Diario de la expedicion reduccional del ano 1780, mandada practicar por orden del Virey de Buenos Aires

Part 4

Chapter 43,994 wordsPublic domain

En este real, por acaso, descubrimos tener estas selvas la caña dulce de que se forma el azúcar, miel y alfeñiques; lo que descubrió el Ayudante Sardina, que aislado en busca de camino, topó con un cañaveral. Y trayendo á nuestro real una, por el zumo, por la hoja, por el peso y por el gusto, conocimos ser caña dulce, aunque no era muy fino el sabor; lo que talvez proviene del jugo inepto, por ser el terreno salitroso, ó por la ninguna cultura que le asiste. Los indios dicen que hay mucha en los montes, pero no la comen, porque, no sé porque motivo, la titulan _flecha del Diablo_. De aquí se escapó un presidario.

(_4 leguas._) El 11, como á las 9 del dia, salimos de este tren y venimos á parar en distancia de cuatro leguas, en un dilitado [Nota del transcriptor: dilatado] escampado á las márgenes del rio, siguiendo el mismo rumbo al naciente: de aquí empiezan las rancherias de los indios Sinipés, y nuestro P. Capellan hasta hoy no ha parecido. Titulamos este _el Tren del Yelo_, por el excesivo que tuvimos esta noche, en que se perdieron 8 vacas y 2 caballos.

Estos indios Sinipés en la expedicion pasada prometieron al Sr. Matorras sugetarse á reduccion, quien así les prometió egecutarlo en mas oportuno tiempo.

(_3 leguas._) Del Tren del Yelo salimos el 12, como á las 12 del dia, y vinimos á parar en distancia de 3 leguas, en una cañada de muchos pastos y trebol: y aquí topamos el R. P. Lapa con 40 bizarros indios Sinipés y un Malbalá, y segun la relacion de dicho P. le toparon los indios con bastante recelo. Y enterándoles su R. del fin de nuestra entrada (por medio del faraute), se entregaron y resolvieron á venir; y segun se han explicado, adoptan siempre el proyecto de su reduccion, y de salir (en su caso) á discrecion de los superiores. El cacique no vino por enfermo, pero mandó recado á nuestro General, que se esforzaria á salir en su distrito, donde trataria lo conveniente en cuanto á capítulos de paz y reduccion: por lo que para allí se reserva estampar lo que ocurriese.

Esta noche hospedamos en nuestro real á estos indios, y mandó S. S. se les aviase de carne: repartíoles gorros, cuchillos y otras baraterias de que quedaron muy agradecidos. Esta noche nos cayó otra helada mucho mas rigurosa que la pasada. Titulamos á este _el Tren del Apio_, por abundar sobremanera esta yerba en estos bajios.

(_3 leguas._) El 13, como á las 9 del dia, caminamos siguiendo el propio rumbo, y llegamos al parage de _Santa Rosa_, en distancia de tres leguas. Y como se adelantase de la marcha nuestro General y el Sr. Arcediano, con el P. Capellan é indios advenedizos, llegaron á una eminente barranca del Rio Bermejo, al frente de las rancherias de los indios Chunupíes: y pasándole aviso S. S. al principal cacique _Atecampibáp_ (famoso caudillo, y poderoso por las naciones que comanda), apenas recibió el recado político que se le pasó, se puso en camino, y metido en una balsa de cuero, acompañado de un lucido y numeroso convoy, á pesar del sanguineo Bermejo, surcando sus corrientes en este alado aunque tosco bajel, llegó con presteza á nuestra banda, y sacándole en brazos los suyos, saltó á tierra.

A penas se aproximó à nuestro General, le echó este los brazos, y lo recibió con suma gratitud, haciéndole entender por medio del faraute, cuanto se complacia de verle, conocerle y tenerle por amigo. Igual diligencia practicó el Sr. Arcediano y Capellan, y á todos respondió el cacique con iguales expresiones de cariño, vertiendo en este acto copiosas lágrimas de regocijo.

Acompañaban á este caudillo, á mas de las chusmas y _guardias de corps_, 3 capitanes como cortesanos suyos: el primero Chinchin, mandon de la nacion Malbalá; Dupulem, cacique de los Sinipés, con Guanchil, capitan de los Chunupíes; cuyas naciones confederadas hacen un cuerpo, siendo su principal cabeza el expresado Atecampibáp, caudillo nunca visto ni comunicado de los españoles: y serian por todos en número los aparecidos, como 200 indios de ámbos sexos, quedando los demas en sus habitaciones.

