Descripción colonial, libro segundo (2/2)

Part 18

Chapter 184,195 wordsPublic domain

De esta cibdad para Sanctiago hay dos caminos: uno por la sierra, que se sigue en tiempo de aguas; otro casi por la costa de la mar; ponen 65 leguas de camino; en esta distancia hay tres valles muy buenos y fértiles; el primero se llama Limari, el rio no pequeño, buen agua, buenas viñas y mejor vino. El segundo se llama Choapa, más ancho el rio, mayor y más fértil, en el cual hasta agora no han plantado viñas; aquí hay un poblezuelo de indios, de los que allá quedaron del ejército del Inga; es abundante de pescado. El nacimiento deste rio es de oro, y en tiempo que se derriten las nieves es muy grande; más adelante es el valle de Quillota con otro rio no de tan buenas aguas; es el que dijimos pasarse por la puente del Inga, mayor, y que no todas veces se deja vadear; aquí se da mucho maíz, trigo y demás mantenimientos, y el cáñamo muy crecido, donde hay otro poblezuelo de indios; debe distar de Santiago 22 leguas, las más llanas, que al ivierno son trabajosas de caminar, porque se empantanan y parece el campo una mar; empero, como la tierra es recia, no hay mucha ciénaga; si no son en estos tres valles, no hay casas donde hacer noche; hácese debajo de arrayanes más crecidos que los de España, porque dellos se sacan vigas para enmaderar.

A su tiempo hay muy buenos pastos para los caballos, y en estos campos se criaba abundancia de ganado vacuno, y era tanto la primera vez que por allí pasé, agora veinticuatro años, que se nos venian los toros á las dormidas, todo hecho cimarron; no se conocia cuyo era en los términos de Coquimbo, que corren hasta el valle de Choapa; agora no hay ninguno, porque los vecinos de Coquimbo lo han consumido matando con dejarretaderas; cual más podia, más mataba, sacaban el sebo y hacian cecinas, todo lo cual embarcaban para Los Reyes; en lugar deste ganado se crian al presente abundancia de perros cimarrones. Cerca del valle de Choapa, gobernando don García de Mendoza á Chile, se descubrieron en este camino real las minas de oro que llamaron del Spíritu Sancto, riquísimas, de donde los vecinos de Santiago y Coquimbo sacaron millares de pesos; acabáronse temprano y los vecinos no sé qué hicieron de tanto oro; si sé; gastaron sin discrecion y vinieron á quedar pobres, y sus hijos mucho más.

CAPITULO LXXV

DE LA CIBDAD DE SANCTIAGO

La cibdad de Sanctiago, cabeza de obispado, y al presente del reino de Chile, se fundó por el gobernador don Pedro de Valdivia en demasiado llano, en un sitio nombrado de los indios Mapocho, á la ribera de un rio, al ivierno grande y peligroso para la cibdad; al verano, que es al revés de España, se pasa de piedra en piedra; ni tiene barranca, ni madre, por lo cual se ensancha, y siempre para la cibdad, la cual si no repara se la ha de llevar, como ya estuvo á pique dello. Es abundantísima de todo género de mantenimientos, de vino y fructas de las nuestras, bonísimas, almendras y aceitunas, si estos dos árboles, y ninguno otro de los nuestros no tuvieran contrario, porque el almendro comienza á florecer en medio del ivierno por Julio, al principio cae un yelecillo, arrebátale la flor; y el aceituno, al tiempo que está en flor suele venir una niebla que se la abrasa; todos los otros árboles nuestros no padecen[52] detrimentos, ni los naranjos ni limos, que se dan dentro y fuera de la cibdad. Tambien suelen venir algunos yelos sobre las viñas, á las cuales cuando están en cierne no le son buenos amigos.

[52] En el ms., _parecen_.

