Descripción colonial, libro segundo (2/2)
Part 16
De la cibdad de Esteco á Santiago del Estero ponen cincuenta leguas, todas despobladas, á lo menos las cuarenta, porque á diez leguas della llegamos á dos poblezuelos de indios. Esta cibdad es la cabeza de la gobernacion y del obispado; es pueblo grande y de muchos indios; al tiempo de su conquista poblados á la ribera del rio, como los demás de la cibdad del Estero; ya se van consumiendo por sus borracheras. Son los indios desta provincia muy holgazanes de su natural; en los rios hallan mucho pescado, de que se sustentan: sábalos, armados y otros; saben muy bien nadar, y péscanlos desta manera, como lo[44] he visto: échanse al agua (los rios, como no tienen ni una piedra, corren llanísimos) ceñidos una soga á la cintura; están gran rato debajo del agua y salen arriba con seis, ocho y más pescados colgando de la cintura; débenlos tomar en algunas cuevas, y teniendo tanto pescado, no se les da mucho por otros mantenimientos; son borrachos como los demás, y peores; hacen chicha de algarroba, que es fortísima y hedionda; borrachos, son fáciles á tomar las armas unos contra otros, y cuando no, sacan su pie y fléchanselo. Son grandes ladrones; todos caminan con sus arcos y flechas, así por miedo de los tigres como porque salen indios á saltear, y por quitar una manta ó camiseta á un caminante no temen flecharle; los arcos no son grandes; las flechas, á proporcion; pelean casi desnudos. En toda esta tierra y llanuras hay cantidad de avestruces; son pardos y grandes, á cuya causa no vuelan, pero á vuelapie, con una ala, corren ligerísimamente; con todo eso los cazan con galgos, porque con un espolon que tienen en el encuentro del ala, cuando van huyendo se hieren en el pecho y desangran. Cuando el galgo viene cerca, levanta el ala que llevaba caida, y dejan caer la levantada; viran como carabela á la bolina á otro bordo, dejando el galgo burlado. Hay tambien liebres, mayores que las nuestras; son pardas, no corren mucho. Es providencia de Dios ver los nidos de los pájaros en los árboles; cuélganlos de una rama más ó menos gruesa, como es el pájaro mayor ó menor, y en contorno del nido engieren muchas espinas; no parecen sino erizos, y un agujero á una parte por donde el pájaro entra ó á dormir ó á sus huevos, y esto con el instinto natural que les dió naturaleza para librarse á sí y á sus hijuelos de las culebras. Es toda esta provincia abundantísima de miel y buena, la cual sacan á Potosí en cueros; es abundante de trigo, maíz y algodon, cuando no se les yela; siémbranlo como cosa importante, es la riqueza de la tierra; con ello se hace mucho lienzo de algodon, tan ancho como holanda, uno más delgado que otro, y cantidad de pávilo, medias de puncto, alpargates, sobrecamas y sobremesas, y otras cosas por las cuales de Potosí les traen reales. Críase en esta provincia la grana de cochinilla muy fina, con que tiñen[45] el hilo para labrar el algodon. Es abundante de todo género de ganado de lo nuestro, en particular vacuno, de donde los años pasados, porque en Potosí ó provincia de los Charcas iba faltando, lo vi sacar, y se vendia muy bien, y bueyes de arada, y se vendia la yunta á sesenta pesos. Caballos solíanse sacar muy buenos; ya se ha perdido la casta y cria, por descuido de los dueños, de tal manera que es refran recibido en toda la provincia de Los Charcas: de hombres y caballos de Tucumán, no hay que fiar; tanto puede la mala fama.
[44] En el ms., _le_. [45] En el ms., _tienen_.