Y como el principal cacique se hallase indispuesto con una cerrazon de pecho que apenas se le apercibia lo que hablaba, convidóle S. S. á nuestro real, para que allí pasase la noche con los suyos, y que con este motivo podria medicinarle el médico de la expedicion. Aceptó gustoso, y se vino á nuestro acampamento, donde à este y los suyos mandó S. S. proveer de carne y bizcocho para aquella noche, y el médico le curó.

El 14 amaneció mejorado de sus dolencias, y por ser dia del Seráfico Dr. San Buenaventura, celebróse el santo sacrificio de la misa, y luego se formó consejo para parlamentar á estas naciones. Hízose conclave de toda la oficialidad, presidiendo S. S. y el Sr. Canónigo. Juntamente por su órden se sentaron todos los mandones, y por medio del faraute, Silvestre Corro, hizo nuestro General se les hiciera preguntar ¿si querían reducirse al catolicismo, y ponerse en reduccion? Y que determinasen el tiempo oportuno y lugar que elegian para su pueblo, para dar cuenta de todo al Superior Gobierno, cuyo subdito era y comisionado para dar reduccion á los Tobas y Mocobíes: y que aunque por sí no podia resolver en el particular, confiado en la piedad del Soberano, y de su Virey de Buenos Aires, les aseguraba que serian atendidos en esta parte.

Respondió el principal, y á su egemplo todos, que deseaban con anhelo reducirse, y que sin novedad se sugetarian á reduccion, con tal que nuestro General corriese con la erreccion de su pueblo, y los arreglase sus temporalidades: á quien desde luego elegian por su Protector por el afecto que le tenian, conociendo que ninguno los habia de mirar con mas amor y caridad; y que al mismo tiempo pedian que el R. P. Lapa los viniera á sacar á su tiempo, con quien saldrian á su disposicion sin recelo alguno. Que en cuanto al tiempo, seria para el año próximo venidero á nuestro regreso, por estar en el dia muy mal de caballos para conducir sus chusmas. Que en cuanto al lugar, elegian desde luego la _Cañada del P. Roque_ (que es un sitio constituido sobre el Rio del Pasage, ó el Algarrobo, alias _Ramada_), que está sita en medio del Piquete de Pitos, y Real Presidio de San Fernando, y en medio de 6 reducciones establecidas en nuestra jurisdiccion.

El Sr. Arcediano hízoles presente, que venia de superior de todas las reducciones, y que dejando sus comodidades, venia sin otro objeto que reducir almas y procurarles á los conversos todo alivio: que por lo mismo viviesen ciertos de que los habia de proteger en lo posible, dándoles curas doctrineros escogidos, para que con amor y cariño los enseñasen; y que cuando así no lo cumpliesen, con su aviso estaría pronto á mudarles pastor, dándoles un sugeto aparente.

Agradecieron muy deveras este oficio, y suplicaron á S. S. que así lo cumpliese para que pudiesen subsistir en su conversion, estando ciertos que de su parte no se haria novedad en lo tratado.

Y repitiendo la súplica á nuestro General, que les protegiese y acompañase en calidad de protector para su fundacion, le respondió S. S., que con sus bienes y con su persona, coadyuvaría gustoso al intento; estando ciertos de que daria cuenta de todo al Superior Gobierno, y que cuando S. E. confiase de otro sugeto esta comision, no por eso dejaria de cooperar en cuanto le fuese posible y condugese á su alivio: pues sin otro objeto, dejando sus negocios pendientes, y postergando el adelantamiento de sus intereses, venia á fundar las dos reducciones que se refieren. Quedaron gustosos y satisfechos, firmando los capitulos de concordia S. S. y demas oficiales, por ante el Secretario de la expedicion. El Capitan D. Juan Antonio Caro, que hace de protector, lo firmó, haciendo personeria por los indios y el intérprete Silvestre Corro: dióseles á los ladinos sombreros, ponchos, gorros y cuchillos, repartiendo á las mugeres agujas, gualcas y bizcochos. Concluyóse esta funcion con vivas y abrazos, no siendo pequeña nuestra complacencia: batíose la real bandera, y repitiendo todos _Viva el Rey_, cerróse esta funcion, titulando este _el Tren de la Buenaventura_, por no ser pequeña la que hemos logrado en la conversion de estas no menos numerosas que belicosas naciones: y todo este dia se paró, por dar lugar al desmonte que se está allanando.

