Descripción colonial, libro primero (1/2)
Part 7
Hizo el claustro bajo, adornándolo con unos lienzos al ólio de figuras é imágenes de sanctos, muy perfectas y muy devotas; augmentó la sacristia con ornamentos y mucho servicio de plata, y un cáliz todo de oro. Aumentó tambien el retablo del altar mayor: á lo menos dejó con un entablador concertado el augmento de imágenes de media talla, y pagada parte de la hechura; hizo un cofre grande de plata, en que en el retablo se collocase el Sanctísimo Sacramento, porque hasta entonces no estaba sino en una cajita de madera. Trabajó lo que pudo con mucho y buen ejemplo. Puso mucha órden en las lectiones y estudio. Ordenó que hobiese cierto número de religiosos collegiales, y para ser recibidos pasasen por exámen muy riguroso, lo cual hasta hoy se guarda como conviene, porque desta suerte los no muy hábiles se animan, y los hábiles trabajan más, sin que en el coro se pierda punto. A quien sucedió el padre maestro fray Salvador de Ribera, hijo deste convento, en el cual tomó el hábito de 17 ó diez é ocho años, buen predicador; es hijo de padres nobles de todos cuatro costados; su padre se llamó Niculás de Ribera el viejo, respecto de otro vecino desta ciudad llamado del mismo nombre, pero el mozo. Su padre fué uno de los de la Fama de la isla del Gallo, varon liberal; su casa era hospital de todos los de su patria y enfermeria deste nuestro convento, porque todo lo necesario para los enfermos con toda liberalidad y caridad se hacia, y con sus propios hijos se inviaba de dia y de noche, y desto soy testigo de vista. La Madre se llamaba doña Elvira de Avalos, de cuya virtud en breve no se puede tratar. En su tiempo se acabó á gloria de Nuestro Señor dichosamente todo el cuerpo de la iglesia con tanta perfection que puede competir con las buenas iglesias de mucha parte de España. Adornó la capilla mayor de tal manera que se encubre la falta (que dijimos) ser pequeña. Acabó el aumento del retablo; hiciéronse paños de terciopelo carmesí bordados para la capilla mayor, con oro, que la cubren de alto á bajo, tan buenos que en nuestra España se hallan pocos iguales. Acabó el claustro y la porteria tan buena como las muy buenas de Castilla, sin otras cosas tocantes á la sacristia. Todo lo cual hasta aquí augmentado en este nuestro convento han hecho los provinciales con lo que han aplicado de los salarios de las doctrinas donde viven los religiosos. Al sobredicho padre sucedió el Presentado fray Diego de Ayala, hijo tambien deste convento, el cual por vivir poco é irse á España, y pasando en Italia murió en Roma, hay poco que decir dél. Sucedióle el padre maestro fray Juan de Lorenzana, el más docto destos reinos, hijo, creo, de Salamanca, buen religioso, de claro y galan ingenio, el cual, despues de haber leído muchos años Teología en este convento, fué electo en Provincial; gobierna á la hora que esto escribo; lo que haya augmentado no lo sé.
CAPITULO XXXI
DE LOS RELIGIOSOS QUE SUSTENTA
Y porque dije que en muy breve tiempo se ha multiplicado esta casa, favoreciéndolo la Majestad del muy Alto, el dia de hoy sustenta 130 religiosos y dende arriba, lo cual causa admiracion, porque no hay en toda la cristiandad conventos, de cuatrocientos años á esta parte fundados, si no son cual ó cual, que sustenten otros tantos. Celébranse en esta casa los oficios divinos, de dia y de noche, con tanto concierto como en el más religioso de la Orden.
Los estudios con todo el rigor pusible, y las demás ceremonias muy al justo. El coro tiene sillas altas y bajas, de madera de cedro, labrados los respaldares, altos, de madera de talla, de admirables figuras de sanctos, que si fueran doradas no habia más que desear; costaron 18.500 pesos de á nueve reales, y el oficial perdió mucha plata.
