Part 10
Amaneció en calma, habiendo caido esta noche una grande helada. A mediodia convidé á _Chulilaquin_ á comer conmigo y á otros 4 indios de su familia, que parece son de los de mas cuenta que componen esta bárbara república. Ha estado muy regular y atento, así él como los 4 indios que le acompañaban, sin gastar aquellas pesadeses que acostumbraban en el establecimiento del Rio Negro. A las 3 de la tarde vinieron algunos indios y chinas, de los que habian ido ayer á tomar manzanas. Fuí inmediatamente á sus toldos á preguntar por los dos marineros que habian ido en su compañia, y me dijeron por medio de la lenguaraza, que habian quedado, porque se les habian perdido los caballos. Me impacienté bastante, y dije, que si en el dia no me traian los dos hombres, que no solo convertiria y reduciria todos aquellos toldos, sus indios, chinas y muchuchos á ceniza, sino que no quedaria cerro ni montaña en todo aquel distrito que no deshiciese y allanase á cañonazos. Diciendo esto, dí una voz á embarcar toda la gente y á prolongar los costados de las chalupas con los toldos, con la artilleria prevenida, y las mechas en las manos. Se ejecutó esto con tanta prontitud, que se quedaron asombrados todos los indios: y llenos de terror, corrió inmediatamente _Chulilaquin_ á la orilla con sus mugeres y hermanos: con la lenguaraza corrió asimismo su hija, que llamamos la _Princesa_, con dos hijos y otros indios y mugeres de las de primera clase, todos asustados á donde yo estaba, disponiendo las embarcaciones, suplicando que me sosegase un poco, que mi gente no pasaria daño alguno, y que primero perderian ellos todos sus vidas. Me dijo _Chulilaquin_ que cerca de las manzanas estaba su abuelo, principal cacique de aquella tierra, y que casi todos aquellos indios eran sus parientes: que su hermano, el marido de Maria Lopez, habia ido custodiando los cristianos, y su sobrino, por lo que no tenia recelo alguno, respecto á que estos no habian venido. Al mismo tiempo despachó 6 indios armados á saber de ellos: le hablé con sosiego, y le dije que yo estimaba mucho mi gente, y que se hiciese cargo de que el cacique Francisco me tenia un desertor: que los Aucaces me habian muerto dos con capa de amistad; y que esto me bastaba ya para escarmiento. Me dijo que tenia razon, pero que pereceria él y todos sus indios en venganza de algun agravio que hubiesen recibido los dos cristianos que habian ido en compañia de su hermano.
A las 5 llegaron dos esclavos de _Chulilaquin_, que fueron ayer á las manzanas, con la noticia de que nuestros dos marineros venian ya cerca con el hermano de _Chulilaquin_. A las 7 de la noche llegaron á bordo con un carguero de manzanas, y dijeron que su detencion habia sido porque habian ido de 8 á 9 leguas de distancia, y en ella, que se reparte el rio de _Huechu-huechuen_, en siete brazos, que bajan despeñándose de la Cordillera. Que llegaron muy cerca del Cerro de la Imperial, por la parte del S: que por las orillas de estos rios hay muchos árboles con pocas manzanas, por estar ya tomadas de los indios; pero que desde el parage á donde llegaron no se vé otra cosa en aquellos distados campos, que espeso monte de manzanos, amarillando su fruta encima de los árboles: que el suelo está empedrado ó matizado de esta fruta, en tanta abundancia, que los indios no se detienen en sacarla de los árboles, sino que la recogen de la que está en el suelo, amontonándola con los pies para meterla en las bolsas, ó sacos que llevan para conducirla. Que las tierras son de superior calidad, campos doblados y llenos de arroyuelos que los baña. Que estos manzanos no estan solo á las orillas de los arroyos, sino por toda la campaña: que es la mayor delicia que puede imaginarse el ver aquella tierra tan fértil y fructifera. Que la tolderia del abuelo de _Chulilaquin_ ascenderá de 80 á 100 toldos: que la laguna de _Huechum-lauquen_ está detras de un cerro que un indio les señaló, distante dos leguas de á donde ellos llegaron. Que vieron el parage á donde está enterrado _Guchumpilqui_, nombrado por estos indios el _cacique alentado_: que vieron su sangre; y que el hermano de _Chulilaquin_ queria que le desenterrasen y me trajesen la cabeza, lo que no hicieron por ser ya tarde. Desde el parage donde estuvieron tomando las manzanas, dicen que se mira una llanura que se pierde de vista, sin que ninguna serrania se ponga delante, mirando al O: que al N y al S está la Cordillera cubierta de nieve; y que esta se les quedaba mas atras de donde llegaron, y en esta atencion que les parece ya no haber serrania á dicho rumbo hasta la mar del S, y esta dista del parage á donde me hallo, en línea recta, 16 leguas.
