Descripción colonial, libro segundo (2/2)

Part 15

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Los soldados que fueron con el alferez Buitrago á buscar la comida susodicha, porque no la hallaron á donde pensaban, que era en las casas de Malope, el que trocó el nombre con el Adelantado, diciéndoles que en otro pueblo, á vista de donde estaban, la hallarian, partieron para allá, y llegando á un paso estrecho salieron á ellos muchos negros, flechándolos, y ellos se retiraron con buen órden, sacando los enemigos á lo llano, donde con los arcabuces hirieron y mataron muchos; los demás huyeron y los nuestros entraron en el pueblo, donde hallaron muy poca comida, y volviendo al pueblo donde dejaron á Malope, creyendo habia sido lo subcedido traza suya, le mataron y los demás cuatro ó cinco que con él estaban, lo cual sabido por el Adelantado le pesó mucho de la muerte de Malope. Al cabo de cinco ó seis dias dió al Adelantado una calentura acompañada de gravísima tristeza, de la cual murió dentro de siete ó ocho dias; murió tambien el padre Serpa, espantado de la muerte del alferez Buitrago, dentro de tres dias que subcedió, recebidos los sanctos Sacramentos, con muchas muestras de gran cristiano. Sintióse mucho su muerte, porque ya no quedaba más que otro sacerdote, que era vicario.

CAPITULO LIX

[DE CÓMO LOS NUESTROS LLEGARON Á LAS ISLAS FILIPINAS Y LUEGO VOLVIERON AL PERÚ]

Muerto el Adelantado, quedó en su lugar por capitan don Lorenzo y doña Isabel Barreto, mujer del Adelantado, á quien se obedecia en todo. En el pueblo crecian las enfermedades y muertes, falta de comidas y abundancia de armas que los negros daban, hiriendo á los nuestros; lo cual visto por don Lorenzo salió á castigarlos con poca gente, doce ó catorce soldados, que los demás estaban enfermos. Salió á los pueblos comarcanos, y los negros salieron á ellos y á don Lorenzo dieron un flechazo y á otros tres ó cuatro, y así se volvió al pueblo.

La herida fué en una pierna, tan subtil y pequeña como si le picaran con un alfiler; empero el dolor le fatigaba mucho, porque la flecha era de yerba. Al fin, visto que se iban consumiendo, con parecer de todos fué acordado dejar aquella mala tierra y buscar otra más cercana de cristianos. Tomado parecer de los pilotos, dijeron la más cercana ser la China; empero, que no tenian los navios aparejos para ir allá. En este mismo tiempo se determinó enviar la galeota á buscar el Almiranta, y que si no la hallase dentro de cuatro dias, se volviese. Partió la galeota y al parecer á quince leguas de la bahia hallaron cuatro ó cinco islas bajas, todas llenas de platanales y palmas muy grandes, y algunos buhios en que los negros tenian sus mujeres y hijos recogidos; llegóse la fragata á tierra y saltó la gente toda en ella; los negros, mostrando amistad, salieron con alguna comida y un tiburon asado en barbacoa; un soldado, entrando en un buhio, halló que en él habia mucha gente escondida, mujeres y niños; avisó al capitan, el cual pretendió hacer presa en ellos; empero los negros defendian sus hijos é mujeres, pero no pudieron tanto que no les tomasen diez ó doce muchachos y muchachas, con los cuales volvieron al puerto, no poco tristes por no hallar rastro de la Almiranta dentro del tiempo señalado; llegados á tierra, preguntando por la salud de los enfermos, _supieron_ que muchos eran ya muertos y don Lorenzo estaba expirando del flechazo, del cual murió; antes que muriese pidió confesion; trújosele al vicario, que se habia recogido á la Capitana por miedo de la muerte, mas allí le salteó y así enfermo en una silla le trujeron para que confesase á don Lorenzo, á quien confesándose le dió un parasismo y otro al vicario, al cual sin habla llevaron á una casa donde se le hicieron algunos regalos con que volvió en sí; empero el capitan dió aquella tarde el ánima á Dios, el cual sepultado se dió órden que los pocos que quedaron vivos se embarcasen y fuesen en busca de las Filipinas, porque en tierra no se podian defender de los naturales; estuvieron siete dias embarcados, tomando agua y leña y los más plátanos y cocos que pudieron coger, y con este matalotaje y desgraciado subceso, por no haber poblado en las primeras islas que descubrieron, se hicieron á la vela en la Capitana, fragata y galeota, y dentro de pocos dias llegaron á las Filipinas, _de_ donde algunos volvieron al Perú, de quien supe lo referido. Lo más que les subcedió no es de mi intento tractarlo.

