Diario de la expedicion de 1822 a los campos del sud de Buenos Aires Desde Moron hasta la Sierra de la Ventana

Part 11

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En los reconocimientos que se practicaron en este dia y el anterior, se encontraron algunas lagunas y poblaciones de indios en ellas. Tan vasto era el horizonte que por todas partes se nos presentaba para observar, que no era posible que abrazasemos un trabajo superior á las proporciones que teniamos. Sabiamos que la Comision debia seguir adelante, por el rumbo OSO, hasta la sierra de la Ventana, que á la vista de esta posicion demoraba al mismo rumbo, y por consiguiente debiamos descubrir todo lo que se encontrase en la ruta. Por el rumbo NO se nos presentaba una vasta pampa, por donde aun no se habia descubierto nada, hasta el paralelo del camino de Salinas conocido por varios viageros. Por el SE se nos presentaba una planicie inmensa, limitada por las costas del Atlántico: por ella uno solo habia viagado, y de este viage no tenemos noticias exactas; aun cuando hubiésemos querido practicar reconocimientos por ambos rumbos, no podiamos separarnos á una lejana distancia de la Comision: pero creimos que por esta razon, no dejarian de ser interesantes las observaciones que se hiciesen en las inmediaciones de nuestras paradas y marchas. Asi recorriendo el campo del SE, descubrimos la primera laguna 1-1/4 leguas al S 20° SE, en donde tenia su poblacion el cacique Llangueleu. Su magnitud era de 320 varas de circunferencia, su agua regular, su profundidad de cuatro á siete pies, su fondo arena y tosca, límpia en toda su estension, sin barrancas por ninguna parte y accesible, buenos pastos en sus cercanias. El número de toldos situados en sus riberas eran 10, y su poblacion se calcula de 200 personas, de las que 50 á 60 hombres capaces de llevar armas.

La observacion constante que habiamos hecho era, que en cada toldo ó gruta de salvajes habitaban 20, 22 y hasta 25 personas de todos sexos. En muchos vimos cuatro y seis matrimonios, todos mezclados con dos y tres hijos cada uno, fuera de la inmensa cantidad de mugeres y niños cautivos que se encuentran en las poblaciones, y que sirven de esclavos[32]. En esta última, se encontraron cuatro mugeres y seis niños.

La segunda laguna que se encontró, fuè dos leguas al S 5° SE, en donde tiene sus tolderias el cacique principal Avouné. Su magnitud es mayor que la anterior, y pasa de 500 varas de circunferencia: su agua buena, su profundidad de siete á ocho pies, su fondo tosca y lama, su centro lleno de junco y paja, hermosos pastos en sus alrededores. Al E de ella, como á 1-1/2 cuadras de distancia, se hallan dos médanos de 15 á 20 pies de elevacion: sus faldas se estienden hasta la ribera de la laguna: se halla alguna piedra en sus cimas. En la ribera de la laguna se hallaban 16 á 20 toldos, y su poblacion pasa de 450 personas, de las que cuentan 150 y tantos hombres capaces de llevar armas. En esta poblacion se encontraron tres mugeres blancas y 5 niños.

La tercera laguna se halla al S 10° SSO distante dos leguas: su magnitud es menor que la anterior, y su circunferencia pasa de 400 varas: su agua buena, su profundidad de cuatro, tres y dos pies, su fondo barro y lama, su interior lleno de pajonales, accesible por todas partes y sin barrancas: los pastos de sus cercanias, fuertes y elevados. En sus orillas se encuentran 21 toldos, pertenecientes al cacique Ancaliguen, y su poblacion llega à 500 personas: en ella hay cerca de 180 hombres, y el número de mugeres y niños cautivos pasa de diez.