Dista esta cibdad de la cordillera tres leguas, y con todo eso el calor á su tiempo de dia y de noche es crecido, y el frio en el suyo; á este tiempo suelen venir algunas borrascas de nieve tan buenas como en Salamanca, con tanto Norte, que arrancan los árboles de cuajo, y á los que no, con la mucha nieve que cae sobre ellos los desgaja; es pueblo lluvioso desde mediado abril, que comienzan las aguas cuotidianamente, hasta agosto; unos años son más, otros menos, como en todos los reinos, que es cuando comienzan los nortes, los cuales en este reino son recísimos, y mientras más arriba, más vehementes, y al principio son poco menos que pestilencia; traen mucho catarro y dolor de costado consigo, y asimismo en todo el Perú, como actualmente lo expirimentamos en este valle de Jauja, donde escribimos esto; tres meses no ha dejado de correr y nos ha traido el sarampion á los niños, y viejos, é mozos, y á las viejas bastante catarro, con el cual se ha llevado no pocas. Los vecinos y moradores todos tienen sus viñas, cual mayor, cual menor, y tierras de pan, donde cogen trigo, maíz, garbanzos, lentejas, melones y las demás legumbres, de suerte que no hay plaza donde se venda cosa alguna, ni pulperia; las camuesas y manzanas que se dan, parece no creible; con ellas se engordan los cebones[53]. El que no las tiene, con enviar una carreta á casa de su vecino se la daran de valde, y así se hace. Un buen hombre portugués, un poco fuera de la cibdad, aunque agora ya están dentro, plantó cuatro cuadras, unas frontero de otras, todas de camuesos y manzanas, que al tiempo de la fructa entrar en ellas es entrar en una casa de olores, y no le sirven más que de perderse, y darlas á carretadas. La comarca desde las tejas de la cibdad es abundantísima de todo género de ganado: en los campos, hatos de yeguas cimarronas, de donde cada año sacan no pocos _caballos_ para la guerra; algunos salen bonísimos; fuera desto hay crias de caballos; los mejores son de Alonso de Córdoba, que tambien la tiene de mulas que envia á Potosí, y aprueban muy escogidamente; allá no se usan, porque la tierra es cenegosa, particularmente de la cibdad de Chillán adelante.

[53] En el ms., _cevonones_.

Todo este reino es faltísimo de sal, desde Coquimbo á Osorno y Chilué; llevase en navios de acá del Perú y es una de las mejores mercaderias; vale en Santiago de Chile una hanega de sal, doce pesos de oro de veinte quilates, que es el de contracto. Aunque proveyó Dios en el distrito desta cibdad, doce leguas della, una laguna que es comun, donde debajo del agua (no es fábula) se cria la sal, y en el verano á tal tiempo se desacota, á donde van los indios, y vecinos envian sus carretas y traen la que pueden; andan los indios que la sacan, en el agua hasta la rodilla y con las manos sacan la sal, que en unas seras de paja echan; es negra, empero para guisar de comer y salar cecinas es bastante. Si el año ha sido lluvioso[54] hay poca sal; si un poco seco, hay mucha; empero la sal del Perú siempre tiene su precio. Cae tambien al verano á la redonda de Santiago el rocio sobre ciertas yerbas, el cual cuajándose en ellas se vuelve sal, como el rocio sobre los sauces se vuelve maná; esta es muy poca; los indios cogen estas yerbas en unas mantas, sacúdenlas y la sal despídese dellas; es como cosa de fructa. Truena poco y llueve muy suavemente, tres y cuatro dias sin cesar; miramos á la parte del Sur si comienza á aclarar un poco, y si aclara, la serenidad es cierta; es muy lodosa, por ser fundada en tanto llano, y porque el servicio es de carretas, y por el consiguiente, en el verano es de mucho polvo. Sustenta cinco conventos: el nuestro con casi treinta frailes y estudio; el de San Francisco, con otros tantos; la Merced, seis ó siete; los que tienen San Augustin y los padres de la Compañia no lo sé, porque se fundaron despues que yo salí de aquel reino. Sustenta tambien otro monasterio de monjas subjetas al Ordinario; la Orden que profesan _son de_ las de la Encarnacion de Los Reyes; debe tener veinticinco monjas de velo. La gente de la cibdad es muy afable y bien partida, y la que sustenta y ha sustentado de cuarenta años á esta parte la guerra contra Arauco, que si no, ya se hobieran despoblado algunas cibdades de las de arriba, en particular la Conception. Los campos son abundantes de madera y muy buena, roble y otra que llaman Canela, porque huele un poco á ella y los polvos hacen estornudar bastantemente; acipreses en la cordillera muy gruesos, muy altos, y olorosísimos; yo fuí á cortar unos pocos para nuestro convento, doce leguas del pueblo, y corté aciprés y acipreses, que cuatro indios hacheros cortando uno solo, no se vian el uno al otro; traense ajorro; de aquí se proveen los mantenimientos y pertrechos para la guerra. Sobre esta pobre cibdad cargan las derramas á nunca pagar, sin perdonar á viuda ni huérfana. Es de cuando en cuando molestada de temblores vehementes, y es cosa no creible; las casas cuyos cimientos son sobre la tierra no padecen detrimento con ellos; las que los tienen fondos, éstas corren riesgo y se abren; los temblores no son de vaiven como los deste reino, sino como saltando para arriba, y son más peligrosos. Conócese fácilmente cuando ha de venir el temblor: si á la puesta del sol á dos horas antes, á la parte de la mar hay una barda (así la llaman los marineros) de nubes, que corre Norte Sur, es cierto aquella noche ó otro dia el temblor. Uno vi en esta cibdad; más miedo me puso que los que he visto en este reino.

