Descripcion é historia del castillo de la aljafería sito extramuros de la ciudad de Zaragoza
Part 5
Su testamento y sus cartas han sido obgeto de las alabanzas de varios historiadores aragoneses, castellanos y portugueses. Gerónimo Zurita puso en el archivo de la Diputacion, entre otros varios papeles, dos cartas de SANTA ISABEL dirigidas á su hermano el Rey D. Jaime 2.º llamado el Justo, que tienen la fecha de los años 1303 y 1319, y siendo tal el aprecio que hacia de esta memoria el Reino, los diputados en 1676 trataron de colocarlas en relicarios; y no habiéndolas encontrado en el puesto en que las señalaba el índice ó inventario, segun la costumbre de aquellos tiempos, sacaron censuras que hicieron publicar en varias partes para obligar á restituirlas, y no habiendo parecido á pesar de estas diligencias, continuaron en buscarlas, y por fin, como dice Dormer pág. 101 en la obra citada, tuvieron la dicha de encontrarlas en 1681, y ordenaron que se guardasen en una rica cartera, y se publicasen por medio de la imprenta con varias notas que les puso el citado Dormer. Copiarémos al fin estas cartas[78] para que se vean los sanos consejos de esta Reina, y los medios de que se valia para establecer la concordia en los estados de su hermano.
Segun las tradiciones vulgares la reina de Portugal fué bautizada en el castillo, y algunos llevan su preocupación hasta el punto de señalar el lugar donde se hallaba la pila; pero consultados nuestros escritores no puede menos de calificarse de errónea esta tradicion. El célebre Dormer en la disertacion que escribió sobre el martirio de Santo Dominguito de Val seise ó infante de coro en la metropolitana del Salvador, dice al hablar de las excelencias de la iglesia de la Seo, «que en ella recibió, (estas son sus palabras,) las lustrales aguas de la gracia en el año 1271 la serenísima infanta doña ISABEL.» Mas probable parece por otra parte que el bautismo de la princesa se celebrase en la catedral, donde podria solemnizarse con mayor pompa, y esto lo tendremos por naturalísimo, si consideramos que nuestros reyes se coronaban en la Seo, y si aquel templo era el elegido para un acto tan solemne, tambien correspondia lo fuese para el bautismo, mucho mas debiendo celebrarse en un mes de calor como el julio, en el que ningun peligro corria la infanta con la dilacion.
La historia nos presenta como un signo de la magestad el bautismo de los hijos de los reyes en la Seo. D. Fernando el Católico nació en Sos á 10 de marzo de 1452 y no se bautizó hasta el año siguiente en la metropolitana del Salvador de Zaragoza, cuyo bautismo se celebró con tanta solemnidad como si fuera primogenito; succeso en el que, segun dice Abarca[79], tuvo la rabiosa melancolía del príncipe D. Carlos, hijo tambien de D. Juan 2.º, fecunda y viva materia para hartarse de tristezas. Cuando el bautismo de los príncipes que nacian fuera de Zaragoza se retardaba para celebrarlo en la Seo, muy natural es creer que los que nacian en la capital no fuesen bautizados en otra parte.
