Descripcion De La Patagonia Y De Las Partes Adyacentes De La Am

Chapter 5

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Los franceses enviaron gente á estas islas en la última guerra, para asegurar un puerto á sus navios, que venian de las Indias Orientales para el mar del sur, carrera necesaria para libertarse de los corsarios ingleses. Pero acabada la guerra, y cansados de una colonia tan pobre y miserable, y de tan grandes gastos, cesando su fin, determinaron dejarla, con la intencion no obstante de cobrar ó recobrar (si fuese posible) el dinero que habian expendido en ella: á cuyo fin representaron estas nuevas adquisiciones de una manera tan favorable á la corte de Madrid, que el Rey de España acordó pagarles 500,000 pesos, (otros dicen 800,000, y otros aun los alargan hasta un millon), para que cediesen esta colonia á España, de cuya cantidad habia de recibir una parte el Rey de Francia, quedando el resto para Mr. Bougainville, su propietario, y la permision de vender en Buenos Aires algunas mercaderias compradas con este dinero en Rio Janeiro. Todo esto se hizo presente con grande libertad por el capitan de una fragata española al Gobernador de Buenos Aires, en presencia de Mr. Bougainville, quejándose del modo con que engañaban al Rey de España, y protestando que la persona encargada de recibir dichas islas, no podia, por el respeto y lealtad que debia á su soberano, y á la obligaciones de buen cristiano, aceptar dicha entrega hasta dar aviso, y recibir nuevas órdenes de la Corte de España; siendo evidente que la habian engañado. No pareció conveniente á Mr. Bougainville contradecir la exposicion de este oficial, quien ademas de ser el mismo testigo de vista, podia corroborarla, si fuese necesario, con testimonios de cien personas, que habian arribado poco antes de la exportacion de los franceses que estaban en aquella isla.

Los españoles transportaron á su colonia dos frailes franciscanos con un Gobernador, quienes luego que la vieron se llenaron de melancolia, y el Gobernador, Coronel Catan, á la vuelta de los navios para Buenos Aires, declaró con lágrimas, que tenia por dichosos los que habian salido de tan miserable país, y que él mismo se alegraria mucho poder dar á otro su comisión, y volverse á Buenos Aires, aunque fuese en clase de grumete.

_Relación de los moradores de la parte meridional de América._

Los indios que habitan estas partes, se distinguen por las denominaciones generales de Moluches y Puelches. Los Moluches, ó Molucas, son conocidos entre los españoles por los nombres de Aucas y Araucanos. El primero de estos es un mote, que significa rebelde, salvaje ó bandido. La palabra _aucani_, significa rebelar, levantar ó amotinar, y se aplica á hombres y á bestias y asi _auca-cahual_, significa caballo silvestre, _aucantun_, _aucantul_, griteria ó levantamiento.

Llámanse Moluches de la palabra _molun_, que significa declarar guerra, y moluche es un guerrero. Están dispersos por el país, y lado oriental y occidental de la cordillera de Chile, desde los confines del Perú hasta el estrecho de Magallanes, y se dividen en diferentes naciones de Picunches, Peguenches y Guilliches.

Los Picunches son los que viven mas hácia el norte, y se dicen _Picun_, que significa en su lengua norte, y _che_ gente. Habitan las montañas, desde Coquimbo hasta casi mas abajo de Santiago de Chile. Estos son los mas valientes y altos entre los Moluches, especialmente los que viven al poniente de la Cordillera, entre quienes están los de Penco, Tucapel y Arauco. De estos últimos llaman por error los españoles Araucanos á todos los demas indios de Chile. Los que viven al este de la Cordillera, llegan hasta mas abajo de Mendoza, y se llaman, por los que viven al otro lado, Puelches; _puel_, significa este; pero por otros que viven hácia el sur, se llaman Picunches. Conocí algunos de sus caciques, cuyos nombres eran Tseucanantu, Piliquepangí, Carupangí y Caruloncó.

