Descripción colonial, libro primero (1/2)

Part 4

Chapter 44,121 wordsPublic domain

Desde aquí á pocas leguas andadas se llega á un convento de San Augustín fundado en el valle llamado Reque, que tiene por nombre Nuestra Señora de Guadalupe, porque Francisco de Lezcano (á quien el marqués de Cañete, de buena memoria, por ciertos indicios desterró á España), volviendo acá trujo una imágen de Nuestra Señora, del tamaño de la de Guadalupe de España; púsola en la iglesia del pueblo de aquel valle que los padres de San Agustin tenian á su cargo, dándola el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe.

Luego que se puso hizo muchos milagros sanando diversas enfermedades, y particularmente á los quebrados. Oí decir al padre fray Gaspar de Carvajal (el cual me dió la profesion) que siendo muy enfermo, como tambien le vi para espirar de esta enfermedad, fué á tener unas novenas, y las tuvo en aquel convento, y al cabo de los nueve dias se halló sano y salvo de su quebradura, como si en su vida no la hobiera tenido, y nunca más padeció aquella enfermedad, viviendo despues muchos años; ya han cesado estos milagros y aun la devocion de la imágen, por la indevocion de los circunvecinos. El convento es religioso y de mucha recreacion; susténtanse en él de 16 á 20 religiosos, con mucha clausura y ejercicio de letras.

CAPITULO VI

DEL VALLE DE CHICAMA

Pocas leguas adelante, no creo son dos jornadas, corre el valle de Chicama, abundante; los hijos de los españoles que nascen en este pueblo, por la mayor parte son gentiles hombres, y las mujeres les hacen gran ventaja, y aun á todas las del Perú; créese que el agua es gran parte en este particular, porque donde la hay buena, las mujeres son muy bien dispuestas que donde no es tal; esto lo dice la experiencia.

Saliendo, pues, de la ciudad de Guayaquil para la mar en una marea ó poco más, menguante, se llega á la isla Lampuna, cuyo nombre corrompido llaman la Puna, cuyos indios fueron belicosos mucho; comian carne humana; era bastantemente poblada. Produce oro y mucha comida; toda su costa es abundantísima de pescado. Produce tambien cantidad de sabandijas ponzoñosas, culebras, víboras y otros animales; por la costa della, particular la que mira la tierra, se veen muchos caimanes; dista de la tierra firme poco más de ocho leguas.

Estos indios se comieron al primer obispo que hobo en estos reynos, llamado Fr. Vicente de Valverde, religioso de nuestra sagrada Orden, con otros españoles; fué obispo de más tierra que ha habido en el mundo, porque desde Panamá hasta Chile se prolongaba por mar y por tierra su obispado. Era fama en aquella isla haber un tesoro riquísimo que los indios tenian escondido; despachóle el Marqués Pizarro desde la ciudad de Los Reyes con poca gente para que lo descubriese y sacase; los indios eran recien conquistados; los cuales, recibiendo á nuestro obispo y á los que con él iban, de paz, y sabiendo á lo que venian, los descuidaron, y descuidados dan en ellos, mátanlos y cómenselos; por esto son afrentados de los indios comarcanos, llamándoles perros Lampuna, come obispo. Estos indios son grandes marineros, tienen balsas grandes de madera liviana, con las cuales navegan y se meten en la mar á pescar muchas leguas; vienen á Guayaquil con ellas cargadas de pescado, lizas, tollos, camarones, etc., y suben al desembarcadero que dejamos dicho del rio de Guayaquil; cuando en este rio se encuentran estos indios con los Chonos, se afrentan los unos á los otros; los Chonos dícenles; ¡ah! perro Lampuna, come obispo! Los Lampunas: ¡ah! perro Chono, cocotarro! notándolos del vicio nefando; ésto vi y oí. Hay en esta isla plateros de oro que labran una chaquira de oro, así la llamamos acá, tan delicada, que los más famosos artífices nuestros, ni los de otras nasciones la saben, ni se atreven á labrar; destas usaban las mujeres principales collares para sus gargantas; llevóse á España, donde era en mucho tenida.

