Diario del viaje al rio Bermejo
Part 2
De esta empresa pende en gran parte el porvenir de estas provincias. El primer buque que descargue á la vista de las serranias de Centa, producirá un cambio total en las relaciones mercantiles de esta parte del globo. La facilidad de extraer del corazon del Perú los ricos productos que abriga, fecundizará muchos gérmenes de prosperidad, desatendidos ó ignorados; la civilizacion se difundirá con la industria, y una y otra mejorarán la suerte de tantos pueblos sumidos aun en su primitiva barbarie. El aislamiento en que yacen es un obstáculo insuperable á sus progresos. Los Abipoues, los Tobas, los Chiriguanos, los Juracares, vagan ahora, como vagaban en los primeros años de la conquista, por los hermosos campos que se desplegan desde las orillas del Paraná, hasta las fuentes del Mamoré y del Guapay. Insensibles á los encantos de la naturaleza, se arrastran tristemente por aquellas soledades, que solo aguardan la mano del hombre inteligente para convertirse en una mansion deliciosa.
Cuando esto suceda, se preguntará, ¿Quien fué el audaz argonauta que surcó primero las aguas del Bermejo? ¿Qué fruto recogió de sus trabajos? y ¿dónde está el monumento que se levantó á su memoria...?
Hemos interrogado á varios contemporaneos del P. Morillo, y todos los datos que nos ha sido posible adquirir acerca de su persona se reducen á los siguientes.
Nació en el reino de Andalucia, y vistió temprano el hábito de los Recoletos. Movido del deseo de emplearse en la conversion de los infieles, pasó á América, donde llegó á ser prelado de su órden en la provincia de Salta. La parte que tomó en la expedicion del Coronel Cornejo aparece en su diario, y por mas fundadas que sean las quejas de este gefe, no bastan á arrebatarle la gloria de un importante descubrimiento.
La enemistad de un rival poderoso le obligó á separarse de sus hermanos de Salta, y fue á buscar un asilo á Montevideo, donde acabó su vida en el claustro al rayar de la presente centuria.
Si algun pensamiento mundano se mezcló á las últimas efusiones de su corazon religioso, el recuerdo de la navegacion del Bermejo debió llenarlo de esperanzas, y arrancarle el grito consolador de
_Non omnis moriar_............
=PEDRO DE ANGELES.=
_Buenos Aires, Julio de 1838._
DIARIO DE MORILLO.
El año del Señor de 1780 de la era vulgar, salí con el capitan subalterno, D. Adrian Cornejo, del nuevo astillero del Rio de Ledesma, distante de la ciudad de Salta 38 leguas, y de la de Jujuy 26, en compañia de 20 individuos, que era el número de esta fluvial tripulacion: en un barco de ocho varas de quilla y dos canoas; siendo nuestra derrota hasta la ciudad de Corrientes, descubriendo este camino hasta hoy no descubierto. Dicha expedicion era á costo; y costas del referido Cornejo, por haberlo así prometido al Soberano, salvo á mi su Capellan, que venia sin pré alguno.
Salimos, pues, del astillero citado, á medio acabar el barco, y caminando por dicho Rio de Ledesma, por espacio de treinta dias, avanzamos tan solo tres leguas de camino por lo pobre de sus aguas, é igual pobreza de peones.
El 4 de Setiembre llegamos al Rio de Jujuy, cuyo curso gira de S. á N, en el que se incorpora dicho Rio de Ledesma: siendo su nacimiento de una sierra así llamada, á la parte del poniente; y á sus márgenes á la parte del S, distante dos leguas, se halla una reduccion llamada _San Ignacio de Tobas_, á cargo de los religiosos de mi orden; y un presidio llamado _San Bernardo_: y á la parte del N, en distancia de una legua, se halla el Fuerte de Nuestra Señora del Rosario de Ledesma, construidos uno y otro en la jurisdiccion de Jujuy.
