Chapter 2
Hablar de práctica implica un reto cognitivo que parece repleto de obviedad, sin embargo, es sorprendente que su explicación en cualquier usuario de la lengua se colme de múltiples dudas para su definición, superficialmente sencilla. Así, el diccionario académico dice: “1. Ejercicio de cualquier arte o facultad, conforme a sus reglas. 2. Destreza adquirida con este ejercicio. 3. Uso continuado, costumbre o estilo de una cosa. 4. Modo o método que particularmente observa uno en sus operaciones. 5. Ejercicio que bajo la dirección de un maestro y por cierto número de años tienen que hacer algunos para habilitarse y poder ejercer públicamente su profesión. 6. Aplicación de una idea o doctrina; contraste experimental de una teoría.” En las escuelas normales formadoras de profesores, se dice “práctica docente” a esos períodos en los cuales el alumnado va a jardines de niños, primarias o secundarias para aplicar en las aulas, con educandos “reales”, lo que ha aprendido en las teorías de sus clases para después, guiado por sus maestros, efectuar una reflexión sobre la misma y sus contrastaciones con las teorías aprendidas. Por un algo de infortunio, acaso ironía, lo teórico queda hecho papilla, ante las realidades escolares que reciben a niños y jóvenes “culturizados” por los mass media; reflejos de video juegos, cantantes comerciales, revistas, modas, etc. Acaso por eso, tales acciones con frecuencia quedan en el aire y múltiples dudas hacen su aparición al creer que revisar es reflexionar sobre la teoría que se llevó al salón de clases de preescolar, de primaria o de secundaria y sus efectos evaluativos, que se reducen a ser presentados como un resumen sobre la experiencia obtenida, donde se describe en orden cronológico de aplicación, los problemas que enfrentó el estudiante normalista y cómo trató de resolverlos, con lo cual, la ruta experiencial de una práctica, con suma frecuencia, no recupera los logros obtenidos, no rinde productos evidentes ni funciona eficazmente como una investigación de carácter social, con lo cual el futuro profesor desperdicia conocimientos y vivencias que podrían incrementar su competencia profesional. Por otro lado, ahondando en preocupaciones epistemológicas, brotan inquietudes por saber si práctica es lo mismo que praxis; o cuándo una práctica se hace distinta de la praxis; o si la teoría es resultante de la práctica; o si la praxis es resultado de la práctica; o la aplicación reflexiva de ésta. Jurgen Habermas, el creador de la teoría de la acción comunicativa y explicada en su famosa obra, así como en su libro Verdad y Justificación, hace la diferenciación filosófica entre dos tipos de prácticas: una la que se denomina praxis o acción social y la otra que recibe el nombre de acciones instrumentales. La primera se refiere a las acciones guiadas para mostrar la coherencia ideológica de quien la realiza. La praxis evidencia actos sociales como concreción de saberes, puntos de vista, compromisos, actitudes. Así se habla de una praxis burguesa; una praxis socialista; una praxis personalista; una praxis neohumanista, etc. La praxis así, se conecta de modo muy directo con la vida activa de la política. Constituye un efecto ideológico, es decir, surgido de un sistema de ideas: creencias, pensamientos, imágenes, conocimientos, sentimientos, actitudes y experiencias de los individuos que se aplican tanto para lograr, o impedir, transformaciones sociales como mantenerlas sin cambios. La segunda categorización de una práctica como acciones instrumentales, versa sobre el dominio técnico de productividad de objetos requeridos por la sociedad, ya sea por su utilidad, los objetos requeridos y surgidos en todas las sociedades, o por su disfrute, tal cual las obras artísticas. Es muy común decir que se aprende con la práctica y desde los puntos de vista pragmatistas de Charles Sanders Peirce y su discípulo John Dewey, Don Rafael Ramírez, el egregio educador mexicano normalista, creador de la escuela rural mexicana y fundador de la Escuela Normal Superior de México, siempre afirmaba la importancia del aprender haciendo; esto es, de la práctica a la teoría. Sin embargo, en la realidad escolar, un problema solía generarse: la rutinización de acciones que pocas veces daban el salto a la reflexión sobre la toma de conciencia de ellas y los procesos de creatividad; de innovación; de cambios cualitativos. Por otro lado, una práctica siempre se da como una interrelación dinámica entre los objetos o los sujetos en pos de un desarrollo sociocultural personal o comunitario; esto es, con una intención precisa. La práctica se constituye así, siempre como un fenómeno humano. Los animales no practican; obran instintivamente. No someten sus actos a la reflexión sobre los mismos ni a intenciones mayores que satisfacer sus necesidades biológicas para conservar su especie. En cambio, los seres humanos poseen esquemas cognitivos, ideología y maneras de actuar en las comunidades donde