Se nos aseguró que en la pampa, ó llanura del SE, se hallaban algunas lagunas de magnitud y con poblaciones: nosotros no podiamos separarnos de la Comision, ni menos internarnos demasiado, y sin baqueanos. El terreno descubierto, y sus lagunas, deliciosas: la perspectiva que presenta al SO la vasta planicie al SE de la Ventana, es hermosa; ella se estiende hasta las riberas del Rio Sauce por el SO; por el O la sierra, y por SE la costa del Océano. No se encuentra diferencia ninguna de nivel á la vista sobre su horizonte: en él se observa con mayor abundancia la caza de gamos, ciervos, avestruces, liebres, mulitas, &c. y algunos rodeos considerables de ganado de las poblaciones vecinas, la mayor parte marcado: la tierra es húmeda, negra y dura, y los pastos fuertes y elevados.

Por el NO se nos informó no se hallaban lagunas ni poblaciones hasta una distancia considerable, é inmediatas al camino de las Salinas. Por lo poco transitado hácia este rumbo, observamos en la campaña que el terreno era muy blando y húmedo, los pastos variables en su fortaleza y altura, algunos bañados cortos, ó pequeños juncales, el nivel parecia ir en disminucion hácia el NO, y las aguas sepultarse en su planicie, en alguna gran cañada ó lago. Los naturales nos informaron repetidas veces que se encontraban grandes cañadas y bañados intransitables, y seguramente debia ser así, porque al mismo rumbo, y á algunas leguas, se encuentra cerca de la ruta para Salinas, la gran Cañada Larga, llamada así porque se estiende muchas leguas, y su paso es peligroso á los transeuntes.

A las 6 de la tarde de este dia, se levantó una brisa fuerte del ONO, que parecia amenazante. A las 7 calmó y se nubló la noche con semblante de llover toda ella. A las 8 tuvimos brisa del O, que despejó la turbonada.

Dia 28. Despejado y ventoso: brisa fuerte del tercer cuadrante. Al rayar el dia nos pusimos en movimiento, para recibir á los que debian reunirse á hacer los tratados, y disponerles los presentes que debian hacerseles despues de ellos con mètodo y órden, para no ser envueltos en la confusion, que sabiamos positivamente debia armarse, aunque reinase el mayor órden en las reparticiones. A las 8 de la mañana ya estaba el campo rodeado de toda la turba del dia anterior, redoblando sus peticiones acostumbradas. A las 10 del dia se empezaron á reunir todos los caciques que se hallaban dispersos fuera del campo, en donde sus divisiones se habian alojado, y que temerosos del tiempo se marcharon á las poblaciones vecinas á pasar la noche con su comodidad. A las 11 se hallaban todos reunidos, y sus divisiones á la vista: si en el dia anterior hubo algun órden preliminar en la formacion de una línea de batalla, en este no hubo cosa que se pareciese, sino un desórden completo, ocasionado por la misma reunion. Las consecuencias de esto son bien claras: el robo, el insulto por tantos facinerosos que nadie los reprendia, y por último el desórden, nos ponian en una posicion dificultosa, que solamente la paciencia y política con que nos manejabamos, podia habernos hecho superar aquellos trabajos.

Los caciques reunidos, presididos por el _ulmen_, ó principal Avouné, fueron los mismos que el dia anterior. Principiaron los tratados con los intérpretes correspondientes, y el Comisionado, quien les dirigió un convincente razonamiento á todos, acerca de las ventajas que la paz les proporcionaba, y la necesidad que ellos tenian de celebrarla por medio de un pacto solemne y duradero con la Provincia: que estaba conocido muy bien que la guerra no llevaba consigo sino la desolacion y la muerte: que la razon y la justicia clamaban por que cesase este mal desolador, que les privaba de la sociedad y lazos que debian unirles con sus hermanos por medio del comercio recíproco: que este cesaba en el momento que empezaba aquella, y por consiguiente desesperaban con la privacion de los artículos que han constituido sus primeras necesidades, y que la habitud se los ha hecho apreciables, y sin los que seria penosa su existencia, privados de este auxilio en los desiertos: que los tratados, ó bases de estos, no se quebrantarian del modo que lo habian hecho otras veces con pactos diferentes: que el Gobierno de la provincia, á invitacion de todos ellos, habia remitido la Comision que trataba, conociendo que el estado actual de las circunstancias, no podia permanecer, pues que era necesario ó entablar la paz, ó que el Gobierno supiese la opinion de las tribus, para de este modo poner los medios de ataque y defensa de la frontera, y privar las continuas incursiones que la desolaban: que las propuestas que el Gobierno les hacia, para cimentar desde luego la union, la Comision las esplanaria segun la opinion que sobre lo principal manifestasen los caciques reunidos, y por último que deseaba oirla, para entrar al objeto principal.

