Descripción colonial, libro segundo (2/2)

Part 20

Chapter 203,663 wordsPublic domain

Al cabo de siete años del gobierno de don Alfonso de Sotomayor le succedió Martin García de Loyola, caballero de hábito, el cual llegando á este reino y tomando el pulso á las cosas, comenzó á gobernar con mucha cristiandad; entró en la tierra de guerra, y llevando las cosas con mucha mansedumbre tuvo este reino un punto que la guerra se acabase, porque si castigara á 170 indios, capitanes belicosos á quien tuvo convencidos, habiéndole venido de paz y ayudándole como amigos y vasallos del rey Felipo, que le querian matar sobre siguro con todos sus españoles que con él estaban, más de 400, la tierra quedara castigada y, menos estos valentones y capitanes, los demás naturales subjetos, escarmentados y pacíficos. Usó de más clemencia que convenia á gente traidora, y despues le mataron viniendo de La Imperial á Ongol, que son diez y ocho leguas, casi en medio del camino, con otros cuarenta hombres, los mejores de todo este reino, capitanes espertos y de muchas partes, y con él mataron tambien los indios dos religiosos de Sant Francisco, el uno provincial, como habemos dicho. Ofreciósele tambien otra vez ocasion para castigarlos, porque tratando con estos mismos capitanes valentones indios que nos quietásemos todos y dejasen las armas y viviesen en paz, recibiesen sacerdotes que les enseñasen la ley de Dios, y no le fuesen traidores ni mentirosos, ni ayudasen con gente á los que no se habian querido reducir al servicio del Rey Filipo, cuyos vasallos eran, como ellos parecia estar reducidos. Uno de aquellos capitanes, más principal, le dijo: Señor, desengáñate que todos cuantos capitanes aquí están conmigo ayudamos á los rebelados con la gente que podemos de nuestra parte, y yo he sido parte de los que á mí me acuden para darles más de sesenta indios de guerra. Y si entonces tambien como á enemigos y traidores los castigara ejemplarmente, no le succediera su desgraciada muerte, con la cual dentro de pocos meses toda la tierra se rebeló y mataron los indios, en diferentes ocasiones, más de trescientos soldados de los bravatos y viejos; luego se rebelaron los indios subjetos á La Imperial y la tuvieron en gran estrecho de hambre, y traian alguna harina de maíz y trigo á los nuestros, á rescatar por capas de paño, sayos y camisas, y entre ella revueltos polvos ponzoñosos; fué Nuestro Señor servido que de los nuestros, por esta ocasion, ninguno muriese, basta que don Francisco de Quiñones, gobernador, fué á socorrerlos y despobló, como dijimos, aquella cibdad. Rebelada la gente de La Imperial, y muertos algunos indios principales por decirles cuan mal lo habian hecho con rebelarse, cómo fué don Felipe, cacique principal de un pueblo llamado Tolten, y á otros, determinaron de ir sobre la cibdad de Valdivia, lo cual hicieron, y hallando descuido en la cibdad, una noche, víspera de Sancta Catalina, el año de 599, entraron y mataron muchos españoles, quemaron los templos, hicieron pedazos las imágines y robaron las sacristias y toda la cibdad, matando algunos clérigos y religiosos y llevándose captivas más de trescientas y tantas mujeres con niños y niñas; mataron á algunas, porque no querian conceder con su voluntad; fué lo que se perdió de hacienda más de 350.000 pesos, y si de aquí los indios fueran á la cibdad de Osorno, la hallaran descuidada y se la llevaran como la de Valdivia; empero no pasó mucho tiempo que los naturales de Osorno, todos baptizados y ricos de muchos ganados de los nuestros, y vestidos casi como nosotros y casados, tambien se rebelaron y vinieron sobre la cibdad y la quemaron y saquearon y se llevaron, entre otras personas, una monja profesa de Sancta Clara, que despues se rescató; y si con tiempo los españoles no se recogieran y hicieran fuertes en una cuadra, le succediera lo que á los de Valdivia. Sabido en el Perú por don Luis de Velasco, Visorrey que á la sazon era, la muerte del Gobernador Martin García de Loyola, despachó con doscientos hombres al coronel Francisco del Campo, que lo habia sido de don Alonso de Sotomayor, el cual, llegando desde el pueblo del Callao en veintinueve dias al de Valdivia, halló la cibdad arruinada y despoblada; pasó á Osorno y reprimió algun tanto la soberbia de los rebelados, de donde salió á socorrer á la cibdad de Castro, en la isla de Chilué, donde mató algunos luteranos y al pirata hizo retirar de su navio; empero volviendo á Osorno, en el camino le mataron los indios rebelados, trayendo por capitan á un mestizo que se habia ido á ellos, aunque el mestizo murió en aquella refriega; despues, viéndose los españoles en grande estrecho de hambre y pocas fuerzas para resistir á los enemigos, despoblaron y dejaron el fuerte donde estaban, dellos á pie y dellos á caballo, y muchas mujeres á talon, se recogieron á la isla de Chilué, cuarenta leguas de camino, la mitad por tierra y la otra mitad por unas bahías de mar, y llegaron bien trabajados á la cibdad de Castro, en la isla fundada, como dijimos.