Caminando á las 6 leguas, llegamos á las juntas del Rio de Ocloyas, habiendo caminado tres dias para avanzar dichas 6 leguas; y el dia 7 de Setiembre llegó Cornejo á dichas juntas. A la sazon me hallaba yo en este sitio á la expectativa de dicha embarcacion, y al cuidado de los víveres que aquí estaban: y el mismo dia de su arrivo se bendigeron por mí el barco y canoas: y cargando los mantenimientos, avisó el práctico Guzman, de nacion paraguayo, ser cortos, y el camino dilatado: á lo que respondió el capitan Comandante, _que en la entrada que habia hecho Pizarro su gente se habia mantenido con perros: que en Lacangayé le proveeria el Comandante General Arias_.
Este Rio de Ocloyas es de mas aguas que el de Ledesma: debe su origen al famoso Cerro de Calilegua, que está á la parte del poniente, y su curso va al naciente.
El 8 de Setiembre, á la una de la tarde, salimos de la incorporacion de este rio con el de Jujuy; y navegando por este, al cuarto de legua se encalló el barco, y fué preciso sacar la carga y parar hasta el siguiente dia.
El 9, como á las once del dia, se puso el barco en franquia, y caminando aquel dia y tres mas.
El 13 llegamos á las juntas del Rio de Sora, observando en nuestro Rio de Jujuy continuas vueltas de poniente á oriente; y en sus riberas sauzales y cejas de montes de pacaráes, cedros, lapachos, &a. Este Rio de Sora se hace famoso por sus aguas; son gustosas y saluberrimas, á mas de ser tan delgadas y esquilmadas. Nace este, como el antecedente, del Cerro de Calilegua, y dista ocho leguas de las antecedentes juntas, las que caminamos en cinco dias. Aquí paramos hasta el dia 16, y en este parage se calafateó parte del barco, y se le puso techo de palos de sauces y cueros. Dista el Rio de Sora del de Ocloyas, por tierra, 4 leguas. Tiene el Rio de Sora su ingreso al oriente en el de Jujuy.
El 17, como á las once del dia, salimos de las juntas de Sora, y caminando este con cinco dias mas, y encontrando dilatadas playas el 23, llegamos al rio que llaman _de las Piedras_: habiendo observado en estas márgenes pasadas los mismos cañaverales, sauzales y montes, que antes se han notado en los demas rios, y á sus riberas mucha palizada, que arrebata en tiempo de sus crecientes, distando estas juntas de las pasadas 13 leguas. Hasta aquí ha tenido de sonda el Rio de Jujuy, (que es el de nuestra navegacion) media vara de agua, siendo sus playas continuadas. Debe este Rio de las Piedras sus caudales al citado Cerro de Calilegua: dista del de Sora 7 leguas por tierra.
El 24 salimos de estas juntas de nuestro rio. El 27 llegamos al Rio Seco: no tributa este anuales pechos al de Jujuy, porque siendo sus arenales excesivos por donde pasa, convierte sus aguas en propia substancia, dando mérito á llamarle _Seco_, pues solo pecha en tiempo de crecientes; debiendo su origen al ya citado Cerro de Calilegua. Dista este rio 9 leguas por agua del de las Piedras, y cinco por tierra. A la entra de este rio con el de Jujuy, á la parte del poniente, observamos una barranca de tierra gredosa y colorada, de altura de 16 varas, y de longitud de media cuadra. En las márgenes de nuestro rio se hallan famosas cejas de montes de todas maderas: continúan sus playas, y la sonda de estas poco mas de media vara.
El 27, saliendo de esta jornada, y siguiendo nuestro rio, el dos de Octubre llegamos al rio que llaman _Colorado_. Debe este su ser al expresado Cerro de Calilegua, y al tributar este aguas al de Jujuy, forma una grande laguna al lado del poniente. Tiene á sus riberas gran copia de maderas que arrebata el rio en sus crecientes: es este rio muy pantanoso, y con dificultad lo pasan á caballo en sus pasos. Su sonda en la entrada tiene poco mas de cuarta de agua, y esta es encarnada como sangre: dista esta junta de la antecedente 8 leguas por agua, y por tierra 5.