En esta situacion el pueblo oia la relacion que el intèrprete hacia del discurso del Comisionado, y á grandes voces pedian la paz, interrumpiendo continuamente el órden que habia reinado hasta entonces. Hecho guardar silencio, contestó al Comisionado el cacique principal Avouné por medio del intérprete, que los deseos de todas las tribus, Aucas y Tehuelcha, era celebrar la paz con la Provincia, para cuyo efecto habian suplicado al Gobierno la remision del Comisionado: que sus intenciones eran bien conocidas, que anhelaban el sosiego y la tranquilidad, y el comercio legal que les producia grandes ventajas: que por esta opinion estaban todos: que los tratados se harian bajo ciertas bases, que propondrian á la Comision, y que si las conseguian, jamas se quebrantarian: que ellas debian cimentar la union de un modo inmutable, que jamas ellos lo habian hecho, que los cristianos siempre habian sido los primeros en romper la guerra, presididos por hombres díscolos y ambiciosos, que no podian mirarlos con indiferencia posesores de sus terrenos y haciendas; ó que de nó, se recorriese la historia de la guerras anteriores, y se verian cuan injustas fueron, sin que ellos jamas hubiesen hecho otra que defender sus propiedades, y el suelo que la naturaleza les dió para sustentarlos y habitarlo: que esto era muy justo, y la razon lo aconsejaba, para no ver á sus familias y propiedades ser la saña y venganza de los usurpadores: que ellos habian conocido que jamas podrian vivir tranquilos, porque eran poseedores de un pais que la ambicion habia de suscitar pretestos para arrancarselos.

El cacique descendió por último á buscar el orígen de las guerras pasadas, haciendo uso de la tradicion comunicada por sus mayores, como un misterio ó costumbre, á que no deben faltar los que gobiernan á sus presuntos herederos, y estos á las demas generaciones de su famillia. El cacique, con tono magestuoso y semblante airado, siguió su razonamiento cansado, echándose á rodar en el vasto océano de la história bélica de su tribu con los cristianos, desde tiempos muy remotos: concluyendo por último, que si sus paisanos habian invadido y robado las poblaciones de la frontera repetidas veces, habia sido en justa represalia de las usurpaciones de terrenos, y violaciones continuas de sus propiedades é intereses: y que el Comisionado y ellos entrarian desde luego á establecer las bases ó principios de los tratados.