(_½ legua._) El 15, como á las 8 del dia, nos despedimos de los indios, y mandó S. S. se les dejaran en pie ocho reses, y una para que entregasen al Coronel Cornejo, que esperamos venga por el rio: á quien por el mismo conducto dejó S. S. carta instructiva, y venimos á parar en distancia de media legua en la ceja de una espesísima montaña.

No pasamos este dia mas adelante por obstar este monte, y haber robado el rio el fulcro del antiguo carril; y S. S., para estimular al trabajo á los partidarios, peones y presidarios, tomó el hacha en la mano y empezó á trabajar con gran calor: siguió al General el Sr. Canónigo, y á este toda la oficialidad, á estos toda la gente, con tanto empeño y ardor, que en menos de tres horas se traspasó con la tala todo el bosque que tenia mas de legua; no siendo los operarios mas que 46 en número, inclusive nuestro General y gente voluntaria: de modo que pudieron pasar los carros á dormir al otro lado, quedando de este la marcha con todo el resto del tren, y titulamos esta jornada _el Tren de las fatigas_.

(_6 leguas._) El 16 salimos de este tren, y á las 3 leguas de camino, atajándonos igual tropiezo de monte, aunque no tan espeso ni tan largo como el pasado. Estimulando S. S. á los subalternos con su egemplo, consiguió en dos horas allanarle, de modo que tuvimos tiempo de pasar con todo el tren, ganados y mensages: y caminando otras tres leguas, anduvimos seis en aquel dia, y venimos á parar en un escampado grande, compuesto de unos eminentes palmares, y titulamos este _el Tren del Càrmen_, por haber llegado á él la vispera de Nuestra Señora. Esta noche se perdieron del pastoreo 36 reses, que no se pudieron hallar por mas que se buscaron: por lo que se presume las hayan robado los Mataguayos que andan por acá dispersos.

(_2 leguas._) El 16, saliendo de este tren, venimos à parar en distancia de dos leguas en un grande palmar y simbolar: y no pudimos avanzar mas camino por estorbarlo una montaña espesa de mas de legua. Pero repitiendo S. S. el mismo afán que en el pasado desmonte, siguiendo la oficialidad y demas concurrentes, se logró traspasarle en menos de cuatro horas, y hubo tiempo para que pasasen las carretas á dormir al otro lado, quedando de esta banda el resto del tráfago, ganados y mensages, por la comodidad de los pastos y agua. Esta noche se perdieron 9 caballos.

Teniendo noticia nuestro General, que los indios Mataguayos dispersos los habian robado, significólo á los Chunupíes amigos, que por via de convoy venian con la marcha, y al punto se volvieron en pos de los ladrones: cuyas resultas se colocarán en su lugar.

(_4 leguas._) El 17, como à las 11 del dia, siguiendo el mismo rumbo y direccion del rio, venimos á parar en una loma, que dista del pasado tren cuatro leguas, y está poco mas adelante del _Real de los Tucumanos_ (así llamado por el levantamiento que estos suscitaron allí el año de 74 en la pasada expedicion). Aquí se juntò en un cuerpo todo el congreso de la presente campaña, y le titulamos _la Congregacion de San Alejo_, por haber llegado aquí la vispera del santo.