En 4 de setiembre de 1498 D. Fr. Francisco Gimenez de Cisneros (creado cardenal en 1507) bautizó en la Seo y capilla del arzobispo D. Lope de Luna al príncipe D. Miguel, hijo de D. Manuel rey de Portugal y de la reina doña Isabel princesa de España y nieta de los Reyes Católicos. Estos, que hasta tal punto habian engrandecido la ALJAFERIA no la hubieran privado del honor de este bautismo, si en su pila hubiera sido bautizada SANTA ISABEL. Esta es otra prueba de que la Santa fue bautizada en la Seo y quizás en la misma capilla en que lo fué despues el infante D. Miguel.[80]
Si se desea mayor convencimiento, se encontrará en las gestiones que hizo el reino para fabricar, la capilla de SANTA ISABEL en la iglesia de la Seo. En las actas del Ilustrísimo Cabildo resulta, que en el celebrado en 10 de diciembre de 1677 se dió cuenta de que D. Manuel Secanilla diputado del Reino, habia hablado al arcediano de Santa Maria que era el presidente, manifestándole los deseos que los diputados tenian de fabricar una capilla en el templo del Salvador bajo la invocacion de SANTA ISABEL y llegándose ya al señalamiento depuesto, el cabildo designó la capilla de San Pedro, colateral al altar mayor, dando comision para tratar del asunto á los Sres. Arcediano de Aliaga y Segovia. Estos comisionados no se descuidaron en agitar la materia, pues en el cabildo del 17 del mismo mes ya hicieron relacion de que habian conferenciado con los diputados; que estos pretendian la capilla, donde está ahora la de San Benito, por su proximidad á la pila donde fue la Santa bautizada, y que la fiesta se habia de hacer en la misma capilla; que los diputados habian de estar con sillas y almohadas, y el cabildo en el coro ó en bancos, como estaba en los aniversarios del arzobispo D. Fernando. Los comisionados hicieron desde luego presente á los diputados, que esto no era asequible, ni era decente que se hiciera la fiesta fuera del altar mayor; con cuyo motivo desengañados de la imposibilidad de que se admitiese esta propuesta, habian convenido en que la fiesta se celebrase en el altar mayor, si el cabildo les permitia sentarse en bancos teniendo almohadas de terciopelo carmesí, pero el cabildo se negó tambien á esta propuesta, fundado en que la Iglesia de la Seo era Capilla Real, y nadie sino los reyes podian usar en ella de almohadas de seda de aquel color.[81] De aquí proviene que el Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza lleva siempre almohadas de terciopelo negro á esta iglesia y la del Pilar, al paso que usa de las de carmesí en otros templos como lo he observado siendo síndico. Estas gestiones hacen ver la persuasion en que estaban los diputados del bautismo de SANTA ISABEL en el templo de la Seo. Creo que este punto ha recibido el correspondiente esclarecimiento.
CAPÍTULO ONCE.
Del establecimiento de la Inquisicion en la ALJAFERIA y de las formalidades de los autos de fé.
No solamente es memorable la ALJAFERIA por el nacimiento de SANTA ISABEL, sino tambien por haber estado primitivamente en aquel recinto la Inquisicion, y por otros festines que ó se verificaban en aquel palacio, ó principiaban cuando menos en el mismo. En 29 de noviembre de 1485, segun el P. Murillo, se nombraron para Aragon los oficiales necesarios; pues ya habian sido nombrados en el mayo del mismo año, inquisidores apostólicos Fr. Gaspar Inglar Dominico, y Pedro Arbués de Epila canónigo de Zaragoza, y se asentó el tribunal en unas casas que estaban entre la iglesia mayor (la Seo) y las del arzobispo. A media noche del jueves 15 de Setiembre del mismo año 1485 fue herido mortalmente el inquisidor Arbués. Sabida su muerte por los Reyes Católicos, nombraron nuevos inquisidores, los cuales con provision real y por órden den del inquisidor general asentaron el tribunal del Santo Oficio[82] en la ALJAFERIA, y esto se hizo segun Zurita[83] como en señal de perpetua salvaguarda real y fe pública, debajo de la cual el rey y sus succesores debian amparar este ministerio que en aquella época se apellidaba santo[84]. En 1706 por órden del rey D. Felipe 5.º se trasladó á la plaza del Cármen[85] y casa de D. Miguel Sardania: en 1708 al Coso á la casa de los condes de Sástago: en 1710 á la calle de Santa Cruz y casa de los Hospitales de Ntra. Sra. de Gracia y de Misericordia, y últimamente en 18 de Junio de 1759 á la calle de Predicadores y casa que fué de los duques de Villahermosa, en cuyo sitio se construyó un magnífico palacio que recientemente ha sido destinado á cárcel.
