Descripción colonial, libro segundo (2/2)
Part 14
Aunque arriba brevemente tractamos del descubrimiento primero que hizo Alvaro de Mendaña, gobernando los reinos del Perú el licenciado Castro, y el segundo de que agora tractaremos, gobernando don García de Mendoza, marqués de Cañete; despues hube á mis manos una relacion larga de lo subcedido en este segundo viaje, la cual abreviaré todo lo posible. Dos años, poco más ó menos, antes que don García de Mendoza, marqués de Cañete, acabase de gobernar, despachó por órden de Su Majestad del Rey Filipo Segundo, que goza del cielo (aunque contra su voluntad) á Alvaro de Mendaña con dos navios grandes y una galeota y fragata, á que volviese á descubrir é poblar las islas que antes habia descubierto, que llamaron de Salomón, y á una muy grande que pusieron por nombre Guadalcanal. Llevaba el Adelantado por almirante á Lope de la Vega, y por capitan de la gente que se hizo en Lima á don Lorenzo, su cuñado, y por maestre de campo á Merino. Llevaba consigo casi 600 personas, soldados marineros, hombres casados y gente de servicio; muchos bastimentos, piezas de artilleria y municiones bastantes; todos se embarcaron en el puerto de Zaña, y porque allí no hubo cómodo para hacer aguada, bajaron á Paita, donde la hicieron, y hecha, siguieron su derrota procurando ponerse en el altura del Callao en doce grados desta parte acá de la línea y polo Antártico, y dentro de 38 dias que partieron de Paita, antes que anocheciese descubrieron una isla, al parecer quince leguas de donde se hallaron. Fué grande la alegría que todos recibieron, y al amanecer se hallaron como cinco leguas della, y la mar cubierta de canoas pequeñas y mayores de que se aprovechan los indios;[32] llegáronse cerca dellos, que hacian mucha algazara y muestras de espanto, los cuales, llegándose á los navios, y particularmente á la galeota, entraron muchos tan crecidos y dispuestos, aunque desnudos, que les parecian gigantes; pretendieron tomar la galeota, mas los soldados que iban dentro fácilmente los rebatieron y echaron fuera; tambien quisieron entrar en los navios grandes, y se les consintió en la Capitana; entraron admirados de ver gente vestida y en navios tan grandes; subcedió allí que uno destos naturales tomó un perrillo de falda en las manos, y luego como que jugaba con él se lanzó á la mar, zabulléndose debajo del agua, y salió más de dos tiros de arcabuz adelante con el perrillo en la mano, y se embarcó en una canoa de las suyas; desde allí este indio, con otros muchos en sus canoas, hacian señas á los nuestros que fuesen á ellos, enseñándoles como con la mano otras islas, por donde se entendió que no eran todos de la que solamente hasta entonces se habia descubierto; empero, como la intencion del Adelantado fuese ver aquella isla y tomar puerto en ella, declinó el piloto sobre ella y descubrió una playa, al parecer deleitosa, poblada de muchas casas, y cerca dellas gran cantidad de platanales, palmas y otros árboles fructales. En esta playa se descubrió una ensenada con rios y muchas casas y mayor concurso de gente que se ponian á defender el puerto, el cual no se tomó por ser el viento contrario, y visto no se podia tomar, el Adelantado mandó disparar una pieza de artilleria y arcabuceria, que oído el trueno no paró natural en la mar ni en la costa, y como no se pudo surgir en este puerto prosiguieron adelante en demanda de otras tres islas que á diez ó doce leguas se descubrian, una dellas mayor que las otras. Otro dia al amanecer se hallaron como dos leguas cerca della, de donde salieron muchas canoas con muchos indios tambien desnudos, y entre ellas una muy grande, encima de la cual estaba armada una barbacoa en la cual cabian setenta hombres, sin los que iban remando por banda, y así como los pasados se admiraban de ver gente nueva, lo mismo hacian éstos; usan arco y flecha de palma, y macanas y piedras, que tiran con tanta fuerza que doquiera que alcanzan no es necesario otro golpe; los navios se fueron llegando para ver si se hallaba puerto; en unas ensenadas que se descubrian en esta isla habia tres cordilleras muy alegres á la vista, muy verdes, y tambien se descubrian sabanas apacibles; no se pudo tomar puerto, y los navios desembocaron por un estrecho que se hacia entre esta isla y otra, en lo más angosto de media legua, la una y otra playa muy poblada de caserias y gente desnuda, los cabellos, en hombres y mujeres, tan largos que les llegaban á los pies.
