Descripción colonial, libro primero (1/2)
Part 6
Quedando, pues, con este sitio, que es de cuadra y media de largo; de ancho no tiene cuadra entera (porque la barranca del rio no da lugar á ello, por correr al sesgo), se comenzó á edificar el convento; empero, quien con más ánimo, fué el valeroso, y no menos religioso, gran predicador, gran servidor de Su Majestad, fray Tomás de San Martín, á quien por otro nombre llamaban el Regente, por haberlo sido en la Española ó isla de Santo Domingo.
Este religiosísimo padre, siendo provincial en esta provincia, y el primero, á quien dió por nombre San Juan Baptista, comenzó el edificio de la iglesia de bóveda, de tres naves, y hizo la mitad de la iglesia, dejando los cimientos de lo restante sacados.
Oí decir al padre fray Antonio de Figueroa, un religioso nuestro muy esencial, gran siervo de Dios, verdadero hijo de Santo Domingo, que fué mi maestro de novicios, que le acaecia á este ínclito religioso, siendo como era provincial, salir de casa por la mañana con un bordon á pie, é ir una legua, poco más ó menos, á la Caleta, y estar allí todo el dia en peso hasta la noche, en que se venia al convento, sin comer, y lo que hallaba en el convento era un poco de capado fiambre, porque entonces no se habia multiplicado el ganado nuestro mayor ni menor, que hobiese carnero, ni se comia en la ciudad, y con tanta alegria pasaba este trabajo como si tuviera todo el regalo del mundo. Parecia adevinaba el augmento que nuestro Señor habia de hacer en breve tiempo, de religion, cristiandad y letras, en aquella casa. Despues fué este varon heróico primero obispo de la ciudad de La Plata, aunque no llegó á sentarse en su silla, llevándole la majestad del muy alto primero á gozar de su gloria.
El dia de hoy ya se ha acabado la iglesia con la buena diligencia del maestro fray Salvador de Ribera, hijo deste convento, aplicando justísimamente todo cuanto puede de los religiosos que se ocupan en doctrinar á los indios, y tan bien acabada, que en Indias ninguna _hay_ mejor: sola una falta se le pone, y sin invidia, que la capilla mayor es pequeña, la cual tiene un retablo muy aventajado.
CAPITULO XXIV
DE LAS CAPILLAS
Las capillas colaterales por la parte del Evangelio. La primera se llama del Crucifijo; ésta es del capitan Diego de Agüero, varon famoso entre los conquistadores deste reino, el segundo despues del marqués Pizarro; dotóla bastantemente; dícensele dos misas cada semana, rezadas, sin vísperas, y misa mayor el dia de Santiago, en el cual dia tiene un jubileo plenísimo, y sin los aniversarios. Dejó demás desto la renta de unas casas, para reparos de la capilla, que hoy rentan más de quinientos pesos cada año. Su hijo el capitan Diego de Agüero la ha ennoblecido mucho; puso en ella un retablo grande á proporcion de la capilla, con un crucifijo de muy buena y devota figura, y en el retablo muchas reliquias de santos en sus medallas que le dió el convento.
Luego se sigue la capilla nombrada de San Juan de Letran, donde tiene un enterramiento junto al altar al lado del Evangelio el capitan Juan Hernandez, quien dijimos era el capitan de los navios que estaban en el puerto cuando el padre de San Francisco se huyó de la batalla que tuvo el marqués Pizarro con los indios en la plaza.
Dotóla su dueño muy aventajadamente con limosna para dos misas rezadas cada semana: en las octavas de Todos Sanctos, vigilia y misa cantada, y el dia de San Juan Baptista, vísperas é misa con sermon, con bastante limosna, y dejó para reparos de la capilla y ornamentos buena renta que la cobra el convento y la gasta en el uso dicho.