De la ALJAFERIA salia toda la comitiva para los autos de fé, que se celebraban en Zaragoza con la mayor solemnidad. La víspera del dia destinado se enarbolaba el estandarte de la fé sobre la puerta del Castillo, y permanecia hasta la tarde. Despues de vísperas acudian allí todas las religiones á acompañar la procesion, en que se sacaba la cruz, que era muy grande y de color verde, y se colocaba de antemano con la mayor decencia en la iglesia de S. Martin. Cada religion entraba y postrada delante de la cruz, cantaba devotamente una antífona á la misma, y separada á un lado aguardaba la llegada de las demás, del capítulo de S. Pablo y de la música de la Seo. Las religiones salian por órden de antigüedad; entre la de Santo Domingo iban los familiares, y en medio conducian el estandarte de la cofradia de S. Pedro Mártir que era de ministros de la Inquisicion, y lo llevaba un ministro del Santa Oficio siguiendo los comisarios, el fiscal, el alguacil, secretario y demás ministros de la Inquisicion, con las cruces que les servian de insignia en el pecho. Iba la procesion al Mercado: el que llevaba la cruz subia al tablado donde habian de estar los penitentes, y la dejaba sobre el altar, quedando por la noche bajo la custodia de los religiosos de la Santísima Trinidad.
El dia del auto se reunian en la Inquisicion, y subian al aposento del inquisidor mas antiguo para hacer el acompañamiento el regente la Real Chancilleria, con los oidores de la Audiencia civil y criminal acompañados de sus ministros: el Justicia de Aragon con sus lugartenientes, ministros y oficiales: dos dignidades, dos canónigos de la metropolitana, y en nombre de N. Sra. del Pilar el prior y dos canónigos: el vicario general del arzobispado y por los obispos del distrito un consultor canónigo de la Seo. Despues llegaban el Zalmedina y jurados, que representaban la ciudad con sus maceros delante, acompañándoles tambien muchos ciudadanos. En llegando los jurados al 2.º patio, y antes que se apeasen, bajaban los inquisidores acompañados de personas de calidad, y subiendo en sus mulas y los demas en sus caballos, se ordenaba el acompañamiento, yendo delante de dos en dos los que habian ido acompañando la ciudad, las Audiencias reales y la Corte del Justicia de Aragon, y despues de estos el prior y canonigos del Pilar, los prebendados de la Seo, los lugartenientes del Justicia de Aragon, y luego los maceros de la ciudad, los del Zalmedina y los del Justicia de Aragon; á seguida iba el estandarte de la fé que llevaba el fiscal del Santo Oficio, teniendo los cordones dos caballeros de título, ó el castellan de Amposta y Bailío de Caspe.
Despues seguia el inquisidor mayor acompañado del Justicia de Aragon, que iba á la mano derecha con el jurado en cap á la izquierda: luego el 2.º inquisidor y el Zalmedina al lado derecho y el 2.º jurado á la izquierda, el vicario general iba con el jurado 4.º á la derecha, y el oidor mas antiguo á la izquierda: el que representaba á los obispos llevaba al jurado 5.º á la derecha y el otro oidor de la Audiencia á la izquierda: continuaban de dos en dos los oidores de las Audiencias y terminaba el acompañamiento con seis familiares del Santo Oficio con varias levantadas. Esta comitiva compuesta de mas de 500 personas se dirigia al mercado donde se celebraba el auto de fé. Cuando despues de la expulsion de los moriscos fue menor el número de los penitentes, se celebraron en el 2.º patio de la ALJAFERIA haciéndose por los inquisidores el recibimiento del regente, oidores, Justicia de Aragon y jurados en la sala baja que llamaban de los mármoles. Al recordar estas antigüedades ¿quién no se admirará de la diferencia de los tiempos? ¿Quién no traerá á la memoria estas escenas, al ver salir los brillantes regimientos de la guarnicion del castillo de la ALJAFERIA, de donde salian antes los penitentes, los religiosos de varias órdenes, y los ministros de la inquisicion; instituciones que ya han desaparecido, y que pertenecen á la historia? Situaciones tan diferentes; destinos tan encontrados de un mismo edificio prestan materia al hombre reflexivo para filosofar sobre la variedad tan pasmosa de las épocas, y para lanzarse en un vasto océano de profundas meditaciones.
CAPÍTULO DOCE.
Fiestas que se celebraron en la ALJAFERIA con motivo de las coronaciones de diversos reyes.
Siendo el alcázar de la ALJAFERIA la morada de nuestros reyes, y el lugar donde mas ostentaban su magnificencia y su poder, era consiguiente que su nombre sonára en la mayor parte de las fiestas, y que en él ocurriesen succesos que ha debido recoger la historia.