CAPITULO VII

DE TUMBES

Prolongando la costa y corriendo Norte, Sur, pocas leguas adelante, no son veinte, llegamos al puerto llamado Tumbes, que más justamente se ha de llamar playa y costa brava; tiene esta playa un rio grande y caudaloso de buena agua, pero los navios que antiguamente allí aportaban no entraban en él por la mucha mar de tumbo y olas unas tras otras que cuotidianamente quiebran en su boca, viniendo más de media legua de la mar, por lo cual es dificultoso entrar en él aun balsas, y si son aguas vivas es imposible, so pena de perderse.

El rio tiene otro nombre, que es rio de Tumbez; solia ser mucho más poblado que agora, y los más de los indios tenian su pueblo casi cuatro leguas el rio arriba, donde agora están poblados. Los pescadores vivian en la costa; eran belicosos y fornidos. Llueve raras veces en este paraje, é ya desde esta costa, si no es por maravilla, no hay lluvias, y (como adelante diremos) hasta Coquimbo, el primer pueblo de Chile. Los que no vivian de pescar tenian por oficio ser plateros de oro, labraban la chaquira, que acabamos de decir en el capítulo precedente, tan delicada como los indios de la Puna, y aun más; lábranla desta suerte, como lo vi estando en aquel puerto: el indio que labra tiéndese de largo á largo sobre un banquillo tan largo como él, obra de un jeme alto del suelo; la cabeza tiene fuera del banquillo y los brazos, tendiendo una manta, y encima ponen sus instrumentos. Fueron no pocos, agora cuasi no hay algunos; hanse consumido y se van consumiendo; la causa, las borracheras.

CAPITULO VIII

DEL RIO DE MOTAPE

Pasando la costa adelante y metiéndonos un poco la tierra adentro, por ser la costa muy brava, llegamos veinte leguas andadas, poco más ó menos, al gran rio de Motape, donde hay un pueblo deste nombre. Quien antiguamente gobernaba en esta provincia, que por pocas leguas se extiende, eran las mujeres, á quien los nuestros llaman capullanas, por el vestido que traen y traian á manera de capuces, con que se cubren desde la garganta á los pies, y el dia de hoy, casi en todos los llanos usan las indias este vestido; unas le ciñen por la cintura, otras le traen en vanda. Estas capullanas, que eran las señoras, en su infidelidad se casaban las veces que querian, porque en no contentándolas el marido, le desechaban y casábanse con otro. El dia de la boda, el marido escogido se asentaba junto á la señora y se hacia gran fiesta de borrachera; el desechado se hallaba allí, pero arrinconado, sentado en el suelo, llorando su desventura, sin que nadie le diese una sed de agua. Los novios, con gran alegria, haciendo burla del pobre.

CAPITULO IX

DEL PUERTO DE PAITA

De aquí al puerto de Paita debe haber diez leguas, poco más ó menos. Es muy bueno y seguro; no le he visto; es escala de todos los navios que bajan del puerto de la ciudad de Los Reyes á Panamá y á México y de los que suben de allá para estos reinos; si tuviera agua y alguna tierra frutífera se hobiera allí poblado un pueblo grande; empero, por esta falta, y de leña, hay en él pocas cosas; el suelo es arena; traen en balsas grandes el agua de más de diez leguas, los indios pocos que allí viven.

Las balsas son mayores que las de Tumbez y la Puna; atrévense con ellas á bajar hasta la Puna y hasta Guayaquil, y volver doblando el cabo Blanco, que es uno de los trabajosos de doblar, y ninguno más de los desta costa del Pirú; aprovéchanse de velas en estas balsas, y de remos en calmas.

