Diario de un viage a la costa de la mar Magallanica
Part 3
Caminaron en esta forma cuatro jornadas, de á 6 y 7 leguas cada dia, casi siempre por un camino de indios, de un solo pié de ancho, que estaba lleno de estiercol de caballos y potrillos, ya antiguo, y por manantiales de agua muy buena. Al fin de las cuatro jornadas se desviaron de la senda á una cuesta alta, desde donde mirando con un anteojo de larga vista, descubrieron la tierra de la calidad que la demas. Anduvieron en estos cuatro dias, cosa de 25 leguas sin hallar árbol alguno, ni pasto, sino algo de heno verde en los manantiales, ni tierra de migajon para sembrar, sino toda esteril: agua sí, y en abundancia en varios manantiales, por donde iba el camino ó senda de los indios; y por donde no la habia, lagunas todas de agua dulce. No vieron humo alguno, ni se encontraron animales del campo, sino unos pocos guanacos que huian de media legua, y tal cual avestruz, de los que mataron uno, siendo esteril de caza toda la campaña y cuestas: ni aun pájaros se oyeron, sino es tal ó cual. Hubiéronse, pues, de volver harto desconsolados. La gente se portó con mucha constancia, aunque unos á pocos dias iban ya descalzos, otros con ampollas en los pies, y otros con llagas, y los mas al sexto dia estaban estropeados. El Padre Cardiel á pocos dias padeció muchos dolores en las junturas de las piernas, de manera que al quinto no podia caminar sin muletas; y no hallando otro remedio, que ponerse en ellas paños empapados en orina: con esto solo y la providencia paternal de Dios pudo proseguir. El frio de noche les molestaba mucho; y aunque con los escasos matorrales que hallaban, tenian fuego toda la noche, como no llevaban mantas, ni con que cubrirse, por un lado se calentaban y por otro se helaban sin poder dormir.
Con todos estos trabajos estaba tan vigoroso el ánimo del Padre Cardiel, que si hubiera sido _sui juris_, se hubiera venido por tierra, descubriéndolo lo que hay acerca de los decantados, ó encantados Césares, y de naciones dispuestas á recibir el Evangelio, para lo cual ya se le habian ofrecido algunos de su comitiva. Porque se hacia la cuenta, que con abalorios que llevaba, podria comprar caballos de los indios, y cautivarles voluntades; pero como no esperaba conseguir licencia para practicar esta especie, trató de volverse al puerto en otras cuatro jornadas. En estos ocho dias, que se tardó el Padre Cardiel en esta expedicion, observó el Padre Quiroga con un cuadrante astronómico la latitud de esta bahia de San Julian: y segun estas observaciones, la primera entrada de la bahia está en 49 grados, y 12 minutos: el medio en 49 grados y 15 minutos. El martes 22, á las 4 de la mañana, se embarcaron en la lancha el Padre Mathias Strobl, el Padre Joseph Quiroga, el piloto D. Diego Varela y el alferez D. Salvador Martinez Olmo, y salieron á la primera ensenada de la bahia, y saltando en tierra, caminaron hácia el norte á reconocer la laguna, que habian descubierto los dias antecedentes. A los tres cuartos de legua hallaron en lo alto, entre unos cerros, otra laguna de agua dulce, que tiene de circuito una legua. Mas adelante, á dos leguas de la ensenada, donde desembarcaron este dia, hallaron la laguna grande; pero toda cubierta de sal: tiene tres leguas de largo, y mas de una de ancho. Pasaron á la otra banda por ver si hallaban algunos árboles, y no hallaron sino matorrales, que solamente tienen leña para quemar. En esta travesía de la laguna les calentó mucho el sol; y su reflexion en la sal blanca como la nieve les ofendia la vista. Hallaron siete ú ocho vicuñas, y un guanaco, y á la banda del sur de la laguna, un pozo de agua dulce. Por la banda del este de esta laguna hay una buena llanura, y luego está el mar á una legua de distancia. A las 4 de la tarde de este dia estuvieron ya á bordo.