En estas juntas paramos dia 3 y 4, sin haber podido aventurar mas camino que dos cuadras, pues la sonda de sus playas no llegaba á cuarta de agua. Esta noche determinó el Capitan comandante, que fuese uno á reconocer la distancia que habia al Rio de Tarija, y las playas del nuestro de Jujuy; y ofreciéndome yo á esta empresa, y pidiéndole me diese alguna regalia para gratificar los indios que encontrase, respondiome: _no traia mas que pólvora y balas_. Y haciéndole presente ser preciso el cebo del regalo para sosegar á los indios, respondió: _que si los demas entraban en sus conquistas con regalos, él no_.
El 5, como á las ocho de la mañana, salí con el práctico Francisco Miguel Guzman, en una pequeña canoa, quedando en este lugar dicho Capitan comandante, con ánimo de caminar paulatinamente, y siguiendo aguas abajo el Rio de Jujuy: á las nueve de la noche llegué á las juntas del Rio de Tarija, con distancia de 12 leguas de donde dejé el barco.
El 6, habiendo reconocido las juntas de dichos rios, caminé dos leguas mas abajo, ya incorporados, reconociendo sus playas, y en estas tenian de sonda seis cuartas; y en los demas, de á cuatro y cinco varas. Regresé á buscar mi expedicion, rio arriba de Jujuy, y paramos entre unos sauzales á hacer noche.
El 7, á las cinco de la tarde, llegué á donde estaba el barco, que solo habia caminado una legua escasa. A mi llegada, con las nuevas favorables que dí de ser el rio navegable desde las juntas con el de Tarija, se hizo una salva. Dijo el práctico Guzman al Capitan que de allí en adelante, hasta llegar á las juntas del Rio Tarija, por causa de sus playas, gastaria cerca de un mes: que ya no habia mas que una petaca de bizcocho y otras dos menos de media, y de charque muy poco: que el camino era dilatado, que precisaba proveerse de comida, porque en adelante no habia esperanzas de hallar auxilios, y que le avisaba esto, porque era de su obligacion.
Impuesto de todo el Capitan comandante, con consejo de los demas, determinó mandar letra al capitan del real Presidio de Centa, D. Rafael Arias, para que le diese socorro. No sabimos de cierto donde caia dicho presidio; y haciéndome cargo de la presente necesidad, me ofrecí á practicar esta diligencia: y el dia 8, al romper el sol, salí en una canoita en compañia de dicho práctico y un muchacho llamado Quinteros. Tiré con estos rio abajo, buscando las juntas del Rio de Tarija, para que por él me pudiese conducir rio arriba á mi destino.
El 9 llegamos al Rio de Tarija como á las once del dia, y caminando rio arriba, observamos á su entrada tener á la parte del N una sierra alta. A la legua otra sierra al lado del S, una y otra montuosas; y por el medio de ellas corre este rio. Se registran á una y otra márgen cuantiosas maderas de nogales, laureles, cedros, quina-quina, pacaràes, lapachos, &a. La sonda de este dia, de á cinco cuartas en lo menos, y lo restante de tres varas, salvo una canal de á tres cuartas su sonda: aquí paramos en un recodo à la parte del S, habiendo caminado este dia 5 leguas.
El 10 salimos de este parage, y caminando hácia el poniente, dá el rio dilatadas vueltas de N á S, y á la parte de este le entra un rio llamado _Santa Cruz_, que debe su origen al dicho Cerro de Calilegua. Hállense en medio de este rio unas piedras pómez: divídese el rio en dos brazos, uno á la parte del S, y este tiene de dichas piedras; su sonda, de mas de dos varas, y otro á la parte del N, que fué por donde pasamos; su sonda tres cuartas de agua. Hállanse diferentes piedras en medio del rio, pero dan seguro paso. Al ponerse el sol paramos en una de estas piedras, junto á una barranca que está al lado del N: caminamos este dia 6 leguas. Su sonda, de mas de tres varas, salvo las dichas canales: tiene el rio barrancas altas y maderas de las ya dichas.
