Descripcion é historia del castillo de la aljafería sito extramuros de la ciudad de Zaragoza

Part 7

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Así terminaron las fiestas de esta coronacion la última que presenciaron los aragoneses: pero todavia continuó la ALJAFERIA siendo el teatro de otras solemnidades. En ella á 7 de octubre de 1498, á donde se trasladaron los Reyes Católicos despues de la muerte de la princesa Doña Isabel, que falleció en el palacio del arzobispo, se solemnizó el matrimonio de D. Pedro de Navarra mariscal de aquel reino y de Doña Mayor de la Cueva, dama de la Reina hija de D. Beltran de la Cueva duque de Alburquerque y de la Duquesa Doña Mencía de Mendoza su muger que eran difuntos.[100]

CAPÍTULO CATORCE.

De las personas que estuvieron presas en la ALJAFERÍA, y succesos lamentables que ocurrieron dentro de este alcázar.

Pero si el alcázar de la ALJAFERIA es memorable por las brillantes solemnidades que se celebraron en su recinto, tambien lo es por los personajes que estuvieron presos en él, y acontecimientos funestos que recuerda.

En este castillo encontró un pronto asilo el Rey D. Pedro el Ceremonioso, cuando alterado el reino con la Union, celebrando córtes en el convento de Santo Domingo de Zaragoza, llamó en ellas traidor al infante D. Jaime su hermano, é impuso silencio á D. Juan Gimenez de Urrea Sr. de Viota, que quiso salir á la defensa del infante, lo que dió lugar á que un criado de éste abriese las puertas y entrase la multitud enfurecida, con cuyo motivo sacaron el Rey y los de su acompañamiento las espadas. Calmado algun tanto el alboroto, se retiró D. Pedro á la ALJAFERIA.

Nuestros historiadores hablan de otra escena lamentable ocurrida en 1429, en el reinado de D. Alonso el Magnánimo, que fue la muerte del arzobispo de Zaragoza D. Fr. Alonso de Argüello. Suponen algunos que como castellano de orígen, mantenia correspondencia con el Condestable D. Alvaro de Luna, y que á esto debió su desgracia: pero en las memorias manuscritas de D. Fernando de Aragon (tambien arzobispo de Zaragoza[101]), se asigna muy diferente causa á esta catástrofe, diciendo que dando este prelado el brazo un dia á la Reina en demostracion de obsequio y respeto, se desmandó con temeraria ligereza á decirla alguna palabra no decente, y aunque la Reina que fué egemplo de honor y honestidad, no mostró haber oido ó atendido, fué el arzobispo aquella noche arrebatado al palacio de la ALJAFERIA, y luego arrojado al Ebro.

En este mismo castillo[102] fué puesto en prision el príncipe D. Carlos llamado vulgarmente de Viana, por el Rey D. Juan 2.º su padre en 1461, desde donde fué trasladado á Miravet, y despues á Morella[103].

El dia 24 de Mayo de 1591 fueron conducidos Antonio Perez y su compañero Mayorini en un coche, desde la cárcel de manifestados á la ALJAFERIA, por el fiscal y ocho familiares de la Inquisicion, mediante mandato que llevó un portero de maza del Consejo del Justicia de Aragon al alcaide, para que entregase el preso dentro de tres horas. Esta entrega se habia verificado bajo la amenaza de excomunion y multa de 3000 ducados á cada uno de los lugartenientes del Justicia: pero á pesar de que esta diligencia se practicó con misterio, se divulgó pronto por la ciudad[104] la noticia, y los principales miembros de la nobleza, y entre ellos D. Juan de Luna baron de Purroy, y D. Martin de Lanuza fueron á la cárcel de manifestados, afearon al alcaide la entrega, se trasladaron al palacio del Justicia D. Juan Lanuza, le acusaron de violar los fueros, y observando D. Martin de Lanuza la inutilidad de estas gestiones, en union de otros nobles dió el terrible grito de _Contrafuero, Ayuda á la libertad_: y una porcion de los amotinados se dirigió al castillo de la ALJAFERIA, de donde á pesar de la resistencia de algunos inquisidores, con la mediacion del Arzobispo de Zaragoza Bobadilla, y de los Condes de Aranda, y de Morate, fueron puestos en manos de estos y del Virrey, Perez y Mayorini á cosa de las cinco de la tarde, y volvieron á la cárcel de los manifestados.[105]