El arcediano de la sancta iglesia desta ciudad viene cada año, por nombramiento del señor de la capilla, á tomar cuenta en qué se distribuye la renta para el ornato de la capilla, y se le da un tanto señalado por el capitan Juan Fernandez por este cuidado y trabajo. Helas visto tomar á un provincial nuestro, Fr. Salvador de Ribera, susodicho, con poco acuerdo y aun con no poca nota; quiso quitar esta capilla y la advocacion della y darla á no sé qué otras personas; súpolo el heredero, salió á la contradiction, y viendo el provincial el agravio, á lo menos avisado lo hacia por el señor arzobispo de México, Bonilla, la volvió á sus herederos. Y no sé cómo tal cosa, no quiero decir injusticia, pretendió hacer, ni cómo los padres de consejo en ello vinieron. Porque esto oí decir muchas veces al padre fray Antonio de Figueroa, que fué mi maestro de novicios, y si no fué el primero, á lo menos el segundo hijo deste convento, varon verdaderamente hijo de Santo Domingo, que el capitan Juan Fernandez trujo en sus navios la tierra desta capilla desde[22] Panamá, porque en ella todos los que se quieren enterrar se les da sepultura de gracia, y para que los cuerpos se comiesen presto trujo esta tierra; vi un año de un catarro pestilencial que la capilla, con ser espacio de dos los que en ella se enterraban, que fueron muchos, al tercero dia los cuerpos estar consumidos, y queria un provincial quitar esta capilla á su dueño y darla á otros. Pero Dios volvió por la verdad y la justicia.
Todos los que aquí se entierran ganan indulgencia plenaria, y las gracias que los que se entierran en San Juan de Letran en Roma, y para el dia de San Juan Baptista hay jubileo plenísimo. Muchos años vi que el día deste gloriosísimo sancto, Virrey, Audiencia y toda la ciudad venian á nuestra casa á celebrar en este dia la fiesta de San Juan; ya por descuido de los padres prelados se ha caído, digo el venir los virreyes. El oficio se celebra este dia en esta capilla.
Luego se sigue la capilla de Santa Caterina de Sena, muy bien aderezada con retablo y imágen desta gloriosa sancta; los tintoreros desta ciudad la tomaron para su enterramiento y la tienen muy bien adornada; celébrase en ella la fiesta de la gloriosa virgen Caterina con mucha solenidad y con un jubileo plenísimo, que los fundadores trujeron para los cofrades, todo el pueblo con sus cofrades, y si no me engaño los tintoreros instituyeron la cofradia de los nazarenos que el Miércoles sancto de noche sale de nuestra casa con túnicas de buriel y cruces á los hombros, grandes, y muchos llevan consigo sus hijos niños con sus cruces. Gástase mucha cera.
[22] Tachado: España.
CAPITULO XXV
DE LAS CAPILLAS DEL LADO DE LA EPÍSTOLA
Por la parte del lado de la Epístola, la primera capilla es de San Hierónimo; dotóla el capitan Hierónimo do Aliaga con dos misas rezadas cada semana, vísperas y misa el dia de San Hierónimo y sus aniversarios; dejó bastante limosna, pero como al tiempo de la rebelion de Francisco Hernandez fuese á España por procurador destos reinos, y no volviese más á ellos, muchos años la vimos muy mal parada, que no decíamos misa en ella, por no tener ornato, hasta que habrá seis años que una nieta suya, doña Juana de Aliaga, hizo un retablo al ólio, grande á proporcion de la capilla, con una imágen de la Concepción arriba, que le costó más de tres mil pesos, añadiendo paños de seda para las paredes y ornamentos para el altar; empero Nuestro Señor la llevó para sí á pagarle lo que en su servicio habia hecho, la cual si más vida le fuera concedida hiciera más.
A esta capilla se sigue la del Rosario, con un retablo hecho en España, bueno, y una imágen de bulto de Nuestra Señora en el cóncavo del retablo, de las buenas piezas que hay en todo España, porque en Indias ninguna llega. A la redonda de la imágen los quince misterios del Rosario, de bulto, cuanto la proporcion del retablo lo sufre. En el pedestal la muerte de los niños inocentes, que parece cosa viva, con la adoracion de los Reyes al niño Jesús en el pisebre; fuera desto tiene en cuatro encasamentos cuatro santos de la Orden, de bulto, de muy galana proporcion y figura.