Correspondió la denominacion al denominado, porque á las cinco de la tarde, despues de haber parado, se presentó en nuestro real el Capitan de Sinipés, Dupulem, con mas de 50 indios de su nacion, y un inmenso número de mugeres y párbulos [Nota del transcriptor: párvulos]. Mandó S. S. se hospedáran en nuestro real aquella noche, y que se les proveyera de carne y bizcocho: y al siguiente dia, parlamentados acerca de su ratificacion, no hicieron novedad, y antes dijeron, que para pruebas de estar firmes en su proposito, salian trayendo sus chumas [Nota del transcriptor: chusmas], como por género de política y subordinacion. Pero que suplicaban á S. S. protegiese su reduccion, y les formalizase sus temporalidades. Prometíoles para su consuelo, que si posible fuese vendria con su muger é hijos á vivir con ellos cuando se tratase de su poblacion: con lo que quedaron satisfechos; y mandó se les repartieran gorros y cuchillos á los varones, dando poncho al principal, y á las mugeres rosarios, gualcas y agujas; á todos bizcocho y carne, haciéndoles dejar en pié 6 reses, de que quedaron muy agradecidos y se despidieron con estrechos abrazos.

(_3 leguas._) Este mismo dia, que fué el 18, como á las 9 de la mañana, salimos de este tren y venimos á parar en distancia de tres leguas, á las márgenes de una gran laguna, que titulamos _del Cayman_, porque herido uno de un balazo se ocultó en el agua.

De este tren dista como legua y media la Puerta de Macomita (alias la _Encrucijada_), así llamada, porque allí se junta este nuestro carril con el de Macomita que descubrió el General finado D. José Arias Rengél, padre de nuestro General, en la entrada que hizo el año de 1759 en el gobierno del Sr. Espinosa Davalos.

Este camino, aunque montuoso y escaso de agua, es tan recto, que por él se ahorran sobre 40 leguas de camino, segun la relacion de los indios, y de los sujetos prácticos que le han traficado. A mas de esto, es camino sin riesgo de enemigos ni esteros; y siendo el único embarazo para que le trafiquen las marchas, el agua y el monte, podrian removerse estos obstáculos, el primero con quemazones y talas, y el segundo cavando fosas y tajamares: y con este alivio en todas las estaciones del año habria paso franco, así para la entradas, como para sufragar socorros á las reducciones que van á crearse en el centro del Gran Chaco.

(_2 leguas._) El 19 salimos de la laguna, y vinimos á parar en distancia de dos leguas al pié de la barranca del rio, donde, aunque las crecientes habian robado el antiguo fulcro, habian formado un cómodo potrerillo, en que se aseguraron todas las bestias esta noche.

(_2 leguas._) Y porque robado el antiguo carril era preciso peinar la eminente barranca que se objeta, y allanar un retazo de monte que subsigue, el 20 repitió S. S. y oficiales la fatiga de los pasados desmontes, y con igual ardimiento talaron mas de media legua de montaña, y concluyendo temprano, tuvimos tiempo de pasar al otro lado con todo el tráfago, y en distancia de dos leguas venimos á acamparnos en una cañada.

El 21, como á las 7 del dia, nos alcanzaron 8 indios Sinipés con el capitan Dupulem, trayendo los caballos que se robaron los Mataguayos. Agradecíoles S. S. accion tan bizarra, y para estimularlos á continuar en operaciones tan recomendables, les mandó repartir carne, ropa, yerba, tabaco y bizcocho. Con estos indios llegó el Sr. Canónigo, que por haberle tomado la noche con sus carros, en distancia de media legua mas atras, paró allí á dormir: y titulamos à este _el Tren de los caballos_.

(_3 leguas._) Del que salimos el propio dia, como á las 12, y vinimos á parar en el totoralcito que dista tres leguas de aquel tren.

Aquí paramos todo el 22, dando tiempo á la apertura de un dilatado bosque, que fué preciso romper por haber faltado el plano del antiguo carril.

Y teniendo noticia nuestro General que las dos naciones que son el objeto de esta espedicion [Nota del transcriptor: expedicion] se hallaban turbulentas, y maquinando temores y recelos, por los maléficos influjos que les habian prestado contra nuestro intento la gente de la parte del Paraguay; en tanto grado que les habian hecho creer veniamos á pasarlos á cuchillo con capa de paz y reduccion, confederándonos con los de Santa Fé para tomarlos en medio y hacer seguro el sacrificio; por lo que intentaban ponerse en fuga cuanto antes: deseando nuestro General poner remedio en tan pernicioso cisma, acordó seria conveniente despachar adelante al P. Misionero, para que este apostolicamente les satisfaciese, y quitase los recelos, informándoles de la realidad del suceso.