El edificio de las casas es de adobes, como en las demás ciudades, sino que en estas dos, como la tierra es salitrosa, vase desmoronando el adobe, y cada año es necesario reparar las paredes. El rio es grande, y de verano se vadea, mas conviene mucho saber el vado, porque los rios desta provincia son de tal calidad que, si no es por donde se vadean cuotidianamente, y con la frecuencia del pasaje el suelo está fijo, por las demás partes, aunque el agua no llegue á la rodilla, se sume el caballo y caballero en el cieno. Es cosa de admiracion pisamos aquí, y tiembla más de diez pasos adelante la tierra cenosa, detrás y á los lados; padécese en esta ciudad mucho, por no haber molino ni poderse hacer, porque ya dijimos estos reinos ser de esa calidad; pasan por tierra arenisca, donde no se halla una piedra, ni se puede hacer ni sacar acequia dellos; á la primera avenida, allá va todo. Vino á Santiago un extranjero, estando yo en aquella provincia, y proferiase á hacer un molino, como en los rios grandes de Alemaña, en medio dél; escogió el lugar, conciértanse, y volviendo de ver el rio y lugar, en llegando á la ciudad, dánle unas calenturas que dentro de ocho dias se lo llevaron á la otra vida. Hay algunas atahonas, no son tres, mas los dueños muelen sólo para sus casas; si otro ha de moler, ha de llevar caballo propio; si no, quédese; hacen unos molinillos que traen á una mano, de madera, con una piedra pequeña traida de lejos; muelen á los pobres indios que las traen, porque para una hanega son necesarios tres indios de remuda; empero, el pan es el mejor del mundo.
A la mano derecha desta ciudad, á las faldas de la sierra, hay otra ciudad llamada San Miguel de Tucumán, pueblo más fresco y de mejores edificios y aguas.
CAPITULO LXVI
DE LA CIBDAD DE CÓRDOBA
Desta cibdad de Santiago á la de Córdoba, qu'es la última en esta provincia, hay pocas menos de noventa leguas, todas llanas, sin encontrar una piedra, y casi todas despobladas, porque en saliendo de un pueblo de indios, á quince leguas andadas de Santiago, hasta Córdoba, no se pida más poblado, si no es un poblezuelo de obra de doce casas, diez leguas ó poco más de Córdoba. Pobló esta cibdad y conquistó los indios que la sirven don Jerónimo de Cabrera, siendo gobernador; llenos los campos de avestruces, venados y vicuñas y demás sabandijas. En todas estas leguas no vi cosa digna de notar. El camino, carretero, y así caminé yo desde Esteco á esta cibdad, que son poco menos de 200 leguas, si no son más, y desde aquí se toma el camino á Buenos Aires, tambien en carretas, que son otras 200, pocas menos; toda la tierra llana, y en partes tan rasa que no se halla un arbolillo. El hato y comida se lleva en las carretas; las personas, en caballos; pero no se ha de caminar más de lo que los bueyes pueden sufrir, que es á cuatro leguas cada dia, y para cada carreta son necesarios por lo menos cuatro bueyes; pastos, muchos y muy buenos; agua, poca.
La cibdad de Córdoba es fértil de todas fructas nuestras, fundada á la ribera de un rio de mejor agua que los pasados, y en tierra más fija que la de Tucumán, está más llegada á la cordillera; danse viñas, junto al pueblo, á la ribera del rio, del cual sacan acequias para ellas y para sus molinos; la comarca es muy buena, y si los indios llamados Comichingones se acabasen de quietar, se poblaria más. Tres leguas de la cibdad, el rio abajo, en la barranca dél, se han hallado sepulturas de gigantes, como en Tarija. Los campos crian muchas víboras y hitas, que dél vienen volando á la cibdad en anocheciendo, como si no bastasen las que se crian en las casas; es abundante de todo género de ganado nuestro, y de mucha caza, venados, vicuñas y perdices. Hállanse en esta provincia de Tucumán unos pedazos de bolas de piedra llenos de unas punctas de cristal, ó que lo parece, labradas, transparentes, unas en cuadro, otras sexavadas; yo las he visto y tenido en mis manos; estas punctas están muy apeñuscadas unas con otras, y tan junctas como granos de granada; son tan largas como el primer artejo del dedo de en medio, comenzando desde la lumbre del dedo, y gruesas como una pluma de ansar con lo que escribimos; he dicho todas estas particularidades por lo que luego diré; estas bolas son tan grandes y tan redondas como bolas grandes de bolos; críanse debajo de tierra, y poco á poco naturaleza las va echando fuera; cuando ya (digamos así) están maduras, y un palmo antes de llegar á la superficie de la tierra, se abren en tres ó cuatro partes, con un estallido tan recio como un arcabuz disparado, y un pedazo va por un cabo y otro por otro, rompiendo la tierra; los que ya tienen experiencia dello acuden adonde oyen el trueno y buscan estos pedazos, que hallan encima de la superficie de la tierra; yo creo que, fuera destas punctas, hay en medio de la bola alguna cosa preciosa que naturaleza allí cria y no la quiere tener guardada. Aquellas punctas, si las labrasen lapidarios, deben ser de algun precio; allí no las estiman en cosa alguna.