[54] En el ms., _llovioso_.

CAPITULO LXXVI

DE LAS DEMÁS CIBDADES DE CHILE

De la cibdad de Santiago, de quien acabamos de decir, á la cibdad de la Concepcion, ponen setenta leguas de las buenas; todo el camino es fértil para ganados de toda suerte, para trigo y maíz y demás legumbres, y viñas, en el cual camino encontramos con algunos rios malos de vadear, y vienen crecidos al verano con mucha agua que se derrite de las nieves de la cordillera, como son Maipo, Cachapoal, Maule, Ñúble, el rio de Itata; los cuales al ivierno llevan poca agua y los arroyos cuyos nacimientos no es de las sierras nevadas, traen mucha agua. Esta cibdad de la Concepcion es puerto de mar, con abundancia de pescado, y seguro, si no es cuando reina Norte en el ivierno, y muchas veces en el verano, porque ningun mes hay en todo este tiempo que no viente poco ó mucho, y siempre trae agua, la cual azota las paredes[55] de las casas, y es necesario, por ser de adobes ó tapias, aforrarlas con alguna cosa que del agua las defienda. Su asiento es sobre una ciénega junto á un arroyo pequeño. Poblóse aquí, porque la guerra no ha dado lugar á otra cosa, y los vecinos tuviesen agua seguramente; en tiempo de paz, antes de la muerte del gobernador don Pedro de Valdivia, fué muy abundante de naturales, los cuales se han consumido con la guerra de más de 54 años á esta parte, y con matarse los unos á los otros como fácilmente lo hacen, así en las borracheras como con ponzoña, sin que se les castigue nada. Repartimientos de seiscientos indios tributarios y más no tienen hoy veinte indios, y así al respecto. Es abundante de todas comidas el suelo, y de oro, si hay quien labre la tierra y lo saque; junto al pueblo están las viñas, y se hace vino, aunque no tan bueno como el de Sanctiago, porque la uva no madura á ponerse dulce. Los edificios son pobres respecto de la guerra continua, y bajos respecto de la vehemencia de los vientos. El ivierno es asperísimo, con Nortes y lluvias; el verano es templado. Agora cuarenta años se retiró la mar, y despues salió con tanta furia y bramidos que casi anegó todo el pueblo, y luego sucedieron terremotos muy frecuentes, que echaron la mayor parte del pueblo por el suelo, y el año pasado de 604 subcedió á las cinco de la tarde otra inundacion de la mar, con tanta vehemencia y bramidos, que anegó la mayor parte del pueblo, y en el convento de señor Sanct Francisco, donde yo residia y vivo, derribó la cerca, que es de piedra, por tres ó cuatro partes, y se llevaba las piedras grandes, como si fueran paja; anegó todo el convento, y cuando se retiró dejó algunas lizas y otros peces en el claustro, y me compelió á mí y á otros salir por las paredes; y el fuerte, qu'es de tapias, arruinó, llevándoselas y dando con ellas más de veinte pasos adelante. Si esta inundacion fuera de noche pereciera mucha gente, y si algun temblor viniera se arruinara todo el pueblo; fué Nuestro Señor servido que la inundacion fuese de dia y no subcediese temblor alguno.