CAPITULO LXXXVI

DEL GOBERNADOR DON FRANCISCO DE QUIÑONES

Visto por el Visorrey don Luis de Velasco los subcesos deste reino de Chile tan lastimosos, proveyó, mientras Su Majestad proveia, á don Francisco de Quiñones por gobernador destos reinos, el cual, saliendo de Lima con casi 150 hombres, llegó al puerto de la Concepcion, que la halló bien trabajada; comenzó á usar de rigor, ques lo que quieren estos naturales, y á castigarlos ejemplarmente, con lo cual se hizo temer y temblaban dél todos los indios rebelados á donde llegaba la fama de sus castigos; salió desta cibdad con cuatrocientos hombres para la de La Imperial á socorrerla, y en el camino tuvo dos recuentros con los rebelados, en los cuales les mató más de cuatrocientos indios, y con los castigos que en los presos hizo era muy temido; despobló La Imperial contra el parecer de muchos; sacó toda la gente y lo más que pudo della, y volvióse á La Concepcion. Por su órden tambien se despobló la cibdad de Ongol que dijimos llamarse de Los Infantes, con lo cual los naturales de aquel distrito, que tambien se habian rebelado, quedaron más soberbios y más señores; vinieron sobre Chillán, saquearon el pueblo y lleváronse la mayor parte de las mujeres, y aun mataron algunas. A la sazon residia en La Concepcion don Francisco de Quiñones, lo cual parece le atemorizó y comenzó á perder el brio y vigor y tratar de volverse á su casa á Los Reyes, donde tenia mujer y hijos y mucha hacienda que le tiraban por los cabellos. Importunó al Visorrey don Luis de Velasco con cartas le quitase el gobierno; hízolo así y proveyó á Alonso García Ramon, que fué maese de campo de don Alonso de Sotomayor, el cual, llegando á este reino y estando en la cibdad de Santiago, supo que otra vez los indios habian entrado en San Bartolomé de Gamboa, llamado Chillán por otro nombre y se habian llevado algunas mujeres y niños; tomó la ligera y en breve tiempo _anduvo_ sesenta leguas de camino y más, dió en los enemigos y quitó lo que más pudo, aunque no todo, porque los más de los enemigos se dieron más prisa á huir. Gobernó año y medio, en el cual tiempo no pudo hacer más de lo hecho.

CAPITULO LXXXVII

DEL GOBERNADOR ALONSO DE RIBERA

Sabido por Su Majestad la muerte de Martin García de Loyola, proveyó por gobernador á Alonso de Ribera, buen caballero, muy experto en la guerra de Francia y Flandes, donde habia tenido muchos y muy principales cargos; el cual, llegando á este reino, luego Alonso García Ramon le entregó la gente que tenia y se le ofreció á quedarse en la tierra como soldado suyo; no lo admitió, por lo cual se volvió á su casa á Los Reyes.

Alonso de Ribera halló la tierra muy trabajosa y falta de mantenimientos, y la cibdad de la Concepcion, á donde desembarcó, toda cercada de guerra; dióse tan buena maña que pacificó y redujo los alterados, de suerte que la cibdad gozaba de una poca de paz. Viniéronle de paz unos indios, que eran los que más daño hacian en este pueblo y su comarca, y el de Sanct Bartolomé, llamados Coyuncheses, y su capitan Longo Tegua, que quiere decir cabeza de perro, indio valiente, belicoso, que ha perseverado en el amistad y sirve y ha servido fielmente, y agora dos años corriera mucho riesgo Alonso de ribera si Longo Tegua no se opusiera á los enemigos con su compañia que no llegaba á cuarenta indios.