[32] Tachado: y llegándose.
Pasado este estrecho, que no tenia de largo legua y media, se determinó tomar puerto en la isla de mano izquierda, que parecia la mayor; los soldados bien apercebidos para lo que se ofreciese, echóse á la mar un batel y en él 25 soldados, y la galeota y fragata los fuesen haciendo espaldas para descubrir algun puerto conveniente; salió el maestre de campo...[33] Merino con ellos, á los cuales cercaron muchas de aquellas canoas, llegándose tan cerca que parecia les querian coger á manos, mas con los arcabuces los hicieron desviar, que no paró canoa ni indio delante; desta suerte prosiguieron hasta llegar á tierra, y saltaron los soldados en ella sin haber quien les estorbase el paso, y llegaron á ponerse debajo de un árbol muy grande que parecia á los que en el Perú llaman ceibas; los naturales que se habian acogido al monte, como en número de diez en diez salian dando unas carrerillas, y luego se sentaban, no se atreviendo á llegar á los nuestros; uno destos gigantes se mostró más atrevido y llegó más cerca, lo cual visto por el maestre de campo se fué solo para él con su espada y daga en la cinta, y llegando el indio tomó de la mano al maestre de campo y lo abrazó en señal de mucha amistad, y trayéndolo consigo el maestre de campo donde estaban dos soldados le hicieron muchas caricias y regalos, lo cual visto por los demás se llegaron á los nuestros, aunque con algun temor; mandó el maestre de campo se hiciese ningun agravio. Algunos traian plátanos, cocos, palmitos y otras raíces no conocidas, con que se sustentan; muestra de oro ni plata no se halló. La dispusicion de los miembros es proporcionada, más colorados que blancos; las mujeres tambien son desnudas, y algunas traen cubiertas sus vergüenzas con hojas de plátanos ó cortezas de árboles, no tan dispuestas como los varones.
[33] En blanco en el ms.
Porque aquí en esta playa no habia puerto seguro para los navios, se determinó que en la fragata se volviesen 16 soldados, y en el batel en que se salió á tierra se quedó el maese de campo con seis soldados y cuatro marineros, los cuales fueron costeando esta isla, y pasado como espacio de una hora descubrieron una ensenada y puerto muy seguro, con dos rios y pueblo formado con cantidad de gente, y muchos árboles fructales, limpio y de mucho fondo; saltaron en tierra el maese de campo y los soldados, y los marineros volvieron á dar aviso al Adelantado, del puerto y seguridad dél, con lo cual todos recibieron mucho contento; partido el batel, los naturales de la isla se llegaron á los pocos soldados que habian quedado, tocándoles las manos (por ventura para ver si eran de otro metal que las suyas), con no poco temor los nuestros por ser tan pocos. Empero, para atemorizarlos, el maese de campo mandó á un soldado, bonísimo arcabucero, llamado Andrés Dias, tirase á un pajarito que revoleaba en un árbol, el cual lo hizo y derribó, y los naturales, con gran admiracion, lo tomaron en sus manos espantados del caso. Aquí los naturales determinaron matarlos, desenlazando los cabellos de la cabeza, que es señal entre ellos de acometer. Los nuestros, viéndolos de mal talante, se fueron recogiendo á una ramada juncto á la playa á manera de tarazana, donde labraban los naturales una canoa muy grande, donde tuviesen las espaldas seguras, primero disparándoles los arcabuces, que hizo los naturales huir, y los nuestros sin peligro ninguno se recogieron y hicieron fuertes; era ya tarde, y los nuestros, temerosos no les cogiese la noche en aquel puesto, por tener muy pocas municiones, fué Dios servido vieran entrar en el puerto la nao Capitana disparando el artilleria, lo cual visto por los naturales se fueron todos al monte; luego llegaron los demás navios, dando gracias á Nuestro Señor que les aparejó tan buen