[55] En el ms., _paderes_.

CAPITULO LXXVII

DE ALGUNOS OTROS PUEBLOS DESTE REINO

De la Concepcion, llegándonos á la cordillera Nevada, dista la cibdad de San Bartolomé de Gamboa doce leguas, cuatro de la cordillera; poblóla el gobernador Martin Ruiz de Gamboa en buen sitio, llano; la comarca de muy buen suelo, fértil de todo género de comidas y viñas, junto á un rio que cria muy buenas truchas y otros peces de buen gusto. Aquí no alcanzan tanto los temblores. Casi toda la madera de las casas es de aciprés muy oloroso, que se cria en mucha cantidad en la cordillera, en la cual, en valles que hay en ella, estaban poblados indios que llamamos Puelches, bien dispuestos, belicosos, los cuales, así por nuestra parte, defendiéndonos dellos, como por las guerras civiles que entre sí han traido, se han acabado casi todos.

_Ongol._--Dista deste pueblo la cibdad de Ongol, por otro nombre llamada de los Infantes, poblada por don García de Mendoza, marqués de Cañete, siendo gobernador deste reino, de muy buena gente, es un llano cuyo suelo tiene las propiedades de San Bartolomé y de la Concepcion; hace ventaja en las viñas, porque el vino de aquí es muy bueno; tenia abundancia de indios comarcanos y belicosos, los cuales despues de la muerte del gobernador Martin García de Loyola se rebelaron y compelieron á despoblar el pueblo, el cual despobló el gobernador don Francisco de Quiñones; si fué acertado ó no, otros lo dirán.

Agora Alonso García Ramon lo pretende poblar y envia gente para ello, porque conviene así para que los pocos indios rebelados se reduzcan al servicio de Su Majestad. No se puebla donde estaba antes, aunque cerca de allí, sino más llegado al rio llamado Biobio, por impedir el pasaje á los indios de Puren y á otros.

De aquí á la cibdad Imperial ponen diez y ocho leguas, en medio de las cuales está la quebrada Honda que llaman, donde cotidianamente se hallaban indios de guerra emboscados para hacer suerte en los nuestros que caminaban por allí. Esta ciudad, antiguamente, cuando la pobló Valdivia, era abundantísima de indios más que otra alguna. Vecinos hubo que tuvieron encomendados 25.000 indios y más, como fueron el Adelantado Jerónimo de Alderete y el gobernador Villagrán, y otros 18.000, y á quince mil indios, y dende abajo; todos estos indios eran dóciles y pacíficos, y pretendiendo echar de la tierra á los españoles se concertaron de no sembrar un año; las justicias no advirtieron en ello; llegó el año de la hambre, perescieron casi todos, y se comian los unos á los otros sin perdonar padre á hijo ni hijo á padre, y se halló indio cortarse un pedazo del muslo y asarlo para lo comer.

Desta suerte los repartimientos muy grandes no quedaron en mil indios, y los menores casi en ninguno, los cuales despues de la muerte del gobernador Loyola se rebelaron, cercaron la ciudad y la tuvieron en mucho aprieto de hambre; los que persuadieron esta rebelion fueron los indios más regalados de los españoles, y criados desde niños en sus casas, más ladinos que nosotros. Salió de la Concepcion el gobernador don Francisco de Quiñones, y la despobló, y así se está hoy, y los indios con sus guerras civiles se han menoscabado y se van menoscabando, de suerte que cuando se tornen á reedificar habrá muy pocos naturales. El suelo es abundante para todo género de comidas y ganados, y es rico de oro, principalmente el rio que llaman de las Damas; aquí no llegan las uvas á madurar de suerte que se pueda hacer vino dellas. Dista de la mar aun no seis leguas, de donde se proveia de pescado; tiene cerca la provincia de Puren, que siempre la ha fatigado con guerra. De aquí á la Villa Rica, un poco más metida á la cordillera, ponen 17 leguas, con dos rios en medio, que no se dejan vadear; pásanse en balsas ó canoas; el suelo es rico de oro; por eso la llamaron la Villa Rica. Muerto Loyola, tambien se rebelaron los naturales y la pusieron en tanto aprieto de hambre, que murieron casi todos los nuestros della, y no quedaron sino doce ó quince soldados, tan sin fuerzas y flacos para defenderse, que fácilmente los indios entraron en la cibdad y mataron los pocos que habian quedado. Robáronla y quemáronla, y así se está hoy destruída; esta cibdad tuvo continuamente guerra con los indios de la cordillera, que usan de yerba casi irremediable.

