Part 15
La única carta en donde se hallan representados los dos puntos principales de ambas cordilleras, es la de la provincia que construyeron los marinos españoles, Bausá y Espinosa, por órden de uno de los vireyes. En ella se encuentra el mejor monumento de los trabajos científicos de nuestros antepasados: pero es incompleta toda la parte de este pais, porque hasta entonces muy pocos, ó ningunos habian viajado por él: siéndolo sí la parte interior de la provincia, rectificada ultimamente por los trabajos científicos de Cerviño en la expedicion de Azara, y por reconocimientos que despues se han hecho. Esta carta la conservamos como una obra preciosa, y nos hemos propuesto sacar ventajas, aprovechando sus datos para formar una obra completa del interior de nuestra provincia y pampas del sud, hasta el establecimiento del Rio Negro, aunque no se estiende sino hasta el cabo Corrientes, prolongándose por el meridiano de los 38° de latitud hasta la Ventana y Guaminí. Pero un acopio de los mejores trabajos de la costa Patagónica, los viages terrestres, y los nuestros, nos darán por resultado una obra completa, que si no llega al grado de exactitud que estos trabajos demandan, al menos hará conocer el pais que habitamos, y lo que él encierra.
De nuestra provincia no tenemos mas carta que esta, es decir, del terreno comprendido entre la ribera del Salado, el Arroyo del Medio, el Paraná y las costas del Rio de la Plata: y aunque en el año 20 se practicó un reconocimiento, esto no pasó de la esfera de un ensayo, pues se hizo á la ligera, con la aguja y las noticias vulgares de las distancias que dieron los paisanos ó vecinos. Sin embargo se juntó un caudal de detalles y de circunstancias que no dejan de ser útil, pero con la condicion de no darles mas confianza que la de un simple reconocimiento, no obstante que fué egecutado por un ingeniero que trabajó en aquel año, y dirigió un pequeño departamento que se estableció á sus órdenes en esta ciudad.
Seguiremos los sucesos de la Comision y sus trabajos. La tarde continuó nublada, y á las 5 comenzó á llover, no cesando hasta las 10, en que sopló una brisa fuerte del SO, y calmó. No se vió en toda la noche el planeta Marte, que habia servido de base á nuestras observaciones.
Dia 4. Claro y despejado, brisa fuerte del SO. A las 10 comenzó á nublarse, y permeneció de este modo hasta las 3 de la tarde, en que despejó, soplando una brisa del primer cuadrante ó NO. Por la mañana aguardábamos el resultado de la oferta que el cacique Neclueque habia hecho, de venir á nuestro campo con su pequeña tribu á tener una corta conferencia.
A las 2 llegó un indio ó chasque, avisando al Sr. Coronel Garcia que no estrañase si en aquel dia no llegase á una hora competente para tratar, porque talvez arribaria de noche, por lo dificultoso de reunir su gente, y de que otros caciques amigos lo hiciesen, porque demoraban algo retirados de su poblacion, adonde les habia dado órden que se reuniesen. A las 12 arribaron otros chasques, avisando que se ponia en marcha. A las 4 de la tarde presentó una línea como de 400 hombres, á cuatro cuadras de la ribera opuesta del arroyo, formados en ala, y armados mucha parte de ellos, de lanza. Con alguna confusion, y su griteria acostumbrada, atravesaron el arroyo, y se acamparon á una cuadra á la izquierda de nuestro campo, y allí se dispusieron á pasar la noche. El cacique avisó al Sr. Coronel que hasta el dia no daria principio á sus conferencias, por ser ya tarde para efectuarlo. A su aproximacion se le hizo una salva por la escolta, á peticion del cacique Lincon, ceremonia de mucho aprecio para ellos. Al momento de efectuarse se repitió la griteria por mas de 150 indios que se hallaban á caballo en nuestro campo, y que habian llegado antes que el cacique á los toldos cercanos, y establecido sus corrillos de juego de dado, semejante á los que habiamos presenciado en la primera reunion. No dudábamos, por el aspecto que presentaba esta, sufririamos las mismas incomodidades, y talvez mayores, porque habiamos observado muchos hombres blancos entres sus líneas, la mayor parte compuestas de Ranqueles, que se habian unido con algunos caciques de segunda clase á las gentes de Neclueque, y que habian venido, con la capa de tratar solamente por ver el partido que sacaban de la reunion: y ademas, como no los distinguiamos por el color, no sabiamos si eran de la tribu amiga de Neclueque, ó de los Ranqueles enemigos. La turba de este cacique es compuesta de estos y de Pampas: pero en este caso, los mismos disidentes que se habian negado á tratar, enviaban sus gentes á observar y lucrar si podian, á todo trance, lo que la proporcion les presentase.