Comenzó Alonso de Ribera á hacer muchos fuertes con presidio de soldados, lo cual unos aprueban y otros reprueban; la guerra hacia diferente de lo que hasta aquí se usaba, con infanteria de á pie y poca caballeria, lo cual si los indios esperaran en campo raso y la guerra que nos hacen tuviera cuerpo, era muy buena manera de proceder; pero como se la habremos de hacer á saltos y los habremos de ir á buscar como quien va á caza de conejos, no se ha tenido por acertada esta manera de proceder; en lo demás es muy buen capitan, gran trabajador, que provee bien y puede ser capitan general de un ejército de 20.000 y más soldados, como capitan experimentado por muchos años en guerras más trabajosas y peligrosas que las de Chile, porque como los rebelados conozcan y experimenten vigor y castigo, conforme á sus delictos, no hay guerra en Chile, por ser gente del ánimo más servil y esclavo que hay en el mundo; como no se les castigan las traiciones y crueldades que han hecho, dicen que por eso no los castigamos, porque los tememos. Los naturales rebelados, viendo el poco vigor que con ellos se ha usado, la provincia de Arauco, Tucapel, Lebo y otras le dieron la paz y pobló un fuerte en Lebo con ochenta hombres; otro en Tucapel con otros tantos; dejó otro á la ribera de Biobio, llamado Nuestra Señora de Alí; otro Sancta Fee, otro Sancta Lucia, porque las paces que estos indios le dieron no se tienen por fijas, sino por fingidas, pues ni se les tomaron rehenes ni los tienen para darlos, ni hay hijos de reyes que pedirles, porque no tienen ley ni rey, ni entregaron cibdades, ni fortalezas para la siguridad de la paz, que no las tienen, y así, en viendo al soldado español desmandado, le quitan la vida echando la culpa á otros indios que no han venido de paz, y fácilmente se les creen; empero en lo que más daño nos hacen los que han dado esta paz fingida, es en hurtar cuantos caballos pueden, que son las fuerzas y niervos de la guerra de nuestra parte para contra ellos. En este estado dejó la tierra Alonso de Ribera á Alonso García Ramon, que vino á este reino poco menos ha de un año, el cual con el socorro que Su Majestad le ha enviado de mil hombres que ya casi están en los fuertes, esperamos en Nuestro Señor nos ha de dar paz cumplida y la que estos naturales dieron fingida, mal que les pese, la han de hacer verdadera; tratan agora con gobernador que les entiende los pensamientos y conoce sus traiciones, y no se han de burlar con él, el cual si los saca de sus cuevas y reduce á pueblos compeliéndoles á que les den las armas y caballos, que tienen muchos más que nosotros, con el favor divino gozaremos de paz; donde no, la guerra es infinita.

CAPITULO LXXXVIII

DE LAS CALIDADES DE LOS INDIOS DE CHILE

Tiempo es ya tractemos de las calidades de los indios de Chile; las mismas son que las de los indios del Perú; enemigos nuestros capitales como los demás, exceden á los del Perú en ser más animosos, más soberbios, más fornidos, de mayores cuerpos y más bellicosos, y son mucho más bárbaros y temerarios, porque no creo se[62] ha hallado alguna nacion que no adorase alguna cosa y tuviese por dios; estos ni á Sol, ni á Luna, ni estrellas, ni otra alguna cosa.

[62] En el ms., _si_.

El capitan del Inga llegó hasta Sanctiago de Chile y doce leguas más adelante, y viéndolos tan bárbaros los llamó en su lengua Purun auca, que quiere decir indios barbarísimos; no tenian vestidos; de pieles de gatillos hacian unas mantas con que se cubrian; el ivierno se estaban en sus casas metidos, que son redondas, mayores ó menores como es la familia; al verano, grandes holgazanes, las mujeres trabajaban en todo lo necesario; fuera desto, sin ley ni rey; el más valiente entre ellos es el más temido; castigo no hay para ningun género de vicio; tienen muchos absurdísimos.