CAPITULO XXXII
DE LOS OBISPOS
En este breve tiempo, como acabamos de decir, han salido deste convento siete obispos, y tres casi á un tiempo juntamente, en lo cual excede á todos los conventos, no sólo de nuestra Orden, pero de las demás en España y fuera de España, porque á conventos de muchos años fundados no ha sucedido otro tanto. El primero fué el reverendísimo fray Tomás de San Martín, de quien tractaremos arriba y trataremos algo más cuando escribiéremos los obispos que en este reino he conocido; primer obispo de la ciudad de La Plata, el cual obispado concluia en sí, entonces, todo el reino de Tucumán y la provincia de Santa Cruz de la Sierra.
El segundo, el reverendísimo fray Domingo de Santo Tomás, de la misma ciudad; el tercero, el reverendísimo fray Alonso de la Cerda, primer obispo de Puerto de Caballos[23]. El cuarto, el reverendísimo fray Alonso Guerra, primer obispo del Rio de la Plata, y despues de Mechoacán, ó Yucatán; el quinto, el reverendísimo fray Francisco de Victoria, primer obispo de Tucumán. Estos tres señores obispos son hijos deste convento, y todos tres se vieron obispos junctos en su casa, y su madre, que es esta casa, los vió todos juntos en ella. El sexto, el reverendísimo fray Antonio de Ervias, obispo de Cartagena, en el reino de Tierra Firme.
En un mismo tiempo sacó Su Majestad para obispos, estando todos tres presentes, al reverendísimo fray Alonso de la Cerda, fray Alonso Guerra, fray Antonio de Ervias, en lo cual, aunque hizo mucha merced á la Orden, sirviéndose della, á nosotros, llamo á nosotros los que acá estábamos y tomamos el hábito, la hizo, pero dejónos sin canas que nos gobernasen, lo cual hasta hoy sentimos; no me acuerdo haber leído que de un convento tres personas tales á un mismo tiempo se hayan sacado para iglesias, como deste nuestro de Los Reyes. El séptimo y menor y más indigno de todos soy yo, á quien la Majestad de Dios levantó á obispo de la Imperial, reino de Chile, y espero en Nuestro Señor se han de sacar más.
Demás destos señores obispos, ha hecho nuestro Señor merced á nuestra sagrada religion en nuestros tiempos, dándole en estas partes varones apostólicos que con mucho celo del servicio de nuestro Señor y de las ánimas han predicado á los naturales la ley evangélica, con claro ejemplo de costumbres y vida. Uno dellos fué el padre fray Melchior de Los Reyes, que por muchos años se ejercitó en este ministerio y murió en este convento de Los Reyes y se enterró en el capítulo, donde es costumbre enterrarse los religiosos nuestros, y abriéndose su sepultura á cabo de siete años y más, se halló su cuerpo entero y los hábitos y capa de anascote, sin lision alguna, y esto el señor arzobispo de México, Bonilla, visitador de la Audiencia Real, lo vió, é yo tambien, y todo el convento, queriendo echar en aquella sepultura otro religioso difunto.
En esta misma sala de Capítulo se halló otra sepultura con otro cuerpo, del padre fray Domingo de Narvaez, hijo desta nuestra provincia, buen religioso, entero, con todos sus hábitos y capa de anascote, sin lision alguna. Este religioso se habia ocupado en doctrinar los naturales deste reino con gran llaneza y sinceridad.
El padre fray Cristóbal de Castro, gran siervo de Dios, celosísimo de la conversión de los naturales, de clarísimo ejemplo y abstinentísimo, murió en su oficio loablemente. A este religioso, los curacas del valle de Chincha, donde por la mayor parte vivió ocupado en este ministerio, le ofrecian un navio cargado de oro y plata, y jamás se pudo acabar con él recibiese un grano, y haciéndole fuerza los curacas á que tomase alguna cosa, jamás lo pudieron acabar con él, ni para sí, ni para la Orden, ni para hombre viviente. Lo que hizo fué decir á los curacas hiciesen un cáliz de oro para su iglesia, como lo hicieron, y fué el primer cáliz que se hizo en el Pirú; á cuya sancta emulacion los curacas del valle de Lunaguaca hicieron para dos iglesias suyas en cada una un cáliz de oro, que yo he visto y dicho misa con ellos.