Los Peguenches se acercan á los Picunches por el norte, y llegan desde frente de Valdivia hasta 35° de latitud meridional. Toman su nombre de la palabra _peguen_, que significa pino, porque el país abunda de tales árboles. Como viven al sur de los Picunches, algunas veces se llaman Guilliches ó pueblo meridional, pero mas generalmente se llaman Peguenches. Sus caciques se llaman Colopichun, Amolepí, Nocolasquen, Guenulep, Cusuhuanque, Colnancon, Iyalep, y Antucule: este último era jóven, y á todos los conocí muy bien.

Estas dos naciones fueron antiguamente mas numerosas, y mantuvieron largas y sangrientas guerras con los españoles, á quienes casi echaron de Chile, destruyendo las ciudades de Imperial, Osorno y Villa Rica, y matando dos de sus Presidentes, Valdivia y D. Martin de Loyola: pero están ahora muy disminuidas, no pudiendo hacer revista de cuatro mil hombres entre todos ellos, lo que nace de las frecuentes guerras que han tenido con los españoles de Chile, Mendoza, Córdoba y Buenos Aires, con sus vecinos los Puelches, y aun los unos con los otros; igualmente que del aguardiente que compraban á los españoles, y su _pulcú_ ó chicha, que hacen en su país. Muchas veces empeñan hasta sus mugeres é hijos á los españoles, por aguardiente con que se embriagan, y matan unos á otros; sucediendo rara vez que la parte ofendida aguarde largo tiempo la ocasion de vengarse. Las viruelas introducidas en este país por los europeos, causan mayores estragos entre ellos, que la peste, desolando villas enteras con sus malignos efectos. Este mal es mucho mas fatal á estas gentes que á los españoles ó negros, por razon del grosero vestido, mala comida, falta de cobertura, medicinas y cuidado necesario. Sus parientes mas cercanos huyen de ellos para evitar el mal, dejándolos perecer aun en medio de un desierto. Ha cerca de cuarenta y cinco años que la numerosa nacion de Guilliches, habiendo cogido este mal en las cercanias de Buenos Aires, hizo diligencia para huir á sus propias tierras, distante doscientas leguas, caminando por entre vastos desiertos. Durante su larga jornada dejaron tras de sí sus parientes y vecinos enfermos, solos y sin mas asistencia que un cuero levantado contra el aire, para abrigo, y un jarro de agua. Este mal redujo tanto su número, que no tienen ahora mas de trescientos hombres capaces de tomar las armas.

Los Guilliches y Moluches meridionales llegan desde Valdivia hasta el estrecho de Magallanes, dividiéndose en cuatro naciones. La primera llega hasta Chiloé, y mas allá de la laguna de Nahuel-huapi, y habla la lengua chilena. La segunda son los Chonos, que viven cerca de la isla de Chiloé. La tercera se llama Pay-yuy, ó Peyes, y viven en las costas, desde el grado 48 hasta 51 de latitud meridional; y desde allí hasta el estrecho de Magallanes, el pais es habitado por la cuarta nacion, llamada Rey-yus ó Reyes. Estas tres últimas naciones son conocidas por el nombre de Buta Guilliches, porque son mas altos y gruesos que la primera, llamada Pichi-Guilliches, ó pequeños Guilliches. Parecen tambien diferentes gentes, porque su lengua es una mezcla de la de Moluche y Tehuel. Los otros Guilliches y los Peguenches hablan del mismo modo uno y otro, diferenciándose solo de los Picunches en el uso de la letra S en lugar de la R, y de la D, donde otros el Ch.; por egemplo:--Romo por Somo. Una muger Huaranca, por Huasanca, Mil buda, por bucha grande. Estas naciones son numerosas, especialmente los Vutu-Guilliches. Los caciques de la primera, ó Pichi guilliches, eran Puelman, Paniacal, Tepuanca, á quienes ví, con otros muchos, de cuyos nombres no me acuerdo. Los Puelches ó orientales, (así llamados por los de Chile, porque viven al oriente de ellos), confinan por el occidente con los Moluches, hasta abajo del estrecho de Magallanes, donde terminan por el sur con los españoles de Mendoza, San Juan, San Luis de la Punta, Córdoba y Buenos Aires por el norte, y con el Océano por el este. Tienen diferentes nombres, segun la situacion de sus respectivos paises, ó porque fueron en su orígen de diferentes naciones. Los de hácia el norte se llaman Tehuelches; los del occidente y mediodia, Diviheches, los del sud-este Guilliches, y los del sur de estos últimos Tehuelches, ó en su propia lengua, Tehuel-kuni; esto es, hombres del sur.

