Descripción colonial, libro primero (1/2)

Part 5

Chapter 54,167 wordsPublic domain

Mucho tiempo del que vivió tenia en el puerto desta ciudad indios pagados á su costa, para que en llegando el navio al surgidero, que ya dije es de la playa más de legua y media, saliesen en sus balsillas, fuesen al navio y avisasen saliesen ó no saliesen á tierra, porque como el navio surge tan lejos, no venia quebrazon de las olas en tierra; avisados no corren riesgo. Antes de que este caballero tuviese pagados indios para esta bonísima obra perdianse muchos bateles, y los que en ellos venian, porque viniendo á desembarcar, metianse en tierra, no viendo el peligro, y cuando querian volver al navio no podian, por lo cual era necesario zozobrar y perderse. Solia esta ciudad ser de buena contractacion respecto del mucho azúcar y corambre que los vecinos tenian, y por el ganado porcuno que della se llevaba á la de Los Reyes; ya se va perdiendo.

Aunque dije arriba que desde Xayanca á Copiapo no llueve, añidí que á lo menos desde el Puerto de Santa, lo cual es así, porque de cuando en cuando suele llover en estos valles y arenales que hay desde Xayanca y aun más abajo hasta Trujillo y un poco más arriba; y tan recio, y con sus truenos, y en tanta abundancia, que saliendo los rios de madre destruyen los valles, pastos y heredades, como subcedió agora 16 años, poco más, que llovió tanto desde Trujillo para abajo, que se destruyeron muchas haciendas y hobo mucha hambre; oí certificar en Trujillo, donde llegué acabada de pasar esta inundacion, que se temió mucho no se llevase el rio la ciudad; hicieron los reparos posibles, pero como eran sobre arena, permanecian poco tiempo; llegó á tanto, que ya se habia apregonado que, oida la campana, cada uno se pusiese en cobro como mejor pudiese. Proveyó nuestro Señor con su misericordia que el rio divertió por otra parte. Perdióse mucha cantidad de vestidos; arruináronse muchas casas, porque como no se cubren con tejas, ni son á dos aguas, sino terrados y éstos muy leves, llovianse todas y no habia donde guarecer la ropa y comida. Los ornamentos de las iglesias, con dificultad se guardaron. Oí decir á personas que se hallaron en Trujillo en aquella sazon, y á los que en ella habia, que desde el valle de Chicama á Trujillo, que dijimos poner cinco leguas, corrian tres rios que no se podian vadear. Las madres dellos de muy antiguo se ven y se conocen haber por allí corrido rios; los nuestros decian haber quedado desde el diluvio. Los indios afirmaban haber oido á sus viejos que de muchos en muchos años acontecian semejantes aguas é inundaciones, y ahora un año subcedió tal azote, aunque no tan pesado.

Viviendo yo agora 15 años en Trujillo en nuestro convento (celebramos allí la fiesta de Nuestra Señora de la Visitacion con toda la solemnidad posible), cuando salíamos con la procesion ya se habia revuelto el cielo; tronó, relampagueó, llovió, y si las cubiertas de las casas fueran de tejas, corrieran las canales por un poco de tiempo.

Empero estos aguaceros no llegan al valle de Santa. Pasadas estas aguas, son tantos los grillos que se crian en los campos y tierras de pan, y en las casas, que es otro azote y plaga no menor; cómense lo sembrado y lo no sembrado, y en las casas hacen no poco daño. Demás desto, con la putrefaccion de la tierra con las aguas, críanse muchos ratones, que es otra peor plaga. Llueve tambien en esta costa más continuamente que por estos llanos de Trujillo para abajo, en un asiento llamado, mejor diré en unas lomas llamadas de Ariquipa; pero esto es porque la mar, haciendo un grande ensenada, se mete casi á las faldas de la tierra, donde alcanzan muchos aguaceros, por lo cual los indios que aquí habitan más son más serranos que yungas. Visten como serranos. Lo uno y lo otro he visto muchas veces.

Es esta ciudad, como las demás de los Llanos, combatida de terremotos, aunque no tan recios como desde ella para arriba.