CAPITULO LXVII
DE LOS GOBERNADORES QUE HA HABIDO EN TUCUMÁN DESDE EL MARQUÉS DE CAÑETE ACÁ
Los gobernadores que en esta provincia de Tucumán he conocido, el primero fué el general Francisco de Aguirre, que por Su Majestad la gobernó y acabó de allanar; varon para guerra de indios, bravo; vecino de Coquimbo, contra el cual ciertos soldados, y creo uno ó dos pueblos, se le amotinaron, tomando por cabeza á un Fulano Berzocana, soldado valiente, los cuales le prendieron; pero viniendo al Audiencia de La Plata envió el Audiencia un juez y hizo justicia del Berzocana y otros, y concluidos sus negocios en el tribunal del Audiencia y del reverendísimo de aquella cibdad, volvió á su gobernacion; despues por órden de la Santa Inquisicion salió á Los Reyes, de donde volvió á su casa á Coquimbo[46] y en Copiapó, pueblo de su encomienda, acabó la vida, dicen trabajosamente.
[46] En el ms., _Quoquimbo_.
Subcedióle Fulano Pacheco, que salió bien de su gobernacion; digo en paz, porque los tres que se siguen acabaron como diremos. A Pacheco le subcedió don Jerónimo de Cabrera, hermano de don Pedro Luis de Cabrera, á quien el marqués de Cañete, de buena memoria, embarcó para España, como arriba declaramos. Don Hierónimo era muy diferente en trato y condicion de su hermano, muy noble, afable, con otras muy buenas calidades de caballero. Amplió aquella gobernacion, porque pobló la cibdad de Córdoba y conquistó los indios de su comarca. En su tiempo comenzaron á comunicar los del Paraguay con los del Tucumán y los de Chile.
Subcedióle un caballero de Sevilla, Pedro de Abreu, dicen deudo suyo, empero enemigo capital, que desde España andaban encontrados los deudos de don Hierónimo con los de Pedro de Abreu, porque con don Hierónimo nunca habia tenido Pedro de Abreu que dar ni que tomar, ni le conocia; hóbose rigurosamente con don Hierónimo en la residencia, ó con testigos falsos, ó sin ellos, le cortó la cabeza por traidor, diciendo tractaba de alzarse con la provincia y tiranizarla, lo cual confesó don Hierónimo, dándole tormento sobre ello; oí decir á un Oidor de La Plata habérsele hecho mucha injusticia, pero quedóse degollado; sus hijos siguieron la causa y no fué dado en el Audiencia por traidor, por lo cual les volvieron los indios de encomienda y demás haciendas.
A cabo de pocos años á Pedro de Abreu subcedió el licenciado Lerma, el cual, procediendo en la residencia contra Abreu, le degolló. El licenciado Lerma, de los de Tucumán, unos le alaban, otros le vituperan; en cosa de justicia le tenian por buen juez; en otras, como desmandarse con palabras muy afrentosas contra los vecinos en presencia dellos, era demasiado. Este licenciado Lerma pobló á Salta, cosa muy importante para la quietud de Calchaquí; ya desto tractamos, y por quejas que habian ido contra él al Audiencia, yendo con socorro y de su hacienda á Salta para los que allí estaban, le encontró al alguacil mayor de los Charcas, que por órden del Audiencia le iba á prender y traer preso y que el gobierno quedase en los alcaldes, lo prendió y trujo á la cibdad de La Plata; el cual en seguimiento de su causa fué á España y miserabilísimamente y paupérrimamente murió en la cárcel de Madrid, sin tener con qué se le dijese una misa, y por amor de Dios pidieron á la puerta de la cárcel, allí puesto su cuerpo, para enterrarlo, á lo cual acertando á pasar por allí un religioso nuestro que de estos reinos habia ido á los negocios desta provincia, llamado el Presentado fray Francisco de Vega, que le conocia, preguntando quién era el difunto y diciéndole qu'el licenciado Lerma, ayudó bastantemente para que le enterrasen. Todas estas particularidades, parecerán menudas, he dicho para que se vean los fines desdichados destos tres gobernadores, y que es verdad: matarás, y matarte han, etc.