Los Tehuelches confinan por el occidente con los Picunches, y vienen al este del primer Desaguadero, hasta las lagunas de Guanacache, en las jurisdicciones de San Juan y San Luis de la Punta, dispersos en pequeñas tropas, y rara vez fijos en un parage: hay algunos en la jurisdiccion de Córdoba, á las orillas de los rios Cuarto, Tercero y Segundo; pero la mayor parte, ó fue destruida en sus guerras con los otros Puelches, y Moscovios, ó se refugió entre los españoles. En otro tiempo habia alguno de esta nacion en el distrito de Buenos Aires, á las orillas de los rios Lujan, Conchas y Matanza, pero ya no los hay. Sus caciques eran Mugelup, Alcochorro, Galeliam y Mayú. Han quedado tan pocos de esta nacion, que casi no pueden levantar trecientos soldados, haciendo solo una especie de guerra pirática en pequeñas partidas, excepto cuando estan auxiliados de sus vecinos los Picunches, Peguenches y Diviheches, y aun entonces no pueden poner en campaña mas de 500 hombres. Esta nacion y la de los Diviheches son conocidos por los españoles, con el nombre, de Pampas.

Los Diviheches confinan por el occidente con el pais de los Peguenches, desde el grado 36 hasta el 33 de latitud meridional, y se extienden á lo largo de los rios Sanquel, Colorado y Huique, hasta 40 millas de Casuhati por el este. Tienen el mismo génio vagabundo que los Taluheches, y no son mas numerosos, por haber sido destruidos en sus ataques con los españoles, tomando parte algunas veces con los Taluheches, otras con los Peguenches, y haciendo solo frecuentemente sus incursiones, sobre las fronteras de Córdoba y Buenos Aires, desde el Arrecife hasta Lujan, matando los hombres, cautivando las mugeres y niños, y robando el ganado. Los caciques de esta nacion eran, Còncalcac, Pichivele, Yahati y Dunoyal.

Estas dos naciones subsisten principalmente con la carne de las yeguas que cazan en pequeñas cuadrillas, de 30 á 40 cada una, en las vastas llanuras entre Mendoza y Buenos Aires, donde suelen encontrarse con grandes tropas de españoles, enviados á propósito, para ejecutar las leyes del talion, ó á lo menos con igual crueldad: pero no es el único peligro que corren, porque si los Tehuelches ó Guilliches han llegado al Casuhati, ó al Vulcan y Tandil, al tiempo que los Diviheches y Taluheches estan para retirarse con su presa, se echan sobre ellos (particularmente en parages donde estan obligados á pasar, para que descancen sus ganados), matando á todos los que se resisten, robando á los demas, y levantándose con la caza.

El pais de los Puelches, ó gente oriental, está juntamente entre el rio Huique, y el primero Desaguadero, ó rio Colorado, y se extiende al segundo Desaguadero ó Rio Negro; pero vagan continuamente, moviendo sus habitaciones, y separándose por motivos frívolos, y muchas veces sin mas razon, que su natural inclinacion á vagar. Este pais abunda en todo género de caza menor, como liebres, armadillos, avestruces, &a.; produce pocos ó ningun guanaco. Cuando suben á las montañas del Tandil, y el Casuhati, por la escasez de caballos, son tan poco expertos en la caza, que se vuelven á sus casas sin cosa alguna, á menos que sus vecinos los Tehuelches no se la den, ó no tengan la fortuna de sorprender algunas cuadrillas de los Peguenches, quienes vuelven generalmente bien provistos. Por otra parte es una pobre gente inocente y síncera, y mas hombres de bien que los Moluches y Tehuelches; son muy superticiosos, inclinados en extremo á la adivinacion y hechiceria, y facilmente engañados. En general son altos y robustos, como sus vecinos los Tehuelches, pero hablan diferente lengua. Aunque en tiempo de paz es gente humilde y tranquila, son en el de guerra audaces y altivos, como experimentaron los Tehuelches y Diviheches, muy á su costa; pero ya estan reducidos á un pequeño número, habiendo sido la mayor parte destruidos por las viruelas. Sus caciques, que aun viven, son Geijeihu, y Daychaco.

