Descripción colonial, libro primero (1/2)

Part 9

Chapter 93,997 wordsPublic domain

Esta cofradia dimana de la que está fundada en Roma, en la Minerva, que es convento nuestro; tiene suma de gracias, indulgencias y jubileos más que otra alguna, y justísimamente, por concesion apostólica, tenémosla en nuestro convento; subcedió, pues, así, viviendo yo en él, recien sacerdote: El domingo siguiente despues del jueves que se celebra la fiesta en la iglesia Mayor, se celebra en nuestra casa; el sábado antes tráese la custodia de la iglesia Mayor á nuestra casa, para sacar en ella en nuestra procesion el domingo el Santísimo Sacramento, la cual se celebra con mucha pompa y alegria, saliendo del convento y andando una cuadra en torno, y una frente de la cuadra es la plaza. En la peana desta custodia, sobre que se arma toda ella, se fija otra custodia de oro toda, muy bien labrada, con que el ilustrísimo fray Hierónimo de Loaisa, arzobispo de esta ciudad, sirvió á la Majestad del Señor, que vale tres mil pesos, encima de la cual, en su veril, se pone el Santísimo Sacramento. El padre sacristan era un sacerdote muy esencial que yo conocí é traté mucho; fuimos novicios juntos; en un bufete puso las andas en la iglesia, en la capilla del capitan Diego de Agüero, de quien habemos arriba sumariamente tratado. Cubriólas con unos manteles, de los que hay sobrados para los altares; sucedió, pues, así: que aquella noche, quienquiera que fué, notó bien donde se ponia la custodia, y despues ó antes de maitines de media noche, fuese para la custodia, desclavó la de oro y fué nuestro Señor servido que con ser la peana sexavada y por cualquiera de las puertas de los sexavos podia entrar y salir la custodia de oro (no se fija en este lugar ni está en él, sino cuando ha de salir en ella el Santísimo Sacramento) que no acertase aquel infame ladron á sacarla; acertó á desclavarla y no acertó á sacarla. El sacristan era gran siervo de Dios y de nuestra Señora muy devoto; llamábala nuestra Ama; cuando vió por la mañana la custodia de oro desclavada y que no la pudo sacar aquel más que pérfido ladron, arrimada á una de las puertas del sexavo, dió muchas gracias á Nuestro Señor y á su Madre santísima, y si no fuí el primero, fuí el segundo á quien lo dijo. Este sacrílego ladron debia ser algun impio luterano.

CAPITULO LIII

DE LA CRISTIANDAD DESTE PUEBLO

Pues porque digamos á gloria de Nuestro Señor lo que resplandece mucho en este pueblo, aunque es así que en los trajes es demasiadamente soberbio, con todo eso es muy cristiano; la cofradia de la Caridad casa tantas doncellas como habemos dicho, y fuera desto, como en todos los monasterios haya tantos jubileos, indulgencias y perdones, los más de los cuales para ganarse requieren confesar y comulgar, es cosa de gran alegria ver en los monasterios tanta frecuencia en confesiones y comuniones. Son, pues, tantos los jubileos que en esta ciudad á los monasterios, iglesias y capillas son concedidos, que no sé yo si, fuera de Roma, hay otra en toda la cristiandad de tantos, ni donde con tanto fervor se acuda á ganarlos, haciendo y tomando los medios que para ganarlos los Sumos Pontífices que los concedieron mandan se tomen.