CAPITULO LXXVIII

DE LA CIBDAD DE VALDIVIA

Desde esta Villa Rica á Valdivia ponen otras quince ó veinte leguas; fué muy rica de oro que subia de la ley; parte dello se sacaba en sus términos, y parte ó lo más venia de la Villa Rica á fundirse allí y marcar. Pobló el gobernador Valdivia esta cibdad á la ribera de un rio navegable y seguro, á donde los navios llegaban á surgir tan cerca de la barranca del rio á donde se fundó el pueblo, que las gavias llegaban á las ventanas, y para embarcar y desembarcar no era necesario batel, sino echar una tabla ancha y entrar y salir por ella. Hubo hombre que á caballo entró y salió de un navio. Es abundante de mucho monte de buena madera para edificios, que era el trato desta ciudad, donde habia muchos ingenios para sacar y aserrar la madera.

El suelo, para maíz abundante; el trigo se sembraba diez y doce leguas de la ciudad en unos llanos que llaman de Valdivia, donde acudia con abundancia; traíase al pueblo parte por tierra hasta el rio, de donde en canoas se proveia la cibdad. Agora 35 años, poco más ó menos, subcedió un temblor tan vehemente que asoló cinco cibdades deste reino: La Concepcion, Imperial, Villa Rica, Osorno, y esta Valdivia; y á un navio qu'estaba surto en este rio lo sacó y echó en tierra buen trecho de donde estaba, que nunca más se aprovecharon del y allí quedó como el arca de Noé en los montes de Armenia. Este rio procede de una laguna grande de la cordillera Nevada; desemboca por entre dos cerros; con el terremoto se juntaron los cerros y el rio quedó en seco por algunos años, hasta que creciendo la laguna emparejó y rompió por medio de los dos cerros, que se juntaron con tanta vehemencia y tanta agua, que robó mucha parte de los llanos arriba dichos, y se llevó mucha cantidad de naturales y la cibdad corrió algun riesgo, y desde entonces corre el rio por su madre como antes. Permaneció esta cibdad en mucha abundancia, así de oro como de comidas, hasta que agora cinco años, víspera de Sancta Catalina, por los pecados de los que en ella vivian. Nuestro Señor la castigó, enviando sobre ella muchos indios, así de los subjetos como de los de La Imperial, despues de la muerte del gobernador Loyola, y de noche los indios dieron en la cibdad y la entraron, saquearon y mataron todos los que en ella habia varones, y se llevaron más de trescientas mujeres mayores y menores, niños y niñas; robaron las tiendas v las iglesias y en las imágenes hicieron grandes crueldades, siendo todos baptizados y casados y ladinos, y los más ladinos mayores crueldades hacian en los nuestros, y más oprobios en las imágines, y hasta hoy no se han rescatado ni podido rescatar las mujeres, niños ni niñas, porque á los varones todos los han muerto; mas como Nuestro Señor castigó aquella cibdad, tambien castiga á los naturales porque se volvieron á las antiguas bestialidades de sus padres, matándose los unos á los otros, como lo hacen, así en borracheras como con ponzoña. Será muy dificultosa reedificarse aquesta cibdad por la falta de los naturales y aspereza de la tierra, y para nosotros ser infrutífera.