El padre fray Benito de Jarandilla, verdadero hijo de Santo Domingo, el cual por más de cuarenta años, en el valle de Chicama, cinco leguas de la ciudad de Trujillo, se ejercitó en la conversión de los naturales sin salir de aquellos valles, donde vivió con admirable ejemplo, así para con los naturales como para los españoles, y deprendió muy de raíz la lengua de los indios pescadores de aquel valle, que es dificultosísima de aprender. Los naturales le tenian por un hombre sancto, porque le vian guardar con mucho rigor su profesion, como verdadero hijo de Santo Domingo, y dicen dél que como le viniesen á llamar á cualquier hora de dia ó de noche, para confesar algun indio enfermo que viviese de la una parte ó de otra del rio, que en tiempo de aguas no se deja vadear, que es en verano, no temia el rio y en un macho en que andaba lo vadeaba, y los indios decian iba caminando por cima del agua. Acabó sus dias, llenos de buenas obras, con buena vejez.
El padre fray Baltasar de Heredia fué un religioso esencial, el cual, aunque no se ocupó tanto en doctrinar á los naturales, viviendo en conventos de pueblos de españoles se ejercitó en obras de mucha virtud y de gran caridad; es fama que le hallaron muerto hincado de rodillas en una chácara de la ciudad de La Plata, aviándose para venir al reino de Chile por vicario provincial y visitador, por tierra: lo cual este varon religioso acetó con gran humildad, aunque el trabajo y riesgos de tierra, caminos, rios é indios de guerra, por donde habia de pasar algunas veces, eran notables.
El padre fray Antonio de Figueroa, hijo deste convento, fué un varon religioso y muy esencial, gran trabajador en las cosas de la comunidad, muy libre de cualquier interés humano; para consigo riguroso y paupérrimo, pero las cosas del culto divino deseaba, y de la sacristia, que fuesen riquísimas.
Fué muy muchos años subprior deste convento, con mucho ejemplo de vida y costumbres.
Fué mi maestro de novicios, á quien debo más que á mis padres. Cuando á este gran religioso, por su virtud y trabajos y ejemplos, se le habia de mandar descansase, quitándole la carga del cuidado del convento, le mandó la obediencia ir á España á negocios de mucha calidad de la Orden: lo acetó con mucha humildad y se puso en camino, y llegando á Cartagena, de Tierra Firme, le llevó nuestro Señor para sí con una muerte como habia vivido; finalmente, murió obedeciendo.
Cuando llegó la nueva cierta de su muerte cayó tanta tristeza sobre todos los religiosos que en él viviamos, y cuando se le hizo su sufragio, que no osábamos mirarnos los unos á los otros: tanto era el amor que le teniamos, porque á casi todos nos habia criado y habia entonces en el convento poco menos de ochenta religiosos. A todos estos padres conoscí y traté mucho y no hablo sino de vistas.
Otros más ha habido buenos religiosos; empero éstos, conforme á lo que dellos conosciamos, son los más aventajados que para estos defectuosos tiempos son afamados.
[23] Tachado: _y despues del mismo obispado_.
CAPITULO XXXIII
DEL CONVENTO DE SAN FRANCISCO
Hay en esta ciudad otro convento del seráfico padre San Francisco, que en breves años ha florescido y floresce en religion, santidad, letras y número de religiosos, con admirable ejemplo, donde yo he conoscido famosos varones, grandes predicadores, de mucho pecho y celo para las ánimas y conversión de los naturales.
El padre fray Luis de Oña, que fué provincial, varon consumado y no menor púlpito; el padre fray Hierónimo Villacarrillo; el religiosísimo fray Diego de Medellín, deudo nuestro, obispo de Santiago de Chile, donde murió como un sancto, habiendo vivido en la Orden con gran religion, cristiandad, ejemplo y observancia más de sesenta años; halléme en su muerte siendo en aquel reino el primero provincial de mi Orden, no lo mereciendo, y fué Nuestro Señor servido hacerme esta merced: que porque el dia de sus obsequias no hobo sermon, respecto de ser los oficios muy largos, y las ceremonias con que se entierran estos señores obispos, el dia del novenario, aunque se habia encomendado al guardian del convento de nuestro padre San Francisco, por cierta ocasion no lo predicó, y se me mandó predicase, lo cual hice lo mejor que pude fundando mi sermon sobre esta sentencia: _proetiosa est in conspectu Domini mors sanctorum eius_. El padre fray Juan del Campo, gran varon en opinion de sanctidad y letras, todos los cuales fueron provinciales y algunos vicarios generales ó comisarios, como en esta sagrada religion se nombran.