Lo alto de la capilla es dorado con unas piñas de yeso pendientes, grandes, todas escarchadas de oro. Adórnase la capilla en las fiestas del Rosario con paños de damasco y terciopelo carmesí unas veces, otras con paños de damasco verde y terciopelo verde. Tiene tres lámparas de plata grandes, que por lo menos la una arde perpétuamente.
Todo esto ha hecho la cofradia del Rosario con la industria de los devotos y mayordomos. Los primeros domingos de cada mes se hace una procesion por el claustro, que para los que en ella se hallaren confrades (creo confesados) se les concede indulgencia plenaria. Sácase una imágen de bulto de Nuestra Señora, muy devota, que llevan diáconos. Sírvese de mucha cera de cirios que llevan los veinticuatro sin la demás para los demás confrades religiosos. Concurre mucha gente por la devocion grande que se tiene particularmente á la imágen puesta en el altar. El segundo domingo se hace procesion con el niño Jesús por la confadria de los Juramentos, fundada en nuestra casa, ni puede fundarse en otra parte, por concesion de los sumos pontífices, ó con licencia del provincial donde no hobiere convento de la Orden, de la imágen de Nuestra Señora puesta en el altar. Si no fuéramos descuidados hobiera muchos milagros escriptos que ha hecho.
Siendo yo prior deste convento pretendí, dándome los señores inquisidores licencia para ello, sacarlos á luz, haciendo las diligencias necesarias; empero, el provincial que á la sazon era, no sé por qué respeto lo impidió.
CAPITULO XXVI
DE LA CAPILLA DE LAS RELIQUIAS
Luego más abajo se sigue la capilla de las Reliquias; llámase así porque tiene un retablo con sus vidrieras tan grande como un guadamecí, lleno dellas, traidas de Roma. Trújolo el reverendísimo fray Francisco de Victoria, primer obispo de Tucumán, hijo de esta casa, varon docto; fuimos novicios juntos y condiscípulos en las Artes y Filosofía.
Esta capilla de las Reliquias es celebrada por la multitud que dellas hay, mayores y menores en cantidad, de famosísimos sanctos; hay entrellas un poquito del verdadero lignum crucis, donde Cristo murió, y un cabello de Nuestra Señora. El provincial que quiso mudar ó quitar la capilla de San Juan de Letran dió esta capilla á los ministros del Santo Oficio, con una carga pesadísima, que fuese el convento por sus cuerpos y sacerdotes los trujesen en hombros, como si fueran sacerdotes, cosa bien excusada, si se diera á los señores inquisidores y en ella se enterraran, pasara, pero darla á oficiales no se puede tolerar, y sin ninguna limosna. Y aunque entre ellos hay personas nobles, hay familiares que tienen oficios bajos, y á éstos enterrarlos, como vi á uno, como si fuera inquisidor, es igualar lo alto con lo bajo y la nobleza con los que no la tienen, y con todo esto, alguno destos familiares se entierran en otras partes y la capilla está sin marido, como las demás lo tienen, dotadas con muchas ventajas.
Luego se sigue la del glorioso San Jacinto, con retablo dorado y figura del sancto muy buena; la capilla bien adornada; hízose una solenísima fiesta el dia que en esta ciudad se celebró la canonizacion del santo, con admirable adorno de la iglesia y más del claustro, con un coloquio famosísimo de la vida de este santísimo hermano nuestro, con tanta riqueza que parecia incomparable, y con ser tanta, no se perdió ni un alfiler.
Aquí se ha juntado la imágen de San Raimundo, agora nuevamente canonizado por el mismo Clemente octavo, que canonizó á Jacinto, en cuya fiesta fué mucho más el ornato admirable del claustro y iglesia que en tres dias no se pudo impedir al pueblo que no viniese á verlo, y no se hartaban; tampoco faltó cosa de momento.
Debajo del coro al uno y otro lado hay dos capillas; al de la Epístola, una de los indios, con imágen de nuestra Señora, de bulto, y otra de los negros, asimismo con imágen de bulto, de la misma Señora, que, conforme á su posible, no están mal aderezadas.