CAPITULO XVIII

DE LA[S] GUACA[S] DE TRUJILLO

Hállanse en estos reinos, y particularmente en los Llanos, unos enterramientos, comunmente llamados Guacas, que son unos como cerros de tierra amontonada á manos, debajo de la cual los señores destos Llanos se enterraban, y con ellos, segun es fama, y aun experiencia, ponian gran suma de tesoros de oro é plata y la mayor cantidad de plata, tinajas grandes y otras vasijas y tazas para beber, que llamamos cocos. La guaca más famosa era una que estaba poco más de media legua de la ciudad de Trujillo, de la otra banda del rio, de un edificio en partes terrapleno, en partes de ladrillos grandes, ó por mejor decir de adobes pequeños.

Este edificio era muy alto, y en circuito ó de box (si como marineros nos es lícito hablar) debia tener poco menos de media legua.

Quien lo edificase no hay memoria, ni los indios tal oyeron decir á sus antepasados. Para edificarlo es imposible, sino que se pasaron muchos años y labraban en él suma de indios. Si no se ve no se puede creer. Siempre se entendió era enterramiento, y aun enterramientos ó sepultura de muchos señores, cuales fueron los de aquel valle de Trujillo, que se entiende fueron mucho antes que los Ingas, y poderosísimos así en riquezas como en ánimos para subjetar mucha parte deste reino, porque á cuatro leguas de la ciudad de Guamanga se ha hallado otro edificio, aunque diferente, pero figuras de indios como las de los deste valle de Trujillo, de donde se colige hasta allí haber llegado el señorío destos señores, y aun pasado hasta el Collao. Porque en un pueblo deste Collao, Tiaguanuco, se ve otro edificio de canteria, y piedras muy grandes, muy bien labradas, semejantes á este cerca de Guamanga, que los que allí hacen noche lo iban á ver á maravilla; la primera vez que por allí pasé, habrá 29 años, con otros dos religiosos, lo vimos y nos admiramos, porque no _habiendo_ tenido estos indios picos ni escodas, ni escuadras, para labrar aquellas piedras, verlas labradas como si canteros muy finos las hobieran labrado, causaba admiracion; habia puertas de tres piedras y grandes: las dos que servian á los lados, la otra de umbral alto. Vimos allí una figura de sola una piedra que parecia de gigante, segun era grande, corona en la cabeza y talabarte como los anchos nuestros, con su hebilla.

Preguntar qué noticia se tiene desta gente no hay quien la dé, y porque este edificio es semejante al de junto á Guamanga, se cree haberlo hecho un mismo señor, y que este era señor de Trujillo, que para memoria suya donde le parecia lo mandaba edificar. Cosa cierta no hay.

Los señores principales deste valle de Trujillo se llamaban, como propio nombre, Chimo, y de uno hasta el dia de hoy hay memoria deste nombre, añidiéndole otro como por sobrenombre, Capac, que, junto se nombraba Chimocapac, que quiere decir chimo riquísimo. Lo que se colige es que destos Chimos era la guaca de Trujillo enterramiento. Los vecinos de Trujillo, viendo aquel famoso edificio y teniendo noticia haber allí gran tesoro enterrado, sin que hobiese rastro ni memoria quien allí lo puso, ni á qué herederos les hobiese de venir, juntárose algunos vecinos de indios y no vecinos, y hecha compañía determinaron de cavar á la ventura como dicen; dieron en algunos aposentos debajo de tierra, y finalmente, dieron en mucho tesoro, y no en el principal como se tiene por cierto. Cúpoles á más de 160.000 pesos, pagados quintos, pero no sé qué se tenia aquella plata, que ninguno la gozó; fuéseles como en humo. Verdad sea que gastaban á su albedrio y sin órden alguna; otros cavarian en otras partes, sacaron alguna plata, no tanta como los desta compañia. Comenzando á sacar plata desta guaca, todos los valles de los Llanos se hundian cavando guacas, y registrando sacaron plata de la bolsa pagando jornaleros cavadores y mucha tierra; nunca, empero, hallaron lo que deseaban. Hobo en este tiempo en el valle de Lima un famoso hereje, creo inglés, que junto al pueblo de Surco él solo cavaba una guaca, que llaman de Surco, y por lo que despues, cuando preso y descubierto ser hereje se entendió, aguardaba otros de su herejia que habian de venir; allí se estaba de dia y de noche cavando y sacando la tierra él propio, mal vestido; venia á la ciudad, que dista de la guaca una legua, pedia por amor de Dios y llevaba poco que comer, hasta que se descubrió ser hereje, preso por el Santo Oficio justísimamente. Le quemaron en el primer aucto que los señores inquisidores hicieron.