Prosiguió esta noche el bárbaro baile en obsequio de la nieta de _Chulilaquin_.
DIA 25.
Ayer estuvo en estos toldos un pariente de estos indios, que está casado entre los Peguenches: yo no lo he visto, pero me lo dijeron. Este vino á saber si yo le compraba algunas vacas; y habiéndole dicho el cacique _Chulilaquin_ que las trajese que se le comprarian, se fué diciendo, que el dia de hoy las traeria. Preguntándole yo esta tarde á _Chulilaquin_ como no venia el indio que habia ofrecido traer el ganado; me dijo, que no habia que fiar, porque seguramente aquel habia venido á ver y á observar en que disposicion estábamos, y yo sentí no haberle visto, porque por el interes cualquier indio Aucas ó Peguenche me conduciria una carta á Valdivia, á fin de tener de allí los auxilios necesarios para concluir el todo del reconocimiento, por serme sumamente doloroso que al cabo de haber pasado tanto trabajo, no tenga con que reconocer el Diamante, ni con que subsistir hasta que lleguen las crecientes para poder navegar dicho rio; ni el de la Encarnacion, que hago juicio pasará muy cerca de Chile: y solo me detuve hoy aquí, por ver si por algun camino se proporciona mandar chasque á Valdivia. Mas arriba por el rio no puedo navegar por falta de agua, y mas abajo es alejarme de los indios, por cuyo medio pudiera ser conducida la carta, y por esto me detuve. Pero ya el pan dá pocas treguas, y si en el dia de mañana no se proporciona chasque que vaya á Valdivia, tengo ya determinado el regreso al establecimiento del Rio Negro.
Hoy regalé á _Chulilaquin_ y su familia con algunas bujerias y tabaco, y á otros de los principales, de lo que quedaron agradecidos, y regalan á los marineros manzanos, piñones, y les ofrecen de sus comidas con bastante agasajo.
Al hijo de _Chulilaquin_, que mató á _Guchumpilqui_, le sobrevino una grande calentura. Lo visité muchas veces: le hice poner puchero, y el sangrador le aplica los remedios que le parecen á propósito; y de esto están mas agradecidos. Al anochecer le dí el santo á _Chulilaquin_: recogí toda la gente, y largué las embarcaciones afuera.
DIA 26.