A toda esta ciudad por una parte la cerca el rio, por las otras tres huertas y viñas llenas de árboles frutales, como dejamos escrito; de los de la tierra, si no son plátanos, ya casi no hay otros, por ser de tan buena fruta como los nuestros. El vino, pan y carne que se gasta es cosa increible; buena población es la que consume en el rastro más de 50.000 carneros, sin los que se gastan en la carneceria, y más de 100 reses vacunas cada semana; carne de puerco no hay quien se atreva á dar abasto; dan tantos para cada dia; oficiales, tanto género dellos como en Sevilla. El puerto, uno de los mejores y más capaz del mundo, abundantísimo á su tiempo de mucho pescado, donde jamás faltan de cuarenta navios grandes y pequeños, y dende arriba, de Panamá, México, Chile y Guayaquil. Empero tiene un gran contrario temeroso y enfadoso, y es los temblores de tierra que la suelen descomponer, como los años pasados sucedió uno que derribó muchos edificios; mas en breve se han tornado á redificar muy mejor que antes, y despues que se tomó en suerte por abogada la fiesta de la Visitacion de Nuestra Señora, ha sido Nuestro Señor servido, por intercesion de su santísima Madre, no haya venido temblor dañoso; celebra la ciudad esta fiesta con procesion, que sale de la iglesia mayor, anda en contorno de la plaza con la solemnidad casi que se celebra la del Corpus Christi, y con tanto concurso del pueblo.

No sale el Santísimo Sacramento, ni las cofradias ni oficiales con sus andas; en lo demás, la misma solemnidad se guarda.

CAPITULO LIV

LAS COSAS CONTRARIAS Á ESTA CIUDAD

Es combatida esta ciudad de enfermedades que de cuando en cuando Nuestro Señor por nuestros pecados envia, y en otros tiempos lo era de cámaras de sangre, por causa del agua del rio, como dijimos; despues de traída la fuente, esta enfermedad ha cesado. Las enfermedades cuotidianas son, en alcanzando algun nortecillo, romadizo, catarros, juntamente con dolor de costado. El viento Norte en todas estas partes, en Tucumán y Chile, es pestilencial, porque como es de su natural muy frio, en corriendo son estas enfermedades con nosotros, y en todo lo que habitamos desta tierra y de los demás dos reinos no corren otros vientos sino Norte ó Sur, el Sur sano, el Norte enfermo; demás desto, como las mercaderias se traigan de otros reinos, si en ellos han pasado algunas enfermedades contagiosas, nos vienen y cáusanos mucho daño y gran disminucion en los naturales, como ahora lo causa una enfermedad de viruelas juntamente con sarampion, llevándose mucha gente de todas naciones, españoles, naturales, negros, mestizos y de los demás que en estas regiones vivimos, y escribiendo este capítulo, agora actualmente corre otra no de tanto riesgo acá en la Sierra, como lo fué en los Llanos, de sarampion solo, el cual en secándose acude un catarro y tose que de los muy viejos é niños deja pocos, y en la ciudad de Los Reyes hizo mucho daño, particularmente en negros.

Alcancé en esta ciudad algunos de los conquistadores viejos, á los cuales oí decir que llegados á este valle les parecia era imposible morirse, aunque tambien decian habian oido á los indios que no fueran poderosos á conquistarlos si pocos años antes no hubiera venido una enfermedad de romadizo y dolor de costado que consumió la mayor parte dellos. Las frutas nuestras, como son melones, higos, pepinos, etc., y otras de la tierra, en gente desreglada causa grandes calenturas, á los cuales si les halla un poco faltos de virtud, fácilmente los despacha; pero desto es la causa la incontinencia de los necios. Dejó otras particularidades, por no ser prolijo, y no se diga de mí que como aficionado las trato. Serla aficionado no lo niego, por tenerla por patria; en lo demás no digo tanto de bien como en ella, por la bondad de Dios, ha crecido en tan breves años.

