Diario del piloto de la Real Armada, D. Basilio Villarino, del reconocimiento, que hizo del Río Negro, en la costa oriental de Patagonia, el año de 1782

Part 8

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Como es tan fácil engañarse con las noticias de los indios, motivado de no entenderlos, ni ellos bien entenderme, no escribo aquí las noticias que me han dado hasta que pueda hallar lenguaráz, para por este medio escribirlas con mas verosimilitud ó certeza.

Navegué este dia al N corregido una milla de distancia, y se toldaron las embarcaciones por algunas gotas de agua que caen.

DIA 8.

A las 12½ de la noche vino el indio Jacinto con otro, y un hijo de Chulilaquin pidiendo aguardiente: esto causó bastante alboroto en el campamento, porque estando los indios á la parte del S del rio, y nosotros á la parte del N, no se pensaba en que viniesen, y mas habiéndoles avisado que de noche no se llegasen á nosotros: pero ellos que continuamente piensan siniestramente, pasaron procurando averiguar el método que llevamos para guardarnos. Pero á poco les sale cara la prueba, que á no venir el hijo de Chulilaquin, de seguro pierden la vida, pero les reñí, les quité la botija y los despaché sin aguardiente.

Al amanecer pasé el rio _Chulilaquin_ con veinte indios, y me pidió aguardiente, que le dí en la botija, y su muger me trajo unas cuantas manzanas, á quien regalé tabaco y algunas bujerias: luego se bebieron la botija de aguardiente y estuvieron importunísimos pidiendo mas, y asimismo pedian sombreros, bayetas y otras cosas, á cuyas pesadeses fué preciso armarme de toda paciencia y aguantar, porque tenia las embarcaciones paradas, y la gente cavando el rio para allanar paso para las chalupas. A mediodia pasé este penoso paso, y me fué preciso toldar por algunos chaparrones de agua que cayeron, y á este tiempo llegó María Lopez, y el hermano del capitan Chiquito. Esta me dijo que adonde ellos estaban que habrá 4 leguas de _Huechu-huechuen_, que las manzanas las traen del pié de la Cordillera en cargueros; que estos indios ni ella pueden dar razon de los cristianos que están de la otra parte del Cerro de la Imperial, por mediar entre aquellos pueblos y el _Huechu-huechum_ los indios Aucaces, enemigos acerrimos suyos: que tampoco estos indios iban á la laguna _Huechum_ por la misma razon, ni tampoco podian ir á los piñones, y solo sí se los comprában á algunos Aucaces, que se los traian á vender por pellejos, y otras cosas de que ellos carecian. Un indio me regaló unos 15 ó 16, que repartí entre las tripulaciones, que les cupo uno á cada tres individuos, y yo comí uno y guardé otro: son de bello gusto y mantenimiento, su tamaño es casi como el datil de Berberia, el gusto casi como los piñones de España: son blancos, la cáscara delgada, y si tuviese á esta hora abundancia de esta fruta, sin otros víveres pudiera seguir 4 meses mas el reconocimiento.[19] Otro indio trajo en una bolsita como 4 libras de dichos piñones, por los cuales queria dos frascos de aguardiente, y se volvió con ellos: dos indios, de los que vinieron con María Lopez, trajeron dos ovejas muertas de regalo, pero uno de ellos, porque no le dí sombrero, bujerias, yerba, tabaco y dos frascos de aguardiente, se la volvió á llevar; el otro la dejó por una botija de aguardiente, cuatro hilos de cuentas y una cuarta de yerba, la cual repartí entre la gente.

El parage adonde estuvieron establecidos los cristianos, dice María Lopez, que es á la orilla del Rio de la Encarnacion, dos jornadas aguas arriba desde su desague en el rio principal. Seguí á pasar otro paso de poca agua que está muy inmediato, en el cual estuve hasta las 8 de la noche, y me acampé á la parte del N. _Chulilaquin_ se fué, y algunos indios; María Lopez con otros se acampó á la del S.

Navegué este dia al NNO corregido un cuarto de legua de distancia, y con incesante trabajo.

DIA 9.