Amaneció con el viento al SO fuerte, y aunque deseo mucho el ver algunos Aucaces ó Peguenches, para por su medio dar aviso á Valdivia de mi paradero, á fin de tener de allí los auxilios necesarios para proseguir el reconocimiento con las crecientes, no me dán lugar los viveres á esperar mucho; y porque _Chulilaquin_ está tan indispuesto con ellos por la muerte de _Guchumpilqui_, y asimismo por los dos marineros que este con su gente se llevó. No me parece sea fácil el que pueda conseguir el intento, por cuyo motivo le dije á la lenguaraza que le dijese á _Chulilaquin_, que ya habia llegado la hora de mi regreso al establecimiento. Sabido esto por _Chulilaquin_, vino á bordo apresuradamente, y me dijo, que como le queria dejar en manos de sus enemigos, que no tardarian mas en quitarle la vida, que lo que yo tardase en salir de junto á ellos con las embarcaciones? A esto le dije, que como tenia tanto miedo, respecto á juntarse entre sus toldos y los de su abuelo, sobre 150, entre los cuales habria mas de 600 hombres de guerra; y que los toldos de su abuelo estarian junto con él dentro de dos dias, pues ya iban viniendo á incorporarse, y estando juntos ya era suficiente gente para defenderse. A esto me dijo muy lastimado: ¡Ah, hermano! que Vd. no sabe la indiada que hay entre estas sierras, que son mas que yerbas tiene el campo, y me la estan jurando para la hora que de mí se aparten los cristianos. ¿Pues qué, le parece á Vd. que ellos por mi gente dejan de venir? No: que ellos mismos lo dicen, y me estan mandando á decir, que á mí no me tienen miedo, sino á los cristianos. Yo me vine huyendo para seguir para abajo, ó para arriba la orilla del rio, por ampararme de Vd. Y ahora ¿qué haré si Vd. me desampara? Mi hijo está enfermo, como Vd. está viendo, sin poder montar á caballo: mi súplica no se extiende á mas que dos ó tres dias que pueda Vd. parar hasta ver si mejora, para seguirlo á Vd., y marchar bajo su proteccion: pues con que sepan los Aucaces que yo salgo á la par de Vd., es bastante para que no me sigan. A esto le respondí, que yo me estaria con mucho gusto, pero que no podia de modo alguno, porque se me acababan los víveres, y no tenia que dar de comer á los soldados, y que solo podria estarme hasta mañana. Se fué, y mandó chusque con tanta diligencia á una tolderia que estaba de aquí 6 leguas, que á las 4 de la tarde ya tenia dos vacas en los toldos, y vino inmediatamente, y me dijo: Hermano, si la causa de apresurar Vd. su viage, es la falta de víveres, ya esta cesó; pues tenemos aquí dos vacas y vendrán mas: ya hay que comer media docena de dias. El dueño no quiere por ellas género de los indios, porque de lo que nosotros gastamos tiene él con abundancia; pues no es pobre, y nuestras riquezas se reducen á cueros. Desea algunas cosas de que acá carecemos, y tienen Vds.: si Vd. quiere comprarlas por algunas cosas de estas, será de cosa á que estaré agradecido; y sino, las pagaré yo, aunque sea quitándoles á mis mugeres é hijas las mismas alhajas que Vd. les dió, para comprarlas; á fin de que Vd. aguarde á que mi hijo se mejore, cuanto pueda llevarlo sobre un caballo.[22] Le dije que no queria que se destituyese de sus cosas: llamé al dueño de las vacas, y ajusté una por dos frascos de aguardiente, y otra por tres cuchillos viejos, un freno idem, dos varas de tabaco podrido, dos trompos, y unas pocas de cuentas de vidrio.
No me desagradó el estar mas aquí dos ó tres dias, á fin de lograr si puedo el intento referido; y estando estos indios agradecidos y persuadidos á que solo por ellos es la detencion, y yo deseo el que se junten algunos indios de los Aucaces y Peguenches: porque, aunque estan contrarios tienen parientes casados unas naciones entre otras, y estos son los que dán los avisos, y puede ser que logre lo que tengo pensado.
Al anochecer le dí el santo á _Chulilaquin_: recogí toda la gente, y largué las embarcaciones afuera.
La anta se llama entre los Guilliches _haleglique_, y el pellejo _ysanam_.
DIA 27.
Amaneció con el viento al OSO fresco. A las 8 vino el indio que vendió las vacas, y duró el ajuste de ellas hasta mediodia, habiendo quedado ajustadas de ayer, porque pedia muchas mas cosas de las en que fueron ajustadas, alegando el que eran grandes: el trabajo que le habian costado el haber salido de sus toldos con el frio que hace, solo por traernoslas. No obstante, no le dí siquiera un ápice mas de lo ajustado, diciéndole, que las llevase, que yo tambien me marchaba. A esto vino _Chulilaquin_ y me dijo, que mandase un soldado á escoger las vacas: así se hizo, y despaché al que las habia vendido.
