Descripcion E Historia Del Castillo De La Aljaferia Sito Extram

Chapter 3

Chapter 34,062 wordsPublic domain

Noticias mas circunstanciadas nos suministra de la antigua topografía de este alcázar, la relacion que hace Blancas de la manera con que se adornó en la coronacion del Rey D. Martin,[20] verificada el domingo 13 de abril de 1399, refiriéndose á otra que hizo Carbonell, y que segun expresa, se conserva en el archivo de Barcelona. «Cuanto á lo primero, dice, el real palacio de la ALJAFERÍA, que era donde el rey posaba, parece ser estuvo aderezado de esta suerte. El patio mayor estaba todo entapizado por las paredes de muy ricos paños de raz, y por sobrecielo á manera de pabellon para defenderse del calor, se pusieron unas grandes velas de amarillo y colorado á tiras, con las armas reales de Aragon. Por el suelo del patio se pusieron dos órdenes de mesas, la una debajo de los corredores entre los pilares que los sustentan y las paredes, y la otra por de fuera, y al un cabo en lo que cae hácia la capilla de S. Jorge, que es hácia la parte de mediodia, se puso un tablado de madera, al cual se subía por cuatro gradas, donde se puso la mesa para el rey, debajo de un rico dosel de terciopelo carmesí bordado de oro, con una muy rica silla que de todas partes se podia ver. En medio del patio, en lo descubierto, en frente de esto, habia un grande aparador de plata, con muy ricos vasos de todas maneras para el servicio de la mesa del rey. Delante de este aparador se hizo un surtidor muy lindo con tres caños, que echaban de sí, el uno vino blanco, el otro clarete y el otro agua. Sin este aparador habia en el mismo patio otros sendos aparadores, á cada lado el suyo, con gran cantidad de bagilla de plata para el servicio de las otras mesas. En el otro patio que está mas adelante, al entrar del aposento que llaman de los mármoles,[21] habia por sobrecielo para defenderse tambien del calor, unas velas grandes blancas y azules á tiras; y tambien estaba todo este patio entapizado de otros paños de raz muy ricos, y habia puestas por su órden otras mesas.»

«Otro aposento mas adentro, que llamaban el de la chimenea,[22] estaba tambien todo colgado de tapicería mas fina, y allí habia un rico dosel, y este aposento sirvió para que la reina comiese los dias que duró la fiesta de la coronacion del rey. La sala grande que llaman de los mármoles, estaba de la misma manera entapizada con paños de raz de mas linda estofa, y en medio estaba puesto un dosel mas rico que los demas, y una muy rica silla debajo de él. Dentro de esta sala habia la cuadra que llamaban de los _paramentos_, y[23] en ella estaba la cama del rey, que tenía las cortinas de terciopelo carmesí con bordadura de oro y con las armas reales, y estaba toda esta pieza con colgadura de tela de oro y de brocado.»

Todavía se encuentran mas pormenores á cerca de la extension del patio, en la relacion que hizo Alvar Garcia de Santamaria, testigo presencial (copiada por el mismo Blancas) de la coronacion de D. Fernando I,[24] en cuya relacion se ven noticias muy curiosas. «En ésta, (la ALJAFERÍA) habia un corral que había en luengo 54 pasos é ancho 40 pasos, el cual corral fizo el dicho señor rey cubrir de madera de pino blanco, con teja vana, sin tierra, con sus lumbreras que estaba muy claro, é con este fué fecha una gran sala á maravilla, é estaban todas las paredes cubiertas de paños franceses broflados con oro é sin oro, é asentamientos de muchas mesas, é un asentamiento sobre gradas real, dó comió el rey, dia de su coronacion, segun que adelante oirédes; esta sala estaba el cielo cubierto de piezas de paños de lana, una pieza bermeja, é otra amarilla, é decian que habia en el cielo de la sala mas de setenta piezas de paño, é despues de puestas parecia[25] el cielo armas reales de Aragon.»

