Diario de un viage a Salinas Grandes, en los campos del sud de Buenos Aires
Part 6
Amaneció lloviendo este dia, habiendo llovido antes la mayor parte de la noche, con el viento por el este-sud-este, y por esta causa no se emprendió la marcha hasta las 11 de la mañana; y á las 4 de la tarde llegamos á una laguna de pequeña estension, que está al sud del camino, y no se halla en plano alguno: dista de la Laguna del Monte como 2 leguas. Se encontraron varias lomas y quebradas á uno y otro lado del camino, con manantiales de agua dulce; y por lo referido no se pudo observar en este dia. Las cañadas, lomas, médanos y terrenos que median, desde la del Zapato hasta este punto, son sumamente trabajosos para el tránsito de los carruages, por lo pantanoso de los caminos, tembladerales y pisos blandos: de modo que, en atollandose una carreta, se sume inmediatamente hasta el lecho y se aniega de agua. Pero pueden evitarse esta incomodidades, desechando los antiguos caminos, y tomando las faldas de las lomas que por uno y otro costado de esta molestísima y larga cañada hay hasta su fin, siguiéndola igualmente: ademas de las lagunas dichas, unos saladillos por derecha ó izquierda que vienen á unirse al fin de ella y forman un paso trabajosísimo por poca agua que tengan, si no es tiempo seco, por la inconstancia del piso. Ya en la vuelta de este viage se logró desviarse de muchos malos pasos, tomando las faldas y lomas que se reconocieron de mejor firmeza. Hoy se me dió parte haber 5 enfermos mas.
9, VIERNES.
A las 8 de la mañana seguimos la marcha, y á las 11 y cuarto llegamos á las inmediaciones de la Laguna del Monte: esta laguna tiene un islote de montes como de 10 á 15 cuadras de frente, ó lo que es lo mismo de 1,500 á 2,000 varas. Contiene frondosos y espesos árboles sin poderse reconocer qué clase de maderas, ni cual sea su estension ó circunferencia, por hallarse circuido por todas partes de agua, por el gran caudal de ellas que le subministran el arroye Guaminí, y muchos otros derrames de la Sierra de la Ventana. Esta confluencia de aguas le dá mas de 3 á 4 leguas de largo, y segun las lluvias, toma mas estension, porque se une con otras mas al nord-este que forman otros derrames de la misma Sierra de la Ventana: y por la parte del sud-oeste llega á enlazarse con la laguna que llaman de los Paraguayos, y entonces pasa de 7 leguas de longitud: en tiempo seco deja algunos pasos, desde el camino de nuestra derrota á la parte opuesta de la sierra. Es muy abundante de pescado, sus aguas son saladas, y á sus inmediaciones se encuentran pequeñas lagunas de agua dulce. En este dia se demarcó nuevamente la Sierra de la Ventana y la de Guaminí, por ser el punto de mayor aproximacion segun nuestra derrota. De aquí se reconoce que dicha Sierra de la Ventana en su periferia ó cumbre, y término de mayor elevacion, forma 15 quebradas, unas de mayor y otras de menor altura. Estas son vertíces de triángulos cortados entre sí: la base es verdaderamente rectilínea. En la jornada y derrota de este dia se han reconocido, al rumbo de sud-sud-este, 3 lagunas de agua dulce y 2 al nord-nord-este. A las 3 de la tarde nos pusimos en marcha, y llegamos al parage nombrado el Junco Grande: antes de llegar, como 1,000 varas al costado del nord-nord-oeste del camino, encontramos una laguna muy abundante de delicada agua, á la que se puso el nombre de Laguna Hermosa.
10, SABADO.