El número de los reunidos se aumentaba considerablemente, conforme iban acudiendo de sus toldos, y al dia siguiente nos esperaba un rato pesado, porque pronosticamos su resultado con la primera experiencia. Los caciques pampas, Lincon, Pichiloncoy, &c., &c., que nos acompañaban, vieron precisamente que no era la pequeña tribu del cacique Neclueque la que se habia reunido, y que la que se presentaba era de disidentes, cuya reunion la efectuaban con siniestra intencion. Mas nos dijeron, que estando ellos presentes, nada debia temer la Comision: que ellos harian que la respetasen, y que esperaban igualmente que el cacique Neclueque no faltaria á sus principios y á los buenos sentimientos que habia desplegado en sus mensages á la Comision. En los sucesos de la reunion del dia siguiente se verá la conducta de este, en nada diferente de la de los disidentes y de los de la primera entrevista.
La cadena de los Andes se veia claramente desde nuestra posicion, y su perspectiva era agradable. El cerro de la Ventana demoraba al S 18° SO, prolongando sus ramificaciones hasta los 40° SO. El Curumualá demoraba al rumbo S 60° O, extendiéndose hasta los 80°: el Guaminí se prolongaba hasta los 30° al rumbo O 10° NO. La segunda sierra, ó las cimas del Curumualá, forman un seno en la Ventana y Guaminí, es decir, que se hallan mas al occidente que las otras dos, y así lo demuestra su perspectiva, apareciendo las elevaciones del primero y el último sobre el horizonte, y ocultándose confusamente en el centro las cimas elevadas del segundo. Toda la cadena corre de NNO á SSE, y es un error notabilísimo representarla en las cartas de E á O, lo mismo que el Tandil.
Logramos en este dia tomar la latitud de la posicion en que nos hallabamos, por nuestro planeta, y al mismo tiempo averiguar la variacion de la aguja. El método de que nos valimos fué el mas sencillo, adoptado por las circunstancias: un pequeño tratado náutico de Cedillo lo indica sucintamente. Las sombras de los hilos que se hallan sobre la rosa de la aguja de demarcacion, son los que dan el resultado, tomando dos alturas correspondientes por la mañana y la tarde. Si las sombras que marca el punto de interseccion de ellas, y que señala los grados en la roseta, son ambas de distinta especie, esto es, por la mañana señala un cierto número de grados al NO, y por la tarde al NE sobre una misma altura, réstese una de otra, del residuo sáquese la mitad, y esta será la variacion de la aguja de la parte de la cantidad menor: pero si dichas cantidades fuesen iguales, no habrá variacion alguna. Es decir, si el punto de interseccion de los hilos de la roseta señala por la mañana, sobre una misma altura, 30° NE, y á la tarde, otros 30', la diferencia será cero, y la variacion ninguna. Asi por este método encontramos la que nos propusimos, y dió 18° 30' por variacion.
Ella nos parecia excesiva, pero egecutada la operacion distintas veces, y aun rectificada por una meridiana que construimos, dió repetidas veces los mismos grados con diferencia de minutos, cuyo término medio de todos los resultados, son los que se indican. Al principio creimos que tuviese parte ó influyese directamente en el exceso la atraccion magnética de las partes metálicas del monte cercano: pero á pocos dias la repetimos 8 leguas mas distante y dió el mismo resultado. La variacion que habiamos observado en las primeras sierras fué 17° 10', y en otra, en la Laguna de las Polvaredas, 16° 30', y el incremento hasta 18° 30' nos hacia notar que era mayor, mientras mas nos internábamos y aumentábamos de latitud: esta razon no es constante, y en otras observaciones que hemos hecho, nos ha dado resultados diferentes, como lo espresaremos con los que obtuvimos á nuestra vuelta. En Buenos Aires se han observado en distintas èpocas las variaciones de la aguja, por los agrimensores en sus mensuras de terrenos, y siempre se han encontrado diferentes resultados.
En 1813 fué observado ser de 12-1/2° E, y en 1708, de 16° 45' E: de donde resulta que en 105 años se ha acercado la aguja al meridiano 2' 30" al año. Otras observaciones se han hecho, y de su comparacion resulta el mismo aumento progresivo: así las variaciones no son constantes en todos los paises.