Aunque me propuse hacer mérito únicamente en esta historia de los succesos antiguos, no creo del caso omitir uno, á virtud del cual un Capitan General se vió preso en este alcázar, ocurriendo en su prision los incidentes que voy á referir. Las sangrientas escenas del 2 de Mayo de 1808 en Madrid habian conmovido profundamente al pueblo Zaragozano, que respirando venganza y furor contra los franceses, clamó varias veces pidiendo las armas. Inflamó mas y mas los ánimos la aparicion de una palma que formó una nube sobre el templo de nuestra Señora del Pilar, y habiéndose reunido en aquella plaza con este motivo un numeroso concurso, acudió tambien el Capitan General D. Jorge Juan Guillelmi, ora fuese por curiosidad, ora por evitar cualquiera funesto acontecimiento: pero aun no habia parado el coche, cuando resonó con un estruendo estrepitoso el grito de las armas. El general con voces blandas, y sobre todo con su presencia grave y magestuosa, calmó la efervescencia del pueblo, que dócil á las insinuaciones de la autoridad, desfiló sin insistir en sus exigencias. Pero entretanto la mina se cargaba sordamente: venian noticias alarmantes desde Madrid; D. José Palafox y Melci habia llegado herido desde Bayona, y la relacion de las desgracias de un Rey tan idolatrado como Fernando 7.º habian producido aquella impresion que no podian menos de causar en un pueblo tan generoso y tan fiel como Zaragoza. Miraba esta Ciudad como su ídolo á Palafox, el cual no habiendo podido vencer á Guillelmi para que usase de su poder levantando el Aragon, se retiró á Alfranca, casa de campo del marqués de Ayerve, á dos leguas de la Capital en las márgenes del Ebro. Desde allí Palafox sostenia las esperanzas del pueblo, y formada secretamente una junta, se decretó un movimiento, cuyo principal adalid debia ser un labrador honrado y respetable, llamado Mariano Cerezo, sugeto de grande influjo y representado en la vasta parroquia de S. Pablo, ya por sus prendas, ya tambien por tener á su cargo la direccion de los riegos del Canal. De acuerdo con los gefes que á propuesta suya autorizó la Junta para el Arrabal, y parroquias de S. Miguel, y la Magdalena, dispuso que los labradores y jornaleros se trasladasen desde la madrugada del 24 de mayo al sitio llamado la Cruz del Coso, donde debian aguardar en silencio la señal que se les diera. Veíase por momentos aumentarse la muchedumbre que iba llenando la ancha calle del Coso, desde el punto mencionado hasta la casa llamada de las Monas inmediata al palacio del General, que ahora ocupa la Audiencia. No habia á la sazon en Zaragoza mas que una compañia de artilleros, de la que una parte daba la guardia al General; pero como aquel concurso no la hostilizaba, no mostró la menor inquietud. A las nueve poco mas ó menos se presentó Cerezo, recorrió las filas de sus soldados ocultos, y despues dirigiéndose á la guardia les dijo: «Artilleros, con vosotros nada va; ú obrad como nosotros, ó si vuestro pundonor no os lo consiente, estáos quedos. Aquí no se viene á hacer mal á nadie, sino á evitarlo; os sería doloroso querer usar del arma á vista de tanta gente.» Y volviéndose á la muchedumbre gritó, las armas, las armas que vienen los franceses á llevárselas; las armas, Señor General: y este grito fué repetido con entusiasmo hasta cerca de las once, en que presentándose los Comandantes de Miñones, D. Antonio y D. Gaspar Torres, les previno Cerezo, que si habian de esforzar su demanda para con el General pasasen adelante, ó de lo contrario le escusasen un bochorno. Subieron estos militares y le informaron de lo ocurrido; pero aun duraba la conferencia en la que el General Guillelmi insistia en la negativa, á pretexto de falta de órden de la superioridad, cuando Cerezo impaciente de tal tardanza, subió con un piquete de los suyos, y despues de dirigir una corta arenga al General, concluyó diciéndoles que era indispensable, que, ó franquease las llaves del castillo de la ALJAFERIA, ó que en persona mandase la entrega de las armas. Observando que era invencible su resistencia, le intimó resueltamente que su presencia era necesaria en el Castillo, advirtiéndole que depusiese todo temor pues seria conducido sin que nadie le ofendiera. El General emprendió su marcha á la ALJAFERIA, y como eran las doce del dia y el sol se desplomaba con fuerza, Cerezo pidió un quitasol en una de las tiendas del Coso, y haciéndole sombra con él, le acompañó hasta el Castillo, y le colocó en uno de los pabellones mas decentes, donde permaneció tratado con la mayor consideracion, y sin sufrir el menor insulto hasta el 14 de junio de 1808.