puerto. Amanecido, el Adelantado mandó hacer aguada y que saliesen los que quisiesen á tierra, los cuales todos casi salieron, y los sacerdotes, y se dijo misa, la cual todos oyeron con mucha devocion, y viendo los naturales no se les hacia mal ninguno se llegaban á los nuestros. Entre otras fructas se halló una en árboles grandes, tan grande como una naranja, muy verde en la corteza; cómese lo que está dentro della asada, qu'es blanca como manteca, y aunque habia muchos árboles destos y con mucha fructa, en pocos dias no se hallaba una. Demás desto se hallaron en esta isla muchos plátanos, cocos, palmitos, cañas dulces y otras[34] fructas no conocidas de los nuestros; puercos de monte, el ombligo en el estómago, tortugas y gallinas; al fin de tres ó cuatro dias, los naturales les dieron un arma para echarlos de su tierra, y el mismo dia, sosegado este alboroto, se vieron venir por una puncta diez ó doce canoas cargadas de gente caminando hacia la Capitana, y el Adelantado, temiéndose de alguna desgracia ó tracto doble de los naturales, mandó á los soldados estuviesen á puncto con sus arcabuces, y al artillero cargase dos ó tres pedreros, y llegando á tiro, el Adelantado mandó disparar uno dellos, que, dando en las canoas, hizo mucho daño, y los que quedaron heridos y vivos se volvieron huyendo por donde habian venido. A esta sazon el batel que venia con agua los siguió y trujo las canoas á la Capitana, con plátanos, cocos y otras fructas. Visto esto por los naturales, huian de los nuestros[35].
[34] Tachado: cosas. [35] Tachado: nosotros.
CAPITULO LVI
[DE CÓMO LOS NUESTROS LLEGARON Á UNA ISLA POBLADA DE NEGROS Y DE LAS REFRIEGAS QUE CON ESTOS HUBO][36]
[36] Este y los tres capítulos siguientes no llevan epígrafe en el manuscrito.
Hecho esto, con toda la seguridad del mundo se hizo la aguada y leña, y pasados quince dias despues de llegados, los nuestros desampararon la isla y puerto. Salieron en demanda de las islas que en el primer viaje descubrió el Adelantado. Otro dia siguiente se descubrieron unas islas bajas de muchos arrecifes, y detrás dellas tierras altas, con lo cual se alegró el Adelantado, diciendo ser aquéllas las que buscaban; mandó al piloto arribase sobre ellas; por el mucho viento contrario, con mucho descontento de todos, prosiguieron adelante, consolándoles el Adelantado y certificándoles que poco más adelante descubririan muchas más islas, porque de cinco grados á quince eran sin número. No fué cuerdo el Adelantado en desamparar lo que Nuestro Señor le habia dado, porque de allí se pudiera descubrir lo demás. En breves horas perdieron de vista estas islas y navegó muchos dias sin ver tierra, mas vian gran cantidad de pájaros de la mar; desafuciado de verla, navegando de diez á once y á doce grados se descubrió un farelloncillo redondo, no de media legua, con algunos arbolillos, despoblado, blanco con el estiércol de los pájaros; pensóse se hallaria alguna isla cerca, mas salióles al revés su pensamiento, porque desde que desampararon las islas, en dos meses, poco menos, no encontraron con tierra, por lo cual toda la gente iba muy desgustada, perdidas las esperanzas de hallar otra ocasion como la pasada, faltos de mantenimientos y de agua, aunque Nuestro Señor proveyó de algunos aguaceros con que recogieron alguna. Pasados estos aguaceros hubo unas nieblas muy grandes y oscuras, por ocho ó diez dias; al fin dellos se descubrió tierra; salieron todos á verla como si vieran su salvacion: era una isla muy larga, y á la una parte della se descubrió un volcan que de rato en rato lanzaba mucho fuego; cuando llegaron á este paraje faltó la nao Almiranta, y preguntando á la galeota y fragata por ella, respondieron no la haber visto despues que la noche antes la vieron á sotavento de la Capitana, de la cual respuesta se entendió