viven, pero sobre todo, poseen sistemas sígnicos, o lenguajes, específicamente lenguas (sin confundir lo que es lenguaje y lo que es una lengua*), para negociar significaciones, interactuar simbólicamente y realizar transacciones conversacionales que los hacen, o debían hacerlo, llegar a acuerdos. La teoría de la acción comunicativa de Habermas arriba mencionada, intenta, desde su práctica, llegar a una praxis neohumanista basada en la comprensión como producto dialógico. Ahora bien, ¿qué relación existe entre práctica y teoría? Existen muchos puntos de vista sobre la definición de teoría, según la escuela filosófica, científica o sociológica de que se trate; por citar: la crítico social, la estructuralista, la hermenéutica, la neopositivista, la de los analíticos, la de los desconstruccionistas, etc., sin embargo, todos ellos coinciden en que una teoría constituye un sistema fundamentalmente sígnico que codifica simbólicamente los logros obtenidos en un campo de investigación y que a su vez posee, de acuerdo con Althusser, una vigilancia intelectual sobre ellos que se denomina metateoría. Ésta se encarga de efectuar la crítica a la teoría para ajustarla a la realidad de los procesos de investigación científica o filosófica. La teoría, en fin, es una perspectiva de saberes elaborados racionalmente y un marco de referencia para la explicación científica. Ahora bien, desde estos ángulos, la práctica se vuelve el intento de validación de la teoría y existen en la actualidad algunos enfoques básicos para efectuar tal articulación. Menciono tres de ellos: a) El enfoque empírico analítico (positivistas, neopositivistas, analíticos): centra la práctica en el objeto para garantizar la objetividad. Para evaluar esto, se dice que se verifica la teoría o se aplican procedimientos de falsación. b) El enfoque hermenéutico: vuelven al sujeto, núcleo de la práctica, con el fin de apoyar la subjetividad interpretativa y sus posibles variantes. Para evaluar la práctica de sus teorías, y evitar la sobre-interpretación, los hermenéuticos, desde un modelo ideal concebido previamente, contrastan semejanzas, distanciamientos del modelo y diagnósticos de solución c) El enfoque sociocrítico cultural: aplican sus puntos de vista teóricos ubicados en las contradicciones de la realidad social y sus grupos componentes, considerado esto como un todo sistémico donde la dinámica interna y externa de sus relaciones infraestructurales y súper estructurales generan los estadios de las sociedades. Por tanto, su evaluación radica en cómo se realiza la praxis y las acciones instrumentales de cambio social. Ahora bien, puede decirse entonces que las prácticas sociales son los acontecimientos o acciones que ponen en relación a los constituyentes de una comunidad humana; esto es, los individuos, las personas, y las condiciones materiales en que viven ellos, para la realización de determinados productos o acciones de cualquier índole y que pueden ser, en un impresionante abanico de variedades, desde una Constitución hasta la mejora de un conglomerado específico; desde un mitin hasta una conferencia o una clase escolar; desde una entrevista hasta la elaboración de un periódico; desde una fiesta hasta la ida al cine, sin medirnos en tantas miles de manifestaciones más. Las prácticas sociales son pues, inherentes a la humanidad y se encuentran en constante aplicación y desarrollo. Son la fuerza viva de las agrupaciones urbanas, obreras, campesinas, étnicas, escolares, empresariales y muchas más. Constituyen un siempre presente sistema dinámico humano donde sus constituyentes establecen relaciones y reacomodos en la trayectoria social. Forman las reglas de juego de una sociedad, ya sea considerada como una totalidad indivisible o como un conjunto de totalidades interdependientes, pero que se caracterizan por sus rasgos distintivos: sociedad mexicana, sociedad francesa, sociedad china, sociedad árabe, etc. Todas ellas son componentes de la totalidad mundial de seres humanos, pero a su vez, cada una de ellas, contiene grupos que se identifican o se oponen y les dan la dinámica que las actualiza o las retrotrae; las modifica, las mantiene estáticas o las marca con adjetivaciones específicas de distintos cortes tanto físicos como ideológicos y culturales. A su vez, muchos de los elementos activos de estos que podríamos denominar subgrupos, suelen presentar semejanzas en algunos de sus constituyentes: en todas las sociedades se pueden encontrar ocupaciones como carpinteros, albañiles, cocineros o escritores; pero en algunas pueden existir elementos que no se den en otras: un trajinero de Xochimilco sólo se da ahí, como un cosaco en Rusia, una geisha en Japón o un cazador de leones en algún grupo africano. Todos ellos son realizadores de prácticas sociales y, obviamente, existen variaciones en los elementos semejantes a través del tiempo histórico o de una parte geográfica a otra, de acuerdo con los sistemas ecológicos. La globalización