No puede menos de sorprender al que lea la de nuestro pais la rapidez con que se engrandecieron nuestros monarcas, y la importancia que adquirieron á los pocos años de conquistada Zaragoza de los Sarracenos. Aun no habia transcurrido un siglo desde este hecho glorioso, y ya vemos á D. Pedro 2.º el Católico coronarse y ungirse con magnífico aparato en 3 de noviembre de 1204 en Roma, á donde pasó desde la Provenza con cinco galeras y buena armada de navíos, llevando consigo mucha gente principal de aragoneses, catalanes y provenzales. El Pontífice Inocencio 3.º otorgó á este monarca privilegio, para que cada y cuando los reyes de Aragon quisiesen coronarse, lo pudiesen hacer en la ciudad de Zaragoza, por manos del metropolitano que entonces era el arzobispo de Tarragona, y la misma gracia se hizo estensiva á las reinas, por la razon de que el derecho civil dispone, que las mugeres se ilustren con los honores de los maridos. Desde entonces vemos introducida en Aragon la coronacion y uncion de los reyes, aunque no todos usaron esta ceremonia, como lo comprueba, que el Sr. D. Jaime 1.º hijo del anterior no se coronó, bien que en él principió otra costumbre, pues fué el primero á quien los aragoneses en forma de Reino juraron. Nuestros anales refieren entre los reyes ungidos y coronados á D. Pedro 3.º llamado el de los franceses, nieto de D. Pedro el Católico, é hijo de D. Jaime el Conquistador: á D. Alonso 3.º llamado el Franco: á D. Jaime 2.º el Justo, á D. Alonso 4.º el Benigno, á D. Pedro 4.º el Ceremonioso, á D. Juan 1.º el Amador de la gentileza, á D. Martin y á D. Fernando 1.º el Honesto: y las reinas que gozaron el honor de la coronacion, fueron doña Constanza, doña Sibila, doña Maria de Luna y doña Leonor, esposa la primera del rey D. Pedro el de los franceses, la 2.ª de D. Pedro el Ceremonioso en cuartas y últimas nupcias, la 3.ª de D. Martin, y la última de D. Fernando el Honesto.
Todas estas coronaciones se solemnizaban con una pompa tan magestuosa que parece increible, atendidos los débiles principios de la monarquia aragonesa; y como en todas ellas la ALJAFERIA, siendo mansion real, brillaba con un lujo que aun ahora excita la admiracion, no parecerá fuera de propósito que hagamos un resumen de estos festejos y ceremonias. D. Pedro 3.º se coronó y ungió en la iglesia mayor (la de la Seo) de Zaragoza á 16 de Noviembre de 1276, y tambien su esposa doña Constanza hija del Rey Manfredo de Sicilia en el mismo dia: pero para que recibiendo la corona de mano del arzobispo no pareciese que tácitamente aprobaba el reconocimiento hecho por su abuelo, cuando hizo tributario el reino á la Sede Apostólica, la víspera de su coronacion formalizó una protesta ante varias personas principales, diciendo que no entendia recibir la corona de mano del arzobispo en nombre de la iglesia romana, ni por ella ni contra ella; protesta, que repitieron D. Alonso 3.º y D. Jaime 2.º: pero D. Alonso 4.º ya tomó del altar por si mismo la corona, y D. Pedro 4.º el Ceremonioso refiere que, al ir á comenzar el oficio el dia de su coronacion, se le llegó el arzobispo ya revestido y le suplicó le diese lugar á que él delante de todo el pueblo le pusiese en la cabeza la corona: que D. Ot de Moncada respondió por él diciendo, que en ninguna manera se debia hacer aquello, por que era gran perjuicio del rey, y que á éste le cuadró esta respuesta; pero que comunicándolo despues con su consejo y prohombres de Zaragoza, viendo que todos eran de contrario parecer, no sabiendo que decir, se resolvio á contestar que él mismo se queria poner la corona; oido lo cual el arzobispo mostró pesarle, y como el oficio iba pasando adelante, dice, que insistió en que á lo menos diese lugar, que cuando estuviesen delante del altar mayor en presencia de todo el pueblo, se la adobase (compusiese). D. Pedro cuenta tambien que se vió confusísimo en su corta edad de 15 años, y que por fin se determinó á decir al arzobispo que la aderezase, pero apenas tomó la corona le advirtió que no se la aderezase, pues él se la arreglaria.