El pequeño censo de las poblaciones que se hallan situadas en los arroyos y faldas de las sierras, lo daremos mas adelante, lo mismo que la latitud observada, es decir; en el diario siguiente.
La noche calmó, y heló fuertemente. En toda ella tuvimos grandes alborotos de la familia que teniamos acampada cerca de nuestro campo: una pequeña partida que habia arribado de esta ciudad, los habia provisto de aguardiente, y á poco rato ya estaban borrachos, con síntomas que no son de despreciar, y que se anuncian bajo los mas alarmantes auspicios. El efecto que los licores causan en la naturaleza y máquina de estos hombres, lo analizaremos en la memoria sobre sus costumbres, en donde indicaremos los resultados y hechos particulares á que los precipita el frenesí que los causa.
El cacique, gefe do los reunidos, impedia que su gente nos incomodase: él por esta vez no habia querido acompañarlos en sus festines, por consideraciones, y por no desmerecer en el concepto de la Comision mientras tratase con ella: pero se engañó miserablemente: la perdió muy pronto, y no pudo menos de descubrir su interes y avaricia, y la ratera conducta que manifestó en el reparto: ó mas bien violacion que hizo de las especies que se distribuyeron, obligando á la Comision á sacrificarse por contentarlo, y á hacer demostraciones que nunca debió haber hecho, con un ambicioso usurpador y lleno de perversas intenciones, cubiertas artificiosamente con la capa de moderacion y buenos sentimientos que habia manifestado para engañarla. Su reunion no era tan solo con el objeto de hacer paces, sino para apoderarse de lo que pudiese, y obligar á la Comision á desnudarse para saciar su codicia infernal, y la de la turba de ladrones que lo acompañaban con iguales ó peores intenciones que las de su gefe.
Dia 5. Claro y despejado: viento fuerte del SO: la helada desapareció á las 9-1/2 del horizonte que lo cubria: los aires saludables que corrian de la sierra, hacian deliciosa nuestra posicion, aumentada con la riqueza de las aguas, ó nectares de sus arroyos. Por la mañana se armó nuevamente el desórden de la gente acampada, y de la demas turba que se habia reunido en nuestro campo, para pedir de todo lo que veian, gritar y armar confusion; para buscar las conveniencias ó resultados que podia hallar, como objeto principal de su reunion.
A las 9-1/2 hizo el cacique reunir toda su gente á caballo, desalojando nuestra posicion, la que rodeaban con petuluncia y desórden, robando lo que podian. Establecida la línea á dos cuadras del campo, se formó un círculo desordenado: á esta ceremonia se les hizo una descarga con la escolta á peticion del cacique Lincon, y despues de ella se desórdenaron, prorumpiendo en griteria, con cargas á sable en mano, y lanzando cortes al aire para asesinar al _gualicho_ que se habia interpolado en sus líneas, huyendo de la descarga que le habian hecho. El _gualicho_ es un ser imaginario ó genio del mal, que creen que los persigue y causa todos los males que les sobrevienen: enfermedades, muertes, robos y desgracias; para evitar que se cumplan, cuando sienten síntomas de una próxima desgracia, ó de un enfermo que está en peligro, se arman todos los parientes de él, con todas las armas á cuestas que tienen, montados en sus mejores caballos, llenos de cascabeles, cuentas y cascajos que metan ruido, y pintadas las caras, lo mismo que los ginetes, encoletados y con todas las insignias de guerra, prorumpen en griteria y cargas, cortando á diestro y siniestro, hasta que concluyen dar vuelta á todo el toldo, ó rancho que habita el enfermo. Cuando este les dice de adentro que ha sentido alguna mejoria, entonces es cuando creen que su operacion de perseguir al génio maligno, orígen de todo aquel daño, ha surtido efecto, es decir que ha huido; y en este caso el enfermo deja de sentir la influencia de su aproximacion: esta operacion la repiten cuantas veces se empeora, ó dice que se ha acercado de nuevo el gualicho ó _hucasbe_, y vuelto á sentir los mismos síntomas. En el momento de la descarga, el _gualicho_ que perseguian era el estruendo que los asustó, y hasta que aquel cesó de causar en sus sentidos el efecto comun, no cesaron de correrlo, y entonces creyeron que habia desaparecido, porque calmó la impresion. En general, _gualicho_ llaman al génio del mal que origina las desgracias, y un fusil, cañon ó arma cualquiera, dicen que trae el gualicho, porque causan un efecto semejante, y que ningun otro génio produce.