Amaneció lloviendo una lluvia blanda, de cuyo modo estuvo toda la noche: por este motivo se mantuvieron las embarcaciones toldadas. En este sitio bien de mañana vinieron los indios que estaban á la parte del S, entre ellos María Lopez: supe por ella que se hallaba aquí el cacique Francisco con su gente, y el desertor Miguel Benites, acompañados del cacique Miquiliña, y creo que de _Chulilaquin_ tambien. A mediodia llegó un indio ladino, el cual habiendo tenido noticia por la gente de Guchumpilqui de nuestra venida, habia ido rio abajo buscándonos: este trajo una oveja y unos piñones, le dí una botija de aguardiente, yerba y algunas frioleras mas. Me dijo que la laguna de _Huechum-lauquen_ distaba de aquí una jornada: que el Cerro de la Imperial quedaba á la parte del N de ella: que el _Huechu-huechuen_ era chico: que la tierra de los cristianos estaba cerca, pero que él no habia estado en la plaza; sí solo habia estado en una guardia, cuyo comandante se nombraba Manuel, pero que los Aucaces se hallaban poseyendo el intermedio de aquí á Valdivia, á los cuales compraban ellos pellejos de guanaco, trigo, maiz, habas, porotos, piñones y aun las manzanas, pero que llevando diez cristianos que le acompañasen, se determinaba á pasar la Cordillera para Valdivia: le dije que se informase bien de los Aucaces, y hallariamos en llegando á los toldos conocidos, chinas de las que seguian los toldos del cacique Francisco.

Se fué el indio á las 4 de la tarde, encargado en buscar otros que lo acompañasen á Valdivia, porque no distando aquella plaza mas que tres jornadas del sitio en que me hallo, intento despachar á ella chasque por ver si me auxilian con víveres y cabos, para proseguir el reconocimiento de todos estos rios, principalmente el del Diamante, y el de la Encarnacion: y en este es á donde hubo la poblacion de españoles, cuya capilla y casas desmoronadas se hallan á su orilla dos jornadas distantes á la confluencia de dicho rio, con el Desaguadero. Dicen estos indios que poco há estuvieron allí cristianos que vinieron con barcos chicos, pero que se les rompieron, y que se han vuelto: por esto dicen que aquel rio tiene comunicacion con la mar del S, lo que es moralmente imposible: y sí lo que me parece, (siendo cierto lo que los indios dicen) que de Valdivia, ó mas bien de Chiloé, se intentaria el reconocimiento de este rio, habiendo construido las embarcaciones de este lado de la Cordillera; y esto se hace fácil por las infinitas maderas de que abundan las cordilleras de Chiloé.

Asimismo dicen que es tierra fértil de mucha arboleda; que se crian batatas de extraordinario tamaño, y mucha manzana: y mas arriba que está el campo espeso de pinos y otros árboles. No me parecen apócrifas estas noticias, porque el marido de María Lopez se determina á llevarme á dicho sitio; pero quiere por la diligencia la paga que no tengo para darle. Anocheció lloviendo.

DIA 10.

Toda la noche se mantuvo lloviendo y tronando, y prosiguió la lluvia basto las 10 de la mañana, de modo que no fueron bastantes los toldos á que entrase considerable porcion de agua en las embarcaciones, que fué preciso estarla continuamente achicando: se mojaron los petates y toda la ropa de los marineros, y luego que aclaró, se pusieron á sacar estos y otros útiles.

A las 5 de la tarde vino un indio con cuatro chinas, de las cuales la una era la _Cacica Vieja_, y la otra la lenguaraza Teresa. Trajeron dos bolsas de manzanas que repartieron á los marineros: les pregunté á qué venian, y dijeron que á ver, y que las mandaba el cacique Francisco. Les pregunté ¿porqué se habían venido del Choelechel, habiendo quedado conmigo en que me esperarian en aquel sitio, para desde allí mandar chasque al pueblo, y en trayendo la respuesta seguir juntos rio arriba?--Dijo que el marinero Miguel Benites les habia dicho que yo llevaba la determinacion de avanzarlos, y que esto lo habia dejado de hacer antes con Francisco, y algunos indios, porque los queria prender á todos con los toldos, caballos y todo lo que tuviesen, y que por esto habian huido precipitadamente de miedo, y que asimismo habian venido dos indios del Colorado, á decirles de parte del cacique Negro á Francisco que no se fiase de nosotros, pues traiamos intentado prenderle y matarle. Procuré como pude hacerle conocer lo contrario, y le dije, que respecto á que Miguel Benites estaba en poder de Francisco, que me lo trajese y viniese con él, y que veria como confesaba la mentira, con que los habia engañado, solo con el fin de casarse con la hija de Francisco, de quien se hallaba apasionado: y á esto se rien así estos como los _Chulilaquin_ y dicen que como le habian de dar á un esclavo la hija de un cacique!

