a los que financian las operaciones de la industria y los servicios con peligro de sufrir fuertes menoscabos ante el embate de los competidores, y a los que financian, sin tanto riesgo, las instalaciones e instrumentos de que se sirven la industria y los servicios). En este sentido, con el Tratado de Libre Comercio se podrá captar una porción mayor del ahorro externo. Constituir e integrar un mercado abierto tan grande como lo puede ser el de la América del Norte, junto con sus perspectivas de expansión, representa un estímulo internacional suficientemente interesante como para que las empresas procuren hacerse un lugar en áreas bien delimitadas y en sectores específicos de la producción más amplios.
Si se consideran los tres países de la América del Norte, puede apreciarse que México cuenta con ventajas comparativas para captar y situar una porción importante de las inversiones nuevas. Su potencial de crecimiento es uno de los mayores en el áreas, la mano de obra es abundante, joven y productiva, es amplia y variada la posibilidad de integrar cadenas de producción, a todo lo cual se puede añadir que la situación económica estructural de nuestro país, producto de la reforma emprendida en los últimos años, inspira confianza.
La creciente capitalización interna de México imprimirá un ritmo más veloz a la innovación tecnológica en todo el sistema productivo. Entonces, con allegarnos las nuevas tecnologías y difundirlas, junto con los cambios de apertura que operamos en nuestras leyes y reglamentos, puede operarse que la modernización generalizada i integral de nuestro sistema económico tendrá buenas posibilidades de realizarse, y con los resultados de bienestar general que se buscan y le confieren razón de ser. En este ámbito, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte permite abrigar también expectativas favorables. Sus disposiciones en materia de propiedad intelectual, inversiones y comercio transfronterizo de servicios pueden promover la transferencia de técnicas productivas y de organización que, implantadas en México, actualizarán nuestra economía.
Consolidar la reforma económica y la modernización productiva es condición necesaria para que las empresas y los trabajadores mexicanos aprovechen la escala de operación tan amplia que el Tratado ofrece. Esta dimensión: no sólo supondría un aumento de la demanda potencial (factor ya de suyo muy importante), sino también numerosas opciones para ofrecer y abastecerse de materias primas, productos semielaborados, servicios intermedios, financiamiento, tecnología, etcétera, además de la oportunidad de aprovechar que las economías de los tres países signatarios del Tratado pueden complementarse en terrenos diversos y de variadas maneras. La nueva capacidad de competencia que nuestro país ha empezado a proyectar en la economía internacional es producto de las reformas estructurales realizadas con el concurso y el esfuerzo de los mexicanos.
Para dar solidez a esa personalidad novedosa, necesitamos utilizar lo mejor posible nuestros recursos productivos e invitar convincentemente a que se desarrollen entre nosotros proyectos de inversión de plazo largo. La eliminación total, para productos originarios de América del Norte, de aranceles, así como de aquellas restricciones no arancelarias no expresamente permitidas por el GATT -por no ser necesarias para alcanzar objetivos tales como la protección de la salud humana, animal o vegetal, la protección de los tesoros culturales, al seguridad nacional o la moral- genera certidumbre entre los agentes económicos nacionales, regionales e internacionales. En un entorno general caracterizado por la inestabilidad, y por comportamientos veleidosos, esa certidumbre reviste una importancia muy considerable. Visto que el Tratado haría mejorar las expectativas económicas, llevarlo a la práctica haría más rápida la reasignación de recursos hacia actividades muy competitivas en las que México podrá aprovechar- con eficiencia y productividad- sus ventajas relativas.
4. EL TRATADO Y EL DESARROLLO NACIONAL
El que México participara en una zona de comercio libre con Estados Unidos y el Canadá vendría a representar un paso complementario respecto de la apertura comercial que nuestro país ha realizado en los últimos años, a más de ser congruente con la modernización económica de la nación. Por medio del Tratado se busca aprovechar óptimamente nuestras capacidades y recursos productivos, a la vez que incrementar en mucho la formación interna de capital, fomentando la inversión nacional y extranjera, la formación de alianzas estratégicas y la transferencia de las tecnologías más avanzadas.
De especial importancia para el bienestar económico y social de la nación es la posibilidad de acceder, gracias al Tratado, a las innovaciones que ha producido la actual revolución tecnológica, con la repercusión que ello tendría en nuestra manera de organizarnos y en los modelos con que producimos, todo lo cual podría modernizarse y volverse más eficiente. Dotadas de los beneficios de la capitalización y la tecnificación avanzada, junto con la capacitación nueva que de allí se desprendería, las empresas mexicanas competirán con perspectivas halagüeñas en los mercados de exportación y, con ello, se volvería más amplia y variada la red de las relaciones que México mantiene con el resto del planeta.
En un mundo tan interdependiente y competitivo como al que vivimos en los albores del siglo XXI, concertar un tratado de las características y alcances del que aquí se dictamina representaría un avance en la elaboración y la práctica de soluciones duraderas para los grandes problemas del desarrollo, especialmente en cuanto a la necesidad de abrir numerosos empleos nuevos y bien remunerados en nuestro país, y brindar extensivamente la capacitación más calificada.
Pero el comercio libre con Estados Unidos y el Canadá no asegura por sí mismo que se resuelva ninguno de esos problemas. El bienestar de un país no depende directamente del comercio internacional, sino del trabajo y la capacidad de organización de sus habitantes. Los beneficios que se esperan del Tratado no provendrían únicamente de las normas y reglas que los tres países signatarios hubieran negociado. Estos beneficios sólo podrán deberse, fundamentalmente, a la disciplina económica y financiarse, a la dirección y firmeza del cambio estructural y a la tenacidad y el esfuerzo productivo de los mexicanos, todo ello sin imponer mayores sacrificios a quienes menos tienen.
En este sentido, el Tratado constituirá una de las formas con que -al modificarse la relación del Estado con el mercado y suprimirse el proteccionismo, los controles rígidos, y racionalizarase los subsidios- nuestra sociedad llevaría adelante la política de romper los embudos que han obstaculizado el crecimiento. Ampliar la actividad económica, abrir mayores espacios para el desarrollo individual y colectivo y perfeccionar la democracia permitirá satisfacer las demandas de justicia de los diversos grupos sociales que integran la nación, y en esa tarea puede ayudar mucho -bien que sin representar un factor indispensable- el propio Tratado.