Los mulatos toman otra, que es por donde se sale al claustro; ésta es la menos adornada; será nuestro Señor servido se adorne á su servicio y de su santísima madre.
CAPITULO XXVII
DE LOS PROVINCIALES [QUE] HAN AUGMENTADO EL CONVENTO
Dijimos arriba que el principal fundador deste convento fué el religioso y no menos valeroso padre fray Tomás de San Martín, primer provincial, el cual, despues de haber comenzado la obra de la iglesia fué el que buscó y atrajo á todos aquellos capitanes y otras personas á que tomasen las capillas y las dotasen; buscó y atrajo al convento mucha renta de otras partes, como fué que á su persuasion el capitan Gabriel de Rojas hizo limosna á este convento de 6.000 pesos ensayados, con no más obligacion de que le encomendasen á nuestro Señor en los capítulos, lo cual perpétuamente so hace y en las misas, como á principal bienhechor nuestro; ganó chácaras y tierras de pan y solares para casas, con no poco trabajo de su persona, á quien subcedió en provincial fray Domingo de Santo Tomás, maestro en sancta Teología, varon realmente apostólico, castísimo, libre de toda cobdicia y ambicion, gran predicador, así para los españoles como para los indios, y más dado á la predicacion y conversión de los indios que á la de los españoles; fué el primero que imprimió y redujo á arte la lengua general deste reino. Varon de grande entendimiento y prudencia cristiana, ferventísimo en el celo del bien y aumento de los naturales deste reino, por lo cual era de algunos aborrecido; empero decia lo que San Pablo: si agradase á los apetitos dañados de los hombres, no seria siervo de Dios. En el convento no sé qué haya aumentado, porque siendo provincial le fué forzoso ir á España y dende allí pasar en Italia al capítulo general que se celebraba de provinciales, y por esta razon no pudo augmentar como quisiera la casa, aunque, por no dar nota de aplicar más para su casa que para otras partes, hizo una cosa donde mostró el poco amor que á los bienes temporales tenia, ni para su convento, que para sí, ninguno.
Esto la ciudad toda lo vió y los religiosos, porque estábamos en el convento. Habia en la ciudad un mercader llamado Nicolaso Corso, hermano de Juan Antonio Corso, el rico; estando para se ir á España con 80.000 pesos y más, ensayados, dióle el mal de la muerte; envia á llamar al padre nuestro fray Domingo de Santo Tomás, que habia pocos dias llegado de España; dice le confiese y que allí tiene 80.000 pesos y más, ensayados; que como le fia el ánima, le fia y entrega la hacienda para que haga della lo que quisiere, en bien y descargo de su conciencia, porque no tiene heredero forzoso.
No creo otro que este apostólico varon hiciera lo quel hizo. Toda la hacienda repartió entre pobres, y particularmente al Hospital de los naturales desta ciudad dejó la mayor cantidad, donde hizo una capilla y la dotó; _no_ á su convento, con poderle dejar toda, instituyendo un colegio para bien de todo el reino, con renta, al modo de los de San Gregorio, de Valladolid, y no fuera esta obra menos acepta á nuestro Señor que dejarlo al Hospital de Santa-Ana. Porque no se dijese aplicaba para su casa, huyendo esta nota, lo dejó al Hospital de los naturales, y no dejó á su convento más que á los otros, que fueron 100 pesos corrientes de limosna para cien misas, ni en el acompañamiento del difunto que de aquella enfermedad murió, pidió más religiosos de un convento que de otro. Bastante argumento es del poco amor que á la plata tenia. Luego dende á poco le hizo merced Su Majestad de la silla episcopal de la ciudad de La Plata; lo que allí hizo y su muerte, cuando tractaremos de los señores obispos destos reinos lo diremos.