La coronacion era una festividad que atraia un numeroso concurso, pues con este motivo se celebraban cortes. Principiaba con un lucidísimo acompañamiento que salia de la ALJAFERIA, dirigiéndose á la iglesia de la Seo donde el rey velaba las armas, volviendo despues con la propia solemnidad al mismo alcázar.
De la coronacion de D. Pedro 3.º no tenemos una relacion circunstanciada, aunque varios historiadores dicen, que fué una de las mayores que se habian celebrado en aquellos tiempos; tampoco hablan minuciosamente los cronistas de la de D. Jaime 2.º y D. Alonso 3.º llamado el Franco, quien por ausencia del arzobispo de Tarragona y hallarse vacante la silla de Zaragoza, fué coronado por el obispo de Huesca; pero de la de D. Alonso 4.º hijo del anterior, y llamado generalmente el Benigno, tenemos particularísimas noticias, y podemos decir que entonces el castillo de la ALJAFERIA, rebosó en magestad y vió en su recinto la mas brillante concurrencia. Este príncipe quiso que su advenimiento al trono, se solemnizase con mas aparato y pompa, que antes se hubiese hecho. Desde Monblanc escribió á los estados de Aragon convocándolos á cortes generales para la pascua de resureccion del año 1329. Segun nos refiere Zurita[86] concurrieron todos los prelados y ricoshombres, y los embajadores de los reyes de Castilla, Navarra, Bohemia, Granada y Tremecen, y hubo tambien varios señores estrangeros en tan gran número, que se juzgó habia mas de 30,000 de acaballo. Zurita nombra los principales personages que concurrieron, y entre los aragoneses menciona á D. Lope de Luna hijo y heredero de D. Artal de Luna, que tuvo en esta fiesta gran caballeria y estuvo, ricamente apuesto, y tambien nombra á D. Pedro Fernandez de Bergua, uno de los ascendientes de D. Martin de Lanuza comprendido en la proscripcion de 1591.[87]
Los seis síndicos de Valencia, segun escribe uno de ellos llamado Montaner, trageron cincuenta de acaballo consigo y trompetas, atabales y menestriles. El Rey entró el 1.º en Zaragoza en la semana de ramos, acompañado de los oficiales de su casa y señores de su corte: llevaba luto por su padre D. Jaime 2.º, pero ordenó, que el sábado santo despues de gloria se lo quitasen todos, se afeitasen las barbas, y se arreglasen muy de propósito para la fiesta. Cantada la aleluya comenzaron á salir las galas, y Montaner refiere que los seis síndicos de Valencia dieron principio, dirigiéndose desde su posada, que estaba inmediata á la Seo, á la ALJAFERIA llevando delante de sí sus trompetas, atabales y dulzainas. Aquella misma mañana concurrieron los demás al alcázar donde comieron; y al toque de vísperas se encendieron los blandones, y en las paredes de las calles por donde el Rey habia de pasar desde la ALJAFERIA, estaba escrito y señalado á cada uno su puesto. Montaner dice que solo de los de Valencia hubo 150 blandones de doce libras. Al toque de oraciones salió el Rey de la ALJAFERIA; delante de él iban á caballo todos los hijos de los que habian de ser armados caballeros aquel dia, llevando sus espadas: detrás los que llevaban las espadas de los ricoshombres á quienes el rey debia armar: á seguida iba D. Ramon Cornel con la espada del monarca, y delante de este dos carros triunfales del Rey, en que estaban ardiendo dos cirios de á diez quintales cada uno.[88] Luego venia el Rey á caballo vestido un arnés riquísimo y empos de él los ricoshombres que llevaban sus armas: despues los ricoshombres que habia de armar caballeros, los infantes y otros caballeros que habian de ser armados por los ricoshombres, y los que llevaban las armas de todos ellos. La comitiva iba de dos en dos con caballos muy bien enjaezados: de trecho á trecho iban las músicas, y tambien iban muchos disfrazados en hábito de caballeros salvages, gritando _Aragon, Aragon por el Rey D. Alonso nuestro Señor_. El Rey llegó á la Seo pasada la media noche; se cantaron los maitines con grande solemnidad, mientras que el pueblo se regocijaba por las calles. El dia siguiente 1.