Es mucho más moderno quel nuestro, que no creo ha 45 años se fundó, por lo arriba dicho. Ha crecido, favoreciéndolo la mano del muy alto, en este breve tiempo, en edificios, porque está acabado; la iglesia, sombría é no de bóvedas.
El edificio de la casa bueno y alegre, con muchas fuentes, y un estanque que llaman, dado por el Marqués de Cañete el viejo, de buena memoria, el cual era como casa de recreacion del marqués Pizarro, de mucho sitio y de muchos parrales y árboles frutales, así de la tierra como de los nuestros; sustenta 130 y más religiosos, y estudio.
Han salido della tres obispos: el reverendísimo fray Diego de Medellín, de quien poco ha tractamos; el reverendísimo fray Juan Izquierdo, obispo de Puerto de Caballos y agora obispo de Yucatán; el reverendísimo fray Hernando Trejo, obispo de Tucumán, los dos últimos hijos desta provincia, y se espera habrá otros muchos más.
El padre fray Hierónimo Villacarrillo, y el padre fray Juan del Campo, no quisieron iglesias, enviándoles cédulas dellas Su Majestad. Tanta era la humildad y religion destos venerabilísimos padres.
CAPITULO XXXIV
DEL CONVENTO DE SAN AUGUSTÍN
El convento de nuestro padre San Augustín, ó por mejor decir nuestro abuelo, es más moderno, empero de buen edificio la iglesia, si un temblor muy grande no le abriera la capilla mayor. Comenzóse la iglesia toda de ladrillo y cal y de muy buena traza. Tambien ha crecido en número de religiosos en breve tiempo, porque no ha 44 años que se fundó esta Orden en este reino; hobiera crecido en más si las obras de los edificios dieran lugar á recibir novicios. Sustenta 60 religiosos y más, con mucha religion, letras y ejemplo.
Ha habido famosos varones, los cuales yo he conocido.
El padre fray Juan de San Pedro, tres ó cuatro veces provincial, varon de gran opinion y crédito. El padre fray Andrés de Santa María, varon gran religioso, murió siendo provincial; el padre Cepeda; el padre Corral, gran predicador que por predicar la verdad padeció un poco el riesgo en el Cuzco. El padre maestro fray Diego Gutiérrez, muchos años lector de Teología en su casa, maestro de los que agora son en su Orden varones doctos. El padre fray Juan de Almaraz, maestro en Sancta Teología, discípulo deste sobredicho padre, fué catedrático de Escritura en la Universidad, murió provincial y electo obispo del Rio de la Plata, hijo deste convento. El reverendísimo fray Luis López, obispo de Quito, varon docto y predicador, maestro de los que ahora predican y enseñan en su Orden, hombre prudente mucho, y de gran ánimo, emprendió el edificio de la iglesia todo de ladrillo y cal como acabamos de decir; otro que su amor no lo imaginara, siendo provincial y despues prior, varon derechamente religioso, de gran ejemplo y bondad. El padre maestro fray Alonso Pacheco, agora provincial y lo ha sido otra vez, hijo desta casa, donde tomó el hábito agora 37 años, siendo de 16, varon de letras, púlpito, ejemplar, gran religioso. Otros muchos religiosos tiene, que la brevedad no da lugar á tractar dellos.
A su Orden se le quede este cuidado. La capilla del Crucifijo de los plateros es muy devota y tiene cofradia de sangre; celébrase con mucho concurso de gente y mucha cera.
CAPITULO XXXV
DEL CONVENTO DE LA MERCED
El convento de Nuestra Señora de las Mercedes, despues del nuestro, es el más antiguo en esta ciudad; la iglesia es bien edificada, aunque no de bóveda, con sus capillas colaterales. Conoscí en este convento al padre Orense y al padre fray Juan de Bargas, que fueron provinciales, ambos varones religiosos y de mucho y buen ejemplo. El padre Angulo y el padre Ovalle, catedrático de Prima en la Universidad, de Teología, varon religioso. A las derechas sustenta 60 á 70 religiosos; la sacristia es adornada de muchos é buenos ornamentos.