Al licenciado Lerma le subcedió Juan Ramirez de Velasco, caballero bien intencionado, el cual pobló dos pueblos de españoles en las faldas de la cordillera vertientes á Tucumán, el uno donde fué poblado los años pasados la cibdad de Londres, y se despobló por no se poder sustentar, á causa de ser los indios muchos y muy belicosos; el otro más adelante, á la misma falda de la cordillera; es tierra fértil y que produce abundancia de oro y plata; los indios agora no son tantos, por lo cual han sido fáciles de reducir; hanse consumido en guerras civiles unos con otros; el Inga los tuvo subjetos, y por la falda desta cordillera llevaba su camino Real hasta Chile; servíanle y tributábanle oro en cantidad, y de allí se lo traia acá al Perú; su capitan, con la gente de guerra, estaba en un fuerte recogida, y no salia dél sino era cuando algunos indios se le rebelaran; reducidos y castigados, volvíase á su fuerte; este caballero es bien[47] intencionado, dócil y que fácilmente recibe la razon y se convence; creo no le subcederá lo que á los sobredichos. Tomóle la residencia don Fernando de Zárate, caballero de hábito, vecino de La Plata y muy rico y de bonísimo entendimiento; no sé hasta agora más dél.
[47] Tachado: entendido.
En esta provincia hay algunos religiosos del Seráfico San Francisco, y en todos los pueblos tienen, desde Salta á Córdoba, conventos pequeños de uno ó dos religiosos; sólo en Santiago del Estero se sustentan cinco ó seis muy escasamente.
Pasando yo por esta provincia (y esto me compelió ir por ella á Chile) hallé seis ó siete religiosos nuestros, divididos en doctrinas; uno en una desventurada casa en Santiago; más era cocina que convento; es vergüenza tratar dello, y tenianle puesto por nombre Santo Domingo el Real; viendo, pues, que no se podia guardar ni aun sombra de religion en él, los saqué de aquella provincia; es cosa de lástima haya ningunos religiosos en ella, porque un solo fraile en un convento, y en un pueblo, ¿qué ha de hacer? un ánima sola, decimos, ni canta ni llora, y más en tiempos tan miserables donde las cosas van tan de caida. De Nuestra Señora de las Mercedes hay cual ó cuales religiosos, y esto de la provincia de Tucumán.