CAPITULO XXVIII
DE LOS PROVINCIALES DE NUESTRA ORDEN
A este excelentísimo varon sucedió el gran fray Gaspar de Carvajal, religioso de mucho pecho y no menos virtud carretera y llana, el cual á todos los conventos que llegaba, cuando los iba á visitar, en lo espiritual y temporal, favoreciéndolo el Señor, dejaba augmentados. Varon abstinentísimo, de gran ejemplo, de una simplicidad extraña. En su tiempo, en parte dél fué prior desta casa el muy religioso fray Tomás de Argomedo, varon docto, de mucho ejemplo, buen predicador y acepto, el cual, el año de 60 me dió el hábito: á quienes, si no era cual ó cual, nos quitaba los nombres y nos daba otros, diciendo que á la nueva vida, nuevos nombres se requerian. Yo me llamaba Baltasar; mandóme llamar Reginaldo, y con él me quedé hasta hoy.
Este religiosísimo varon y padre fué el primero que en nuestro convento comenzó á poner órden en el coro; hasta entonces no la habia, por no haber religiosos que lo sustentasen; en pocos meses tomamos el hábito más de treinta, con los cuales y los demás sacerdotes del convento se comenzó de dia y de noche, como en el más religioso de España, á guardar la observancia de la religion, y lo mismo se comenzó en los demás desta ciudad, porque hasta este año de sesenta muy pocos religiosos habia en los conventos, los cuales faltando, no puede haber tanto concierto en el coro, ni en lo demás; de suerte que podemos decir, y justísimamente, que desde este año de 60, ó cuando mucho del 58, comenzaron los conventos á se aumentar; para que se vea cuán en breve tiempo la mano del Señor ha venido favorabilísima sobre todos ellos. Dióme la profesion el padre provincial fray Gaspar de Carvajal, cumplido mi año de noviciado, que ojalá y en la simplicidad que entonces tenia hobiera perseverado.
CAPITULO XXIX
DE LOS DEMÁS PROVINCIALES DE NUESTRA ORDEN
A este bonísimo varon sucedió el padre fray Francisco de San Miguel, venerable por sus canas y vida ejemplar, gran predicador, conforme á lo que entonces se usaba, que era (creo lo mejor) no tantas flores como agora, ni vocablos galanos; no se daba tanto pasto al entendimiento como agora se da, pero dábase más á la voluntad y más la aficionaban á la virtud; dióle nuestro Señor este don: tenia en su mano el auditorio para le alegrar y para le compungir y hacer derramar lágrimas; era de su natural grave, mas acompañaba á su natural gravedad mucha humildad y no menos sufrimiento; ninguna cosa aumentó en el convento, por no haber cómodo para ello.
Despues del cual fué provincial el padre fray Alonso de la Cerda, hijo de este convento, varon recto, de unas entrañas humanísimas y muy llanas, gran religioso y de muy buen ejemplo, libre de toda cobdicia y muy observante; siendo prior compró el retablo para el altar mayor, de madera talla de bonísimas figuras, que costó 3.500 pesos puesto en el altar; fué el primero que comenzó á edificar el convento, haciendo una enfermeria muy buena, con muy alegres celdas altas y bajas, como se requieren para el regalo de los enfermos. Ayudó mucho á esto una legítima que dejó, siendo novicio, para edificarla, el padre fray Tomás de Heredia, que al presente vive, maestro en sacta Teología y Lector que ha sido della, hombre religioso y de muy buen ejemplo, nacido en Guánuco, de nobles padres. La ligítima mandó se echase en renta, y así se echó y permanece, y no se puede gastar en otra cosa que en el regalo de los enfermos.
Todos los que en esta enfermeria mueren ganan indulgencia plenaria, como yo he visto las letras apostólicas que están guardadas en el archivo del convento. Siendo provincial el padre fray Alonso de la Cerda, fué prior el padre fray Antonio de Ervias, doctísimo varon y maestro mio en la Teología y no menos religioso; hizo el refectorio, que es muy buena pieza; despues fué obispo de Cartagena en el reino de Tierra Firme, como despues diremos.