CAPITULO LX

SOLA UNA DESGRACIA LE SUBCEDIÓ AL MARQUÉS

Habia sido el Marqués uno de los caballeros dichosos de nuestras edades, si todos estos buenos subcesos no se le aguaran con la muerte de la ilustrísima y cristianísima marquesa, que dejó enterrada en Cartagena, lo cual en estos reinos dolió mucho; empero, llevóla Nuestro Señor á gozar del cielo, donde tiene otro mejor y más perpétuo marquesado, y al Marqués con próspero viaje á España, sin borrasca, ni tormenta, ni cosa que les diese pena, la flota llena de plata, así de Su Majestad como suya y de particulares, donde Su Majestad le recibió muy alegremente haciéndole mucha merced, y le hará más, por sus méritos y partes y virtudes tan excelentes, cuantas en nuestros tiempos junctas no se hallan en un supuesto, ni en los pasados en muchos. Tiene bonísimo y galano entendimiento, como quien nació para mandar y gobernar. Con señores, es señor; con caballeros, es caballero; con capitanes, es capitan; con soldados, es soldado, y, finalmente, con todos estados se sabe acomodar muy bien; amigo de hacer bien á todos, y en particular de casar huérfanas; dió renta é hizo merced en nombre de Su Majestad al hospital de San Andrés, de los españoles, á quien dejamos dicho, su padre, de buena memoria, dió mucha limosna de su hacienda. Esto en breve, que es más recopilacion[37] de historia que historia, habemos dicho, dejando á los que son dotados de más facundia y mejor estilo que el nuestro para que sus libros se enriquezcan con las obras heroicas del Marqués, y esperamos que Su Majestad le hace mercedes muy copiosas[38].

[37] Tachado: que. [38] Siguen ocho líneas tachadas é ilegibles.

CAPITULO LXI

DEL ILUSTRÍSIMO ARZOBISPO DE MÉXICO

Dentro de breve tiempo qu'el Marqués de Cañete entró en la cibdad de Los Reyes, vino á ella por órden de Su Majestad el ilustrísimo Arzobispo de México, á la sazon en la misma cibdad Inquisidor, el licenciado don...[39] de Bonilla, varon integérrimo en todo género de virtud, y no de pequeña penitencia y oracion, como su vida y ejemplo son bastantísimos testigos; de bonísimo y claro entendimiento, y de prudencia admirable; amado grandemente de todo el reino por su mucha virtud, y temido por la mucha rectitud que en su vida se conoce; amigo y favorecedor de los que administran justicia, y de los que son en contrario, que conciernan á su tribunal, con gran cordura castigador. Proveyóle Su Majestad, siendo fiscal de la Inquisicion en México, conociendo todas estas partes y calidades suyas, para que visitase la Real Audiencia desta ciudad de Los Reyes y para que tomase cuenta á los oficiales reales, á quien habia muchos años ni se visitaban ni tomaban cuentas, y asimismo á otros muchos, como al cabildo de la ciudad y escribanos; á quien Su Majestad, muy servido de lo que ha hecho y hace, le hizo merced de la Silla metropolitana de México, con esperanzas que á mayor dignidad le ha de sublimar. Ha hecho y hace su oficio con tanta rectitud y cristiandad cuanta se esperaba; ha condenado y privado á algunas personas, y ha sacado á luz muchas cosas tocantes á la Hacienda Real que estaban solapadas, y aunque á algunos les parece va muy despacio y desean verle fuera destos reinos, son hombres interesados y culpados en cosas que le están encomendadas; los demás no le querrian ver fuera del reino. Luego que Su Majestad le hizo merced del arzobispado, no quiso gozar más del salario de Visitador, contentándose con la renta del arzobispado, porque no es persona que tracta de riquezas temporales, sino de las eternas y del cielo. Este capítulo en breve me pareció engerir aquí como cosa importante y que pertenecia tractar della, por haber venido el ilustrísimo de México en estos tiempos á este reino con oficio en el cual ha servido mucho, mucho, á Dios Nuestro Señor y á su Rey, y esperamos les hará más servicios.