haber arribado á otras islas que en aquel rumbo se descubrian. La Capitana y fragata y galeota se arrimaron á tierra v descubrieron una ensenada grande de más de diez leguas, en cuyo medio estaba el volcan arriba dicho, y con buen viento entraron en ella, en la cual se descubrian grandes poblazones. El Adelantado mandó se arrimasen los navios á tierra para tomar puerto antes que anocheciese; finalmente, entraron muy adentro de la ensenada y surgieron en 40 brazas, con gran admiracion de los naturales y contento del Adelantado y demás soldados, aunque no parecer el Almiranta les ponia no poco temor no se hobiese perdido. Luego otro dia de mañana el Adelantado mandó al capitan y piloto de la fragata fuese en busca della, y si dentro de cuatro dias no la hallase se volviese; esperábase hobiese arribado á alguna de aquellas islas que de allí se parecian. Este mismo dia acudieron á la Capitana muchos de los naturales, que todos son negros atezados, y otros como membrillos cochos, de cabellos largos, con sus armas, arcos y flechas; muchos destos eran potrosos y con encordios y llenos de sarna; entre ellos venia un negro que parecia ser rey, por el respecto que le tenian; el cual así como entró en el navio, lo primero que dijo fué: capitan, capitan; que admiró mucho, por oir nombre español en tierra tan remota. El Adelantado mandó que todos delante dél estuviesen destocados, para que aquellos bárbaros entendiesen era el General de todos. Este negro se llegó al Adelantado, diciendo: capitan, capitan, muchas veces; Malope capitan, y dándose en los pechos; por donde se entendió pedia al Adelantado su nombre para trocar el suyo; porque como le respondió Mendaña, el negro hizo señas qu'el se llamaba Mendaña y el Adelantado Malope. Hiciéronles buen tratamiento, dándoles algunos juguetes y cosas de comer, las cuales por ninguna via gustaron _por_ más que fueron importunados. Pidieron por señas fuese alguno de los soldados con ellos á tierra, y ofreciéndose á ello uno de más de 50 años, á quien el Adelantado dió licencia, quedando dos negros en rehenes, aquella misma tarde le volvieron al navio, porque no se atrevió á hacer noche con aquellos naturales; preguntósele qué le habia parecido de la tierra: no supo dar razon de cosa alguna, porque apenas hubo saltado en ella cuando pidió le volviesen al navio. Dentro de dos dias volvió la fragata no trayendo nueva alguna de la Almiranta, diciendo habia descubierto unas islas bajas y con ellas un bajio muy grande, por el mismo rumbo que habia llevado la Almiranta; por _lo_ que luego se entendió era perdida, porque nunca más pareció. Fué mucho el sentimiento que en todos se hizo, por ir en ella casi la mitad de la gente. El Adelantado determinó saltar en tierra y aguardar por ventura arribaria si no fuese perdida. Luego se echó el batel á la mar á traer agua y leña; entraron por un rio arriba poco trecho, de donde desde el mismo batel se tomaba el agua dulce, la cual tomando salieron del monte muchos de aquellos negros disparando sus flechas con mucha algazara; los nuestros se retiraron, dos soldados mal heridos: el uno de muerte; el otro quedó tuerto de un flechazo, por lo cual juró el maestre de campo que se lo habian de pagar con las septenas, y luego se determinó que aquella noche saltasen en tierra algunos soldados bien apercebidos y diesen al amanecer sobre un pueblo que desde allí se via cerca, entre árboles, de que toda la tierra es muy poblada; hízose así, y siguiendo el maestre de campo por una senda lodosa, una cuesta arriba y como media legua de camino, se descubrió una centinela; un soldado pidió licencia al maestre de campo para derribarle, y alcanzada dió con él en el suelo, lo cual hecho entraron todos de tropel, que serian treinta soldados, por las casas, que parecian estar vacias