Tambien advertimos en la relacion que el mismo Alvar Garcia hace de la coronacion de Fernando I, que se hace mencion del palacio de las Jarras.[26]

Observamos por los trozos que he transcrito de estas relaciones, que habia patios como los hay ahora en la ALJAFERÍA, pero á pesar de todo, ¿cómo es posible saber con puntualidad su antiguo estado? Ni memoria se conserva de la capilla de S. Jorge, ni podemos atinar sino por congeturas donde estaba la sala de los mármoles, é ignoramos de todo punto á donde caía el palacio de las Jarras. Tambien Blancas[27] dice que el rey D. Martin fué el lunes á oir misa á la capilla que decian de Santa Maria, la que no podemos adivinar donde existía.

Debemos deplorar que en tiempo de los Reyes Católicos cuando se reparó este edificio, y en las renovaciones posteriores, no se sacase un plano de su situacion y de sus antiguas estancias, ó que á lo menos no se hiciese una descripcion exacta.[28]

Es tanto mas estraño este descuido, cuanto que la fama de este alcázar se halla comprobada con las traducciones de las crónicas caballerescas. En él se supone que estaba encerrada la célebre Melisendra, y por eso Cervantes en la segunda parte del Quijote,[29] pone en boca del muchacho del titerero una historia que, segun decia, era sacada de las crónicas francesas y romances españoles, que andaban en boca de las gentes y muchachos por las calles; _la libertad que dió el señor D. Gaiferos á su esposa Melisendra, que estaba cautiva en España en poder de moros, en la ciudad de Sansueña_, (que así dice Cervantes se llamaba entonces Zaragoza):[30] y mas adelante continúa el jóven titerero, «vuelvan vuesas mercedes los ojos á aquella torre que allí parece, que se presupone que es una de las torres del alcázar de Zaragoza, que ahora llaman la Aljafería, y aquella dama que en aquel balcon parece vestida á lo moro, es la sin par Melisendra.»

CAPÍTULO SEXTO.

De la época en que se construyó la ALJAFERIA: por quite, y destino que le dieron los moros.

Es un hecho constante que no se puede poner en duda, que el alcázar de la ALJAFERIA fue construido por los moros, los cuales ocuparon á Zaragoza el año 714,[31] segun nuestras crónicas, que no me parece que van desacertadas en este punto. Hasta los escritores árabes suponen, que á Muzaben Noseir que tuvo el mando de los muslimes en Africa, se le hicieron invitaciones por algunos cristianos de la Península para pasar á España. Es notable que los que aconsejaban esta entrada, decian entre otras cosas, como refiere Conde[32], que las amenidades de España no las puede igualar ni espresar el mas elegante discurso; ni en la carrera de sus excelencias hay quien se adelante; que en esta competencia aventaja á todas las regiones de Oriente y Occidente; que España es Siria en bondad de cielo y tierra, Yemen ó feliz Arabia en su temperamento; India en sus aromas y flores; Hegiaz en sus frutos y producciones; Catay ó China en sus preciosas y abundantes minas; Adena en las utilidades de sus costas; que en ella hay ciudades y magníficos monumentos de sus antiguos reyes y de los Jonios, que fueron siempre pueblo sabio, y que todavía se conservaban restos de ellos en España, como de Hércules el grande en la estatua de Gecira, y el ídolo de Galicia, y las grandes ruinas de Mérida y Tarracona, que no se habia visto cosa semejante.