CAPITULO X

DE LA CIUDAD DE PIURA

De aquí nos metemos un poco la tierra adentro, deben ser otras doce leguas, á la ciudad llamada San Miguel de Piura; ésta fué la primera que edificaron los españoles en este reino. Era ciudad de razonables edificios, casas altas y los vecinos ricos; participaban de los indios de los llanos y de la sierra. Llueve en esta ciudad, aunque poco; es abundante de mantenimientos, así de los de la tierra como de los nuestros, y de ganados; es muy cálida, por estar lejos de la mar, y la tierra produce muchas sabandijas sucias, y entre ellas víboras, culebras y arañas; de las frutas nuestras, cuales son membrillos, granadas, manzanas y otras de muy buen sabor y grandes, son las mejores del mundo. Pero tiene esta ciudad un contrapeso muy notable, que es ser enfermísima de accidentes de ojos, y son incurables, porque al que no le salta el ojo queda ciego, con unos dolores incomportables; apenas vi en aquella ciudad hombre que no fuese tuerto. Esta enfermedad es comun en todos los valles que desta ciudad hay á la de Trujillo, aunque no son tan continuos ni ásperos, y á quien más frecuente les da es á los españoles: á los indios raras veces. En estos valles vi á hombres con semejantes accidentes, encerrados en aposentos oscurísimos, y con el dolor renegaban de quien les habia traido á estas partes; los vecinos desta ciudad, dos ó tres veces, por esta enfermedad la han despoblado y pasándose á vivir los más dellos á un valle llamado Catacaos (no le he visto); es muy fértil y libre de toda enfermedad, pero todavia han quedado algunos en la ciudad por no dejar sus casas y heredades, aunque de pocos años á esta parte se han mudado seis ú ocho leguas más cerca del puerto de Paita, á la barranca del rio de Motape.

CAPITULO XI

[DEL VALLE DE XAYANCA]

De aquí se camina la tierra adentro á doce, diez y menos leguas de la costa de la mar hasta la ciudad de Trujillo, que son ochenta leguas tiradas, en cuyo camino hay un despoblado de doce leguas y más sin agua hasta el valle de Xayanca; éste es muy fértil y de muchos indios, y el señor dél, indio muy aespañolado; vístese como nosotros, sírvese de españoles, con su vajilla de plata; es rico y de buenas costumbres.

El valle es tan abundante de mosquitos zancudos, cantores, y de los rodadores, que es como milagro poderlos sufrir los indios, ni los españoles; yo he caminado veces por los Llanos, y aunque en todos los valles hay mosquitos, no tantos como en éste.

CAPITULO XII

DE LOS LLANOS

Y para que se entienda qué llamamos Llanos y Sierra, adviértase que desde este valle Xayanca, y aun más abajo, desde Tumbez, aunque allí alcanzan (como dijimos) algunos aguaceros hasta Copiapo, que es el primer valle del distrito del reino de Chille, á lo menos desde el valle de Santa hasta Copiapo no llueve jamás, ni se acuerdan los habitadores dellos haber llovido. Todo el camino, diez leguas en algunas partes, en otras ocho, en otras seis y cuatro leguas en otras, hasta la costa de la mar, es arena muerta, aunque hay pedazos de arena ó tierra fija en algunas partes y á trechos. Entre estos arenales proveyó Dios hobiese valles anchos, unos más que otros, por los cuales corren rios, mayores ó menores, conforme á como tienen más cercana, ó vienen de más adentro de la sierra su nascimiento; la tierra de todos estos valles es de buen migajon, la cual regada con las acequias que los naturales tienen sacadas para regarlos, es abundantísima de todo género de comidas, así suya como nuestra; cógese mucho maíz, trigo, cebada, fríjoles, pepinos, etc.; tienen muchas huertas, con mucho membrillo, manzana, camuesa, naranjas, limas, olivos que llevan mucha y muy buena aceituna, la grande mejor que la de Córdoba, porque tiene más que comer; en muchos dellos se da vino muy bueno, y la caña dulce se cria mucha y gruesa, por lo cual son cómodas para ingenios de azúcar, en muchos de los cuales los hay, como en su lugar diremos. Extiéndense estos Llanos que llamamos (aunque hay grandes médanos de arena) desde el puerto de Paita hasta el valle que dijimos de Copiapo por más de 700 leguas ó poco menos, siguiendo la costa, sin que en ellas llueva; pero desde Mayo comienzan unas garúas, llamadas así de los marineros, que duran hasta Octubre; son unas nieblas espesas, que mojan un poco la tierra, mas no son poderosas á hacerla fructificar; son con todo eso necesarias para las sementeras, porque las defiende de cuando está en berza de los grandes calores del sol; con estas garúas en los cerros y médanos de arena se cria mucha yerba y flores olorosas, las cuales son admirable pasto para el ganado vacuno y yeguas; pero tiene un contrapeso grande, porque no falte á cada cosa su alguacil. Cuando éstas garúas son muchas críanse grande cantidad de ratones entre estas yerbas, y venido el verano, como se sequen y no tengan que comer, descienden ejércitos dellos á buscar comida á los valles, viñas y heredades, y cómense hasta las cáscaras de árboles; esta plaga es irremediable.