CAPITULO LXVIII
DEL REINO DEL PARAGUAY
A la parte del Oriente de toda la provincia de Tucumán demora (hablando como marineros) el Rio de la Plata; no sé la causa por qué le pusieron esto nombre; en él no se ha hallado una puncta, ni de oro; acá llamámosle el Paraguay; no le he visto, mas quien ha atravesado á todo Tucumán puede decir lo que della ha oído á españoles que cada dia salen á ella. Tiene algunas cibdades y grandes; la mayor y más principal se llama la Asumption, cabeza de aquel reino, con mucha gente, los más allí nacidos, mestizos y mestizas; los españoles meros son pocos. Abundante de mucho mantenimiento, caña dulce, cosas de azúcar muchas y muy buenas; vino bonísimo; fundada á la barranca del rio, que en muchos géneros y muy buenos de pescados es fértil, donde todos los allí nacidos, así varones como mujeres, desde niños se enseñan á nadar y nadan galanamente, y no es falta que las mujeres lo sepan, porque Platon en su _República_ queria que las mujeres supiesen pelear. La segunda cibdad el rio abajo, segun dicen 150 leguas, se fundó en nuestros dias por el capitan Juan de Garay, de nacion viscaino, hombre nobilísimo y muy tenido de los indios, llamada Sancta Fe; conocílo y tractélo en la cibdad de La Plata. El capitan Juan de Garay, viviendo en la Asumption, donde era vecino, en cabildo pidió le diesen algunos mestizos, allá llamados montañeses, y pocos españoles, que él queria aventurarse é irse el rio abajo con ellos, llenos de Chiriguanas caribes (y todos lo son, unos comen carne humana, otros no) á descubrir la tierra y ver si podia dar con la comarca de Tucumán, para comenzar á tener comercio con ella y con el Perú, y no estuviesen allí acorralados viviendo como bárbaros; porque si Nuestro Señor le diese ventura de comunicarse con Tucumán, y de allí con el Perú, entrarian unos y saldrian otros y les vernía quien les predicase, porque habia muchos años no oian sermon; diéronle la gente que pidió, y en barcos ó bergantines echóse el rio abajo; tuvo en el camino, por ir siempre á la ribera, muchos recuentros con los indios, que algunos dellos tienen esta calidad: cuando quieren que nadie entre en su tierra, so pena de la vida, toman un calabazo grande, y pasado con dos flechas ó tres y muy embijado, cuélganlo de un árbol; cuando no quieren hacer mal á los que entran en su tierra cuelgan una garza blanca, muerta, de un árbol. No es mal aviso para los comarcanos.
El capitan Juan de Garay, prosiguiendo su viaje, hallando buen sitio y comarca desembarcó en tierra y pobló esta cibdad de Santa Fe; con los indios no tuvo mucha dificultad en conquistarlos, y llanos, determinó caminar al Occidente la tierra adentro, por donde los indios le guiaban, diciendo haber españoles; siguiólos. A la sazon tambien de la cibdad de Córdoba habia salido otro capitan con gente hácia el Oriente, en busca del Rio de la Plata, que tambien los indios decian habia un rio caudalosísimo por aquella parte, poblado de indios, el cual los nuestros entendían no podia ser otro que el de la Plata, como lo era; fué Dios servido que los unos y los otros se encontraron, recibieron y hablaron amigablemente, y desde entonces se comunica el Rio de la Plata con Tucumán y Tucumán con el Rio de la Plata. De Santa Fe á Córdoba no hay más distancia de sesenta leguas, llanísimas, las treinta sin agua, si no es en medio del camino un pozo muy hondo; empero de allí sacan agua para las personas y los caballos y bueyes; el dia de hoy se frecuenta mucho este camino, y traen de Santa Fe bonísimo vino, y de la Asumption, porque como vienen el rio abajo llegan en breve á Santa Fe, y muchas cosas de azúcar y conserva bonísimas, como se hacen en Valencia.
Estando yo en Córdoba llegó allí un mercader con tres ó cuatro carretas cargadas de vino bonísimo y conservas, y le compré dos arrobas para mi viaje de allí á Chile, á quince reales de á ocho el arroba, y pasó con ello á Santiago del Estero, y estuvo determinado ir á Chile, donde las conservas y azúcar vendiera muy bien. Salieron de la Asumption pocos años ha, no son ocho, á poblar el rio llamado Bermejo, donde sin dificultad los indios, que son muchos, se redujeron; son los más ingeniosos que se han hallado en estas partes; tienen buenas casas, á dos aguas; hacen arcos de madera de medio puncto, como si á compás los sacasen; vi en Santiago del Estero una muchacha que, sin haber tomado aguja en su vida en la mano, labraba como si desde que nació se hubiera criado labrando.
El Rio de la Plata, antes de llegar á este rio Bermejo, en el camino hace un salto que por debajo dél es el camino real, por donde pasan á caballo y las carretas sin riesgo alguno; más arriba están poblados, y de antiguo, dos pueblos de españoles que ha muchos años no tienen sacerdote, fundados en tierra calidísima; los hombres allí andan y traen las caras amarillas como los de Santa Marta en el reino de Tierra Firme.