Con el ansia de esta conquista pasó Taric-ben-Zen-yad, é hizo un reconocimiento en el julio de 710: en su 2.ª espedicion desembarcó en Gecira--Alhadra (isla verde), y se fortificó en la punta de Gecira, que en honor suyo se llamó Gebal-Taric ó monte de Taric, ó monte de la Victoria ó entrada; cuyos hechos de armas se refieren al año 711. Poco despues ocurrió la batalla de Guadalete, durando ocho dias segun nuestros historiadores, y segun los árabes tres, el combate mas encarnizado. El egército de los sarracenos aumentado con los refuerzos del Wali ó gobernador Muza se estendió como un rio que sale de madre sobre la desventurada España, porque aunque Taric tenia órden de detenerse hasta que el Wali se juntase con él; consultados sus capitanes dividió el egército en tres cuerpos: el 1.º confió á Mugueiz: el 2.º encargó á Zayde ben Kesadi el Seksek para que caminase á tierra de Málaga; y el 3.º acaudillado por el mismo partió á lo interior del reino por tierra de Jaen á Toledo. En este punto se juntaron Taric y el Wali Muza destituyendo este á aquel, y encargando el mando de sus tropas á Mugueiz. Taric, que fué por órden del califa restituido despues en él, puso cerco á Zaragoza, á donde siguiendo la corriente del Ebro llegó tambien Muza con su egército. En esta ciudad, dicen las crónicas árabes, se habia reunido mucha gente de España: el riguroso cerco y los combates la tenian ya muy apurada y cuando llegó Muza decayeron de todo punto de ánimo los cristianos, y luego salieron á proponer su entrega con buenas condiciones. Muza sabía, que allí estaban depositadas muchas riquezas de todos los pueblos de España oriental, y no ignorando el triste estado en que se hallaban por falta de provisiones, les impuso sobre las condiciones ordinarias una muy grave exaccion, que debian pagar el dia de la entrada en la ciudad: ésta era la contribucion de sangre, porque con ella se redimian de las violencias de la espada del vencedor. La necesidad los forzó á todo, y allegaron y recogieron todas las alhajas de los vecinos poderosos y de los templos, para cumplir la gran cuantía que pidió Muza ben Noseir: asimismo tomó rehenes á su contento de la juventud noble de esta ciudad: puso en ella un buen presidio con escogida gente, dando el gobierno á Hanax ben Abdala Asenani, que poco despues edificó allí una mezquita y una principal aljama. Nuestros escritores van acordes con lo que refiere Conde, diciendo además que Muza llegó á Zaragoza despues de haber hecho un grande estrago por su resistencia en Catalayud, llamada entonces Bílbilis. El Maestro Diego Espés en su historia manuscrita, que se encuentra en el archivo del Metropolitano templo del Salvador de esta capital y que hé registrado con este motivo[33], pretende asimismo, que Muza y Tarif iban con egército separado, y que se reunieron en Zaragoza, de cuya opinion es tambien Zurita, y que esta ciudad capituló con condiciones honrosas, siendo una de ellas la de dejarla vivir en su ley. Este escritor sostiene que Zaragoza fué ganada el año 714 y no el 716, como dice Rasis, fundándose para combatir el error de este último, en que un año antes del 716, el general Tarif, y el gobernador Muza habian vuelto de la Francia gótica á Córdoba, refiriendo en su apoyo una carta que supone escrita por D. Pelayo á Tarif en la era 753 ó año de J. C. 715.

Entregada (continúa Espés) la ciudad de Zaragoza á su enemigo con el mejor concierto que pudieron, dejaron aquellos generales de los árabes por gobernador y alcaide de esta provincia á un capitan llamado por nombre Ismad Abenhut,[34] hombre de mucho esfuerzo y valor, natural de la Arabia.

En España quedó mandando Muza, á quien Vlith encargó su gobierno, y por su muerte se confirió el mando á Abdulaziz, su hijo que es de quien se cuenta haber enviado á Abdemelec Abencat, á que persiguiese á los cristianos hasta el monte Vruel inmediato á Jaca. Por muerte de Abdulaziz se dividieron los árabes de España, y se separaron de la obediencia del califa Vlith, á quien la habian prestado durante largo tiempo despues de la conquista. Temiendo la venida de Carlo-Magno, crearon para su defensa un rey que residia en Córdoba, pero aumentadas las discordias, los gobernadores de las ciudades se alzaron con su mando como régulos[35]. Zaragoza corrió la suerte de las demas ciudades populosas, y tuvo tambien su rey.