Lo que todos vinieron á concluir, reconocida esta tierra de la bahia de San Julian, y sus malas calidades, es que por allí no pueden habitar los indios por falta de leña, miel, caza, &a. sino que viven muy retirados; y discurrieron, que el sendero estrecho que siguió el Padre Cardiel cuatro jornadas es, ó de los Auracanos de Chile, ó de los Puelches y Peguenches, que vendrán tal cual vez por sal, de que carecerán en su país, á la laguna grande, ó á las otras de la cercanía de la bahia; y que este año moriria allí algun principal de ellos, para cuyas exequias matarian dos de sus mugeres y sus caballos, para que les hiciesen compañía en la otra vida, segun cree su ceguedad, y por el mismo motivo enterrarian con él todas sus alhajuelas. Maravillados sí quedaron, de que en tamaña distancia de Buenos Aires, hubiese indios de á caballo, porque se juzga que desde 150 leguas abajo, todos estan de á pié, segun nos dicen los indios serranos, y los derroteros de extrangeros. Segun parece por sus alhajuelas de laton, &a., ellos tienen comunicacion con otras naciones, que la tienen con españoles.
En fin, el lúnes 28 de Febrero, se empezaron á preparar las cosas para salir de la bahia de San Julian, en donde no hallándose comodidad para hacer por lo presente algun establecimiento, hizo el Padre Superior Matias Strobl consulta, en que entraron el Capitan del navio, el alferez, el sargento, los Padres Cardiel y Quiroga, presente el escribano del navio, y todos unánimes fueron de parecer, que al presente no era conveniente se quedasen allí los Padres, pues ademas de faltar las cosas necesarias para poblacion, tampoco habia indios, en cuya conversion se empleasen. Por tanto á las 9 de la mañana comenzaron á levarse; pero habiéndose cambiado á la misma hora el viento á sud-oeste, se quedaron en el mismo sitio. A las dos de la tarde sopló con gran fuerza el sud-oeste, y aunque en esta bahia no levanta mar, hizo tanta fuerza, que el navio garró algunas brazas, y fué necesario arrear las antenas y prevenir otra ancla. Los marineros, que habian ido hoy á tierra en la lancha, hallaron en el campo un letrero con estos caracteres: I. O. HN. WOOD, que será el nombre de algun inglés ú holandés que haya estado en esta bahia.
Martes á 1 de Marzo, por tener el viento por el sud-este, no pudieron salir por la mañana, y se colocó en un alto, en frente del sitio donde estuvieron ancorados, una cruz alta de madera con esta inscripcion:--_Reinando Phelipe V, año de 1746_. A las 4 de la tarde, soplando el oeste, se levaron y salieron de la bahia de San Julian, á las 5, y luego que estuvieron fuera, levantaron la lancha á bordo, y siguieron su derrota al nord-este. Con que por despedida será bien dar aquí mas completa relacion de este puerto y bahia.
De ella cuentan muchas cosas los viageros extrangeros, y especialmente Jorge Anson, Comandante de la escuadra inglesa, que el año de 1741 entró á infestar el mar del sur, por el estrecho de Lemaire. Entre otras cosas ponen algunos de sus mapas impresos, que esta famosa bahia la forma un gran rio, que nace de una gran laguna, 40 ó 50 leguas tierra adentro, y que de esta laguna nace otro rio, llamado _de la Campana_, que corre hasta salir al mar del sur. Por todo esto deseaba el Real Consejo de Indias que se hiciese aquí una poblacion, y á ese fin se emprendió este viage: pero la experiencia ha desengañado, que todo lo que decian de esos rios los extrangeros es una mera y pura patraña, pues tal rio no se halla, ni señas de haberle jamas habido; que al fin es verdadero el adagio castellano, que, á luengas tierras, luengas mentiras. Todos sitúan esta bahia en 49 grados, minutos mas ó menos, y tienen razon: porque como ya dije, se ha visto ahora que está en 49 grados y 12 minutos su entrada, y el medio, en donde pueden surgir los navios, en 49 grados y 15 minutos. Su longitud respectiva, contada de la isla de los Lobos, son 15 grados y 20 minutos; y la longitud universal, contada del pico Teibez de Tenerife, son 311 grados, y 40 minutos. No solamento no entra en esta bahia rio alguno grande que se pueda navegar muchas leguas arriba, como en sus diarios y cartas escriben sin fundamento algunos estrangeros, pero ni aun un pequeño arroyuelo pudieron hallar nuestros españoles.