CAPITULO LV

DE LAS CALIDADES DE LOS NACIDOS EN ELLA

Los que nascen en esta ciudad meros españoles son gentiles hombres por la mayor parte y de buenos entendimientos, y animosos, y lo serían más si los ejercitasen en cosas de guerra; son muy buenos hombres de á caballo y galanos, y para otras cosas que adornan, la policia humana, no les falta habilidad. Por la mayor parte son más prodigos que liberales, y trasportados hacen muchas ventajas á los naturales. En una cosa tienen gran falta, esta no es la culpa suya, sino de los que gobiernan; déseme licencia para tratarlo, porque á ello no me mueve quererme entremeter en cosas de gobierno, sino advertir del daño que podria suceder. La falta que tienen es que esta ciudad es puerto de mar. Pues los nacidos en puerto, que no sepan nadar, que no sepan qué cosa es mar, que no entren en ella, y que si entran luego se marean como si vivieran muy apartados della; esta es la falta. Hasta agora no se sintia, porque no se imaginaba que enemigos de la Iglesia católica y del nombre español nos habian de venir á robar; pero ya que por nuestros pecados lo experimentamos, debian los gobernadores á todos los nacidos en esta ciudad desde muchos años, mandar llevarlos al puerto, enseñarlos á nadar, meterlos en barcos y hacerlos llevar por lo menos dos veces en la semana cuatro leguas y más á la mar, porque se hiciesen á ella, y no que como testigo de vista hablo.

Cuando don García de Mendoza, marqués de Cañete, envió contra el inglés tres navios grandes y otros patajes, yo iba en la Almiranta, y cuantos criollos, así los llamamos, iban en ella, y hombres bien nacidos, en entrando en la mar cayeron como amodorridos, y el dia que vimos al enemigo, de mareados que estaban no eran hombres, y en tierra riñeran con el gran diablo de Palermo, los cuales si estuvieran hechos á entrar en la mar no les subcediera.

Esto no es falta de ánimo, sino falta de ejercicio marítimo; lean los gobernadores á Platon en los libros de sus Leyes, y en los de la República, y deprendan de allí en qué han de ejercitar los muchachos para que puedan y sepan defender su república. Que los nacidos en puerto á la lengua del agua no sepan ni conozcan la mar, notable descuido es; y desto no más. De las mujeres nacidas en esta ciudad, como en las demás de todo el reino, Tucumán y Chile, no tengo que decir sino que hacen mucha ventaja á los varones; perdónenme por escribirlo, y no lo escribiera si no fuera notísimo.

CAPITULO LVI

DEL PUERTO Y PUEBLO DEL CALLAO

Dos leguas desta ciudad á la parte del Poniente demora (hablemos como marineros) el puerto desta ciudad, llamado el Callao, poblado de muchos españoles y otras naciones, con su jurisdicción. Ha crecido mucho y crecerá más, por ser templo más fresco y más sano que la ciudad de Los Reyes, á causa de ser fundado á la orilla ó costa de la mar; solamente le falta agua y tierra para los edificios, porque lo uno y lo otro se trae más de media legua, porque el suelo todo es cascajo, y si alguna tierra hay es salitrosa, y de leña no tiene sino mucha falta. Tiene su iglesia mayor, sustenta cuatro conventos; Santo Domingo, llamado por otro nombre Nuestra Señora de Buena Guía, el cual fundó, con autoridad de la Orden, el venerable fray Melchior de Villagomez; despues se ha augmentado de suerte que es priorato. San Francisco, San Agustín, los padres de la Compañía, la Merced: todos se sustentan razonablemente, aunque con pocos religiosos; los más son los nuestros, que son de seis para arriba, y fué necesario fundarlos porque los religiosos que se embarcan y desembarcan se vayan á sus conventos, y no á casa de seglares, que es inconveniente.

Tambien es castigado de temblores de tierra, y de tarde en tarde en inundaciones de la mar, porque cuanto ha que le conosco, que son más de 50 años á esta parte, sola una ha subcedido, que fué gobernando el conde del Villar, de la cual cuando dél tractaremos diremos lo que le subcedió. Sólo una cosa quiero decir, por ser cosa tocante á nuestro convento. Antes de la inundacion, ó juntamente con ella, vino un temblor de tierra muy grande, que derribó y arruinó muchos edificios; en el altar mayor de nuestro convento está la caja del Santísimo Sacramento, y encima desta caja, en un tabernáculo, una imágen de Nuestra Señora de bulto grande; con el temblor cayó la imágen saliendo de su lugar, y fué la Majestad de Dios servido que, habiendo de caer la imágen la cabeza las gradas abajo, y los pies en las gradas altas, que son tres ó cuatro, la hallaron los religiosos, pasado el temblor, acudiendo luego á la iglesia, la cabeza y rostro en la última grada del altar mayor, y los pies en la última grada junto al suelo, como postrada, pidiendo á su hijo benedictísimo misericordia por aquel pueblo, sin que se le hallase ninguna lesion; solamente el pico de la nariz tanto cuanto como desollado; en el encaje de la caja del Sanctísimo Sacramento ni en la caja no se halló cosa alguna más que si no hobiera pasado temblor alguno, ni la caja se movió de su lugar.