[39] En blanco en el ms.

Como los hombres seamos mortales y nuestras vidas dependan de quien es la vida por esencia, fué Nuestro Señor servido llevársele para sí de una enfermedad que casi no fué conocida de los médicos; procedióle de que siendo quebrado y no viviendo con tanto recato de la quebradura, se rompió más de lo acostumbrado, y salieron las tripas, de suerte que no fué posible, con los remedios que se hicieron, volverlas á su lugar. Hizo su testamento, y está enterrado en nuestro convento de Los Reyes, adonde dejó cuatro mil pesos de limosna: hiciéronsele sus obsequias con la pompa requisita, con no poco dolor de todo el pueblo, y más del Virrey don Luis de Velasco, que en todas cosas le consultaba para el bien del reino; diósele sepultura en la capilla[40] principal, junto al altar mayor, en medio de otros dos Obispos que allí están enterrados.

[40] Tachado: _mayor_.

Con lo hasta aquí tractado nos parece haber concluido con la brevedad posible dejando escriptos los caminos desde Quito á Talina, y lo demás digno de memoria subcedido en tiempo de los Virreyes que han gobernado los reinos del Perú, desde el marqués de Cañete, don Hurtado de Mendoza, de buena memoria, hasta don García de Mendoza, su hijo, subcesor en el marquesado; todo lo cual, á lo menos la mayor parte, habemos visto ó sabido por relaciones verdaderas, que es lo menos que en estos ringlones dejamos á esta escritura encomendado, porque no quedase anegado en el profundo del rio del olvido.

A don García de Mendoza subcedió don Luis de Velasco, caballero del hábito de Santiago, mudado del Virreinato de México al del Perú, cuyos hechos, virtudes y buen gobierno dejamos que lo traten otros, donde tendran bien que extender las alas de sus ingenios; y porque tambien habemos visto la gobernacion de Tucumán y de Chile, tractaremos con brevedad lo visto y sabido.

CAPITULO LXII

DEL CAMINO DE TALINA Á TUCUMÁN

Llegamos en lo que atrás dejamos escripto al último pueblo y términos del Perú, conforme á la division de los obispados, que es á Talina, pueblo de los indios Chichas, desde el cual, siete leguas más adelante, está un arroyo y paredoncillos llamados Calahoyo, desde donde comienza la jurisdiccion, conforme á la jurisdicion eclesiástica, de Tucumán. El primer obispo desta provincia, el reverendísimo fray Francisco de Victoria, de quien habemos tractado, entrando á su iglesia, aquí[41] tomó la posesion, y por esto decimos que es de la jurisdicion de Tucumán cuanto á lo eclesiástico.

[41] En el ms., _á que_.

Desde aquí al primer pueblo de españoles de la provincia de Tucumán, llamado Salta, fundado en un valle muy ancho y espacioso, del propio nombre, de buen temple, con su invierno y verano al revés de España, se ponen más de cien leguas, todas despobladas, á lo menos por el camino que yo fuí siendo provincial de aquella provincia y de la de Chile, que por dar órden en ciertos frailes nuestros que allí estaban me fué forzoso desde la ciudad de Lima tomar este camino por tierra. Empero al presente, despues que la provincia de Omaguaca, que confina con los Chichas, y en el traje no se diferencian dellos, se ha reducido y admitido sacerdotes, vase por un camino más poblado, donde hay tambos á sus jornadas y en algunos servicio.