Los Tehuelches que se conocen en Europa, con el nombre de Patagones, han sido llamados, por ignorar su idioma, Tehuelchus, porque _chu_ significa patria ó morada, y no gente, lo que se expresa por la palabra _che_, y mas al sur por la palabra _cuní_. Estos y los Checheheches, se llaman por los españoles Serranos ó Montañeses: subdividense en varias ramas, como son los Leubuches, ó gente del rio, y Calilliches, ó gente de las montañas, entre los cuales estan los Chulilau-cunis, Lehuau-cunis, y Yacana-cunis; todos estos, excepto los del rio, se llaman por los Moluches, Vucha-guilliches.

Los Leubuches viven á las orillas del norte y sur del Rio Negro, ó como ellos le llaman, Casu-leubu. Al norte tienen un vasto país; pero no habiendo, por razon de la espesura, posibilidad de ser habitado, solo se encuentran bosques, lagunas y pantanos, llenos de cañas fuertes y espinosas, á las que llaman Sanquel, de forma que por allí está cerrada toda comunicacion. Pero marchando hácia el poniente por el pié de la Cordillera, ví hácia el este, que por la costa está abierta. Parece que esta gente está compuesta de Tehuelches, y Checheheches; pero hablan mas bien la lengua de estos últimos, con una pequeña mezcla de Tehuel. Extiéndese por el este hasta los Checheheches, y por el poniente se juntan con los Peguenches y Guilliches; confinan por el norte con los Diviheches, y por el sur con los otros Tehuelches. Caminando al rededor de la gran laguna Huechum-lauquen, llegan de Valdivia en seis dias de jornada desde Huichun. Parece que esta nacion es la cabeza de los Checheheches, y Tehuelches, y sus caciques Cancapol y su hijo Cangapol, como unos pequeños soberanos de los demas. Cuando declaran la guerra se juntan inmediatamente con los Chuchuheches, Tehuelches y Guilliches, y con los Peguenches, que viven mas al sur, poco mas abajo de Valdivia.

Por si mismos son pocos en número, teniendo gran dificultad en levantar 300 hombres capaces de tomar las armas, por causa de las viruelas, que redujeron el número de los Checheheches, y porque habiéndose juntado y pasado á las llanuras de Buenos Aires para atacar con una partida de Thaluheches cerca de la laguna de los Lobos al famoso D. Gregorio Mayu-Pilqui-ya, fueron vencidos por este, y obligados los que quedaron á retirarse al Vuulcan con los vestidos, que por desgracia, poco antes habian comprado en Buenos Aires inficionados de las viruelas. Disminuyéronse tambien mucho en las guerras con sus vecinos al norte los Picunches, Peguenches, y Taluheches, quienes aliándose, bajan algunas veces del lado de la Cordillera, y los sorprenden; en cuyo tiempo, no tienen otro recurso para librarse de los enemigos que atravesar el rio nadando, lo que los otros no pueden hacer; pero con la prisa y confusion de la fuga, dejan sus hijos detras, caen en las manos de los enemigos inhumanos, que los deguellan, sin perdonar aun los de cuna. Sin embargo, no son siempre estos ataques tan secretos que no tengan algunas veces noticias de ellos, y no escapen entonces muchos de la furia de esta bárbara nacion, cuyo cacique Cancapol hace vanidad de mostrar á sus huéspedes montones de huesos, calaveras, &a. La política de este cacique es de mantener la paz con los españoles para que su gente pueda cazar con seguridad en los campos de Buenos Aires, dentro las fronteras de Matanza, Conchas y Magdalena, y las montañas: no permitiendo que las otras tribus pasen de Lujan, para mantenerla tambien al sur; á cuyo fin se ponen sus caciques y confederados á cazar en los meses de Julio, Agosto y Setiembre, en los parages donde pueden observar los movimientos de sus enemigos, á quienes muchas veces atacan y destruyen, pero por esta razon jamas hicieron estos indios la guerra á los españoles (aunque son en extremo celosos de ellos), hasta el año de 1738 y 40, cuyos motivos fueron los siguientes.