A las 7 y media de la mañana nos pusimos en marcha hasta las 11 y media: á las 12 se observó junto á una laguna, que por no tener nombre se le llamó de Santa Rosa. La sierra del Guaminí quedaba al rumbo del sud 15° sud-este, y la de la Ventana al este, cuarta sud-este. A las 2 y media de la tarde marchamos, y á las 6 y media llegamos á la Laguna de los Paraguayos, en donde, como á la distancia de 1,000 varas para el sud, se hallaban 3 caciques con bastante número de indios formados en batalla, con una bandera blanca enarbolada en una chuza: desde cuyo punto mandaron un mensage, pidiendo permiso para entrar á la salutacion de costumbre, que se les concedió, y recibió en el modo acostumbrado. Estos caciques eran Millapue, Joaquin Coronel, y Leymí, parientes parciales y amigos de Victoriano y Quinteleu, y encargados de proteger la expedicion. Venian con recomendacion de aquellos, para que se les otorgase un dia de trato, á que fuè preciso condescender, y obsequiarlos como á amigos y aliados, en la tarde de aquel dia y noche. Manifestaron todos el gran aprecio y respeto que tenian á Quinteleu, y que estaban enterados de las miras de aquel, cuyo sistema seguian. La impertinencia de la embriaguez fué grande en la gente; pero los caciques se mantuvieron serenos sin mesclarse en tales excesos, sufriendo los insultos de sus mismos indios en la tarde y noche de aquel dia. Trageron ganados y caballos á vender, de que se abasteció la armada necesitada, bien que á precios poco còmodos. Se me dió parte haberse dado alta á 4 enfermos, y haber entrado un peon mortalmente herido por haberle cogido una rueda de carreta que picaba: se confesó inmediatamente. La noche se pasó toda sobre las armas, para evitar desgracias y separar la mezcla de peones con los indios, lo que se consiguió sin novedad. Tambien en este dia se recibió enviado del cacique Antenau, pidiendo le esperase: pero se le contestó, que no podia detenerse la marcha, por los muchos enfermos que llevaba la expedicion; pero que si queria venir y entrar en la parada de mediodia, lo hiciese cuando gustase. Que por esta causa no podia mandarle al vaqueano Leyva, y dos soldados ó mas que pedia para que le acompañasen.
11, DOMINGO.
Continuando la embriaguez y acaloramiento de los indios que en sus pendencias reñian, hiriéndose barbaramente, y siendo forzoso estar sobre las armas, no se pudo celebrar misa. Procuré abreviar la marcha, manifestando á los caciques el perjuicio de la demora, en que convinieron prontamente de buena voluntad: y haciendo al mismo tiempo retirar la peonada, que desde la tarde anterior habia estado haciendo acopio de junco (de que abunda dicha laguna) para hacer las trojes de las carretas, quedó todo pronto á las 4 de la tarde. A esta hora, á pesar de una tormenta furiosa de viento, truenos, lluvia y rayos, marchó la expedicion, hasta alejarse de la laguna como legua y media. La tormenta venia por el sud-oeste: pero, habiendo arreciado el viento por el sud, echó la fuerza de la tormenta al nord-nord-oeste; y como creció el aguacero sobre nuestra posicion, y el viento seguia de la misma conformidad, fué necesario parar, y pasar una noche trabajosísima para sugetar las haciendas que dispersaba la tormenta. La gente fué igualmente necesario que se mantuviese á la intemperie, la mas cruda que puede imaginarse.
12, LUNES.
A las 6 de la mañana nos pusimos en marcha, y á las 11 y media parámos al frente de 3 lagunas de agua dulce, encadenadas al costado del sud, quedando otras mas, hasta 7, hácia el norte. Unas y otras forman barrancas altas, y la mayor parte de ellas se comunican por unos arroyuelos que hacen los cauces de sus derrames. Las de la parte del sud son generalmente saladas, y las del costado del norte, dulces. Los bordes son en general de piedra y de tosca dura. A la parte del norte del camino se ven lomas y mèdanos de bastante elevacion, y en estos se encuentra por lo comun muy buena agua. Los terrenos y pastos de esta situacion son buenos, la superficie es plana, y es la razon porque estan habitadas todas estas inmediaciones de toldos de indios, con crecido número de ganados vacuno, caballar y lanar. A las 3 de la tarde nos pusimos en marcha, y á las 5 y media llegamos á la Laguna de los Patos, continuando el terreno en el mismo modo que el anterior. Descubrimos como á distancia de una legua un árbol, que por hallarse sobre una loma, y ser cosa estraña, llamó la atencion. Se reconoció ser un chañar espeso, desde cuyo punto por una cañada ò bajo que se presenta á la vista, se descubrieron otros varios árboles, y á mayor distancia un bosque, que resultó ser parte del monte de la Laguna de Salinas. Ya al sol puesto llegò un mensage de parte del cacique Anteneu, pidiendo licencia para venir á tratar á las Salinas que le fué otorgada. Se me dió parte haber salido ó dado alta á dos enfermos en este dia, y haber enfermado dos soldados y un peon, y no ocurrió mas novedad que la de no haberse podido observar.
13, MARTES.