La entrada de este puerto es dificil de conocer al que no lleva mas señal que la altura, porque desde fuera solamente se ve la primera ensenada, casi toda llena de bajíos; pero será muy fácil de conocer dicha entrada, gobernándose por las señas siguientes. Casi al oeste de la boca del puerto está un cerro muy alto, el cual yendo del nord-este, se vé de muy léjos, por ser el mas alto que se vé en esta costa, y de léjos parece como isla; y acercándose algo mas, se ven las puntas de otros tres cerros, que tambien parecen islas, hasta que de mas cerca se vé que son tierra firme. Pues el que fuese en demanda del puerto de San Julian desde la isla de los Reyes, se apartará de la tierra, porque es la costa peligrosa, y llena de bajos; y en llegando á los 49 grados, llevará la vista al sobredicho cerro mas alto, y navegará acercándose á la tierra este-oeste con él, y entonces verá la primera ensenada, que tiene á la banda del norte unas barreras blancas; y toda tierra que está á la banda del sur hasta el rio de Santa Cruz, es baja, y tambien parece que hace una barrera blanca, como una muralla.
La entrada del puerto es bien dificil, y no pueden entrar navios en marea baja, pues queda solamente un canal estrecho con dos brazas y media, ó tres brazas de fondo, el cual corre al sud-oeste hasta una punta, en la cual hay algunas peñas, y desde allí corre mas al sur por cerca de la costa, que se deja al oeste. En pleamar pueden entrar navios de cualquiera porte, porque, como ya se dijo, la marea sube y baja seis brazas perpendiculares, y hace muy diferente la apariencia de la entrada y del puerto, como se vé en dos planos que hizo el Padre Quiroga. No obstante, siempre será necesario que el navio, que no llevare piloto práctico de este puerto, dé fondo afuera, y envíe la lancha á reconocer la entrada: porque, como he dicho, es dificil, y siempre será bueno entrar cuando la marea vaya perdiendo la fuerza, para poder ancorar en bastante fondo, antes que baje la marea. Los navios grandes pueden entrar hasta ponerse detras de las islas, en donde en bajamar se hallan 13 y 14 brazas. El fondo es bueno, de barro negro, mezclado con arenilla muy fina. Los vientos aquí, aunque soplan con fuerza, no levantan marejada, por estar todo el puerto cubierto con la tierra. Hay dentro dos islas, que valen en pleamar, y en ellas muchas gaviotas. A media marea se van descubriendo otros islotes; y finalmente en bajamar se queda en seco, por la parte del sur, un recinto que en pleamar parecia una gran bahia.
Este puerto por el estio no tiene aguada para los navios; pues algunas lagunas manantiales, que se hallan al oeste del puerto, distan tres ó cuatro leguas, y otra laguna mas próxima, que está al nor-oeste de la entrada, dista una legua del mar, y es bien dificil de hallar entre dos cerros cerca de lo alto. En tiempo de invierno es factible que bajen algunos arroyos del agua que destilarán las nieves. Toda la tierra es salitrosa y esteril, solamente se hallan algunos matorrales al oeste de la entrada, que pueden servir para leña para los navios: no hay pasto para los ganados, sino es tierra adentro, que se halla algun poco en las cañadas, donde hay manantiales, ni se halla un solo árbol que pueda servir para madera.
Puédese fácilmente fortificar el puerto, construyendo una bateria en la punta de piedras, que está al sud-oeste de la primera entrada en la costa del norte, porque aquí se estrecha la entrada, y pasa el canal á tiro de fusil de dicha punta: ni podrán los navios batir la fortaleza construida en este sitio, porque en bajando la marea, se quedarian encallados, pues toda la ensenada, fuera de la punta, se queda en bajamar con poca agua, y aun en el canal estrecho apenas llega á tres brazas. Piedra no falta, y casi toda parece ser de ostriones convertidos en piedra, de la cual se puede hacer buena cal. Tambien al sur del puerto se halla en los cerros espejuelos para hacer yeso. Hay en este puerto abundancia de pescado, semejante al bacallao: hay aves marítimas, como gaviotas, pájaroniño, patos, &a., y en tierra se hallan avestruces, guanacos, vicuñas, quirquinchos y zorrillos. El temple es seco, y en invierno no hace mucho frio. Hay cuatro ó cinco lagunas de sal; pero la mas cercana dista de la mar casi una legua.--Al cabo pues de 21 dias de diligencias, para averiguar todo lo dicho, salieron nuestros navegantes de esta bahia de San Julian á 1 de Marzo viniendo en demanda del rio de los Camarones, siempre cerca de la costa.