Los españoles, con poco juicio y mucha ingratitud, echaron de su territorio á Mayu-Pili-ya, el único cacique Taluheche que los estimaba, obligándole á retirarse á tal distancia que no pudiese recibir socorro alguno, expuesto á sus enemigos, hechos tales, defendiendo los territorios de los españoles del resto de sus paisanos y Picunches. Despues de la muerte de este cacique, algunas partidas de los Taluheches y Picunches atacaron las caserias del rio Areco y Arrecife, guiados por Hencanantu y Carrulonco, adonde acudieron los españoles con su mariscal de campo D. Juan de San Martin para coger los ladrones. Pero como llegaron tarde, se dirigieron al sur para no volverse con las manos vacias. Allí encontraron las tiendas del viejo Caleliyan con una mitad de su gente, que no sabiendo lo que habia pasado, estaba durmiendo sin la menor sospecha de peligro, y entonces sin examinar si estos eran ó no los agresores, hicieron fuego sobre ellos matando, muchos con sus mugeres é hijos. Los demas dispertándose, y viendo el triste espectáculo de sus mugeres y niños muertos, se resolvieron á no sobrevivir á tal pérdida, y cogiendo las armas, vendieron sus vidas tan caro como pudieron; pero al fin fueron degollados con sus caciques.

El jóven Caleliyan estaba entonces ausente; pero teniendo noticia de lo que habia pasado, se volvió en ocasion que los españoles se iban retirando; y viendo á su padre, parientes y amigos degollados, resolvió vengarse prontamente, á cuyo fin llevando como unos 300 hombres, se hechó sobre la villa de Lujan, mató gran número de españoles, tomó algunos cautivos, y robó algunos millares de ganado. Sobre esto levantaron los españoles con toda brevedad, (aunque no bastante para coger un enemigo tan ligero) casi 600 hombres de su milicia y tropa reglada. No pudiendo alcanzarle se volvieron al rededor de las lagunas de sal, y bajaron al Casuhati donde estaba el cacique Cangapol con algunos indios, que prudentemente se habian retirado. Hallandose chasqueados aquí, fueron por la costa hácia el Vulcan, donde encontraron una tropa de Guilliches, quienes no siendo enemigos, salieron sin armas á recibirlos, no teniendo la menor sospecha de peligro alguno. Pero sin embargo de esto, y de haber intercedido á favor de estos pobres, un oficial de la tropa española, fueron cercados, y tallados en piezas por órden del Mariscal de Campo, quien concluida esta victoria, marchó con su gente al Salado, que está cerca de 40 leguas de la ciudad, y casi 20 de las quintas ó caserias de Buenos Aires, donde un cacique Tehuel, llamado Tolmichi-ya, pariente de Cangapol, amigo y aliado de los españoles, estaba acompañado bajo la proteccion del Gobernador Salcedo. Este cacique con la carta del Gobernador en la mano, y mostrando su licencia, fué muerto de un pistoletazo que le dió en la cabeza el Mariscal de Campo. Todos los indios tuvieron esta desgracia, quedando cautivas las mugeres y niños, con el hijo menor del cacique. Por fortuna el mayor habia salido dos dias antes á cazar caballos silvestres, con una partida de indios.

De tal manera exasperó esta cruel conducta del Maestre de Campo á todas las naciones de Puelches y Moluches, que tomaron al punto las armas contra los españoles, quienes se vieron de repente atacados desde las fronteras de Córdoba y Santa Fé, todo á lo largo del Rio de la Plata, frontera de 400 leguas; de modo que les era imposible defenderse, porque los indios se echaban en pequeñas partidas volantes sobre muchas villas y caserias á un mismo tiempo, y la luz de la luna impedia el descubrir su número; y así mientras los españoles los perseguian por una parte, dejaban los demas sin resguardo.