No habia concluido el orador de la reunion, cuando toda ella se alarmó al oir las palabras "usurpaciones de terrenos, y violaciones continuas de sus propiedades." Entonces cada uno hablaba á voces á la reunion de sus caciques, haciendo presente las épocas en que habian sufrido aquella clase de tropelias: en estos recuerdos, tristes para su imaginacion exaltada, se enfurecian de tal modo, que pedian á grandes voces que se reparasen aquellos males y pérdidas, castigándose. Un viejo de talla gigantesca, de los mas elocuentes, que hablaba y sobresalia en sus quejas á todos los demas, dijo que el habia sido dueño y poseedor de una parte considerable de terreno en las costas del Salado, en el rincon llamado del Toro, y que de allí lo habian arrojado los cristianos, con graves perjuicios de sus intereses, y espuesto á perecer de indigencia en paises estraños; pidiendo por último que se le devolviese. Otro dijo al mismo tiempo, que cerca de la guardia de Kakelhuincul habia tenido su establecimiento, y que habia tenido que emigrar á una larga distancia, para librarse de las tropelias que sufria de los cristianos. Una multitud de ellos redobló estas mismas quejas, porque les parecia que habia llegado el caso de pagarles cuanto habian perdido, y que en los tratados debia acordarse para su indemnizacion. Los gritos y el desórden se dejaban entender por todas partes, mezclados con la cólera y venganza que habian excitado en ellos aquellas memorias tristes: hasta que los caciques tuvieron que hacer guardar otra vez el silencio para continuar en el pacto. Se descendió en seguida á articulos y cosas particulares que debian estipularse, despues que el Comisionado desvaneció toda la pesada relacion del cacique, sobre el orígen de las guerras pasadas, y les hizo ver que las circunstancias en que se hallaba la provincia, eran diferentes de las que habian estado en gobiernos anteriores, y que si se habian en aquel tiempo precipitado sobre su pais, habia sido á impulsos de las mismas tropelias que ellos habian cometido sobre nuestros establecimientos: concluyendo por último, apartàndose de una cuestion majadera, con maldecir á todos aquellos que habian sido el orígen de las desgracias que lamentaban, y que desde aquel momento se olvidarian para siempre tan funestos recuerdos, y entrarian á entablar una union que jamas se disolveria. Todos al oir estas espresiones prorumpieron contentos que se entrase á tratar, y se olvidase lo anterior. Admitida pues esta base, que no fué otorgada sino despues de muchas razones de convencimiento por lo demostrado anteriormente, se trató de asentar el libre comercio y seguridad de las tribus de indios contratantes con la provincia: y aunque se procuró esforzar que el comercio se hiciese por tres distintos puntos de la frontera, se negaron á ello, replicando que la amistad acabada de establecer, no podia sufrir las limitaciones indicadas, y que todas las guardias de frontera debian ser francas.

Se procuró indicar el avenimiento que el año de 15 habian prestado los caciques principales para el adelanto de nuestras fronteras, especialmente para asegurar la comunicacion con el establecimiento de Patagones, y defender las costas de las invasiones que se recelaban por el gobierno de otras naciones que intentaban ocupar el pais, atacando igualmente á ellos como á la provincia, refiriendo muy por menor el acuerdo que con el Gobierno hicieron á este efecto; y se repuso á la Comision, que no solo no convenian en eso, sino que espresamente pedian se retirase la tropa que habia en Patagones, y que ademas en el término de un año se retirasen todas las estancias y familias situadas al sud del Salado, terrenos que eran de su particular ocupacion, y de que se les habia desalojado, avanzando la nueva guardia de Kakelhuincul con miras de poner otras que no tolerarian.

Esta reclamacion se esforzó tan acaloradamente, que no dejaron arbítrio al Comisionado para dar evasion á la solicitud, que el de reponer que el término de un año era corto: que no estaba en el límite de sus facultades prestarse llanamente, y que daria cuenta á su gobierno, para que enterado, resolviese la indicada pretension. Acto continuo, procuraron exigir les otorgase la Comision á nombre del Gobierno, no solo la entrada franca, sino tambien los precios á que debian darseles los efectos de sus permutas, por cuanto observaban una alteracion tan subida en cotejo con los años anteriores, que parecia dedicarse todos á sacrificarlos. Creyeron que seria conveniente la variacion de corrales y corraleros, y tambien pidieron la supresion de unos, y la habilitacion de otros, y fueron discurriendo tan favorablemente en su beneficio, que desde la Sierra de la Ventana querian imponer la ley á los comerciantes con ellos en la capital; reclamando ademas una seguridad de sus personas é intereses, que mas bien aparecerian sirvientes de ellos los negociantes, tropas que pretendian de custodia, y el gobierno mismo, que contratantes libres en este caso. La Comision creyó hallarse en el caso que le señala el artículo nono de sus instrucciones, acerca de hacerles entender que entre las partes contratantes continuarian del mismo modo la amistad y la paz existente, procurando del mejor modo posible terminar el presente tratado y retirarse: porque no siendo fácil garantir ninguna proposicion que por ellos se aceptase, y conociendo por otra parte que procedian con miras dobles, aparentando amistad que no tenian miras de guardar, y que su íntimo deseo era sacrificar la Comision, ó al menos detenerla, era forzoso atemperar á las circunstancias, sacando la única ventaja que se propuso la Comision, y aun el Gobierno, de reconocer sus intenciones, sus fuerzas fisicas, sus campañas, la poblacion de las diferentes tribus, la estadística en general y su industria, con menos dudas y obscuridad que la que hasta aquí teniamos: convencida la Comision de que una fuerza imponente, ó medidas correspondientes, podrian hacer que abatiesen el orgullo con que se creian sobrepuestos á las nuestras.