de gente, porque la habitacion destos negros es entre suelos, cubierto el suelo con hojas de palma, y allí duermen y hacen su habitacion; las casas son redondas, y por todas partes descubiertas; un soldado mirando para arriba metió una espada por el entresuelo, y los que en él estaban se alborotaron y hicieron mucho ruido, y el soldado dió voces diciendo se advirtiese habia mucha gente; visto esto, el maestre de campo repartió por las casas cercanas los soldados para que se pudiesen socorrer los unos á los otros; de aquel buhio, donde se descubrió la gente de los entresuelos, por el agujero que hizo la espada del soldado se disparó una flecha y hirió á un soldado en un ojo, que no parecia sino un rasguño pequeño; empero murió dentro de 24 horas; por donde se entiende la puncta de la flecha traia yerba. El maese de campo, enojado, mandó poner fuego á los buhios, porque no se quisieron dar á paz, y los que salian huyendo del fuego peleaban defendiendo sus vidas valientemente. A las voces acudieron otros naturales con sus armas y piedras arrojadizas; más de dos horas pelearon con los nuestros, y viendo el maese de campo que se defendian mandó á los soldados que de tropel los acometiesen, lo cual apenas hecho los naturales se desgalgaron por aquellas cuestas abajo, dejando sus casas, en las cuales habia poco más que nada; sacáronse cantidad de plátanos verdes, cocos, palmitos y doce puercos de monte que los perros que llevaban los soldados cogieron. Con esta rica presa se volvieron á la playa, donde hallaron algunos soldados y otra gente menuda que habia desembarcado, así para socorrer si fuese necesario como para espaciarse. El maese de campo mandó hiciesen señas á la Capitana para que les enviase el batel y fuesen á dar cuenta de lo subcedido; la comida que se trujo so repartió entre soldados, marineros y demás gente. Aquí se determinó se fuese á buscar puerto más apacible, porque dentro de la ensenada se descubrian playas y tierras y muchas poblazones, y la costa llena de naturales, lo cual se hizo yendo el Adelantado en la galeota, y _el_ maese de campo; iban tan cerca de tierra que los naturales se querian entrar en la fragata, metiéndose en la mar hasta la cintura. Sondóse el puerto, hallóse limpio; dejóse una boya en lugar conveniente para que allí surgiese la Capitana, á quien se avisó y surgió donde habia quedado la boya, teniendo muy cerca de allí un rio caudaloso. Surta la nao Capitana y volviendo á ella el Adelantado y maese de campo se entró en acuerdo lo que se debia hacer, y salió acordado se saltase en tierra para ver lo que prometia de sí, y si fuese tal, poblar en ella. Los negros se metian en la mar casi hasta perder pie, de donde arrojaban las flechas hasta los navios. El Adelantado, viendo este atrevimiento, mandó saliesen algunos soldados con sus arcabuces para que los espantasen, y por capitan don Lorenzo su cuñado, el cual saltando en tierra y los negros huyendo, fué siguiendo el alcance, excediendo de lo que se le habia mandado; lo cual visto, el maese de campo llegándose á bordo la fragata y galeota saltó en ella con gente para ir á socorrer al capitan don Lorenzo, temiendo los naturales no le tuviesen armada alguna emboscada; saltó en tierra y fué á alcanzar al capitan don Lorenzo una legua de camino, junto á un rio, adonde le reprehendió ásperamente, el cual no respondió palabra, y todos tuvieron temor que de aquella reprehension subcediese alguna cosa en daño de todos, como despues subcedió, y pareciendo al maese de campo ser muy bueno el puerto para fundar pueblo, avisó dello al Adelantado, á quien le pareció bien, porque de allí se podria tornar á buscar la Almiranta; desembarcóse la gente y el Adelantado señaló los solares para hacer las casas, entretanto haciendo cada uno su ranchillo donde albergarse.