CAPITULO XIX

DEL VALLE DE SANCTA

Desde esta ciudad de Trujillo, 18 leguas más adelante, la costa en la mano, llegamos al valle y puerto llamado Sancta, abundante mucho de todo género de mantenimientos, donde se comienzan á hacer trapiches de azúcar y muy bueno; muy cerca del puerto se ha poblado un pueblo de españoles, el cual si tuviera indios de servicio fuera en mucho crescimiento; tiene pocos indios naturales; bajan los de la sierra de la provincia que llamamos Guailas; es en notable daño de los indios; son serranos y corren gran riesgo sus vidas, como en todas partes é todas las veces que á los Llanos bajan. Tiene muchas y muy buenas tierras, todas de riego, con acequias de un rio de bonísima agua, y muy grande, que pocas veces se deja vadear; pásase en balsas de calabazos, y es lo más seguro. Estas balsas las hacen los indios mayores ó menores, como es la gente ó hato que se ha de pasar. Los calabazos son muy grandes y redondos; ponen en una red á la larga ocho ó diez, otros tantos en otra, y así la ensanchan conforme son los que han de balsear; hácenla de seis, siete y ocho hileras de calabazos. Las redes atan unas con otras; atadas, encima echan leña y rama porque no se mojen las personas y el hato. Luego dos indios, grandes nadadores como lo son todos los de los Llanos, atan unas sogas á la balsa, y ciñiéndosela por el hombro toma cada uno su calabazo grande, y echándose sobre él nadan, y desta suerte llevan y pasan la balsa de la otra parte del rio, por poco precio que se les da. Este rio desemboca viniendo de Trujillo, un poco más abajo del puerto, por cuya boca no se puede entrar ni tomar agua; empero, de la acequia principal que pasa por cima del pueblo, sale una pequeña que cae en la playa del puerto.

CAPITULO XX

DE LOS DEMÁS VALLES, Á LOS REYES.

Desde este valle al de Chancay ponen cincuenta leguas, en las cuales á trechos pasamos por seis valles, todos abundantísimos, si los naturales no hobieran faltado, que los labraban, para todo género de mantenimiento, con agua bastante de riego; sus acequias sacadas, pero ya perdidas.

El primero es Cazmala baja y Cazmala alta, donde han quedado pocos indios, que apenas pueden sustentar un sacerdote; de aquí vamos á Guarme, mejor valle y de más indios, con puerto no muy seguro por la mar de tumbo que _hay_ al desembarcar; tiene mucho pescado, mucha arboleda, algarrobas que se llevan á los Reyes para las carretas, é yo vi desde este valle llevarse navios cargados á Los Reyes de carbon, que no era poco provecho á la ciudad y al señor del navio, llamado el Carbonero.

Ocho leguas siguiendo la costa por do se caminaba es el de Parmunguilla, valle estrecho, de bonísima agua el rio, y que en su nacimiento se halla oro; abundante de trigo é maíz; ya no se camina por la costa, porque haberse consumido los indios fué causa de cerrarse con mucho cañaveral bravo; rodéanse más de cuatro leguas metiéndonos la tierra adentro, el cual pasado, parte términos con el de la Barranca, que le es muy cercano; las pocas tierras que tiene son muy buenas.

Luego entramos en el de la Barranca, fertilísimo de trigo é maíz, y de tierras muchas y muy gruesas; de aquí se lleva la mayor parte del trigo que en Los Reyes se gasta; hay en él dos ingenios de azúcar bonísimo; el rio no es tan grande como raudo y pedregoso, por lo cual en todo tiempo es dificultoso de pasar; tiene puente tres leguas arriba, á la cual por no ir, algunos se han ahogado.