Siguió la algazara y alegria en celebracion de lo estipulado, y duró mas de una hora el desórden, con las petulancias acostumbradas: en el momento se ordenó se bajase de las carretas la yerba y tabaco que hubiese, reservando una tercera parte para los que se debian reunir mas adelante. Se formaron todos los caciques, para que cada uno recibiese su parte en aquellas especies, como en otros artículos que se les llevaba al efecto, hacièndose los pequeños lotes para cada uno igualmente, excepto el principal. El pueblo rodeaba ó formaba barrera á este espectáculo, agradable á su vista, y ciertamente veiamos que la barrera era peligrosa, porque eran los primeros que pedian, é impedian que se hiciese cosa en òrden. Se repartió todo lo que se les llevaba, pero su petulancia no se contentaba con lo que á cada uno le habia tocado, sino que codiciaban lo poco que habia quedado de reserva; y estas aspiraciones con mal tono, queriendo violar el lugar del depósito. Dos horas se pasaron en estas reparticiones desordenadas, y fuè menester que el cacique principal aquietase los tumultos que se preparaban para chocar, ya con sus mismos compañeros que habian participado mas, ó desigualmente, ya con el repartidor de las especies, ó con el Comisionado, quien procuraba por su parte quedase todo transado, recompensando ó añadiendo á los que no habian tomado igual parte, y despacharlos. A los caciques se les obsequió lo mejor que se pudo, pero de los muchos que habia, querian que todo se les diese, y no pasase nada la Comision adelante para sus enemigos. Tanta fué la impudencia de estos hombres, que fué menester darles la mayor parte de lo reservado, segunda vez. En seguida, la plebe volvia á segundar sus caciques, y á todos era menester agradarlos: á estos últimos los capitaneaban los desertores, que el deseo de hacer mal hacia que molestasen con tanta impertinencia. Ninguna razon, por formal que fuese, de las muchas que le hacia el Comisionado, bastaba para calmarlos, hasta que los caciques los hicieron retirar á sus respectivos campos, quejándose de lo poco que les habia tocado.