Esta provincia de Omaguaca es fértil de todo género de mantenimiento, y de oro, ovejas de la tierra. Sirvió á la ciudad de La Plata y estuvo repartida. Yo conocí algunos encomenderos que tenian sus repartimientos en ella, mas como se rebelaron no habian dellos algun provecho, ni alguno tienen ya reducidos. La causa por que estos indios se rebelasen, no la sé; por ventura, por se ver lejos de la ciudad de La Plata, que dista della más de noventa leguas; contra los cuales salió un vecino della con soldados, llamado Pedro de Castro, hombre de muy buenas partes, pero matándole en una guazabara, los soldados, sin cabeza, saliéronse, y así se quedaron junctamente con otros sus confines, llamados los Casavindos y Cochiñocas. Pero habrá siete años qu'el principal curaca desta provincia, cuando iba á Tucumán, llamado Viltopoco, envió algunos indios principales á la Audiencia de La Plata, pidiendo queria servir y pagar moderado tributo, poblar los tambos que hay de su tierra á Talina, dar en ellos al precio que en Talina gallinas, carneros de Castilla y de la tierra, para cargas, maíz, y lo demás, como en los tambos del Perú, y darian indios para las minas de Potosí, _y_ admitirian sacerdotes, con tal condicion que no habian de tener otro encomendero que á Su Majestad. La Real Audiencia admitió el partido, é yo, llegando á Talina, me detuve allí algunos dias esperando el sacerdote señalado, que si viniera me fuera con él por ahorrar de tanto despoblado y riesgo de algunos indios de guerra, mas Nuestro Señor fué servido llegase en salvo á Salta; ya el dia de hoy se entra y sale por aquel camino, y los indios han cumplido lo que prometieron; yo llegué á Salta, y en todo el camino no vi cosa digna de ser escrita, si no es, á tres ó cuatro jornadas de Talina, unas salinas en despoblado, las más famosas que creo hay en el mundo; es un valle que debe tener más de tres leguas de ancho, y de largo, segun me informé, más de quince; la sal más blanca que la nieve, de la cual se aprovechan los indios Casavindos y Cochiñocas y los de la provincia de Omaguaca; de lejos, con la reberveracion del Sol, no parece sino rio, y á los que no la han visto espanta, pensando han de pasar un rio tan ancho; llegados, admira ver tanta sal; los que iban por aquel camino á Salta llevaban alguna, por ser aquella provincia falta della. Llegado á Salta hallé allí al Gobernador Juan Ramirez de Velasco, y sabiendo que Viltopoco se habia reducido al servicio de Su Majestad, envió un capitan con diez soldados bien apercebidos á tomar la posesion de aquella provincia por su gobernacion, los cuales llegando y por Viltopoco sabida su venida, les dijo se volviesen á Tucumán, donde habian salido, porque no habia de ser subjecto á aquella gobernacion, sino á la Audiencia de los Charcas; donde no, los haria matar á todos. El capitan y soldados tuvieron por bien volverse á Salta, estando yo presente en el pueblo cuando fueron y volvieron; no creo dista Omaguaca de Salta treinta leguas.

Llegando á Omaguaca, poco menos de doce leguas está un valle muy fértil de suelo, pero no poblado de pueblos, llamado Jujui, donde habrá siete años quel mismo gobernador Juan Ramirez de Velasco pobló un pueblo de españoles que para la paz de Omaguaca, si se quisiere tornar á rebelar, y para la quietud de Salta por respecto de los indios de Calchacuy, fué muy necesario, el cual en breve tiempo ha crecido mucho, y los padres Teatinos tienen allí ya una casa, y para el poco tiempo que ha se pobló, rica de ganados y estancias. Es el mismo temple quel de Salta; á siete leguas dél envió allí á poblar con título de teniente de gobernador y capitan, á don Francisco de Argaranaiz, de nacion vizcaino, vecino de la cibdad de Santiago. El un[42] valle y el otro son abundantísimos de comida, trigo, maíz, aves, carneros, vacas, y todas fructas nuestras, viñas, de donde el dia de hoy hacen vino; tienen las plagas que hay en toda la provincia de Tucumán, que por no tornarlas á referir son las siguientes: frio á su tiempo, que es desde Mayo hasta Octubre, insoportable y sequísimo más que el de Potosí, y principalmente los tres meses Junio, Julio y Agosto; calor al verano de dia y de noche, y más en Diciembre, Enero, Febrero y Marzo. Las hitas que dijimos haber en la provincia de Los Charcas, grandes y asimismo pequeñas en gran cantidad; en el verano mucho mosquito de los zancudos y rodadores; moscas en este tiempo son innumerables, y de tal calidad, que si se acierta á tragar una en la comida, revuelve de tal manera el estómago que hace lanzar hasta la viva sangre, por lo cual, en las cocinas, sobre el fuego, están dos indios con sus aventadores ahuyentando las moscas. Es así que en la cibdad de Esteco una mujer de un vecino tenia en su casa un soldado enfermo (en esta provincia no hay yerbas medicinales ni médicos, sino abundancia de lechetrezna, que es poco menos que tóxico), y no mejorando tomó dos moscas, desleyólas en una escudilla de caldo de ave y sin decirle alguna cosa diósela á beber. Purgó tan bien con ella, que dentro de pocos dias sanó; esto yo lo pregunté á la misma que dió la purga. Es abundante de tres géneros de víboras de las de cascabel, y de otras más pequeñas, como las de España, y de otras llamadas volantines, porque abalanza más de diez pasos á picar. Proveyó Dios en esta provincia de unas culebras pequeñas que no hacen daño alguno, antes son provechosas, las cuales tienen dominio sobre las víboras, de tal manera que en viendo la víbora de cascabel á esta culebra, luego se vuelve boca arriba, y llegando esta culebra la degüella y mata; así lo afirman los nuestros que viven en aquella region.