Todos los hombres de la mar tienen singular devocion á esta imágen y convento; los navios que salen llevan sus alcancías señaladas para pedir limosna para Nuestra Señora, y cuando vuelven acuden con la recogida, con mucho amor. Tiene el puerto abundancia de pescado al verano, que es de Noviembre hasta fin de Abril; luego entran las garúas y hace un poco de frio, y entonces hácense los peces á la mar á buscar abrigo.

CAPITULO LVII

DE LOS VALLES QUE SE SIGUEN

Siguiendo la costa adelante al Sur, llegamos luego al valle nombrado Pachacámac, no muy ancho, aunque en partes tiene dos leguas y más de fértil suelo; hay en él muy pocos naturales; las borracheras los han consumido el dia de hoy. A la entrada del valle vemos aquel famoso adoratorio ó guaca, que es un edificio poco menor que el de la guaca de Trujillo, dedicado por los indios al demonio, que les hacia creer era el criador de la tierra, y así llamaron Pachacámac, que quiere decir criador de la tierra. Es fama en esta guaca haber gran suma de tesoro aquí enterrado y ofrecido al demonio. Han algunos cavado en ella, empero no han dado en él, sino sacado plata de la bolsa; es necesaria mucha suma de plata y muchos años para atravesarla. Hoy la vemos casi cubierta de arena que los aires sobre ella han amontonado. A este valle, cinco leguas adelante, se sigue el valle de Chilca, que son unas hoyas naturalmente cercadas de arena, en las cuales se da mucho maíz y demás mantenimientos de la tierra; de nuestras fructas, uvas, higos, granadas, membrillos y melones, los mejores del mundo, y las demás fructas muy sabrosas, porque la tierra pica en salitre. Este valle ni hoyas tienen agua con que se rieguen, ni del cielo ni de la tierra, pero tiene bastante humedad con el agua que por debajo de la tierra se trasmina, la cual es poderosa para que las comidas crezcan, se multipliquen y lleguen á sazon; hállanse en estas hoyas jagüeyes, que son unos pozos poco fondos, con la mano alcanzamos á ellos, de agua salobre; otros, y éstos pocos, de agua un poco mejor que se puede beber y con ella se sustentan los indios y los españoles que por aquí caminan. Para sembrar el maíz usan los indios una cosa extraña: el grano de maíz lo meten en una cabeza de sardina, y así lo ponen debajo de la tierra; es mucha la que da en la costa (donde muy cerca están estas hoyas) huyendo de los peces mayores, si no dan en la costa, tienen cuidado de pescarlas. La costa es abundantísima de pescado, lizas, corbinas, lenguados, tollos y otros. Los indios usan sus balsas de junco como los demás desta costa y valles; puerto ninguno tiene. Los naturales se van consumiendo por la razon en el otro capítulo dicha.

Luego á cuatro leguas se sigue el valle llamado Mara, á quien corrompiendo la r en l llamamos Mala; de mucha y muy buena tierra, con un rio de la mejor agua destos llanos; es rio de oro, de aquí se sacaba cinco ú seis leguas más arriba para el Inga. Dos leguas el rio arriba de la costa está un pueblo pequeño de cien indios casados, poco menos, nombrado Calango, que lo doctrina nuestra Orden. Doctrinándolo un religioso nuestro, llegó á él un indio con una piedra de metal, que la mayor parte era plata, y díjole que él le enseñaría _la mina_; sábenlo los caciques; este fué indio que hasta hoy no ha parecido, mas entiéndese lo mataron por que no descubriese aquel cerro, y así se ha quedado. El valle es fertilísimo de maíz, trigo y demás mantenimientos, todo acequiado; cultívase poco, respecto de haberse consumido los indios por las borracheras dichas.