A las 4 de la tarde, despues que muchas divisiones se habian marchado con sus caciques á sus toldos, y concluido sus pactos particulares con la Comision, arribó una de Huilliches, á cuatro cuadras del campo: á esta distancia hizo alto, y despues de esta ceremonia, formada en batalla en ala, se desordenó completamente, en correrias al rededor del cacique que la mandaba, llamado Llampilcó, conocido con el nombre del _Cacique Negro_. La division hizo alto segunda vez, y sus caciques arribaron á nuestro campo à felicitar y saludar á la Comision. Esta los recibió con todo el agrado y demostraciones de cariño que su buena disposicion y sincera amistad exigia. El principal, ó Llampilcó, despues de un largo razonamiento, reducido á los tratados que su tribu deseaba entablar con la Comision, y las relaciones de su comercio recíproco, dijo que no habia podido arribar á la par de la otra division que se habia hallado en los tratados y reunion general, porque la distancia en que se hallaba no se lo habia permitido: que habia sabido las cuestiones que se habian suscitado acerca de la forma come se debia celebrar la reunion: que hubiera sentido á la verdad, hallarse en ella, porque su opinion la hubiese sostenido con su fuerza, y no hubiese permitido se violentase el dictámen de la Comision y del cacique Lincon, por hombres cuyo espíritu é interes era conocido: que su tribu jamas se habia unido con ellos en sus coalizaciones generales, porque conocia su carácter ambicioso y falso: que el interes era el que obraba en sus tratos, y no se encontraba ninguno en donde no se conociese este espirítu, y que no solamente con los extrangeros, sino con los mismos suyos: que á la tribu Tehuelcha jamas se le imputarian estas calidades degradantes, ni menos esos robos y tropelias cometidas en la frontera: que lo que deseaban era un pacto serio, por que se asegurase la tranquilidad y posesion del comercio, y se acabasen esas épocas tristes que los habian degradado, y hecho sufrir pérdidas irreparables en sus propiedades y familias: que á parte de su tribu y á èl se les habia despojado, por un derecho injusto, de los terrenos que antes habitaban, desde el cabo San Antonio ó rincon del Tuyú, hasta las faldas del monte Volcan, y principalmente al que habitaba la laguna de los Camarones, grandes y chicos: que estas pérdidas las habian sufrido por no mezclarse en cuestiones, que mas les hubiesen hecho perder que lo que podian haber conseguido, prefiriendo retirarse á vivir á las riberas del Colorado en paz, sin que nadie perturbase su tranquilidad, ni menos fuesen violadas sus propiedades: que desde esta época, una vez sola capitaneó su gente en una correria, porque no tenian como sustentar á sus familias; pero que nunca se unió con los incursores continuos, ni menos cometió ninguna atrocidad con las poblaciones de la costa á donde arribó, y solamente llevó una tropa de ganado á sus establecimientos: que con toda franqueza confesaba esta accion, ni tendria porque temer, cuando en ellos se encontraba tal vez un derecho para hacerlo. Concluyó con que la paz era lo que deseaba entablar con la Comision, sin poner ningunas condiciones, ni menos ningun interes en un pacto de donde les provenian ventajas incalculables: que al dia siguiente se marcharia con su division, llevando este lauro incomparable, que haria la felicidad de sus familias y un porvenir tranquilo en el seno de ellas[33].

El Sr. Coronel felicitó al cacique Llampilcó, por la sinceridad y franqueza de su trato, y las buenas disposiciones de su tribu, hácia la union y felicidad futura que la paz les proporcionaba, y el desinteres que manifestaban en un pacto tan solemne, y al mismo tiempo la franqueza con que se ofrecian á socorrer y proteger la Comision en su marcha á los segundos toldos con los caciques disidentes: que esta conducta seria recomendada, lo mismo la que habian guardado hasta entonces, y que la Comision no podia menos de quedar agradecida. En el momento se le hizo dar algunos regalos á él y sus cuatro compañeros mas que lo acompañaban, con mas abundancia que en lo repartido á los otros, con lo que se retiraron á acamparse, para marchar al dia siguiente.

La fuerza de esta division se componia de 420 hombres todos Huilliches, de hermosa talla y bien puestos á caballo: el mejor escuadron de caballeria no presentaba una perspectiva mas respetable que estos bravos guerreros: de medio cuerpo arriba desnudos, con sus turbantes de cuero ó sombreros de lo mismo, con plumajes: los rostros pintados de negro y colorado, y la mayor parte armados de lanza: su talla es ciertamente respetable, y la historia del descubrimiento de la costa Patagónica por los españoles pone en los indígenas esta cualidad que los asombró, y les hizo parecer que eran gigantes como lo dice la historia. Esta misma tribu es aquella, aunque ha degenerado mucho de los Patagones, en que se hallan hombres de tallas extraordinarias. El cacique Llampilcó es hombre de siete pies y mas, y otros muchos bizarros que vimos en la línea, le sobrepasaban ó igualaban.