[42] En el ms., _una_.

Críanse culebras grandes de las que llaman bobas, y otras, _y_ moscas que en asentándose sobre la carne la dejan llena de gusanos. Vientos al ivierno recísimos, sea Sur ó sea Norte, que son los que dominan en esta provincia y que parece andan en competencia uno un dia, otro otro; al verano cualquiera destos vientos es fuego. Pedriscos frecuentes, y de tal manera, tan recios y de piedras grandes, que no se atreven á hacer atechadas[43] las casas, si no es cual ó cual; cúbrenlas con unos terrados de más de una tercia de grueso, muy bien pisados con pisones, un poco corrientes porque no haga canal el agua; es tierra en partes montañosa y muy llana, los árboles infructíferos, llenos de espinas; los más son algarrobos; empero, no se come la fructa sino de unos que se aparran por el suelo; los otros son crecidos como encinas. Los campos son abundantes de estos animales ponzoñosos, por lo cual en apeándose el pasajero ha de mirar dónde pone los pies; hay lagartos de sequera tan grandes como los que dijimos producia la tierra Chiriguana; matamos uno en una dormida; Dios nos libró dellos; admirónos cuando le vimos; era tan grande como un caimanillo, y es cierto que se alborotó el alojamiento como si vinieran sobre nosotros indios de guerra. Es muy falta de agua, como lo son las tierras llanas, y las aguas de los rios malas, gruesas y salobres, á las riberas de los cuales son los pueblos de los indios y de los españoles; en la tierra que es montañosa se crian leoncillos y tigres en cantidad, que no dejan de noche dormir á los caminantes con sus bramidos. Los tigres son dañosos si no ven candelada. Los indios para guarecerse dellos en los caminos que hay montaña, sus dormidas tienen en los árboles, á los cuales suben por unos escalones hechos á mano en los mismos árboles, con hachas cortando, donde ponen los pies para subir y descendir.

[43] Tachado: cúbrenlas.

El suelo de toda esta provincia es salitre y mientras más cavan, más salitroso, por lo cual todas las fructas nuestras (que de la tierra ninguna vi) son de bonísimo sabor, y las hortalizas; mas los árboles duran poco. En toda esta provincia se dan viñas, membrillos, granadas, manzanas, etcétera; el vino que se hace dura muy poco, porque se vuelve vinagre.

Los rios desta provincia, particularmente el de Esteco y el de Santiago del Estero, al ivierno son como el Nilo, salen de madre y extiéndense por aquellas llanadas regando la tierra, que allá llaman bañados, y aquel año es más abundante que hay más bañados; aran y en ellos siembran; los campos y llanos son espaciosísimos, porque así como estando en alta mar no vemos sino cielo y agua, así en aquella provincia de Esteco para adelante no vemos sino cielo y llanuras, y éstas corren más de 400 leguas sin que se halle ni se vea un cerrillo, ni casi una piedra. Camínanse todos estos llanos y caminos en carretas, las cuales no llevan una puncta de hierro, ni los caballos gastan mucho herraje, por ser tierra fofa.