Vinieron sin ver cosa especial, hasta que el jueves 10 de Marzo se les levantó mucho mar en la altura de una ensenada, que hay al sur del cabo da las Matas, en 45 grados de latitud. En frente de dicho cabo hay dos islas, la mayor á una legua del continente, y la menor, que es muy baja, dista de la tierra 4 leguas, y están una con otra sud-este nor-oeste. Hay otras cuatro islas; la una grande á la punta del sur, y tres pequeñas dentro de la bahia del mismo cabo, al cual no conviene el nombre de las Matas, pues la tierra es toda árida y sin tener matas algunas. Las aguas corren aquí con mucha fuerza al sur y al norte, siguiendo el órden de las mareas, y la tierra del cabo es medianamente alta, con algunos mogotes. Entre dos puntas de este cabo de Matas hay una ensenada, en que entraron el viernes 11 para registrarla; dando fondo en medio de ella en 30 brazas arena negra, á legua y media ó dos leguas de la tierra. A medio dia saltaron en tierra el Padre Quiroga, el piloto mayor, y el alferez D. Salvador Martin del Olmo, y reconocieron, que en lo interior de esta ensenada que forman las puntas de este cabo, hay una buena bahia, con mucho fondo hasta cerca de tierra; de suerte que á tiro de fúsil se hallan 7 ú 8 brazas de fondo de arenilla y cascajo en marea baja. Llámaronla _bahia de San Gregorio_, y está abrigada de todos vientos, á excepcion de los nord-este; este, que aquí no suelen ser malignos.
Subieron los tres á los mas altos cerros, para descubrir desde allí á la banda del norte la bahia de los Camarones; y habiéndola descubierto con una que hay en ella, registraron así mismo otra caleta á la banda del sur del cabo; y notado todo, se volvieron á la lancha, á las 6 de la tarde, bien cansados de haber andado tres leguas sin haber hallado agua, ni leña, ni otra cosa alguna que piedras, que la hacen inhabitable aun de los brutos. Sábado 12, dieron fondo al anochecer dentro de la bahia de los Camarones en 25 brazas de fondo, arena menuda, á legua y media de tierra. Es esta bahia muy grande, por lo cual en el medio es muy desabrigada; mas en la banda del sur, cerca de tierra, pueden las naves abrigarse de los vientos sud-oeste, sur, sud-este, aunque en tal caso estarán expuestas á los nortes, y nord-estes, de los cuales se pudieran defender en la banda del norte, quedando expuestas á los demas vientos. En medio de la bahia hay una isla, que tendra una legua de largo, y en la punta de éste hace una restinga de bajos é islotes: dista del continente casi una legua, y está toda cubierta de aves y de lobos marinos, que andan por la bahia en gran número. Pusiéronla por nombre la _Isla de San Joseph_. Observado el sol en medio de esta bahia, se halló estar en la altura de 44 grados y 32 minutos de latitud, y en 313 grados, y 36 minutos de longitud.