Al hijo de _Chulilaquin_ le dió hoy un vomitivo nuestro sangrador, que lo asiste en su enfermedad desde su principio; y asimismo toma los caldos del puchero que le mandé hacer á mi criado, desde que cayó enfermo. Asimismo asiste á otros enfermos, contribuyendo yo con aquello que tengo para su alivio, pues en la caja de medicina no hay con que curar.
Esta tarde me ofreció el yerno de _Chulilaquin_, marido de la que llamamos _Princesa_, que mañana pasaria á ver unos parientes suyos, Aucaces, á fin de negociar chasque á Valdivia, y de camino que iba á traer piñones. Los chinos y chinas no cesan de conducir diariamente cargueros de manzanas: las comen crudas, asadas y en todos los guisados, y hacen chicha y orejones. Con todo, dicen que hay tantas sobre las sierras, que sin embargo de haber tantas indiadas, no es posible darles fin, y que el suelo queda de un año para otro empedrado de manzanas podridas; si bien asimismo dicen, que los Aucaces y Peguenches no gastan muchas, solo en la chicha, porque tienen mucho que comer, que estos tienen de todos frutos y legumbres, mucho ganado lanar, caballar y vacuno, y que por esto gastan poca manzana en la comida; pero en la bebida que gastan muchísima, y que por el tiempo de las manzanas están casi siempre borrachos.
Al anochecer le dí el santo á _Chulilaquin_, y largué las embarcaciones afuera.
DIA 28.
Al salir el sol me fuí al toldo del yerno de _Chulilaquin_, á fin de que abreviase el viage, y á encargarle que me trajese dos docenas de piñas con piñones, porque ademas de que deseo verlas, estimaria que me las trajesen por conducirlas al Rio Negro, de donde se podrian remitir al Exmo. Señor Virey, y aun á la Corte, porque me parecen serian dignas de verse por su extraordinario tamaño, segun me dicen: y segun la proporcion que tienen los piñones de España con las piñas, es preciso que estas sean mayores diez ó doce veces que nuestras piñas de España, pues me parece que un piñon de estos excede á uno de aquellos en tamaño, en otras tantas, y aun mas. Llegué á dicho toldo, y en él hallé una porcion de indios, los cuales, oyendo lo que yo le encargaba al indio, yerno de _Chulilaquin_, por medio de la lenguaraza, que todo se reducia á que examinase los dias de camino que habia desde aquí á Valdivia, y viese si podia negociar chasque que me condujese una carta á aquella plaza; si desde el Cerro de la Imperial se veia la mar; que me trajese las piñas. A este tenor formaron dichos indios conversacion en el asunto, y dijeron, que desde aquí á Valdivia habia tres jornadas en cualquier mancarron: que un chasque podia con todo descanso ir y venir en siete dias, tres de ida, tres de vuelta, y uno para estar allá: que el camino era muy corto, pero que no era bueno, porque por muchos parages de la Cordillera precisaba caminar despacio. Que si esperaba alguna cosa de Valdivia seria preciso conducirla en cargueros, porque carretas no podian venir: que al Cerro de la Imperial nadie podia subir, por estar en todos tiempos cubierto de nieve; pero que desde su falda se veia bien la mar, porque estaba cerquita. Que los cristianos de Valdivia tenian muchas embarcaciones, algunas como estas chalupas, y otras de extraordinario tamaño: que allí habia muchos fuertes y muchos cañones, muchos mayores que los que traia yo en mi chalupa. Que algunos cristianos de aquella plaza venian todos los años á comerciar con los Aucaces y Peguenches, los cuales, traian géneros, que cambiaban á los indios por ponchos y ganados: y que cuando sucedió la muerte del cacique _Guchumpilqui_, estaba uno que habia venido de Valdivia con algunos peones en los toldos del difunto, que distan de este sitio 5 ó 6 leguas, y que este le habia comprado al expresado cacique todo el ganado que habia traido de Buenos Aires; y asimismo habia comprado á otros indios y caciques, y que para esto habia traido bastantes géneros y algunas espuelas de plata: que ellos mismos le habian visto dos pares, y uno de ellos entró en la compra que le hizo del ganado á _Guchumpilqui_, y el otro á otro cacique, pero no saben si se habria marchado á su tierra este cristiano, porque ellos, sabiendo la revuelta que habla con la muerte de este cacique, se habian huido: pero que era regular que ya se hubiese ido por tener todas las compras hechas, y que estaba para irse cuando ellos se vieron, y que tambien por la revuelta de los indios era regular que dicho cristiano abreviase su viage. He sentido bastante el haber llegado á tan mal tiempo, cuando acaeció esta muerte, que, á no ser así, pudiera que nos llegasemos á ver, y á informarnos de dicho Valdivia; y aun poder con él pasar á dicha plaza, y lograr todo cuanto se podia apetecer.