El 11 caminamos al salir el sol: reconocimos bojeaba el rio con mucha variedad, y tenia en sus márgenes barrancas tan eminentes que pasaban de treinta varias de altura; y á la legua encontramos una rápida canal que entraba por el N, y traia piedras menudas. Su sonda, de cuatro cuartas; y á la parte del S está una vistosa isleta, llena de árboles y laureles y otros árboles: tenia esta isleta como una legua de largo. Observamos ser tanta la copia de tigres este dia, que de cinco y de seis paseaban las riberas. Se encuentra en medio del rio una piedra pómez, de altura de dos varas, y de longitud doce, y de ancho dos y media varas; dividiendo el rio en dos brazos: el del S con menos agua, y el del N con tres varas de agua.
Caminabamos escasos de comida, por habersenos mojado la pólvora, que la caza era nuestro alimento; y sin saber como, de lo alto de una barranca cayó, al pasar, al rio una cierva, y atracando la canoa, la tomamos viva, sin mas lesion que estar desquijarada, quizá de la caida. Acordéme con este prodigio, de la promesa de mi Seráfico Patriarca, y le rendí las gracias con el _Te-Deum_ al Supremo Proveedor de todas las cosas. Paramos este dia à puestas del sol, al lado del S, junto á unas saucerias; y la sonda de este dia, salvo las canales, fué de mas de tres varas. Anduvimos 5 leguas.
El 12, al salir el sol, seguimos nuestra navegacion: á la legua encontramos una canal; la sonda de á vara. Hace aquí una vistosa isla de monte al S y N: aquí se divide el rio en dos brazos; el del S es de mas aguas. Observamos una barranca que mira al poniente, de desmedida altura; su cimiento de piedra pómez: aquí paramos. La sonda de tres varas; salvo las expresadas canales. Anduvimos este dia tres leguas, por haber parado á mediodia.
El 13 caminamos al salir el sol, y á poco paré, por haber enfermado, y me mantuve el 14.
El 15 caminé á las diez del dia: á la legua se halla una canal, con sonda de menos de vara: sigue una encumbrada barranca al lado del N, como de una legua. Hace una isla de famosa arboleda, de largo media legua: dá aquí el rio una vuelta al S de legua; vuelve al N, que es su giro. Hace el rio dos brazos, y en medio forma una isla de nogales; el del lado del N es de mas agua. Vuelve á la legua á dividirse en dos brazos; el del N de mas agua: su sonda dos varas; y lo demas de este dia, salvo la expresada canal, de á tres varas. Anduvimos este dia 4 leguas.
El 16, salimos al salir el sol: dá el rio vueltas de N á S, y al poniente á una y otra márgen hay elevadas barrancas con algunas cuevas, criaderos de tigres; y los hay con tal abundancia, que los veiamos de cinco y seis, pero sin hacer daño. A la parte del N vimos una indiada; vino uno de ellos á la canoa, y díjome ser chiriguano. Los demas con la novedad se quedaron admirados: diéronme paso. A la media legua se divide el rio en tres brazos: el del medio es de mas agua, pues tiene cinco cuartas: aquí hace una dilatada playa, y aquí finalizan las dos sierras de N á S. A la media legua, á puestas del sol, llegamos al Rio de Centa, que hasta este parage llaman _Grande_ al Rio de Tarija.
El Rio de Tarija corre del N: pasa por una elevada sierra, y es su curso muy despeñado hasta incorporarse al de Centa, que viene del poniente, á quien contribuyen sus aguas los rios de San Andres, San Ignacio é Iruya, cuyas vertientes vienen del Perú, y juntos componen el de Centa, así llamado: porque antes de llegar al frondoso Valle de Centa se llama de _San Andres_; y aquí pierde el nombre este, y toma el de Centa, en cuyas márgenes está construido un fuerte y reduccion de vistosa fabrica, que el año de 1779 hizo el Señor D. Andres Mestre, actual Gobernador y Capitan General de la provincia del Tucuman: tiene este fuerte 40 plazas. La reduccion es de indios Mataguayos y Orejones, que estan al cargo de religiosos de mi órden.
Y caminando rio arriba de Centa, sin saber donde estaba dicho fuerte y reduccion, á la media legua encontré una senda. Aquí atamos la canoa, y salí á pié con el práctico à reconocer terreno: á poco encontramos con un paso del rio y lo pasé desnudo; á poco encontramos con otro paso é hice lo mismo; y al otro paso me quedé á dormir esta noche.