Los agasajé bastante y se quedaron á dormir, por tener los toldos (segun dicen) á la parte del N del rio, juntos con los del cacique Niquiliña, de donde salieron esta mañana temprano.

Le hice otras preguntas tocantes al reconocimiento, cuyas respuestas dejo de escribir, las unas por poco verosímiles, y las otras porque ya las tengo apuntadas por informes antecedentes. Esta mañana apareció la Cordillera toda blanca de la nieve que cayó de noche.

Anocheció con el viento al NE flojo, y los horizontes achuvascados. A las once, empezó á llover.

DIA 11.

Amaneció lloviendo: á las 10 de la mañana cesó un poco el agua, y seguí rio arriba. A las 500 varas de distancia descargué parte de la carga de las embarcaciones, para pasar un salto de poca agua; y aquí ayudó un indio de los de Francisco con su caballo, que contribuyó bastante á pasar.

A las cuatro de la tarde hallé dos despeñaderos de corrientes seguidos, y de muy poca agua, y visto que no me llegaba el resto de la tarde para pasarlos, arrimé á tierra á la banda del N, para pasar la noche. A esta hora llegó la china Teresa, la _Cacica Vieja_, y otra con Benites se habia huido anoche con otro desertor de los acerradores, llamado Francisco, que habian robado dos caballos y el sable del cacique, y este indio con otros dos iban siguiendo el rastro en busca suya. Al anochecer llegó el indio, y dijo, que el rastro habia llegado cerca de nosotros, y que luego se habia vuelto para atras.

El dicho Benites perdió las pistolas, porque habiéndole hallado una cuadrilla de Tehuelches lo corrieron, le dieron dos puñaladas en una espalda, se le disparó una pistola, y la bala le pasó un muslo, y por escaparse de la muerte se tiró al rio, y en él se le quedaron las pistolas.

La navegacion de este dia fué de cuarto de legua al NO corregido. Anocheció con el viento al SSE flojo, y los horizontes achuvascados. A las diez de la noche empezó á garuar.

Parece que Benites intentó sublevar todos los indios, porque así á los Guilliches como á los Tehuelches y Aucaces les dijo que nosotros teniamos intentado poner guardias y poblar el Choelechel, á fin de que estas naciones no pudiesen tener comunicacion con los campos de Buenos Aires, que es de donde se proveen de todos ganados, y esto es lo que mas sienten los indios: y verdaderamente si esta comunicacion les falta no tienen como vivir, y se verán precisados á domesticarse y reducirse, por esto dicen que están (los Aucaces particularmente) muy mal con nuestro reconocimiento, y por cuantos caminos halla su imaginacion, procuran saber á que fin es nuestra venida, y dicen que de ningun modo les puede ser á ellos útil. Estas conferencias celebradas entre ellos, las sé por los ladinos y ladinas que suelen venir á hablarnos, de quien procuro informarme, tomando para ello aquellas medidas que me parecen á propósito, segun me lo permite la cortedad de mi talento.

Preguntándole los indios á algunos individuos de las tripulaciones, á qué veniamos, les respondieron que solo á buscar manzanas: y despues supe que en sus conferencias decian que no era posible, porque en la tierra de los cristianos habia de esta fruta, y que la podiamos conducir al Rio Negro en las embarcaciones mayores, sin pasar los trabajos que pasamos por este rio arriba. Dejo otras reflexiones que me han dicho que hacen los indios, hasta informarme mas bien de ellas; pero es cierto que lo que les hizo mas ruido fué la poblacion del Choelechel.