CAPITULO XXXVI
DEL CONVENTO DEL NOMBRE DE JESÚS
En nuestros dias (siendo ya sacerdote) se fundó el colegio del Nombre de Jesús, de los Padres de la Compañía, habrá 30 años. Es para dar muchas gracias al Señor y á su santísimo nombre, ver en cuán breve tiempo ha crecido en número de religiosos y haciendas, porque el dia de hoy sustenta más de ochenta religiosos, sin la casa de los novicios que tiene fuera de la ciudad.
El primer fundador fué el padre Portillo, gran predicador y bonísimo religioso, con otros padres que con él vinieron. Hospedámoslos en nuestra casa, y de allí salieron para irse al sitio donde agora viven, uno de los mejores del pueblo. Ayudóles nuestro convento y acreditóles en todo lo posible, y los regaló el tiempo que en nuestra casa estuvieron; reconocen la buena obra que se les hizo, por lo cual, cuando llegamos á las suyas nos hacen toda caridad, como en particular la he recibido, hospedándome y regalándome con mucho amor; despues la augmentó el padre Acosta, provincial, gran predicador y muy docto, aceptísimo por su religion y buen ejemplo. Otros religiosos tiene grandes siervos de Dios, muy consignados á su servicio, para predicar á estos naturales, y con ánimos de se entrar por la tierra de guerra á predicar la ley Evangélica, sólo con las armas de la fe.
CAPITULO XXXVII
DEL CONVENTO DE LOS DESCALZOS
De pocos años á esta parte se ha comenzado á fundar de la otra parte de la puente y rio, no son catorce años pasados, el convento de los Descalzos, con gran abstinencia, religion y cristiandad. Este convento Nuestro Señor lo prosperará como cosa suya y donde se sirve mucho á su Divina Majestad.
CAPITULO XXXVIII
DEL MONASTERIO DE LA ENCARNACIÓN
El monasterio de la Encarnación, de monjas, que ha se fundó poco más de 45 años por doña Leonor Portocarrero y doña Mencia de Sosa, su hija, es como cosa de milagro ver en cuán poco tiempo cuánto ha crecido en toda virtud, y ahora recién profesó cuando se fundó, y se mudó de un sitio corto y breve que tenian junto al convento de San Augustín, que ahora es la perrochia de San Marcello y convento de monjas de la Trinidad, al sitio que ahora tienen, y en aquel dia de nuestra casa se hizo el oficio; yo serví de acólito en la misa mayor.
Ha crecido tanto el número de religiosas profesas, con favor del Altísimo Dios, que el dia de hoy sustenta más de 140 monjas, sin más de 40 novicias, y sin el servicio que tiene de las puertas dentro, con toda religion y ejemplo, cuanta Nuestro Señor la prospere en su servicio. Madre é hija fueron las dos principales fundadoras, las cuales han gobernado, é agora doña Mencia de Sosa abadesa (porque á su madre la llevó Nuestro Señor á gozar al cielo de Su Majestad por el servicio que se le hizo y hace tanta virgen alabando de dia y de noche á su sanctísimo nombre) con tanta prudencia y discrecion, que parece más que humana. Con madre y hija entraron otras dueñas y doncellas: Antonia de Castro y Antonia Velázquez, doña Juana Giron, dos hermanas, doña Isabel y doña Inés de Alvarado, doña Mariana de Adrada, doña Juana Pacheco; todas casi viven el dia de hoy. Tiene este convento una excellencia que no sé si en la cristiandad se halla el dia de hoy: el cuidado en celebrar los oficios divinos; la solemnidad y concierto, con tanta música de voces admirables, con todos géneros de instrumentos, que no parece cosa de acá de la tierra, y sobre todo los sábados á la Salve, donde concurre la mayor parte del pueblo y de las Ordenes muchos religiosos á oirla. Yo confieso de mi que si todos los sábados, hallándome en esta ciudad, me diesen mis prelados licencia para oirla, no la perderia.
Los señores inquisidores muchos sábados no la pierden, y los Virreyes hacen lo mismo.
Ha usado Nuestro Señor con este convento, como el de la Concepción, de su larguísima misericordia y particular cuidado en conservarlos en su servicio, que con no ser los edificios muy altos los ha guardado y guarda de suerte que jamás se ha imaginado cosa que no sea virtud y religion, porque ni duerme ni dormirá el que guarda á Israel.
