Diario de la expedicion de 1822 a los campos del sud de Buenos Aires Desde Moron hasta la Sierra de la Ventana

Part 18

Chapter 184,086 wordsPublic domain

El pequeño _ambigú_ era mas bien para no mirarlo que para el objeto á que se le destinaba: el desaseo y el mal olor de la miserable choza la hacian mas bien una habitacion de animales feroces que de hombres, por mas salvages que fueson. La disposicion de los platos y el asado que nos presentaron eran asquerosos, y la inmundicia en que estábamos no nos permitia quedarnos allí mas tiempo. Por no desairar á la buena disposicion y sentimientos del invitante, y de _Madama_ Antiguan, tomamos lo muy preciso para que no pudiese causarnos una enfermedad. Nos retiramos, y quedaron contentos.

En el toldo habia mas de 30 personas que allí habitaban: ocho ó diez jóvenes en rueda, jugando el dado y naipes, y las mugeres que preparaban las comidas y los asados para ellos. Es inesplicable la holgazaneria y repugnancia al trabajo de estos hombres. Las mugeres son las que desempeñan sus obligaciones, á mas de cumplir con las cargas que una dilatada familia les impone.

Las comidas son en estremo asquerosas:[62] estas las disponen para sus esposos las mugeres: ellas, como lo hemos dicho llevan consigo los trabajos mas fuertes y dificultosos de su sexo. El varon, holgazan, acostumbrado á que le ensillen el caballo, le maten el ganado para comer, le den todo hecho, no piensa en buscar medios de industria para entretener su familia. Algumos vimos quo se egercitaban en tegidos, y las mugeres en disponer la lana, teger cosas ordinarias, y siempre entretenidas con labores. Los Ranqueles no son de la misma especie que la tribu Pampa. El varon, aunque igual al otro, no reposa en la holgazaneria: las telas son su principal entretenimiento, con mas finura y gusto que los demas. Las mugeres hacen lo mismo, y en su vida doméstica egercitan los pesados trabajos de la otra tribu. Ninguna de ellas llega al grado de civilizacion é industria de los Araucanos. Sus telas finas las introducen á estos en cambio de ganados, y aun de las suyas mismas. El Ranquel parece haberle heredado, (como familia que de ellos recibe su orígen) el valor y la constancia para la lucha, pero no sus virtudes, que los hacian recomendables en medio de su estado salvaje. El Pampa, raza que recibe su orígen, al parecer, del occidente de los Andes, se halla mas adulterado en sus costumbres que el anterior. No tienen las virtudes ni el valor extraordinario de los primeros, ni la constancia de los segundos. Son guerreros por naturaleza, pero no valientes con orgullo como sus antepasados, y sus vecinos. Amigos del robo mas que los otros, avaros sin cotejo, audaces y orgullosos en su suelo, hipòcritas y humildes en el ageno, piratas en el comercio, y desconfiados sin iguales. Los Ranqueles con muy corta diferencia tienen las mismas cualidades: mas guerreros y sanguinarios, y de su valor hacen fé sus acciones; ambiciosos, orgullosos è hipócritas como sus vecinos los Aucaces: constantes en la pelea y en sus opiniones, hacen alarde de cometer acciones horrorosas, y en la mezcla se distinguen por su intrepidez: desafian en la lid mano á mano á sus adversarios, y se desdeñan batirse con menor número que sus fuerzas, á no ser que sean batidos. Gallardos y ágiles en el caballo, y de tallas regulares, desnudos y pintados hasta medio cuerpo, se presentan en las líneas con sus densos cabellos estendidos, que hace mas imponente y respetable su figura.

Los Aucaces no egercen esas acciones particulars de valor, pero son guerreros, aunque no en igual grado. Se presentan del mismo modo, y aun podemos asegurar que son mas ágiles y poseen mejor el caballo que todas las tribus: son mas sanguinarios que los Ranqueles, porque son mas cobardes: cargan y cubren sus líneas con sus mugeres è hijos en estado de cargar la lanza. En ellas sufren los contrastes á la par; y la muger amable y sencilla (cualidad natural de este sexo) es sacrificada á sus caprichos. Las Ranquelas son amables, y sus esposos no tienen esa costumbre impropia que es tan comun en los Aucases. Estas dos castas traen su orígen de los Araucanos: su idioma y costumbres son las mismas, sin embargo de que el primero se halla algo adulterado.