Los campos que median entre el rio á donde me hallo, hasta la falda de la alta Cordillera Nevada, que tirando al OSO habrá dos leguas y media, y tirando al Cerro de la Imperial, ocho, son llanos, crian bastante pasto, sin maleza ni tomillo, y me parece que pueden llevar fruto, pues ya no se vé aquella esterilidad de las tierras antecedentes.

DIA 12.

Amaneció lloviznando, y así se mantuvo todo el dia; y seguí rio arriba, que creció un poco con la escasa lluvia de estos dias, pero no fué bastante la creciente á franquearnos suficiente agua para que las embarcaciones naveguen sin ir arrastrando por el fondo. Este dia se hallaron muchos árboles de manzanas, y particularmente en un potrero, donde llegué á la noche, en el cual hay con abundancia, pero sin siquiera una manzana.

En cualquiera parte á donde se recogen frutas, siempre queda alguna en los árboles por descuido de los cosecheros; pero los indios son cosecheros tan finos, que ni una siquiera dejan por descuido.

Navegué dia este al NO 5° N una y media millas de distancia.

DIA 13.

Al amanecer llegaron á bordo siete indios Peguenches, uno de ellos hablaba regularmente. Daba noticia de Buenos Aires, Montevideo, Maldonado, Santa Teresa, Santa-Fé y Valdivia. Desde este sitio á dicha plaza dice que hay tres jornadas: que los pinos estan por la Cordillera, y á la falda del Cerro de la Imperial: trajo algunos piñones y manzanas. Los agasajé todo lo posible, y diciéndole que si me conducia una carta á Valdivia le pagaria bien la diligencia, dijo que la llevaria con mucho gusto, si no fuera porque le parecia que los cristianos estaban mal con los indios; pues hacia poco tiempo que habian hecho una salida, en la cual habian apresado un toldo, y que por esto no se determinaba. Me dijo que tenia vacas, y que entre los indios habia bastante de este ganado, caballar y lanar: que en llegando cerca de sus toldos hariamos trato con algunas vacas. Se fué á las ocho, y yo seguí mi viage: se llama este indio Ignacio Delgado.

A las 2 de la tarde llegó una de las mugeres de _Chulilaquin_, llamada _Guichalachen_, con un indio ladino, y otros. Estos indios y chinas trajeron en sus bolsitas piñones y cinco carneros y un macho, muertos: pues habiéndole yo ponderado la necesidad en que me hallaba, á fin de que no me pidiesen, vinieron en dicho socorro, y una vejiga de grasa de vaca que trajo Guichalachen con una bolsa de piñones. A estos igualmente obsequié, gastando toda aquella paciencia que se necesita para tratar con ellos, y aquellas rústicas y groseras políticas que son precisas para hacerse amable entre esta gente salvaje, y pudiera llamarlas finas por lo rústicas y separadas que estan de las que se usan entre naciones cultas.

Me ponderaron estos indios su pobreza, y el dolor que tenian en que sus fuerzas no pudiesen contribuir á mi alivio y al de toda la gente: y así estos coma los Peguenches que vinieron esta mañana, viendo los marineros desnudos con frio excesivo metidos en el rio, arrastrando las embarcaciones, decian lastimándose: _pobres soldados_, en su idioma.

Para despacharlos les ponderé el deseo que tenia de llegar á sus toldos, y que esto me precisaba á dejarlos y seguir viage: con esto, y con haberlos regalado algunas frioleras y bastantes palabras de amistad, se fueron, dejándome dicho que aquellas ovejas y piñones que me habian traido, se las habian comprado á los Peguenches, por caballos, pellejos, &a. El rio estuvo tan malo, que todo el dia navegué por dos palmos y por menos de agua, arrastrando continuamente las embarcaciones: excesivo trabajo á la verdad para las fuerzas de los marineros, pero poco para el espíritu que los alienta, con la esperanza de llegar á la laguna de _Huechum-lauquen_, y en ella tener socorro de Valdivia, para continuar con las crecientes de los rios el reconocimiento del de la Encarnacion y el Diamante, en lo cual procuro con la mayor viveza esforzarlos; y ellos esperanzados en que tendremos víveres de Valdivia, no solo trabajan con vigor, sino que se convidan á pasar á dicha plaza entre 12 hombres armados, aunque sea pasando por entre los indios á fuego y sangre, á fin de tener de ella los socorros necesarios para concluir el todo del reconocimiento; y es de admirar esta constancia y firmeza entre marineros, pero no saben las dificultades que median desde aquí hasta conseguir lo que proponen[20].