Aquí hay unos pocos de indios poblados; pasado el rio, luego se sigue el de Gaura, que tiene las mismas calidades que éste, con otros pocos de indios, y de donde se lleva mucho maíz y trigo á Los Reyes por mar; tiene puerto no muy seguro.

Prosiguiendo por la costa adelante (si no nos queremos meter cuatro ó cinco leguas la tierra adentro) llegamos, once leguas andadas, al valle de Chancay, donde hay un pueblo de españoles llamado Arnedo. Este valle es muy ancho y de bonísimas tierras para todos mantenimientos, vino y olivares; de aquí se provee la ciudad de Los Reyes del mucho maíz y otras cosas, y aun melones de los buenos del mundo. Hácese buen vino, y fuera mejor si el vidueño fuera del que llamamos torrontés.

Tiene puerto, donde los vecinos de Arnedo embarcan sus harinas para Tierra Firme, y trigo é maíz para Los Reyes.

El rio es no de tan buena agua como los precedentes. De aquí á la ciudad de Los Reyes ponen once leguas, en cuyo camino se atraviesa la sierra de la arena áspera, y larga, por ser arena muerta; en tiempo de verano no se puede caminar sino de noche, con riesgo de negros cimarrones.

Ocho leguas andadas entramos en el valle de Carvaillo, donde hay muy buenas estancias ó chácaras de maíz é trigo, con un rio de buena agua con que las tierras se riegan; este valle dista de la ciudad de Los Reyes tres leguas, desde donde aun podemos decir comienza aún el valle desta ciudad, que tiene dos ríos, porque en medio de un valle y otro no hay arenales que los dividan, sino todo este trecho son tierras de pan, maíz, viñas, aunque pocas, pobladas con sus casas de los señores de las heredades. Hay en este valle de Carvaillo un poblezuelo de indios el rio arriba, donde se sustenta un sacerdote con las chácaras anejas.

CAPITULO XXI

DE LA CIUDAD DE LOS REYES

El valle donde se fundó la ciudad de Los Reyes, llamado Rimac en lengua de los indios, sin hacer agravio á otro, es uno de los buenos, y si dijere, uno de los mejores del mundo, muy ancho, abundante, de muchas y muy buenas tierras, todas de riego, pobladas de chácaras, como las llamamos en estas partes, que son heredades donde se da trigo, maíz, cebada, viñas, olivares (á las aceitunas llamamos criollas, son las mejores del mundo), camuesas, manzanas, ciruelas, peras, plátanos y otros árboles frutales de la tierra, membrillos y granadas, tantos é tan buenos como los de Zahara; las legumbres, así de nuestra España como las de acá, en mucha abundancia en todo el año.

El agua del rio no es tan buena como la de los demás valles destos llanos, respeto de juntarse con el rio principal otro no de tan buena que la daña. Pero proveyóle Dios de una fuente á tres cuartos de legua de la ciudad, de una agua tan buena que los médicos no sé si quisieran fuera tal. Oí decir á uno dellos, y el más antiguo que hoy vive, que la fuente desta agua le habria quitado más de tres mil pesos de renta cada año, porque despues que el pueblo bebe della, las enfermedades no son tantas, particularmente las cámaras de sangre, que se llevaban á muchos.

Esta agua se trujo á la ciudad, y en medio de la plaza hay una fuente muy grande, bastante para dar la agua necesaria; pero porque es grande y más sin costa se aprovechase della, en los barrios hay sus fuentes, como en la placeta de la Inquisicion, en la esquina de las casas del licenciado Rengifo, en el barrio de San Sebastian y en todos los monasterios y en casas de hombres principales, y en las cárceles y en el palacio hay dos, porque como las calles sean en cuadro, y el agua vaya encañada por medio de las calles, es fácil de la calle ponerla en casa.

Llamaron los fundadores, que fueron el marqués don Francisco Pizarro y sus pocos compañeros, á este pueblo, la ciudad de Los Reyes, porque en este dia la fundaron; diéronle, aunque acaso, auspicatísimo nombre, porque si muchos Reyes la hobieran ennoblecido, en tan breve tiempo como diremos, no hobiera crecido más, ni aun tanto; mas como el favor del cielo sea mayor que el de los hombres, Nuestro Señor, por intercesion de los Santos Reyes, la ha multiplicado; es la silla metropolitana de todo este reino de Quito á Chile; aquí reside el Virrey con el Audiencia, la Santa Inquisicion, y aquí se fundó la Universidad.