Los Huilliches, tribu de distinta especie, son hombres con cualidades diferentes de las otras dos. Estos no descienden de aquellos, y sí de los Patagones: su talla es aventajada, su tez mas negra, su figura mas noble. Habitan el pais que mas atras se ha descrito: son ágiles y bien hechos, manejan el caballo en igual grado que los Aucases, son guerreros é infatigables en la lucha, valientes con honor, no cometen esas acciones degradantes, que afean á los demas: hospitalarios y afables, constantes en sus amistades, amables en su vida doméstica, hombres de bien, legales en sus tratos, é industriosos mas que todos. Sobremanera orgullosos en la lid, pero virtuosos, dan cuartel al rendido: poco avaros y nada desconfiados, su buena fé la ostentan en todas partes. En la lucha se presentan del mismo modo que los otros, pero con turbantes llenos de plumas; cargan las mismas armas, se pintan el rostro, y el aspecto de sus facciones es el mas imponente. Sus mugeres tienen las mismas calidades que sus varones. Su idioma es diferente del de las demas tribus, sin ninguna diferencia de los Patagones: sus costumbres son idénticas á las de las demas naciones.

El 18[63] á las 9-1/2 nos pusimos en retirada, despidiéndonos de toda la multitud que antes de partir nos rodeaba. Nuestro amigo Antiguan se dispuso á acompañarnos hasta las primeras sierras, y de allí retirarse. Llevábamos con nosotros una comitiva de 100 personas con los indios parientes que cada cacique habia reunido, con artículos de comercio, y que debian ir en nuestra compañia. Un indio baqueano nos guiaba hacia la Guardia del Monte. Con rumbo E 30° NE rompimos la marcha: á la 1-1/4 leguas encontramos una laguna, como de 900 varas de circunferencia, llena de junco, buena agua, y de 5 á 7 pies de profundidad; fondo lama y barro, su nivel poco menor que el del terreno. Mas al SE de ella, como una milla, se halla otra pequeña de 300 varas de circunferencia, con las mismas cualidades que la anterior: ambas estan cubiertas de elevadas maciegas y pastízales en todos sus alrededores. En la primera contamos 15 á 16 toldos, en la segunda 5, pertenecientes al cacique Neculpichuí y Chañapan, los que al paso saludaron á la Comision por despedida.

La poblacion de ambas lagunas se calcula de 300 á 350 personas, de las que solamente 80 á 90 hombres. Con el mismo rumbo, y á 2-1/4 leguas del punto de salida, se encontró otra á la derecha del camino, como á media milla, de 350 varas de circunferencia: buena agua, llena de junco y sucia, fondo lama y barro, y dos ó tres pies de agua; en sus orillas se hallan cinco toldos pertenecientes al cacique Catrillan; el nivel de la laguna es el mismo que el del terreno. La poblacion no pasa de 80 almas, y de ellas 12 ó 14 hombres. En sus cercanias se hallan algunos médanos, los mismos que pasamos antes á nuestra arribada. En sus inmediaciones se encontraban algunos rodeos considerables, y su número puede ser calculado de 12 á 16,000 cabezas de ganado vacuno. El caballar y lanar pasa de 8,000, pertenecientes al mismo.

A esta distancia viramos al rumbo E 48° N, y en esta direccion caminamos una legua, en donde encontramos una laguna sobre la izquierda del camino, como de 250 varas de circunferencia: su nivel es el del terreno, agua salobre, fondo barro y lama, dos á cuatro pies de agua, buenos pastos á sus alrededores: á 2/3 de legua y con rumbo E 38° N, que avanzamos de esta laguna, adelante, se encontró otra hermosa: su magnitud una milla de circunferencia, figura irregular, buena agua, fondo lama y arena, cuatro á cinco pies de profundidad, límpia y pastos cortos en sus inmediaciones: el terreno blando tierra negra y húmeda. Con rumbo E 39° N seguimos la marcha, y á 2-1/4 leguas de esta laguna hicimos alto á las 6-1/2, en un pequeño monte de cardos sin aguada; pero advertidos por el indio baqueano, se habia cargado la que se pudo en la laguna anterior. Desde el momento de la salida hasta la parada llovió: se hicieron 6-1/4 leguas de jornada, que resultan en línea recta 5-3/4, desde los toldos del indio Antiguan hasta la parada.