A las 5 de la mañana se continuó la marcha, y á las 8 y media llegamos al borde de la Laguna de Salinas, y se situaron las carretas en línea de circunvalacion sobre ella, para disponer lo conveniente en órden á la carga y refaccion de carretas. Reconocido el terreno mas aproposito, mandé formar el campamento en el punto mas dominante que presenta el cuadrilongo de la laguna, que es casi en su mitad, por el costado del norte corregido, apoyado sobre una barranca como de 20 varas de alto, y proveido de 2 manantiales de agua dulce. Allí se establecieron los 2 cañones al frente de la única entrada que franqueaba la lìnea formada de carretas, situadas las tiendas de campaña para la tropa y guardia de prevencion, y á su retaguardia la demas tropa, para que, reunida, se hallase mas pronta en todo acontecimiento. A las 10 de la mañana se presentó el cacique Antiman, y el cacique Caluqueo, con sus gentes armadas de armas cortas, pidiendo licencia para entrar á parlamento, á quienes se les otorgó y recibió, haciéndoles su saludo de artillería. Manifestaron desde luego haber recibido mensajes del cacique Lincon, en que les avisaba de nuestra venida con miras de hostilizarlos y formar poblaciones. Se les hizo entender la falsedad de Lincon y su mala fé, comprobándola con las aserciones de los indios que habian presenciado la ocurrencia: quedaron al parecer satisfechos y procuraron hacer algunas permutas con sus tejidos y peleterias, y exigir las gratificaciones de estilo, de bebidas, yerba, tabaco y otras especies, que fue necesario darles con todo agasajo y sufrir sus embriagueses que continuaron por algunos dias: hasta que fueron acercándose los indios Ranqueles, que trataron en cargar de sal y retirarse, por no encontrarse con aquellos de quienes son enemigos. A las 7 de la tarde llegó un enviado del cacique Victoriano, averiguando nuestra llegada, pidiendo permiso para llegar al campamento al siguiente dia; que le fué otorgado.
En este dia, por estar nublado, no pudo observarse. Se me dió parte haber enfermado un hombre de resultas de un golpe que le dió un buey. Ha llovido algo, y el viento ha estado por sud-este. Todas las inmediaciones de la laguna estan muy provistas de excelentes pastos y aguadas en varias lagunas dulces, en donde se pastorean las boyadas y caballos: siempre á la vista, por no poderse alejar sin guardia respetable al parage de los Manantiales, y porque los indios manifiestan no estar de paz, segun han espresado Quinteleu y prevenido Victoriano, como amigos, recelosos de los muchos caciques que estan inmediatos, á fin de precaver el robo de las haciendas y desgracias consiguientes. Con este motivo, por medio de los ayudantes, mandé comparecer á todos los troperos y capataces de carretas, á quienes impuse de esta novedad, y del doble cuidado que demandaba nuestra situacion: y á fin de salir pronto de aquel punto, asigné el perentório tiempo de recomponer sus carretas y ponerlas prontas para la carga, que deberian egecutar en el término de 8 dias: de que fueron prevenidos para precaver los riesgos, y apresurar la salida de aquel destino.
14, MIERCOLES.
A las 7 de la mañana mandé comparecer á los troperos para que reconociesen la laguna y viesen el medio de proporcionar la carga, sin embargo de hallarse tan llena, como nunca se habia observado, por las muchas aguas del año, y haberle entrado un derrame de agua de otra laguna dulce no conocida: para lo cual cada uno sacaria las carretas que pudiese cargar al dia, dejando las demas en la línea que formaban para estrechar las distancias en caso de invasion, y quedar siempre atrincherados: reponiendo las que se cargasen á su lugar, hasta que por este órden quedasen todos prontos. En lo cual convinieron, pero unanimente espusieron que consideraban imposible sacar sal segun la altura del agua: mas sin embargo iban á hacer la prueba, y reconocer por diferentes puntos la dicha laguna. En efecto habiéndolo egecutado, resultó que, despues de muy mortificada y estropeada la gente, solo se pudieron sacar como 6 fanegas de sal: cuyo reconocimiento inspiró una desconfianza de que en esta parte se rendiria inutil el viage, sin embargo de que el mucho viento contribuia á formar olas, y estas estorbaban el trabajo, tanto ó mas que lo crecido de las aguas. Recibí chasqui del cacique Victoriano, anunciando su próxima llegada al campamento, que la egecutó con su hermano Quinteleu, y los caciques Payllatur, Payllain, Guaquinil, Quilan, y Millapue, que fueron recibidos en el modo ordinario. Todos por su órden hicieron su parlamento, y manifestaron las noticias que les habian comunicado, de venir la expedicion con ánimo de hacer hostilidades y poblar la laguna y otros puntos; pero que los