El 17 al amanecer roguéle al práctico Guzman fuera á ver si encontraba dicho fuerte, y que me trajése caballo para conducirme, pues me hallaba algo enfermo. Salió en dicha solicitud, y á las ocho de la mañana trajéronme caballos dos partidarios, y á la legua de camino llegué á dicho fuerte, que dista de las juntas del Rio de Tarija con el de Centa dos leguas. Entregué á mi llegada á dicho capitan la carta de mi comision, y enterado de ella, dijo: que dicha carta contenia condujose seis reses vivas al mismo sitio donde estaba el barco; y no pudiendo verificar esta remesa, respondió en carta dicho capitan no podia ser por causa de los montes. Que en aquel fuerte daria las que necesitase, pues estaba pronto al socorro, como obra de servicio del Rey su Señor; pues conducirlas donde ordenaba no era posible.
Esta carta, con otra que yo escribí, remití á mi Capitan comandante, en la que le decia, que distaba su casa 50 leguas de este fuerte, que suspendiese el viage y se proveyese de manutenciones, que en doce dias le era fácil proveerse. Esta carta la entregué al práctico Guzman, y habiendo conchabado dos indios ladinos, acompañaron por tierra al dicho práctico, y por las señales que les dimos vinieron en conocimiento donde estaba el barco, y de su distancia, que serian 12 leguas. Salieron con las cartas á las diez del dia: aquella tarde extendíose un rumor entre los indios, que venian en el barco indios Tobas, sus contrarios: y armados unos 50 indios, fueron en alcance de dicho Guzman, al que no permitieron llegase al barco sin que primero ellos lo bombeasen, y registrasen qué gente venia en el barco: y habiendo visto no venian indios Tobas, lo condujeron al sitio del barco.
El 18 llegó dicho Guzman donde estaba el barco, y habiendo tirado un tiro antes de llegar, viendo el acompañamiento de indios, los soldados de la expedicion se asustaron, á caso por ser los primeros indios que habian visto. Entregó las cartas que llevaba; las leyó dicho Capitan comandante, y leidas dijo á dicho práctico, "caminemos, y mas que se quede el P. Capellan y la comitiva." A que respondió el práctico:--"yo no camino, á no dar providencias de comida; pues ya no tiene mas que petaca y media de bizcocho: que dejase el barco, que él se quedaria custodiándolo con dos peones, interin se proveia de todo lo necesario." Pasado tiempo escribió dos cartas, la una para el capitan de dicho fuerte, en que le pedia caballos y mulas para conducir al fuerte su gente y equipaje; y otra para mí, en que me suplicaba intercediese con dicho capitan para que con brevedad las despachase: estas dos cartas las trajo dicho práctico.
El 19 llegó al fuerte dicho práctico, y entregando la carta al capitan, sin aguardar mas oficios, despachó con dos partidarios y dicho práctico las cabalgaduras que le pedia: y con ellas, puesto en camino dicho Capitan comandante y algunos de los suyos, llegó al presidio el dia 21, y su equipaje el 24, donde se mantuvo hasta el 26.
Hablé á dicho Capitan comandante, animándole á la secuela de nuestro fluvial viage, haciéndole presente, qué dirian de nosotros en asunto de tanto honor. Que despachase á Salta por comestibles; que sentia hubiese arrojado el barco y canoa sin dejar custodia alguna, que nos mantuviesemos en aquel fuerte. A lo que me respondió con bastante enfado; _que él sabia lo que debia de hacer_: por lo que, no pudiéndolo persuadir, busqué caballo y me vine al Fuerte de Ledesma, que dista 30 leguas del de Centa.
El 29 llegó al Fuerte de Ledesma dicho Capitan comandante con sus hijos y el Asesor; y volviéndole á instar á la secuela de nuestro viage, y á hacerle cargo como habia dejado arrojado al práctico Guzman en el de Centa, y que habia fletado un caballo para venirse; que lo llamase, y se hiciese cargo que no encontraria otro práctico; que ¿como no dejaba quienes custodiasen el barco?--- Respondíome á esto, "que ya habia gastado bastante, y que no se le habia olvidado lo que habia de hacer." A lo que respondí, que tomaba el camino á descubrir el rio, y cumplir con las órdenes de capellan y licencia de mis prelados. Fúese este dia para su casa, y nos dejó allí á mí y al práctico.