El terreno transitado en esta jornada era bastante húmedo y horizontal, sin ninguna diferencia de nivel: la tierra húmeda, negra y vegetal, abundante de plantas y flores: pastos cortos y buenos, leña de cardo bastante, la caza de ciervos, gamos, liebres y avestruces se multiplicaba á nuestra vista sobre el horizonte: la de mulitas, zorros, conejos, cuises, caranchos, peludos, zorrinos y perdíces, cubrian la campaña, y el viagero no encuentra otras especies sobre su marcha que esta prodigiosa multiplicidad, que en los desiertos sirve para el sosten de los transeuntes y de los indígenas. De los cueros beneficiados de zorrinos, zorros y liebres, forman grandes mantas, cuyo vello les sirve para abrigarse de los rigores del pais que habitan; los benefician de tal modo, que este artículo es apreciable en todas partes, y en los estrados se sirven de ellos. En su idioma los nominan _quillanqús_, y todos trabajan en este ramo, ya por su uso, ó ya para acopios que permutan á la frontera.

El 19[64] á las 8 de la mañana, rompiendo la belada que cubria el campo, nos pusimos en marcha: transitando por un campo horizontal y quemado. A las 3-1/4 leguas del punto de salida, y con rumbo N 25° E, se encontró á la izquierda del camino como tres cuadras, una laguna de 600 varas de circunferencia; con barranca, agua regular, fondo barro y lama, dos y tres pies de profundidad, cubiertas sus riberas de mostaza y duraznillo. Aqui se cargó agua, porque mas adelante se nos advirtió que no se encontraria. A las 2-3/4 leguas de este punto con rumbo N 18° NE encontramos la huella ó camino que llevábamos á la ida. El objeto que se proponia el baqueano al tomar el antiguo camino, era pasar por el mismo paso de la sierra, y de allí dirigirnos á la Guardia del Monte. Nuestro objeto era ciertamente diferente: pasar la sierra por otro punto mas oriental y reconocerla, porque en este ya lo habiamos hecho. De aquí hubiesemos perdido mucho camino, si así lo hubiesemos querido efectuar, y no hubo otro remedio que seguir adelante. Desde el punto en que encontramos la huella, transitamos por ella 2-1/2 leguas, haciendo alto á las 5 de la tarde, por el mal estado de las cabalgaduras, fatigadas de la jornada.

No se encontró agua en la parada, pero la habiamos cargada. A 2/3 de legua mas adelante de la parada, se encontraba un pequeño juncal, en donde la habiamos hecho á la ida, y cavado algunos posos igualmente. Hicimos de jornada 7-3/4 leguas, que en línea recta resultan 7-1/4.

El terreno transitado era en partes tierra negra y blanda, y en otras dura y gredosa, y la mayor parte de esta clase, y quemado recientemente. Las mismas circunstancias del transitado en el dia anterior se reproducen en este, respecto á caza y pastos, con la diferencia de ser mas seco por su aproximacion á la sierra. Esta la vimos desde la parada. El mogote principal de Limahuida, ó _Sierra Amarilla_ demora de nuestra posicion al N 65° E. prolongando sus encadenamientos hasta el N 50° E. Los dos cerros llamados de la Comision del Sud, demoraban al N 35° E. La sierra del Curaco, al N 15° E, prolongando sus encadenamientos hasta el N 5° O.

El 20[65] à las 8-1/4 horas rompimos la marcha por sobre la helada que cubria el campo: la cerrazon de la niebla impedia ver la sierra próxima. Partimos con rumbo NE, siguiendo la misma huella transitada: por ella hicimos 2-1/2 leguas de jornada, y á esta distancia la dejamos, siguiendo por el mismo rumbo á pasar por la abra de la sierra, á la derecha de los dos cerros, dejando la huella antes citada á la izquierda de ellos. A media legua de haberla abandonado, arribamos á una pequeña laguna llena de junco, la mayor parte seco: tenia alguna agua, la suficiente para que las cabalgaduras pudiesen refrigerarse, para seguir adelante y arribar al rio Barrancas, en su nacimiento en la Sierra de Limahuida, el que no distaba mucho de la laguna. Esta tenia como 700 varas de circunferencia, y en un nivel igual al del terreno, cubierta de juncales y maciegas, y sin agua: era un terreno húmedo y tierra negra, blanda y vegetal: bastante leña de duraznillo y cardo se encontraba en sus alrededores.