El aire que corre por estos arenales es Sur, algunas temporadas muy recio, y es cosa de ver que remolina en estos cerros de arena y levantando la arena la trasporta á otro lugar, y ha subcedido estar durmiendo en estos arenales, porque por ellos va el camino, el pasajero, y viniendo un remolino destos caer sobre el pobre viandante y quedarse alli enterrado en la arena. Fuera de la abundancia que los valles tienen de mieses, son abundantes de árboles frutales, como son guayabas, paltas, plátanos, melones, ciruelas de la tierra y otras fructas, mucho algarrobal; con la fructa de los árboles engordan los ganados abundantísimamente, haciendo la carne muy sabrosa; pero hay en algunas partes unos algarrobos parrados por el suelo, que llevan una algarrobilla, la cual comida de los caballos ó yeguas, luego dan con la crin y cerdas de la cola en el suelo, y porque en el valle de Santa hay más que en otros valles, se llama la algarrobilla de Santa, de donde, cuando algun hombre por enfermedad se pela, le dicen haber comido la algarrobilla de Santa. El rey desta tierra, á quien comunmente llamamos el Inga, para que en estos arenales no se perdiesen los caminantes y se atinase con el camino, tenia puestas de trecho á trecho unas vigas grandes hincadas muy adentro en el arena, por las cuales se gobernaban los pasajeros. Ya esto se ha perdido por el descuido de los corregidores de los distritos, por lo cual es necesaria guia.

Entrando en el valle, por una parte y por otra iba el camino Real entre dos paredes á manera de tapias hechas de barro de mampuesto, de un estado en alto, derecho como una vira, porque los caminantes no entrasen á hacer daño á las sementeras, ni cogiesen una mazorca de maíz ni una guayaba, so pena de la vida, que luego se ejecutaba.

Estas paredes están por muchas partes ya derribadas, y los caminos no en pocas partes van por detrás de las paredes; en tiempo del Inga no se consintiera. Por los arenales ya dijimos no se puede caminar sin guia, y lo más del año se ha de caminar de noche, por los grandes calores del sol; los guias indios son tan diestros en no perder el camino, de dia ni de noche, que parece cosa no creedera.

Lo que llamamos y es sierra son unos cerros muy altos, muchos de los cuales, por su altura, aunque están en la misma linea equinoctial, como es Quito y mucha parte de aquel distrito, y desde allí á Potosí, que son 600 leguas incluidas entre el trópico de Capricornio, porque Potosí está en veinte grados, es muy frio siempre y no pocas las sierras llenas de nieve todo el año, y otros lugares por el frio inhabitables; lo cual los antiguos filósofos tuvieron por inhabitable respecto del mucho calor por andar el sol entre estos dos trópicos, de Cancro á la parte del Norte y de Capricornio á la parte del Sur, veinte é dos grados y medio apartado cada uno de la línea.

En esta sierra hay muchas y muy grandes poblaciones en valles que hay, y en llanos muy espaciosos, como son los del Collao; corre esta cordillera comunmente de 17 á 20 leguas de la mar, y lo bueno deste Perú es esta tierra que dista de la cordillera á la mar, y aun de Chile, como en su lugar diremos.