Navegué este dia al NO 5° N una milla de distancia.

DIA 14.

Al amanecer me puse en camino rio arriba: pasaron algunos indios sin llegar á bordo. A mediodia llegaron dos: estos traian algunas piedras de guanaco para vender, y una chiquita bolsa de piñones, lo que no se les compró, así porque esto no es lo mas importante, como porque querian mucho por ello; y lo mas, porque hallándome ya casi destituido de las bujerias que traje para regalarlos, y de bastantes cosas mias propias, con que obsequié á unos y otros, algun resto que queda le voy resguardando hasta ver si hallo algun indio que quiera ir á Valdivia, en cuyo caso será indispensable regalarle bien. Se fueron luego estos dos indios, y á las 3 de la tarde llegó un muchacho ladino con otro 4 indios y una china vieja: este trajo un cordero; la china y los otros compañeros trajeron algunas manzanas, y cada uno una chiquita bolsa con piñones. Vaciando estas bolsitas advertí una mazorca maiz, y registrando cuidadosamente saqué de entre los piñones maiz muy bueno, trigo superior, chícharos blancos y otros casi negros algo mayores, habas y lentejas; las cuales semillas puse en una bolsa. Preguntándoles á estos indios si estaba lejos la tierra á donde se sembraban y recogian estos frutos, me han dicho que distante de aquí una jornada, pues en las llanuras de _Huechum-lauquen_ sembraban y recogian los indios con mucha abundancia.

Parece que los Peguenches defienden y estorban el que estos indios, que habitan las márgenes de estos rios y andan vagantes, entren en sus tierras ni pasen á la Cordillera á buscar piñones ni manzanas; porque preguntándole yo, porqué no traian los caballos bien cargados de piñones, ya que los habia en tanta abundancia, como me ponderaban, dijeron, que los dueños de los piñares se los vendian á estos, y que valian bastante caros; y que las manzanas que habia en estas inmediaciones ya se acababan por la mucha indiada que se junta por estos tiempos á la cosecha, y que consumen de esta fruta con exceso, porque hacen de ella (ademas de la que comen) cidra ó chicha: y que para pasar á las faldas de la Cordillera á buscarlas, es menester que se les compren á los dueños de aquellas tierras, y yo presumo que como estos indios _Tehueletos_, _Guilliches_, _Leubus_, _Chulilaquines_, y otros pasan toda su vida vaqueando, cazando y robando, que es de lo que se mantienen, aquellos que siembran y tienen ganados, precisamente estan de asiento en parage fijo: y así, por venderles á los otros los frutos que se crian y los que recogen por medio de la agricultura, como asimismo por estorbar que estos vagamundos les roben sus haciendas, si les permitiesen la entranda á ellas, emplearán todas sus fuerzas, á fin de que no les entren. Contestan muchos indios en que Ignacio Delgado es cacique, y hombre de mucha hacienda: este vive á la orilla del rio _Catapuliche_, un poco mas arriba del desague de _Huechu-huechuen_, en dicho _Catapuliche_.

El rio _Huechu-huechuen_ es menos que el _Catapuliche_: entra en este por la izquierda siguiéndolo aguas arriba.

A estos indios agasajé y regalé, habiéndose ido á sus toldos ya puesto el sol; y yo me acampé en una isla grande que divide el rio en iguales proporciones. En esta isla hay cantidad de grandes manzanos, pero sin siquiera una manzana: tan expertos son los indios en el arte de recoger que no se les olvida una siquiera encima, y al pié del árbol.