Guardan la profesion y regla de las monjas de San Pedro de las Dueñas de Salamanca subjetas al Ordinario.
Pretendieron con todas sus fuerzas ser monjas nuestras; empero nunca pudieron acabar con el padre fray Gaspar de Carvajal, de quien arriba brevemente tractamos, siendo provincial, que las recibiese, aunque el prior del convento, el padre maestro fray Tomás de Argomedo, las favorecia todo lo posible y por muchos dias no perdieron la esperanza, y rezaban el órden de rezar nuestro, y guardaban las constituciones de nuestras monjas, hasta que ya perdida tomaron la que tienen y profesan; celebran en este convento el Tránsito de Nuestra Señora.
CAPITULO XXXIX
DEL MONASTERIO DE LA CONCEPCION
El monasterio de monjas de la Concepción habrá veinticinco años se fundó; fué fundadora dél doña Inés de Ribera, con gran pujanza de hacienda, así en muebles como en raíces. Hale augmentado Nuestro Señor mucho á su servicio; susténtanse en él hoy más de 120 monjas de velo, y muchas novicias. Hay en él grandes siervas de Dios, grandes religiosas de mucha penitencia, buen gobierno, y entre ellas han gobernado no poco tiempo, con título de suprioras, hasta que Nuestro Señor llevó al cielo á la fundadora, á pagarle el servicio con su favor hecho y el que se hace y se ha de hacer: Maria de Jesús, gran religiosa, despues de la cual han gobernado dos hermanas: doña Leonor de Ribera y doña Beatriz de Horosco, ya con título de abadesas (porque acabando la una de ser abadesa elegian á la otra), con gran ejemplo, religion, prudencia, modestia y blandura y no poca penitencia, con lo cual á las demás animaban al cumplimiento de lo profesado. Víanlas en los trabajos las primeras, por lo cual nadie se excusaba. Hacen lo que Cristo nos enseñó: El mayor entre vosotros sea como menor, y el que manda sea siervo de los demás. Gracias á Nuestro Señor, ansí no se ha dicho deste monasterio, como ni del otro. Son sujectas al Ordinario.
En lo que toca á la celebracion de los Oficios Divinos, si no son iguales en la música al de la Encarnación, vanles pisando los carcañales, y no les hacemos en esto agravio, porque el otro, como más antiguo y principio, proveyóle Nuestro Señor de voces y destreza en el canto y todo género de música cual se requiere para alabar á su Majestad. No quiero decir más, no me apedreen. Aunque es así, que en este convento hay Religiosas muy diestras, y de voces admirables, y en el órgano famosas.
CAPITULO XL
DEL MONASTERIO DE LA TRINIDAD
Fundóse otro monasterio de monjas llamado de la Trinidad, habrá veinte años, de la Orden de San Bernardo; fundadoras fueron madre é hija doña Lucrecia de Soto y doña Mencia. Doña Lucrecia fué casada con Juan de Rivas, vecino de la ciudad de La Paz, por otro nombre llamado el Pueblo Nuevo; siendo ambos ya viejos y la hija viuda, aunque moza, se concertaron marido y mujer de que se metiesen monjas madre é hija y fundasen este monasterio con la hacienda que tenian; era mucha. Salieron con su intento la madre é hija; escogieron para sitio el que dejaron los padres de San Augustin, donde gastaron mucha plata en un dormitorio alto y bajo y en sacar los cimientos de la iglesia de tres naves, y se mudaron á medio de la ciudad donde no tienen tanto sitio como tenian. Aquí, que es el sitio muy grande, tiene tres cuadras en largo; una huerta muy espaciosa y buena eligieron para fundar un monasterio, pared en medio de la perroquia de San Marcello. Vívese aquí con gran recogimiento, tienen bastantemente lo necesario, pueden recibir seis monjas sin dote, y en muriendo algunas destas luego reciben otra; guardan su profesion al pie de la letra. El locutorio y libratorio se frecuentaba tan poco, que no parecia haber en aquella casa monjas. En este breve tiempo se ha multiplicado, porque hay en él más de treinta monjas de velo, y novicias se van recibiendo. No comen carne en el refectorio perpétuamente.