De todo diremos adelante más en particular lo que á esto toca, cuando tractaremos de los Virreyes y perlados eclesiásticos.

El rio desta ciudad, en tiempo de aguas en la Sierra, que llueve como en nuestra España, es muy grande y extendido; no tiene madre, como no la tienen los demás destos llanos; corre por cima de mucha piedra rolliza; antes que tuviese puente, muchas personas se ahogaban en él queriéndole vadear, porque aunque tenia un puente de madera hecho de horcones hincados en el suelo, estaba tan mal parada, que no se atrevian á pasar por ella, y no podian pasar sino uno solo, y con sus pies. Lo cual visto por el marqués de Cañete, don Andrés Hurtado de Mendoza, de buena memoria, llamado el limosnero, gran amigo de pobres, dió órden cómo se hiciese puente toda de ladrillo y cal, de siete ó ocho ojos, que comenzase desde la barranca del rio á donde casi llegaban las casas Reales, y desde los molinos del capitan Jerónimo de Aliaga, secretario que fué de la Audiencia, que hacen casi calle con las casas Reales; al cual diciendo los oficiales maestros de la obra que mejor se fundaría más abajo, donde estaba la puente de madera que acabamos de decir, aunque habia de ser más larga, porque haciéndola allí el rio se iba su camino, sin echarlo á la ciudad, lo cual forzosamente se habia de hacer haciéndola donde el Virrey mandaba, y que la barranca era señal evidente ya el rio habia llegado una vez allí y habia de llegar otra, por el comun refran, al cabo de los años mil vuelve el rio á su carril, respondió la mandaba hacer en aquel sitio porque los pasajeros que viniesen de abajo, y pliegos de Su Majestad de España, por tierra, entrasen á una cuadra de las casas Reales donde el Virrey viviese, y por la calle derecha á la plaza una cuadra della, y cuanto á echar el rio á la ciudad, que no habian de ser los Virreyes tan flojos quel rio la hiciese daño; palabras realmente de gran republicano, como lo era.

Con todo eso, como diremos, ha hecho daño el rio si los Virreyes no tienen ánimo para remediarlo.

CAPITULO XXII

DE LA CIUDAD DE LOS REYES

No creo ha habido en el mundo ciudad que en tan breve tiempo haya crecido en número de monasterios, ni iguale á los religiosos que en ellos sirven á Dios, alabándole de dia y de noche, y ejercitándose en letras para el bien de las ánimas, como esta de Los Reyes, habiendo ayudado muy poco ó nada los príncipes y gobernadores destos reinos al edificio dellos.

El más principal y el primero della es el nuestro, llamado Nuestra Señora del Rosario; no ha 68 años que se fundó; el primer fundador fué el padre fray Juan de Olias; su sitio es una cuadra de la plaza y muy cercado al rio. Oí decir á los viejos lo que aquí refiriré de su fundación.