Saltaron en tierra el domingo 13, á las 8 de la mañana, el Padre Matias Strobl, el alferez D. Salvador Martin del Olmo, y seis soldados, á registrar el terreno, y ver si habia indios en esta costa. Volvieron al anochecer, sin mas noticia que haber hallado toda la tierra llena de peñascos y espinas, en cuatro leguas que caminaron, y de las espinas traian los soldados lastimadas las piernas, por ser muy agudas. Encontraron uno que parecia rio, por cuyas orillas subieron, y á cosa de una legua ya no habia mas que señales de que por allí corria hasta aquella entrada del mar algun arroyo de agua en tiempo de lluvias, ó al derretirse las nieves, aunque entonces estaba totalmente seco, por lo cual se reconoce ser fabuloso el rio que en esta bahia pintan algunos en sus cartas, ni se halla agua dulce, ni leña, ni árbol alguno. No hallaron rastro alguno de indios, ni es posible que habiten en esta costa, en donde todo es seco y árido, sin que se pueda hallar gota de agua. Habia en la bahia muchos camarones, que no se habian hallado en otra parte, sino allí y en la bahia de San Julian.
Al anochecer, el lúnes 14, salieron con nord-este de la bahia de los Camarones, en demanda del rio del Sauce.
El martes 15 se pusieron nord-sur con el cabo de Santa Elena, que está á la banda del norte de la bahia de los Camarones, en 44 grados y 30 minutos de latitud: la tierra de él es por la mayor parte baja, solamente se ven algunos mogotes que sobresalen algo, y al que viniere de lejos parecerán islas.
El miércoles 16, por la noche, refrescó el viento demasiado, y causó grande marejada.
El jueves 17, á las 8 de la noche, les sobrevino de repente un huracan de viento sud-oeste muy récio, que cogiéndoles con las cuatro principales largas, los puso en manifesto peligro de desarbolar, y mas habiéndoles tornado por la lua; pero al fin pudieron aferrar las tres, excepto la del trinquete, con la cual corrieron á popa, haciendo camino al sud-oeste.
El viernes 18, se hallaron á medio dia en 42 grados y 33 minutos, hácia donde se pone comunmente el rio del Sauce; pero los vientos contrarios no les permitieron arribar á él. Y viendo que el agua escaseaba, pues no se pudo meter mas por la pequeñez del navio, que el tiempo era ya de invierno por allí; que este rio estaba muy cercano á Buenos Aires; y muy lejos del estrecho de Magallanes, en cuyas cercanías era el órden de poblar, que segun relaciones de algunos españoles, que desde Buenos Aires han llegado á dicho rio, y de los indios que pueblan sus márgenes tierra adentro, y van algunas veces hácia el mar, es de malas calidades hácia su boca, prosiguieron adelante sin entrar en él, y en 41 grados encontraron las corrientes del mar.
El sábado 26 de Marzo, á las 10 de la mañana, se reconoció estar sentido el palo mayor en la parte superior, y se le echó un refuerzo. Halláronse, al observar el sol, en 35 grados y 36 minutos; y habiéndose hallado el lúnes 28 en 35 grados y 43 minutos, los hicieron retroceder las corrientes, pues el martes 29 se hallaron en 36 grados y 23 minutos.
Jueves 31, á las 5-1/2 de la mañana, se hallaron por fin al norte del cabo de Santa Maria, cuatro leguas de tierra.
Viernes 1 de Abril, estuvieron á medio dia en 34 grados y 48 minutos, al este, un cuarto al nord-este del cabo de Santa Maria, á tres leguas de distancia. A la una y media descubrieron el Pan de Azucar al oeste, y á las 5-1/2 á su barlovento, una embarcacion que navegaba al Rio de la Plata, y su vista los obligó á preparar la artilleria y las armas.
Sábado 2, á las 6 de la mañana, en frente de Maldonado, descubrieron á sotavento la embarcacion del dia antecedente aterrada, y se reconoció llevaba vela latina, y á medio dia echaron un gallardete español en el palo mayor, para llamar la embarcacion, que conocieron ser tartana. A las 2 de la tarde, teniéndola mas cerca, echaron vela española, asegurándola con un tiro de cañon sin bala; por lo cual á poco rato se acercó dicha tartana, que venia á cargo de D. Joseph Marin, de nacion francés, quien dijo haber salido de Cadiz por Enero, con pliegos de Su Magestad para el Gobernador de Buenos Aires, y que por no traer práctico del rio, seguiria la derrota de este navio, como lo egecutó: y el lúnes 4 de Abril, á las cinco de la tarde, dieron fondo á tres leguas de Buenos Aires, y á las 5-1/2 entraron los tres Jesuitas en la lancha con el capitan del navio, y el de la tartana, y á las 7-1/2 llegaron á dar cuenta de su arribo al Gobernador de Buenos Aires, D. Joseph de Andonaegui, quien cuatro meses antes los habia despachado, de órden de nuestro Rey (que Dios guarde), á esta demarcacion de la costa hasta el estrecho de Magallanes.