caciques Victoriano y Quinteleu habian tranquilizado sus ánimos, disipando los recelos, asegurando que ellos salian garantes de la paz y buena fé de los españoles, y que en efecto los habian creido, y estaban bien persuadidos de que no se les faltaria, ni tampoco invadiriamos con nuestras armas. No así lo creian otros caciques de la comarca, antes bien tenian por sospechosos á Quinteleu y Victoriano, por amigos de los españoles. En este estado el cacique Victoriano y Quinteleu espusieron que su amistad se estendia á permanecer en aquel destino mientras la expedicion no retornase, para reparar cualquiera hostilidad que intentasen hacer los caciques Ranqueles y demas descontentos; á cuyo fin tenian prontos 1,000 indios, y pidieron estos dos hermanos alojar inmediatos al campamento: lo que les fué otorgado. Inmediatamente ordenè se diese á la tropa racion de pan, tabaco y agí, que recibieron los oficiales por medio de sus sargentos. En este dia se observó el sol, y resultó hallarse la laguna en 37 grados 14 minutos de latitud sur, situacion ó altura de polo del punto medio de ella: sin que en este dia hubiese ocurrido mas novedad.
15, JUEVES.
En este dia llegó un chasqui de los caciques Ranqueles ó del Monte, solicitando aguardiente, yerba y tabaco; y expresó que estos y el cacique Carrupilun estaban opuestos á la expedicion, y venian con ánimo de declarar la guerra, para cuyo efecto tenian como 600 hombres armados de coletos, cotas de malla y lanzas, como á distancia de 2 leguas del campamento, en unos médanos altos: que la causa entre otras era el tenor entendido que veniamos á hacer poblaciones en sus terrenos y á degollarlos. Enterado de la relacion del chasqui, le disuadí de la equivocacion en que estaban los caciques, y mandé al cacique Victoriano viniese, y se cerciorase de la ocurrencia: como en efecto lo hizo, y por si mismo satisfizo al enviado, manifestándole que la expedicion venia á cargar de sal, como lo acostumbrabamos á hacer de paz y buena amistad: que él estaba cierto de ello, y se mantenia en mi compañia para hacerlo entender á todos los indios; y para oponerse con sus gentes y armas, si alguno tenia el descomedimiento de injuriar la expedicion, ni ofenderla en lo mas leve: y que así se lo hiciese entender á los caciques que lo mandaban, si no querian como amigos venir á tratar. A esta generosa contestacion de Victoriano añadí, que en el momento me iba á poner sobre las armas, que no necesitaba de auxilio alguno, y que en el caso de querer pelear, no me moveria de aquel punto donde los esperaba, y mandaria venir 2,000 hombres armados de la frontera, y que no perdonaria vida de ningun Ranquel ni de sus amigos; y que entonces verian cumplido y realizado lo que ahora no se imaginaba. En efecto mandé aprestar toda la gente, y que los dueños, capataces y peones de carretas se pusiesen sobre las armas, recogiendo las haciendas sobre la laguna, resguardada de la línea que formaba y amparaba la artillería. Este movimiento alarmó á los indios del campamento, y especialmente al cacique Victoriano y sus parciales, que vinieron muy cuidadosos á asegurarme de nuevo su amistad: y en consecuencia de ella les espuse, que retirasen sus familias para que ni se confundiesen con los enemigos, ni sufriesen los estragos de la guerra, que eran consiguientes en el ardor de la batalla, si no se ponian anticipadamente en lugar determinado y cierto, sin separarse de él. Esta resolucion dobló su empeño, y causó los buenos efectos de destacarse algunos indios respetables à prevenir á los caciques armados que desistiesen de su empresa y entrasen de paz, antes que aventurar el perder la tierra, por cuanto á ellos constaba la fuerza que yo habia dejado en la frontera, quienes al menor aviso talarian los campos, y degollarian á todos los indios que faltaban á la buena fé, parlamentos hechos, y paces ajustadas en la laguna, como constaba á algunos caciques que las habian presenciado. Estos razonamientos oficiosos, sin duda arredraron á Carrupilun, motor de esta ocurrencia, y resolviéron con doble intencion entrar al campamento sin lanzas, dejándolas en los médanos. El resultado fué mandar nuevos chasquis, diciendo que ellos acostumbraban hacer sus marchas con las armas, pero que si se les daba licencia, entrarian sin ellas á tratar: cuya respuesta fuè con la misma firmeza que la anterior, mirando con desprecio sus amenazas, y que los esperaba con las armas en la mano. En efecto toda la noche estuvimos con la mayor vigilancia, haciendo candeladas para evitar una sorpresa, á favor de las nieblas, aumentadas con la tormenta y lluvia que sobrevino. Amaneció el 16 sin mas novedad, que haberseme dado parte de la alta de 4 enfermos que tomaron las armas.