A padre ni á madre ninguna reverencia, ni subjection. Deshonestísimos, sino es á madre, á otra mujer _no_ perdonan: el hijo hereda las mujeres de su padre, y al contrario; el hermano del yerno, y si un hermano se aficiona á alguna mujer de su hermano, por quedarse con ella y las demás, le mata; entre estos hay grandes hechiceros que dan bocados para matarse los unos á los otros, y se matan fácilmente, y dicen está en su mano llover ó no. No adoran cosa alguna; hablan con el demonio, á quien llaman Pilan. Dicen que le obedecen porque no les haga mal.

Creen que despues de muertos van allá de la otra parte del mar, donde tienen muchas mujeres, y se emborrachan; es el paraiso de Mahoma.

Muchos dstos, aunque son baptizados, niegan serlo; lo mismo hacen las mujeres; amancebarse con dos hermanas es muy usado, no solo los infieles, sino los baptizados, por lo cual á los españoles que tienen captivos, si el español es casado y tiene alguna cuñada, le compelen á que tenga acceso á ella delante dellos mismos, si no le matarán; conozco á quien le succedió, y el pobre por huir de la muerte cometió tan grave incesto.

Han hecho grandes crueldades en las mujeres españolas, por haber acceso á ellas.

El padre que más hijas tiene es más rico, porque desde niñas las venden á otros para mujeres, y el que compra es perpétuo tributario.

No saben perdonar enojo, por lo cual son vindicativos en gran manera; no creen hay muerte natural, sino violenta, y acaso porque si alguno muere es porque otro le dió riñendo un bofetón ó puñada, ó con un palo, ó le tiró de los cabellos.

Muchas veces nos dan ponzoña en nuestras comidas, y como no nos hacen daño, dicen es la causa porque las comemos calientes. Sus consultas son en las borracheras muy frecuentes en ellas, donde tractan las cosas de guerra; llevan sus armas, y borrachos se matan fácilmente.

No guardan un puncto de ley natural, á lo menos con nosotros.

No tienen dos dedos de frente, que es señal de gente traidora y bestial, porque los caballos y mulas, angostos de frente lo son. Cada uno vive por sí, una casa de otra apartada más de un tiro de honda, á los cuales si no se reducen á pueblos y les quitan armas y caballos y les hacemos hombres políticos no los haremos cristianos.

En la guerra obedecen á los capitanes por ellos nombrados; acabada, ó [en] el verano, no hay obidencia.

Finalmente, es gente sin ley, sin rey, sin honra, sin vergüenza, etc., y de aquí se infirirá lo que inferir se puede.

Es entre ellos lenguaje de dar la paz por estos tres años en los cuales nos descuidarán y nos dividiremos, y descuidados y divididos nos matarán y se quedarán en su infidelidad y bestiales costumbres.

Si el que gobierna no los puebla, como habemos dicho, y quita armas y caballos, y castiga á los culpados, despues que se les ha notificado la beninidad que con ellos Su Majestad usa, no habrá paz en Chile.

Si á los indios adultos persuadimos é indias, se baptizen, responden que tienen vergüenza de ser cristianos, y que harán burla dellos los indios rebellados; empero, que al fin de sus dias se baptizarán. Tienen por gran pecado castigar ó corregir á sus hijos.

No miran los padres por sus hijas; ellas busquen lo que les conviene, si acaso no las han vendido á otros indios para mujeres, como habemos dicho.

Son invidiosísimos; si un encomendero tiene en su casa tres ó cuatro indias, pagándoles su trabajo como mozas de soldada, si acaso se regala más á ésta que aquella, fácilmente la matan con un bocado.

FIN

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DE

JUAN ROLDÁN

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=Cosentini.=--La sociología genética.--Ensayo sobre el pensamiento y la vida social prehistóricos, con una introducción de Máximo Kovalewsky, traducción y un apéndice bibliográfico de Antonio Ferrer y Robert, Madrid, 1911 (tamaño, 19×12) 1,75

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=Cullerre.=--Las fronteras de la locura, versión española de Antonio Atienza y Medrano, Madrid, 1912 (tamaño, 19×12) 2,25

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