Dos leguas adelante, poco más, se sigue el de Acia, ó por mejor decir el de Coaillo; tiene pocos indios, consumidos por lo dicho, y malas aguas. El rio se sume más de seis leguas antes de la mar, y junto á ella revienta en poca agua en una laguna pequeña que se hace cerca del tambo llamado Acia.

Tiene buenas tierras, aunque es angosto de riego. Fueron los indios deste valle ricos de oro, y ellos entre los naturales destos Llanos, los más nobles de condicion; fué muy poblado; ya son pocos.

CAPITULO LVIII

DEL VALLE DE CAÑETE

Prosiguiendo la costa adelante, á siete leguas andadas entramos en el valle ancho y fertilísimo, llamado Guarco, de los indios, y de nosotros Cañete, por un pueblo que en él se fundó llamado Cañete, de españoles, respecto del marqués de Cañete el viejo, de laudable memoria, que fué quien le mandó poblar; tiene puerto, aunque no muy seguro. Las tierras deste valle son muy apropiadas á trigo, maíz, y es cosa no acreedera lo que acude por hanega. Son bonísimos para viñas, olivares y para los demás árboles frutales y mantenimientos, así de la tierra como nuestros; no tiene rio que por medio del corra; riégase con dos acequias sacadas desde el tiempo de los Ingas, grandes, del rio de Lunaguaná, y el agua es buena; es abundante de ganados nuestros y de crias de mulas muy buenas; aquí no hay uno ni algun indio natural; tiene una fortaleza que guarda el puerto fácilmente. El pan de aquí es de lo bueno del orbe, por lo cual ya es proverbio: _en Cañete toma pan y vete_, porque como no hay servicio de indios en el meson y muy poco recado para los caminantes, no se puede parar mucho en el pueblo. Parte términos con este valle otro (yo lo he atravesado) de más de tres leguas de ancho y siete de largo, todo acequiado, de fertilísimo suelo, si lo hay en el mundo: el cual no se labra por se haber perdido una acequia con que todo se regaba, que hizo sacar el Inga á los naturales, del rio de Lunaguaná. Derrumbóse un pedazo de una sierra sobre ella y cojó la toma, y nunca más se ha abierto, que si se abriese, sólo aqueste valle era poderoso á sustentar la ciudad de Los Reyes de trigo é maíz; y aunque algunos Virreyes han pretendido desmontar la toma, no se atreven por ser necesarios más de 50.000 pesos. Yo conozco quien daba órden cómo se sacase el acequia, limpiase y desmontase, sin que á Su Majestad, ni á indio, ni á español le costase blanca, aunque se gastaran 100.000 pesos, y era ésta que el Virrey, la renta de los indios que vacasen y se habian de encomendar en beneméritos, como su Majestad lo manda, que encomendase los indios, pero que la renta de un año ó dos la aplicase para esta obra, y desta suerte juntara la cantidad de plata necesaria, y al encomendero no se le hiciera muy pesado, porque como habia estado años sin encomienda, teniéndola ya cierta, y la posesion, de muy buena gana la tomara, y dos años en breve se pasan, y cuando esto se quisiese moderar, para que el encomendero tuviese con qué comer, le diesen el tercio ó cuarto de la renta; lo demás, se aplicase para la dicha acequia.