A las 12 seguimos la marcha con el mismo rumbo, y á las tres leguas arribamos à la ribera occidental del arroyo Barrancas, el que pasamos, é hicimos alto en la ribera opuesta para pasar allí la noche. El terreno transitado en la Jornada ha sido diferente en partes: las 2-1/2 leguas primeras, hasta la laguna descrita, fueron por un suelo blando, hùmedo, tierra gredosa y pastos cortos: las tres restantes mas próximas á la sierra, de calidad diferente, buenos pastos, terreno sòlido, tierra negra, dura y gredosa arenisca. En la primera distancia el terreno era horizontal, y en la segunda lleno de sinuosidades y diferencias de nivel, y muy seco. En el arroyo Barrancas no fueron descritas algunas observaciones que hemos hecho á nuestra vuelta.

La premura del tiempo, cuando levantamos el plano de este parage, no nos permitiò dar algunos detalles particulares de él. En él se espresan sus vertientes, curso, sinuosidades, &c., &c. que fueron entonces determinadas. Ahora añadiremos una descripcion mas detallada.

Nace de la parte occidental de la sierra Lima-huida, ò _Sierra Amarilla_, allá donde su ramificacion parece que se pierde en el desierto occidental. Una pequeña fuente es su orìgen, y esta se aumenta progresivamente hasta formar un cauce de seis á siete varas de ancho: corre desde su orígen de SO à NE, con corta diferencia, paralelamente à la ramificacion de la sierra de donde nace, serpenteando por sus faldas, y formando sinuosidades pintorescas en todo el curso, por un terreno bastante quebrado, al pié de los montes que forman el seno. Pasa entre barrancas de cuatro à ocho pies de altura, con algunas maciegas en sus bordes: su terreno duro, la tierra colorada y gredosa, pastos cortos y regulares, su agua esquisita, y cubierta de zarzas en su superficie, su profundidad 4-1/2 à 7 pies; su piso tosca y lama: no da vado en todo su curso, sino en ciertas partes conocidas por los indígenas transeuntes, y el punto principal es por donde lo efectuamos: la velocidad de sus aguas fuè reconocida: en 20" de tiempo recorria un cuerpo el espacio de 32 pies, en una hora 96 pies; lo que equivale en 1^h à 5,760 pies ó 1920 varas: su velocidad estaba, con muy corta diferencia, en la misma razon que las de los arroyos de la Sierra de la Ventana.

La velocidad de las aguas de este arroyo, reconocida en su desembocadura al de las Flores, fuè calculada en 2,340 varas en una hora. Resulta, pues, una diferencia de la observada en su orìgen, de 420 varas menor que aquella, recorriendo en este punto 1,920 varas en una hora. Esta diferencia proviene de la mas ò menos diferencia de nivel de la superficie del terreno que recorre, y del caudal de aguas que se precipitan. Parecia natural que en su orìgen fuera mayor la velocidad del cuerpo arrojado en su superficie, pero el resultado demuestra lo contrario: es decir, que el nivel del terreno que mas abajo recorre, antes de su desembocadura, es mas elevado y de mas sinuosidad en su superficie.

Este arroyo, por informaciones contestes de los baqueanos é indios, es el que se llama _Tapalquen_, que desagua en el arroyo de las Flores, y cuya desembocadura fué reconocida à nuestro paso por dicho arroyo, distante dos leguas al NE de él. La direccion de su curso es aquel mismo rumbo, y antes de desaguar en aquel arroyo se pierde en cañadas ò bañados, y en forma de tal desagua, transitando por anegadizos y grandes cañadas que se le unen, y forman un cauce estenso que aumenta considerablemente el de las Flores.