Esta enfermeria se edificó en aquella parte del convento que cae sobre el rio, la cual con una avenida que el rio trujo se llegó tanto á la barranca, que rompiendo por ella se llevó un poco, y desde este tiempo no se puede pasar por detrás de nuestra casa entre la barranca del rio y nuestras paredes, por donde muy descansadamente podian ir dos carretas á la par. Otra vez, siendo yo prior en este convento, me vi en gran riesgo de que el rio rompiera por nuestra porteria que llamamos del rio. Fuí á pedir favor de indios para remediar mi casa y buena parte de la ciudad, al Virrey, que era el conde del Villar, y no le pedia sino indios para amontonar piedras y reparar el daño que se esperaba; la paga de los jornales yo la daba, y respondióme con mucha flema: ¡ah, este rio! ¡ah, este rio! Empero, viendo el poco remedio que se me daba, todas las noches destas avenidas, que son las mayores en Cuaresma, hice que despues de maitines á media noche se rezase la letania de Nuestra Señora, mediante el favor de la cual una noche que creí el rio habia de romper por el convento, por ser la avenida muy crecida y el ruido de las piedras que traía notable, fué Nuestro Señor servido, por intercesion de su santísima madre, que nos amontonó mucha piedra frontero de nuestra porteria, y recodando hacia el Rastro, derribó parte dél y nuestra casa hasta hoy, gracias á Dios, quedó libre; ya aquel año no hobo más avenida; luego con ayuda de la ciudad, que nos dió mil y quinientos pesos de limosna, la cual ayudé á pedir, y con otros tantos que el convento gastó, hicimos un reparo de cal y canto, con que al convento y á la ciudad habemos librado del rio, el cual, si hasta entonces el marqués de Cañete, de buena memoria, viviera, no nos pusiera en tanto estrecho; pero no le mereció el reino y llevóselo Nuestro Señor para sí.
Volviendo á nuestro provincial fray Alonso de la Cerda, en los cargos que en la Orden tuvo fué muy bien quisto de los religiosos por su llanísima condicion y bondad. Fué despues obispo de Puerto de Caballos, y luego de Los Charcas, como escribiremos en su lugar.
Sucedióle en el provincialato el padre fray Andrés Velez, hombre docto y buen predicador, de agudo ingenio; fuese á España, y por eso no tenemos nada que tratar dél en el augmento deste convento.
A quien sucedió el padre fray Gaspar de Toledo, varon, cierto, religioso, de bueno y galano entendimiento, pero no amplió cosa en el convento, como se pensó, y en su eleccion lo prometió el virrey don Francisco de Toledo, deudo muy cercano suyo; á cabo su cuadrienio, fué electo el padre fray Domingo de la Parra, tambien varon religioso y muy observante, aunque nimio en algunas cosas muy menudas en que los provinciales no se han de entremeter, sino avisar se guarden; donde no, castigar á los prelados. El tiempo que fué provincial hizo guardar en este convento nuestra constitucion que no se coma perpétuamente carne en el refectorio, y él la guardaba infaliblemente. Si no la guardábamos era por dispensacion que para ello tenemos en estos reinos, respecto de ser la tierra de los llanos enferma y la de la sierra falta de pescado, y en este convento haber cuotidianamente muchos enfermos, y la costa ser mucho mayor; y con decirle los médicos el riesgo de la salud de los religiosos, respondia un poco secamente: mueren en lo que profesaron. Fué á España y no volvió más; en acabando fué electo en el Cuzco el padre fray Domingo de Valderrama, maestro en sancta Teología, buen predicador, el cual comenzó la casa de novicios, de las buenas que hay en la Orden y fuera della; tiene casi 50 celdas altas y bajas, frescas y alegres, porque así lo pide la tierra. Hizo este edificio, digo la mayor parte dél, porque en su tiempo no se pudo acabar, con lo que aplicaba de los salarios que se dan á los religiosos que se ocupan en la doctrina de los naturales.
CAPITULO XXX
DE LOS RESTANTES PROVINCIALES DE NUESTRA ORDEN
Acabado el cuadrienio del mismo padre fray Domingo fué electo en provincial el padre fray Agustin Montes, Presentado en sancta Teología, hijo deste convento, donde tomó el hábito de quince años, varon religioso y amigo de ampliar con edificios su casa, el cual acabó la casa de novicios, lo tocante á las celdas, de todo puncto.