Significó nuestro General al Sr. Arcediano este pensamiento, y adoptándolo S. S., resolvieron hacerlo como lo pensaron. Propusiéronle al R. P. Lapa; y conociendo en su religiosa prontitud no haber embarazo, aviándole de lo preciso, le despacharon á las tres de la tarde para Lacangayé, en consorcio de Silvestre Corro el intérprete, de tres indios Tobas y dos Pasaynes: y como distan estas rancherias sobre 70 leguas de este acampamento, las resultas se colocarán en su lugar.

(_5 leguas._) El 23 celebró misa el Sr. Canónigo al romper el dia, y salimos de este real como á las 7 de la mañana; y siguiendo siempre el rumbo al naciente, venimos á parar en distancia de cinco leguas sobre la barranca del rio en un monte ralo.

(_6 leguas._) Aquí el 24, en honor del glorioso Apóstol del Chaco, _San Francisco Solano_, celebró misa al alba el Sr. Canónigo, y le titulamos _el Real de San Solano_: del que salimos como á las 7 del dia, y venimos á parar en el _Tren del Sr. Espinosa_, por haber llegado hasta allí dicho Gobernador en la campaña que hizo el año de 1759.

El 25, dia del glorioso Apóstol _Santiago_, mandó S. S. se enarbolase la real bandera con la salva acostumbrada, y que formada la gente partidaria, asistieran al santo sacrificio de la misa, que se celebró con la posible celebridad, llenàndose los árboles de diversos gallardetes, y haciendo las competentes descargas. El Sr. Arcediano oró una erúdita oracion, parando la marcha todo el dia por dar descanso á las bestias, y porque toda la gente se lavára, para cuyo efecto se les mandó repartir jabon.

(_4 leguas._) El 26, saliendo de este tren, venimos á parar al paraje nominado _Lataruec_, que dista como cuatro leguas del pasado.

Aquí encontramos algunos indios Vilelas, que venian de Lacangayé para Petacas, de cuya reduccion dicen que son. Preguntados por los Mocobíes y Tobas, dicen se han retirado tres dias de camino mas abajo de Lacangayé. Del P. Lapa no dan razon alguna, y solo dicen que viene á toparnos el indio Lachiquitin, Mocobí, con algunos de su nacion. Y como estos pasasen á su destino, dirigió S. S. por este conducto letras al Gobierno de Salta, dándole noticia de los sucesos hasta aquí acaecidos.

(_5 leguas._) El 27, como á las 8 de la mañana, salimos de Lataruec, y vinimos á parar en los zanjones que distan 5 leguas. Y aqui topó S. S. algunos Tobas que trageron cartas del P. Lapa, quien expone vá caminando en pos de los Mocobíes; y que los que deja atras estàn muy conformes esperando nuestra marcha.

(_4 leguas._) De aquí salimos el 28, y vinimos á parar en la _Cañada de la Princesa_, distante 4 leguas: se intitula asi por el encuentro que en ella tuvo la pasada expedicion con la hermana del famoso Paikin.

(_3½ leguas._) El 29, como á las 11 del dia, salimos de esta Cañada, y vinimos á parar en otra igual, que dista de aquella tres leguas y media.

Aquí nos encontró el R. P. Lapa, de regreso con el cacique Lachiquitin, y otros indios Tobas que le acompañaban: dió razon dicho Padre haber encontrado estos indios bien cerca de Lacangayé, y que, anoticiándoles del fin de nuestra marcha, tuvieron por conveniente venirse con el Padre á toparla: y porque los suyos estaban abajo convocados para presentar batalla á los Abipones sus enemigos, tuvieron á bien hacerles chasque, para que, noticiosos de la marcha, omitieran aquella perniciosa hostilidad, tratando solo de disponerse para reducirse: con lo que suponemos se haya deshecho la conspiracion. Y habiendo llegado á nuestro real, recibió S. S. y el Sr. Canónigo al cacique referido y sus acompañados con mucho júbilo, abrazos y cariño, mandándoles repartir carne para aquel dia.

(_5 leguas._) El 30, salimos de este tren como á las 10 del dia, acompañados de los dos caciques é indios de su comitiva: venimos á parar en distancia de cinco leguas en el _Tren de Lachiriquin_, así nominado, por el encuentro que con él tuvo la marcha de la pasada expedicion, tan feliz como deseada, por la alianza que con este famoso caudillo de los Mocobíes se consiguió, de que resultó todo el alivio de los concurrentes.