Tambien salvó la vida en este Castillo el Conde de Fuentes, á quien el pueblo de Zaragoza manifestó la mayor aversion, y que habia sido detenido en la Sierra de Cameros cuando desde París venia con direccion á Madrid. Solo la presencia de Palafox que salió á recibirle pudo librarle de una desgracia.

CAPÍTULO QUINCE.

De la visita que S. M. Doña Isabel 2.ª hizo al Castillo de la ALJAFERÍA en 27 de julio de 1845.

Este hecho aunque de fecha recientísima, no me parece que debia omitirlo en la historia de la ALJAFERIA, porque formará época en los fastos de este alcázar. Despues de tantos siglos en que el castillo de la ALJAFERIA dejando de ser mansion real, no habia presenciado por lo comun mas que lágrimas y pesares, llegó la tarde del 27 de julio último, en que S. M. Doña Isabel II y sus Augustas Madre y Hermana se dejaron ver en aquel recinto, para tributar un homenage respetuoso á la morada de sus antecesores: y digo, homenage, porque hasta los Reyes presentes tienen que tributarlo á la memoria de los que les precedieron en el mando. Inútil es que yo describa lo que saben los Zaragozanos, que diga la manera con que se adornaron las salas y el altar que se construyó en la alcoba del aposento llamado de SANTA ISABEL colocando una efigie de la Santa. Todos estos son hechos que no ofrecen una grande novedad, al paso que acreditan, que un egército fiel quiso obsequiar á sus Reinas, y que eligió oportunamente un local en que lo presente debia ser realzado con los recuerdos de lo pasado. Lo grande, lo verdaderamente sublime, consiste en las consideraciones á que presta materia esta visita. En medio de aquella fiesta yo tenia ocupada mi imaginacion con una multitud de ideas. A este parage olvidado hace tantos años, donde casi únicamente se han oido lloros y desconsuelos, viene la Reina de las Españas á pisar el mismo suelo que hollaron los Reyes Moros y los Reyes Aragoneses. Oh! ¡Cuantas saludables lecciones pueden dar estas paredes, cuantos pensamientos elevados no puede inspirar este recinto! La infanta Doña Isabel despues reina de Portugal, revestida de inimitables virtudes, presenta egemplos de grandeza de alma en sus padecimientos, y sobre todo en aquella paciencia heróica que la distinguió. Ella supo vencer la tibieza de su esposo y calmar sus iras. Esta infanta se presenta como viva al que habiendo leido su historia, recorre el palacio de la ALJAFERIA. ¿Y los Reyes Católicos D. Fernando y Doña Isabel pueden dejar de verse en unas salas que ostentan su magnificencia? Estos me parecia que circulaban por aquellos salones, y que sus sombras magestuosas se acercaban á su excelsa nieta la señora Doña Isabel II, y le dirigian voces tan dulces como provechosas. Mi imaginacion absorta, como la del autor de las _Noches sobre el sepulcro de los Escipiones_, veia mezclado el siglo XIX con los diez que le precedieron, y estas visiones podrian darme lugar á largas é interesantes reflexiones que considero intempestivas en esta historia. Sin embargo en medio de aquella confusa muchedumbre, yo decia dentro de mi mismo; el Aragon volverá á ser grande y presentará un espectáculo magnífico, si su Reina Doña Isabel 2.ª recuerda que la monarquia española llegó al apogeo de su grandeza, cuando ocupó el trono de Castilla un Rey aragonés. Grande, sublime, entusiasmador es todo cuanto pueda contribuir á fijar en el tierno corazon de la Reina la idea, de que el Aragon ha sido mas de lo que es, y puede ser todavia mucho mas, sino se le deja en el olvido, y se le mira como un pais que puede elevarse al mas alto grado de esplendor.