Tratóse este medio con el ilustrísimo señor arzobispo destos reinos, y parecióle bien; tratólo con don Martín Enriquez, á la sazon Visorrey, y aunque no le pareció mal, respondió que las mercedes que habia de hacer en nombre de Su Majestad no las queria aguar con aquella carga, y fué respuesta de ánimo generoso, y correspondiente á la magnanimidad de nuestro católico rey, y así se quedó hasta hoy, y se quedará si este medio no se toma, porque no hay hombre á quien, aunque le den todo el valle por suyo, se atreva á gastar tanta plata, y desta suerte se desmontaba y abria la acequia, y sacada, cuando su Majestad quisiera vender aquellas tierras, sacara mucha más plata, lo cual es necesario hacerse, porque la gente se va multiplicando, y todos nos habemos de ocupar en cavar y arar, y que á los que se les hiciese merced, con esta carga la tomarian. Es cierto yo conocí un pretensor y benemérito en este reino que vacando un repartimiento lo pidió con esta condicion: que por cinco años los tributos se cobrasen para Su Majestad, y pasados fuesen suyos; dióselo el conde de Nieva, pasáronse los cinco años y él vivió gozando su renta más de otros quince, y á muchos pareció disparate; pues con esta condicion pidió estos indios, mejor los aceptara el que se los dieran por un año ó dos con esta carga, y es así que desde este tiempo acá, digo desde que se trató deste medio, han vacado muchos y muy buenos repartimientos, con que se hobiera sacado la acequia aunque se gastaran en ella ducientos mil pesos; á dicho de los oficiales no son necesarios 60.000.

El valle de Lunaguaná, por donde pasa este rio, dista un poco más la tierra adentro cuatro leguas deste valle; es angosto pero abundante de mucho y muy buen vino, y frutas nuestras y de la tierra; aquí se han conservado los indios un poco más que en los otros valles; con todo eso se van apocando.

CAPITULO LIX

DEL VALLE DE CHINCHA

Síguesele á este valle de Lunaguaná el de Chincha á pocas leguas, muy ancho y espacioso, sino que le falta agua. Cuando los españoles entraron en este reino habia en él 30.000 indios tributarios; agora no hay seiscientos, y porque no tiene agua suficiente para que todos pudiesen labrar la tierra, el Inga señor destos los tenia repartidos desta suerte: los 10.000 eran labradores, los diez mil pescadores, los 10.000 mercaderes. Los pescadores no habian de labrar un palmo de tierra: con el pescado compraban todo lo que les era necesario para sustentar la vida. Los labradores no habian de entrar á pescar: con los mantenimientos compraban el pescado, y entre estos labradores habia algunos oficiales buenos plateros, y el dia de hoy han quedado algunos. Los mercaderes tenian licencia de discurrir por este reino con sus mercadurias, que las principales eran mates para beber, muy pintados y tenidos en mucho, hasta la provincia de Chucuito, que en el Collao no se habia de entremeter el uno en el oficio del otro, no debajo de menor pena que de la vida. Con este concierto se sustentaban en el valle tanta cantidad de indios varones con sus casas, que por lo menos, chicos é grandes, habian de ser más de 100.000; el dia de hoy no se hallan en él 600 indios casados, lo cual causa mucha compasion; la disminucion han traido las borracheras; son dados mucho á ellas, las cuales les abrasan las entrañas; particularmente hacen la chicha de maíz entallecido, que es puro fuego, y no se contentan con ella, sino águanla con vino nuevo; añaden fuego á fuego, y borrachos caen en el suelo; pasa el fervor del sol por ellos, calor en el cuerpo, exterior; fuego en las entrañas, interior, háceselas ceniza; mueren los más súpitamente, y desta suerte se han acabado y consumido y los pocos que quedan se consumirán. Acuérdome que tratando con un Oidor de Su Majestad que se pusiese algun remedio y castigo en esto, respondió que no habia leyes de emperadores, ni de los Virreyes de España, que á los borrachos diesen castigo, ni se señalase. Fundados los que gobiernan en esto, no se ha puesto remedio en cosa que tanto convenia, y es de tal manera el menoscabo de los indios en todos los valles de los Llanos, que de aquí á pocos años no habrá algunos, ni se caminará por ellos.