CAPITULO LXXIX

DE LA CIBDAD DE OSORNO

De Valdivia á Osorno, que la pobló don García de Mendoza, marqués de Cañete, de mucha y muy buena gente, ha veintidós leguas de camino; cuando se pobló era abundante la comarca de naturales que fácilmente, al parecer, recibieron la fe y comenzaron á rescebir la pulicía humana, vistiéndose como nosotros y acudiendo á las iglesias en sus pueblos con algun cuidado. El suelo era muy abundante para comidas y ganados. Muerto Loyola, tambien estos indios, aunque se habian disminuido mucho, que no llegaban á 8.000, se rebelaron, cercaron la ciudad y la entraron y quemaron las iglesias, y en las imágines hacian lo mismo que los de Valdivia; pusieron á la cibdad en mucho aprieto de hambre, y cuando la entraron y saquearon se llevaron una monja profesa de Sanct Francisco, y se la tuvieron allá algunos años, hasta que el capitan...[56] la sacó y la restituyó á su Orden. Estos indios, en un recuentro mataron al coronel Francisco del Campo, yendo por comidas para la cibdad de Osorno con otros españoles, como diremos; finalmente, en tanto estrecho pusieron á Osorno, que compelieron á todos los cercados, con el mejor órden que les fué posible, dejar el pueblo y despoblarlo y irse á la cibdad de Castro, que por otro nombre llaman Chilué, de quien luego diremos, treinta y cinco leguas, poco más ó menos, de Osorno; donde en el camino padecieron mucho trabajo de hambre, ciénegas, rios, y las pobres mujeres padescian más, porque algunas caminaban á pie. Los naturales de Osorno luego consumieron todo cuanto ganado ellos tenian, y lo que guardaban de sus amos, porque habia más de 400.000 ovejas de Castilla, más de 50.000 vacas, más de 40.000 yeguas y mucha cantidad de ganado porcuno, y en tan breve tiempo lo consumieron todo, que el dia de hoy, que no ha cinco años que se despobló Osorno, no se halla en el distrito una cabeza de ningun ganado. Consumiéronlo, porque si los españoles volviesen á reedificar á Osorno no hallasen que comer. Hicieron otra cosa en gran daño suyo; que no sembraron, y faltándoles las carnes faltóles las comidas, y sobre la hambre dieron en comerse unos á otros, y así se han consumido y acabado, que no hay hoy 2.000 indios; tomaban un cuarto de indio, echábanlo en el camino y emboscábanse; pasaban otros indios de ellos mismos, arrebataban la carne, salian los emboscados y matábanlos y comiánselos. En estas bestialidades y otras han caido por sus pecados, ya políticos ladinos, vestidos como nosotros, los más dellos ricos de todo género de ganados; ninguno sabia cultivar la tierra sino con bueyes que proprios tenian.

[56] En blanco en el ms.

CAPITULO LXXX

DE LA CIBDAD DE CASTRO

En cuarenta y dos grados de altura hay cantidad de islas, unas mayores, otras menores; unas más pobladas que otras, de á legua, de á dos leguas, entre las cuales hay una, la mayor, llamada Chilué, de tres leguas de largo y de siete ó ocho de circuito; fué muy poblada de naturales, donde los españoles poblaron una cibdad llamada Castro, á donde se recogieron los que vivian en Osorno. Esta isla, con las demás, no tienen suelo para trigo; dase poco y mal, por ser la costelacion muy lluviosa; para cebada es mejor y para papas, que son como turmas de tierra de Castilla, sino que se siembran á mano y crecen mucho, de á dos y tres libras, de razonable mantenimiento. Los ganados nuestros multiplican, no con tanta abundancia como en la tierra firme; es abudante de mucha madera, y dende esta isla al estrecho de Magallanes, que son doce grados, la tierra es muy áspera, la costa muy brava y sin puertos, poco poblada, aunque los que en ella viven son como gigantes. La isla es pobre de oro; plata, ni por imaginacion en ella se halla. Los años pasados, un pirata inglés, el tercero que desembocó por el Estrecho, llegó allí, saqueo el pueblo y mató al cura, un clérigo muy honrado y buen cristiano; predicando lo mandó arcabucear; sabido por el coronel Francisco del Campo, antes que le matasen como habemos dicho, salió de Osorno con cuarenta soldados, pocos más, y entró en Castro; vino á las manos con el pirata, matóle diez y ocho ó veinte luteranos; el pirata se escapó por la codicia de los soldados nuestros, que se ocuparon en robar lo que los luteranos enemigos habian robado. Algunos naturales de la tierra firme inquietan á los nuestros, por lo cual se ha puesto un presidio de soldados en un puerto veinte leguas de Castro, llamado Calermapo, con que se refrenan estos indios.

Y esto cuanto á los pueblos españoles deste reino de Chile.

CAPITULO LXXXI

DE LOS OBISPOS DESTE REINO