geográfica no puede ser definitiva, aunque la globalización económica intente imperar con su rasero mundial. Sin embargo, ninguna sociedad podría subsistir sin el vitalismo de las prácticas sociales o cual dice Hannah Arendt, sin la Vita activa, como reza el título de uno de sus famosos ensayos y que en su estudio fundamental, La condición humana, profundiza y amplía. Por eso, dichas prácticas pueden distribuirse en varios ámbitos generales, de los cuales menciono, grosso modo: a) El ámbito del parentesco: algunas de estas prácticas sociales son las que se manifiestan de modo natural en la gestación, el amamantamiento o el cuidado de parientes aún no capacitados para su autonomía social o discapacitados físicamente. También en todo aquello que se relaciona con hacer la comida, asear a las personas, enterrar a los fallecidos, aplicar medicinas naturales, etc. De modo general estas prácticas implican la energía natural y los órganos corporales. b) El ámbito económico: aquí encontramos las diversas maneras que tienen las sociedades de comerciar los productos de su trabajo. A través de la historia conocemos los diversos modos de producción y distribución que se han dado, aunque aún podemos observar aquellos que aún se ven en algunas comunidades: negociar por trueque, intercambiar por metales preciosos o piedras de semejante índole; simbolización con dinero en monedas o en papel; privilegiar una moneda sobre otra; capitalizar, cobrar intereses, maneras de agio, modos de heredar, discriminación por no tener riqueza, etc. c) El ámbito político: En éste ámbito se observan los distintos comportamientos en torno al poder de conducir los destinos de las comunidades. La democracia o la oligarquía; la autarquía o el socialismo; el comunismo o el liberalismo; la dictadura o la anarquía, y muchas manifestaciones más de prácticas sociales políticas que se imbrican con lo económico ch) El ámbito cultural: Las prácticas culturales varían también de sociedad a sociedad, pero son de común existencia en todas ellas. Sus manifestaciones son múltiples y en ocasiones paradójicas, pues lo que un grupo humano practica culturalmente aceptado, a otro le parece tan extraño, escandalizante o indiferente. Sin embargo, no puede negarse su existencia. Como todos los pueblos realizan prácticas culturales, con frecuencia presentan hechos sorprendentemente semejantes y que producen admiración por los diversos caminos que han transitado para llegar a ellas. Ahora bien, una herramienta que permite el desarrollo de todos los ámbitos mencionados, es sin duda, el lenguaje, entendido éste como todo instrumento sígnico que permite a los seres humanos intercambiar significaciones, dejar significados hereditarios y permitir a los individuos manifestar sus emociones, pensamientos, sentimientos, reflexiones y deseos, en el seno de sus sociedades, entre muchas cosas. Por eso el lenguaje es un producto de la vida social del ser humano. Desde los indicios a las señales; desde las marcas hasta los símbolos; desde los iconemas hasta los morfemas; o desde las huellas hasta la escritura, toda la sociedad se encuentra impregnada de lenguaje, de signos en sistema, y éste le sirve para interrelacionarse, comunicarse con la negociación de significaciones, interactuar simbólicamente y perdurar no obstante la variación que se va dando en el decurso del tiempo debido a los naturales desarrollos de las comunidades humanas. Así, resulta hoy claro que hablar de prácticas sociales del lenguaje, aunque podría parecer tautológico, pues como ya se ha dicho, es gracias a las interacciones sociales por lo cual el lenguaje existe y perdura, aunque se vaya transformando, tiene un lógico encuentro para la escuela. Si ésta no prepara a su alumnado para los variados intercambios sígnicos que los educandos enfrentarán en la vida, el crecimiento integral de los jóvenes de modo general, se ve afectado. Las prácticas sociales del lenguaje en cada uno de los ámbitos señalados, y en todos aquellos que no se han podido mencionar, devienen una necesidad ingente para la educación. El problema es saber detonarlas en las aulas de clase articulándolas con los aprendizajes que los educandos requieren ir dominando en todos los niveles de la escuela: preescolar, primaria, secundaria, bachillerato, enseñanza superior y de postgrado. Una sistematización adecuada permitiría crear nuevas generaciones más competentes para la vida en común en todos sus ámbitos. Sólo hay un problema, no invencible, con los instrumentos tradicionales que la escuela utiliza: libro de texto único, copia y dictado, no será posible ningún avance, pues las prácticas sociales del lenguaje, exigen una apertura total a todas las posibilidades de investigación que desembocan en el reflexivo manejo de los medios de información; la escuela tendría que salir de su retícula para navegar los vericuetos sorprendentes de la gran red de la cultura humana. EL MARAVILLOSO MUNDO DEL PRIMER GRADO DE LA ESCUELA PRIMARIA*