CAPITULO DIEZISEIS.

De lo que deberia egecutarse para conservar y reparar las preciosidades de este edificio.

Cuando fijo la vista en los restos de obras tan antiguas y venerables; cuando las veo en un estado de degradacion, ó por hablar con mas exactitud, de destruccion; no puedo menos de esclamar apesadumbrado. ¡Será posible que por un descuido vergonzoso hayan de sepultarse en la nada estos monumentos! Los pueblos civilizados se distinguen principalmente de los que todavia están sumidos en la barbarie, en que conservan sobre la tierra las huellas de sus antepasados, los adelantos de las generaciones que les precedieron. Si separamos de la superficie del universo las mejoras que succesivamente ha hecho el trabajo del hombre, la naturaleza se nos presentará en aquel estado de selvatiquez, en que se encontraba cuando por la vez primera se labró el suelo y se erigieron moradas donde resguardarse de la intemperie de las estaciones, á cuyo estado volvió la Italia despues de la invasion de los bárbaros del norte. Los vándalos y los hunos cubrieron la Europa de ignorancia destruyendo las obras de la civilizacion romana, que habia atesorado los progresos de la Grecia. Hay un género de vandalismo tambien en permitir que se hundan en el polvo los monumentos de una antigüedad respetable, las páginas de una historia viva y elocuente. Afortunadamente en nuestra patria se ha despertado el deseo de conservar las obras de las generaciones pasadas, y este deseo no será estéril en Zaragoza para el Castillo de la ALJAFERIA, despues que un General apreciando sus bellezas y recuerdos llevó á la Reina Ntra. Sra. á su recinto. El artesonado del salon de SANTA ISABEL está en gran parte destrozado; las tribunas han casi desaparecido en su totalidad; la mezquita está mutilada y á merced de uno de los inquilinos. Costosa es la reparacion, sin embargo S. M. no dejará de imitar á su augusto tio el Rey de los franceses que ha puesto un esmero singular en la reparacion del palacio de Henrique IV en la ciudad de Pau. La monarquia francesa cuenta como uno de sus héroes á un rey, que conquistó á Paris y estinguió las discordias, y en obsequio de esta memoria tributa cierto culto político al lugar donde vió la luz este monarca. Fernando é Isabel despues de haber unido á la corona el reino de Granada dieron á España un nuevo mundo, y asentaron el poder real sobre bases indestructibles combatiendo la anarquia y el feudalismo. ¿Y no ha de merecer la morada predilecta de estos reyes el honor de la reparacion?

Mientras que la munificencia de S. M. derrama sus beneficios sobre este antiguo alcázar de sus predecesores que tantas ideas de grandeza recuerda, la autoridad militar puede principiar á dar importancia al departamento de SANTA ISABEL. En el salon debe colocarse un sólio para la celebracion del acto imponente de las visitas de cárcel.[106] ¿No debe experimentar un Capitan General una sensacion profunda al considerar que administra justicia y aun dispensa gracias, donde antiguamente las dispensaron los reyes? Cierto es que ahora no se cuenta con fondos para la reparacion completa, pero á lo menos no deben faltar para asegurar lo existente, para precaver una ruina, para impedir una destruccion total. No faltan por lo demás artífices que puedan labrar algunas de las piezas que se echan de menos; quizás algun soldado que esté instruido en la elaboracion de las maderas podrá con la esperanza de algun año de rebaja esmerarse en construir algunas de las partes que faltan en ciertos trozos del artesonado. Lo que no se intenta, nunca llega á conseguirse: es preciso principiar las obras, porque el que las principia lleva una ventaja inmensa.

Sobre todo la mezquita debe reponerse en cuanto sea posible en su antiguo estado. Si se la vé dividida y cual esta hoy dia, un profundo sentimiento se apoderará del inteligente que la visite. Dificil es, formar idea de su hermosura, de su elegancia, no restituyendole en cuanto sea posible, su primitiva forma.