Cangapol, que con sus Tehuelches habia vivido hasta entonces en gran amistad con los españoles, se irritó sumamente al ver la maldad ejecutada con su hijo, la muerte de sus amigos los Guilliches, la de su amado pariente, y otros, y manera indigna con que trataron sus cadáveres; y aunque entonces tenia cerca de 60 años, salió al campo á la cabeza de mil hombres (otros dicen cuatro mil) compuestos de Tehuelches, Guilliches, y Peguenches: se echó sobre el distrito de la Magdalena, distante cerca de 4 leguas de Buenos Aires, y repartió sus tropas con tanto juicio, que limpió y despobló, en un dia y una noche, mas de 12 leguas del pais mas poblado y abundante. Mataron muchos españoles, é hicieron cautivas un gran número de mugeres y niños, y robando ademas, pasadas de veinte mil cabezas de ganado, fuera de caballos. En esta expedicion los indios solo perdieron un Tehuelche, el cual apartándose de los demas con esperanza de hacer presa, cayó en manos de los españoles. Cangapol hijo de Cacapol, fué perseguido y alcanzado; pero los españoles no se atrevieron á atacarle, aunque eran dos veces mas numerosos, porque ellos y sus caballos estaban de tal modo cansados, en una marcha de 40 leguas, sin tomar refresco alguno.

Los moradores de Buenos Aires, teniendo aviso anticipado de este ataque, por los fugitivos, se vieron en la mas terrible consternacion. Muchos oficiales militares corrian por las calles, con la cabeza desnuda, en un estado de distraccion, habiéndose llenado de gente las iglesias y casas religiosas, á donde se refugiaban, como si el enemigo estuviera á las puertas de la ciudad. Los españoles humillados con este golpe, quitaron la comision al Mariscal de Campo, y nombraron otro en su lugar, levantando un ejército de 700 hombres que marcharon al Casuhati, no para renovar la guerra, sino para pedir paz. Todo un año se pasó despues de la última victoria, sin hacer cosa alguna: en cuyo tiempo los indios, con un jóven cacique Cangapol á su cabeza, levantaron un ejército de cerca de 4000 hombres, compuesto de aquellas diversas naciones, con el cual pudiera hacer frente á todos los españoles; pero sin embargo de estas ventajas, dieron oidos á la propuesta del nuevo Mariscal de Campo, á quien tenian por su amigo. Este, temiendo las consecuencias de una nueva guerra, ofreció entre otras condiciones, entregar todos los indios cautivos, sin mas consideracion que el redimir los cautivos españoles. Un jesuita misionero, que fué al campo español con algunos Checheheches y Tehuelches convertidos, representó vivamente que aquella condicion era indigna é inadmisible, no evitando por este medio un próximo rompimiento. Propuso un cambio reciproco de prisioneros; pero fué tan grande el miedo de esta guerra, que no se hizo caso de su proposicion, aunque muchos indios no pedian condiciones mas ventajosas. Algunos caciques de los Tehuelches, que habian llevado consigo sus cautivos, inmediatamente los entregaron haciendo la paz, no entendiendo la proposicion del Mariscal de Campo en otro sentido, que el de la mutua entrega de sus prisioneros. Los Moluches fueron por fin á Buenos Aires, y redimieron sus indios, y los de los Tehuelches, sin entregar los cautivos españoles que tenian. Desde entonces los Tehuelches, tentados con las esperanzas de presas, han hecho cada año incursiones en el territorio de Buenos Aires, robando mucho ganado. No obstante este ha sido el mayor daño que han hecho hasta el año de 1767, en que habiendo sido insultados, renovaron la guerra y cautivaron mucha gente, de forma que de las escuadras españolas que los persiguieron, solo dos se escaparon: siguiéndolos luego y alcanzándolos largamente con un cuerpo mayor de tropas, su coronel Catani: pero les pareció mas conveniente no molestarlos, temiendo les sucediese lo que á sus compañeros.