El yerno de _Chulilaquin_ me dijo que en esta luna se caian todos los piñones; que los indios los amontonaban por el suelo; que era mucha la abundancia de esta fruta: pero al mismo tiempo que se caian los piñones se caia tambien la hoja ó cáscara que los guardaba, quedándose solo el palo de enmedio. Le volví á encargar supiese bien si habia algun cristiano de Valdivia entre aquellos indios, y le diese noticia de nosotros, y de no haberlo, viese si hallaba el expresado chasque: á mediodia se fué.
Anocheció lloviendo: le dí el santo á _Chulilaquin_, y largué las embarcaciones afuera.
El parage á donde hace confluencia el _Huechum-huechuen_ con el _Catapuliche_, está en 39° 40′ de latitud sur. Este pertenece al dia 29.
DIA 29.
Amaneció nublado, con viento O fuerte y muy frio. A las 8 empezó á aclarar, y salí á observar la latitud del desague del rio _Huechum-huechuen_: volví á la 4 de la tarde. Hoy condujeron las chinas de 50 á 60 cargueros de manzanas. Salieron á las 8 del dia, y volvieron á las 2 de la tarde; otras que salieron ayer á mediodia, volvieron hoy á las 4 de la tarde, y estas dicen fueron al _Huechum-huechuen_, porque las manzanas de allí son mucho mejor que las de otras partes. Yo bien pudiera á poca costa cargar las chalupas de esta fruta, pero viene la manzana toda lastimada ó golpeada, así porque la que recogen del suelo ya lo está del golpe que llevó en la caida, como porque en los cargueros se machacan unas con las otras, y con las arreatas y trote de los caballos, de modo que se hallan muy pocas sanas, y que se puedan guardar. Yo embarqué mas de 8,000, y registrándolas esta tarde las hallé casi todas podridas: de manera que pienso en registrarlas mañana, y de los pedazos que hallo sanos hacer orejones. Son muchas las calidades de manzanas que hay, pero es cierto que en gusto no le exceden las de Galicia, mi patria. Hoy al anochecer me trajeron doce camuezas, que se pudieron escoger entre dos cargas de las menos lastimadas; que es cierto que dá gusto el mirarlas, y á esta calidad de manzana le llaman en mi país _repiñaldos reales_. Yo, á lo menos, no he estado en parage de todos cuantos tengo andados, á donde hubiese tan buena, tan diversa ni tan abundante manzana como aquí. El yerno de _Chulilaquin_, que lo esperaba hoy, no ha venido. Al anochecer le dí el santo á su suegro, y largué las embarcaciones afuera.
DIA 30.