El alcaide del Castillo deberia encargarse de las llaves de estos departamentos, que podrian abrirse al que en dias determinados solicitase verlos; del coste de las obras de reparacion pudiera formarse inmediatamente un presupuesto: principiar por lo mas urgente, por lo que sufre menos espera, y reservar lo restante para épocas mas abundantes. Si S. M. viniese alguna vez por esta ciudad, y los gremios y cuerpos tratasen de hacer algunos festejos se les debia hacer entender, que mas que unos fuegos pasageros, unas luminarias improductivas, seria acceptable á S. M. la reconstruccion de una parte de estos adornos. Los carpinteros por egemplo y los tallistas podrian hacer un obsequio poco costoso presentando unas cuantas piezas del artesonado. En fin cuando hay celo no faltan medios. Una fiesta de Iglesia á SANTA ISABEL en el Castillo de la ALJAFERIA hecha por suscripcion podria suministrar algunos fondos. El Excmo. Sr. Capitan General deberia desde luego formar una junta ó comision compuesta de las personas que fuesen de su agrado y cuya presidencia se reservára, para escogitar arbitrios y recursos y para discurrir los demás medios oportunos á fin de realizar la reparacion.

S. M. que ha honrado mi insignificante opúsculo permitiendo que lo pusiese bajo sus reales auspicios, si se dignase leer estas últimas páginas, al paso que veria en ellas un celo puro y desinteresado, quizás no dejaría de encontrar digno de la magestad el restablecimiento de una obra de sus progenitores. Entonces mi memoria habria sido en algun modo un memorial, una pretension que los gloriosos reyes difuntos hacian á la Reina presente. Dulce es para mi cuando escribo de antigüedades honrar la noble profesion de la abogacia, que protegiendo las cosas y personas particulares egerzo, abogando tambien por el esplendor de las artes, por la gloria de los reyes, por los recuerdos de la antigüedad.

Conclusion.

Estos son los principales sucesos que han ocurrido, ó en el recinto, ó á las inmediaciones del antiquísimo Castillo de la ALJAFERIA, y las vicisitudes que ha tenido este edificio en el dilatado espacio de cerca de diez siglos, ó sea de 981 años. Mi pluma consagrada principalmente en esta tarea á revelar tan solo los misterios de la antigüedad, no hace mencion de las épocas mas recientes que abrazará la historia contemporánea. Queda cumplida mi mision que es la de recordar los acontecimientos remotos, que tuvieron lugar en este alcázar de los reyes moros y de los reyes aragoneses. Quizás nada ó muy poco habré dicho de nuevo para las personas ilustradas, pero muchos á quienes no es posible revolver los dispersos y escasos volúmenes que contienen nuestras glorias, si leen mi opúsculo, fijarán con mas atencion la vista en este monumento venerable, y cuando lo visiten ó pasen á corta distancia recordarán los nombres de tantos héroes aragoneses, y de cuantos ocupando altos destinos se propongan salvar de la voracidad del tiempo tantas memorias dignas de conservarse, infundiendo á los que habiten en lo succesivo en aquel edificio, un respeto santo para evitar que se destruya y desaparezca por la mania y el vandalismo una obra que ha sobrevivido á tantos desastres, y que se mantiene con señales de lo que fué, á pesar de las contínuas revoluciones de las edades.

APÉNDICE.

Nota 1.ª

_ESCMO. SEÑOR._

El Sr. D. Prospero Bofarull me ha manifestado en contestacion á la que le dirigí, que existian en el archivo que se halla confiado á su cuidado en Barcelona, varios documentos relativos al Castillo de la ALJAFERIA, pero me añade, que era preciso dirigirse á S. M. por el Ministerio de la Gobernacion para que pudiese librar testimonio, lo que tengo el honor de poner en conocimiento de V. E., á fin de que si lo juzga oportuno, se sirva obtener esta autorizacion para que pueda dar címa á los trabajos que he emprendido de acuerdo con V. E. Dios guarde á V. E. muchos años. Zaragoza y Julio 7 de 1844.--Exmo. Sr.--Mariano Nougués Secall.--Exmo. Sr. D. Manuel Breton Capitan General del Egército y Reino de Aragon.

Capitania General del 6.º distrito.--Estado Mayor.

