Desde mi banquillo

Chapter 15

Chapter 152,855 wordsPublic domain (Wikisource)

Hace muchos años, como empiezan los cuentos de hadas, degustando la aspiración de ser algún día un buen escritor asistí a uno de los talleres que impartía mi célebre maestro Juan José Arreola. No insistiré en la emoción de escuchar al autor de los Confabularios mostrándonos sus experiencias para que algo aprendiéramos, aquellos deseosos de hacer literatura. En no sé qué momento hizo una anotación en el pizarrón y escribió *devate por debate; algunos disortográficos no lo notaron, pero a mí, en mi asombrada mudez, me produjo uno como efecto fulminante de decepción. No quise hacer mucho ruido por tan pequeña nuez, aunque la amiga con la cual había asistido, me miraba sorprendida por tal falla ortográfica de tan gran maestro de la palabra y aguardaba mi comentario. Aunque importante, consideré una peccata minuta tal lapsus, pues a mí me interesaba más el contenido de su ideología creadora que atender al escándalo de algunos horrorizados decimonónicos que habían sido decepcionados por tan poca cosa y que cobardemente lo comentaron después, con cierto nivel burlesco, en los corredores. Y es que las mentes pequeñas, pues no tienen más, sonríen ante los obvios errores de la grandeza y les encanta corregir la plana a quien se supone que posee mayor sabiduría. Años después, por causa de mi letra que nunca ha sido de gran Palmer, en una conferencia escribí en el pizarrón gramática generativa, pero mi rapidez de escritura hizo rasgos que parecían decir “*jenerativa”, lo cual bastó para que alguien de las primeras filas discutiera con su pareja: -Es ge no es jota y ella no lo creía: -Es jota no ge. En mi perspicacia alcancé a aclarar al público lo de mi mala letra y precisé corrigiendo:-Es ge, aunque el rasgo tan apretado la haga parecer jota. Todo esto me llevó a pensar en cómo un error ortográfico puede ser considerado tan “horror” que se convierta en un destructor de prestigios intelectuales y a la vez se aproveche para desprestigiar a quien lo cometa. En estos rasgueos suele haber pocos que puedan lanzar la primera piedra. Por supuesto que un error de ortografía salta a la vista entre la gente que la posee eficaz, pero quien no la tiene, ni cuenta se da. Yo me atrevo a pensar que el humorismo arreoleano quiso jugar una broma al público, pero nadie saltó por el respeto que imponía y todos se tragaron la “v”. En mi caso, eso ha constituido una constante en quienes han intentado ponerme en evidencia con fallas que a veces son falsas o distorsionadas. Nadie es perfecto. Además, aunque La feria de Don Juan José estuviera plagada de horrores ortográficos; él que había sido corrector de pruebas universitarias y editoriales, el contenido de su texto literario rebasa las alharacas ortográficas. Hay que ver el bosque, aunque haya un árbol torcido. Quien tiene fallas de este tipo, siempre puede enderezar sus ramas, mientras que los que nada tienen que decir, así luzcan los estilos caligráficos más “nouveaux”, no podrán rebasar el chisme de su vacío. También es común que aún las más tildadas ediciones realizadas por cuidadosos orto tipográficos caballeros, sufran algún desliz por culpa de tantas revisiones y tantas manos a la hora de editar. Por ejemplo, una de mis investigaciones más “rumbosas” como la que constituyó mi serie en 24 tomos intitulada Dígalo correctamente y escríbalo mejor, revisada por docenas de ojos, incluyendo los míos, después de publicada, presentada y elogiada por algunos, recibió las agrias críticas de un acucioso lector que descubrió un espantoso “*dize”. ¡Cómo es posible que se haya colado tal errata, que improbable error! Sin embargo tuve que tragarme el bochorno de la crítica. Por fortuna, esa golondrina no hizo verano y para una colección tan abundante pudimos llegar a tres ediciones hasta que la empresa no pudo resistir más los estragos de las crisis y quedó frustrada su ilusión de lograr que se hable y se escriba como se debe, aunque hoy se destile decir, como se quiera. Burla entonces de poca monta es descubrir, por ejemplo en los libros de texto gratuito que la SEP con tanto cuidado produce (he sido testigo de su creación) que aparezcan por aquí o por allá, alguna falla ortográfica y que se aproveche ese mínimo “pecado” para tratar de zaherir la calidad de los mismos. Problema sería