Reflexionando hallarme con despachos del Superior Gobierno, con patentes de mis Prelados regulares, y que á costa de los reales erarios habia sido conducido de Europa à estas Américas el año de 1771, con el objeto de emplearme en la conversion de infieles; y que me hallaba _ex-lege_, sin asignacion conventual, resolví por estos motivos el caminar, aviarme de lo preciso y seguir la navegacion iniciada, con el fin de reconocer los indios y descubrir si el Rio Bermejo era navegable; para que descubiertas y conocidas las naciones de sus orillas, pudiesen entrar misioneros apostólicos á cultivar la copiosa mies de la viña del Señor, y otras utilidades que pudiesen resultar á favor del Rey, Nuestro Señor.
Ayudóme á esta resolucion el ver al práctico Guzman determinado á venir conmigo sin interes alguno, y al práctico D. Juan Nuñez con el estipendio de 80 pesos, y D. José Parrilla europeo, y mi pajecillo: y habiendo suplicado á unos amigos me habilitasen de avios y regalias para los indios, lo egecutaron con presteza, y haciéndome una remesa de seis cargas, clavos y herramientas para hacer una canoa, llegué al Fuerte de Centa, y sacando certificacion del desistimiento de dicho Capitan comandante, de los oficiales de dicho fuerte, llegué el 15 de Noviembre de 1780 al mismo sitio, donde habia dicho Cornejo dejado el barco con mi gente, cargas y cuatro arrieros, con el fin de trabajar mi canoa: cuando hallé la canoa que traia dicho Cornejo hacheada en un lado, y habiéndola compuesto, determiné caminar en esta. A las cuatro de la tarde seguí por el Rio de Jujuy, y á poco trecho me salieron como unos 100 Mataguayos de la reduccion de Centa, y dándoles unas regalias me despedí de ellos. Dá el rio vueltas de naciente á poniente, y sus orillas pobladas de sauces y montes: habiendo andado 7 leguas, paramos entre unos sauces al lado del poniente. En estas 7 leguas se forman diversas playas, y sus sendas algunas de dos cuartas: en una fué preciso descargar la canoa. Hallamos en una canal unas piedras, que son las únicas que tiene este rio, de media vara de alto; estas están al lado del naciente. Esta noche cayó una fuerte tormenta de agua y viento, y me llevé el sombrero que lo necesitaba: pero en recompensa díole al rio lo que le faltaba para darnos paso franco.
El 16 salimos al ser de dia, y encontramos tres playas; su senda de tres cuartas: dejábanse ver por una y otra orilla vistosas cejas de montes con famosas maderas. A la parte del naciente salíome una indiada de mas de 300 de toda chusma, de nacion Mataguaya, un ladino llamábase _Mariano_. Exortéles á que abrazasen la Fé de Jesu-Cristo, ponderándoles las ventajas que lograban, y los males de que salian: á que me respondió, queria reduccion en el parage llamado _Mayjol_, próximo de allí: díles buenas esperanzas, y regalándoles tabaco, cuchillos, gualcas y ropas, seguí mi camino.
A las ocho del dia llegué al Rio de Tarija, que por el poniente se incorpora con el de Jujuy, que viene del S. En estas juntas hace una anchurosa playa el rio, que al lado del S está poblada de sauces y cañaverales: al lado del N es monte alto: aquì se acaban los montes, y desde aquí se llama este rio el _Bermejo_, ó _Colorado_. Da el rio diversas vueltas de N á S: divisamos entre unos sauces, al lado del N, un indio á caballo, quien, para llamar los suyos, tocó una corneta: y como no viniesen, se desapareció de nuestra vista, por mas que lo llamamos. Hay á la parte del N una laguna grande. Anduvimos este dia por el Rio de Jujuy; 4 leguas, y por el Bermejo 7. Paramos á puestas del sol: la sonda de este dia por la playa, seis cuartas, y lo restante de tres y cuatro varas; á una y otra orilla todo es campo.