_Seccion Archivo._

El Subsecretario del Ministerio de la Gobernacion de la Peninsula en 19 del actual me dice lo que sigue:

«Exmo. Señor.--Con esta fecha se previene lo conveniente al Archivero general de la Corona de Aragon para que libre al Doctor D. Mariano Nougués y Secall, Abogado y fiscal del tribunal de justicia de esa Capitania general, copia de varios documentos que existen en el mismo archivo referentes al Castillo de la ALJAFERIA de esa Ciudad.--De Real órden comunicada por el Señor Ministro de la Gobernacion de la Peninsula, lo digo á V. E. para su inteligencia y efecos correspondientes.

Lo traslado á V. S. para su debida noticia, fines subsiguientes y por respuesta á su atento escrito de 7 del corriente, relativo al particular de que vá hecha mencion.--Dios guarde á V. S. muchos años.--Zaragoza 21 de Julio de 1844.--Manuel Breton.

--Sr. D. Mariano Nougués Secall, fiscal del tribunal de justicia.

Nota 2.ª

_VIAGES DE ALI-BEY._

_Pág. 130.--Tomo 1.º_

Cada oracion canónica consta de la invocacion, varios rikats, y salutacion. El rikat se compone de siete posiciones del cuerpo con diferentes oraciones; he aquí la forma con el tenor de la oracion.

INVOCACION.

El cuerpo recto y las manos levantadas á la altura de las orejas, se dice:

¡Alláhou ak i bár! ¡Dios mui grande!

PRIMER RIKAT.

PRIMERA POSICION.--De pie, los brazos y manos colgando por los malekis ó cruzados por los hhaneffis,[107] se reza el primer capítulo del coran, que se llama El Fat-há y es como sigue.

¡Alabanza sea dada á Dios! Señor de los mundos, clementísimo, misericordiosísimo, rei del dia del juicio final, adoramoste, é imploramos tu asistencia; dirigenos por el camino recto, el camino de aquellos á quienes has colmado de tus beneficios, de los que son sin corrupcion, y no del número de los estraviados. Amen.

Luego se reza un capítulo ó algunos versículos del coran en la misma actitud.

SEGUNDA POSICION.--Se dobla toda la mitad superior del cuerpo, apoyando las manos sobre las rodillas, y se grita en alta voz.

¡Dios mui grande!

TERCERA POSICION.--Se vuelve á enderezar diciendo: Dios oye, cuando se le dan alabanzas.

CUARTA POSICION.--Postrándose, con las rodillas, manos, nariz y frente en tierra, se dice:

¡Dios mui grande!

QUINTA POSICION.--Sentandose sobre los talones y poniendo las manos sobre los muslos se gríta:

¡Dios mui grande!

SESTA POSICION.--Se postra como antes diciendo:

¡Dios mui grande!

SEPTIMA POSICION.--Vuélvese á poner de pie, y si es posible, sin poner las manos en tierra, y se repite la esclamacion: ¡Dios mui grande!

SEGUNDO RIKAT.

En este, despues de egecutadas las seis primeras posturas, consiste la septima en sentarse sobre los talones como en la quinta repitiendo: ¡Dios muy grande!

Luego se añade: Las vigilias son para Dios, como tambien las oraciones y limosnas. ¡Salud y paz á ti, ó profeta de Dios! ¡Que la misericordia del Señor y su bendicion sean tambien contigo! ¡Salud y paz á nosotros y á todos los servidores de Dios justos y virtuosos! Confieso que no hay Dios sino Dios único: confieso que Mahoma es su servidor y su profeta.

Si la oracion ha de tener solamente dos rikats se reza en la misma postura la siguiente adicion, despues de la oracion que acabamos de poner.

Y confieso que el fué quien llamó á si á Mahoma, y confieso la existencia del paraiso, y la del infierno, y la del Sirat[108], y la de la balanza,[109] y la de la dicha eterna concedida á los que no dudan y que en verdad Dios los resucitará de la tumba. ¡O Dios mio! dá tu salud de paz á Mahoma y á la raza de Mahoma, como has dado tu salud de paz á Ibrahin (ó Abrahan); y bendice á Mahoma y á la raza de Mahoma, como has bendecido á Ibrahin y á la raza de Ibrahin. Las gracias las alabanzas y la exaltacion de gloria sean en tí y por tí.

_CONCLUSION Ó SALUTACION._