Amaneció con viento al SO duro. A mediodia me trajo _Chulilaquin_ una bolsa de manzanas, para que se las llevase de su parte al Super-Intendente. A las 3 de la tarde llegó el yerno de _Chulilaquin_, el que vino luego que llegó á los toldos, á bordo, y me dijo que no habia hallado quien quisiese ir á Valdivia, no solo por los Aucaces de _Guchumpilqui_, sino por los del cacique _Guchulap_, con quien están muy contrarios por los robos que poco há se han hecho unos á otros. Me disgustó bastante esta novedad, por lo cual hice venir á bordo á _Chulilaquin_, y le dije: que á él y á mí convenia el que abreviase su viage rio abajo, y que si no lo hiciese así, que lo desampararia, y seguiria rio arriba (yo nunca le manifesté á _Chulilaquin_, que la causa de mi detencion aquí era por falta de agua, para poder navegar) y me dijo, que ya veia como estaba su hijo, que aunque algo mejorado no se podia poner en pié derecho, y así que me pedia solos dos dias de término, y al tercero que levantaria sus toldos y caminaria. Esto lo hice por si saliendo de aquí _Chulilaquin_, vienen los Aucaces ó Peguenches, que acaso tratando con ellos, se podrá acomodar alguna ventaja mayor que la que se logra con estos; pues estos no tienen que dar ni que quitarles en un caso urgentísimo, por su pobreza. Al anochecer largué las embarcaciones afuera, habiéndole dado el santo de _Chulilaquin_.
DIA 1.º DE MAYO.
Amaneció con viento fuertísimo, el que se mantuvo hasta las 4 de la tarde, que empezó á llover. Anocheció lloviendo fuerte; hoy casi todo el dia estuvo á bordo _Chulilaquin_: á la noche le dí el santo y se fué á su toldo. Con motivo de haberse mantenido hoy á bordo, y un hermano suyo que está bien impuesto en el rio de la Encarnacion, les hice diversas preguntas del país por medio de la lenguaraza, y me dijeron que en aquel rio habia mucha cantidad de maderas, y en tanta abundancia, que en muchas partes no se podia romper á pié ni á caballo, por su espesura; y que eran muy altas y gruesas. Que la casa y capilla que habian hecho los cristianos en la orilla de aquel rio, distaba jornada y media á caballo de su desague: que en aquel sitio habia mucha cantidad de papas ó batatas muy grandes: que siguiéndolo aguas arriba, un poco mas, y cortando el campo, dejando el rio á la izquierda, luego se veia la mar. Que habia poco tiempo que los cristianos habian andado en dicho rio con una embarcacion, la cual se les hizo pedazos entre las piedras, y que el parage á donde está dicha capilla y casa se llama _Tucamelel_, y el rio.
En este rio se hallaron estos indios con los Tehuelches de San Julian, con los cuales dicen hicieron mucho comercio, porque venian muy ricos con las alhajas que les habian regalado los cristianos de aquel establecimiento.
A las 10 de la noche cesó la lluvia, y volvió á establecerse el viento por el O muy récio, de cuyo modo se mantuvo el resto de la noche.
DIA 2.
Amaneció nublado, y el viento al O duro. Hoy recogí algunas manzanas, é hice un barril de cidra de diez frascos; y hechas las cuentas de las que consumió la gente desde que estamos aquí, y las que entre unos y otros tienen y existen embarcadas, ascendian al número de treinta mil.
Desde esta mañana hasta la noche creció el rio cerca de media vara, cuya creciente me es indispensable aprovechar para mi regreso, pues á no hacerlo así, me será casi imposible poder estorbar que las chalupas se hagan pedazos entre las piedras, de los muchos despeñaderos que se hallan en este rio, por su violentísima corriente.
Hoy quedó _Chulilaquin_ en que mañana seguiria su marcha.
Anocheció nublado, y el dicho viento; se llevó la misma formalidad de darle el santo á _Chulilaquin_, como en las noches antecedentes, quedando él en observar como siempre las órdenes que le he dado: recogí toda la gente, y largué las embarcaciones afuera.
A las 10 de la noche estaba la creciente en su mayor incremento, que llegó á cerca de tres pies.
DIA 3.