El Cerro de la Imperial se descubrió esta tarde: hermosísimo, desde alto á bajo cubierto de blanquísima nieve, y asimismo la Cordillera, cuya eminencia dista de nosotros, al rumbo del OSO, dos y media leguas de distancia.

Navegué este dia, ó mas bien, arrastré las embarcaciones este dia, al NO 5° N, una milla de distancia.

DIA 15.

Salí al amanecer continuando rio arriba. A mediodia llegó el indio que ha sido amo del negro Ventura: trajo una oveja muerta. Lo regalé con lo que pude por esta fineza, y se fué muy contento. Al irse este vinieron 4, cada uno traia una bolsita con cosa de una libra de piñones para vender por yerba; pero no se les compraron, porque ya queda muy poca. Al anochecer se fueron, y yo me acampé á la parte del S del rio, habiendo arrastrado las embarcaciones una milla de distancia al NO 5° N.

A la orilla del rio casi toda la distancia de hoy parece todo campamento de indios, que poco ha lo levantaron. Las islas están llenas de manzanos, pero las manzanas ya las recogieron los indios; y es cosa admirable el ver entre poca tierra mezclada con chinos y arena, unos árboles tan grandes, tan poblados de rama y hermosos, que no los ví mejores en ninguna parte. Latitud observada, 39° 33′.

DIA 16.

Este dia navegué con menos trabajo que otros. A mediodia estaba distante de una sierra nevada de la Cordillera tres cuartos de legua, demorándome al OSO corregido. A las 3 de la tarde hallaron les maestros calafate, sangrador y un marinero, un chico manzano, del que recogieron como 100 manzanas: junto á dicho árbol habia otros muy grandes, pero ya le habian quitado la fruta los cosecheros de estos paises. En toda la distancia que caminé este dia, hay un potrero, ó llanura de buena tierra, á la parte del N, y á la del S tambien es buena, pero no es de tanta extension. Hoy no parecieron los indios, y creo seria por el mucho frio y fuerte viento del O que nos incomodó bastante: este viento viene por las nieves de la Cordillera, y con él se pone el agua del rio tan fria, que los marineros que andan precisamente metidos en el rio, lo mismo es salir que se les raja la piel, particularmente en las piernas, en las que se les hacen profundas grietas. Navegué este dia al NO 5° N dos millas de distancia; y me acampé á la parte del S del rio, junto á un salto grande, que se previene para pasar mañana.

_Yujaunaujén_ se llama por los indios el cerro Imperial.

DIA 17.

Salí al ser de dia, y continué por un imponderado despeñadero de corriente; y como ya en estos parages no gasto otra sirga que un calabrote, por no poder otros cabos resistir al impulso de la corriente, meten á veces las chalupas los castillos debajo del agua. A mediodia llegó Maria Lopez con su marido, y otro indio con una embajada de _Chulilaquin_, diciendo que la noche pasada habian muerto de una puñalada en su toldo al cacique _Guchumpilqui_, porque este con otro indio, que tambien mataron, habian venido á solicitar de _Chulilaquin_ el que con su gente se juntasen para avanzarnos y destruirnos: y que por esto _Chulilaquin_ le habia muerto, y así que temian el que los Aucaces viniesen á tomar venganza de la muerte de su cacique, y que lo esperaban esta noche: por lo cual _Chulilaquin_ me rogaba lo favoreciese con 10 soldados para que le ayudasen, y que para conducirlos mandaria caballos. A esto le respondí, que bien veia que me eran necesarios todos los soldados para tirar las embarcaciones, y que por esto no podia mandárselos; pero que yo haria diligencia de llegar con los barcos á los toldos, y que entonces estaria defendido de los Aucaces. Volvió repetidas veces á importunar por los 10 soldados, y yo escusándome suavemente, la regalé y se fué; pero antes de irse se arrimó cuidadosamente al patron de la chalupa San Juan, y le preguntó, si sabia si al capitan Chiquito le habian muerto los cristianos, ó estaba en Buenos Aires. Yo que enteramente desconfio de estos bárbaros, me hizo esta pregunta mayor la desconfianza, aunque así ella como los dos indios venian con el aspecto asustado.