Llegado el marqués Pizarro con los demás conquistadores á este valle, despues de haber preso en Cajamarca á Atabalipa y habiéndole muerto, vinieron con él dos religiosos, uno nuestro, el sobredicho, y otro de la órden del glorioso padre San Francisco; eligieron para fundar su ciudad el sitio que agora tiene, que es el mejor del valle junto al rio, á la parte casi del Oriente; á la del Sur por la parte de arriba, una acequia de agua ancha que atraviesa todo el valle de Oriente á Poniente. Por la parte del Poniente, el puerto llamado el Callao, dos leguas de la ciudad de Los Reyes; carreteras, por la parte del Norte el camino real para Trujillo, y dende abajo, señalaron sus cuadras y sitios para casas, y á los dos religiosos dijéronles: vosotros no sois más que dos, vivid agora juntos en este sitio que os señalamos, que es el que tiene agora nuestro convento; llana la tierra, y conquistados los indios del valle (que á la sazon eran muchos), el que se quisiese quedar con ese sitio se quedará con él; al otro le daremos el que más cómodo le pareciere. Sucedió así, aceptando los dos religiosos el partido, que un dia vinieron todos los indios del valle, y otros llamados, sobre los nuestros, los cuales dijeron á los religiosos: Padres, vosotros no habeis de pelear; tomad en esas botas vino y biscochos, y á los que estuvieren cansados y flacos dadles de comer y beber, y á los heridos recogedles y lavadles las heridas con vino. Los indios llegaron donde los nuestros les esperaban, con gran vocerío, así pelean; el padre de San Francisco, pareciéndole no le convenia esperar el fin de la batalla, ni hacer lo encomendado, que en aquel trance le era muy lícito, puso faldas en cinta, tomó la via del puerto, llega cansado, lleno de polvo, sudando, y á los pocos de los nuestros que allí habia dejado el Marqués con dos navios y no muchos soldados con dos caballos, dales nueva quel Marqués y los demás eran muertos, y sólo él se habia escapado. El capitan de los navios (creo era el capitan Juan Fernandez, de quien abajo haremos mencion), con los demás, hicieron el sentimiento justo, tuvieron por perdido el mejor reino del mundo, y perplejos no sabian qué se hacer, si por ventura desamparaban el puerto y se volverian á Panamá ó á Trujillo, ó aguardarían otra nueva; el buen padre instaba en ser verdad lo por él afirmado; finalmente, resolviéronse en que dos soldados, los más valientes, con sus armas tomasen los caballos, y caminando para la ciudad fuesen á ver si era así, y cuando lo fuese, no era posible todos quedasen muertos, algunos se escaparian y encontrarian en el camino, ó fuera dél, y á éstos recogiesen y volviesen al punto, y entonces deliberarían lo que más conviniese. Salen nuestros dos valientes soldados en sus caballos, armados, llenos de tristeza é no con menos temor; en el camino, que muy poblado era de arboleda, á lo menos la legua y media, cada hoja que se meneaba les parecia ejércitos de enemigos; pero prosiguiendo su camino, sin encontrar hombre viviente llegan á la ciudad y hallan á los nuestros, alcanzada la vitoria, curando á los heridos, y los sanos descansando del trabajo de la batalla.

Su alegria fué muy grande cuando vieron cuán al contrario era lo que el padre de San Francisco dijo, de lo que por sus ojos vieron; llegan donde estaba el Marqués, dan cuenta de lo dicho, y la razon por que vinieron, el cual con los demás estaban cuidadosos qué hobiese sido de aquel padre, no imaginando que se hubiese huido, sino que por ventura los indios se lo hubiesen llevado. Empero, sabida la verdad del hecho, el Marqués mandó embarcarlo, y en el primer navio que despachó á Panamá lo llevaron, con juramento que hizo que mientras viviese no le habia de entrar fraile de San Francisco en su gobernacion, y así se cumplió, no siendo bien hecho ni lícitamente jurado. Aquel no fué defeto sino de un fraile particular, pusilánime, y por este defecto no se habia de perder ni carecer del bien grande que la religion del seráfico padre San Francisco donde quiera que vive hace. Si los del puerto le desamparan, creyendo lo dicho por este religioso, en gran riesgo ponian al Marqués y á los demás de perderse, porque como el reino sea muy grande y muchos los indios, si les faltaran navios con que enviar á pedir socorro á Tierra Firme, totalmente se perderia. Nuestro religioso puso tambien sus faldas en cinta, arrebató su bota, biscocho y queso; no tenian conservas, ni regalos, y á los cansados dábales de beber y un bocado, á los heridos curaba como mejor podia, y así andaba en medio de los que peleaban. Desta suerte quedamos con el sitio que agora tenemos, el cual, aunque entonces pareció el más cómodo, agora no lo es, por no poderse extender tanto cuanto es necesario, y por el rio, que es mal vecino en todas partes.

Despues muchos años poblaron los padres de San Francisco y tienen el mejor sitio del pueblo, y más que todos los conventos juntos, aunque del rio corren un poco de riesgo, como nosotros, y se correrá más si no se remedia.

CAPITULO XXIII

DE NUESTRO CONVENTO