16, VIERNES.
A las 8 de la mañana de este dia llegó al campamento un chasqui del cacique Quinteleu, que en el dia de su llegada á la laguna se retiró á buscar su familia, avisando, que habia tenido noticia de las incomodidades sufridas con algunos caciques, pero que nos tranquilizasemos: que al momento se ponia en marcha, que aquietaria y conduciria al campamento á los caciques que se decian enemigos, y les haria entender sus deberes. En efecto llegó como á las 2 de la tarde con los caciques Ranqueles, menos Carrupilun, Curritipai, Coronado y otros, que aun quedaron renitentes y tercos en sus porfias. Se recibieron como á los demas, y dieron sus razones y parlamentos á presencia de todos los demas caciques que ya habian sido admitidos. Cada uno de ellos se panegirizó de un potentado y gran señor de aquel continente, dandose unos á otros esclusiva, sin ofenderse de ello, aunque privativamente se llamaban dueños de la laguna. A todo se dió su respectiva contestacion: habló el último Quinteleu, y entre otras muchas cosas, con que atacó á los caciques, fué la última, que nadie esclusivamente tenia dominio sobre la laguna, que esta era comun, y que todos debian disfrutarla, que ningun cacique, sin cometer violencia y faltar á los tratados de paz con los españoles, podia incomodarlos: que él habia ofrecido al Exmo. Señor Virey y al Exmo. Cabildo hacer guardar estos tratados, y que la expedicion no seria incomodada; y esto lo habia de cumplir y defender con su gente si fuese necesario, hasta cargar las carretas y conducirlas á la misma capital. Que á ningun cacique ni sus gentes se estorba entrar á Buenos-Aires, y á todos se les daba buen pasaporte, y por lo mismo faltando en este presente á su deber los indios, se esponian al enojo de los españoles, y á que tomasen las armas y los destruyesen. Por lo tanto creia, que todos los caciques que estaban presentes convendrian con él: y en efecto convinieron, añadiendo cada uno razonamientos de su conformidad. En este estado repuse, que yo no llevaba otra comision que la de conducir la expedicion, y cargarla de sal, guardando la mejor armonía y amistad con los caciques é indios, sin incomodar á nadie, y observar quienes eran verdaderos amigos, y quienes eran enemigos: no permitir que ninguno ultrajase á los españoles, en cuyo caso castigaria á los que se atreviesen. Que algunos caciques se habian propasado, y esperaba solo la reunion de todos para manifestarles y hacerles ver, que yo no queria emplear las armas si no contra los que me insultaban: y les hacia saber, que á la mas leve queja ó insulto usaria de las armas, y daria cuenta al Señor Virey para castigar la tierra, y que no me retiraria sin hacer los mayores estragos, abandonando la expedicion por vengar los insultos y agravios. Que en este concepto contuviesen á los que se oponian, pues mientras no viese acertada esta paz, no cargaria las carretas de sal, por estar mas desembarazado para todo: que se retirasen á alojar á distancia del campamento con sus gentes. Todos afianzaron estar tranquila la tierra, y me rogaron tratase de cargar las carretas. Yo me resistia á ello, haciendo mérito de lo mismo que me era imposible practícar por el estado de la laguna, y los caciques Quillan, Payllatur y Quidenau se esforzaron sobremanera, y el último con tal estremo, que ofreció en rehenes y seguridad de sus promesas, 4 hijos y su persona: pero yo diferí la contestacion para el dia 17, respecto á que ya era tarde y debian tratar de alojarse. En este estado se retiraron, menos Victoriano y Quinteleu que alojaron en la guardia de prevencion, y continuaron suplicándome cargase las carretas, cierto de que nada me habia de suceder. Y quedando la tropa y gente de armas en vela con las mismas òrdenes y prevenciones que la noche anterior, pasó esta sin mas novedad.
17, SABADO.