Formado, como hemos dicho, el círculo de los reunidos con todos sus caciques, llegó un division de 150 hombres Huilliches con sus ceremonias acostumbradas, y antes de entrar á la reunion, se incorporaron á los demas: estos no se habian podido juntar en la primera conferencia con los suyos, porque habitaban las riberas mas occidentales del Colorado. Los caciques, nuestros compañeros, se incorporaron en la reunion y conferenciaron mas de una hora sobre los objetos de que se habia ocupado la Comision al paso por sus tribus, y las reconvenciones por los sucesos de entonces, que les hacia el cacique Neclueque, no en favor de la Comision, sino en su conveniencia, diciéndoles que los habian perjudicado con haberse repartido mas de lo que les correspondia. Los caciques contestaron, defendiendo su opinion, la del cacique Lincon y la de la Comision, rebatiendo con energia los sentimientos que expresaba el cacique, no semejantes á los que antes habia manifestado. Concluida la parla, dieron órden para que el Coronel comisionado marchase á la reunion, y al momento lo egecutó en coche con el oficial ingeniero. Llegado que hubimos, hicimos alto, y tardamos mas de una hora en descender, mientras concluyeron sus parlas. Entramos en el círculo, donde se hallaban 20 y mas caciques y capitanejos, presididos por el indio cacique principal, quien cumplimentó á la Comision, y esta á todos abrazó y les dió la mano en señal de amistad. El cacique manifestó al Coronel comisionado el vivo placer que sentia al conocerlo y respetarlo, como un hombre de opinion, tributada por su difunto hermano el cacique Calhueque y sus antepasados: siendo un deber suyo tributarsela, lo mismo que á su gobierno.
El Comisionado satisfizo por su parte á los cumplimientos hipócritas de este jóven perspicaz, astuto, y lleno de una fogosidad, característica de su juventud y su génio. El volvió á tomar la palabra, é hizo un elocuente razonamiento, que descubria su viveza y disposicion: manifestó de un modo imponente el orígen de sus calamidades, las guerras pasadas y sus motores, las muertes ó incursiones ocasionadas por la conducta de los gobiernos, la pérdida de su hermano, el cacique Calhueque, en Navarro; las tropelias y vejaciones que continuamente sufrian los indios transeuntes; la conducta que se observaba, que tendia siempre á esclavizarlos y subyugarlos; los cuentos y enredos que les habian introducido, y que los habian impulsado muchas veces á cometer actos violentos. Que se hallaban recelosos de la fuerza que se habia mandado á Patagones: pues ¿cual era su objeto?, sino el de procurar invadirlos con una fuerza considerable, como la que se habia remitido á aquel punto. Que en la reunion estaban algunos de su tribu que habian sido robados y ultrajados por el comandante de Navarro, y acababan de arribar á pié, habiendo salvado de los que los perseguian para asesinarlos: que se observase aquel acto, y se veria si era digno que ellos hiciesen lo mismo, y ejecutasen las incursiones: que de esto tenian la culpa los cristianos, así como de las resultas que su conducta ocasionaba.