CAPITULO XIII

DEL CAMINO DE LA COSTA

Volviendo á nuestro propósito, desde Xayanca á Trujillo, agora 43 años, poco más ó menos, se caminaba á la tierra adentro ocho leguas y diez de la costa de la mar, ó se declinaba á la costa; yo vine por la costa, donde las bocas de los ríos eran pobladas de muchos pueblos de indios, muy abundantes de comida y pescado; aquí hallábamos gallinas, cabritos y puercos, de valde, porque los mayordomos de los encomenderos que en estos pueblos vivian no nos pedian más precio que tomar las aves y pelallas, y los cabritos desollarlos, y el maíz desgranarlo. Todos estos indios se han acabado, por lo cual ya no se camina por la costa, que era camino más fresco y no menos abundante que el otro. Los indios que quedaban, porque totalmente no faltasen, los han reducido el valle arriba, donde los demás vivian. Era realmente para dar gracias á Nuestro Señor ver unos pueblos llenos de indios y de todo mantenimiento, el cual se daba á todos de gracia. La causa de la destruicion de tanto indio diré cuando tratare de sus costumbres, y para aquí sea suficiente decir, las borracheras. Bajando, pues, de Xayanca á la costa y caminando por ella se venia á salir á siete leguas de Trujillo, á un valle llamado Licapa.

CAPITULO XIV

DE LOS DEMÁS VALLES

Volviendo, pues, á Xayanca, y continuando el camino la tierra adentro, á pocas leguas unos de otros, se va de valle en valle, lo cual, si bien se considera, no parece sino que desde Xayanca á Trujillo es todo un valle en diversos rios, empero todos de muy buena agua, que los fertiliza en gran manera. Entre ellos hay uno llamado Zaña, abundantísimo, á donde de pocos años á esta parte se ha poblado un pueblo de españoles de no poca contratación, por los ingenios de azúcar y corambre de cordobanes y por las muchas harinas que dél se sacan para el reino de Tierra Firme; el puerto no es muy bueno; dista del pueblo algunas leguas; ni en toda esta costa, desde Paita á Chile, que es lo último poblado de Chile, los hay buenos; los más son playas. Con el que tienen embarcan sus mercaderias para la ciudad de Los Reyes y para Tierra Firme. Esta población de Zaña destruye á la ciudad de Trujillo, porque dejando sus casas los vecinos de Trujillo se fueron á vivir á Zaña.

CAPITULO XV

DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE[21]

[21] Faltan las páginas 49 y 50 del ms., donde se hallaba este capítulo y el comienzo del siguiente.

CAPITULO XVI

DEL VALLE DE CHICAMA

[Es el valle de Chicama] abundante, ancho y largo, donde habia muchos indios dotrinados por religiosos de nuestra Orden, encomendados en el capitan Diego de Mora, varon muy principal en este reino. Entre otros religiosos nuestros de mucha virtud y cristiandad que en la doctrina de aquel valle se han ocupado, fué uno el padre fray Benito de Jarandilla, el cual, despues que entró en él nunca dél salió para vivir en otra parte; aquí se consagró á Nuestro Señor, predicando el Evangelio á los indios con admirable austeridad de vida en todo lo tocante á su profesion, sin jamás se conocer en él cosa de mal ejemplo, sino gran celo á la conversión de aquellos naturales, donde vivió más de 55 años, y ha pocos años, no ha dos cuando escrebí esto, que Nuestro Señor le llevó, como piadosamente creemos, á pagarle sus trabajos. Los indios deste valle tienen dos lenguas, que hablan: los pescadores una, y dificultosísima, y otra no tanto; pocos hablan la general del Inga; este buen religioso las sabia ambas, y la más dificultosa, mejor. Su caridad para con los indios era muy grande, porque curarlos en sus enfermedades, repartir con ellos su racion y quedarse ó contentarse para su mantenimiento con un poco de maíz tostado ó cocido, era como natural. Varon de mucha oracion y penitencia, doquiera que estaba se habia de levantar á media noche á rezar maitines, y á cualquiera hora que le llamaban para confesar al enfermo, con toda el alegria del mundo se levantaba, y aunque el rio viniese muy crecido, no le temia más que si no llevara agua, y es muy grande al verano. Este es comun lenguaje entre los indios, que decian pasaba el rio en un macho que la Orden le habia concedido á uso, por cima del agua, á cualquier hora y cuando más agua traía el rio. Esto no lo escribo por milagro, sino como cosa comunmente dicha entre los indios.