Lo que en general se puede decir es, que dicha costa del Océano, que se extiende desde el Rio de la Plata hasta la extremidad del continente de esta América meridional ó austral, y se llama comunmente _Costa de los Patagones_, está situada entre los 36 grados y 40 minutos, y los 52 grados y 20 minutos de latitud austral. Corre desde el Cabo de San Antonio hasta la bahia de San Jorge al sud-oeste: desde esta bahia hasta el Cabo Blanco corre nor-oeste; desde Cabo Blanco hasta la isla de los Reyes, norte-sur; y desde la isla de los Reyes hasta el rio Gallegos corre al sur-sud-oeste, formando varias ensenadas: y ultimamente desde aquí al Cabo de las Vírgenes corre al sud-este. Toda la costa hasta los cuarenta y tres grados, es tierra baja, y dicen que cerca de tierra se halla poco fondo. Desde los 44 grados, navegando hácia el sur, es casi toda la tierra de la costa bien alta, hasta la bahia de San Julian, y en 44, 45 y 46 grados de latitud se halla mucho fondo cerca de tierra: y así por esta altura, navegando de noche, no hay que fiarse de la senda, pues se hallan 40 brazas á una legua de la tierra, y el mismo fondo se halla muchas leguas la mar afuera. Desde San Julian al puerto de Santa-Cruz es la tierra rasa, y hace barrera alta en la orilla del mar: hállase en todo el intermedio buen fondo. De Santa-Cruz al rio Gallegos vuelve á ser la tierra moderadamente alta, y luego hasta el cabo de las Vírgenes es la costa baja.
En el Cabo de Matas es peligrosa la navegacion de noche en la cercania de la tierra, á causa de las islas, que salen mucho al mar, y la de mas afuera es la mas baja. Tambien es poco segura la costa desde la isla de los Reyes hasta San Julian, por lo cual conviene en esta altura navegar á buena distancia de tierra.
Los vientos que corren en estos mares, en el verano y estio, son nortes, nord-oestes, oestes y sud-oestes. Los estes y sud-estes, que serian los mas nocivos, no reinan en este tiempo. De los sobredichos, los sud-oestes levantan mucha mar, y son casi ciertos en las conjunciones, oposiciones y cuartos de luna. Las mareas incomodan mucho la navegacion por la costa: en algunas partes sube y baja seis brazas perpendiculars, causando este flujo y reflujo mucha diversidad de corrientes, que unas veces corren á lo largo de la costa, y unas al norte y otras al sur, y tal vez encontrándose unas con otras, corren hácia el este y el sud este.
Los puertos son muy pocos: solamente en el Puerto Deseado, en San Julian y en la bahia de San Gregorio se halla abrigo para los navios. En el Puerto Deseado hay una fuente, de la cual en caso de necesidad pueden hacer aguada los navios. Todo lo restante de la costa está seco y árido, que no se vé un árbol, ni hay donde se pueda hacer leña gruesa: de algunos matorrales se puede hacer algun poco en la bahia de San Julian, en donde se hallará tambien mucha pesca y abundancia de sal.
En tiempo de verano se siente algo de frio; pero en el invierno no puede menos de ser excesivo, á causa de las muchas nieves que caen en las cordilleras. Estas no fecundan la tierra, antes la dejan tan seca y esteril que parece incapaz de producir fruto alguno. Toda la costa parece que está desierta, ni hay indios en parte alguna cerca del mar, desde el Cabo de San Antonio al Cabo de las Vírgenes: porque siendo la tierra de la costa salitrosa é infructífera, no tienen de que mantenerse; y si en alguna parte los hubiera, hubieran estos navegantes visto algunos fuegos, ó humaderas en las partes donde surgieron y saltaron en tierra. Por tanto parece que los indios viven muy tierra adentro hácia la falda de la Cordillera de Chile.