si estuvieran atiborrados de horrores ortográficos y se pregonara no hacer caso de ellos; cuando lo que se indica es hacer que los educandos al ir escribiendo reflexionen gradualmente en la organización gráfica del sistema de escritura del español hasta lograr tomar conciencia de él; conciencia ortográfica que los guía a sistematizar los descubrimientos que se vayan haciendo y comprender las restricciones que se dan en él, así como la validez de otros usos. Y es que la ortografía es una tema escandalizante si no se muestra como debe ser lo escrito, aprobado por el uso, la costumbre o los dictámenes académicos. Sólo basta recorrer las calles de cualquier ciudad para ir descubriendo golpazos a la “ortodignidad” de los que creen que siempre escriben bien y que sin embargo, en alguna ocasión han tenido dudas sobre la escritura correcta de tal o cual vocablo. Ante estas emergencias, quien bien nos quiere nos hará consultar el diccionario y sin llorar, con reflexivo asombro, se van eliminando las cacografías. No obstante, quienes desairan el producto de los lexicógrafos, tumbaburros han dicho los humoristas, les importa un comino y la sal escribir como sea. Asalto al buen escribir van apareciendo en diversos letreros, avisos o anuncios, expresiones como *Biba el bicentenario, *aros con leche, *festege la *independensia, prestamos a corto *plaso, tortas de *güebo, *halasiados de *cavello, se *bende, *regrezamos a las *sinco, *conpre *oi, *zopa de pasta, *caye *serrada, *bestidos de *ceda, se *proive *hanunciar y tantas y tantas que ojos observadores con deseos de divertirse pueden descubrir hasta en los sitios más intelectuales. Y es que el problema de la ortografía ha parecido muy complejo para algunos que en distintas épocas de la historia de la lengua han tratado de ello. Desde quienes han propuesto un sistema puramente fonético que vaya par a par entre la letra y su representación: escribir el fonema /s/ siempre con ese y evitar la c suave, la zeta y aún la x; el fonema /b/ con letra b arrasando las uvés; el fonema /k/ impuesto sobre la c gutural o la qu, etc.; con aquellos que nada perdonarían a los pecadores ortográficos. Es más, ha circulado una propuesta humorística que al encontrarla en la internet parecía muy seria, pues se supone que proviene de la Real Academia de la Lengua Española, donde se dice que en vista de la irreverencia juvenil para la escritura adecuada, se requieren hacer cambios graduales inspirados acaso en el chateo. Me he atrevido a copiarla para quienes no la conozcan y agradezco a la maestra Rosario Loyola, su comunicación. “En vista de la evolución del castellano en los últimos años y debido a las aportaciones realizadas por los jóvenes, la Real Academia de la Lengua dará a conocer la reforma de la ortografía española, que tiene como objetivo unificar el español como lengua universal de los hispanohablantes. Será una enmienda paulatina, que entrará en vigor poco a poco, para evitar confusiones. La reforma hará más simple el castellano, pondrá fin a los problemas de otros países y hará que nos entendamos de manera universal quienes hablamos esta noble lengua. La reforma se introducirá en las siguientes etapas anuales: Supresión de las diferencias entre c, q y k. Como inicio del plan, durante el primer año, todo sonido parecido al de la k será asumido por esta letra. En adelante pues, se escribirá: kasa, keso, Kijote…Se simplifikará el sonido de la c y z para igualarnos a nuestros hermanos hispanoamericanos ke convierten todas estas letras en un úniko fonema “s” Kon lo kual sobrarán la c y la z: “El sapato de Sesilia es asul” Desapareserá la doble c y será reemplasada por la x: "Tuve un axidente en la Avenida Oxidental" Grasias a esta modifikasión, los españoles no tendrán desventajas ortográfikas frente a otros pueblos, por la estraña pronunsiasión de siertas letras. Asimismo, se fusiona la b kon la v; ya ke no existe gran diferensia entre el sonido de la b y la v. Por lo kual, a partir del segundo año, desapareserá la v. Y beremos kómo bastará kon la b para ke bibamos felises y kontentos. Pasa lo mismo kon la elle y la y. Todo se eskribirá kon y: "Yébeme de paseo a Sebiya, señor Biyar". Esta integrasión probokará agradesimiento general de kienes hablan kasteyano, desde Balensia hasta Bolibia. La hache, kuya presensia es fantasma, kedará suprimida por