CAPITULO LXIII

DEL VALLE DE SALTA, COMARCA Y CALCHAQUÍ

Volviendo á proseguir nuestro camino y description de la provincia de Tucumán, de Jujui se llega en una jornada al valle de Salta y pueblo del mismo nombre, de españoles, muy moderno, aunque más antiguo que el de Jujui; valle espacioso, alegre, de buenas aguas; por estar más á la cordillera participa de algunas sierras llenas de arboleda.

El asiento es bueno y llano; es abundante de las plagas que acabamos de decir. Poblólo el licenciado Lerma, gobernador de aquella provincia, para freno, como lo es, de los indios de Calchaquí; danse en él todos los árboles fructales nuestros y viñas, mucho maíz y trigo. A un lado al Poniente le demora la provincia de Calchaquí, indios belicosos; el vestido es como el de los Omaguacas y Chichas; los indios, con manta y camiseta; las indias, unas camisetas largas hasta los tobillos; no hay más vestido. Estos indios por dos veces se han llevado dos pueblos de españoles, y esta última, habrá doce ó catorce años, por órden de don Francisco de Toledo, el capitan Pedro de Zárate fué con sesenta hombres, pocos más, á reducirlos; tenia allí cerca indios de encomienda, pero alzados; fueron con él algunos vecinos de la cibdad de La Plata, que tambien tenian allí sus repartimientos y habian servido; llegó allá, pobló; parecióle tener poca gente para sustentarse; dividióse, saliendo con la mitad á Tucumán á pedir favor; visto por los indios, dieron en los otros treinta que habian quedado en el pueblo, y aunque se defendieron bravamente, como eran pocos los mataron á todos; no se escaparon tres á uña de caballo. Esta provincia de Calchaquí es tierra alta; es sierra faldas de la cordillera grande deste reino del Perú, que Norte Sur le atraviesa hasta el estrecho de Magallanes. Es rica de oro y plata; cuando se les antoja sirven un poco de tiempo al pueblo; cuando no, vuélvense á las armas.

Eran muchos; agora son pocos, porque las guerras civiles entre ellos los han consumido. Llegando yo á Salta los vi allí, y un mestizo criado entre ellos, entre otros indios con quien traian guerra. El mestizo acaudillaba aquellos con quien se habia criado y tenia tan avasallados á los Calchaquis, que les forzó á venir á pedir favor á Juan Ramirez de Velasco contra el mestizo, y si se lo daban le sirvirian en Salta. Salió Juan Ramirez con la gente que le pareció bastante, y en breve á los unos y á los otros redujo, prendió al mestizo, trújolo á Salta, donde le vi; no sabia nuestra lengua, porque no la habia oído; agora no sé cómo están.

CAPITULO LXIV

DE LA CIBDAD DE ESTECO

Del valle de Salta dista la cibdad de Esteco, así llamada la tercera en órden, de Tucumán, cincuenta leguas de buen camino carretero: es abundante de mantenimientos y de fructas de las nuestras; en especial las grandes son de las buenas del mundo; edificada á la ribera de un rio grande que en verano sólo se vadea. Los vecinos estaban descontentos del asiento, porque la madre del rio es arenisca y no pueden hacer molinos en él, y tractaban mudarse, como dicen se han mudado, casi 25 leguas más hacia Salta, á un asiento mucho mejor, del mismo temple y más fresco, llamado Palca Tucumán, donde el rio Grande, como de un arroyo que tienen á la falda de un cerro, se pueden sacar acequias y hacer molinos, y para acabar de pacificar unos indios de aquella provincia, belicosos, llamados Lules, es asiento mucho más cómodo; si á este asiento se han mudado, será pueblo muy regalado, fresco y muy sano, donde para el edificio de las casas tienen mucha madera, y el suelo no salitroso, piedra para hacer cal y buena tierra para teja.

El un suelo y el otro es abundante de pastos, y este segundo mucho más, y para ganados mejor qu'el de Esteco, y está veinticinco leguas más cerca del Perú.

CAPITULO LXV

DE LA CIBDAD DE SANTIAGO DEL ESTERO