Apoderados los moros de ella, egecutaron las obras necesarias para su defensa y recreo, y además del palacio de la Azuda, que se supone exsistia donde ahora está S. Juan de los Panetes, y en el que se hospedó el rey D. Alonso el batallador á su entrada en Zaragoza, construyeron el de la ALJAFERÍA que estaba próximo al 2.º muro de la ciudad. Esta era mucho mas reducida que lo que es ahora, cuando fué conquistada por los moros. Augusto César que la reedificó, construyó con la piedra picada que hizo traer con barcas de las ruinas de Julia Celsa, (que unos pretenden ser Gelsa y otros Velilla)[36], un muro que principiaba en el sitio que ocupaba el monasterio del Sepulcro, que continuaba hasta el Pilar, y cruzando por el local en que está la capilla de S. Agustin,[37] corria derecho á S. Juan de los Panetes, y de allí seguia por la izquierda de la Albardería y Coso,[38] hasta juntarse con el castillo de D. Teobaldo, que estaba en el Sepúlcro. Frente de este muro se hallaba el foso, que despues ha dado el nombre de Coso á esa calle magnífica. A mas de este muro habia otro no tan fuerte, apartado por unas partes mil pasos y por otras menos, el cual ya databa del tiempo de los godos, pues en 544 hallándose sitiada Zaragoza por el Rey Childeberto (sitio que se levantó mediante la cesion de la túnica de S. Vicente) se hizo una procesion con grandes lamentos entre los dos muros. Que el segundo llegaba hasta el sitio que ocupa hoy la puerta del Portillo, lo demuestra el intentado asalto de los moros por aquella parte, poco despues que fué reconquistada Zaragoza, y cuya derrota dió lugar á la ereccion del templo de Ntra. Sra. titulada del Portillo. Este muro se estendia desde la Azuda al Portillo; desde este punto hasta el Carmen (cuya puerta se llamaba entonces Baltax) y seguia por la torre de Zaporta, Sta. Engracia, Sta. Catalina, Puerta Quemada, S. Agustin y de allí corria hasta la puerta de Sancho[39].

Se ha hecho esta descripcion de la antigua topografia de la Ciudad, para que se vea que el castillo de la ALJAFARIA no se hallaba tan distante, como se supondria en otro caso, y que al mismo tiempo que era un sitio de recreo de los reyes moros, era un punto de defensa en aquella época en que no se conocia la artillería. Bajo este doble concepto fue construido sin duda por los moros. Así es que en este alcázar se hospedó, segun refiere Conde, Abderrahman Anasir Rei de Córdoba cuando por los años 917 vino á Zaragoza. Esta obra se atribuye á Abenalfage, que si creemos á nuestros historiadores reinó desde 864 hasta 889. No puedo pasar por alto, que el nombre de este monarca no resulta en el catálogo de los reyes moros que pone Conde en su historia, ni tampoco en el que trae el erudito D. Juan Francisco Masdeu en el tomo 15 que trata de la España Arabe: pero este no es un motivo[40] para que nosotros reputemos fabuloso este personage, cuya memoria se conserva desde la mas remota antigüedad en un edificio que lleva su nombre.[41] Así es que Bartolomé Leonardo de Argensola[42] dice que los moros lo llamaron ALFAJERIA y no ALJAFERÍA como ahora; de cuya rectificacion, hecha por un hombre tan instruido en nuestras antigüedades, se deriva otro comprobante de quien es el verdadero autor de este alcázar.[43] El erúdito Luis Lopez en su obra titulada, _Trofeos y antigüedades de Zaragoza_, página 345 dice: que habiendose alzado el capitan Abdila con la corona de Zaragoza por la ausencia de Aben-Lope, que fué á establecerse en Toledo, los historiadores no hacen mencion de otro hasta el año 864, en que hablan de Abenalfage que segun refieren, entrando en Zaragoza se tituló rey, mostrandose magnánimo y generoso, perpetuando su memoria en edificios públicos, y que Blancas en sus comentarios le atribuye el de la ALJAFERÍA que fué palacio de los reyes moros.[44] El mismo Lopez dice que tambien se le atribuye á Abenalfage la construccion de la mezquita mayor, hoy la Seo ó Metropolitana, y se funda en que siendo obra de moros á ninguno puede aplicarse con mas propiedad, porque habiendo construido un palacio para sí, no es regular que lo dejase de construir para las ceremonias de su secta. Fundado igualmente en el celo de Abenalfage por el islamismo pretende, que para poder hallarse con mas comodidad y sin publicidad en la mezquita, hízo hacer una via subterránea desde la ALJAFERÍA hasta la mezquita mayor, que atravesaba á lo largo la mayor parte de la ciudad, sobre lo cual se refiere vagamente á los escritores que tocaron este punto, y á los diversos vestigios que se hallan en los subterráneos de algunas casas de la calle de la Cuchillería. Blancas tambien hace esta indicacion en sus comentarios, diciendo que no se atrevería á aseverarlo, sino se encontrasen varios subterráneos en muchas partes de la ciudad. Deseoso de informarme de esta particularidad, he tratado de hacer averiguaciones, y mi estimable compañero el letrado D. Manuel Villava me ha manifestado, que al reedificar su casa que se halla frente al arco de S. Roque, encontró un subterráneo ó bóveda; y el archivero del metropolitano templo de la Seo D. Pedro Dusen me refirió así mismo, que desde dicho templo, si quiere, desde la capilla de nuestra Señora de las Nieves, que es la contigua á la de S. Valero, entrando por la puerta del Santo Cristo, corría una bóveda subterránea bastante espaciosa y honda de mampostería, que se dirigia hácia la plaza de Santa Marta, sin que haya encontrado hasta ahora, segun me aseguró, documento ninguno que hablase de esta obra. Con estas noticias coinciden las que da el P. Zaragoza,[45] el cual dice, «existen vestigios de ocho calles subterráneas descubiertas en varios tiempos, unas cavadas en la tierra, otras formadas de piedra y cal, algunas con arcos y bóvedas, y una sostenida de columnas parecidas á las que se ven en la iglesia subterránea de Santa Engracia, de cuyas calles hay tres que paran en el cementerio, y otras tres cuyas minas terminaban en la capilla del Pilar», lo que tambien supone de las otras cuya direccion no pudo averiguarse. El P. Zaragoza atribuye estos subterráneos á los cristianos de los primeros siglos, y cree que los construyeron para asistir á los templos sin incurrir en las penas que se fulminaban por los emperadores; pero no hay ningun inconveniente tampoco para suponer, que de ellos pudieron aprovecharse los moros y mejorarlos para formar un camino cubierto que dirigiese á la mezquita.