Con estos datos, facil era determinarlo, y tener unas noticias bastante exactas desde su orígen hasta su desagüe. En la carta general se hallan determinados ambos estremos y lo reconocido, quedando la parte intermedia trazada, y que manifiesta no haberlo sido.

Se nos aseguró que mas adelante se le unia otro arroyo, que nace de la parte elevada y mas oriental de la Sierra Amarilla, el que debiamos pasar al dia siguiente de la parada[66]. En la ribera de este arroyo demoraban los dos cerros llamados de la Comision, al ONO como una milla. El de la Sierra de Curacó al NO, prolongando sus ramificaciones hasta el NNO: el mogote, ó cerro principal de la Sierra Amarilla al ESE, estendiendose al SE y al NE un pequeño mogote, al que llaman los naturales Pichimauida, ò _Sierra Pequeña_.

El 21[67] à las 8 nos pusimos en marcha con rumbo NE. La mañana estaba fria y cerrada. Con este rumbo costeamos el arroyo Barrancas, y determinamos sus diferentes sinuosidades, y demas detalles de su curso. A las 3-1/4 leguas que avanzamos, costeando el arroyo, encontramos con los mogotes de la sierra llamada Pichimahuida: pasamos, dejàndola á la derecha, como 1/2 cuadra por sus faldas. Los dos pequeños mogotes que la forman, y á cuyas faldas pasa el arroyo, son de figura irregular, y de poca elevacion: el primero tiene 115 pies de altura, y el segundo 157: el primero se halla con el segundo, enfilados ambos al NE: del uno al otro hay mas de 1,000 varas: ambos se unen por sus faldas, formando un arco cóncavo: el primero es accesible por todas partes, y tiene en su pequeña cima algunas piedras de gran magnitud, y por todas sus faldas esparcidas otras menores: el segundo es accesible por algunos puntos, y en los demas escabroso, y de un acceso muy dificil. En su cima ó meseta, como de 50 varas, de figura irregular, se encuentra agua, depósito de las lluvias que se conservan en una pequeña fuente: en toda su superficie, se encuentran igualmente piedras de mucha magnitud: en sus superficies no hay pastos: una sola yerba es la que cubre la de todos estos montes, asì como el de la Ventana, llamada _yerba de la piedra_, la que tiene algunas aplicaciones en la medicina.

Desde las cimas ó alturas de ellos se disfruta una pintoresca perspectiva de todo el seno, y de las sierras. En el mismo paralelo de su situacion, se halla un pequeño morro á la ribera opuesta del arroyo, transitando este por medio de la pequeña sierra y de aquel: tiene de altura 29 pies, y todo él inaccesible, compuesto de piedra viva, que forma un torreon cilíndrico: el diametro de su base es casi igual al de su cùspide: tiene este 14 pies: dista del cauce del rio como 400 varas, situado en un terreno desnivelado y lleno de sinuosidades, las que fenecen à muy poca distancia de su plano: lo mismo sucede con Pichi-mahuida. De la cima del mogote principal de esta, demoraba la parte mas elevada de la de Lima-huida al SSE: los cerros de la Comision al OSO: la parte principal de la de Curaco al O. Desde esta altura se descubriò un mogote al ONO, en seguida de la parte mas boreal de esta ùltima sierra, bastante confusamente sobre el horizonte, al que los naturales dan el nombre del Cairù:[68] su elevacion no parecia exceder à las demas. A su pié se extiende la hermosa Laguna Blanca[69].

En la falda de la Sierra Lima-huida se encontraron algunos cadáveres, medios enterrados, al parecer de indìgenas, y algunas otras sepulturas que demostraban la existencia de otros muchos. No pudimos averiguar, de los naturales que nos escoltaban, cual era el motivo de encontrarse allí aquellos cadáveres. Uno de ellos, bastante racional, nos informò, que hacia algun tiempo que aquellos cuerpos habian sido sepultados: que antes de la expedicion del año 21, cuando los naturales habitaban estas comarcas, era aquel lugar enterratorio de los indios, y que así habia quedado, habiendo sido abandonado por los poseedores de aquel pais, que de aquel modo honraban las cenizas de los que morian, preservando sus cadáveres de ser alimento de las fieras. La informacion no dejó de hacernos conocer un acto de humanidad, y una costumbre piadosa, á pesar de encontrarse en ellos varias otras que no debieran oirse sino con horror. Esta costumbre la conservan desde tiempos atras. En la Sierra de la Ventana, en una de sus concavidades intransitables, está uno de estos depósitos ó enterratorios: no lo vimos, ni tampoco sabiamos el lugar.