º de pascua de Resurreccion 3 de abril, celebró de pontifical D. Pedro Lope de Luna, 1.er arzobispo de esta iglesia, que habia sido erigida en metrópoli el año 1318 por Juan 22. El Rey puso la corona sobre el altar, se revistió el alba, se puso la estola y manípulo, y sobre todo la dalmática real. Principiada la misa y dicha la epístola, le calzó la espuela derecha su hermano el infante D. Pedro, y la izquierda su otro hermano D. Ramon: se llegó al altar el Rey, tomó la espada, y postrándose en tierra se puso en oracion pronunciando varias sobre él el arzobispo: besó el Rey la cruz de la espada, se la ciñó, y sacándola de la vaina la blandio tres veces: la envainó á seguida, y cantado el evangelio se ofreció á sí y á su espada á Dios. El arzobispo le ungió entonces en la espalda y en el brazo derecho, y prosiguió la misa. Oyó el Rey despues la del infante D. Juan su hermano, que era arzobispo de Toledo, y apenas la hubo comenzado tomó el Rey del altar la corona, y se la puso en la cabeza por sí mismo, habiéndosela aderezado el arzobispo de Toledo y sus dos otros hermanos los infantes D. Pedro y D. Ramon. A seguida los obispos, abades, y demás eclesiáticos cantaron el Te-Deum, y entretanto el Rey tomó el cetro y despues el pomo. Acabada la misa se colocó en un sitial delante del altar mayor, y puesto el cetro y pomo sobre él, hizo venir ante si los ricoshombres que habia de armar caballeros de uno en uno, y siendo cada uno de ellos armado, se retiraba á la capilla que tenia señalada, y armaba sus caballeros noveles[89], y aquellos hacian otro tanto y á proporcion iban saliendo de la Seo y se dirigian á la ALJAFERIA. Siendo todo esto cumplido salió tambien el Rey con su corona, cetro y pomo, y montando sobre un caballo ricamente enjaezado partió para su alcázar, y ya no iba á caballo delante de él sino D. Ramon Cornel que llevaba la espada, y detrás seguian los que traian sus armas. Llevaban las riendas del caballo del Rey los infantes D. Pedro y D. Ramon Berenguer, y los ramales de otras riendas mas largas (de 50 palmos) la traian ricoshombres, los síndicos de Zaragoza, y otras ciudades principales, y algunos caballeros. Refiérese que el cetro era de oro, de tres palmos de largo, y la corona de un palmo de alta, de manera que el Rey se vió precisado á mudarla apenas llegó á la ALJAFERIA, por otra de medio palmo de altura, y que sin embargo estaba valuada en 25000 escudos.
El rey despues de un rato de descanso salió á la gran sala con sus insignias reales, y principió la comida, sentándose á la mesa del monarca los arzobispos de Toledo, Zaragoza, y Arborea, aunque á alguna distancia; en otra pero mas baja los obispos, abades, y priores, y en otra los ricoshombres que el Rey habia armado caballeros: despues los nobles, y á seguida los ciudadanos y síndicos de las ciudades. Grande debió ser aquella reunion, pues segun dicen las historias, el rey se propuso armar 18 caballeros noveles, y otros los infantes D. Pedro y D. Ramon, y el Vizconde D. Ramon Folch, y los armados por el rey y por estos habian de armar á su vez otros, de modo que al todo eran mas de 250 caballeros noveles sin contar los ricos hombres.
El infante D. Pedro hizo de mayordomo, y por su órden el infante D. Ramon sirvió al rey la tohalla y despues la copa, disponiendo que doce ricoshombres sirviesen con él la mesa. El infante D. Pedro yendo asido de dos ricos hombres entraba danzando y cantando una cancion[90] que habia compuesto en obsequio del Rey, y los que traian los manjares le respondian. Sentado el servicio y acabada la danza, se quitó el manto y la ropa que llamaban cota, que era de paño de oro con armiños y perlas, y se la dió á uno de los músicos que allí había que llamaban juglares, y en las diez veces que se sirvió la mesa hizo otro tanto.