A algunos parecerán quizás sueños estas indicaciones, pero no lo creerá así el que haya visto el subterráneo, que se encuentra en la casa número 91 del Coso frente á la parte posterior del Seminario Conciliar, cuya casa es propiedad de la familia de Asensio. Llevado de la curiosidad bajé tambien un dia, y en una estension de trece pasos regulares de longitud con diez de ancho conté diez columnas, que formaban como un templete rectangular. Cuatro hay á cada lado y una en cada uno de los centros de las cabeceras del cuadrilatero. Las seis columnas son redondas y las de los cuatro ángulos son cuadradas aparentando estar formadas del agrupamiento de cuatro. Su altura desde el suelo viene á ser de unos nueve palmos y medio. El capitel de las columnas es muy brusco y no tiene adorno ninguno, y sino fuese porque en la parte superior termina en cuadro, se podria considerar como un codo truncado. A las inmediaciones del templete hay unos claustrillos de poca anchura, que tienen en la parte superior arcos de ladrillo, que se cruzan y forman la misma montea que los de las Iglesias. Se advierte en un cuarto, que se halla á la derecha, la continuacion de los arcos, y uno muy grande que está tapiado. Tambien ví una columna casi destruida por la humedad. Al entrar en este subterráneo se nota á la izquierda una comunicacion interceptada. Es imposible decir cual seria el objeto de este edificio, pero atendido el remate de las columnas, no es aventurado atribuir esta obra á los moros segun el estilo, que se observa en las que ejecutaron.

CAPÍTULO SÉPTIMO.

Del Castillo de la Aljafería despues de la conquista de Zaragoza por D. Alonso el Batallador: establecimiento de su capilla y dotacion de sus capellanes.