CAPITULO LVII
[DE LA MUERTE QUE EL ADELANTADO MENDAÑA HIZO DAR AL MAESE DE CAMPO]
Viendo los naturales que los españoles poblaban, al momento dejaban sus casas y lo poco que en ellas habia. Visto por los nuestros, con mucha priesa fueron á ellas, pensando hallar algo de cobdicia, y no hallaron sino unos pocos de cocos con que beben, y algunas esportillas de palma con unas raíces á forma de biscocho, que es su principal sustento; empero para los españoles es como ponzoña, porque en metiéndolas en la boca se cubria de ampollas, con una aspereza grande y desabrimiento, aunque la falta de comida general las hacia sabrosas; en todas las casas no se halló memoria de oro ni plata; sólo se aprovecharon para la nueva poblazon de la madera; entre las casas destos naturales habia algunas grandes que parecian ser sus adoratorios; habia pintadas algunas figuras de demonios, y lo que les ofrecian colgaban juncto á ellas: cocos, palmitos, plátanos y otras cosas de comida. Al fin hízose el pueblo y cerróse de palizada para defenderse de los naturales, que por momentos los apretaban, hasta que se trujeron tres ó cuatro piezas de artilleria, con las cuales fácilmente los desperdigaban; en todo este tiempo el Adelantado se estaba en la Capitana sin salir á tierra, sino de cuando en cuando á dar órden en lo que más convenia.
Los naturales, con todo eso, algunas veces inquietaban; otras traian cañas dulces y frutas de la tierra.
En este pueblo, por ser la tierra muy cálida y húmida, comenzaron á enfermar los españoles, que apenas enfermaba alguno que sanase; pero la mayor enfermedad fué la discordia que se encendió entre el Adelantado y maese de campo, queriendo defender con palabras á un soldado quel Adelantado tractaba mal. Las palabras fueron decir que les bastaba á los pobres soldados sus trabajos, sin malos tractamientos, y que el maese de campo en todas ocasiones habia vuelto por el Adelantado.
Dende á cuatro ó cinco dias el Adelantado salió á tierra con algunos marineros y pilotos, habiendo tractado con ellos de matar al maese de campo, y llegando á tierra se fué derecho á la casa del maese de campo con Juan Antonio y el capitan Juan Felipe, ambos corsos, y hallando al maese de campo que acababa de almorzar le dijo le queria hablar dos palabras; salió el maese de campo con el Adelantado, y llegaron á la playa, á donde razonando los dos, á cierta seña Juan Antonio llegó y con una daga le dió una puñalada en los pechos, y queriendo meter mano á su espada llegó el capitan Juan Felipe y con un alfange le cortó á cercen el brazo de la espada, y allí murió hecho pedazos. A las voces que dió una mujer que mataban al maese de campo, salió Tomás de Ampuero, diciendo: ¡Traidores! ¿á mi camarada? Un cuñado del Adelantado, con cinco ó seis marineros dieron sobre él y á estocadas le mataron, lo cual hecho se alzó el estandarte Real, diciendo ¡viva el Rey y mueran traidores! Tomóse motivo fuera de lo dicho, para estas muertes y otras, quel maese de campo preguntó á un piloto, llamado Jordán, que para volver al Perú ¿qué derrota se podria tomar? llegó esto á oidos del Adelantado y que Tomás de Ampuero habia incitado á 40 ó 50 soldados hiciesen una peticion para el Adelantado, pidiendo les cumpliese la palabra que les dió en el Perú de los llevar á la tierra que habia primero descubierto. Aquel mismo dia, á las cinco de la tarde, llegó el alferez Buitrago, del maese de campo, que habia ido con veinte soldados á buscar de comer; llegados, el Adelantado, que los esperaba, como llegaban los desarmaba y mandaba poner en el cepo, y al pobre alferez Buitrago mandó echar unos grillos y llevar á la puncta del rio donde estaba el padre Serpa, y mandó le confesase; el cual hincado de rodillas, porque dijo: ¿Qué he hecho yo que me quieren quitar la vida? llegó el sargento mayor, portugués, con un negro, un alfange en la mano, y dijo: Dale; el cual negro le dió tal golpe en la cabeza que le derribó muerto á los pies del confesor, dejándole ensangrentada la sotana. La mujer del alferez, que oyó una gran voz de su marido, saliendo y viendo lo que pasaba, pedia justicia á Dios; mandáronle callar, so pena que se haria otro tanto con ella.
CAPITULO LVIII
[DONDE SE DICE EL FIN QUE TUVIERON MALOPE Y EL ADELANTADO MENDAÑA]