En este valle tiene nuestra sagrada Religion un convento priorato que este religioso venerable fundó, donde se sustentan de ocho á diez religiosos, y favoreciéndolo Nuestro Señor se sustentarán más, porque las haciendas van en crecimiento. El valle es abundantísimo de pan, vino, maíz y demás mantenimientos; danse en él admirablemente los olivos, que cargan de aceituna muy buena. Los demás mantenimientos á la tierra naturales, bonísimos; es famoso por un ingenio de azúcar que allí plantó el capitan Diego de Mora; una cosa que por ser peregrina la diré, que hay en este ingenio, y es que con ser cálido el temple en todo tiempo y todos los valles de los Llanos abunden en moscas y éste las tenga dentro y fuera de las casas de los indios y de los españoles, en la casa que llaman del azúcar y donde se hacen las conservas y están las tinajas llenas de todo género dellas no se halle ni se vea una ni más.

Helo visto, por eso lo digo, pues la miel y el azúcar, madre es de las moscas.

CAPITULO XVII

DE LA CIUDAD DE TRUJILLO

Dista la ciudad de Trujillo del valle de Chicama cinco leguas tiradas.

La primera vez que la vi era muy abundante y muy rica; los vecinos, conquistadores, unos hombrazos tan llenos de caridad para con los pasajeros, que en viendo en la plaza un hombre no conocido ó nuevo en la tierra (que llamamos chapeton), á mia sobre tuya lo llevaban á su casa, lo hospedaban, regalaban y ayudaban para el camino, si allí no le daba gusto hacer asiento; un vecino de aquellos, cuando salia de su casa ocupaba toda la calle; no habia meson entonces, ni en muchos años despues, ni carneceria; á todos sobraba lo necesario y aun más, y el que no lo tenia no le faltaba, porque los encomenderos les enviaban el carnero, vaca y lo demás cada dia. Liberalísimos para con los pobres; sus casas muy hartas y sus cajas muy llenas de oro y plata. Ya todo ha cesado y sus hijos han quedado pobres, porque no siguen la cordura, y raras veces retienen las sillas de sus padres.

Dista esta ciudad del puerto, si así se ha de llamar siendo costa brava, dos leguas; surgen los navios más de legua y media de la playa; en el desembarcadero hay mares de tumbo, unas tras otras, con tanta violencia cuanta experimentan los que allí se desembarcan. Aquí hay un poblezuelo que del puerto toma el nombre, llamado Guanchaco. Los indios son grandes nadadores y pescadores; no temen las olas, por más que sean; entran y salen en unas balsillas de juncos gruesos, llamados eneas, que no sufren dos personas, y las que las sufren han de ser muy grandes. En llegando á tierra, cuando vienen de pescar, toman la balsa á cuestas y la llevan á su casa, donde, ó en la playa, la deshacen y enjugan, y cuando se quieren aprovechar della tórnanla á atar.

Conoscí en esta ciudad, entre otros vecinos y encomenderos, al capitan don Juan de Sandoval, hombre muy amigo de los pobres, gran cristiano, muy rico, casado con una señora muy principal de no menores partes que su marido, nascida en el mismo pueblo, llamada doña Florencia de Valverde, hija del capitan Diego de Mora y de doña Ana de Valverde. Este caballero tenia antes que muriese capellanias instituidas en todos los monasterios; su enterramiento escogió en el de San Agustin, cuya capilla mayor edificó; aunque no quiso, el altar mayor fué suyo; al lado del Evangelio hizo un altar advocacion de los Angeles, que adornó con retablos famosos y muy ricos ornamentos labrados en España; dejó mucha renta y poca carga de misas, con la cual se va edificando el convento, ó por mejor decir se ha edificado. En el convento de nuestro padre Santo Domingo se le dice perpétuamente la misa de Nuestra Señora todos los sábados del año, y cada dia la Salve cantada, despues de Completas, como es antiguo uso en la Orden desde su fundación; dejó bastante renta.

En el convento de San Francisco tambien tenia su memoria de misas, y dejó renta para que se pague la limosna dellas.