(_5 leguas._) El 31, salimos de este tren como á las 10 del dia, y venimos á parar en la Laguna de las Perlas, que casi formadas en su seno matriz se encontraron en la expedicion pasada, pegadas en algunas, semejantes á las que se encuentran en las ferias y pesquerias: confrontando con esta relacion lo que en el particular escribió el R. P. Lozano de la extinguida Compañía, quien al párrafo 2.º fòlio 11 de su Descripcion Corográfica, afirma haberlas en algunas lagunas de este vasto continente, citando diversos autores que lo apoyan. Cuya profundidad, y el ningun tráfico de los españoles por estos lugares, hasta hoy no han descubierto su formal existencia, y en la presente campaña esperamos averiguar su realidad. Dista este tren del pasado cinco leguas.

AGOSTO.

(_4 leguas._) El primero de Agosto, como á las tres de la tarde, salimos de este tren, por haberse ofrecido un desmonte y venimos à parar en distancia de cuatro leguas, en una ceja de monte, donde llegamos de noche, y por lo tenebroso de ella le titulamos _el Real de las tinieblas_.

(_7 leguas._) De donde salimos el 2, como á las 8 de la mañana, y vinimos á parar en distancia de siete leguas à las márgenes de una hermosisima laguna que forma un semicírculo, en la que se tomaron tres caimanes pequeños, por lo que se le titulò _la Laguna de los caimancitos_.

(_4 leguas._) De esta salimos el 3, como à las 11 del dia, y à poca distancia topò á nuestro General el cacique Ketaydí, à quien recibiò con mucho agrado: y tratándole de su reduccion, dijo que la diesen á los Tobas de adelante, que luego se le daria á él: repugnándole bastante la situacion de Lacangayé para pueblo, por justas razones que alegò; siendo la principal el ser pavimento que frecuentemente lo inunda el Rio Grande. Despidíose de nuestro Comandante, y por ir de camino solo se le dieron tres reses en pié, y se fué à su rancheria. Vinimos à parar à las márgenes del rio en unos algarrobos, donde està situada una rancheria desierta, y dista del pasado real como cuatro leguas, distando cuatro de Lacangayè. Aquí paramos todo el dia 4, por haber comodidad de pastos y aguas, respecto de estar todo el campo quemado: hallandose por ahora indeciso S. S. en cuanto al sitio de nuestra residencia, y plano de las dos reducciones.

El mismo dia, como à las 5 de la tarde, se presentaron en nuestro real el cacique Keyabirí con cerca de 20 indios, y con ellos D. Juan Zea y el partidario Antonio Burgueño, (que como se dijo atras, los mandó S. S. por el Salado á que sacasen los huesos del finado P. Scena [Nota del transcriptor: Sena] y su carruage). Recibiò S. S. à los indios con toque de tambor, y formada la gente miliciana, díoles estrechos abrazos nuestro General, el Sr. Canònigo, P. Capellan y toda la oficialidad. Dándoles á entender por el intèrprete el fin de nuestra entrada, contentos respondieron unánimes, eran muy gustosos, y que siempre estaban en lo que prometieron. Por lo que S. S. con particular jubilo les mandò batir la real bandera, que traia por hasta una cruz; y á voces claras se proclamò diciendo, _Viva el Rey_.

Nuestro General mandòles sentar, y que les dieran refrescos. Significòles la piedad, gratitud y amor con que el Rey su Amo y Sr. natural, estaba empeñado en buscarles por todos medios su bien y alivio, deseoso de que se reunieran al gremio del catolicismo, para cuyo fin generoso habia franqueado sus reales arcas; y que si posible le fuera buscarlos en persona lo haria, segun el amor y caridad con que los miraba, ampliándoles todas las leyes à su favor, y llenándolos de privilegios, sin otro mérito que ser conversos, pobres, míseros y desvalidos, hasta colocarlos bajo su real proteccion y patronato: y por no poder emprender estas empresas personalmente, las confiaba á sus Ministros. Oyeron todo con grande atencion, y luego respondieron estar ciertos de todo, sin embargo de que lo contrario les habian informado, á lo que no habian querido dar crédito.