Una legua mas adelante de la Sierra Pichima-huida, con el mismo rumbo, hicimos alto en la ribera del arroyo que costeabamos, á 4-1/4 leguas de la salida, con objeto de descansar y seguir adelante.

A las 2-1/2 de la tarde seguimos con el mismo rumbo, y á 1-1/2 leguas encontramos una cañada, que corriendo de SE á NO, desagua en el arroyo al cabo de cuatro á cinco cuadras de curso con un cauce pequeño. A 1/2 legua en seguida se encontrò sobre la costa del arroyo una laguna de 6,000 varas de circunferencia; buena agua, llena de junco, su nivel el del terreno: accesible por todas partes, y en un terreno húmedo: su profundidad no excedia de cuatro à seis pies, su fondo lama y barro, alguna leña en sus alrededores y buenos pastizales. A media legua, en seguida, se encontró un juncal de las mismas calidades que el anterior, y de igual magnitud. De este, à media legua adelante, hicimos alto en la costa del arroyo, y con el mismo rumbo, con objeto de pasar allì la noche. Se hicieron 7-1/2 leguas de jornada en línea recta.

Las calidades del terreno transitado han sido diferentes. En la distancia, desde el punto de salida hasta la Sierra Pichi-mahuida, es de una calidad semejante al descrito anteriormente: desnivelado y duro, tierra gredosa y seca, pastos cortos y regulares. En la otra, desde la pequeña sierra hasta la parada, fuè diferente: pastos cortos y regulares, tierra negra, blanda y húmeda, terreno horizontal y sin sinuosidades, húmedo y muy blando. En tiempo de aguas debe ser un bañado intransitable. El arroyo no forma barrancas, y su nivel es igual al del terreno. Sus aguas salen de su centro, y se esparcen por la campiña.

Al fin de la jornada vimos sobre el horizonte, cuando se hallaba mas despejado, un mogote que demoraba à mucha distancia y mas allá de la Sierra Lima-huida, en donde se pierde su ramificacion en el oriente, y parece que se acaba la cadena de sierras, que forman una abra con este otro monte elevado. Demoraba al S de la parada: los naturales la nombran Sierra de Huellucalel, y se nos asegura, (á mas de haberla reconocido un sugeto respetable) que el Arroyo Azul nace de este morro, corriendo paralelamente al nombrado Torralñelu, Chapaleofù y Tandil, reconocidos en la expedicion que se efectuó el año 20.

Todos corren de este modo, hasta sepultarse en el vasto bañado ò estero que, paralelamente al curso del Salado, se forma al sud, à 16 y 20 leguas de distancia.

El 22[70] nos pusimos en marcha à las 9-1/2 de la mañana, à pesar de la densa niebla que cubria el horizonte. Abrimos la jornada con rumbo NE, costeando siempre el arroyo Barrancas. A 2-1/2 leguas con este rumbo encontramos tres lagunas de diferentes magnitudes: la primera de las tres formaba un triángulo rectàngulo, unidas por un bañado: su agua salobre, llena de junco, accesible por varias partes: cuatro y cinco pies de profundidad: su fondo lama y barro: alguna leña de duraznillo en sus alrededores: situadas en un terreno hùmedo, ó mas bien bañado: crecidas maciegas las rodean.

La mayor, que forma el vertice del triàngulo, y que se halla à la derecha del camino, tiene 450 varas de circunferencia, las otras dos, situadas à la izquierda, son de 360 á 380 varas. Su nivel es el del terreno. Distan unas de otras de 1-1/2 á 2 cuadras, encadenadas por algunas fuentes de buena agua. A la media legua mas adelante se encontró otra de 400 varas de circunferencia, y con las mismas calidades que las anteriores, sin ninguna diferencia. A 1/4 de legua mas adelante, y con el rumbo anterior, apartàndonos mas de dos millas del arroyo que costeábamos, encontramos otro que parecia unírsele á muy poca distancia.