kompleto: Así, ablaremos de abas o alkool. No tendremos ke pensar kómo se eskribe sanaoria y se akabarán esas komplikadas y umiyantes distinsiones entre "echo" y "hecho". Ya no abrá ke desperdisiar más oras de estudio en semejante kuestión ke nos tenía artos. A partir del terser año de esta implantasión, y para mayor konsistensia, todo sonido de erre se eskribirá kon doble r: "Rroberto me rregaló un rradio“.Para ebitar otros problemas ortográfikos, se fusionan la g y la j, para ke así, jitano se eskriba komo jirafa y jeranio komo jefe. Aora todo ba kon jota: "El jeneral jestionó la jerensia". No ay duda de ke esta sensiya modifikasión ará ke ablemos y eskribamos todos kon más rregularidad y más rrápido rritmo. Orrible kalamidad del kasteyano, en jeneral, son las tildes o asentos. Esta sankadiya kotidiana jenerará una axión desisiba en la rreforma; aremos komo el inglés, ke a triunfado universalmente sin tildes. Kedaran kanseladas desde el kuarto año, y abran de ser el sentido komun y la intelijensia kayejera los ke digan a ke se rrefiere kada bokablo. Berbigrasia: “Komo komo, komo” Las konsonantes st, ps o pt juntas kedaran komo simples t o s, kon el fin de aprosimarnos lo masimo posible a la pronunsiasion iberoamerikana. Kon el kambio anterior diremos ke etas propuetas okasionales etan detinadas a mejorar ete etado konfuso de la lengua. Tambien seran proibidas siertas konsonantes finales ke inkomodan y poko ayudan al siudadano. Asi, se dira: “¿ke ora es en tu relo?”“As un ueko en la pare” “La mita de los aorros son de agusti” Entre eyas, se suprimiran las eses de los plurales, de manera ke diremos: “La mujere” o “lo ombre” Despues yegara la eliminasion de la d del partisipio pasao y la kanselasion de lo artikulo. El uso a impueto ke no se diga ya bailado sino “bailao”. Erbido sino “erbio”.“Benio” en lugar de benido. Kabibajo asetaremo eta kotumbre bulgar, ya ke el pueblo asi lo manda, al fin y al kabo. Dede el kinto año kedara suprimia esa interbokalika ke la jente no pronunsia. Adema y konsiderando ke el latin no tenia artikulo y nosotro no debemo imbentar kosa ke el latin rrechasaba: “kateyano karesera de artikulo”. Sera algo enrredao en prinsipio y ablaremo komo fubolita yugolabo, pero depue todo etranjero beran ke tarea de aprender nuebo idioma resulta ma fasil. Profesore terminaran benerando akademikos ke an desidio aser rreforma klabe para ke sere umano ke bibimo en nasione ispanoablante, gosemo berdaderamente del idioma de “Serbante y Kebedo”. Eso sí: Nunka asetaremo ke potensia etranjera alguna toke letra eñe. Eñe rrepresenta balor ma elebado de tradision ispanika. Y primero kaeremo mueto, ante ke asetar bejasione a simbolo ke a sio korason bibifikante de istoria kastisa epañola unibersa. Imaginemos si esto realmente llegara a implantarse…No permitamos la degradación de nuestro idioma. Utilicemos los acentos. Evitemos utilizar las letras “c” o “z” incorrectamente. Usemos la letra “h” donde corresponda.” Apliquemos las reglas ortográficas. ¡Salvemos al idioma español! Ahora bien, cómo conducir a nuestros educandos al aprendizaje de la ortografía de manera atractiva y dinámica, sin caer en los cientos de obras escritas con tal tema que parten siempre de reglas y ejercicios de rutina y muy pocos de la creatividad innata del ser humano. Yo he dirigido a mis estudiantes con un concepto experimental cognitivo: la ortografía se aprende escribiendo y reflexionando sobre los grafemas adecuados; así, lo que se ha leído, y no al revés, puede ser recuperado por el escribiente y fijarlo en sus memorias funcional, motriz y visual, y transferirlo a la de largo plazo. El escribir constante hace todo lo demás. De manera tradicional se cree que quien lee mucho, tiene muy buena ortografía y sin embargo, investigaciones sobre ello, han mostrado la falsedad de este aserto, pues hay devoradores de libros cuya ortografía deja mucho que desear. Vieron las palabras, sí; pero casi nunca se dieron la oportunidad de escribirlas, de analizar sus restricciones y de usarlas adecuadamente en la producción personal de sus textos. Esto no significa que se niegue la importancia de la lectura y la visualización de palabras, pero si el origen de la ortografía es la escritura de la lengua, de sus textos, lógico es pensar un hecho fundamental: escribiendo, no sólo viendo o memorizando reglas, se mejora la