Solíase caminar desde el Brasil al Rio de la Plata en el paraje de la Asumption (digo venia el camino á salir frontero ó poco más arriba de donde está poblada la Asumption), distancia de docientas leguas, por tierra poblada y no mal camino; yo he visto hombres en la provincia de la Plata que desde el Brasil, con otros, vino hasta Asumption; agora no se camina; los indios han cerrado el camino por los malos tractamientos de los nuestros.
Es la provincia del Rio de la Plata abundantísima de todo género de mantenimientos, así de la tierra como nuestros, y para cañas de azúcar fertilísima; antes que entrara allá un Andrés Martín, que conocí en la cibdad de La Plata, no se aprovechaban ni hacian miel de las cañas, sino del azúcar que reventaba como resina dellas; agora de todo se aprovechan; si como es abundante y fértil de mantenimientos lo fuera de oro ó plata, era la mejor provincia del mundo, pero Nuestro Señor no puso el oro ni la plata sino en tierras inhabitables; el oro por la mayor parte por el calor y la plata por el mucho frio, porque los hombres se contentasen con poco; mas la soberbia humana y cobdicia, lo inhabitable, como haya oro ó plata, lo hace habitable.
Es la tierra abundante del mal francés, y proveyóles Nuestro Señor del palo que llaman sancto, en mucha cantidad; hay pocos médicos; púrganse de las demás enfermedades con el agua de un pescado que en ella cuecen, y el pescado sirve como gallina el dia de la purga, aunque tienen abundancia dellas. Los indios son todos Chiriguanas, más tractables que los de la provincia de los Charcas; no comen carne humana, pero hablan la misma lengua; son así bien dispuestos y valientes; son grandes holgazanes, como los demás, y la fertilidad de la tierra les[48] hace no acudan á las cosas de la fe como les era necesario. Admirado desto, diciéndomelo un padre de San Francisco que salió de aquella provincia á Esteco, estando yo allí y visitándolo, me dijo no me admirase, porque en apretando á los indios un poco á la doctrina, con sus mujeres y hijos se van veinte leguas y más de la cibdad, y tan buena tierra hallan allí y tan fértil como en la cibdad ó en sus pueblos, y como uno destos tenga una víbora de cascabel que comer, tiene muy buena comida y cena, y no ha menester más, las cuales fácilmente las cazan, y no las temen, que no temerlas parece barbaridad. Castigaron los viejos conquistadores y criaron en mucha policia á los montañeses y á los meros españoles, como á ellos los criaron sus padres. Ningun muchacho habia de hablar, ni cubrir cabeza, ni sentarse delante de los viejos, aunque tuviesen barbas, ni los viejos al más estirado llamaban sino tú, cuando mucho un vos muy largo. A los montañeses enseñaban primero á leer, escribir y contar; luego les daban oficio, y á lo que más se inclinan es á herreros, y son primísimos oficiales; son grandes arcabuceros, flecheros y nadadores, recios hombres á caballo; andando en la guerra, luego quitan las calzas y zapatos y desnudan los brazos; ya han perdido esta policia, muertos los viejos, y son la gente más mentirosa del mundo, y como un hombre no tracte verdad, no le pidan honra.
[48] En el ms., _los_.
Esta provincia tiene muchos árboles de la tierra, fructales, más que Tucumán, y mejor madera para las casas, y el temple, como el rio va declinando más á la mar, se va subiendo á este nuestro polo, y así es más fresco. Sancta Fe está en treinta grados y Buenos Aires en treinta y siete, donde yela y nieva como la altura lo pide.
CAPITULO LXIX
DEL PUERTO Y PUEBLO DE BUENOS AIRES
El puerto de Buenos Aires, de pocos años á esta parte se ha tornado á poblar, respecto de la contratacion que hay del Brasil con el Rio de la Plata y Tucumán; dicen distar de la boca del rio treinta leguas, ó pocas menos. No tiene servicio de indios, que si lo tuviera hobiera crecido mucho, y por esta razon se despobló este pueblo de Buenos Aires lo mismo que la fortaleza llamada de Gaboto. Tiene el rio por aquí más de tres leguas de ancho, y la boca más de diez; cuando se despobló no pudieron los españoles traer consigo particularmente los caballos y yeguas sin que dejasen algunos.