Interrumpieron la palabra del cacique los mismos indios que acababan de arribar del suceso referido, pidiendo venganza, clamando por sus intereses que habian perdido, que se les remunerasen, ó ellos tomarian su partido. El Comisionado trató de aquietar los ánimos exaltados de los exponentes, porque pronosticábamos por sus semblantes cual seria el fin de aquella fiesta: calmándolos, y ofreciéndoles castigar al delincuente, y remunerarles todo lo perdido. Contestó á todos los cargos del cacique, á mas de los que repitió en consonancia de principios con los disidentes, sobre la plata, y especies importantes de aperos, &c., &c., que hemos dicho. A esto se hacian fuertes cargos á la Comision, hasta dudar de su buena fé, y añadiendo que sabian lo contrario, pues que encubrian en los carruages encajonadas aquellas especies: que se les diese todo al momento, pues que no eran menos que los primeros, que recibieron con mas generosidad de la Comision la mayor parte de lo mismo. Fueron desvanecidas todas estas imposturas, calmando á todos con la promesa de darles lo que habia, desengañándoles de lo que se les habia insinuado; y que, viendo lo que se llevaba, tributasen mas honor á la Comision: que jamas se hubiese expuesto á ser desairada, si hubiese sabido que existia tal oferta: que ella era incierta, y que el mismo gobierno le desmentiria esta especie[42]. Pidieron el cacique y el pueblo á grandes voces se les diese lo que habia en las carretas, y en el acto se les hizo venir la yerba, tabaco, mantas, ponchos, sombreros, y de todo lo que habia. En este momento se armó el desórden: el cacique repartia á los suyos todo lo que se habia llevado, y las reparticiones se concluyeron, tomando cada uno á la fuerza lo que queria, desobedecièndole, armándose una pelotera y confusion, unos á pié y otros á caballo, que nadie se entendia; expuestos nosotros allí á que cualquiera nos hubiese descuartizado para repartirnos tambien. El cacique calmó y aquietó á su tribu: pidió mas, se le contestó que no habia: replicó sabia lo contrario, y entonces por temor do una tropelia, se ordenó á un pobre pulpero que nos acompañaba y que llevaba un poco de yerba y mantas, las entregase; vinieron, y en el momento no quedó señal de haber existido tales cosas. Gritaban: _á las carretas_, _á las carretas_, que allí habia mas, y todos á ellas se dirigian. Entonces tomamos la determinacion de ampararnos de nuestro campo, y defender allí hasta el último trance nuestras propiedades: no tanto estas, sino por el temor que, saqueando las carretas y nuestros equipajes que allí existian, encontrasen con las cajas de instrumentos de matemáticas que llevabamos en una carretilla. ¿Y entonces á la vista de estos objetos, qué ilusion, qué celos, y qué asombro no les hubiese causado? ¿Y cual hubiera sido la suerte que hubiesemos corrido?--Acudimos prontamente á poner remedio á nuestra inminente ruina, si así lo egecutaban: la escolta se puso sobre las armas, cuidando la carretilla y carretas, y nuestro viejo cacique Lincon y demas que nos acompañaban, á la par de nosotros, aguardabamos por momentos emprender una lucha nada igual: su número excedia de 1,500, y nuestra comitiva no pasaba de 40. Algunos atrevidos dieron principio á sus proyectos, y el primero recibió en recompensa, del bravo cacique amigo, un estocada que dió con él en tierra: segundó otra al que seguia al primero, y que huyó herido, y acometiendo despues á otros que querian efectuarlo, calmó con su presencia á estos asesinos, que temerosos de la saña y elocuencia del viejo cacique, desampararon sus puestos, y se retiraron bramando de cólera contra su vencedor.
El cacique Neclueque, que habia presenciado esta guerrilla, se determinó con mucha calma á aquietar y reunir á su gente furiosa. No puso mucho de su parte en hacerlo, y demostró algunas ganas de que se hubiesen realizado los planes de sus compañeros de armas, y los principios que desplegó este avaro, orgulloso y miserable, fueron los mismos ó peores que los que manifestaron sus corresponsales los Ranqueles. Los demas caciques ó capitanejos, capitaneaban ó influian en sus camaradas á que lo hiciesen, porque á todos les tocase parte de presa: pero se engañaban estos viles; el crímen que cometian no iba recompensado con el botin, y entonces hubieran visto su temeridad.
Con estos hechos resta pues algo que añadir. ¿No son suficientes para probar hasta la evidencia, la falacidad y mala fé de estas hordas de hombres bárbaros? No hay talvez sino uno solo que tenga sensibilidad, y aquellas cualidades que constituyen á los seres racionales, y los distingue de los que no lo son. El buen viejo se acreditó en esta ocasion, è hizo conocer que habia hombres entre los salvajes, no con los principios y fiereza que les caracteriza, sino con los de amistad, fidelidad y buenos sentimientos. No queda pues duda que será efimero cualquier esfuerzo que se haga para entablar paces y pactos de amistad: lo que debe convencernos de la necesidad de poner en planta todos nuestros recursos, para castigar su audacia y refrenar su osadia: de lo contrario estaremos sufriendo insultos con impunidad, que no haran mas que aumentar su desenfreno, para incitarlos á cometer mas crímenes, que nos asolen y aumenten su preponderancia, que dentro de uno ó dos lustros, todos en masa talvez no seamos capaces de contener, y evitar que cargen con toda la poblacion.
La turba se retiró con su cacique á las 5 de la tarde, á acamparse en la ribera del arroyo, quedándose aun en nuestros campos, algunos corrillos de los mas pacíficos.