Otra época no menos memorable para este castillo principia desde la reconquista. Ocupada Huesca en 1096 por el ejército de D. Pedro I, á consecuencia de la victoria que pocos dias antes habia obtenido en el Alcoraz, llanura poco distante de aquella plaza, en cuya sangrienta batalla rompió el ejército del rey moro de Zaragoza, á quien nuestros escritores llaman Almozaben, esta última ciudad se vió amenazada ya de su ruina, mayormente habiéndose establecido á cinco leguas de distancia la gran fortaleza del Castellar, que parece estaba construida el año 1098, desde la cual ponian cada dia nuestros ricoshombres en perturbacion á Zaragoza. Habiendo muerto D. Pedro I en 28 de Setiembre de 1104, le succedió su hermano D. Alonso Sanchez, llamado el batallador, que estuvo casado con Doña Urraca de Castilla, el cual puso el primer sitio á Zaragoza en 1107, cuyo sitio tuvo que levantar por la llegada del rey de Marruecos Jucef, que habia tomado á Cuenca, y que apretaba á Toledo. D. Alonso le siguió hasta Andalucia por socorrer á su tio, y desde entonces ya principió á pensar seriamente en la conquista de Zaragoza; bien que el cerco no se puso con estrechez hasta principios de 1114. A los de 1118 se dió un asalto; pero lo que decidió de la conquista fué la célebre batalla de Cutanda en la que murió Abu-Bekir ben Alari, y perecieron 20,000 moros[46], con cuyo motivo Zaragoza le abrió sus puertas en 18 de Diciembre de 1118 según nuestros historiadores, ó de 1115 como opina Blancas[47], aunque los árabes pretenden que esta batalla fué posterior á la conquista de Zaragoza. No podemos resistir al deseo de copiar de Conde lo que dice relacion á la entrada en esta capital. «Cuando esto vió (dicen los manuscritos árabes) Aben-Radmir (así llamaban á D. Alonso) despreció los conciertos que tenia con Amad-Dola, y le pidió que le dejase la ciudad de Zaragoza. El rey Amad-Dola se vió cojido en las redes que él mismo había ayudado á tender, y no sabia que partido tomar: y sin responder al rey Radmir cuidó de fortificar la ciudad cuanto le fué posible, y proveerla para el cerco que esperaba. No se descuidó Aben-Radmir en buscar gentes de los montes de Afranc,[48] y con infinita chusma que parecian hormigueros, ó tropas de langosta, vinieron á cercar la ciudad de Zaragoza; y ordenaron sus combates y labraron torres de madera que conducian con bueyes, las acercaban á los muros y ponian sobre ellas truenos y otras veinte máquinas, y tenian esperanza cierta de tomarla, y así apretaron el cerco, y la pusieron en tanto estrecho que perecia de hambre la mayor parte de la gente, pues como la ciudad era muy poblada y de mucha gente, no bastaron las provisiones que se habían podido llevar antes del cerco: y así enviaron á tratar de avenencia con el rey Radmir, que ya no esperaban socorro sino del cielo. El rey Radmir les ofreció seguridad en las vidas y haciendas, y que fuesen libres en morar en aquella ciudad, ó retirarse á otra parte: y con esto se entregó la ciudad, y muchos nobles Muzlimes pasaron á Valencia á Murcia: esto pasó el año quinientos doce: el rey Amad-Dola se retiró con toda su familia á la fortaleza de Rot-Alyehud. Pocos dias despues de entregada la ciudad de Zaragoza, llegaron 10,000 caballos que enviaba de Africa el rey Ali, y como entendiesen que ya la ciudad estaba en poder de los cristianos, se detuvieron antes de llegar.»

Luego que entró D. Alonso en Zaragoza se alojó en el palacio de la Azuda,[49] junto á la puerta de Toledo, cuya construccion se atribuye á Aben-Aya ó Aben-Aire, y de quien se supone tomó nombre la calle de Bonaire. A seguida cumplió este rey con los deberes de la religion, y entre otros varios actos de munificencia piadosa, se cuenta la donacion de la ALJAFERÍA á la Religion de S. Bernardo,[50] á devocion de este Santo Patriarca que florecia entonces en santidad y letras, cuya donacion dice Luis Lopez que no se sabe si tuvo efecto, pero por los documentos de que haré mérito á seguida, se evidencia, que se atendieron los derechos del monasterio para que por uno de sus monges se sirviese la capilla[51].