ortografía. Por eso, en este artículo, propongo esta práctica integradora la lectura, la conciencia ortográfica de lo que se lee y el sistema de escritura al cual pertenecen las palabras. Por medio de pequeños cuentos, breves crónicas y poemas de corta dimensión, que intenten ser divertidos, o por lo menos que hagan sonreír sus vericuetos, acaso rebuscados para algunos, se pretende lograr afianzar en el estudiante la escritura acordada por hoy, de las palabras y permitir a la vez, el disfrute de su creatividad. Porque la Ortografía constituye uno de los acuerdos sociales más discutidos en la historia de una lengua. La necesidad de producir textos que retengan las representaciones y visiones del mundo de los usuarios, sus pensamientos, sus sentimientos, sus experiencias, sus emociones, sus argumentos, sus instrucciones, sus conocimientos, etc. y que puedan ser comprendidos por los lectores, sin confusión, ha hecho que las instituciones denominadas Academias de la Lengua, surgidas para ordenar las variadas escrituras que se han dado y normar idiomáticamente la incontenible variación lingüística, vayan acordando de tiempo en tiempo, ajustes a los cambios que esa variación producida por la dinámica de los hablantes y los escribientes en sus diferentes ámbitos sociales, geográficos, históricos, culturales, se deja sentir en los escritos y en las maneras de hablar de tales usuarios. ¿En realidad nos esperarán cambios como los referidos arriba? Aprender la ortografía académica de manera tradicional lleva a un despilfarro de esfuerzos que con otro enfoque, escribiendo ingeniosamente, como los textos absurdos de Edward Lear, Lewis Carrol o María Elena Walsh, por ejemplo, podrían ser divertidos, atrayentes, innovantes. Las restricciones ortográficas suelen ser abundantes y su memorización como reglas se diluye en el olvido, pues al escribir, nadie se acuerda de ellas, hasta que aparece alguien que critica el posible error gráfico. Ahí surge el problema de cómo escribir tal palabra. Entonces se escarba, como lo dijimos, en el respetable mamotreto de la Ortografía Académica hasta descubrir una norma apabullante que se resuelve con facilidad, simplemente escribiendo el vocablo como se debe. Obvio que el diccionario es más rápido, aunque también presenta sus bemoles, pues no siempre aparecen registradas todas las voces de la lengua; además, si la palabra nunca se ha usado ni visto, ¿cómo localizarla con prontitud? Por eso, de acuerdo con mi experiencia de cuarenta y siete años de trabajar con los más variados alumnados, en todos los niveles escolares, me ha permitido descubrir un lexicón amplio y básico a la vez, que al ser practicado escribiendo textos, ha mejorado las competencias ortográficas de mis educandos. Les he llamado “grupos dinámicos de palabras” y por medio de ellos, al combinar las voces que los forman, de manera sorprendente, mis estudiantes han practicado no sólo la redacción y la lectura, sino que han desarrollado un buen nivel de creatividad, donde la ortografía cumple una función de apoyo a sus escritos eficaces, y han podido abordar desde ello, la mayor tipología textual creando textos reales y textos fantasiosos. Hilo negro, sin duda: se aprende a escribir escribiendo y la ortografía va enredada en él. La ortografía literal, la ortografía acentual, la ortografía tonal deslizan sus vericuetos con campechana imaginación. Un abordaje diferente a la ortografía que bien podría denominarse, la ortografía a través de la literatura, no la hecha ya, sino la que irán generando los usuarios de la redacción. Literatura emergente en el trabajo cotidiano del aula: textos que ponen tanto la función poética como la metalingüística en un mismo nivel de goce y reflexión. Sólo basta un requisito: ¡SER CREATIVO!; serlo es humano y la creatividad constituye un rasgo característico de hombres y mujeres. La Ortografía no tiene por qué ser tediosa, si la envolvemos con nuestra fuerza creadora escribiremos para ser competentes en ella. Así, pues, manos a la creación y circulemos por el país de las maravillas que podemos lograr, practicando la ortografía en la construcción de nuestros propios textos hasta hacernos más competentes en ella. Y toda competencia requiere la apropiación de destrezas cognitivas, procedimentales y valorativas para resolver con eficacia un problema de determinada índole.